miércoles, enero 07, 2026

LA MODA DE LA MÍSTICA / y2

Decíamos ayer, homenaje a un asceta, que la mística, y con ella la superstición, están de actualidad. Podemos ver que hasta una estrella como Rosalía producida por una factoría multinacional, lo que por cierto no habla de su calidad para bien ni para mal, la ha exaltado en su último disco. Y Byung Chul Han también ha presentado la mística como una posible rebeldía, rarita conclusión, al mundo actual. Se trata, por tanto, de lo que podríamos llamar, sin riesgo de equivocarnos, una moda.

Y las modas deben tener causas. Porque en una sociedad donde el consumo es la clave fundamental y existe el materialismo en su sentido más peyorativo, y no en su sentido glorioso, filosófico e ilustrado, se vuelve a poner de moda la mística. Pero, para contestar al por qué de esto, debemos de nuevo dividir nuestra respuesta en dos partes. Primero, señalar qué tipo de mística es la que se está presentando en la actualidad y si es exactamente igual que la mística tradicional. Y segundo, explicar entonces por qué esa mística tan concreta es la que se ha puesto de moda y no otra.

Tradicionalmente, la mística ha ido acompañada de una fase preparatoria como era la ascética. La ascética era la renuncia al mundo físico y material, buscando precisamente que con esta renuncia resurgiera con fuerza el mundo espiritual e interior, que presuntamente se hallaba en contacto con la trascendencia divina. La ascética era así puerta, aunque no la única evidentemente, a la conexión mística. La idea respondía a un esquema que conceptualmente podemos relacionar con el platonismo y con el neoplatonismo. Existe lo material, que es siempre imperfecto, feo y sucio, y existe lo espiritual, desarrollado también en el alma humana, que es perfecto y superior. La idea de que lo material ejerce como prisión de lo espiritual, en la célebre frase estandarizada de Platón de que el cuerpo es una cárcel para el alma, refleja perfectamente esto. Y la ascética, aprobada por el cristianismo aunque siempre de una forma vigilada, era la muestra de que la renuncia a lo material nos iba a permitir liberar lo espiritual y, por lo tanto, paso previo general al éxtasis espiritual, aunque no exclusivo porque podía haber mística sin este intermedio. Por lo tanto, la inmensa mayoría de los místicos antiguos no podían desarrollar su vida mística sin una privación de los bienes materiales. Y esto se ve muy bien también en los místicos modernos, como Simone Weil que demostraba en su vida cotidiana una ascética de renuncia a los bienes materiales que ella consideraba le iba a permitir llegar al éxtasis y a la comprensión de lo trascendente, en una vana superstición.

Y por eso aquí viene un elemento clave para entender en realidad lo que está ocurriendo. La mística actual, frente a la tradicional que iba unida a ese rechazo al mundo material entendido como vida de bienes particulares, no es así: la mística actual no necesita el rechazo al bienestar material. La vida mística en el Nuevo Capitalismo es un momento dentro del horario personal, de la agenda, que uno dedica a ejecutar su presunta unión con lo trascendente. Una cantante como Rosalía, y estamos hablando aquí de su presencia pública y no, por supuesto, de su vida personal, que ni la conocemos ni nos interesa conocerla lo más mínimo, se presenta a sí misma como una persona cuajada de riqueza material que exhibe sin pudor y que, curiosamente, no sólo no la impiden desarrollar su acceso místico a la trascendencia, sino que es una celebración más dentro de ese proceso de trascendencia. A las cuatro de la tarde tengo pilates, a las cinco tengo conexión mística con Dios y a las seis me voy a tardear durante un rato para luego cenar en el exclusivo restaurante de moda: la vida del espíritu.

Esta, precisamente, es la mística del Nuevo Capitalismo. Un proceso más de consumo personal y de exaltación del yo. Efectivamente, quien ejerce esta nueva mística se siente por encima de aquellos que viven en el mundo estrictamente material, presentando su falsa dimensión espiritual como prueba, pero al tiempo participa de ese mismo mundo material capitalista en la conversión de la mística como elemento absoluto de consumo. Por supuesto, y como ya hemos señalado aquí, no se trata de que la mística sea revolucionaria y haya ahora que domesticarla. Más bien, la mística siempre ha sido absolutamente domesticada y una falsificación ideológica intelectual. Pero hasta algo tan vacío de reflexión racional tenía su momento de verdad en la diferencia entre la realidad y el ideal de un mundo mejor: entre el ser, la realidad grosera, y el deber ser, que todo podía ser diferente e incluso superior en lo espiritual. Sin embargo, ahora su nuevo destino es llevar a cabo esa falsificación ideológica absoluta de una forma mucho más grotesca: convertida ella misma en objeto de consumo y agenda de famoso. La mítica ya entra en la aplicación del móvil iphone, por supuesto que para eso tenemos trascendencia, entre el tínder y la tarjeta de crédito.

El Nuevo Capitalismo desenmascara definitivamente a la propia mística como una pose, como un punto determinado donde la falsa subjetividad vive una exaltación sin precedentes frente a la realidad objetiva explotadora y total del propio sistema. La mística ha entrado en el basurero de la historia, por más que esté de moda y precisamente por ello, y germina sus restos como abono del inmenso vertedero que es la sociedad del Nuevo Capitalismo.


lunes, enero 05, 2026

VIDA INTERIOR/ 184: NIEVE (y fardar de vistas...)

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz

Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.

James Joyce, "Los muertos"

#EPMesaSePonePedante


martes, diciembre 23, 2025

Y AHORA EN RADIOSOFÍA/175: FELIZ NAVIDAD

 Si yo fuera un ñoño de cuidado les diría algo del solsticio de invierno.
Si fuera un cursi y más allá, algo de un niño y ¡jesús! (gracias).
Pero ni una ni otra: ¡Feliz Navidad, señor Potter!
En #RadioSofía, en Radio Municipal de Casares.
#EPMesaFantasmaDeTodaNavidad

martes, diciembre 16, 2025

LA MODA DE LA MÍSTICA /1

La mística está de moda. Recientemente, Rosalía, publicitada en todos los medios de comunicación, incluyendo los telediarios de la televisión pública, ha presentado un disco que, al parecer, demuestra su querencia por la trascendencia y la búsqueda de Dios. Hace bien en buscar a Dios y muchas reproducciones en Spotify. Y, por supuesto, no cabe duda de que todo esto es hermoso, sobre todo para aquellos que crean en la superstición.

Pero, lo interesante aquí no es solamente desmontar la mística presentada como elaboración intelectual profunda, cuando en realidad es la negación del pensamiento. También debemos plantearnos por qué en el Nuevo Capitalismo, una sociedad absolutamente consumista y materialista en su sentido más grosero, se presenta una obra de linaje místico y trascendente (y repita conmigo: supersticioso) desde una artista apoyada por una gran corporación, y esto no debe entenderse como crítica sino sólo como descripción, e incluso se pone de moda esa misma mística.

Se trata, en definitiva, pues, de dos tareas. La primera, desenmascarar a la mística como lo que es: meramente una superstición y una basura intelectual. Y, la segunda, presentar por qué y cómo esa superstición gana patrocinio en la sociedad del Nuevo Capitalismo.

El fin de la mística sería el acceso a la trascendencia. Este acceso, para ser místico, no se realiza de cualquier forma, sino en una inmediatez, el éxtasis místico, que hace que el individuo llegue a ese estado de contacto y fusión con lo trascendente: un estado alterado de conciencia. No hay pues necesariamente mística, por ejemplo, en las religiones cuando señalan que al final de la vida nuestra alma, y la de casi todos, ascenderá al cielo. Esa mentira no es mística. Porque la mística lo que señala es que determinados individuos, y sólo determinados y además en determinadas ocasiones, lograrán un ascenso directo a la comunión con Dios, la común-unión que diría un cursi heideggeriano.

Y este ascenso directo no lo es tampoco por un proceso de argumentación o por un esfuerzo de investigación y compresión racional, y por tanto universalizable, como lo es la ciencia o la filosofía, que pueda ser seguida por otros individuos. Lejos de esa democratización del pensamiento, la mística defiende un determinado estado alternativo de conciencia alejado de cualquier racionalidad argumentativa y que más tiene que ver con una fusión individual y selectiva, incluso elitista, hacia esa misma trascendencia que con una realidad universal de la propia razón.

Así, la mística tiene dos elementos claves.

El primero, es la aceptación a priori de la existencia de una trascendencia a la cual debe rendirse el ser humano pues su finalidad es fundirse en ella. Y esta aceptación a priori implica una creencia, una presencia en plan cursi, que se siente, pero no se demuestra en la argumentación.

El segundo, es que el fin último del sujeto no es su autonomía ni su desarrollo sino su fusión en Lo Otro, así con mayúsculas cursis. Es decir, es la idea de que el auténtico valor y dignidad de las personas no reside en ellas mismos sino en esa trascendencia que les da sentido y que solo al fundirse en ella, y por eso perder su autonomía, adquieren su sentido. La heteronomía más pura.

Por todo ello, lógicamente, la mística puede ser defendida y continuada por teorías que no consideren que la razón universal sea un elemento constitutivo y fundamental de la experiencia humana, sino que consideren que esa misma fusión con la trascendencia marca el momento más humano posible: lo más humano no es la racionalidad universal, sino la capacidad selectiva del éxtasis y la rendición de la individualidad y el pensamiento racional.

Por lo tanto, aquellos que sentimos apego por la Ilustración y apego por una razón argumentada y universal, y cuando decimos universal queremos decir no solamente capaz de conocer la realidad sino también perteneciente a todos y cada uno de los seres humanos, no nos sentimos a gusto con la mística. Es más, consideramos que las ideas místicas, que parten necesariamente del supuesto de la existencia de una trascendencia y necesariamente también del supuesto de que esa trascendencia tiene que ser accesible sólo a determinados individuos bajo determinadas prácticas de fusión con ella, no esconden sino, en realidad, un espíritu absolutamente supersticioso. Y por eso, la despreciamos.

¿Pero por qué, y esta sería la pregunta fundamental, al parecer se ha vuelto a poner de moda la mística? Y, elemento importante, ¿la mística que se ha puesto de moda es la clásica o pertenece a otra condición?  Pues eso, otro día. Y no porque entre en éxtasis sino porque, materialista sin corazón, me voy a dormir.

miércoles, diciembre 10, 2025

Y AHORA EN RADIOSOFÍA/174: LA MÍSTICA

¿En contacto con la trascendencia, uy qué trascendente, entre la clase de pilates y la cena en el carísimo restaurante?
La trascendencia está de moda y en #RadioSofía, en Radio Municipal de Casares, lo analizamos.
#EPMesaMaterialistaSinCursiladas
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