miércoles, octubre 30, 2013

VIDA INTERIOR/126: RECICLÁNDOME

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

1.- El PP elimina Filosofía de la educación con la ley Wert.
2.- El PP presenta una enmienda en el senado para que religión entre en bachillerato.

Y yo, me voy reciclando. 
Menos pensar y más creer.



lunes, octubre 28, 2013

12 DE OCTUBRE: FUNDAMENTACIÓN E HISTORIA

La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase.
Karl Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte.

Otra vez fue 12 de octubre y otra vez resultó aburrido. Las conmemoraciones patrias es lo que tienen. Pero siempre hay algo que salpimienta el hecho –sí, metáfora gastronómica- y esta vez ha sido el furor de la crítica de la autoproclamada izquierda en las redes sociales contra la fecha: que si pérdida de libertad de los indígenas, que si genocidio, que si había que pedir perdón... Crítica reaccionaria pero crítica al fin.

¿Reaccionaria? Ya está, piensa el lector comprometido, el imbécil este con su dandismo. Bueno, un poco sí, hipócrita lector –a veces, me gusto-, pero otro poco pretendemos que sean argumentos. Empecemos.

Cuando se habla sobre hechos históricos y se relacionan con la moral, para juzgarlo como buenos o malos o inocentes o  culpables, hay que caminar con pies de plomo. Pero mayor problema surge aún cuando se habla de justicia histórica. Efectivamente, la justicia en la historia no es un concepto sencillo. La ñoña memoria histórica ha hecho mucho daño dando a entender que la justicia histórica es distinguir entre buenos -que curiosamente siempre tienen nuestras ideas políticas- y malos –ya saben, quienes no las tienen- y recuperar a los buenos con nuestro homenaje.
Aunque, paradoja, estén muertos.
Y el problema surge porque esto acaba dejando de lado el carácter de disciplina científica de la historia y la convierte en algo así como una escatología de salvación. El fin último de la historia ya no es conocer profundamente el pasado sino hacerlo presente y rescatarlo. Hay una expresión del fascismo que lo ejemplifica muy bien: ¡Caídos por Dios y por España, presentes! La memoria histórica es así el recuerdo muy emocionado de los caídos por Dios y por España -a veces me lío- y su homenaje. Hacerlos presentes, aunque estén muertos.

Sin embargo, la historia no debe tener ese anhelo de justicia sino un anhelo de objetividad si desea ser una disciplina científica. Y no debe tenerlo porque la historia como ciencia debe buscar remitirse al Ser -a lo que ocurrió- y no al  Deber Ser –a lo que debería, o hubiera sido justo, haber ocurrido-. La historia, si quiere ser una disciplina científica, deberá ser descriptiva  y no compuesta por juicios valorativos. Y gracias a ese anhelo de objetividad, se ha pasado de la crónica hagiográfica del héroe, o despectiva del villano, al estudio social que pretende completitud. Sería triste volver a la vida de los santos -o de los revolucionarios incansables- y leer los libros de historia con la emoción del converso. Porque, otra paradoja, eso no haría nunca justicia al pasado como tal pasado sino que traería la identificación plena con el presente y con ella el conservadurismo.

Todo esto no quiere decir, por supuesto, que la historia esté exenta de ideología ni tampoco  que no se puedan analizar valorativamente, e incluso moralmente, los acontecimientos pasados sino otra cosa bien distinta. Intenta expresar que el análisis moral de un hecho histórico no puede realizarse tal y como se hace dicho análisis en un hecho personal, sino que siempre debe de tener en cuenta, precisamente, el conocimiento objetivo, o al menos el más objetivo posible, de la época histórica. La justicia en la historia implica previamente la justicia para la historia. Y esta requiere, a su vez, del conocimiento objetivo. Y nunca, por tanto, pretende hacer vivo el pasado o hacerle justicia en el presente pues es consciente de que aquellos injustamente tratados nunca podrás ser resarcidos de su dolor. La historia, en definitiva, no es una compañía de seguros.

La conquista española de América es sin duda un hito histórico. Por supuesto esto no quiere decir que se nos inflame el corazón patrio cada 12 de octubre. Por hito entendemos algo fundamental en la historia. Gengis Khan y el imperio mongol fue un hito,  Roma fue otro. El imperio turco otro más, o el Imperio Británico. De esta forma, el Imperio español  pertenece la historia. Y por eso cuando se le juzga hay que hacerlo de acuerdo a lo explicado más arriba. Y al hacerlo así se rompen mitos que disfrazados de progresistas, no esconden sino el tufillo de la reacción y el racismo.

¿Reacción y Racismo? Efectivamente. Por partes.

En primer lugar hay un tufillo racista en todo esto. Las civilizaciones indígenas americanas no eran sino una estructura social barbárica de opresión hacia sus habitantes. Efectivamente, la idea de una especie de paraíso indigenista choca con la  realidad de unas civilizaciones sanguinarias y opresivas, seguramente las más sanguinarias de la historia. Y aquí empieza el racismo. Quienes no dudan, con razón, de calificar  al poder social renacentista española, y aún más en el barroco, de opresivo hacia lo humano sin embargo presentan las sociedades precolombinas como idealizaciones del buen –poco- salvaje –mucho-. Quienes tienen siempre en su boca la Inquisición miran el sacrificio humano recurrente y sistemático como si fuera un parque temático de la diversidad. Quienes se burlan de la filosofía Escolástica y la tachan de atrasada abrazan la imbecilidad mítica de la Pachamama y su ignorancia. Así, implícitamente aparece un ideal racista. Y lo es porque curiosamente al criticar lo occidental se basan, correctamente, en su acción contraria a los derechos de los habitantes, pero, al no criticar de la misma manera a la sociedad precolombina, se infiere el racismo de que sus habitantes no deben disfrutar de tantos derechos como los occidentales: doble rasero. Los indios, así piensa el autodenomina izquierdista, antes de humanos son  indios, y deben cumplir su papel: hacer el indio. Y esto se ve también cuando se defienden dictaduras por su contexto histórico –unas sí y otras no- o se es comprensivo con religiones barbáricas como el Islam –al fin y al cabo los moros no son ni blancos ni occidentales- y sin embargo se pone el grito en el cielo por anuncios presumiblemente machistas y que no puede ser admitidos por los derechos de la mujer, ay, blanca y occidental.

Pero, el segundo aspecto, más ideológico y más profundo, es la mentalidad reaccionaria que esto encierra. Efectivamente, el problema aquí surge por  el fundamento de la crítica a la conquista española. Y esto es básico. La crítica a dicha conquista, se observará, no se basa en los derechos de los indígenas -pues eso implicaría a su vez la crítica feroz, al menos tanto como a la civilización española, de las civilizaciones precolombinas- sino a la ruptura de su cultura, llamemosla así, y su forma de vida tradicional. De esta forma, como ya hemos señalado, esta vida tradicional se convierte en el ideal para el juicio moral y desde allí es donde la conquista española, que lógicamente la destruye, se transforma en mala. Surge así un romanticismo ñoño, sin la profundidad del de Rousseau del que tampoco somos fans, que solo acepta, aquí como realidad presuntamente histórica, el mito del buen salvaje pero no su superación. Y surge el problema del fundamento pues este se soluciona remitiéndose a un ideal pasado que no se sostiene históricamente. Es aquello que en España ocurre con la República y que en América pasa por los llamados movimientos indigenistas.

Y el problema comienza precisamente porque al situar el fundamento en una época histórica anterior, el pensamiento o se convierte en mito, falsificando ese pasado como en los dos casos anteriormente citados y presentándolos como carentes de contradicciones, o se convierte en reaccionario porque incita a la creencia de que lo bueno es la forma de vida tradicional, incluyendo entregar el corazón vivo al sol y hacer una bonita pared con cráneos. Lo que se ha dado es lo que debería darse.

Puede parecer esto superfluo pero es lo fundamental. Hay una frase de Marx, que encabeza este texto, que representa, tal vez, de lo más vigente de su pensamiento. En ella se señala que la revolución no debe buscar su fundamento en la historia, que no es más que la tragedia de la humanidad, sino en el futuro. La tradición, desde Aristóteles, había situado el fundamento hacia atrás en el tiempo. Precisamente, el cambio de laModernidad será hacerlo en el futuro. La conquista de América fue un, otro, episodio brutal de esa tragedia que es la historia. Pero, como lo fueron los aztecas o los mayas. Lo que importa no es buscar el fundamento de su maldad en el pasado, incluso recordemos: estaban en la edad de piedra, sino en el futuro. Lo que importa es explicar que el 12 de octubre, en realidad, fue tan brutal para los indígenas americanos como cada día anterior de sus vidas y que nada salvará el dolor de las víctimas de la historia. Pero el dolor del presente solo podrá conjurarse en el porvenir y no en el polvo de un pasado que nunca fue como nos gustaría que hubiera sido.


La Pachamama es una basura histórica. La Escolástica es arqueología. Sólo desde un pensamiento que se niega a repetir las fórmulas de lo ya acontecido es posible enfrentarse al presente. El pasado nos pide solo creer, el futuro nos exige pensar.

domingo, octubre 20, 2013

jueves, octubre 17, 2013

LIBERTAD DE EXPRESIÓN (Pla y un concejal de Gijón)

1.- Un derecho fundamental de la democracia es la libertad de expresión. Y este derecho implica que las opiniones de uno dadas como ciudadano no pueden ni deben acarrearle castigo alguno por la autoridad pública.

2.- Nosotros defendemos absolutamente la libertad de expresión porque aunque, seamos sinceros, creemos que tenemos razón en nuestras opiniones, consideramos que tal vez, es improbable pero posible, estemos equivocados y por eso nos interesa escuchar opiniones contrarias. Tal vez, sé que es improbable, tengan ellos razón.

3.- Y hay algo más. Nosotros no tenemos firmes creencias sino que buscamos construir argumentaciones sólidas. Pero, al ser argumentaciones pueden rebatirse. Somos gente de escasos ideales y preferimos las teorías que se pueden refutar. Por eso, buscamos ideas en nuestra contra.

4.- Todo esto nos lleva a que nuestro compromiso con nuestras ideas es nulo: no tenemos ninguno. Solo nos hemos comprometido con la verdad. Y por eso la buscamos. Y para encontrarla queremos que nos muestren muchos caminos.

5.- Pero, por supuesto, la defensa de la libertad de expresión no implica que las opiniones estén exentas de la crítica. Defender la libertad de expresión es, también, defender nuestra libertad de expresión. Y poder decir: eso es una tontería.

6.- Las declaraciones de D. Albert Pla son las declaraciones de un paleto. Y lo son porque quien se siente miembro de la tribu catalana no puede coherentemente criticar a la tribu de al lado: todas hacen el indio. Además, son las típicas declaraciones del artista de provincias que busca su cuota de mercado en su aldea irreductible. Unos pensamos en el arte universal, otros en el folclore.

7.- Así, podemos criticar las declaraciones del señor Pla con tranquilidad. Incluso, podríamos no comentarlas. Pero no debemos impedir que las haga. Y no es porque en este caso puedan ayudarnos como argumento, son muy limitaditas intelectualmente, sino porque debemos defender la libertad de expresión.  

8.- Y por eso consideramos no solo desproporcionado sino profundamente antidemocrático la reacción del concejal de cultura -¿cultura?- del ayuntamiento de Gijón que a tenor de dichas declaraciones ha cancelado el concierto del señor Pla. Porque el señor Pla,  nos remitimos al punto 1, puede decir lo que desee y eso no debe acarrearle en una democracia castigo alguno.  Si estaba contratado nunca podrá ser causa de cancelación sus opiniones personales.

9.- Por tanto, y ahora no es una paradoja, vaya desde aquí nuestra solidaridad con el señor Pla y nuestra crítica al concejal de Gijón. No necesitamos una autoridad que nos diga qué ideas sí podemos escuchar y qué ideas no podemos oír.

10.- Así defendemos la libertad de expresión. A veces, ella nos permite oír cosas maravillosas que cambian nuestra opinión.  A veces, los balidos de las ovejas que se sienten tan a gusto en su rebaño.  Pero consideramos que las ovejas tienen derecho a balar.


y 11.- Libertad de expresión es también defender que se diga lo que no nos gusta escuchar.

martes, octubre 15, 2013

IZQUIERDA y VERDAD/1: ¿POR QUÉ SE DEBERÍA SER DE IZQUIERDAS?

Las ideas políticas que uno defiende tienden a la universalidad. Esto quiere decir que se considera que todos deberían tener estas mismas ideas y, si no, estarían equivocados. No pasa así con la cuestión de los gustos, desde el color a la comida, o con el equipo de fútbol: nadie, al menos en sus cabales, considera que todos deberían ser del mismo equipo que uno pues eso acabaría con el juego. Sin embargo en la política sí se piensa que las ideas que se defienden son mejores y que todo el mundo debería tenerlas. Se les dota así de un contenido de verdad universal. Y, por consiguiente, al que no es de nuestras ideas se le tacha de equivocado. Y esto, por supuesto, no es antidemocrático. Uno puede pensar que sus ideas son las correctas y añadir que, sin embargo, la gente tiene derecho a tener otras: la democracia no implica necesariamente el relativismo, pero siempre niega el fanatismo y las creencias dogmáticas. 

Este contenido de verdad de las ideas políticas hace que, como ya hemos señalado, estas escapen al gusto o a la personalidad y se sitúen en un punto cualitativamente superior de la discusión, al menos aparentemente. Parece que política es algo más –realmente es algo muy importante- y se debería situar en un discusión racional y argumentada. Es decir, deberíamos poder dar razones objetivas de nuestro ideal. De esta forma, la pregunta clave no sería ¿de qué opción política soy? sino ¿por qué soy de tal opción política?

¿Por qué soy de izquierdas? Esta parece una pregunta adecuada en nuestro caso. Pero, si nos remontamos al primer párrafo aun nos parece incompleta ¿Por qué se debe ser izquierdas? O ¿por qué todos deberían ser de izquierdas? resulta todavía mejor en aras de la petición de esa universalidad. Efectivamente, no se trata tanto de por qué uno es de esa opción sino de aquello que debería llevar a todos a serlo.

¿Por qué se debe ser de izquierdas? Cuando a alguien se le pregunta esto, en una mayoría de ocasiones surge un discurso sobre la desigualdad y la pobreza. Se trata de un discurso moral donde lo fundamental son los elemento descriptivos de esa misma situación: porque hay desigualdad y pobreza.  Efectivamente, lo importante aquí es que existe la pobreza y desigualdad y ese es el argumento para defender la necesidad de pertenecer a la corriente política de la izquierda. Soy de izquierdas, se dice, porque existe la desigualdad y la pobreza. Es loable. Pero, curiosamente, aquí empiezan los problemas. Y aquí, también curiosamente, se deja de ser de izquierdas.

Efectivamente, defender que se debe ser de izquierdas porque existe la desigualdad implica una serie de consecuencias peligrosas.

En primer lugar, del mero hecho de la existencia de la desigualdad o de la pobreza no se puede sacar como consecuencia que esta sea mala. Efectivamente que un hecho exista no implica su maldad o bondad pues cuando señalamos que algo está mal, como bien sabía Hume, no hacemos una mera descripción de la realidad sino un juicio sobre la misma. El juicio moral -ya sea está mal o está bien- no describe la realidad sino que la juzga. El mero hecho de la existencia de la desigualdad entonces no puede hacer a uno decantarse por nada sino que, como mucho, podrá hacerle reconocer esa existencia pero poco más. Pues sí, hay desigualdad, ¿y?

Pero esto se entiende mejor con un simple argumento histórico. Si la existencia de la desigualdad fuera la causa de la existencia de la izquierda entonces sería fácil presuponer que la izquierda debería haber existido desde siempre o, al menos, desde que existe la civilización allá por el Paleolítico. Sin embargo y no curiosamente, la izquierda política tiene una fecha reciente de creación y, además, en una civilización determinada en un momento concreto de la historia. Efectivamente, la izquierda política comienza en el siglo XVIII, en occidente y con la Ilustración. Antes había desigualdad y pobreza pero, no curiosamente, izquierda política. Y resultaría algo extraño pensar que todos eran malos hasta que llegamos nosotros –o, ustedes por si no me quieren incluir-.

En segundo lugar, y unido a lo anterior, está el problema moral. Una vez que se ha tomado como razón de ser de la conciencia izquierdista la mera existencia de los hechos de desigualdad y pobreza,  surge como consecuencia lógica la idea de la superioridad moral de la izquierda. Efectivamente, si el mero hecho de la existencia de algo conduce, en esta concepción de la izquierda, al juicio moral en su contra es lógico pensar que quien no lo vea así es por falta de moral pues se trata de un hecho intuitivo al alcance de todos los que miren. Solo, por tanto, desde la maldad se puede aceptar esa situación injusta sin protestar contra ella. Así, no ser de izquierdas solo puede concebirse desde la existencia de un interés retorcido porque solo hay que mirar con ojos puros y desinteresados para ser de izquierdas. El que no es de izquierdas, en definitiva, es un inmoral. Y el que es de izquierdas es el bueno. Así, el juicio personal está claro.

La tercera consecuencia de esta teoría es la, paradójica, necesidad intelectual que tiene esta izquierda de que existan las condiciones más extremas y los hechos sociales más depauperados. Así surge una iconografía característica: obreros haciendo de obreros y pobres pobres –obsérvese el ingenio: no me repito por más que el capitalista Word me lo diga-. Esto es así porque  el discurso debe destacar los hechos de pobreza y desigualdad pues son el fundamento de la propia teoría y, por tanto, a mayor pobreza aparentemente más contenido de verdad. Pero así, la izquierda pierde la capacidad de reflexionar con sutileza y matices frente a la realidad. La brocha gorda es el método de pintura frente al pincel: ahí me pones un pobre, ahí me pintas a un obrero, ahí a un empresario malvado. Es seguir la línea de puntos.

En cuarto lugar, y relacionado con esto, surge una necesidad para simplificar el juicio. Si toda la izquierda puede reducirse a un juicio moral, entonces es necesario poner cara a los actores sobre los que se realiza este juicio moral. Efectivamente, la existencia de buenos y malos en el discurso implica la reducción del capitalismo a la actuación de los malvados capitalistas.  Así, el sistema económico pierde toda sustantividad y queda reducido a una especie de junta de accionistas del mal absoluto. Capitalismo y empresarios se identifican sin más. Y los empresarios siempre son malas personas.

En cuarto lugar, aparece una consecuencia  política inmediata. Como la pobreza sin más es el leivmotiv de la teoría, todo aquel que, en apariencia o en realidad, se enfrente a ella será considerado de izquierdas. Pero hay ahí –fíjense en el dominio ortográfico- una excepción forzada por el punto anterior. Como el Capitalismo es en realidad el conjunto de capitalistas para esta teoría y los capitalistas son intrínsecamente malos, entonces se pone otra condición: hay que declararse además, anticapitalista. De esta forma, todo aquel que se declare tal y además diga que lucha contra la desigualdad será convertido en personaje de izquierdas: dará igual que haya convertido su país en una inmensa cárcel como era el bloque soviético o la actual Cuba. Así, convertida la teoría en lema todo el que suspire el mantra en la posición adecuada, lo llamaremos la flor rebelde, será de izquierdas.

Y, con esto último, se genera otra consecuencia que es la doble vara de medir histórica. Efectivamente hay una vara de medir adaptada al interés en un doble sentido. Por un lado, la desaparición de la pobreza no cuenta para el Capitalismo, a pesar de se evidente éxito en estas lídes. Por otro, el apoyo a las dictaduras se dará sin tapujos siempre y cuando se cumplan las condiciones arriba expuestas. Franco malo, Fidel bueno.

Así, la fijación de la izquierda por la igualdad como base del discurso, que no como consecuencia de la acción izquierdista, conduce a una moral de rebaño: el lema como balido y el grupo como protección. En realidad no es más que un cristianismo sin teología, es decir: sin lo que lo hace intelectualmente interesante. Este concepto de la izquierda acaba así en una teoría política intelectualmente irrisoria.

Pero, entonces, si no hay que ser de izquierdas porque existe la desigualdad, ¿por qué hay que ser de izquierdas? 

Yo ahora me voy a dormir. Pero eso sí, con ademán izquierdista y rebelde.

jueves, octubre 10, 2013

DE LUTO: LA LOMCE APROBADA.
LA FILOSOFÍA FUERA DE LA EDUCACIÓN.

En el 399 a. C. la ciudad de Atenas asesinó a Sócrates.
En el 2013, el Partido Popular ha aprobado solo con sus votos la Ley Wert.
En el 2013, el Partido Popular ha acabado con lo que quedaba de la Educación en España.
En el 2013, el Partido Popular ha eliminado la Filosofía de la educación.




  

lunes, octubre 07, 2013

UNA PEQUEÑA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA/3: DIVISIÓN (y no) DE LA FILOSOFÍA

En el artículo anterior veíamos que la Filosofía tenía una serie de características determinadas que la  hacían ser algo sustantivo, con entidad propia. Es decir, precisábamos que no todo es filosofía ni filosofía es todo. En esta ocasión, y ya como final de esta introducción y para empezar con su historia, vamos a ver que esa misma Filosofía tiene partes en que se puede dividir.

Sin embargo conviene hacer aquí una aclaración. Vamos a presentar cinco partes en que tradicionalmente se ha dividido la filosofía. Pero, también haremos una breve disertación teórica sobre esta misma división y qué puede implicar. Es decir, y esto es importante, vamos a filosofar, poquito que yo soy muy simple, sobre ella.

La Filosofía es pregunta y respuesta. Se puede entender que, me pondré poético futurista –y pedante-, la pregunta es el motor y la respuesta el camino recorrido. Así, la respuesta es su historia, que veremos con posterioridad, y la pregunta aquello que mueve su historia. Pero, como en todo, esto también tiene algo de falso. Porque la misma pregunta tiene su propia historia y van surgiendo y concretándose con el propio  devenir histórico de la Filosofía.

Lo primero que cabe preguntarse, y lo primero por lo que se preocupó la Filosofía como veremos, fue por la Realidad. Esta pregunta sobre la Realidad se la hace la Metafísica -nota: no vamos a hacer aquí distingos entre Metafísica, Ontología o Filosofía Primera, porque, aparte de que no me la sé, en un texto de este tipo no parece muy necesario-.
Sobre la Realidad cabe cuestionarse varias cosas. La primera, escapa al sentido común: ¿realmente existe la realidad? O aprovechando a Descartes: ¿cómo puedo estar seguro de que lo que veo no es un sueño y no existe la realidad exterior a mí? Así, esta primera pregunta, que, y no curiosamente, históricamente será de las últimas, inicia la reflexión no en el tiempo pero sí filosóficamente -por cierto, si les parece una tontería prueben a resolverla-.
A continuación, y ya presuponiendo como cierto que esa realidad existe, está cuestionarnos cómo es realmente. Esta pregunta sin embargo, no pretende una mera descripción, como hace la ciencia, sino algo más. Pretende conocer si existe una verdadera realidad y una falsa y qué condiciones cumple cada una para ser así. Surge así la distinción apariencia/realidad que busca no describir lo que hay, sino discernir si lo que hay es lo auténtico. Y  aquí algo importante. No se  trata en este punto de que los sentidos me puedan engañar, como en un espejismo, sino de una distinción más radical: no todo lo que existe necesariamente es verdadero -como, por ejemplo un billete falso-. Y así la distinción entre apariencia y realidad culmina, como veremos y al añadir el transcurrir temporal, en la distinción entre ser -lo que hay- y deber ser -lo que debería haber-. Es decir, si lo que hay actualmente es lo que debería haber racionalmente.
Otra pregunta que se hará la Metafísica es si esa realidad es un orden, es decir las cosas ocurren cumpliendo leyes que existen en la propia realidad, o es un caos: ¿realmente las leyes de la física son reales, creadas por los sujetos o meras formas de explicación? Además, se planteará otra pregunta fundamental y es qué condiciones cumplen, qué tienen en común, todos los seres solo teniendo en cuenta que existen. Efectivamente, todos los leones para ser leones tienen algo en común, a su vez, leones y tigres tienen algo común para ser ambos felinos y, otra vez, tendrán algo en común para ser animales. Luego, algo en común con las plantas para ser seres vivos y así sucesivamente mientras, al tiempo, va bajando el número de coincidencias. Pues la pregunta metafísica es qué tienen en común todos los seres solo en cuanto que existen: ¿qué tienen en común los entes?
Pero la Metafísica, que es muy preguntona y ciertamente es una cotilla del Ser, todavía preguntará algo muy importante pues quiere conocer el fundamento último: la causa final, ya sea en el origen del tiempo ya sea última en su final, que explica que las cosas sean como son. Así, la Metafísica no solo pregunta al Ser sino que también pregunta por el Ser -y esto, como veremos, le sentaba muy mal a Heidegger-.

Pero la Filosofía no es solo cotilla sino que busca también fundamentar su propio cotilleo: busca llegar a conocer si su propio cotilleo es cierto o no. Es decir, ¿cómo puedo saber que eso que conozco es la verdad?  La segunda pregunta que se hace la filosofía es así por el conocimiento. Esta pregunta se le hace la Epistemología.
La pregunta más concreta aquí es si  aquello que yo tengo en mi mente, que es siempre una representación de la realidad, es igual a la misma realidad o no. Y caben tres posibilidades que luego, por supuesto, es necesario matizar: puedo conocer la realidad tal y como es exactamente; puedo conocer, segunda posibilidad, la realidad de forma similar a como es pero nunca exactamente igual pues mi mente interpreta y modifica –incluso crea- dicha realidad; y, por último, no puedo conocer en absoluto la realidad. Así, y como  consecuencia, surgirá además la cuestión sobre los límites de mi conocimiento y si podré llegar a conocerlo todo, por ejemplo explicar todo lo que ocurre y saber si Dios existe, por ejemplo y como pregunta fundamental, o bien solo podré conocer una parte de la realidad o, incluso, nada.

La tercera pregunta es ya en concreto sobre el ser humano y de ella se ocupa la Antropología filosófica. Su cuestión es básicamente triple: en primer lugar si el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma o solo cuerpo. En segundo lugar, qué es lo esencial o característico del ser humano que le hace ser humano. Cuál es su condición específica: la razón, los sentimientos, la sociabilidad, la barretina,... Y, por último pero no menos importante –como diría un niño bilingüe: last but not least- cuál es el sentido de la existencia humana.

La cuarta pregunta se plantea sobre el bien y el mal moral y la refiere la Ética. La pregunta no es solo qué está bien y qué está mal sino, y sobre todo, cuál es la causa de esto. Es decir, la Ética no pretende tanto ser una guía práctica de comportamiento como una reflexión y argumentación sobre el bien y el mal moral. Además, al preguntar esto se plantea de suyo el problema de la felicidad: primero, se pregunta si se puede distinguir una felicidad falsa de una verdadera; y, segundo, cuál sería esa felicidad auténtica.

Por último, surge el problema de la sociedad. No se trata aquí de describirla, como hace la sociología, sino de analizar si es justa o no y por qué. La Política, en Filosofía, no es necesariamente pragmática pero, como veremos, tampoco es una utopía ideal. 

Vemos así cinco problemas. Pero esto no nos debe engañar porque todos ellos están engarzados entre sí. Efectivamente, existe una unidad en la Filosofía que hace que todos estos problemas sean Filosofía. Por ello, guste o no, la Filosofía encierra en sí el anhelo de sistema en cuanto a una teoría que explique toda la Realidad y no solo una parte. Y esto implica que cada una de sus partes está en necesaria convergencia -y unión- con todas las demás: no hay derecho a la autodeterminación. Y ocurre con todos los grandes filósofos incluso a su pesar: así, Nietzsche dice eso en la moral porque la realidad es un devenir y el conocimiento no puede llegar a la verdad. Kant, frente a la crítica que no le entiende,  tiene una moral determinada por la necesaria unión entre su epistemología y su metafísica. Platón, también, trasladó la dualidad metafísica entre un mundo verdadero y otro falso a toda su teoría. Y así todos.


Las cinco partes así no son hechos aislados sino la expresión de una racionalidad enfrentada al mundo. Y esta racionalidad enfrentada exige esa misma unidad. La razón no desea rendirse de antemano y abandonar un campo de lucha. Frente eso, batalla siempre y en cada lugar. Y batalla para vencer o para ser derrotada. Por eso, toda la historia de la Filosofía es ese intento desde lo racional  por llevar a la Realidad más allá de donde su pobre origen la ha abandonado. Y, por eso, la Filosofía tiene una historia que comenzó en Grecia.

domingo, octubre 06, 2013

EN DEFENSA DE LA FILOSOFÍA EN LA EDUCACIÓN

Como ustedes saben, y si no lo saben ya les informo yo, el gobierno del PP a través de la nueva ley de educación -por llamarla de alguna manera- ha decidido prácticamente eliminar la Filosofía. De hecho,la elimina totalmente en la ESO, la enseñanza obligatoria, y la reduce  a la mitad en el Bachillerato.

Nosotros ya hemos señalado nuestra opinión ante esto (uno,dos y tres), pero otra vez se trata de actuar. Por ello, y si usted no quiere que la Filosofía desaparezca de la enseñanza, puede mandar esta carta mostrando su protesta.

Gracias.


miércoles, octubre 02, 2013

EN LA LUCHA DE GÉNERO: TE RECUERDO AMAND@

Durante años he estado absolutamente equivocado en mi machista concepción marxista -si hasta suena casi igual-. No son las condiciones económicas las que han dirigido la historia de la humanidad sino la explotación del patriarcado. Los hombres frente a las mujeres en un ataque machista permanente que destruyó el igualitario matriarcado donde las mujeres con poder dominaban sobre el resto -según los más avezados estudios prehistóricos-. Así, las clases altas -aún mejor… los hombres altos- y los esclavos, se impusieron a las mujeres. Volvió a suceder en la Edad Media con la nobleza, ¿noblezo?, y los malditos machistas de los siervos de la gleba, ¿glebo? Por fin, el Capitalismo, por algo acaba con o demostró la alianza entre los burgueses –esto se pone difícil- y los proletarios –aquí es más fácil-  para explotar a las burguesas. No cabe duda,  la explotación económica no es sino la forma machista de la explotación, claro que sí. El Capitalismo tiene pene.

Estaba yo escuchando el otro día aquella canción de Te recuerdo Amanda y, al hilo de mi renuncia al pensamiento falocéntrico que me ha llevado a más de una infección de orina en mi compromiso,  me di cuenta de su sutil mensaje machista. Ella le iba a buscar, ella se iluminaba, él se iba a la sierra y ella se quedaba. Incluso, ¡incluso!, el nombre de ella era de mujer, pero no solo eso, acaba en a: Amanda –y no Recuerdo, como pensé en un principio por tratarse de una canción con fama de rebelde-.

¡Ah la a!, la letra de la dominAción,

Entonces, por fin, pensé: ¿cuál es la clave de la liberación?  La clave es el lenguaje sexista.
Por ello, les presento Te recuerdo Amand@.

Te recuerdo Amand@
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel y Manuela.
La sonrisa ancha y ancho
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él y ella
con él y ella, con él y ella, con él y ella
son cinco minutos
la vida es eterna
en cinco minutos
suena la sirena
de vuelta al trabajo
y tú caminando
lo iluminas todo
los cinco minutos
te hacen florecer.

Te recuerdo Amand@
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel y Manuela.
La sonrisa ancha
la lluvia en el pelo
no importaba nada
ibas a encontrarte con él y ella
con él y ella, con él y ella, con él y ella
que partió a la sierra
que nunca hizo daño
que partió a la sierra
y en cinco minutos
quedó destrozado y destrozada
suena la sirena
de vuelta al trabajo
muchos no volvieron
tampoco Manuel y Manuela.

Te recuerdo Amand@
la calle mojada y mojado
corriendo a la fábrica y a lo fábrico
donde trabajaba Manuel y Manuela.

Así, más progresista.
 Así, más de izquierdas.

Y si no lo creen,comparen con la machista versión anterior.