martes, octubre 09, 2018

¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?/2 METAFÍSICA: DEBER SER FRENTE A SER.


En el artículo anterior de esta serie definíamos a los seres racionales (y entre ellos a los seres humanos) como sujetos de derecho frente a los seres no racionales (y entre ellos los animales) a los que categorizábamos como objetos de derechos.   La diferencia, señalábamos, estaba en que un sujeto de derecho tiene estos de una forma inalienable y por su propia condición, mientras que un objeto de derecho tiene derechos solo en tanto le son concedidos por otros.

Igualmente, hacíamos una distinción entre el Ser y el Deber Ser. Entendíamos por Ser la realidad natural y fáctica, el mero hecho de existir en tanto ser concreto. Sin embargo, el Deber Ser era una realidad proyectada hacia adelante pues se situaba en el podría o debería ser de otra forma. El mundo del deber ser no se limitaba a una facticidad, un mero hecho, ni era una identidad pura con lo existente sino que planteaba una diferencia: lo dado podría ser de otra manera. Y en este mundo del deber ser situábamos por ejemplo la acción humana técnica (en nuestro ejemplo, las cañerías o el grifo) o el discurso moral (en tanto que es plantearse si lo que existe no debería ser de otro modo y actuar en consecuencia).

Ahora nos viene una serie de cuestiones saltan ya a la vista. En primer lugar, de dónde sale el deber ser y si es real o mera especulación intelectual. En segundo lugar, qué relación hay entre este Deber Ser y la existencia de derechos inalienables. Y la tercera, consecuencia de las anteriores, por qué defendemos que los animales no tienen derechos y los seres racionales, y por ello los seres humanos, sí.

¿Existe realmente el Deber Ser?

Hemos señalado que existe el Ser y el Deber Ser. Por Ser, entendemos la realidad en cuanto naturaleza. Por Deber Ser, la realidad en cuanto creación racional. Es muy importante comprender tres cosas sobre esta creación racional: la primera, que es real y no solo ideal, y por tanto sus productos existen con el mismo grado de realidad que los propios del Ser; la segunda, que el Deber Ser se da de hecho en la Historia; la tercera, que el Deber Ser abarca todo aquello que podría ser y no solo lo que podríamos considerar como moralmente bueno. Pero, ¿de dónde sale este deber ser?

Mientras que el mundo del Ser está ya en su propia facticidad como realidad física, el Deber Ser se proyecta y surge en el futuro. El Ser, como es naturaleza, existe en una actualidad permanente sin pasado ni futuro (lo que no quiere decir sin cambio). Sin embargo, el Deber Ser necesita una concesión para su existencia que es la realización fuera de las leyes de la naturaleza. Efectivamente, el deber ser –desde las cañerías y grifos hasta los derechos- no surge del mundo natural sino que se construye desde fuera, y en contra, del mismo. Así pues, el mundo del Deber Ser no está en lo fáctico natural sino en la posibilidad racional ¿Pero, cómo surge?

Conviene primero asegurar que si el mundo del Deber Ser no es  lo fáctico natural no quiere decir que no es material, y esto es importante decirlo. La condición de posibilidad del mundo del Deber Ser, la existencia de seres racionales y de la Razón, surge por supuesto de la realidad natural, pues es un resultado de la evolución. Pero la consecuencia de esta Razón no forma parte de la Naturaleza sino que recrea otro mundo –nota: he estado a punto de hacer un juego heideggeriano y poner re-crea. Re-nota: por cierto, Heidegger y yo somos contrarios en todo, pero qué listo era el tío-. Por tanto, que nadie piense en la trascendencia o en Dios cuando hablamos de este mundo del Deber Ser.

¿De dónde sale y qué es este mundo del Deber Ser?  Como ya hemos repetido hasta la saciedad, el mundo del Ser es identificable con el mundo natural. El mundo del Deber Ser, no. El mundo del Deber Ser es un producto que se construye a partir de y más allá de lo natural. Los seres racionales proyectan desde su pensamiento una realidad distinta a la existente, desde la técnica a la moral pasando por las relaciones interpersonales, y construyen realmente un mundo desde eso. Así, el mundo del Deber Ser es un mundo objetivo y resultado de la acción racional, para bien o para mal pues este es un juicio moral complementario pero a su vez una exigencia necesaria también desde la propia racionalidad más allá de la naturaleza donde falta, que se realiza en eso que llamamos historia. Y es objetivo, y esto es importante, porque se da realmente.

El mundo del Deber Ser es así el mundo creado por la racionalidad frente al mundo natural. Y es un mundo, por tanto, que frente a la mera facticidad del mundo natural, donde no puede existir el juicio moral desde él mismo, implica el juicio moral sobre el bien o el mal de su realización. El mundo del Deber Ser, en definitiva, es la creación de los seres racionales sobre la naturaleza como materia prima. Y es un mundo tan real y objetivo, asómese a la ventana de su casa y mire su ciudad y sus relaciones sociales y personales, como la propia facticidad natural.

Pero, ¿qué tiene que ver este mundo del Deber Ser con la existencia de derechos?

La existencia de derechos se explica por tres posturas distintas.

Primera, son por naturaleza. Segunda, son una convención. Tercera, son una realización objetiva de la racionalidad. Nosotros vamos a defender aquí la tercera y para ello necesitamos haber dejado claro la existencia de ese mundo del Deber Ser (hacer, como decíamos al principio, Metafísica). Porque si comprendemos efectivamente de dónde surgen los derechos, podremos comprender, a su vez las consecuencias de su origen y su desarrollo. Y conocer que, si como defendemos nosotros los derechos inalienables no proceden ni de la naturaleza ni son una mera convención sino una realización objetiva de la racionalidad, entonces las cosas tornan de una nueva manera.

Por eso, ahora necesitamos otro nuevo texto para explicar las consecuencias de toda esta existencia objetiva del Deber Ser, porque esta, y no otra, es la clave de toda la cuestión sobre si los animales tienen derechos o no. Porque si es un problema es muy serio, y este lo es, no puede tener una explicación simple y emotiva. Así pues, la pregunta a contestar –nota: por fin, pero oigan que tengo que rellenar y esto les sale gratis, imaginen que fuera el libro de un profesor de universidad que además se lo cobra- es ¿por qué los seres racionales, y por ello los humanos, son sujetos de derecho, tienen derechos inalienables, y lo animales irracionales no?

Pero, eso ya en otro artículo. Y lo sé, están expectantes.

lunes, octubre 08, 2018

DISCULPAS

Pues que resulta que desde agosto el Blog no me ha informado de los comentarios pendientes de moderación y, por tanto, no los he publicado hasta que me he dado cuenta. Y resulta que eso ha sido este fin de semana. Y que lo siento mucho, vaya.

Así que reciban mis más sinceras disculpas porque encima que ustedes se preocupan de escribir voy yo y no les hago caso.

Lo siento.

domingo, septiembre 30, 2018

¿TIENEN DERECHOS LOS ANIMALES?/1: SUJETO Y OBJETO DE DERECHO

Esta serie pretende demostrar tres cosas.

Primero, que el problema de si los animales tienen derechos o no es un problema filosófico que gira en torno al problema de qué es la Realidad, es un problema metafísico, y como tal hay que abordarlo -nota: ¿han flipado, eh? Pues lo peor es que es verdad.-.

Segundo, que vamos a defender que los seres humanos tienen derechos inalienables por ser seres racionales y por ello son sujetos de derecho, es decir: tienen derechos conferidos por su propia existencia, como ya desarrollaremos. Sin embargo, los animales efectivamente podrán tener derechos, pero no los tendrán por sí mismo, por su propia existencia, sino dados por otros: serán objetos de derecho. Y esta diferencia entre ser sujeto u objeto de derecho se dará, precisamente, por una cuestión filosófica y no emotiva. No se tratará, por tanto, de ser especista, que defendamos al ser humano como especie tal y como claman los animalistas, sino de defender la primacía de la razón como el campo de la libertad frente al totalitarismo natural.

Y, tercero, y como consecuencia de lo anterior, que detrás por lo tanto de las tesis animalistas no puede haber sino un movimiento reaccionario y totalitario al que la izquierda, si quiere seguir siendo progresista, debe atacar necesariamente.

Empecemos.
La primera parte de este escrito pretende contestar a la pregunta de si los animales tienen derechos. La respuesta, que para una mejor comprensión la haremos comparando con los seres humanos, es la siguiente: los animales tienen derechos limitados al ser objetos de derecho frente a los seres humanos que tienen derechos inalienables como sujetos de derecho. Ahora, se trata de explicar la causa de esta diferencia y explicarla.

En primer lugar, pasemos al hecho de ser objeto o sujeto de derecho. Un ser es sujeto de derecho cuando por sí mismo y autónomamente, por ser de esa manera y no de otra, tiene derechos inalienables propios.  Algo es objeto de derecho, por el contrario, cuando tiene derechos porque otro se los ha concedido. La diferencia fundamental radica en que un sujeto de derecho tiene derechos por su misma existencia y por sí mismo mientras que aquello que es objeto de derecho posee derechos donados por un tercero y, por tanto, bajo ciertas circunstancias. Para decirlo de forma clara: un sujeto de derecho nace con derechos y un objeto de derecho nace sin ellos pero se le pueden conceder. Nosotros vamos a defender aquí que cualquier ser racional, obsérvese que no ponemos persona ni homo sapiens y en seguida veremos por qué, es un sujeto de derecho pero los animales irracionales sólo podrán ser, y de hecho hay una obligación moral en ello que luego explicaremos, objetos de derecho. Por tanto, las personas en cuanto seres racionales, y no como especie animal, tendrán derechos inalienables pero los animales, o por ejemplo la propiedad, no.

Pero muy bien, dirán ustedes ¿Y esto por qué es así? Es decir, ¿por qué lo seres humanos tienen derechos inalienables y los animales no? Este es el auténtico meollo del problema y su clave.

¿Por qué los seres humanos tienen derechos y los animales no? La diferencia se fundamenta en la radical ruptura entre racionalidad y naturaleza.
Los animales –nota: a partir de ahora y para facilitar el texto cuando hablemos de animales excluimos al ser humano- pertenecen únicamente a la naturaleza. Por supuesto, el ser humano en cuanto animal también. Es decir, el ser humano como especie biológica, como homo sapiens, sería un ser que pertenecería a la naturaleza. Esta naturaleza es una realidad, un reino por llamarlo de forma poético/festiva/homenajeaKant, que tiene solo realidad fáctica. Es decir, es solo Ser, mera existencia concreta y nada sin más. Cuando usamos el término solo Ser no estamos pretendiendo contraponerlo a una presunta trascendencia, algo así como que pudiera existir otro mundo espiritual y superior, sino a que la naturaleza, el universo como tal, es meramente existencia sin más. Por eso, no se le puede aplicar un lenguaje más allá de lo fáctico, de lo concreto. Los seres naturales, por tanto y en cuanto seres naturales, no tiene ni proyecto de vida ni derechos ni deberes ni pueden ser juzgados moralmente, pues su existencia es solo existencia fáctica. Son y sólo son tal y como son.

Y aquí viene la diferencia con el ser humano pero no como ser natural sino racional. La racionalidad va más allá del Ser y tiene Deber Ser. Pero, ¿qué significa esto? Empecemos definiendo.

Por “Ser” entendemos las cosas tal y como son, lo concreto, fáctico y actual que se da como existente. Pongamos un ejemplo. Por Ser, los embriones del tiburón toro se devoran entre sí siendo el ganador el más fuerte. Por ser, en la naturaleza rige el principio de selección natural. Y por ser, todo esto ni está bien ni está mal pues es así y punto. El Ser es y nada más que es como es.

Pero Deber Ser, es otra cosa. Por deber ser se entiende algo que va más alIá de lo existente en un doble sentido: de realidad y de moral. De realidad, en cuanto a que deber ser se iguala con podría ser y es la capacidad de pensar y hacer lo real de otra forma distinta a como existe de hecho en la actualidad. De moral, en cuanto a que es la capacidad de plantearse que lo que hay no debería ser sino que debería, y no sólo podría como en el anterior, ser otra cosa distinta. Ejemplificamos para explicarnos mejor.
Yo podría decir, en el primer sentido de deber ser como podría ser de otra manera, que por ser, por lo que hay por naturaleza, las corrientes de agua corren por determinados cauces. Pero alguien podría ir más allá y considerar que podrían correr por otros: hacer cañerías y grifos. Así, el Deber ser (podría ser) se transforma en Ser. Yo podría lamentar que los embriones de los tiburones toro se devoren entre sí y señalar que no debería ser así sino de otra forma: así el ser se ve juzgado moralmente por el deber ser. De esta manera, hay un mundo del Ser (el natural, el universo) y un mundo del Deber Ser, el mundo racional, que no son el mismo y que ambos pueden crear Realidad.

Los animales pertenecen exclusivamente por sí mismos al mundo del ser. El ser humano en cuanto homo sapiens, especie biológica, pertenece igualmente al mundo del Ser pero en tanto ser racional pertenece al mundo del Deber Ser. Y ahora surgen nuevas preguntas.

¿De dónde sale ese mundo del Deber Ser?
¿Qué tiene que ver con el tema de los derechos?
¿Me pagarán bien por este artículo?

Eso lo contestaremos en el próximo escrito de esta serie. 
Y sí, ya les noto a ustedes expectantes.

domingo, septiembre 16, 2018

GLOBALIZACIÓN Y POLÍTICA: EL AUGE DEL NACIONALISMO


La Globalización es una nueva realidad económica que se impone dentro del desarrollo del Capitalismo. Parecería que, por tanto, su análisis fundamental estaría en ese campo estrictamente económico. Pero eso, precisamente, significaría no haber entendido el proceso de globalización porque lo que implica, como proceso global, es el fin de la fácil separación entre economía y política. Por ello, debemos analizar también sus consecuencias en el ámbito político. Y en este tiene al menos tres elementos claves: primero, el fin de la izquierda tradicional; segundo, el nacimiento de una nueva autoproclamada izquierda, pues otra cosa es que lo sea, donde prima el populismo y la política de la diversidad o identidades; y, a lo que nos dedicaremos en este texto, el auge del nacionalismo. Y resulta evidente que ha habido, en todos los países desarrollados, un auge de movimientos nacionalistas, en Cataluña por poner un ejemplo, que se deben relacionar con el proceso de la Globalización.

El nacionalismo como tal tiene dos hechos que lo conforman del siglo XIX. El primero de ellos es el surgimiento del mismo como una nueva ideología que se genera a partir del Romanticismo, en respuesta a la Ilustración y criticando su defensa de la Razón. El segundo, que tiene que ver con el surgimiento del Capitalismo decimonónico, es la necesidad de crear un mercado nacional para conseguir el desarrollo de ese mismo Capitalismo.

Efectivamente, en el Antigua Régimen había una serie de mercados regionales escasamente relacionados, autárquicos básicamente, aunque hubiera productos que rompieran excepcionalmente la regla. La existencia de mercados mayores y que superaran el ámbito comarcal o regional no era precisa pues tanto la propia producción, básicamente de subsistencia, como el modelo productivo, básicamente el feudalismo, no precisaba mayor extensión. El reino, en el mejor de los casos, era una unidad legislativa y fiscal pero no necesitaba ser una unidad de mercado. Y esto se ve muy bien plasmado en el problema de la diversidad de los sistemas de pesos y medidas, que variaban ya no solo nacionalmente sino incluso de unas regiones a otras.

Sin embargo, la fabricación industrial y el Capitalismo necesitan la ampliación del mercado y con ello la creación de uno a nivel nacional tanto por para nuevas materias primas, que de hecho posteriormente será lo primero que se globalizará, como para mejorar la oferta y demanda mercantil de consumo. De esta forma, el Capitalismo decimonónico desarrolla y expande el mercado regional característico de los sistemas económicos anteriores. Y, por eso, se podría considerar que ese proceso de creación de un mercado nacional es la globalización del siglo XIX.

Así, lo que el desarrollo del Capitalismo industrial decimonónico genera es una expansión mercantil que tiene su repercusión política en la formación y desarrollo del estado nacional como uno de sus elementos principales. La política responde así al desarrollo del Capitalismo con la formación del estado nacional. Y de esta forma la expansión capitalista y la expansión política se retroalimentan. Pero lo que nos interesa teóricamente aquí es ver cómo el Capitalismo del XIX, en su expansión económica necesita la formación de mercados cada vez más amplios y por ello recurre a lo que podríamos llamar la nacionalización, presentada como la fase inferior de la actual globalización  -nota: obsérvese el sutil y al tiempo irónico homenaje al texto de  Lenin que ni usted ni yo nos hemos leído-.

Y aquí entra el Nuevo Capitalismo y su globalización, una vez superada la fase del proceso industrial en su expansión internacional a través del Capitalismo anterior. Esto tiene cómo resultado qué el mercado deje de ser nacional y se transforme en universal. Es muy importante aquí señalar además que no es sólo que el mercado se haga internacional, es decir que distintas empresas se sitúen en otros países o que las mercancías viajen de unos países a otros, sino que es un elemento cualitativamente distinto. Consiste en que la propia realidad económica se convierte en universal y que la economía conquista todos los sectores de la existencia humana, y por ello lo que ocurra en cualquier territorio o sector social afecta a cualquier otro en un plazo de tiempo muy breve. Se trata en definitiva de una nueva expansión de lo que primero fue un mercado nacional a un mercado universal y por ello de la vida nacional a la vida internacional. Es decir, no es solo una globalización del mercado estrictamente hablando sino una globalización de toda forma de existencia. Y aquí está la clave del problema del nacionalismo.

El proceso de globalización capitalista implica la pérdida de sentido de la política nacional. Ésta se convierte en subsidiaria de todo el proceso económico, se pierde la rimbombante soberanía nacional, y surge una nueva realidad política internacional alejada de los focos de poder tradicionales. Y eta internacionalización, en realidad globalización pues el poder político se diluye frente a una realidad económica sin fronteras, genera necesariamente una pérdida de poder, presente y especialmente futura, de las oligarquías nacionales. Estas oligarquías nacionales habían adquirido poder con la expansión del mercado nacional y lo mantenían con su constreñimiento pues no entraban en competencia necesaria con oligarquía de otros países. Sin embargo, la Globalización necesariamente les trae una competencia feroz a sus fronteras. No es,  evidentemente, que la globalización democratizara el proceso económico, sino que se gestiona sin necesidad de las oligarquías nacionales y estas quedan en el mejor de los casos aparcadas en un espacio protegido hasta que se extingan o, en el peor para ellas, precarizadas en la selva del mismo proceso.

Y es aquí donde surge la respuesta nacionalista como una respuesta primero conservadora y luego reaccionaria frente a la globalización. Es respuesta porque el actual auge del nacionalismo es producto de esta misma globalización y consiste en intentar frenarla por parte de la oligarquía que ve peligrar sus privilegios. Es conservadora porque la idea no es enfrentarla con un orden nuevo de cosas, algo que se presente como una realidad futurible nunca alcanzada, como lo era el  estado nacional de los ciudadanos en la Revolución Francesa o el estado socialista en la Revolución Rusa, sino algo que ya existe y que se considera debe perseverar como es el estado nacional capitalista. Y es reaccionaria porque este perseverar frente a la fuerza de la marea económica supone una vuelta real atrás tanto a nivel ideológico, los conceptos decimonónicos de pueblo, lengua y patria, como a nivel social y político, al situar a la estructura social como subalterna del concepto de patria y bandera y defender el concepto “pueblo” ya no como conjunto de ciudadanos sino como etnia. El nacionalismo no surge como defensa de los trabajadores, en su sentido económico, o de los ciudadanos, en su sentido democrático, sino como defensa de los patriotas, en su sentido de comunidad nacional.

La oligarquía hasta hace poco dominante, nacional o regional, teme así que el proceso imparable que primero les llevó a ellos a ser oligarquía ahora les arrase desapareciendo su statu quo. Y ante ello, como se ve reflejado perfectamente en el tema de Cataluña donde son las rentas altas las que copan la los sentimientos nacionalistas, actúan al unísono como un solo hombre y mujer, seamos ahora inclusivos pues la defensa del privilegio no tiene sexo ni género. El nacionalismo es la respuesta de una oligarquía limitada a sus propias fronteras nacionales o regionales, que incapaz de adaptarse a la nueva realidad económica, pues no puede, pretende pararla con cuestionamientos políticos del siglo XIX.

Pero, alguien podría decir que qué ocurre entonces con la autoproclamada izquierda y su cariño a la determinación de los pueblos y ñoñerías semejantes. Y aquí el caso es distinto porque lo que está detrás de esto es otra cosa diferente, pero fruto a su vez de la Globalización, como es el Populismo. Y de esto ya hablaremos más adelante en otro escrito –nota: ¿suena a amenaza, eh?-. La nueva izquierda, o sea: la del entorno de Podemos y cosas así, no es nacionalista sino populista.

Hay una película de Paco Martínez Soria, por cierto: un extraordinario actor, que se titula La ciudad no es para mí. En ella un entrañable pueblerino lega a la gran urbe y se asusta ante la desvergüenza de sus habitantes enfrentada a la aparente pureza de las costumbres aldeanas. Lo que la película oculta, lógicamente, es que esas costumbres aldeanas y sencillas eran tan sencillas que nunca produjeron nada más allá que la cosecha y una mentalidad de terruño. Hoy, el nacionalismo pretende presentarse como una solución ante el avance capitalista cuando no es más que el egoísmo de una oligarquía que siempre pensó que la bandera era un tapiz de su salón y el territorio nacional su jardín. 

domingo, septiembre 09, 2018

viernes, septiembre 07, 2018

EPMESA TURISTA: POR LA CONVERSIÓN DE RUSIA/14


Como me voy, desmontan ya todo (lo decostruyen, que diría un pensador).
En Moscú y en la Industria de la cultura.
Y sí, me gusto en mi extensa cultura y especialmente en mi pedantería.
#EstoSeAcaba

lunes, septiembre 03, 2018