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lunes, junio 29, 2015

LA REVOLUCIÓN DEVORA A SUS HIJOS (y un poquito a Zapata)



Hay un dicho clásico en historia: la revolución devora a sus hijos. Con él se quiere decir que los movimientos convulsos acaban eliminando a sus propios organizadores,  acusándoles de aquello que ellos mismo criticaron en los antiguos dueños del poder. Es precisamente eso que popularmente se conoce como darle  la vuelta a la tortilla, pero como queda mucho más culto decirlo de la forma precedente entonces titulamos: la revolución devora a sus hijos.

El caso Zapata es un tema más interesante de lo que parece. Y lo es sin necesidad de sacar los pies del tiesto, o sea y otra ver en culto: sin desenfocar la hermenéutica como ha hecho recientemente Santo Juliá, tan acertado otras veces. El asunto no tiene tanto que ver con el antisemitismo o la burla al dolor de las víctimas, sino con algo diferente.

En primer lugar, ¿qué demuestran los tuis? Que Zapata tiene urgentemente que volver a la ESO para que le expliquen ciertas cosas sobre las redes sociales. Todos, yo me sé alguno buenísimo, henos contado chistes del holocausto o de humor negro. Todos hemos sido maledicentes alguna vez o hemos hecho acusaciones falsas. Pero no se nos ocurre gritarlo en una plaza o en mitad de la calle. E Internet es un lugar público. Pero, ¿no es eso hipocresía? No, eso es inteligencia social suficiente para distinguir entre vida pública y privada. Los niños hacen caquita en público sin  problemas, pero cuando crecen van al retrete, y el resto se lo agradecemos. Y nadie nombraría concejal de cultura a un niño. Ni tan siquiera siendo de la nueva política.

Pero,  Zapata ha aducido en su defensa que todo esto era en torno a un debate sobre el humor negro. En primer lugar, hay que decir que hay gente capaz de debatir en 140 caracteres, lo que señala sin duda la profundidad  de sus argumentos y ahonda en su capacidad de acción intelectual. Pero resulta curioso que Zapata no haya sacado un solo tuit de ese debate cuando hubiera sido bien sencilla. Y aquí no cabe la excusa de que se trataba de una conversación  privada pues su twitter era público. Por tanto suena a excusa. Todos, al fin y al cabo, hemos contado chistes improcedentes, aunque no todos vamos a ser concejales, o íbamos a ser, concejales de cultura.

Pero decir estas obviedades sería como no decir nada si aquí concluyeramos. Es cierto, sin duda, que es hacer el tonto publicar esos tuis y quien hace tanto el tonto no puede ser concejal por su peligrosidad –y esa es la única razón-.  Pero sin duda es cierto que hay mucho más.


Efectivamente hay algo más interesante aún y es que entre los tuits de Zapata no hay ninguno políticamente incorrecto para la autoprodamada izquierda. Me sé yo uno de mujeres maltratadas buenísimo y otro de fosas y guerra civil desternillante. Incluso uno de Lasa y Zabala que te partes la caja. Pero Zapata solo se sabe chistes sobre judíos, para cualquier buen autoproclama izquierdista judío es igual al criminal estado de Israel, o sobre víctimas de ETA. Es decir, Zapata tiene un límite claro en el humor: los suyos. Para eso sobraban hasta caracteres en twitter porque ya le hemos solucionado su polémica sobre el humor negro -pero en 659 caracteres y no nos cabría en un tuit- .

Pero hay algo más sugestivo aún: cómo la revolución devora a sus hijos. La autodenomina nueva política se ha caracteriza por dos hechos fundamentales: el primero, por carecer de discurso ideológico; el segundo, por presentar un encendido, y como tal elemental, discurso moral.

La primera se ve perfectamente reflejada en el cambio de programa de Podemos o en los recientes pactos de Ciudadanos con el PP. La nueva política no tiene discurso político propio y, más interesante, no poseerlo es una decisión consciente y voluntaria. Mientras que los partidos tradicionales se han ido desideologizando, los de la nueva política han nacido así: la era posmoderna.

Pero la segunda es la que aquí más nos atañe. El único contenido de la nueva política es la autodenominada regeneración demócrata: un discurso moral que no atañe tanto a un análisis  que pretenda ser objetivo sobre la creación de unas instituciones donde se dificulte la corrupción y estén al servicio de la sociedad como a la idea subjetiva de que los políticos deben tener un perfil personal determinado de absoluta honradez y de eso que se llama vocación de servicio. Este perfil personal, en el lenguaje de Podemos no ser casta –pero, ¿qué es la casta?-  y en el de Ciudadanos, aún más elemental, ser jóvenes, implica a su vez una moral de vigilancia permanente: todo lo que se haga o se haya hecho podrá ser tomado en su contra. Y  la moral de vigilancia lleva a una sociedad de sospecha: todo el mundo político es culpable hasta que se demuestre lo contrario. La subjetivación del análisis político hace a este irrelevante intelectualmente pero emocionalmente poderoso. Y un discurso emocional permite un ascenso rápido en las encuestas.
Casta mala, políticos viejos malos.
Nosotros buenos y puros.
Y además jóvenes y guapetes.

¿Qué le ha ocurrido en definitiva a Zapata? Que le han administrado su propia teoría de la pureza absoluta. Efectivamente, a Zapata no se le juzga por su labor como concejal de cultura, pues no ha habido tiempo para ello. Tampoco se le ha juzgado por su programa electoral -bueno, ahora es una lista de sugerencias-. Ni tan siquiera se le ha juzgado porque sea tonto, o lo parezca, y eso le incapacite para cualquier cargo. No, Zapata no puede ser concejal de cultura porque es mala persona y se burla del dolor de las víctimas. Y lo divertido del caso es que seguramente Zapata piense que los miembros de la casta son mala gente que disfrute viendo pobres en el país.  Es lo que se llama politología avanzada -por cierto, muy bien remunerada y desde aquí ofrezco mis servicios-. E incluso la fiscalía -que evita inculpar al PP por financiación ilegal o a la infanta, ambos delitos objetivables- busca inculpar a Zapata por ser tan malísima persona: porque malos, no.

Y por fin lo mejor. Todo esto no es sino un triunfo hegemónico, a veces yo también me hago un errejón, de la autodenominada nueva política. Efectivamente, las nuevas formaciones han conseguido llevar el debate a sus términos de moralidad simplona, con el encanto de la vieja política entusiasmada por el cambio y no entrar en disquisiciones sociopolíticas. Así,  todo el debate se ha centrado en los tuits de Zapata y no, por ejemplo en que Carmena señale que el programa no es sino una lista de sugerencias: tan parecido a Rajoy. La politología afina sus análisis: tú malo y yo bueno.

¡¡¡La nueva política ha triunfado!!!
¡¡¡La cabeza de Zapata rueda para que la revolución avance!!!
Pero retomando a Marx: una vez como tragedia y la otra siempre como farsa.