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domingo, septiembre 10, 2023

ARTÍCULOS SOBRE POLÍTICA /2: ÍNDICE DE ARTÍCULOS SOBRE NACIONALISMO, ECOLOGISMO Y FEMINISMO

Nota: actualizado a 10-09-2023

En esta serie se presenta un análisis de los tres movimientos fundamentales de la política hoy:  nacionalismo, feminismo y ecología.
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NACIONALISMO

1.- CRÍTICA GENERAL AL NACIONALISMO: conjunto de artículos donde se critica de manera general, a veces ejemplificando en un hecho concreto, al nacionalismo como ideología.

NACIONALISMO PALETO: análisis críticos de las ideas básicas del nacionalismo.
NACIONALISMO, LENGUA Y DOMINACIÓN: crítica a la idea del idioma como esencia nacional y algomás que un sistema de comunicación.
12 DE OCTUBRE: FUNDAMENTACIÓN E HISTORIA: análisis crítico del indigenismo como pensamiento reaccionario.
PALETOS CON TORTILLA (un título triste): crítica de las tradiciones populares como elementos de conformación ideológica.
DERECHO A DECIDIR Y TOTALITARISMO: crítica al derecho a decidir por ser antidemocrático.
EUROPA COMO PAÍS: defensa de la necesidad de construir Europa como un único país como respuesta de izquierdas frente al Proceso de Precarización.
EN DEFENSA DE ESPAÑA: defensa del estado del bienestar en España frente al Proyecto de Precarización y huyendo de elementos nacionalistas.
NACIONALISMO E INTERÉS SOCIAL: análisis del nacionalismo, en general y del catalán en particular, como un interés de grupo social oligarca.
CATALUÑA: ANÁLISIS DE DERECHAS, ANÁLISIS DE IZQUIERDAS: explicación de por qué la izquierda nunca puede ser nacionalista.
NUEVO NACIONALISMO, NACIÓN Y POLÍTICA: análisis de la nueva realidad nacional creada por el desarrollo del Capitalismo.
GLOBALIZACIÓN Y POLÍTICA: EL AUGE DEL NACIONALISMO: relación entre el auge actual del nacionalismo y el proceso de globalización
Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/3: NACIONALISMO vs CIUDADANOS DEL MUNDO: análisis en el programa de radio del nacionalismo.

2.- ANÁLISIS DEL NACIONALISMO EN ESPAÑA: crítica a los nacionalismos como elementos ideológicos de la oligarquía regional.

EL ESTATUTO CATALÁN: UNA GUÍA RÁPIDA: crítica al estatuto catalán desde una perspectiva de izquierdas.
CATALUÑA COMO FINCA: relación entre el nacionalismo, como ejemplo el catalán, y los intereses de la oligarquía que acaba conformándose como sociedad civil.
ÉLITES CATALANAS Y LLORONES: análisis del nacionalismo catalán como una ideología de las élites que esconde intereses económicos.
CATALUÑA: ANÁLISIS DE IZQUIERDAS, ANÁLISIS DE DERECHAS: diferencia entre cómo ver el tema del nacionalismo desde un pensamiento de derechas y de izquierdas.
PROCESO, CATALUÑA Y CLASE SOCIAL: reflexión sobre el independentismo catalán y su pertenencia de clase (pequeñoburguesa)
URNAS O FIAMBRERAS: análisis del 1 de octubre en Cataluña.

PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE: análisis sobre la presunta figura del patriarcado y su empleo en la creación de un feminismo para clases altas y oligarquías.
PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/1: REFUTACIÓN DE LA TEORÍA DEL PATRIARCADO
PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/2: LIBERACIÓN DE LA MUJER Y CAPITALISMO
PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/y 3: FEMINISMO DE ÉLITE

LA PALABRA IGUALDAD Y EL FIN DE LA IZQUIERDA MODERNA: análisis del cambio de significado de la palabra "igualdad" desde un contenido socioeconómico a uno meramente feminista.
LA PALABRA IGUALDAD Y EL FIN DE LA IZQUIERDA MODERNA/1

ECOLOGÍA

CAPITALISMO Y DESARROLLO SOSTENIBLE
: serie dedicada a analizar si es posible compatibilizar el desarrollo sostenible y el Capitalismo.
CAPITALISMO Y DESARROLLO SOSTENIBLE/1
CAPITALISMO Y DESARROLLO SOSTENIBLE/2
CAPITALISMO Y DESARROLLO SOSTENIBLE/3

¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?: serie dedicada a defender que los animales no tienen derechos en el mismo sentido que los seres racionales
¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?/1: SUJETO Y OBJETO DE DERECHO
¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?/2 METAFÍSICA: DEBER SER FRENTE A SER.
¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?/3: LA UNIVERSALIDAD DE LA RAZÓN
¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?/ y 4: CONCLUSIÓN

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/5: ¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?: análisis en nuestro programa de radio de las distintas corrientes sobre el tema.

sábado, noviembre 27, 2010

CATALUNYA TRIOMFANT/y 2: BARÇA-MADRID

¿Por qué un Barcelona-Real Madrid se va a jugar un lunes? Esta pregunta parece pertinente. No porque el fútbol sea en sí tan interesante como para dedicarle un desarrollo intelectual exhaustivo –ni deporte ni cultura, el fútbol solo es un espectáculo- sino porque resulta que se ha cambiado la fecha del Barcelona-Real Madrid por algún motivo. Y resulta curioso. Es decir, si el fútbol no fuera importante, al menos ese partido en concreto, se jugaría tan tranquilamente en domingo o en sábado. Sin embargo, se va a jugar en lunes. Y la pregunta, sencilla y pertinente, es por qué.

El domingo, como toda España sabe, se van a celebrar las elecciones en Cataluña. Es también, ese fin de semana, cuando debía celebrase, como todo el mundo sabe, el partido entre el Barcelona y el Madrid. Pero ahora, el partido se pasa al lunes. Y resulta por ello que podemos sospechar que hay algo fundamental en ese acontecimiento, el partido de fútbol no las elecciones, que implica tal importancia que lleva al cambio de fecha. Porque si no fuera importante, si solo fuera, que realmente debería serlo, un partido de fútbol, no habría habido cambio. Entonces, ¿qué hay detrás del partido?

Si analizamos las presuntas causas por las cuales el partido no podía ser durante el fin de semana empiezan las sorpresas.

Primero resulta que el Barcelona señala que no puede jugar el sábado porque ha jugado el miércoles liga europea. Bueno, es una excusa más o menos correcta que todos sabemos, sin embargo, que si no hubiera sido un partido contra el Madrid no se habría dado. Pero enfrentada a la tontería siguiente es sin duda una razón sensata. El Barcelona no quiere darle ni una ventaja al Madrid, un día más de descanso, y por eso no quiere jugar en sábado. Está bien, es comprensible dentro del fútbol.

Entonces, que se juegue el domingo. Eso parecería la solución normal. Sin embargo, no se puede jugar el domingo. Y la excusa dada es la seguridad: la policía no puede garantizar la seguridad en las elecciones y al tiempo en el partido (de fútbol). Curiosa policía la catalana incapaz de hacer dos tareas a la vez que en el resto de España se hacen sin problemas, pero estando dirigida por el inefable Saura puede ser una razón cierta –no por los policías sino por Saura que igual se lía-. Sin embargo, resulta que al menos hasta en dieciséis ocasiones han coincidido jornada de fútbol y elecciones entre autonómicas y nacionales, y nunca ha pasado nada. ¿Tan inútil es la policía catalana? Creemos sinceramente que hasta una policía dirigida por el tripartito puede hacerlo sin problemas.

Entonces, ¿por qué? La oligarquía catalana ha generado una imagen de eso que se llama Cataluña como un paraíso de civilización y cultura frente al terrorífico territorio aún sin civilizar que es el resto de España. Así, la imagen exportada, y que seguramente ellos mismos creen, es la de un lugar -la oligarquía lo llama nación- donde están los empresarios serios y honestos, los políticos con visión de estado, la sociedad ilustrada y culta y, ahora también lo sabemos, el único lugar de España donde se pagan impuestos. Cataluña es un paraíso, piensa la oligarquía, amenazada por los bárbaros de allende las lindes de la civilización. Y felices con la imagen crean el mito nacional de un lugar serio y europeo –lo de europeo que no falte- frente a una España del subdesarrollo. En Cataluña no pasa lo que ocurre en el resto de España. Aunque pase.

Ahora volvamos al partido y a las elecciones. Recordemos que el problema fundamental de la oligarquía catalana, el estatuto, no logró movilizar en su referendo ni a la mitad de los votantes. Recordemos a su vez que este estatuto, algo fundamental para la oligarquía, resulta importante para el 0,2% de la población –ya se sabe que la oligarquía es limitada-. Igualmente, vaticinan las encuestas de todo signo que en las elecciones autonómicas se puede volver a no llegar al 50% de participación o sobrepasarlo por poco. Pero hay más. Si en España en general los políticos son el tercer problema, como lo leen en el informe del CIS arriba vinculado, en Cataluña, hecho diferencial, son percibidos como el segundo: una parte de la oligarquía regional es percibida no como solución sino como problema.

Y ahora viene la imagen terrible: un Camp Nou lleno hasta la bandera el domingo de un público enfervorizado y preocupadísimo con el desarrollo de ese máximo acontecimiento cultural y emancipador; unas urnas semivacías. Y en justa correspondencia el lunes, cosa que ya ocurre, se empieza toda información con el partido, y luego se dice: y por cierto, en las elecciones catalanas gano…
Oh, Cataluña es España.

Las oligarquías tienen sueños de territorios puros y superiores. Mientras sueñan es importante que la gente que habita su finca duerma: que no se despierten es fundamental para mantener el dominio. Unos así sueñan felices con visiones de gloria y realidades de poder; otros solo duermen. Y entre medias, cuando algo de la triste realidad se cuela entre fase del sueño y fase del sueño, se entona la salmodia sobre Catalunya o sobre un Barça reconvertido por fin, los delirios de gandeza se reparten bien, en algo más que un club.

viernes, julio 16, 2010

REBELIÓN ¿EN LA GRANJA?

Tras un debate cuajado de sin duda profundas disertaciones sobre la catalanidad (nada que ver con la otrora famosa quina Santa Catalina), el parlamento de Cataluña (si yo fuera una persona realmente progresista hubiera escrito parlament y Catalunya cual a diario escribo London y House of Commons) ha decidido algo, aunque tampoco sé muy bien el qué. Más o menos, creo entender, es una letanía sobre la gloria de ser nación UNA, GRANDE Y LIBRE.

Yo, mientras tanto, que no siento ese ardor patriótico en parte alguna ni por ninguna parte solo me he hecho del grupo de facebook Si Montilla y Mas no cumplen la ley... pues yo no pago impuestos.

Y tal vez habría que añadir ahí a nuestro presidente del gobierno, visto lo que dijo en el debate del estado de la nación.
Y quizás -es para no repetir tal vez- en dos años a Rajoy, cuando descubra que él también habla catalán en la intimidad.

miércoles, abril 28, 2010

EL ESTATUTO DE CATALUÑA: UNA GUÍA RÁPIDA

1.- Para comprender el problema del estatuto catalán hay que ir primero a lo fundamental y que es el auténtico motivo de su proclamación: un problema específico de la oligarquía financiera y política de Cataluña. Y es un problema distinto para una y otra.
2.- La oligarquía política, es decir: los políticos de alto nivel y con pretensiones de serlo, tienen un problema en Cataluña pues esta región –uy, lo que he dicho- es su techo de poder. Efectivamente, los políticos catalanes sitúan su cuota profesional máxima en la zona provincial. Y esta ausencia de proyección geográfica debe ser sustituida por una mayor profundidad de su poder territorial. Es decir, como un político catalán sabe que le resultará imposible acceder al gobierno de España entonces pretende que al menos tenga algo equivalente en su territorio. Y ese algo equivalente explica el deseo, que está detrás de todo el estatuto, de bilateralidad. El máximo poder posible dentro de su zona de influencia.
3.- Igualmente, la oligarquía financiera catalana tiene otro problema: la competencia nacional e internacional. Acostumbrada a ser un poder nacional protegido, históricamente el nacionalismo catalán no era más que la exigencia de la burguesía catalana, ha ido viendo, sin embargo, como esta influencia mayúscula iba cediendo primero con la emergencia económica de otros puntos de España, Madrid fundamentalmentalmente, en el plano nacional y luego con la apertura de los mercados internacionales. De pronto, la burguesía catalana dejo de sentirse única y, por ello, imprescindible. Y entonces exigió lo que ya tenía, injustamente también, la oligarquía vasca y navarra: un trato fiscal diferencial. Incapaces de responder a la competencia decidieron, ellos tan liberales, recurrir a la política fiscal del privilegio. Era el viejo ideal del proteccionismo, típico del catalanismo tradicional, pero ahora con tintes progresistas.
4.- Así, los intereses de la oligarquía política y la oligarquía financiera se unieron y lógicamente, como muy bien señala el marxismo, surgió el interés de Cataluña –nota: a este respecto ver como los intereses de estas élites se identifican en el muy progresista Público con los intereses de Catalunya- -Y otra nota: observar como en el muy progresista Público Estados Unidos no es United States-.
5.- Pero había algo más en la política nacional. Surgió la figura de Zapatero. Y Zapatero apoyó el estatuto desde sus orígenes. ¿Por qué? Es ingenuo pensar que los partidos políticos deben juzgarse por su ideología: cada temporada es una. Mejor es juzgarles, como modelo de estudio, por las dependencias e intereses de sus élites. La llegada de Zapatero a la secretaría general del PSOE hubiera sido imposible sin la acción de los socialistas catalanes. Son estos lo que apoyan definitivamente la candidatura que hasta entonces no tenía posibilidades y mantienen de forma absoluta al futuro presidente de gobierno. Y cuando este llega al poder cambia al aparato clásico del PSOE, al que luego volverá a recurrir cuando todo se tuerza –nota: ahí está Rubalcaba-, y se lanza a hacer justicia. O sea: devolver favores. El estatuto no es más que esa devolución. Las élites pactan, con fuerzas igualadas, su no agresión.
6.- Pero el PP no lo apoyó. ¿Por fin alguien idealista? Desengáñense. Antes hemos citado el caso vasco. Resulta que esa comunidad autónoma, y Navarra por cierto que siempre se va de rositas, tienen una fiscalidad especial. Esta fiscalidad especial, que implica una injusticia frente al resto de los españoles, no ha sido nunca sin embargo criticada políticamente por el PP. ¿Por qué? Porque el PP sí gobierna, o gobernó, con otras siglas en Navarra y tiene ambiciones en la región vasca. Sin embargo, en Cataluña el PP sabe que no va a gobernar nunca, o al menos en mucho tiempo, porque su espectro político y social está tomado por CiU, o sea: su cuota de mercado. Así las cosas, y en vistas al mercado exterior, el PP bramó indignado contra la injusticia –injusticia real pero no mayor que la vasca o navarra- que implicaba el nuevo estatuto catalán. Y en hábil jugada comprendió lo que hasta el más tonto –lo digo yo- sabía: ¡es inconstitucional!
7.- ¿Inconstitucional? Aquí entra lo más divertido de la historia. Al principio se defendía la plena constitucionalidad del estatuto catalán frente a aquellos que creíamos no solo que representaba exclusivamente los intereses de la oligarquía catalana, es decir: iba en contra de los que no eran tal en Cataluña y en el resto de España, sino también que era claramente inconstitucional. Efectivamente, se nos decía que el estatuto era perfectamente constitucional y más tras los recortes del parlamento nacional. Sin embargo, el útlimo intento de sentencia del Constitucional –intento que era lo que prefería el gobierno- ya señalaba algo claro: el estatuto es inconstitucional y lo que ahora se discute es en cuantos artículos. Así, la sola idea de que la oligarquía política, primero de Cataluña y luego de España, haya aprobado una ley en que al menos catorce artículos eran, en la mejor sentencia posible de los suyos, inconstitucionales demuestra el nivel de conocimientos y la competencia de nuestros diputados. Y diputadas. Aunque de idiomas andan sobrados.
8.- Y hay algo más sobre ese amago de sentencia del autodenominado bloque progresista. Lo más interesante de ella es que la parte fundamentalmente inconstitucional era la referida a lo judicial. Lo traduzco: los jueces autodenominados progresistas estaban dispuestos a admitir todo exceso de la oligarquía provincial con respecto a los temas de financiación y de justicia distributiva, de idioma y de nacionalidad, tema educativo o social pero no, por supuesto, a que el poder nacional de la élite judicial, que son también ellos, les fuera recortado por los jueces de la periferia. La oligarquía judicial nacional, nunca mejor dicho, podía admitir la injusta distribución de la renta pero no que ellos cedieran poder en sus competencias. La élite siempre defiende sus interés y no siempre a través de un pacto si tiene más poder que la otra parte.
9.- ¿Es entonces por fin el sector conservador del tribunal constitucional el héroe de esta historia? Pues tampoco. El tribunal constitucional, que incluso ha llegado a trabajar algún viernes tras cuatro años sin sentencia, no es sino un espectáulo lamentable de inútiles. Desde una presidenta que se mantiene por gracia del gobierno con prorróga en la ley y bronca pública de la señora vicepresidenta del gobierno, pasando por jueces recusados o que ya deberían haber concluido su mandato el tribunal no es sino un espejo de la clase política y judicial. O mejor aún, un fiel exponente del nivel del debate. En realidad, lo triste es que el tribunal está a la altura de todos los demás estamentos inmersos en este gran problema nacional: baja, muy baja.
10.- ¿Y ahora qué? ¿Y si la sentencia declara inconstitucional, como debería ser, aspectos fundamentales del estatuto? Vaticinio: nada. Las elecciones catalanas están cercanas así que los partidos catalanes tienen que dar una imagen de ferozmente críticos con el sistema –¡uy, qué miedo!-. Se trata de ser más catalán, es decir: de defender más a la oligarquía, y ponerse una barretina más alta –si fuéramos freudianos haríamos un chiste: se libraron-. Sin embargo, nadie se quiere suicidar. La oligarquía catalana, y especialmente la financiera, necesita pertenecer a España. Y luego de la votación y la distribución de cargos harán un esfuerzo institucional –nota: ¿saben aquel que diu: yo hablo catalán en la intimidad?- por el bien de la nación catalana. Los coches caros, las masías, el ir al Liceo e incluso ver los partidos del Barça en palco –nota: ¿habla Messi catalán?- son cosas demasiado importantes como para perderlas. Son, en definitiva, Cataluña.

lunes, noviembre 30, 2009

CATALUÑA COMO FINCA

Lo más interesante del reciente y ridículo editorial que todas las empresas capitalistas –sé que suena mal pero es un recordatorio a esa izquierda nacionalista tan, tan, tan radical- de comunicación escrita catalanas has suscrito unánimemente no es, como cabría suponer a primera vista, su aire de advertencia chulesca sobre que podría pasar si un tribunal se atreve a cumplir la ley.
conviene que se sepa (…) No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad (…) Si es necesario, la solidaridad catalana (sic) volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.

Si bien eso ya sería motivo para que cualquiera con un mínimo de idea de qué es la democracia rechazara el texto, no es, sin embargo, lo más interesante del mismo ni mucho menos. Al fin y al cabo, la oligarquía financiera, recordemos que un editorial es la opinión de una empresa, siempre ha considerado que la ley está a su servicio. Por tanto no sorprende ese aire de ojito dónde os podéis meter.

Qué va. Lo más interesante es sin duda otra cosa de la que poco hemos leído o escuchado en los sin duda sesudos análisis que sobre el texto se han hecho. En primer lugar resulta llamativo el título: La dignidad de Catalunya (sic). En segundo lugar, que va unido a lo anterior pero como causa, resulta aún más llamativo la ola de solidaridad que dicho escrito ha despertado en eso que se llama rimbombantemente sociedad civil: desde el club de fútbol Barcelona hasta un club de excursionistas pirenáicos –tal vez también más que un club-. Todo hasta aquí estaría muy bien. Incluso, si nos dejaramos calar la paleta barretina hasta los ojos, o la boina, podríamos sentir el orgullo de la cohesión social. Pero la cohesión social, al menos eso nos enseñó aquello que en un tiempo se llamaba pensamiento de izquierdas, resulta peligrosa y suele ser una impostura que esconde en realidad los intereses oligarcas.

Retrocedamos un poco en el tiempo. Si ustedes recuerdan los resultados del estatuto en Cataluña (soy simple: a Londres no le llamo London) tal vez venga a su memoria algo interesante: participó menos del 50% de las personas con derecho a voto (es más y me atrevería a decirlo: participaron menos del 50% de los catalanes con derecho a voto). Parecería pues que el tema del estatuto no es una prioridad de la gente que vive en Cataluña. O al menos, no de cierta gente que curiosamente son la mayoría de la población. Pero sin embargo, las dificultades legales del estatuto ha sido el único tema –pues ni tan siquiera el hecho de que más de diez mil niños se mueran de hambre al día o el triplete del Barcelona (tema más catalán sin duda) lo han conseguido- que ha permitido unirse a tanta organización social bajo una misma bandera. Es decir, a la mayoría de la población no parece interesarle mucho el estatuto, pero a eso que se llama sociedad civil catalana, sí. ¿Sociedad civil catalana?

Y es aquí donde comienza el análisis de aquello que antes se llamaba izquierda. Recuperemos la cuestión. Resulta que hay una, aparente, unanimidad entre la llamada sociedad civil catalana en su apoyo al estatuto pero no es así entre la mayoría de la población que ni llegó a votarlo, a favor o en contra, en un 50 %. La cohesión social, ahora que nos enternecía tanta en Catalunya, no parece cierta. ¿Por qué entonces el estatuto sí es (casi) unanimemente apoyado por las instituciones sociales?

La oligarquía como élite con poder tiende a mantenerse a toda costa en cualquier sociedad. Para ello necesita convertir su interés particular -que se limita a su conservación y si es posible su expansión a costa del resto de la población del territorio- ideológicamente en interés general. Hace poco me sorprendí de mañana cuando el locutor de una radio mostraba su enfado porque los intereses españoles en cierto país estuvieran en grave peligro. Casi corro a alistarme, pero hablaba, al final lo dijo, de Repsol y yo, que no soy accionista, respire más tranquilo: debo ser, bueno lo soy, poco español. Del mismo modo, la oligarquía catalana ha convertido Cataluña en su interés, como ya hemos comentado aquí en alguna ocasión. Y así, cuando dicen Cataluña, como cada vez en realidad que se habla de un país, se refieren a su finca.
Pero, ¿por qué a la oligarquía social catalana –esto es: oligarquía financiera, oligarquía social y oligarquía política (incluyendo tal vez a la oligarquía excursionista pirenaica)- le interesa defender el estatuto? Porque se trata, y esa es su gran finalidad, de un marco privilegiado para seguir manteniendo su posición social. Efectivamente, la oligarquía catalana -que no lo olvidemos es junto a la vasca la más perenne de España en su condición burguesa- necesita, ante los tiempos que corren, un espacio protegido, como ya lo tiene la vasca, para poder mantenerse sin problemas. Así, el cierre de fronteras, a través por un lado del monopolio de una lengua minoritaria y local pero que se busca convertir en imprescindible dentro del territorio y, por otro, de una relación financiera privilegiada con el estado, es la mejor garantía de su control social y su consecuente permanencia en el poder. Lo que la oligarquía busca, pues, no es la mejora de las condiciones de vida de la gente que está fuera de su círculo social elitista sino precisamente de reforzar ese círculo para que sea inaccesible a otras élites foráneas. Es la idea que está detrás del parque nacional como conservación de la naturaleza y es eso precisamente el estatuto catalán: una ley de protección de élites ante el miedo causado por el fenómenos de la globalización. Efectivamente, la élite provinciana sospecha, con razón, que la globalización puede acabar con ella –y no seamos ingenuos: no para traer una emancipación sino para ser sustituida por una élite más adecuada al momento- y entonces genera un sentimiento de identidad, es decir, de inmovilidad temporal en lo esencial de la nación catalana y su dignidad, que hace que su propio dominio sea la quintaesencia de la catalinidad. Al fin y al cabo, Catalunya son ellos y su cuenta en euros.

Y por eso, el editorial, recuperando la primera cuestión planteada, se llama algo tan cursi como La dignidad de Catalunya. La élite siente, y lo siente seguramente de buena fe y no por maquivelismo que ellos son Cataluña y por lo tanto cualquier proceso que pueda cercenar, aunque sea mínimamente, su grado de control social implica un ataque a la propia realidad nacional. Así, se mistifican sus intereses particulares en intereses nacionales, ¿se acuerdan de lo de Repsol?, y a partir de ahí ya da igual lo que la gente haya votado o no: su única función, como catalanes, es el asentimiento. De pronto, todo aquello que va contra el interés particular de la élite es anticatalán y todo aquello que defiende su interés es Cataluña, aún más: Catalunya. Es lo mismo, en realidad, que cuando Franco acababa su discurso gritando viva España para no decir, tal vez por modestia, viva yo.

Hay oligarquías que tienen todo el mundo como lugar de esparcimiento. Otras, un parque nacional donde como especies protegidas moran y se reproducen. A veces, solo se habita una diminuta finca, pero el temor a arrancar la valla es consecuente: afuera hay especies que nos pueden defenestrar de nuestra posición relevante en la cadena alimenticia. Por ello, exigen que todo lo que abarque su vista sea suyo y solo suyo, aunque sea poco porque son bajitos. En una escena terrible de El rey León, como terrible es toda la película, un estúpido mono con ínfulas místicas levanta al cachorro de depredador ante los herbívoros y estos, sus futuras víctimas, agachan la cabeza en señal de pleitesía. Solo les falta gritar: visca Catalunya.

lunes, noviembre 12, 2007

ÉLITES CATALANAS Y LLORONES

Las élites tienden a mantener sobre todas las cosas su poder. La idea clave de las mismas para analizarlas no es, precisamente, el contenido de su poder sino la perseverancia en él. Da igual bajo qué concepto sean élites, pues lo importante es que ellas buscaran mantenerse en la posición privilegiada y, si es posible, aumentar su capacidad de dirección. Y esto es independiente a los individuos concretos que las conformen. La élite es una realidad institucional y social que supera el mero factor subjetivo del que se siente partícipe o no de ella. Tal vez lo que más ha envejecido de la filosofía de Marx sea la teoría de la lucha de clases, teoría hoy ya no cierta, pero ello no es óbice para que precisamente sea cada vez más cierto que con el desarrollo de la nueva sociedad del capitalismo avanzado las élites van adquiriendo una cada vez mayor independencia y control social que desean mantener e incrementar. Y Cataluña es un buen ejemplo de ello.

Analicemos desde una perspectiva distinta al nacionalismo y su ideología los hechos acaecidos en Cataluña últimamente. Es más: seamos científicos y del mismo modo en que el entomólogo se acerca a la colmena acerquémonos, sabiendo el final de la historia por ahora, a Cataluña. Para ello centrémonos en los propios argumentos del niño malcriado y llorica: nada más y nada menos que el presidente, honorable además, de la generalidad y un jefe de, ¿averiguan?, empresarios. Ambos en muy poco espacio de tiempo han dado el argumento: desarraigo. ¡Pobres! Una España insolidaria frente a Cataluña. ¿Frente a Cataluña?, obsérvese como políticos y empresarios, élites que dudamos cojan trenes de cercanías, se transforman en Cataluña. Y claman, llorones, por el desarraigo.

Volvamos a la colmena. Lo mejor para comprender a las abejas, lejos de Mandeville, no es juzgarlas de acuerdo a lo que sea verdad o no sino de acuerdo a su propia percepción del mundo. Por ello, vamos a admitir como cierto, que no lo es en absoluto, que efectivamente Cataluña haya sido malignamente abandonada por el estado central –de tal forma que incluso el Barcelona perdió la última liga de fútbol y, no se lo van a creer, de baloncesto. Pero no solo eso: las ganó, las dos, el Madrid-. Admitamos, pues, la propuesta falsa: Cataluña ha sido abandonada por el estado frente al gran auge reconocido de construcción de nuevas autopistas y líneas férreas, incluyendo AVES, en Extremadura o en Canarias, por ejemplo. Venga, lo admitimos (como admitimos n aras de la investigación otras veces que Irak tenía armas de destrucción masivas o que era aliada de Al Qaeda o que Otegi era hombre de paz). Y ahora, a la colmena a ver a la hormiga reina, a los zánganos y al resto de las abejas que trabajan.

Empecemos por la élite política: los zánganos siempre en nuestra inocente parábola apícola. En 2003 llega al gobierno de Cataluña la autodenominada fuerza de izquierdas y catalanista -lo mejor, lo segundo: ¿se imaginan un gobierno que se autodenomine de izquierdas y españolista? ¿O uno de izquierdas y madrileñista?-. Cualquiera esperaría que ante la gravísima situación de Cataluña ninguneada malignamente por el estado central -ya saben todo el dinero va para Extremadura, Canarias o, ¡Dios mío!, a Madrid: esos vagos- los políticos de izquierdas y encima catalanistas –que debe ser doblemente de izquierdas- se dedicaran con fruición a luchar por las infraestructuras catalanas en beneficio del pueblo al que aman, aprecian y sirven. Sin embargo, lo que hicieron los políticos profesionales fue dedicarse cuatro años a luchar por un nuevo marco legal que, curiosamente, les concedía más poder a ellos mismos como políticos regionales. No obstante, alguien podría decir que lo hicieron en aras de una mejoría de la vida de los ciudadanos. Pero aquí remitámonos a los hechos: entre 2003 y 2007 la vida diaria en Barcelona, la zona más habitada de Cataluña, ha empeorado y no solo por temas coyunturales y esporádicos como pudiera ser un accidente aislado, sIno por la falta de previsión absoluta en varios frentes. Es decir, los representantes populares habían tenido ya al menos cinco años de plazo, en realidad más pues CiU no puede ser liberada de este tema, para haber solucionado el caos que ahora está presente y, sin embargo, no lo hicieron. Pero sí gastaron ese tiempo en generar una nueva legislación que concluía en un mayor poder para ellos: la elite se autoalimenta. O, en plan cuaderno de campo, anotación: el zángano trabaja para sí fundamentalmente.

Pero, ¿y la élite empresarial? Resulta claro que la elite industrial catalana ha oído la voz de alarma: se acabó el chollo de una Cataluña rica y una España pobre (Cataluña rica forjada también en la realidad de la dictadura franquista, por cierto, al igual que la riqueza del País Vasco, Navarra o Madrid). Además, ya no sólo la lucha es con Madrid, que ya la supera, sino que incluso en su pequeña ensoñación del mundo mediterráneo idílico -donde ese ya de por sí pequeño mar aún se convierte en más provinciano al empezar en Gerona y acabar en Tarragona con algún almogaver por ahí perdido- se presentan nuevas competidoras: Valencia y Andalucía. Así, la queja de la élite catalana empresarial es en realidad la queja de quien pierde poder ante la pujanza del nuevo mercado. Y del mismo modo que el fabricante de zapatos exige que no entren zapatos chinos para que paguemos más caros los zapatos españoles de la misma o peor calidad, el empresariado catalán llora al estado para mantener el estatus privilegiado que considera intrínseco, como élite que es, a su situación. O dicho más fácil: las leyes del mercado sirven para los otros (por ejemplo, para el mercado laboral donde se ofrece la chusma) pero no para nosotros que queremos ganar en los despachos gubernamentales lo que no podemos ganar en la libre competencia que exigimos a nuestros empleados.

Las élites se unen cuando su esfera de poder no entra en contradicción y se consideran complementarias. Cataluña es ahora el mejor ejemplo de esa sociología por la cual las élites se juntan para mantener, de forma exclusiva e independiente al daño que puedan causar o ya hayan causado a los habitantes de esa región, el control social. Bajo la bandera ridícula y reaccionaria de la catalanidad, ¿qué es eso?, las élites sociales han encontrado un cómodo espacio para reivindicar su posición social ante la amenaza externa: en un caso, los políticos profesionales -que no son la política- para fortalecerla; en otro, los empresarios, para mantenerla al menos. Lo triste, lo verdaderamente triste, es que para defender cono élite la piscina, que es realidad lo único que se defiende, se utilice una palabra que alguna vez, hace ya tiempo, significó algo. ¿La palabra Cataluña?, no; la palabra izquierda.

lunes, enero 30, 2006

CONTRA EL ESTATUTO / 7. OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO


La reciente encuesta del CIS nos lleva a volver al tema con un dato que, creemos, no ha sido suficientemente aireado. Resulta que la población española, admitamos que la encuesta está bien hecha, considera que la reforma de los estatutos de autonomía no es un problema entre los 15 primeros que catalogan. Suena raro. Hasta el cansancio nos han señalado que son la soberanía popular y no han legislado nada nuevo, al menos con el ardor, publicidad y aspecto reformador del puesto en el estatuto, sobre vivienda, paro, calidad del empleo, inseguridad ciudadana,… Es decir, tenían 15 problemas para tratar pero han tratado el 16.

Cabe la pregunta: ¿por qué?

Que los políticos se constituyen como un grupo social, con todo lo que ello conlleva, es algo que no se puede dudar. Y que como tal grupo tienen unos intereses, de forma independiente incluso a sus voluntades individuales, tampoco. Y el primer interés de un grupo social es no sólo su permanencia sino también su fortalecimiento social. Así, la clase política como tal, no es necesario que todos y cada uno de sus miembros, busca generar las condiciones de mejorar su status. Y esa mejora de status, de posición social en competencia con otros grupos de poder, implica generar unas condiciones que permitan una mayor posición de dominio. Es decir: buscan una mejor posición, mayor posibilidad de control social, como clase dominante.

De esta forma, ya tenemos un grupo social altamente profesionalizado –vean los nombres repetidos elección tras elección- que busca disponer de un poder. Y dicho poder en política es la capacidad legislativa independiente. Por lo tanto, lo que se buscará es la mayor independencia ante las instancias superiores –la ideal bilateralidad y para ello la idea de nación como subterfugio-. Y especialmente esto se buscará cuando se comprende que el techo de dominio, en cuanto a extensión social, está limitado por las mismas circunstancias políticas. Se trata, en el viejo sueño del virrey, de ser rey en el territorio ante la imposibilidad de serlo realmente en todo el estado.

¿Por qué el estatuto, problema 16 para los ciudadanos, ha sido la gran lucha del parlamento catalán? Pues eso. Apliquen ustedes, si quieren, lo anterior.

domingo, octubre 23, 2005

CONTRA EL ESTATUTO/ 6: LA CONSTITUCIÓN Y EL FALSO LÍMITE

El discurso político sobre el estatuto está siendo, al menos desde la izquierda, mal dirigido. Parece que lo auténticamente grave del mismo es que vaya contra la constitución o, que al menos, sea inconstitucional. Sin embargo, no es esto lo peor, desde luego. Al fin y al cabo, la propia constitución va a ser cambiada para que las barbies princesa puedan ser reinas de España y no pasará nada, por lo tanto tampoco habría, en primera instancia, mayor problema en cambiarla para cubrir las expectativas del propio estatuto catalán. El problema constitucional puede ser un problema legal, pero no debería serlo político más allá de su reforma. Si fuera justo se podría cambiar la constitución.

¿Cuál es el problema entonces del estatuto? No su legalidad, sino su contenido. Su justicia y, en este caso, su injusticia. El problema es que el estatuto debería ser inasumible por la izquierda. Las causas creemos que ya las hemos expuesto en esta serie. Pero, ¿entonces, cuál es el truco? ¿Por qué Zapatero y su grupo, que no el PSOE en general, han decidido centrar el debate, con la incontestable ayuda de El País, en su presunta inconstitucionalidad y, resolviéndola, las famosas 8 fórmulas y los pactos, presentar que todo estaría arreglado? Pues porque Zapatero ha vuelto a demostrar que carece de cualquier idea sobre el tema y, al torcerse todo, recordemos que se comprometió a aprobar lo que saliera del parlamento catalán, no encuentra otra solución. Al fin y al cabo, nadie conoce cuál es el pensamiento de Zapatero sobre la política territorial, fuera de las declaraciones retóricas, y hasta cabe la posibilidad de que carezca de ellas Y si esto es así, y ya se vio bastante cuando su discurso ante el plan Ibarreche, tema mucho más sencillo, la mejor solución sería situar el problema no en la política del contenido sino en la jurisdicción.

Sin embargo, y conviene recordarlo, el auténtico problema del estatuto es político y por eso es inasumible. La constitución se puede cambiar tantas veces como sea necesaria porque el problema no está ahí sino en la causa del cambio. O diciéndolo en un lenguaje desgraciadamente perdido: si el cambio constitucional trae o no más progreso. Y el auténtico problema del estatuto catalán, y nuestro temor es que Zapatero no lo sepa o no lo quiera saber, es que no trae más progreso sino que es reaccionario. Y lo es en su significado fuerte: pretende volver atrás ante una situación dada que permitía el desarrollo político social de acuerdo a una democracia. Así, el nuevo estatuto supone un recorte de libertades y derechos frente a la situación actual y el ataque a un sistema que, mal que bien, ha funcionado mejorando las condiciones de vida de todos los españoles y logrando un equilibrio nacional y una serie de mejoras sin precedentes en la historia de España. Por eso, el estatuto en su intento de volver atrás, no es ajeno a esto la petición de los derechos históricos, no solo no nos da tranquilidad sino que nos preocupa. Y no nos gusta la actitud irresponsable, ñoña y demagógica, de quien tiene la máxima responsabilidad de este problema: Zapatero. Y nos preocupa porque no la entendemos ideológicamente. No sabemos, ¿alguien lo sabe?, qué busca.

Por eso, esperamos ansiosos el próximo dos de noviembre cuando en el Congreso se discuta el tema. Allí, suponemos, Zapatero nos dará sus razones.
O, otra vez y de nuevo, solo consignas ñoñas.

martes, octubre 18, 2005

CONTRA EL ESTATUTO/5: LA FINANCIACIÓN

En su título VI, el estatuto presenta la financiación de Cataluña. En primer lugar, destaca el carácter de bilateralidad entre el estado español y la propia Generalidad. No tratamos aquí si es constitucional o no, no nos importa ahora, sino la propia idea de algo así: un territorio concreto decide que los impuestos son suyos y que luego dispone de ellos, como unidad, para negociar con el estado. Pero no sólo eso, sino que hay, en su artículo 209, un hecho sorprendente: la Generalidad, es decir y según el propio estatuto Cataluña, decide sobre la política económica del resto de las autonomías.
Así se lee:
La Generalidad contribuye a la solidaridad con las demás comunidades autónomas, a fin de que los servicios prestados por los diferentes gobiernos autonómicos a sus ciudadanos puedan alcanzar niveles similares siempre y cuando lleven a cabo un esfuerzo fiscal también similar.
Es decir, la Generalidad toma un aire intervencionista: sólo cederá sus impuestos, y ahora vendrá la discusión de si son suyos, si la comunidad ajena cumple con su parte. Ahora bien, ¿quién decide cuál es su obligación, su “esfuerzo fiscal”? Pues, la propia Generalidad. Así el principio de bilateralidad no es sólo ya tal, injusto por sí, sino un principio intervencionista en la economía del resto de las autonomías. Un gobierno extraño, no votado y esto es lo que le diferencia del gobierno de la nación (no sé si poner española) que sí es votado en toda España (no sé si poner estado), decide sobre si otro gobierno autonómico cumple o no con “un esfuerzo fiscal similar” y, por lo tanto, decide si le ayuda o no. ¿Bilateralidad? No, intervencionismo.

Ahora bien, alguien puede decir: evitemos el artículo 209, eliminémoslo. Ahora, una vez hecho, ¿por qué es mala la bilateralidad preconizada? Para eso debemos volver al Preámbulo. Allí se dice lo siguiente:
De este modo, el presente Estatuto define las instituciones de la nación catalana y sus relaciones con los pueblos de España en un marco de libre solidaridad con las nacionalidades y las regiones que la conforman, compatible con el desarrollo de un Estado plurinacional.

Vean qué interesante: “marco de libre solidaridad”. Obsérvese que este estatuto hecho por la izquierda real, los que cobran como diputados al menos, no utiliza la expresión “relación justa” sino “libre solidaridad”. ¿Por qué? Pues por dos motivos. El primero hace referencia a un hecho general de la izquierda y es la sustitución de los conceptos con significado objetivo por aquellos con contenido subjetivo y que hacen referencia a situaciones de bondad personal no mensurables de acuerdo a un criterio más allá de las buenas intenciones. Así, ya lo analizaremos con más profundidad en otro momento, se sustituye justicia, criterio de proporción y discutible objetivamente, por solidaridad, criterio subjetivo, negando así de contenido el discurso.
Por otro, y más concreto aquí, es el permanente chantaje del rico. Al igual que doy lo que considero bueno, soy bondadoso y ejerzo la caridad ante los pobres, puedo tranquilamente dejar de hacerlo pues el criterio no está fuera de mí, la justicia, sino en mí, la solidaridad, caridad y amor, que siento hacia ti. Así, la negociación es permanente. Cataluña, o sea: la Generalidad, es el chantajista bondadoso. Porque te quiero te exijo. O te comportas o no te doy. Los impuestos pasan a sí a ser objeto no ya de retribución, justicia social discutible, sino de caridad, principio indiscutible pues es la subjetividad pura: el poderoso, como en el cepillo de la parroquia, decide cuanto da. El privilegio, no regulado fuera de la intención del fuerte, es el nuevo principio económico. El liberalismo puro y duro, basado en las relaciones interpersonales, triunfa frente a cualquier concepto incluso, fíjense qué débil, socialdemócrata.

domingo, octubre 16, 2005

CONTRA EL ESTATUTO/4: RECOMENDACIÓN

De lo mejor que he leído, bueno, lo mejor, sobre el tema de las autonomías y el estatuto. Queda algo ridículo que yo, que tengo una media de 20 lectores y bajando, recomiende La Página Definitiva, una página de izquierdas sin totalitarismos ni pretensiones inquisitoriales ni tampoco campañas demagógicas, pero la recomiendo en general por si alguien no la conoce. Y recomiendo, en particular y sobre este tema, este artículo y este otro.

martes, octubre 11, 2005

CONTRA EL ESTATUTO/3: LOS DERECHOS HISTÓRICOS

Volvemos del nuevo al texto. Todo el preámbulo y el artículo quinto se precisan en la idea de los derechos históricos. De hecho se llega a decir textualmente:
El autogobierno de Cataluña como nación se fundamenta en los derechos históricos del
pueblo catalán
De esta forma, si se demostrara que no existen tales derechos históricos se podría, de suyo, deducir que el autogobierno es vano. Esto, creemos, es extraordinariamente interesante pues desmiente una vieja creencia que perdura en España: hay una diferencia ideológica -la fáctica, y que es muy importante, está clara en cuanto al uso de la pura violencia, la extorsión y el chantaje- entre el nacionalismo vasco y el catalán. Y de hecho a este último siempre se le ha presentado como algo moderno, ideológicamente avanzado, no excluyente lo han llegado a llamar, y compatible con la democracia. Pero, los textos no mienten. Resulta que la fundamentación, presunta, del estatuto es la historia, el pasado reconvertido en derecho. Así, la nación no lo es por la libre asociación de sus ciudadanos, sino que se constituye en esencia: se es nación antes de acceder voluntariamente a ello, antes de cualquier pacto político para serlo. Y lo es, como también señala el texto, de forma inalienable, es decir: aunque ningún catalán quisiera ser catalán seguiría existiendo la nación catalana.
¿Puede la izquierda, al menos la que aún defiende cierta Ilustración, defender esto? Porque lo que está detrás del derecho histórico, ya sea éste u otro como la idea de ls llamados “derechos adquiridos” son dos problemas: por un lado, la denominada falacia naturalista según la cual lo que es (imaginemos, cosa que es falsa, que Cataluña fue nación) debe ser así y no de cualquier otra manera; por otro, algo peor, que la permanencia en el tiempo garantiza el derecho. Pero, esto va en contra de la propia idea de justicia en la izquierda que se basa en un elemento racional: lo justo lo es en virtud de sí mismo y no por motivo de su permanencia en el tempo. Y por eso, el hecho de que algo haya sido así no garantiza su justicia y, por tanto, no debe ser defendido como un derecho. Porque si acaso no fuera así, tendrían razón, por ejemplo, los que defienden que el matrimonio sólo puede ser la unión entre hombre y mujer pues, de hecho, así ha sido. O, incluso, se debería restituir la corona al rey del Francia.
Pero hay algo más. Porque resulta curioso que todo el derecho histórico se acabe en la Generalidad.
La vocación y el derecho de los ciudadanos de Cataluña de determinar libremente su futuro como pueblo, que el Parlamento de Cataluña ha expresado reiteradamente, se corresponde con la afirmación nacional que históricamente representó la institución de la Generalidad, vigente hasta el siglo xviii y después recuperada y mantenida sin interrupción como máxima expresión de los derechos históricos de que dispone Cataluña y que el presente Estatuto incorpora y actualiza.
Es decir, el derecho está reconocido en una institución: la Generalidad. Y es ésta, como en los estados totalitarios, la que es la representación, imaginamos que en la tierra, de los derechos históricos. Así, una institución gubernamental se convierte en inalienable: tampoco puede desaparecer pues ella es el fundamento de Cataluña (independiente siempre de la voluntad).

¿Cómo concluye esto? En la igualdad establecida entre Cataluña, como veíamos en el artículo anterior un sujeto, y su forma de gobierno con una ciudadanía, es curioso que poco se habla de ella en el preámbulo, desaparecida del mapa.
Así, el viejo sueño nacionalista se escenifica: ein volk, ein reich, ein führer (un pueblo, un estado, un guía).
Esto es nacionalismo, puro nacionalismo.

domingo, octubre 09, 2005

CONTRA EL ESTATUTO/2: LA NACIÓN


Nada más comenzar el estatuto, tanto en su preámbulo como en su articulado, se lee que Cataluña es una nación (y el valle de Arán, por qué no, una realidad nacional –obsérvese, sin embargo, la diferencia-). Esto ha ocasionado una rápida avalancha dudando de la constitucionalidad del texto. Sin embargo, nuestro escrito no trata de esto sino de algo más importante: ¿es compatible ser de izquierdas y la defensa de que Cataluña es una nación? O, de otro modo, ¿cómo debería definir la izquierda una nación?

Comencemos separando estado-nación de nación, presunta, sin estado. Quienes defienden que Cataluña, o cualquier otro ámbito geográfico definido sin estado, es una nación lo hacen porque parten de un supuesto. Y es que hay algo en común, un elemento esencial, que todos los habitantes de ese lugar tienen: ser, en este caso, catalanes ante todo. Así, en el estatuto se puede, entre otras tonterías, leer:
Cataluña ha definido una lengua y una cultura, ha modelado un paisaje, ha acogido también otras lenguas y otras manifestaciones culturales, se ha abierto siempre al intercambio generoso, ha construido un sistema de derechos y libertades, se ha dotado de leyes propias y ha desarrollado un marco de convivencia solidario que aspira a la justicia social.
Así se ven al menos dos cosas: la primera, que existe un sujeto de acción llamado Cataluña que no solo existe por el acuerdo de sus habitantes sino que actúa por libre; la segunda, y graciosa al tiempo que terrible, que dicho sujeto, Cataluña, actúa tanto a nivel social como natural, cual nueva corriente tectónica y superando la demasiado internacionalista teoría de Wegener ya que incluso –y aquí sólo cabe exclamar asombrado ante su acción: visça Catalunya- modela su paisaje. Así, Cataluña se presenta como una esencia previa a sus ciudadanos.

¿Es esto compatible con la izquierda? Se puede aceptar desde la izquierda, sin problemas, que hay naciones con estado pues se trataría de un hecho fáctico: soy español porque tengo DNI. Aquí no hay nacionalismo, ni necesidad de sentirse español sobre otra cosa. El problema surge cuando no hay tal estado. ¿Por qué entonces sería español? Pues, diría el nacionalista, porque tengo elementos culturales comunes. Pero eso, traducido a un lenguaje emancipatorio, de izquierdas, sería asumir que la ideología dominante es la verdad. O dicho de modo no marxista: las costumbres que la clase social dominante ha determinado como características de la idiosincrasia popular, que hoy sería la industria de la cultura afincada en un determinado lugar, ha decidido que ser catalán, o español, sea eso y no otra cosa. Se establece así una prioridad –en, de nuevo, lenguaje emancipatorio, o de izquierdas: una falsa conciencia-: soy catalán, nacional, frente a cualquier otra cosas pues esa es mi identidad prioritaria. Así, en el estatuto catalán, el catalán antes que obrero o banquero es catalán, antes que rico o pobre es catalán, antes que deudor o acreedor es catalán. Y no por un hecho administrativo, como el español con su DNI, sino esencial- Es decir: las condiciones individuales y sociales reales quedan subsumidas por la pura y dura ideología: uno, independientemente de sus circunstancias concretas, es catalán. Catalán ante todo. De los nacionales (¿les suena?).

Incluso hay algo más. En el estatuto catalán, que nadie salvo Arcadi Espada en su estupenda serie, que yo sepa, ha destacado, se relacionan los derechos con el deber de la aceptación del denominado proyecto colectivo:
Estos derechos se ejercen conjuntamente con la responsabilidad individual y el deber cívico de implicarse en el proyecto colectivo, en la construcción compartida de la sociedad que se quiere alcanzar, organizada a partir del principio de proximidad a través de los ayuntamientos, las comarcas y las veguerías, que integran el sistema institucional de la Generalidad.
Ya Falange, en sus Puntos Iniciales (7-12-1933), lo había señalado: La condición política del individuo sólo se justifica en cuanto cumple una función dentro de la vida nacional. Aquí vuelve a salir. Y recordemos, para los malentendidos, no se trata de una interpretación sino de una cita textual del propio estatuto en la cual se destaca que los derechos individuales van unidos (se ejercen conjuntamente) a la obligación de implicarse en lo denominado proyecto colectivo. Y la izquierda, de toda la vida o al menos la que aún piensa alejada de la tonta sonrisa de ZP, cuando leía “proyecto colectivo” traducía, con razón, ideología dominante.

¿Se puede ser de izquierdas, ya no digo marxista, y defender el estatuto? Es más, ¿se puede tener un pensamiento crítico, racional, alejado del mito, y defender el nacionalismo? La respuesta, dejémosnos de ñoñerías y talante, es no.

Estamos empezando a demostrarlo. Próximamente más.

CONTRA EL ESTATUTO/ 1. NOTA PREVIA

A partir de hoy, y ante la gravedad del tema, comenzamos una serie de artículos analizando el estatuto de Cataluña. Nuestra finalidad no es legal, nos importa poco en estos escritos, aunque reconocemos su importancia en la democracia actual, ver si el texto es constitucional o no, sino política pues pretendemos analizar dicho estatuto desde cierta perspectiva que, nos atrevemos a presentar aunque dejamos la última palabra a los lectores, de izquierdas. Así, durante esta serie de artículos el lector verá un análisis de las distintas partes de este texto nacionalista y su crítica. Y la crítica no está puesta con el fin de ser constructiva sino de rechazar.
O dicho de otra manera: o nosotros somos de izquierdas o lo es el tripartito.