domingo, marzo 30, 2014

EL GOBIERNO DEL PP Y LA FILOSOFÍA/6

El gobierno del PP ha eliminado la Historia de la Filosofía de la educación. Pero, ahí no cesa su programa oculto.

El gobierno del PP acusa al escepticismo de Hume de querer desestabilizar el orden constitucional.

martes, marzo 25, 2014

SUÁREZ (uno de los nuestros)

Nota: si se desea un análisis más concreto de nuestra opinión sobre la transición, aquí

La película es inolvidable: El hombre que mató a Liberty Valance. Seguramente, la mejor película política y, seguramente, la mejor película de la historia y la mayor obra de arte del siglo XX. En ella, se cuenta la historia de Ransom Stoddard, un abogado, que viene al oeste buscando un nuevo horizonte. Y allí, en una ciudad llamada Shinbone, se encuentra con Liberty Valance, matón de los oligarquía ganadera, que pretende mantener el orden prestablecido para siempre. Es la vieja lucha entre la civilización, la democracia, y la barbarie, la dictadura.

D. Adolfo Suárez ha muerto. Sería ingenio sin duda creer que Suárez era un idealista como el personaje ficticio de Ransom Stoddard, Pero es que yo tampoco lo soy. Suárez era, solo, uno de los nuestros.
¿Y quiénes son los nuestros aquí? Aquellos que creen que la política es la actividad no de los ideales inalcanzables sino de lo posible en el contexto histórico. Y aquellos que creen que lo posible ahora es un mundo mejor y más justo y la preparación para superar el capitalismo.

Hay, al menos, dos formas posibles de entender la política.
La primera, de influencia platónica, es la defensa idealista del político como un personaje puro y de una extraordinaria envergadura moral que desde su sabiduría teórica conduce al pueblo a un mundo mejor –y acaba estampado en una rebelde camiseta-. Pero, todo esto lo hace desde la creencia en una aristocracia del espíritu donde se considera que esa tarea debe ser dirigida para un pueblo al que se le ama, o no, pero al que siempre se le dirige. Así la política platónica está reservada a unos pocos: no se puede llevar en la camiseta la foto de todos los ciudadanos -por muy grande que se tenga, algo ordinario sin duda, el pecho- sino solo la del bondadoso líder o, tal vez, la del Gran Hermano.
La segunda, más aristotélica si se quiere decir, señala al político como alguien práctico, un oportunista que interactúa con la realidad buscando resquicios para transformarla. En la política aristotélica, así actualizada, no hay lugar para la aristocracia del espíritu. El político es aquel legislador capaz de llevar adelante los mejores fines posibles. Y es, así, un oficinista de la libertad: no brilla como un sol único sino si acaso luce como un faro que solo pretende que el barco no se estrelle.

Suárez era un político aristotélico. Es ingenuo pretender que era un idealista. Comprendió que el franquismo carecía de futuro y que, de intentar perdurarlo, la izquierda ganaría el poder. De ahí, su apuesta por la democracia: seguramente, más práctica que por convicción. Pero, también Suárez tenía algo más de aristotélico: su creencia de que la verdad pertenecía a este mundo y no al puro y superior pero lejano de las ideas platónicas. La mayoría del régimen, como se ve en la votación de la reforma política,  pretendía una salida democrática para España pero de una manera pintorescamente democrática; una democracia ideal, adaptada a la “circunstancia española”, una democracia, por ejemplo, sin partido comunista. El ideal era así una democracia guerracivilista de los vencedores. Se trataba de edificar un nuevo modelo político excepcional para España: un ideal antidemocrático. Suárez sin embargo, en modesta proposición aristotélica, debía pensar que no existía en la tierra una auténtica democracia sin legalización del partido comunista: se fijó en un mero hecho empírico desdeñando las enseñanzas de la academia y los libros. Abril de 1977, con la legalización del PCE, fue una respuesta a eso.

Pero, demasiado de este mundo, Suárez también debía pensar, otro golpe para la derecha que ahora le quiere hacer uno de los suyos, que una democracia no era solo votar sino también un sistema social. Así, bajo su gobierno, se inició una reforma fiscal inédita en España y comenzó la creación de un, siempre incompleto, estado de bienestar. Era una democracia muy vulgar, demasiado mundana para los platónicos. Era una democracia vulgarmente existente.

Carrillo había transigido con la democracia -por cierto, nunca se agradecerá suficientemente la generosidad de aquel partido comunista- por su mentalidad de estratega pensándola como paso necesario al comunismo. Fraga había transigido por su egolatría convencido de ser él el Churchill español, aunque no acabara siendo ni Berenguer. Suárez, diferente a ambos, lo había hecho con el espíritu del  oficinista: eso es lo que tocaba. Ni un ápice de grandeza heroica aunque, como todo oficinista,  con la ilusión de ser un héroe, con el sueño de la grandeza.

Suárez efectivamente tenía, como usted y como yo, sueños de grandeza. Pero, al tiempo, su realidad era prosaica, poco poética y excesivamente mundana: evitar otra guerra civil. Algo muy vulgar para la actual izquierda antisistema, ¿antisistema?, que piensa que si ella hubiera estado allí la transición hubiera sido muy distinta,
y Franco no hubiera muerto en la cama,
y la guerra civil se hubiera ganado,
y Fernando VII no hubiera gobernado
y no hubiera habido inquisición,
y el Imperio Romano hubiera sido un lugar sin esclavitud
y, seguro, la evolución no se hubiera dado por la selección natural sino por la solidaridad entre los individuos.

Suárez, y usted y yo, resulta así vulgar. Porque solo logró, entre otras minudencias, que el pasado sábado usted y yo estuviéramos en una manifestación por la dignidad que se celebró de forma libre. Porque solo logró que yo pueda escribir en mi blog o usted en el suyo o él en el otro. En fin, poca cosa.

El resto de la historia es conocido. Los crímenes de ETA  y los GRAPO, que curiosamente, ¿o no?, atentaron más contra democracia que lo habían hecho en el franquismo; la amenaza golpista de un sector militar; el ansia de poder de sus propios barones; la irresponsable oposición del PSOE, AP y el PNV; la creciente desconfianza del rey; y, otra serie de circunstancias, unidas a sus propios errores, como en su vida y en la mía, fueron poco a poco eclipsando su figura. En enero de 1981, Suárez dimitía -otro hecho extraño en este país- y al hacerlo explicaba que no quería que la democracia fuera un paréntesis en nuestra historia.

Suárez es sin duda un mediocre frente a una derecha que pensaba y piensa que el país es suyo. Suárez es sin duda un mediocre ante una autoproclamada izquierda -excepción hecha de aquel PCE, y no curiosamente- que se siente moralmente superior a todo bicho viviente que no mire, impasible el ademán, hacia el infinito -pero no más acá-.

Efectivamente, Suárez es sin duda un mediocre como lo somos usted y como yo. Un mediocre que forjó la democracia en España. Un mediocre que sentó las bases de un estado de bienestar hoy en peligro. Un mediocre, en fin, que definió a España como un estado social y democrático de derecho.

Por todo ello, Suárez puede ser calificado sin duda de mediocre. Por todo ello era como usted y como yo. Por todo ello, la memoria de Suárez como el hombre que hizo eso debe permanecer viva frente a los esfuerzos de la miserable derecha que hoy quiere destruir ese legado. Por todo ello, Suárez era uno de los nuestros.

El hombre que mató a Liberty Valance tiene uno de los finales más hermosos. Tras enterrar al personaje interpretado por John Wayne, Ransom Stoddard y su mujer vuelven en tren a Washington donde él es senador. Él habla de volver a Shinbone e instalarse allí para pasar sus últimos años como un modesto abogado. Su esposa se muestra entusiasmada y le explica cuánto lo desea. Y entonces ella le cuenta todo lo que él ha hecho por aquella ciudad y por aquel país para por fin preguntarle: ¿no estás orgulloso? Pero, mientras el tren atraviesa el desierto, él no contesta.


miércoles, marzo 19, 2014

(otro) DÍA DEL PADRE


Saturno devorando a sus hijos, de Goya

EXPERTOS... COPIONES

Resulta que el gobierno de derechas hace una comisión de expertos para la reforma fiscal.
Por cierto, ¿han cobrado? 
Por cierto, ¿cuánto?

Resulta que la reforma ya la podía haber predicho yo: bajar los impuestos a los ricos y subírselos a los pobres.
Por cierto, ¿han cobrado? 
Por cierto, ¿cuánto?

Y resulta que al final, los expertos han copiado la propuesta.
Por cierto, ¿han cobrado? 
Por cierto, ¿cuánto?

Resulta que yo por menos dinero hago lo mismo.

viernes, marzo 14, 2014

SÉNECA NO ERA ESPAÑOL

En esto que llego y explicando el estoicismo les digo a mis alumnos que Séneca no era español porque entonces no existía España. 
Tengo suerte porque doy clase en Madrid. 
Imaginen que diera clase en Cataluña, o en el País Vasco, o en otra región, y dijera que no existían entonces. Sin duda, sería un malvado nacionalista español y de derechas. 

Menos mal que, como doy clase en Madrid, puedo seguir siendo un tío de izquierdas.

miércoles, marzo 12, 2014

COSMOS

Cuando yo era pequeño, y era pequeño aunque menos de lo que pudiera parecer pues me conservo muy bien, veía Cosmos, la serie del inolvidable Carl Sagan por televisión. Allí, uno tuvo su primer contacto con la ciencia compleja, esa que hablaba de Relatividad y Mecánica Cuántica. Y con la exploración espacial. Y así, uno pudo sentir admiración absoluta por la Ciencia, uno de los mayores logros de la humanidad.

Cosmos, más nueva, ha vuelto a la pantalla de televisión. Todavía no he visto el primer capítulo pero, conociendo de otros documentales a su presentador y sabiendo lo bien que se hacen los documentales, y lo entretenido, en Estados Unidos espero lo mejor.   

Y espero también que otros que ahora son niños vean Cosmos. Y admiren la Ciencia.

lunes, marzo 10, 2014

IZQUIERDA Y VERDAD: ¿POR QUÉ SE DEBERÍA SER DE IZQUIERDAS?/2

En un artículo anterior nos preguntábamos  por qué se debía ser de izquierdas. Señalábamos que, de esta manera, nuestra pregunta pretendía ir más allá de la mera descripción para pasar a cuestionarse por qué la gente debería ser de dicha tendencia política. Es decir, pretendemos no explicar meramente qué defiende ahora la izquierda, esa ñoña letanía de pobres pobres, sino su fundamento objetivo.

Y comenzábamos ese artículo de una forma negativa al explicar  que el fundamento de la izquierda, la razón última para ser de izquierdas, no podía ser la desigualdad o la pobreza pues no se es de izquierdas porque aquella exista o porque se esté en su contra. Toca ahora, por tanto, ya no el argumento negativo sino explicar cuál debe ser el fundamento de la izquierda y, con ello, cuáles deben ser los motivos objetivos para tener, y ser, de tal actitud política. Y escribimos motivos objetivos en contraposición a los aspectos subjetivos que remiten a la biografía personal, y que sin duda han contribuido a nuestra opción política y a la suya sea cual sea, pero que no resultan fundamentales para la teoría en sí. Así, de lo que aquí se trata es de explicar por qué cualquier persona, independientemente de su biografía, debería ser de izquierdas en la actualidad. O diciéndolo de otro modo: por qué la izquierda tiene razón ahora.

El hecho de que una teoría surja en un momento histórico concreto sin duda nos habla sobre dicha teoría y sobre su contenido. Y nos habla más allá de eso que se llama contexto histórico pues no nos referimos solo a qué influyó en ella sino a algo más: a su condición de posibilidad. Es decir, defendemos, y creemos que es fácil de aceptar desde la ciencia histórica, que las teorías exitosas tienen una condición de posibilidad por su momento histórico y que si este hubiera sido otro la teoría a su vez no sería la misma. Esto significa que si no se hubiese dado esa sociedad concreta, aunque el individuo concreto o autor de la teoría hubiera nacido, esa teoría nunca se hubiera dado. Han nacido, por ejemplo, muchos marxs pero solo aquel que tuvo la fortuna de nacer en un momento concreto ha pasado a la historia; nacieron muchos jesús, pero solo uno en concreto resultó el fundamento de una religión exitosa –y, sí, nacieron muchos epmesa, pero yo soy el más listo-. Así, las teorías pueden no llegar a darse nunca pero si se dan solo pueden aparecer en una época concreta y bajo unas condiciones determinadas. O dicho de otro modo, ver la época en que surge una teoría nos habla sobre la propia teoría. Apliquémoslo.

Nuestra hipótesis concreta será ahora la siguiente. Existe una relación entre el surgimiento de la izquierda y algo que existía en el contexto  de la época de su fundación que hemos datado en la Modernidad, en general, y en el siglo XVIII, en particular. Es decir, la izquierda surge en un periodo concreto porque está ahí su fundamento. Y ahora hay que buscar cuál es.

Como acabamos de indicar, la izquierda surge como pensamiento político en la época de la Modernidad y más en concreto en el siglo XVIII. Como explicábamos en el artículo anterior de esta serie esto nos impide situar su causa en la desigualdad o la pobreza pues no cabe duda de que estas existían antes de dicha época. Sin embargo, también es verdad que resulta cierto que la izquierda siempre ha estado contra la desigualdad y la pobreza. Por ello, esta oposición debemos verla no como el elemento fundacional sino como una consecuencia del fundamento. Así, la causa del nacimiento de la izquierda deberá ser otra.

Pero, ¿cuál es esta causa? Buscando en sus orígenes podemos encontrar la respuesta.

En la Modernidad hay un cambio fundamental que se desarrolla y alcanza su culmen en la Ilustración. Este cambio fundamental es en la idea de eso que en filosofía se llama sujeto. Y es necesario hacer aquí una aclaración. Por sujeto, en Filosofía, se entiende aquel que conoce el mundo: el individuo. Y como en Filosofía el conocimiento resulta fundamental al hablar de la idea de sujeto podemos referirla al ideal del ser humano: lo que el ser humano debería ser. Así, abrevio, cuando en Filosofía hablamos de “sujeto” hablamos del ideal del ser humano –nota: lo sé amigo filósofo, soy un simple-.

Durante el periodo clásico de la filosofía griega y la medieval en Filosofía se defendió, grosso modo, que el sujeto, el ser humano, era un mero espectador de un mundo ya formado, la naturaleza fija para los griegos o la creación para el cristianismo, y para conocer esa realidad solo había que observarla. Sin embargo, a partir de la Filosofía Moderna, inaugurada por Descartes en el siglo XVII, y especialmente a partir de Kant, en el siglo XVIII, el sujeto ya no es un mero receptor de la realidad exterior.

Efectivamente, antes de la Modernidad los seres humanos se movían en un mundo aparentemente fijo y estable, en una creación que o bien no se podía cambiar o bien era obra de  Dios y solo él podía modificarla. El cristianismo, es cierto, ya había incorporado la temporalidad, el transcurrir temporal desde la caída de Adán y Eva hasta el Juicio Final pasando por la venida del mesías, pero ese desarrollo le pertenecía a Dios y a su divina Providencia. Consecuentemente, el conocimiento era considerado parecido a la actividad de quien se sienta delante de una obra de teatro escrita por otro y no puede intervenir. Y en ese mundo, curiosamente aunque ya deberíamos saber que no tanto, no surgió la izquierda.

Sin embargo, con Descartes surge una idea en la Filosofía aparentemente irrelevante pero que va a tener una proyección extraordinaria: el pensamiento piensa ideas. Este principio, que parece tonto, es sin embargo clave por el siguiente motivo: desliga absolutamente el mundo mental subjetivo –el mundo individual- del mundo real. Y curiosamente así surge el fundamento de la izquierda. Expliquémoslo.

Cuando Descartes presenta su tesis sobre el pensamiento lo separa radicalmente del mundo externo y, con él, separa al autor de ese pensamiento, el ser humano, de la realidad circundante. Así, el sujeto, el ideal de ser humano, y la realidad se separan como dos cosas radicalmente distintas que, sin embargo, hay que volver a unir. Y esa unión se convertirá en la idea de verdad. No vamos aquí a explayarnos en la filosofía cartesiana –pero podríamos, ¿eh?- sino que lo vamos a intentar ejemplificar: muchas tragedias de Shakespeare son la idea de un mundo que se derrumba y un protagonista que busca darle orden. Frente a la tragedia griega, donde los personajes aceptan su destino, la obra shakesperiana está llena de rebeldes –y esola hace moderna frente a, por ejemplo,  el estatismo calderoniano-.

Así, y como consecuencia de lo anterior, el concepto de realidad mismo cambia radicalmente en la Modernidad. Esta pasa de ser algo fijo, una necesidad o una creación de Dios, a una materia prima a partir de la cual construir una realidad nueva cuyo centro sea el propio sujeto humano. Este desplaza a Dios de la creación y se convierte en el nuevo orfebre: la hibris es el espíritu del capitalismo –a veces me pongo pedante, perdonen: quiero decir que el antiguo pecado griego de la soberbia ante los dioses disputándoles su creación es el ideal del nuevo espíritu moderno-.

De esta forma, surge un nuevo ideal humano: un ser racional y autónomo.
Racional, porque su característica fundamental será un pensamiento analítico y crítico ante la realidad, ajeno al principio de autoridad de las creencias religiosas.
Autónomo, porque ese mismo criterio racional propio será el fundamento de su acción y ya no la obediencia a las leyes naturales o a la palabra de Dios. Y precisamente ese sujeto moderno que deviene en ideal es la clave de la izquierda.

Pero, el lector, que también se pone pedante a veces, puede estar pensado en dos contraejemplos: el liberalismo, como pensamiento de derechas, y Rousseau como pensador anti ilustrado pero clave en la izquierda. Y hace bien en pensar así y hay que explicarlo.

Así, tenemos una tarea por delante.
Primero, explicar ahora por qué el sujeto moderno, una vez hemos marcado su importancia, es la clave del pensamiento de izquierdas y qué consecuencias tiene eso.
Segundo, explicar ese contraejemplo del liberalismo y de Rousseau.

Pero, yo ya he terminado el pacharán nocturno. En breve, más.  

domingo, marzo 09, 2014

VIDA INTERIOR/131: AUTORRETRATO (que ahora se llama selfie)

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

Yo quiero ser un tío moderno. Si tuviera pelo, me lo peinaría todo pa' arriba y parecería un tío rebelde. Si no llevara traje y corbata al instituto podría parecer un antisistema de verdad: incluso con un tatuaje y un pendiente en la nariz. 

He leído, aún no soy un tío moderno,  que selfie es la palabra del año para el Diccionario Oxford. Y hasta ya sé qué es: hacerse un autorretrato con la cámara del móvil. Y yo quiero ser un tío moderno. 

Lo intento.


¿Esta vale?
(y es que sí, tampoco me fío de ustedes que igual copian mi personalidad)

martes, marzo 04, 2014

lunes, marzo 03, 2014

LUNES DE CARNAVAL

ETA anuncia que sellará todos sus arsenales.
Presenta una prueba ante los verificadores.


Los verificadores firman.

Lunes de carnaval.

domingo, marzo 02, 2014

DOMINGO DE CARNAVAL

Rusia prepara sus tropas y la autoproclamada izquierda trabaja de palmeros.
Como en los tiempos de Franco.

Sigue el carnaval.