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miércoles, agosto 21, 2019

SIN COLE DE BRUSELAS/6: EN EL ATOMIUM


El origen del universo y todo lo que hay en el universo. #EPMesaTúEresNecesarioElRestoEsContingente
#EPMesaSinColeDeBruselas
#EPMesaTuristaAccidental

viernes, julio 19, 2019

EN LA LUNA

A mí también me pasa
Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que  pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro  de mí.
Es Kant 
Es la Crítica de la Razón Práctica
En 1969 todos llegamos a la Luna
#EPMesaSiempreQuisoSerAstronauta


miércoles, septiembre 09, 2015

DARWIN, SIEMPRE DARWIN

Si tuviéramos que escoger un científico nos quedaríamos con Darwin. Su grandeza es haberse atrevido a descubrir algo que cualquiera debería haber descubierto antes. Sin necesidad de conocimientos matemáticos previos cualquiera hubiera podido descubrir la Evolución. Pero sólo él lo hizo.
Ahora, se subasta, como si se pudiera comprar con dinero, una carta suya.
Dice así:

Lamento tener que informarle de que no creo en la Biblia como revelación divina y por lo tanto tampoco en Jesucristo como el hijo de Dios. 
Atentamente. 
Ch. Darwin

Nosotros tampoco creemos en Darwin porque eso sería insultarle.
Nosotros buscamos pensar con Darwin, buscamos sus argumentos, nos convencen.
Es la diferencia entre la superstición y la Ilustración.
Darwin, siempre Darwin.

jueves, junio 04, 2015

ANTIVACUNAS (y rebeldes)

Hola,
soy antivacunas y no vacuno a mi hijo porque soy libre y cada uno puede pensar lo que quiera, pero exijo que su cura la pague la sanidad pública porque vivimos en sociedad.

viernes, febrero 27, 2015

EL SEÑOR SPOCK

Hay veces en que un trato dice más que el mero hecho social: señor Spock.
Hoy ha muerto Leonard Nimoy.
Y el espacio sigue siendo la última frontera.



miércoles, marzo 12, 2014

COSMOS

Cuando yo era pequeño, y era pequeño aunque menos de lo que pudiera parecer pues me conservo muy bien, veía Cosmos, la serie del inolvidable Carl Sagan por televisión. Allí, uno tuvo su primer contacto con la ciencia compleja, esa que hablaba de Relatividad y Mecánica Cuántica. Y con la exploración espacial. Y así, uno pudo sentir admiración absoluta por la Ciencia, uno de los mayores logros de la humanidad.

Cosmos, más nueva, ha vuelto a la pantalla de televisión. Todavía no he visto el primer capítulo pero, conociendo de otros documentales a su presentador y sabiendo lo bien que se hacen los documentales, y lo entretenido, en Estados Unidos espero lo mejor.   

Y espero también que otros que ahora son niños vean Cosmos. Y admiren la Ciencia.

lunes, agosto 26, 2013

DISCAPACIDAD Y ENFERMEDAD

Nota: por no tratarse de un texto científico no hacemos aquí la distinción técnica entre enfermedad, trastorno y síndrome.

Dña. Ángela Bachiller ha sido nombrada recientemente concejal del Ayuntamiento de Valladolid. Dña. Ángela Bachiller sufre -obsérvese que no hemos puesto tiene- síndrome de Down. El síndrome de Down es un trastorno genético que implica necesariamente una discapacidad cognitiva que puede ser mayor o menor pero que siempre está presente. Con un tratamiento adecuado, en la actualidad los sujetos pueden, proporcionalmente a ese grado menor o mayor de discapacidad cognitiva, llevar una vida casi independiente. Y este tratamiento adecuado implica, también necesariamente, un compromiso social de cuidado hacia estas personas. La sociedad las debe cuidar de un modo distinto, de un modo más atento, porque están enfermas y su enfermedad implica una discapacidad de las que no son responsables. Por eso, su autonomía personal no es la misma que la del resto y, también por eso, no pueden exigírseles los mismos deberes que al resto. Toda esta preocupación y cuidado, que debe incluir necesariamente investigar para producir una cura, forma parte del progreso humano.

Estar enfermo no es un hecho moral. Cuando alguien está enfermo, ya sea desde su nacimiento o en una etapa de su vida, no ha sido porque su padre o su madre o él mismo pecaran o fueran malas personas. Parece obvio, pero sin embargo hoy día este estigma sigue existiendo de una forma implícita y soterrada, especialmente en las personas con enfermedades mentales. Uno puede contar que tiene úlcera, que es miope o que sufre hipertensión, pero tener síndrome de Asperger, esquizofrenia, depresión crónica o cualquier otra enfermedad de contenido mental o que implique un trastorno de personalidad debe ocultarse. Parece que eso es culpa del individuo porque en débil de carácter y la vergüenza y el rechazo deben caer sobre él: si sufre usted de depresión crónica es porque mira la vida de forma equivocada.

Sin embargo, la causa no es tan simple. La enfermedad mental es el mal funcionamiento de un órgano o de una estructura fisiológica, como pueda serlo la hipertensión o el cáncer. Y usted o yo un día podemos, por ejemplo, sufrir un golpe o la complicación de una enfermedad y convertirnos en, radicalmente, otro. Phineas Gage, quien al sufrir un accidente y destrozarse parte del lóbulo frontal de su cerebro cambió radicalmente de personalidad, no es un mito, una leyenda ni una metáfora. El alma, sí.

Y aquí surge el problema. Está empezando a imponerse una corriente, que se ve en casi todo tipo de enfermedades pero especialmente en aquellas que implican discapacidad intelectual, en la que se nos dice que todos somos iguales y que dicha incapacidad puede arreglarse con el esfuerzo personal del enfermo y la solidaridad del resto de la sociedad: si todos nos amamos, parece, todos nos haremos más listos. Así, y según esta corriente, tener un trastorno de personalidad o tener síndrome de Down, acaba presentándose como una forma peculiar de ser, una manera distinta de vivir la vida y no como una enfermedad. La idea es que al final los individuos no están enfermos sino que solo son diferentes. Incluso -y esto que empezó con las enfermedades mentales ya ha llegado hasta las vacunas- se critica a la medicación y a la medicina científica –cualquier otra medicina es superstición- por considerar que no puede resultar efectiva pues estas enfermedades refieren a algo más profundo. ¡Ah, la profundidad de lo inefable!: durante siglos, hasta que apareció la medicina científica, la gente moría a edades tempranas, pero con gran profundidad.

No cabe duda de que quienes creen estas ideas antes descritas, entre ellas varias asociaciones cercanas a este tipo de pacientes, lo hacen de buena fe, pero tampoco cabe duda de que es un error que en el fondo implica una estructura intelectual errónea y social terrorífica. Tener síndrome de Down, por ejemplo, no es una oportunidad para vivir de otra manera, es una desgracia. Sin embargo, para quienes defienden estas cosas del esfuerzo y el espíritu humano una persona con síndrome de Down puede llegar a ser concejal porque solo es diferente a otra persona sin dicho síndrome. Y aunque se nos aparezca de inmediato la ironía sobre las cualidades que entonces requiere dicho puesto sería cruel hacia una persona enferma reducirnos a eso. Esto no es un chiste, es una argumentación.

En primer lugar está un problema sobre la realidad de qué es un ser humano. En la defensa de esa teoría de que la enfermedad no inhabilita proporcionalmente a su gravedad, está la terrible idea de una espiritualidad por encima de la realidad física. Así, esta espiritualidad puede superar cualquier adversidad y la persona con síndrome de Down, o con cualquier otra enfermedad  que implique discapacidad severa, puede llegar a ser lo que ella quiera pues el espíritu humano lo supera todo. La idea es, aparentemente, hermosa pero es, realmente, falsa. Los seres humanos son seres exclusivamente físicos, producto de una evolución ciega, y precisamente eso es lo que demuestra el síndrome de Down o cualquier otra enfermedad cuyas consecuencias guarden relación con la capacidad  intelectual o con el trastorno de la personalidad: lo más humano es fruto de la realidad física.  Así, ocultar que las enfermedades mentales son enfermedades y son físicas es defender una fabulación contra  la ciencia –nota: y recomendamos aquí la lectura de Oliver Sacks como un ejemplo de que la humanidad auténtica está de nuestra parte y no de lo espiritual-.

Efectivamente, el hecho de que un problema genético, como en el síndrome Down, o una malformación o daño cerebral puedan producir cambios en la personalidad demuestra bien a las claras la ausencia de ese contenido espiritual: no es el alma, es el cerebro. Sin embargo, lo que se hace al defender, tal vez sin pretenderlo, esa espiritualidad que nos iguala es negar la evidencia de ese origen físico de lo humano. Es defender la superstición frente al desarrollo del conocimiento. Es defender la mentira frente a la verdad.

Además, y esta es una conclusión política muy importante, si estas enfermedades no provocan discapacidad proporcional de acuerdo a su desarrollo, y en el caso del síndrome de Down sería una discapacidad intelectual, y son solo formas distintas de ser no se entiende bien por qué se deberían especificar leyes concretas que protegieran especialmente a estas personas. Efectivamente, si el síndrome, o cualquier otra enfermedad, no produce discapacidad no cabría el especial cuidado social. Y de esta forma se produciría un grave problema: deseando crear la máxima igualdad se produce la máxima desigualdad.

Porque entender la discapacidad es la clave de esto. Si la sociedad no asume la discapacidad como una carencia, y no como una forma de ser distinta, no cabe la creación de medidas contra esa carencia. Así, y no es paradójico, pregonar que existe la máxima igualdad fáctica, todos iguales de hecho, es negar la máxima igualdad en derechos, todos iguales socialmente, pues las personas con estas enfermedades nunca estarán en igualdad de condiciones previas con los demás.

Por ejemplo,  a veces se nos oculta a los profesores que alguno de nuestros alumnos pueda sufrir alguna de estas enfermedades mentales –como un trastorno de personalidad o cierta deficiencia intelectual-   y entonces le tratamos igual que al resto. Y el resultado es que al tratarlos igual que a otros que no tienen esa enfermedad cometemos sin querer una injusticia porque les pedimos cosas que no pueden hacer y no hacemos que aprovechen otras que podrían desarrollar mejor y venirles muy bien de cara a su formación futura. Es decir, la máxima igualdad de trato nos lleva a la injusticia de la máxima desigualdad: el trato igual no siempre es el trato más justo.

Todo esto expuesto anteriormente puede parecer inhumano frente a la idea de que las personas con discapacidad son iguales a las que no tienen estas discapacidades. Pero lo parece solo. El auténtico pensamiento humanista no es aquel que ve lo que le gustaría que existiera, sino aquel que ve lo que hay porque solo así puede cambiarse. Doña Ángela Bachiller ha sido nombrada concejala por un partido, el PP, que ha desmantelado la ley de dependencia, la atención a la diversidad en la educación y la propia educación- y ahora se propone destrozar la sanidad pública. Su humanismo no se puede ver  en haber nombrado concejala a una persona con síndrome de Down sino que precisamente ahí debe verse su ideal de eugenesia social. Porque lo que viene a decir es que si ella lo logró, todos los enfermos podrían hacerlo sin necesidad de un estado, y una sociedad, que les cuide. Es decir, sin leyes favorables ni gasto social: los que no lleguen, que se jodan.

Nosotros, sin embargo, creemos algo distinto. Creemos que los individuos deben llevar su vida para sí y para la sociedad. No deben vivir solo para cumplir su sueño personal sino también para garantizar el ideal de un mundo justo. Pero, y por lo anterior, creemos que cuando una persona sufre una discapacidad que afecta a su autonomía personal, la sociedad debe priorizar en él su sueño personal proporcionalmente a su discapacidad. Mi trabajo debe ser eficaz para la construcción de ese mundo justo, el trabajo de una persona con síndrome de Down, por ejemplo, debe ayudarle a sentirse mejor y desarrollar su vida. Algún día la medicina científica y no la superstición- curará estas enfermedades, pero para ello hay que presentarlas como tales porque solo conociendo la verdad se puede transformar lo real.


La antipsiquiatría estuvo de moda en los 60 y 70 del pasado siglo. Como todo, acabó en consignas sin poder desarrollarse en sus puntos interesantes. Una de esas consignas era preguntarse sobre los enfermos mentales: ¿quién está enfermo, ellos o la sociedad? Todo, aparentemente, muy radical. Curiosamente, la antipsiquiatría fue el único movimiento anti que el estado rápidamente asumió, cerrando los asilos para enfermos mentales con trastorno grave nota: no los mejoró ni mejoró su práctica  domiciliaria, sino que los cerró y los echó literalmente-. Cada día que llevo al perro al parque me encuentro con un vagabundo sucio y que parece viejo que da vueltas sobre sí mismo mientras susurra una letanía incomprensible. Cuando vuelvo sigue ahí, dando vueltas y susurrando. Un imbécil, pero muy humanista y radical,  podría pensar que es libre y luego irse a casa satisfecho mientras escucha su ipod. Pero yo no tengo ipod.  

lunes, marzo 04, 2013

EL MINISTRO Y LA CONTESTACIÓN

En un gobierno como el del PP, uno presume la excelencia. La misma Ana Mato, brillante currículo, es prueba de ello. Allí también es ministro Jorge Fernández Díaz, quien se ha descolgado con unas declaraciones donde  diferencia el matrimonio natural -sic- de matrimonio homosexual.

Estoy de exámenes, pero corrigiéndolos,  y no tengo tiempo para escribir. Pero como el ministro solo dice argumentos que ha oído, o quizás incluso ha pensado, ya le contestamos hace tiempo. Por si interesa -y para rellenar, por qué  no decirlo- lo vinculamos otra vez: La familia natural (como el yogur).

Y perdón por autocitarme. Aunque es un placer.

martes, septiembre 18, 2012

ESCUELA Y SEGREGACIÓN/y 2: EL SEXO (pero que nadie se emocione)


En el artículo anterior, analizábamos en líneas generales la segregación en la escuela. Dividíamos está en a priori, cuando la segregación se realizaba de acuerdo a criterios que no tenían que ver con la competencia en el aula –la capacidad que tiene un alumno para resolver los problemas de una materia- sino anteriores a la misma; y a posteriori, cuando se buscaba, una vez analizada la diferencia de competencias, crear grupos por niveles que ayudaran a los alumnos a mejorar sus capacidades en determinadas materias. A su vez, señalábamos nuestro acuerdo con la segunda opción y nuestro rechazo a la primera. Y añadíamos algo que nos parecía fundamental. El rechazo a esta segregación a priori no era ideológico, en el sentido peyorativo de esta palabra, sino pedagógico: segregar por características ajenas a las competencias educativas carecía de sentido. Por tanto, lo que para nosotros primaba no era la idea de igualdad, que en ese mismo artículo explicábamos como fin pero no como medio de la práctica docente, sino la de la eficacia en el proceso educativo para conseguir esa igualdad.

Pero, sería falaz hacer un artículo absolutamente general cuando lo que nos ha llevado al mismo ha sido inicialmente una segregación en concreto: la segregación por sexos. Por tanto ahora la pregunta es: ¿debe existir la segregación por sexo en la escuela? Y por supuesto, vamos a declarar algo de primeras: aquí que nadie espere ñoñerías.

Los partidarios de la segregación por sexos se amparan en un argumento básico para defenderla que es un argumento de tintes biológicos. El argumento esgrime que existe una diferencia de maduración temporal entre los alumnos de sexo femenino y masculino, las alumnas maduran antes, y que además el cerebro femenino y masculino tienen determinadas diferencias que implican mayor facilidad o dificultad ante ciertas materias académicas. Por ejemplo, los niños serían mejores en matemáticas y las niñas serían mejores en lengua. Por esto, concluyen, lo mejor pedagógicamente sería separar a niños y niñas buscando así potenciar sus cualidades y minimizar sus debilidades.

El argumento así parece muy científico pues en ningún momento se observan en él elementos ajenos a problemas pedagógicos. Y es importante responderle desde la misma ciencia que ellos aseguran cumplir. No se trata, por tanto, de enfrentar dos modelos ideológicos, otra vez en el sentido peyorativo de la palabra, sino de demostrar que el modelo de segregación por sexos es una tontería auspiciada por una pésima interpretación, cuando no una manipulación, de la ciencia del desarrollo humano. Se trata, en definitiva, de demostrar que en la defensa de la segregación por sexos no importa realmente el cerebro sino exclusivamente los genitales. Y que eso no es pedagogía sino pura prejuicio.

Empecemos.

En primer lugar, admitimos que existen diferencias básicas entre el cerebro masculino y el femenino. De hecho, consideramos, es una certeza científica que no podemos negar. Así, por ejemplo, las áreas cerebrales dedicadas al razonamiento espacial son más importantes en el cerebro masculino y sin embargo las sociales sobresalen en el femenino: por eso, las mujeres no paran de hablar –nota: obsérvese el comentario machista e incluso patriarcal pero a la par ingenioso-. Pero también lo es otra cosa sobre este tema. Que la diferencia fundamental en los seres humanos entre los cerebros no es por sexo sino individual y basada en la plasticidad del cerebro, la capacidad de este a responder y adaptarse al ambiente interno y externo. Por esta causa, no todos los niños son buenos en matemáticas y no todas las niñas son magníficas en lengua. O dicho de otro modo, el mejor niño en lengua es tan bueno como la mejor niña y la peor niña en matemáticas es tan mala como el peor niño. Por ello, la diferenciación por sexos en las aulas carece de sentido, pues una vez hecha esta habría que hacer otra más por niveles de competencia en cada materia de acuerdo a la individualidad del alumno y en esta división, de hacerla científicamente y por ejemplo de forma anónima sin conocer previamente el sexo del alumnado, cabrían en el mismo espacio niños y niñas. Resulta, como consecuencia, sin duda más sencillo ir directamente a esa división por niveles de competencias sin pararse antes a mirar los genitales de los alumnos –lo que por otra parte, está muy feo-. La falacia, por tanto, de la diferenciación por sexos para mejorar el rendimiento escolar queda desenmascarada por la propia ciencia que dicen defender. Y algo más, todo se puede mejorar, con una buena atención, o empeorar, con una mala.

En segundo lugar, es falsa la identificación entre capacidad intelectual y éxito escolar. La enseñanza académica no mide la capacidad intelectual, de hecho consideramos que esta es imposible de medir. La enseñanza académica solo mide la capacidad del alumno a responder a un currículo –el conjunto de saberes propios de una materia y curso- determinado, pero no si es muy listo o no o muy capaz o no. El alumno puede no ser capaz de aprobar una materia, por supuesto, por una incapacidad intelectual en la misma –las menos veces-, por un problema externo y familiar, por un problema interno relacionado con la salud, por un mal profesor o, directamente, porque no pega un palo al agua. Incluso, caben otros motivos. Es decir, las variables del éxito o del fracaso escolar son múltiples y no pueden resumirse en problemas de madurez, de cerebro, de genitales, o de superdotación -ya sea intelectual o genital-. Por eso, además, resulta tan ridícula la pretensión, especialmente extendida entre los profesores de ciencias curiosamente, de calificar a los alumnos como cortitos o incapaces por la nota que sacan en su materia. Al fin y al cabo, siempre cabe la posibilidad de que el cortito no sea precisamente él.

En tercer lugar, está el problema de la prostitución del lenguaje. Efectivamente, en este asunto prima una palabra: madurez. El argumento es que las niñas maduran antes que los niños. Sin embargo, aquí hay un problema importante. Resulta evidente que la maduración sexual de las niñas es anterior a los niños y, con ella, su maduración biológica: es una tautología. Pero la maduración biológica, poder reproducirse, no implica la maduración del carácter humano: hasta Belén Esteban ha sido madre. Esa, la maduración del carácter, guarda relación con el ideal que se pretenda conseguir a través de la educación y ahí está la clave porque no es natural sino cultural: cada sociedad expresa en su ideal de maduración una forma de ser. Las niñas son, y volvemos a la naturaleza humana y al cerebro, por regla general más hábiles socialmente que los niños y al serlo sus acciones y los resultados de las mismas resultan en la interacción con otros individuos más agradables para aquellos que les rodean, especialmente para aquellos que gobernamos un grupo complejo. Pero, eso no quiere decir nada sobre su madurez o no pues, como ya hemos señalado, la madurez es un concepto que se establece de acuerdo a un ideal determinado. Así, por ejemplo, para nosotros la madurez sería la autonomía crítica hacia uno mismo y hacia la realidad externa. Y en eso no tiene nada que ver un hecho biológico, ser niño o niña, sino cultural: ser de determinada manera –que, por cierto señalamos, igual va contra la propia naturaleza humana-.

La segregación por sexo en la escuela no tiene ningún fundamento pedagógico ni científico. En realidad esconde un principio de selección social para que la clase alta pueda seleccionar la pareja para su prole. Efectivamente, lo que está detrás de esta segregación no es un factor de aprendizaje sino de, como los buenos ganaderos, control de la sexualidad de los jóvenes terneros y terneras –para que luego digan que no uso un lenguaje inclusivo y progresista- y con quién se arrejuntan y copulan. La idea que subyace es mantener alejado al sexo contrario en el tiempo no controlable por la familia, el tiempo de la escuela, y por tanto que la pareja sentimental se escoja de acuerdo a una selección del ambiente social concreto familiar y no escolar. Toda la parafernalia que esconde detrás no es más que una cortina de humo. Y como el humo tiende a subir hacia arriba solo permite ver y seleccionar por el bajo vientre y por si algo cuelga o no.

jueves, julio 05, 2012

¿NOS VAMOS A CIBELES?

De confirmarse la noticia, estamos ante un momento crucial de la historia de la humanidad: se habría demostrado la existencia del bosón de Higgs. Aquí viene un vídeo buenísimo donde explican lo que es:


Y ahora, ¿nos vamos a Cibeles?

domingo, enero 15, 2012

ALGUNA PETICIÓN POR LA CULTURA.

No es que sea yo muy de pedir apoyos y de firmar cosas. Pero a veces hay que hacerlo, al menos para los que creemos que la ciencia es uno de los logros mayúsculos del pensamiento humano.

Ha salido recientemente una petición de recogida de apoyos en actuable, basada en un artículo del blog Resistencia numantina -que tal y como está la cosa no me extraña que se llame así-, cuyo autor es un científico español. La petición consiste en exigir una casilla en la Declaración de la Renta para poder dar el 0'7 % de nuestros impuestos, recientemente aumentados por el gobierno que no los iba a subir, a la investigación científica, cuyo presupuesto ha vuelto a ser recortado.

Pueden firmarla, si lo desean, aquí.

martes, octubre 04, 2011

VIDA INTERIOR/85: SIN ESPIRITUALIDAD

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

29 FORO INTERNACIONAL DE LAS CIENCIAS OCULTAS Y ESPIRITUALES
Oh, Ciencias ocultas.
Oh, Ciencias espirituales.
Oh, Terapias naturales.

O sea, superstición.

miércoles, julio 06, 2011

MECÁNICA CUÁNTICA Y CULTURA

No saber nada sobre la ciencia es una forma muy extendida de incultura. La gente suele presumir de conocer a Dante, a Virgilio o a Spinoza. Eso está bien sin duda. Pero si uno no sabe quién fue y qué dijeron Planck o Bohr uno es también inculto. Hoy he aprendido quién fue Louis de Broglie y he dejado, solo un poco, de ser tan inculto como era. O sea, he aprendido un poco más de ciencia. Y ha sido posible gracias a un blog asombroso, lo recomendamos hace tiempo, que se llama El Tamiz y a una serie que por fin me permite vislumbrar la mecánica cuántica y comprenderla un poco. O sea, mejorar mi cultura general.

Verano,
otoño,
invierno,
o primavera
es una buena época para ello.

miércoles, enero 26, 2011

¡HASTA EL INFINITO...Y MÁS ALLÁ!

Yo sé que esto casi no interesa ante la vorágine de acontecimientos que nos asolan (por ejemplo, mañana mismo serán portadas de los periódicos de información general y abrirán los telediarios los partidos de la apasionante semifinal de la apasionante copa del rey) pero vamos a decirlo.

La sonda Voyager 1 abandona nuestro sistema planetario. Creo que, a pesar de las noticias publicadas, no es la primera vez que un objeto humano va más allá de nuestro sistema planetario –tal vez, es que no estoy seguro, las Pioneer ya lo hicieron- pero la Voyager 1 ahí va: más allá del viento solar.
Y, tal vez también después, como diría Buzz Lightyear: “Hasta el infinito… y más allá.”

Por cierto, golazo de Benzema. Mañana lo vuelvo a ver por la tele.