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lunes, agosto 29, 2022

ARTÍCULOS SOBRE RELIGIÓN: ÍNDICE

--En este conjunto de artículos se presentan distintos análisis sobre temas relacionados con la religión en General, el cristianismo, el islam, la iglesia católica y el problema de Dios.
Nota: actualizado a 29-08-2022

1.- TEMAS GENERALES:

YO Y DIOS (sin error gramatical): reflexión sobre la existencia de Dios y el problema de ateísmo a partir de la Modernidad.

CAPITALISMO, RELIGIÓN Y SENTIDO: análisis de cómo con el desarrollo del capitalismo la religión ha dejado de tener sentido social

CARIDAD Y JUSTICIA SOCIAL: presentación de la diferencia radical y básica entre la idea de caridad defendida generalmente por las religiones y la idea de justicia social que debería ser defendida por la izquierda

LA FAMILIA NATURAL (como el yogur): crítica a la idea característica del cristianismo, y de otras religiones, de la existencia de un orden natural que implica a su vez la existencia de una familia natural frente a otras que deben ser criticadas.

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/4: ¿EXISTE DIOS?: Programa semanal de radio dedicado esta vez, noviembre 2019, a la existencia de Dios y sus pruebas y refutaciones en la Historia de la Filosofía.

RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO: serie de artículos donde se analiza el desarrollo histórico de la religión y futura desaparición en el Nuevo capitalismo por resultar ya inútil.
RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/1: RELIGIÓN Y SUPERSTICIÓN
RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/2: ¿ES ACTUALMENTE LA RELIGIÓN UNA SUPERSTICIÓN?
RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/3: EL SENTIMIENTO RELIGIOSO
RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/y 4: EL FIN DE LA RELIGIÓN Y EL NUEVO CAPITALISMO


2.- CRISTIANISMO:

JESÚS: análisis de la figura histórica, que no de la persona concreta, de Jesús y sus diferencias con otros fundadores de religiones (aun sabiendo que Jesús nunca fundó el cristianismo).

CRUCIFIJO Y ESCUELA: análisis sobre la presencia en las aulas de los crucifijos como símbolos de la religión cristiana

CRISTIANISMOY PIEDAD (pero no compasión): crítica a la idea y la presentación del cristianismo como una religión donde lo fundamental es el amor y la piedad.

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/4: ¿EXISTE DIOS?: Programa semanal de radio dedicado esta vez, noviembre 2019, a la existencia de Dios y sus pruebas y refutaciones en la Historia de la Filosofía.

3.- IGLESIA CATÓLICA:

EL ESTATUS SOCIAL DE LA IGLESIA CATÓLICA: análisis sobre la escasa repercusión de ideal religioso católico en la vida cotidiana y sin embargo, y paradójicamente, la extraordinaria presencia de la iglesia católica como poder fáctico

PAPA ESTÁ DE VIAJE: análisis sobre la necesidad de la crítica hacia la iglesia católica y el modo en que debe efectuarse.
IGLESIA CATÓLICA Y (presunta) SUPREMACÍA MORAL: crítica a la idea de que el cristianismo tiene una supremacía moral sobre el resto de las ideologías religiosas.


4.- ISLAM:

EL ISLAM ES, TAMBIÉN, BARBARIE: crítica al islam como religión barbárica, al igual que cualquier otra religión, y al tiempo reflexión sobre todos aquellos que pretenden criticar al cristianismo pero salvan a cualquier otra religión de sus ataques.

EL VELO Y LA ESCUELA: reflexión en torno a permitir o no la presencia de alumnas con velo musulmán en las escuelas

ISLAM Y DEMOCRACIA: análisis de la democracia en relación al cristianismo y si sería posible en el islam.

lunes, noviembre 25, 2019

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/4: ¿EXISTE DIOS?

Aquí de nuevo planteando esta pregunta: ¿Existe Dios? Que yo lo tengo claro, pero igual hay que plantear primero los problemas.



Ya saben, mi aterciopelada a la par que ilustrada voz les acompaña.

viernes, agosto 18, 2017

ATENTADO EN BARCELONA: UN PEQUEÑO APUNTE

Un pequeño apunte.
A mí la religión musulmana, como toda religión, me parece una superstición ridícula y peligrosa.

Pero recuerdo que la inmensa mayoría de las víctimas del autodenominado Estado Islámico son musulmanes. Así que no nos confundamos: los musulmanes, por el hecho de serlo, no son terroristas.
Y, por cierto, la culpa tampoco es de occidente.

domingo, junio 25, 2017

RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/y 4: EL FIN DE LA RELIGIÓN Y EL NUEVO CAPITALISMO

En esta serie hemos visto ya tres tesis fundamentales.
En un primer artículo explicamos que la religión y la superstición se habían separado en el devenir histórico por la cada vez mayor complejidad, lo que no quiere decir que fuera más verdadera,  de la primera sobre la segunda.
En segundo lugar analizamos cómo en la realidad actual del Nuevo Capitalismo, la religión sin embargo ya se había convertido en superstición.
Por último, reflexionamos sobre el sentimiento religioso señalando que se trataba en realidad de una necesidad de apertura hacia el futuro y que para su satisfacción no hacia falta una respuesta trascendente, sino que ésta se había dado por la insuficiencia material de los sistemas productivos anteriores al Nuevo Capitalismo.

Toca ahora terminar esta serie –lo sé, pensó usted por fin- explicando cómo el Nuevo Capitalismo logra satisfacer ese anhelo de futuro. Y empezaremos presentando nuestra tesis.

Vamos a defender que el Nuevo Capitalismo hace innecesaria la presencia de la  religión y,  por lo tanto, que esta desaparecerá de la historia, pues el modelo económico por fin es capaz de satisfacer en sí mismo ese deseo de apertura, de proyección al futuro,  que es característico en el ser humano.

El tiempo del sentimiento religioso decíamos que es el futuro. El ser humano vive, explicábamos en el artículo anterior dándole la razón a Ortega, proyectado hacia adelante. Al no encontrar ese futuro dentro de su forma material de vida, pues los sistemas productivos anteriores se basaban en la subsistencia,  apareció la necesidad de situar la respuesta en algo transcendente. Y así surgirá la importancia de la religión.

Ahora  analicemos lo que ocurre con el Nuevo Capitalismo y cómo este es capaz de satisfacer el anhelo de futuro.

El sistema económico actual es lo que denominamos Nuevo Capitalismo. Su característica básica es que la producción económica ya no sólo es producción sino también consumo: la producción del beneficio económico es la totalidad de la vida humana produciendo en el trabajo o consumiendo en el ocio. Y esta  producción absoluta de beneficio es permanentemente proyectada: no existe el momento de la satisfacción última, el instante más bello faústico -nota: me gusta ponerme culto- pues la producción no tiene como finalidad la satisfacción de ciertas  necesidades sino la consecución de beneficio a través de la producción de mercancías y su incesante consumo. Y para esta incesante actividad económica  es necesaria  la propia creación no sólo de las satisfacciones sino también de las  necesidades para el consumo perpetuo.

De esta forma, todo el sistema se vuelca hacia el futuro. En términos más estrictos: se proyecta permanentemente hacia delante, no como un gesto volitivo sino esencial y objetivo de la propia estructura económica. El futuro es el tiempo permanente del Nuevo Capitalismo. Pero un tiempo futuro con unas características muy concretas.

En primer lugar,  se trata de un futuro que permanentemente se está dando en la realidad. El futuro no se mide por aquello que va a ocurrir en un tiempo lejano, como en la promesa religiosa con su carga escatológica, sino por aquello que está ya ocurriendo. Este permanentemente ocurriendo  es una característica fundamental de la nueva sociedad. Las personas en el Nuevo Capitalismo viven en una proyección constante hacia adelante,  pues la figura económica fundamental del Nuevo Capitalismo es una producción incesante de mercancías para el consumo cuyo ciclo productivo es eterno. De esta manera, el Nuevo Capitalismo,  con su negación a la vida estable,  cubre con creces esa necesidad humana de proyección sin necesidad de referirse a un hecho trascendente y que se sitúe más allá de la propia vida terrena, de la vida única.

Piensen ustedes cómo era la vida cuando nacieron y cómo es ahora y fíjense en el cambio permanente de la misma. Un campesino medieval, y sus progenitores y su descendencia, repetía su vida cada día, una cosa pobre y asquerosa por cierto; ustedes y yo vivimos una vida que necesita inventarse cada día -de una forma pobre y asquerosa, por cierto-. Así, ustedes y yo estamos proyectados hacia el futuro de una manera radical y con una única finalidad: satisfacer a través del consumo las necesidades del sistema productivo capitalista. La producción interna de beneficio capitalista lo exige. El Nuevo Capitalismo puede así sustituir el afán de porvenir del sentimiento religioso de una manera inmanente.

En segundo lugar,  y en esto también se asemeja a la religión,  ese porvenir capitalista es un tiempo futuro estable. Esto significa que el futuro no se presenta como un lugar de incertidumbre sino de garantía. En cuanto a la seguridad cabe destacar que una característica fundamental de la religión era no sólo su proyección hacia el futuro sino cumplir también el requisito de garantizar ese mismo futuro con dos desarrollos: el orden del mundo -mañana se pondrá el sol-; y la inmortalidad. Igualmente ocurre con el Nuevo Capitalismo. Este tiene como algo propio de su propia configuración, y por la presencia fundada del consumo, una garantía de permanencia en ese futuro. Y así el crédito permanente y la tarjeta VISA lo garantizan igual de bien, o mejor pues son más reales, que los rezos y las jaculatorias. 

Y surge así el tercer elemento que une a la religión y al Capitalismo como elementos que satisfacen el anhelo de futuro: la heteronomía de su propuesta. No se trata en verdad de que la vida individual se proyecte a sí misma en una construcción de  su propia identidad, como hacían los personajes literarios modernos y era el ideal de la Filosofía,  sino que es una proyección ajena a la propia voluntad y que la hace innecesaria. No hay por tanto lugar a una peripecia individual sino que la proyección al futuro es un hecho estructural de la propia realidad, es decir: del sistema productivo, algo que fue vivido como fantasía en la religión pero que ahora surge como realidad en el Capitalismo. Hay una estructura superior que domina la vida y ante la cual el sujeto se religa -nota: obsérvese el ingenioso a la par que culto juego de palabras-.

De esta manera, nada se le exige al sujeto para lograr satisfacer ese anhelo de porvenir sino solo que se deje, y aunque no se deje, llevar. Y en eso también se parece el Nuevo Capitalismo a la religión. Si en el discurso moderno el sujeto construía su futuro desde su acción -advertía Casio, en la imprescindible obra de Shakespeare sobre Julio César, que nuestro futuro no estaba en los astros sino en nosotros-  tanto en la religión como en el Nuevo Capitalismo el  futuro está escrito precisamente en la  heteronomía,  en las estrellas: productivas y reales o espirituales e imaginarias. Los individuos no tienen que hacer nada para pertenecer al futuro sino solo seguir su corriente. Es precisamente la destrucción del sujeto moderno la idea latente. Y esta destrucción es defendida también tanto por la religión como por el Nuevo Capitalismo.

Así, el Nuevo Capitalismo ya es capaz de hacer la vida permanentemente proyectada hacia el futuro y satisfacer esta necesidad humana propia de la especie. Y además es capaz de hacerlo, como ya hemos visto, con dos características fundamentales: seguridad y plenitud. El Nuevo Capitalismo ya puede ser un nuevo estado místico: es el Reino prometido en la tierra. O, tal vez, el infierno.

Pero alguien podría decir que todo esto peca de superficial ¿Cómo defender que algo tan espiritual como la mística pueda ser sustituido por la tarjeta de crédito? En realidad, es al contrario: lo superficial es ya  la religión. Si en el primer artículo destacábamos que la religión no podía históricamente compararse con la superstición por su desarrollo intelectual, del mismo modo podemos concluir favorablemente sobre la diferencia en su grado de abstracción entre la tarjeta de crédito y la propia religión. Efectivamente, la tarjeta de crédito es un producto superior intelectualmente a cualquier religión.

En la religión habitaba la abstracción propia de la conversión del anhelo de futuro en una invención trascendente. En la tarjeta de crédito hay mucho más. Su abstracción responde a la existencia real de todo un sistema económico construido sobre un proceso de racionalización y abstracción que concluye en el dinero y la mercancía. Así, la promesa del consumo, clave del Nuevo Capitalismo, reivindica la existencia real, la material, como la clave de la felicidad. No pospone la sonrisa sino que la pinta en el rostro actual como permanente emoticono.

La tarjeta de crédito, como metáfora del Nuevo Capitalismo,  supera así a la religión como donación de sentido de la propia vida. Primero, porque su abstracción es  intelectualmente mucho más sofisticada. Segundo, porque es más real. Tercero, porque es más totalitaria al ni tan siquiera permitir la herejía pues no es un constructo intelectual, discutir si el espíritu santo procede también del padre o solo del  hijo, sino algo real y cotidiano ante lo que no cabe escapar: es ya la propia vida.

La religión está definitivamente en el basurero de la historia. De hecho, ha sido sustituida o por la ausencia de cualquier superstición espiritual o,  en su defecto, por una especie de espiritualidad del bienestar cuyo único objetivo es la venta de un producto de descanso y ocio: un spa místico. Y no cabe duda de que la desaparición de la religión es una buena noticia.

Alguien podría lamentar su caída como una perdida para la humanidad. Sin embargo se equivocaría. El Nuevo Capitalismo no ha llegado para liberar a los seres humanos de la dominación y seria ingenuo pretenderlo así. Pero la religión tampoco lo hizo nunca.  Y solo es hoy en día un inconveniente para el desarrollo del conocimiento.Del mismo modo que Marx no lamentaba la pérdida dela aparente cultura hindú, cuyo elemento clave era arrodillarse delante de vacas y monos,  que desaparecía ante la dominación británica,  nosotros no lamentamos la desaparición de la religión. En la tarjeta de crédito hay más verdad que en la cruz, la media luna o las campanitas orientales. Y también hay más dominación.

domingo, mayo 28, 2017

RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/3: EL SENTIMIENTO RELIGIOSO

En el primer artículo de esta serie analizamos las diferencias que a nivel histórico habían acontecido entre la superstición y la religion. En el segundo,  reflexionamos cómo estas diferencias en la actualidad ya no existían y ambas realidades habían llegado a igualarse. Pero dejábamos a propósito sin analizar un hecho que buena parte de la crítica presenta como incontrovertible: la existencia de un sentimiento religioso en la propia naturaleza humana.

Para analizar esto primero debemos explicar qué se entiende en un sentido general por este sentimiento religioso.

De inicio, se trataría no tanto de un contenido como de un anhelo. Quienes defienden la existencia de semejante sentimiento no hablan por supuesto de que se trate de la presencia de Dios en nuestra alma sino de que hay un anhelo de apertura en nuestra conciencia racional. Una necesidad de algo más.

En segundo lugar,  señalan que este anhelo de  apertura lo es hacia lo absoluto. Y este absoluto implica lo trascendente.

En tercer lugar, careciendo de contenido este anhelo no puede ser satisfecho por la argumentación racional sino que sólo puede expresarse más allá de ella. Así,  este sentimiento no busca una respuesta racional sino una emoción de plenitud. Y esta respuesta es dada no por lo comprensible,  que seria limitado, sino por aquello que está fuera de esa comprensión: lo inefable.

De esta forma,  y como resumen de la teoría del sentimiento de apertura, podríamos decir que según esta teoría existe en el ser humano un sentimiento vital e innato,  en su propia constitución como tal ser humano,  por la que busca ir más allá de sí mismo y su realidad inmanente. A su vez, este sentimiento no puede ser respondido por una argumentación racional y su meta es así inefable. Este sentimiento nos conduce,  por tanto y necesariamente, a la trascendencia.

Nos toca ahora a nosotros analizar esto. Y empezaremos resumiendo nuestra tesis para luego desarrollarla. Nuestra argumentación  es la siguiente. Creemos que sí existe ese sentimiento de apertura,  ahora lo llamaremos así pero luego precisaremos. Pero, consideramos no remite necesariamente a lo trascendente y, a su vez, creemos que dicho sentimiento ha sido perfectamente cubierto por el desarrollo del Nuevo Capitalismo y hace innecesaria la religión.

Vamos a explicarnos. Y para ello lo mejor será ir por partes. Hablemos ahora del sentimiento de apertura.

Admitimos,  en primer lugar,  que en el ser humano existe un sentimiento de apertura. Por tal,  entendemos una tendencia natural y característica de la especie biológica no sólo a relacionarse con el entorno,  como cualquier otro animal,  sino a ir más allá de dicho entorno y explorar lo que está detrás del horizonte. De hecho, esto ya se ve en la Odisea y en ese otro clásico que es Start Trek. Así, en un primer momento, el deseo de apertura implica el anhelo de ir más allá.

Pero en la descripción de los defensores del sentimiento religioso se señala que este anhelo es hacia lo absoluto. Y que este absoluto haya su respuesta en lo trascendente. Y es aquí donde conviene ir con cuidado pues ambas cosas se unen con excesiva alegría.

Efectivamente,  el anhelo de apertura es inagotable. Esto quiere decir que en la especie humana no existe la satisfacción final pues los anhelos se trasladan siempre hacia el futuro. Como bien señalaba Ortega,  el ser humano vive  no en el presente sino proyectado siempre hacia el futuro. Y es por eso mismo por lo que el ser humano ha respondido a este anhelo permanente con la religión. Históricamente,  la religión no sólo ha dotado de sentido, falso pero respuesta al fin y al cabo, al estado presente de la realidad sino que también lo ha hecho para ese futuro.Y esta respuesta en la proyección de futuro no sólo ha sido satisfecha, como cabría pensar en una aproximación superficial,  con la invención de la vida de ultratumba,  lugar común de las religiones intelectualmente más avanzadas, sino en algo más concreto: la  respuesta al sentido del mundo que garantizaba a su vez un mañana. La presencia de una divinidad cuidaba el pasado, el presente y el futuro y el sacrificio era su pago por dicho trabajo.

Además, el éxito de  la religión también fue porque lograba unir el aspecto intelectual con el emocional. El intelectual  con el cada vez mayor desarrollo  cultural del contenido de las religiones, en cuanto a su complejidad que no necesariamente su verdad.  El emotivo por su aspecto tranquilizador y consolador ante la realidad.

De esta forma, la religión daba una respuesta satisfactoria a esa proyección constante al futuro que tiene la propia conciencia humana. Pero, y esto es la parte fundamental del problema, no era porque el anhelo de futuro exigiera necesariamente la respuesta desde lo trascendente sino porque la invención de este más allá lograba responderla en un contexto histórico determinado. Por tanto, si ese contexto cambiara podría surgir otra respuesta que satisfaciera a su vez ese deseo incluso de forma inmanente. Y es importante el empleo del termino satisfacer,  pues lo que importa aquí no es su verdad o no como respuesta sino su capacidad de dar sentido al sujeto.

¿Cual era el contexto histórico que favoreció a la religión como respuesta a la proyección hacia el futuro? La respuesta es la propia limitación de la vida material que solo podía desarrollarse en el presente. Efectivamente,  la vida material de los sujetos a lo largo de la historia ha sido un estado de presente. Los modelos productivos existentes anteriores al Capitalismo se desarrollaban en una vida que carecía de futuro. Y eso era así por dos motivos fundamentales.

En primer lugar, por la escasa proyección vital de los individuos que sabían limitada su existencia a su condición de nacimiento pues la movilidad social era prácticamente nula. Los individuos no eran más que copias de sus abuelos, sus padres e incluso sus hijos, así sin cambio. Los individuos no desarrollaban su vida hacia delante sino en un estado de permanencia que no era sino copiar la vida anterior. Y además, ese era el ideal de vida: la tradición.

En segundo lugar, porque el sistema productivo lo era fundamentalmente de subsistencia y la producción no era sino de productos diarios que carecían de futuro. El sistema productivo mismo carecía  en su desarrollo de la creación de nueva realidad,  limitándose a repetirse. Sólo a raíz del advenimiento del capitalismo, la producción superó la limitación temporal del estado presente pues su límite ya no estaba en la propia,  y fundamentalmente ajena por la explotación de clase, supervivencia sino en la máxima producción posible para un mercado insaciable. El tiempo de la producción se convirtió en un futuro permanente.

De esta forma, en los sistemas anteriores al capitalismo, donde el campesino llevaría una vida idéntica a su padre o su abuela y seria imitada por su hija y su nieto, el futuro solo podía existir para la inmensa mayoría de la población como algo ajeno a la realidad inmanente pues en esta no se atisbaba ni un mínimo rastro de él. La promesa de un futuro que pertenecía a otro mundo creado por la fantasía y que se situaba en lo trascendente, era un éxito garantizado. La religión triunfa en la pobreza material e intelectual.

Pero ahora, situemos ese sentimiento de apertura y proyección al futuro en un mundo material de producción incesante de riquezas,   donde el presenta no sea lo fundamental sino el futuro. Pongamos a los seres humanos en una realidad material,  es decir: un sistema productivo  proyectado hacia adelante ¿Por qué seguir buscando ese anhelo de apertura en algo trascendente cuando está a mano en la vida cotidiana?

Y esa nueva realidad ya no es una utopía inalcanzable sino el mundo diario: el Nuevo Capitalismo. Y así la realidad inmanente puede responder al anhelo de apertura. Y cómo lo hace será objeto de nuestro artículo y ya último,  a Dios pongo por testigo,  de esta serie.

miércoles, mayo 03, 2017

RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/2: ¿ES ACTUALMENTE LA RELIGIÓN UNA SUPERSTICIÓN?

En el artículo anterior de esta serie analizábamos las diferencias históricas entre la religión y la  superstición. Señalábamos allí que había habido tres aspectos diferenciadores básicos entre ambas: primero, la complejidad intelectual en la explicación, siendo esta mucho mayor en la religión; segundo, el carácter socializador de la propia religión que pretendía regir la vida moral e instaurar un modelo de reglas sociales; tercero,  el carácter emotivo y afectivo,  consolador,  del sentimiento religioso.

Toca ahora realizar ya no un estudio histórico sino plantearnos si es posible que por las circunstancias actuales esa misma religión sofisticada haya devenido en nuestros días ya , y a su vez , en superstición. Y para ello lo mejor será analizar si las diferencias anteriormente presentadas siguen permitiéndonos señalar la religión como un modelo intelectual cualitativamente superior a la superstición y capaz de dotar de sentido al mundo. Porque efectivamente,  el triunfo de la religión se debió a su capacidad de donar de un sentido,  aunque falso,  a la realidad. La pregunta por tanto a resolver es si la religión puede ser hoy en dia una respuesta para el sentido del mundo,  en su sentido de mundo natural,  individual  y social,  o bien es ya y solamente pura superstición.

Y si esto fuera una religión aquí esperaríamos una revelación divina y la apertura al misterio, como Íker Jinenez pero en plan místico. Pero como no lo somos nos vamos a enrollar argumentando.

Las donación de sentido tiene una doble faceta. Por un lado, pretende explicar la existencia del mundo físico y sus hechos; por otro,  busca dar un sentido a la existencia personal. Del segundo hecho hablaremos en el siguiente artículo, así que corresponde ahora hablar del primero.

¿Sigue siendo necesaria la religión para explicar el mundo natural? Parece evidente que no. El pensamiento racional, representado aquí en la ciencia, es capaz hoy en día de explicar el mundo físico de manera suficiente, incluso sobresaliente, sin recurrir a la trascendencia. Hace unos doscientos años Napoleón inquirió al astrónomo Laplace sobre cuál era el papel de Dios  en su explicación del universo y el científico respondió que no había necesitado semejante hipótesis. Hoy en día ya ni se plantea la pregunta: Dios resulta superfluo. De esta forma, la religión ya ha perdido su papel como explicación predominante de la Realidad.

El segundo papel que señalábamos era la religión como elemento rector de la sociedad. Efectivamente, decíamos que las religiones habían sido un elemento socializador de primer orden y la clave de las normas sociales. Sin embargo, y afortunadamente, eso ya no es así. Las sociedades actuales desarrolladas no precisan ya de nada parecido a una normativa supranatural. La existencia legislativa de los derechos humanos, cuya creación por cierto es un momento fundamental en la historia de la humanidad, hace superflua la garantía trascendente de las normas sociales. Y eso se  ve muy bien en que en esos mismos países desarrollados donde ya la legislación es laica, incluso los creyentes dejan de cumplir la normativa eclesial  -como queda reflejado en la moral sexual que es el lugar favorito de la  religión para inmiscuirse- para reconvertir la experiencia religiosa en algo subjetivo. Dios como garantía de la normativa social solo brilla con su infinito amor en las decapitaciones del ISIS.
Así, toda la influencia religiosa, tanto en cuanto a la explicación intelectual de la realidad como a la normatividad social ha devenido en prácticamente nula y solo  tiene  vigencia en la barbarie islámica y tribus primitivas. La religión carece de papel institucional en la elaboración del ideal social. Y en esto también se ha igualado con la superstición.

Efectivamente, la religión ha perdido esos elementos que la hacían diferenciarse de la superstición.

Primero, ya no puede desarrollar más su complejidad intelectual pues sus propios principios axiomáticos,  los principios de los que parte, serian lo puesto en duda. De hecho, el intento de continuar analizando intelectualmente los propios principios religiosos,  como bien se dio cuenta el reaccionario y genial  Occam,  llevaron inexorablemente al ateísmo. De esta manera, toda la complejidad intelectual que la religión desarrolló se ha convertido en una parte fundamental del pensamiento humano pero ya agotada como fuente.

En segundo lugar, y como ya hemos explicado, la religión como modelo explicativo de la realidad natural también ha dejado de ser relevante e incluso se ha convertido en falsa. El desarrollo científico ha hecho innecesaria la religión y  la ha reinventado como mito. No hay que recurrir a Dios para explicar  la naturaleza.

Alguien, sin embargo,  ante esta argumentación podría aducir que el tema dios sigue siendo fundamental en la Filosofía y tendría razón. Pero el hecho mismo de que sea así es otra prueba de la propia irrelevancia de la religión  pues implica ya tomarla como objeto de estudio volviéndose por tanto inmanente. Y además se trata de un mero objeto teórico y racional alejado del acercamiento característico a la propia religión que es el de donador de sentido del mundo y de la propia existencia individual. Por decirlo con palabras profundas y para que puedan hacer un meme: Dios como ente deja de ser Dios. Mito y religion como explicación  del mundo son ya lo mismo.

¿Y qué ocurre con el proceso normativo social? Como ya hemos analizado más arriba ha quedado claro que allí donde la religión vuelve a ser el eje normativo, como en la superstición islámica,   la sociedad retrocede a la edad media. Y si el cristianismo no lo hace no es porque no quiera sino porque ya no puede. La religión tiene la misma importancia social que los consejos de la abuela. Y como normativa social se le hace el mismo caso.

Así, perdidas ya las  cualidades que históricamente la diferenciaban de la superstición, la religión ha llegado a convertirse en aquella. Si históricamente podemos diferenciarlas sincronicamente han llegado a ser iguales .

Pero alguien podrá aducir lo siguiente. El sentimiento religioso sigue vigente, incluso con más fuerza aparentemente que nunca. Parece que es algo propio del ser humano y que garantizaría la preeminencia de  la  religión para siempre. Pero solo lo parece. Y eso  el  próximo día...

Si Dos quiere.

viernes, abril 14, 2017

RELIGIÓN Y NUEVO CAPITALISMO/1: RELIGIÓN Y SUPERSTICIÓN

En este texto, y aprovechando que es eso que se llama Semana Santa y que el Pisuerga pasa por Valladolid, vamos a intentar explicar nuestra posición sobre el hecho religioso. Para ello vamos a dividir nuestro artículo en tres partes fundamentales. La primera será distinguir entre religión y superstición. La segunda será plantear si la religión en el mundo actual ha devenido o no en una mera superstición perdiendo aquello que la hizo diferente. Y, la tercera, y la que podríamos llamar de forma pedante más filosófica, será cuestionar el llamado hecho religioso como tal y si existe o no la necesidad en el ser humano de creer en un mundo trascendente y en entes espirituales.

La superstición y la religión tienen elementos comunes y a su vez elementos que las hacen diferir una de otra, en cuanto a su contenido histórico concreto. Ambas se remiten a una relación entre el mundo material y la existencia de otra realidad superior que ejerce cierta influencia o determinismo, mayor o menor, en nuestro propio mundo. La superstición lo hace a través de unas creencias muy elementales basadas en mecanismo de causa y efecto en las cuales la realización de ciertos actos o de ciertos eventos que sucedan implican un resultado determinado que procede directamente de una relación extraordinaria entre este mundo y otro mundo superior que es capaz de dirigirlo. Así, por ejemplo, que la sal se derramó sobre la mesa implicará mala suerte de acuerdo a un criterio causa y efecto, la causa es que la sal se derrama y el efecto sería la mala suerte. Y esta conexión se produce porque existe una conexión de este mundo con otro que es capaz de dirigirlo y por ello llevarlo hasta esos momentos de escasa fortuna.

La religión tiene en común con la superstición esta relación entre nuestro mundo y otro aparentemente superior, incluso en aquellas doctrinas que solo utilizan a Dios como causa eficiente del universo y luego no interviene. Pero, además incluye elementos nuevos que sin duda hacen que se diferencie de una mera superstición.

El primer elemento diferenciador es la creciente tendencia de la religión a desarrollar una complejidad intelectual cada vez más elevada históricamente. Así, si se comparan las religiones de sociedades más primitivas con la religión cristiana, musulmana, judía o budista se observa una complicación teológica creciente en la que los hechos del mundo yo no se explican por una relación directa entre la causa y el efecto sino a través de intermediaciones cada vez más complicadas. Así, la complejidad intelectual, lo que no quiere decir que tenga más verdad, es una de las primeras diferencias entre religión y superstición.

La segunda diferencia fundamental, que guardan relación con la anterior, es el hecho histórico mismo de cómo la religión se establece como una institución social superando el mero ámbito individual y concreto y yendo a situarse como un reglamento de normas sociales y una manera determinada de socialización. Y esto ocurre siempre y necesariamente en la religión pues no existe religión alguna que no pretenda ser un hecho social e histórico que determine a la propia sociedad. Cualquier religión pretende no solo dar una serie de normas al individuo concreto sino generar una comunidad de fieles mientras que la superstición pertenece al ámbito estrictamente individual. De hecho, para que superstición individual pase a ser un tabú social necesitará necesariamente el apoyo de una religión y así, por ejemplo, los ritos religiosos tiene una base en la propia superstición, como se puede ver por ejemplo en las famosas procesiones de Semana Santa, pero implican algo más: un hecho social determinado que señala quiénes forman parte del colectivo y quiénes no.

La tercera diferencia, y esto ya lo vio muy bien Fraser en La rama dorada, es que la relación que mantiene el individuo con la superstición o con la religión es diferente. Con la superstición, el individuo mantiene una relación en la que intenta aprovechar los poderes sobrenaturales que se representan, o que aparentan representarse, para su propio beneficio intentando con ello lograr una vida material mejor. Sin embargo, en el progresivo desarrollo de abstracción que ha sufrido las religiones, y en este aspecto resulta muy interesante comparar las religiones paganas que eran un mero proceso de chantaje y soborno entre hombres y dioses con la religión cristiana, el espíritu religioso ha ido más allá de la mera relación comercial con el mundo trascendente y se ha situado en una relación familiar con él.

Entendemos como relación familiar aquella en la cual dos sujetos, en este caso uno natural y otro sobrenatural, no solo se relacionan para buscar mutuamente beneficio sino en aras de una relación afectiva emocional en la cual existe una preocupación entre uno y otro. De esta forma, la religión presenta una forma de relación normalmente basada en la pleitesía que los seres humanos rinden a un dios poderoso, y en eso está con la superstición en cuanto a un mundo ingobernable desde lo humano,  pero añadiendo la imagen de que esa realidad sobrenatural tiene una preocupación amorosa hacia el propio mundo material. Esto, por ejemplo, se ve reflejado perfectamente en la devoción a la virgen María dentro de la religión católica, que es una devoción ajena a cualquier realidad intelectual o trascendente, y se convierte en una pura relación sentimental materno filial.

Así, no se puede identificar meramente la superstición con la religión pues si bien ambos tienen elemento en común como la creencia en un mundo inexistente no refieren dicha creencia ni a las mismas causas ni producen las mismas consecuencias. Pero esto no quiere decir que en el devenir histórico la propia religión por alguna causa no pueda haberse convertido nada más que una mera superstición en el sentido de transformarse en una creencia cuyo desarrollo, tanto histórico como intelectual, se encuentra ya agotado y conduce necesariamente a su autodestrucción.


De hecho, lo que nosotros vamos a pretender en el siguiente artículo de esta serie, va a ser intentar demostrar como el desarrollo histórico e intelectual de la propia religión ha devenido a ésta en mera superstición antiilustrada y que por lo tanto debe ser abandonada no solo por aquel individuo que no tenga fe sino por todo individuo que crea que la razón debe regir el pensamiento humano y que la emancipación  de los individuos es una necesidad histórica concreta. Pero que nadie se asuste porque esto lo haremos otro día, aunque en breve.

miércoles, enero 11, 2017

HA MUERTO GONZALO PUENTE OJEA

Me acabo de enterar de la muerte de Gonzalo Puente Ojea. Cuando yo era joven y petulante intelectualmente, creía en eso de la profundidad y demás basura academicista, Puente Ojea me parecía que no iba al fondo de las cosas. Ahora que soy viejo y petulante intelectualmente, por otros motivos, creo que hizo una labor fundamental en el análisis de la religión en general y del cristianismo en particular en el pensamiento en español.

Me hubiera gustado escribir algo brillante sobre él, pero cuando alguien ya lo ha hecho y encima está mejor de lo que uno podría hacer es mejor leerle. Así que pueden ustedes leer lo que AQUÍ dice ese otro gran intelectual, en el sentido más noble de la palabra, que es D. Antonio Piñero sobre él.

Y como ni él creía ni yo creo en la eternidad solo queda decir que a veces parece que una vida intelectual ha sido digna de haber sido vivida.


domingo, agosto 21, 2016

EL BURKINI Y EL PENSAMIENTO PSEUDOPROGRESISTA

Un gran número de autotildados progres, y que indudablemente reflejan un pensamiento extendido entre la autoproclamada izquierda, ha reaccionado con virulencia a la prohibición de llevar burkini en ciertas playas de Francia. En su alegato contra la exclusión, señalan la libertad absoluta de la mujer para poder llevar la ropa que crea conveniente y estiman que, por lo tanto, cualquier tipo de  acción sobre esto no es sino un ataque a la libertad individual. Así, incluso se ha llegado a caracterizar como una muestra más de eso que se llama patriarcado, que por cierto es algo que nunca existió pero que queda muy bien en los artículos de opinión de la prensaprogresistadeladeverdad, y como un ejemplo claro de micro o macro, o quizás súper, machismo.

Nosotros, como casi siempre, vamos a hacer aquí un análisis aburrido sobre la cuestión pues sólo al final trataremos concretamente el problema. Pero es que, como casi siempre también, nos parece que es más importante la idea previa que subyace a la crítica de la prohibición del llamado burkini que todo lo demás.

Nuestra idea central va ser intentar demostrar que esa idea que hemos referido, a saber: que la mujer utiliza esta prenda de forma libre, refleja una mentalidad socialmente conservadora y una creencia absolutamente ingenua sobre lo que verdaderamente son los hechos sociales.

Efectivamente, la idea de que las mujeres musulmanas, y exclusivamente ellas pues no son las de otra religión e incluso dentro del islam solo una parte aunque desgraciadamente creciente, se pongan el burkini se considera por parte de los pseudoprogresistas, en primer lugar, como una especie de triunfo individual de estas personas que logran así superar las condiciones sociales de la malvada sociedad occidental. La tesis para defender esto es que el uso del burkini sería un grito contra el culto al cuerpo y de la cosificación de la mujer característico de nuestra sociedad consumista y superficial. Sin embargo, y curiosamente, hay que decir que no hay una sociedad que dé mayor importancia al cuerpo que la musulmana, pues todo su anhelo es tapar la anatomía femenina por sus presuntas connotaciones excitantes. Así, la religión musulmana es triunfadora en el culto corporal, pues mientras que la religión cristiana solo se preocupa obsesivamente de los genitales, la musulmana busca obsesivamente esconder cualquier parte, incluso llegando al punto de hacer invisible el cuerpo también en la representación artística. Por todo ello, pretender presentar una especie de religión musulmana que en realidad protege a la mujer del su cosificación corporal es sencillamente no entender nada del fondo puritano y castrador que el islam tiene sobre el cuerpo, y en concreto para el cuerpo femenino, y qué va incluso mucho más allá, y ya es ir más allá, de ese mismo elemento castrador característico de la religión cristiana.

Así, ya vemos como la religión musulmana, desde luego, no puede ser presentada como una ideología contraria al culto al cuerpo sino que es una ideología preocupada extraordinariamente por él. Así pues, defender la presencia del burkini como una crítica feroz a la cosificación del cuerpo no lleva sino a interpretar que la persona que así lo hace no entiende el islam.

Sin embargo, la crítica fuerte a la prohibición del burkini viene dada por el argumento de que lo que se busca impedir es que la mujer vista como lo desea, de una forma libre, y sin tener en cuenta los prejuicios. Y esto, que sería muy bonito en un mundo ideal, sin embargo no aguanta un mero análisis que explique realmente cómo funcionan los hechos sociales.

La idea de que las mujeres musulmanas llevan libremente el burkini y se trata de una elección personal e individual tiene al menos dos errores. El primero, es creer que los hechos sociales son hechos individuales y que, por lo tanto, se pueden juzgar de una perspectiva meramente personal de voluntad individual. El segundo, más filosófico, es que confunde libertad con autonomía.

Explicamos –y sí, va a ser otro rollo-.

En la sociedad como tal no existen hechos individuales sino hechos sociales. Juzgar los hechos como meramente producto de una individualidad y voluntad pura es un error que no debe realizarse si queremos hacer una sociología verdadera. Efectivamente, todos y cada uno de nuestros actos están socializados y esto quiere decir que reciben la influencia directa de la sociedad a la cual pertenecemos y que su significado no guarda relación exclusiva con nuestro deseo sino con el modo social mismo. El hecho de que yo vaya con traje a trabajar puede resultar una idea personalísima, de hecho soy el único profesor que va con traje y corbata todos los días al instituto y también soy el más atractivo, pero no está exenta de una relación social determinada  y por eso voy con traje y corbata y no se me ocurre, ni se me ha pasado por la cabeza, ir con toga. Y así, cuando me levanto por las mañanas, no considero ni tan siquiera la posibilidad de ponerme la toga o una falda tableada, aunque tengo unas piernas preciosas, sino que como mucho me plantearía la posibilidad de ir con corbata o, por ejemplo, con una hortera camiseta y vestido cual mozo de almacén -obsérvese aquí mi clasismo-.

Del mismo modo, la mujer que lleva un burkini no lo hace envuelta en una independencia prístina y sin tener nada que ver con la religión islámica, sino que lo hace precisamente porque cree que un dios inaccesible le contó a su profeta una serie de ideas dictándoselas a través de un arcángel. Todo ello, como se ve, muy racional. Y entre esas dictaduras –obsérvese el sutil juego de palabras- viene una donde se fija el derecho de la religión a dictar normas sobre el propio cuerpo y su exhibición y la supremacía del varón sobre la mujer. De esta forma, los dos, la señora del burkini y yo mismo, hacemos actos socializados y lo que hay que juzgar es ese acto socializado y no la intención o no del sujeto. Argüir así la absoluta libertad de la mujer al llevar el burkini es tan absurdo como si yo creyera que tengo absoluta libertad en llevar corbata y que la llevaría en cualquier momento histórico o sociedad porque tengo mucha personalidad.

Pero además hay algo más de acuerdo a esta idea de la socialización. Los hechos sociales no solamente reflejan lo que los individuos desearían que reflejaran sino que también reflejan códigos sociales determinados e ideas sociales previas a la propia intención subjetiva.

El hecho de que me ponga corbata en el Instituto hace que los alumnos de 1º de ESO inmediatamente me pregunten si yo soy el director -a lo que yo contesto que no, aunque merecería serlo- porque la idea de llevar corbata implica en la sociedad actual, independientemente a lo que yo opine sobre ello, una jerarquía social determinada: como ninguno de mis compañeros va con corbata, lógicamente los niños tienden a pensar, de acuerdo a la socialización, que soy yo el personaje más importante, lo cual sin duda es un acierto por su parte. Del mismo modo, cuando una mujer se pone un burkini no está expresando su libertad absoluta para llevar la prenda que quiera, sino que está reflejando socialmente su sumisión a unas reglas, presuntamente dictadas por un arcángel a un profeta -lo cual por cierto ya dice mucho sobre cómo considerarla desde un punto de vista emancipador-. Así, cuando una mujer se pone un burkini o un velo islámico no está defendiendo su independencia como mujer sino que lo que está haciendo es asumir su propia condición femenina como un hecho que tiene siempre un aspecto tentador y maligno y que por eso hay que camuflar. Está asumiendo, en definitiva, su condición de animal inferior que solo adquiere la igualdad como mascota de compañía.

De esta forma, hay un conflicto legal y otro, distinto, político. Se podrá discutir si es conveniente o no prohibir legalmente el uso del burkini, por ejemplo nosotros mismos somos contrarios a prohibir sin más el uso del velo en la escuela, pero siempre, al menos desde una posición progresista, habrá que criticar su uso por lo que él significa. Políticamente, siempre que una mujer se pone burkini, salvo que lo haga en un contexto determinado donde quede claro y patente que es una crítica,  lo que está haciendo es una alabanza a un sistema en el cual las mujeres deben ser sumisa y obedecer a los hombres porque lo dice Alá –y Mahoma, que es su profeta-. Y no nos parece, al menos a nosotros imbuidos de ese malvado espíritu ilustrado tan etnocentrista y alejado del respeto a todas las barbaries, que esto sea un elemento progresista a defender.

Pero, aún hay algo más. Que algo se haga libremente no quiere decir que se haga de forma autónoma. Ciertamente, cualquier persona normalmente actúa de forma libre y ,en este caso en concreto, las mujeres libremente se ponen el burkini. Sin embargo, al hacerlo renuncian necesariamente a usar su autonomía como sujetos racionales.  Es decir, están negándose a decidir de acuerdo a su razón sobre su propia vida como sujetos y se convierten así en objeto de tradición religiosa. Efectivamente, la autonomía consiste en que la causa del comportamiento radica en la razón del propio sujeto, mientras que cuando las mujeres se ponen el burkini lo que están teniendo como causa de su comportamiento son creencias religiosas que ellas mismas suponen que proceden de un mundo trascendente y, por lo tanto, de algo que es ajeno, heterónomía, a su propia razón: obedecen acá a Alá –sí, estoy graciosillo-. Por ello, cuando los pseudoprogresistas defienden que las mujeres actúan libremente, sin duda tienen razón pero hay algo en la idea de progreso que va más allá de la mera libertad y es la exigencia de la autonomía. De hecho, lo que debemos defender es que la diferencia entre lo progresista y lo no progresista es que los progresistas defendemos la autonomía mientras que los no progresistas lo que defienden es la heteronomía, es decir que principios ajenos a la razón propia del sujeto, como pueda ser la religión o por ejemplo la idea de nación o  de patria como entre los paletos nacionalistas, deben definir los comportamientos y las leyes que rigen a las propias personas.

¿Debe prohibirse entonces el burkini? Este es un tema distinto donde deben entrar también cuestiones sociales, de utilidad y orden público. ¿Debe defenderse intelectualmente el uso del burkini? Solo si, como ya hemos demostrado, alguien cree o bien que hay dioses que hablan a través de ángeles o bien que las mujeres son animales inferiores. Por todo ello, nosotros que pretendemos ser ilustrados y por ello, y con ello, de izquierdas, consideramos que el burkini es una basura intelectual y social y que no puede defenderse. Y por la libertad no solo de la mujeres sino también de la humanidad. Porque si las mujeres no son libres no lo seremos nadie.

miércoles, marzo 30, 2016

TERRORISMO YIHADISTA Y ETNOCENTRISMO (pero de la izquierda guay)

Los recientes atentados tanto en Bruselas como en París –sin embargo, no en Pakistán- han vuelto a abrir el debate de la causa última del terrorismo yihadista. Cuando hablamos de causa última, nos referimos no a la causa más próxima al suceso temporalmente sino a aquella sin la cual no se hubiera producido. Esto quiere decir que la causa última no es la responsable directa del acontecimiento pero sin su concurso el acontecimiento no se hubiera dado de ninguna manera: es necesaria. Alguien podría señalar que, entonces, todos los elementos serían causa última pero precisamente este calificativo lo que implica es que si se sacara de la serie de causas ese elemento, el hecho nunca hubiera ocurrido: es la causa fundamental.

Pongamos un ejemplo para entenderlo: en los atentados de París, por ejemplo, una causa fue que los terroristas tuvieran rifles de asalto kalashnikovs, pero sin embargo el hecho de que no hubieran tenido dichas armas no hubiera impedido el atentado pues se podría haber realizado con otras. Por tanto, el coronel Kalashnikov, inventor de dicha arma, no podría ser catalogado como causa fundamental, causa última, del atentado. Por ello, aquí  lo interesante de los atentados yihadistas será descubrir qué elemento o elementos son indispensables, son necesarios, para que se produzcan estos ataques pues al verificarlos podremos sin duda evitarlos mejor.

Y aquí entramos en tema. Ante los atentados, tanto de París como de Bruselas –pero se calla ante Pakistan- rápidamente ha surgido toda una corriente de la autodenominada izquierda que ha situado la responsabilidad fundamental de lo acontecido en Occidente y, en concreto, en la intervención que los países occidentales han tenido en Oriente Medio durante las últimas dos décadas. De esta forma, y según esta explicación, la causa última de los atentados de París y Bélgica sería sin duda alguna la intervención occidental en Oriente Medio. Y si bien debe quedar claro que esta autoproclamada izquierda no pretende con ello justificar los atentados, por supuesto, no cabe duda de que así se reparte cuando menos la responsabilidad política de los mismos pues se trataría, y siempre según esta interpretación, de una respuesta a una actuación previa de Occidente que si no se hubiera dado no habría habido lugar a la misma. De esta forma, la autoproclamada izquierda considera que los atentados terroristas no son sino una respuesta a la acción de Occidente y que las víctimas lo son por esa agresión previa: es la intervención occidental la causa última. O dicho con las palabras de ese eminente analista internacional que es Joan Ribó, alcalde de Valencia: “de esos polvos, estos lodos”.

Pero, por supuesto, la cosa es un poquito más compleja de lo que cree el ilustre alcalde –y eminente analista político-.

Lógicamente, esta teoría quedaría desbaratada porque la mayoría de los atentados no tienen víctimas ni son perpetrados en países occidentales sino que mueren musulmanes. De ser cierta la teoría de que los terroristas responden a Occidente, los asesinos deben llevar un GPS bastante alterado –tal vez, demasiado orientado hacia La Meca, como manda bien su superstición-. La acción básica de los terroristas es el mundo islámico y no Europa o EEUU.

Pero, lo interesante aquí a nivel de crítica cultural es reflexionar sobre el trasfondo de esa idea de la autoproclamada izquierda. Es decir: ¿por qué la izquierda defiende esto y qué consecuencias intelectuales tiene?

El etnocentrismo es una actitud intelectual que se puede definir como la preeminencia de la propia cultura para explicar cualquier acontecimiento ya sea propio o ajeno a ella. Normalmente, el etnocentrismo sirve para vilipendiar cualquier otra posición cultural o tradición distintas a las propias, señalándolas como poco civilizadas o incluso barbáricas. Sin embargo, no es solamente este su posible empleo sino que últimamente está surgiendo un nuevo etnocentrismo, que se sitúa en el espectro político de la autoproclamada izquierda, que viene a configurar que esa responsabilidad última de todo lo que ocurre en el mundo la tienen los países occidentales tanto por acción como por omisión –y a veces incluso por no haber hecho nada ahí-.

Yendo a nuestro caso, lo interesante de ese nuevo etnocentrismo es el tratamiento permanente de los musulmanes como menores de edad que no pueden ser actores de su propia historia y actuar desde una autonomía.  Bush, Blair o Aznar son asesinos sin paliativos ni excusas porque son autónomos y por tanto responsables de sus actos, pero cualquier terrorista musulmán que masacra a alguien –y básicamente masacra a otro musulmán- es exonerado de su culpa personal para pasar a actuar como una especie de pelele de la cadena histórica. El terrorista es así siempre y a su vez víctima del malvado occidente incluso si ha sido criado en un país europeo con una escuela gratuita y una sanidad pública y unos derechos y libertades impensables en cualquier nación de tradición islámica: occidente es culpable. Y con ello, cualquier musulmán es inocente porque no es responsable de sus actos: es un buen salvaje.

O dicho en un lenguaje más filosófico: es imbécil. Y es un ímbécil, como lo es curiosamente cualquier dictadorzuelo africano o gobierno déspota del Tercer Mundo, porque en realidad el responsable de todo es  siempre el malvado hombre blanco. Efectivamente, hay una superioridad del hombre blanco en cada acción internacional que le hace responsable directo de todo lo que ocurre.

Parece, así, que el resto de la población no occidental tiene algún defecto que le impide responsabilizarse de sus actos y son, en buena lógica cabría concluir, inferiores.  Pues efectivamente, mientras el hombre blanco -y Obama, que es en realidad un mal negro pues no es lo que espera cualquier blanco de la autodenominada izquierda que sea un buen negro: cantante de rap, traficante de drogas o jugador de baloncesto-  es responsable individual y malvado per se sin excusa alguna, los terroristas musulmanes o los gobiernos dictatoriales de aquellos países no son sino exonerados de culpa y comprendidos como niños malos que no han sido bien educados por sus padres ¿Y quiénes son sus padres? El hombre blanco.

Y surge así un nuevo colonialismo cultural y político. Del mismo modo que uno perdona a los niños en su inconsciencia ciertos actos, cualquier acción del mundo no occidental es perdonada por la condescendencia del que se cree superior. La mirada olímpica de la autoproclamada izquierda, que observa con aires de superioridad a esas pobres criaturas irresponsables del tercer mundo -son brutos pero inocentes- no desvela sino el desprecio absoluto por ellos: el etnocentrismo. Los no occidentales no son responsables de sus actos, por eso no son culpables si se hacen terroristas, y la única responsabilidad mundial es la de Occidente: curiosamente, lo mismo que pensaría cualquier defensor de la supremacía blanca. Pero con una sutil diferencia. Mientras que para Bush es necesario intervenir en aras de la civilización, y matar gente, bueno gente tampoco pues son daños colaterales, para la autoproclamada izquierda no se debe intervenir en aras de la paz (blanca), y dejar así que se mate a personas. Bueno, en realidad  a personas tampoco porque los individuos no occidentales igual no llegan a esa categoría y se quedan solo en etnias indígenas o pueblos.

Toda religión es algo anterior a la Ilustración.
Y toda emancipación auténtica lo es por la Ilustración.

La causa última de los atentados yihadistas, guste o no, es el Islam como la causa última de la Inquisición fue el cristianismo. La diferencia, que es importante, es que hay cinco siglos de distancia entre ambos hechos. Y si hay esa diferencia no es porque el cristianismo haya lógica y autónomamente progresado sino porque fue obligado a convertirse en algo distinto en occidente: no se crean ustedes la historia feliz de que gracias a la religión cristiana hoy tenemos democracia porque fue a pesar de ella.


Del mismo modo, es hora de que los musulmanes ilustrados sean capaces de convertir el islam en algo asimilable por una sociedad democrática. Los musulmanes no son niños perpetuos sino dueños de su propio destino. Lejos del paternalismo de la autoproclamada izquierda y su espíritu colonial es hora de exigirles, como se está trabajando por ejemplo en Túnez y que la izquierda auténtica debería apoyar en vez de tanto alegato en favor de la basura Hamas y sus secuaces, que entren en la ilustración. Porque antes de  musulmanes son seres humanos. Y porque son responsables, para bien y para mal, de sus actos.

viernes, marzo 25, 2016

sábado, noviembre 14, 2015

TOQUEN LA MARSELLESA

Porque no permanecemos equidistantes ante la barbarie.
Porque no somos neutrales frente al fanatismo.
¡Toquen La Marsellesa!



domingo, agosto 02, 2015

LO QUE DA LA LOMCE

Averigüe usted, querido lector, cuál de estas dos teorías es de obligada oferta en cada curso según la LOMCE.

a) Esta
b) O esta otra

Ya lo saben ustedes: esto se llama excelencia educativa.

miércoles, julio 22, 2015

domingo, febrero 08, 2015

ISLAM Y DEMOCRACIA

En toda religión se pueden distinguir dos elementos. Uno, es lo que podríamos llamar dogmática que consistiría en el conjunto de creencias, más o menos increíbles pero generalmente bastante, y de ritos relacionados con ellas. El segundo elemento sería lo vivencial, que contiene las acciones y forma de vida que implicaría seguir dicha religión y que incluye su repercusión social.

En cuanto a su dogmática, toda religión es contraria a la democracia de principio. Efectivamente, toda religión implica heteronomía mientras que la democracia sería autonomía. En las religiones, lo importante es entregarse ante un poder transcendente. Que sea como en las religiones primitivas, por temor a unos dioses que podrían castigarnos, o que sea como en las modernas, donde el individuo busca la unión con la trascendencia, da lo mismo. Lo que importa aquí, para decirlo con bella metáfora gramatical, es que la trascendencia es el sujeto y los seres humanos un complemento del predicado.

Frente a esta heteronomía esencial de la religión, la democracia es autonomía. Efectivamente, la petición de principio del modelo democrático es que el individuo sea capaz de gobernarse a sí mismo de hecho y como ideal. De hecho, porque la expresión un hombre un voto es el principio de toda democracia y del que se parte como derecho inalienable. Como ideal, porque la democracia no busca nada más allá de ella misma: la autonomía del individuo se agota lógicamente en sí mismo. Así, la democracia busca una sociedad que en sí misma permita desarrollar esa autonomía mientras que la religión, toda religión, busca la heteronomía del absoluto. En democracia, otra vez la metáfora, el sujeto es el ser humano.

De esta forma, la dogmática de toda religión es contraria a la democracia por motivos esenciales y sin distingo entre unas y otras. Da lo mismo, por ejemplo, budismo, cristianismo o religión musulmana: todas son heterónomas pues sitúan la finalidad de la vida en algo ajeno al propio sujeto racional como es la trascendencia.

Sin embargo, no ocurre lo mismo en su aspecto vivencial y ahí no toda religión es igual. Por aspecto vivencial de la religión, como señalábamos más arriba, entendemos cómo esta influye en la vida cotidiana de los individuos y, por ende, en  las relaciones sociales. Y aquí sí puede haber, y de hecho las hay, diferencias fundamentales. Para entenderlo comparemos las llamadas religiones de libro: judaísmo, cristianismo e islam.

El judaísmo es una religión nacional. Se trata de una creencia que presenta un modelo de sociedad concreto, con unas rígidas leyes de obligado cumplimiento en la vida diaria, pensada para un colectivo determinado y cuya finalidad es preservar ese colectivo a través de la dominación. Así, ser judío es más, mucho más, que profesar una religión y se transforma en una forma de vida determinada por una reglamentación. De esta forma, y desde sus orígenes, el judaísmo es algo más que una creencia religiosa y llega a ser una forma de dominación cuya finalidad última es la homogeneización social.

¿Es lo mismo el cristianismo? No, y por dos motivos: en cuanto su origen y por su derrota ideológica y social en la época moderna.

En cuanto a sus orígenes, hay un doble motivo. En primer lugar el cristianismo nace en pleno Imperio Romano y, por tanto, en una sociedad ya estructurada social y políticamente. Además el cristiano ve en su génesis la destrucción del templo de Jerusalén por parte de las tropas romanas al intentar sublevarse, lo que es un aviso sobre competir con el poder imperial. Así, el cristianismo se ve impelido a adaptarse  al mundo circundante, o sea al mundo romano, si quiere sobrevivir. Pero, además, si quiere expandirse una vez expulsados de la sinagoga judía, debe hacerlo entre los gentiles. Y para conseguirlo, el nexo de unión es la cosmovisión grecorromana que incluía un modelo ya establecido de sociedad y no las costumbres judías.

A esto, hay que añadir dos elementos teológicos en su genesis. El primero, de ascendencia judía y por propia necesidad doctrinal, fue la idea de la interpretación, y no la literalidad, de los textos canónicos pues había que hacer auténticos malabares para relacionar las profecías con Jesús como mesías. La segunda, la idea apocalíptica de los primeros cristianos para quienes el fin del mundo estaba próximo y, por tanto, resultaba ocioso ponerse a discutir sobre teoría política. Incluso cuando se vio que el fin no llegaba, la idea de que los textos sagrados estaban inspirados por Dios, pero no dictados, sirvió para dar una explicación más o menos plausible, menos menos, de esta pifia.

En segundo lugar, el cristianismo es derrotado ideológica y socialmente a partir de la Modernidad Efectivamente, es ingenua históricamente la creencia de que el cristianismo apoyó el proceso de modernización europeo cuando lo único que hizo, con la persecución sistemática a las nuevas ideas y la alianza política con poderes reaccionarios, fue perseguir a la Modernidad y, con ello, a la Ilustración. Lo que ocurrió en occidente es que la religión fue derrotada intelectual y socialmente y no tuvo más remedio que buscar refugio en la vida privada como un objeto más de consumo. Y es por esto, por la claudicación de la propia religión, a lo que sin duda contribuyó la especificidad del propio cristianismo ya descrita, por lo que la religión no cuenta socialmente en occidente, aunque se pueda seguir ejerciendo de forma individual.

Así, el cristianismo está hoy afortunadamente en el basurero de la historia. Sería interesante saber cuánta gente, cuánta poca gente afortunadamente, sigue de alguna manera la moral cristiana en aquellos elementos en que se diferencia de la común como, por ejemplo, la sexual: ni los curas. Igualmente, toda la cosmovisión cristiana del universo, que es el creaciónismo, y del ser humano, el dualismo alma-cuerpo,  hace tiempo que dejó de tener sentido. En occidente, lo cristiano es un souvenir de bodas, bautizos y comuniones, o, en su vertiente protestante, cánticos dominicales y actos de fe en los billetes de dólar.

Pero, ¿ocurre lo mismo con el islam?

En cuanto a su carácter social y político, el islam nace en una sociedad de estructura tribal. Lejos de haber un poder fuerte centralizado, como en el Imperio Romano, la religión de Mahoma surge en un ambiente social desmembrado  lo que le permite, al igual que antes al judaísmo, concebirse como modelo social hegemónico. La reglamentación social, de la que carecen los escritos sagrados o canónicos estrictamente cristianos pero que resalta en los musulmanes, tiene así la función de homogenizar típica del judaísmo y que para los  cristianos ya estaba previamente establecida por Roma. De esta forma, el islam implica una forma social determinada que es intrínseca a su propia fe frente al cristianismo cuyo modelo social es adyacente. No se trata, por supuesto, de que la religión musulmana pretenda homogeneizar y el cristianismo no, sino que el modelo de dominio es diferente. En el islam la propia religión se identifica con el hecho político y social mientras que en el cristianismo el modelo político es extraño y debe ser objeto de alianza.

Y de hecho, por eso el islam suní mayoritario no tiene casta sacerdotal, frente al cristianismo, y sí la tiene la minoría chií. Cuando una religión no necesita casta sacerdotal es porque se identifica plenamente con el poder político y social y la hegemonía ya esta así garantizada. Sin embargo, las religiones donde este hecho no se da, necesitan una casta dirigente que garantice el control de la fe y social de los creyentes que no hará la autoridad estatal: eso es, por ejemplo, la santa madre iglesia.

Además, hay otro factor estrictamente teológico de la religión musulmana que la hace menos permeable a lo social que la cristiana.  Frente al carácter interpretable de los textos cristianos, solo inspirados por Dios, el Coran está dictado directamente por Alá. Así, incluso cualquier traducción a otro idioma distinto del árabe es infiel, en el doble sentido de la palabra y demostrando que Alá no es políglota y ni tan siquiera bilingüe, y cualquier interpretación de los mismos sólo cabe como mínima. 

El cristianismo inventó la hermeneútica, que luego y no curiosamente tan querida le es a la posmodernidad, para poder adaptar la biblia a cualquier circunstancia novedosa. Pero como el texto coránico está dictado por Alá, y aún sin saber si luego hubo control de faltas ortográficas, no es el escrito el que deba adaptarse sino nosotros al siglo VII y a las tribus del desierto. Recientemente hubo cierta polémica y gente que se autoconsidera de izquierdas nos explicó que no debíamos burlarnos del islam. Resulta difícil no hacerlo cuando en occidente nos hemos burlado, y nos seguimos burlando con razón, del cristianismo. Al fin y al cabo, no nos parece más racional que el arcángel Gabriel se ponga a dictarle a Mahoma aquello que Alá le ha contado.

Igualmente, hace poco el papa nos amenazó con pegarnos si criticábamos su fe. Precisamente eso demuestra su derrota porque en otro tiempo nos hubiera quemado vivo y ahora solo puede esperamos a la salida: tan vulgar.

Pero, fuera bromas, en el mundo musulmán, y no solo por los terroristas, todavía puedes morir o ser encarcelado por decir algo contra el islam.

Occidente llegó a la democracia, entre otros factores, derrotando a su religión. Los países musulmanes tienen como condición necesaria, aunque no única, derrotar a la suya. No se trata de que ya no haya creyentes musulmanes, en occidente sigue habiendo cristianos, sino de que la religion como fenómeno de dominación social deje de existir. Se trata, en definitiva, de la vieja lucha ilustrada entre cultura y barbarie. Y, por supuesto, está claro de qué parte está el islam.