Y ahora hablando de Max Weber -nota: es que soy un erudito- y de su famosa distinción en estos tiempos de epidemia.
"Ilustración es la salida del hombre de su culpable minoría de edad."
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miércoles, junio 03, 2020
RADIOSOFÍA/21: COVID 19 Y ÉTICA DE LA CONVICCIÓN Y ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD
De nuevo en #RadioSofía, en Radio Municipal de Casares.
Y ahora hablando de Max Weber -nota: es que soy un erudito- y de su famosa distinción en estos tiempos de epidemia.
Y ahora hablando de Max Weber -nota: es que soy un erudito- y de su famosa distinción en estos tiempos de epidemia.
viernes, mayo 29, 2020
EL CHIRINGUITO DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA
No hay dinero para (Datos: "Panorama de la Educación 2019", OCDE)
- Reducir horas lectivas al profesorado y situarlo en la media de la Unión Europea (los profesores españoles damos 880 horas lectivas en Primaria frente a 754 de la UE. Y 713 en la Educación Secundaria (primer ciclo) frente a 673 de la U. Y 693 en el resto de Secundaria (incluido Bachillerato) frente a 643 en la UE.)
- Bajar ratios y situarlas en la media de la Unión Europea (en nuestras aulas de Secundaria hay una media de 25 alumnos por aula frente a 21 en la Unión Europea)
- Subir el presupuesto de educación y situarlo en la media de la Unión Europea (el gasto por alumno entre los 6 y los 15 años es en España de 83.032 $ (PPA) mientras que en la Unión Europea es de 94.866.)
Todo lo anterior, sin duda, permitiría mejorar nuestra atención individual al alumnado y con ello su educación.
Pero...
"Celaá avanza 10 líneas de trabajo para modernizar la educación tras la crisis del COVID-19"
Nada de eso se cita y en el punto 10 por fin algo sobre presupuesto:
"Invertir en I+D e investigación educativa"
Para eso sí hay más dinero.
Pues eso...
- Reducir horas lectivas al profesorado y situarlo en la media de la Unión Europea (los profesores españoles damos 880 horas lectivas en Primaria frente a 754 de la UE. Y 713 en la Educación Secundaria (primer ciclo) frente a 673 de la U. Y 693 en el resto de Secundaria (incluido Bachillerato) frente a 643 en la UE.)
- Bajar ratios y situarlas en la media de la Unión Europea (en nuestras aulas de Secundaria hay una media de 25 alumnos por aula frente a 21 en la Unión Europea)
- Subir el presupuesto de educación y situarlo en la media de la Unión Europea (el gasto por alumno entre los 6 y los 15 años es en España de 83.032 $ (PPA) mientras que en la Unión Europea es de 94.866.)
Todo lo anterior, sin duda, permitiría mejorar nuestra atención individual al alumnado y con ello su educación.
Pero...
"Celaá avanza 10 líneas de trabajo para modernizar la educación tras la crisis del COVID-19"
Nada de eso se cita y en el punto 10 por fin algo sobre presupuesto:
"Invertir en I+D e investigación educativa"
Para eso sí hay más dinero.
Pues eso...
jueves, abril 23, 2020
TAREA PARA CASA
Lea este breve texto aquí vinculado en la imagen
y tras las pistas que se le dan a continuación conteste a las siguientes preguntas
DATOS:
Número de veces que aparece cada palabra
Docente-Profesor: 15
Presupuesto: 1
Recursos: 2
Ratio: 0
Horas lectivas: 0
Privado: 4 (siempre al lado público)
Público: 4 (y siempre al lado privado)
PREGUNTAS:
¿Quiénes son los máximos culpables de todo?
¿Quiénes tienen que cambiar en septiembre?
¿Quién no va a invertir más en educación?
¿Quién se va a quedar con el negocio?
y tras las pistas que se le dan a continuación conteste a las siguientes preguntas
DATOS:
Número de veces que aparece cada palabra
Docente-Profesor: 15
Presupuesto: 1
Recursos: 2
Ratio: 0
Horas lectivas: 0
Privado: 4 (siempre al lado público)
Público: 4 (y siempre al lado privado)
PREGUNTAS:
¿Quiénes son los máximos culpables de todo?
¿Quiénes tienen que cambiar en septiembre?
¿Quién no va a invertir más en educación?
¿Quién se va a quedar con el negocio?
viernes, marzo 08, 2019
PARA UN DÍA COMO HOY
Se lo explico con un dibujo.
El origen fundamental de la #Desigualdad no es de género sino económico.
#DesigualdadEsSocioeconómica
#EPMesaEsMarxistaSerio
#ÑoñeríasPosmodernasYPijasLasJustas
El origen fundamental de la #Desigualdad no es de género sino económico.
#DesigualdadEsSocioeconómica
#EPMesaEsMarxistaSerio
#ÑoñeríasPosmodernasYPijasLasJustas
sábado, septiembre 01, 2018
EPMESA TURISTA: POR LA CONVERSIÓN DE RUSIA/12
En las puertas del Infierno
DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA.
Sí, de Dante, la DivinaComedia
Sí, es el Metro de Moscú
Sí, crítica feroz (pero intelectual) al TotalitarismoSoviético
Sí, me pongo sutil´
domingo, noviembre 26, 2017
jueves, enero 28, 2016
POR UN GOBIERNO PROGRESISTA: POR UN PACTO PSOE-PODEMOS
La
diferencia entre la izquierda y la derecha está en la jerarquía de sus valores.
Por ejemplo, para la izquierda un valor superior será la igualdad mientras que
para la derecha un valor superior será la libertad económica. Si estos dos
valores entran en contradicción, y por esa misma jerarquía, la derecha escogerá
la libertad económica y la izquierda la igualdad. Así, se puede señalar que la
pertenencia o no a una determinada doctrina política guarda relación con la
forma en la cual se jerarquizan estos valores señalando unos más importantes
que otros. De esta forma, la diferencia entre la izquierda y la derecha en
política no es sólo sobre una forma de hacer las cosas, la gestión, sino
también, y de manera muy importante, sobre las prioridades dentro de la acción
política y para qué se hace.
Todo
esto, viene al caso por el problema de gobernabilidad que actualmente existe en
España tras las elecciones generales.
Efectivamente, existe un problema para formar gobierno y hay dos
opciones claras: o un gobierno dominado por el Partido Popular o un gobierno en
el cual el Partido Popular no esté presente. Todo lo demás, conduciría a nuevas
elecciones y con ellas, probablemente, a un gobierno del Partido Popular. Lo
cual nos lleva a las dos únicas oportunidades anteriormente descritas.
Pero
alguien, y con razón, podría preguntar si es tan importante que gobierne o no
el Partido Popular. Hay un viejo chiste sobre PPSOE. Es ingenioso sin duda pero
a su vez incorrecto. Solo hay que ver la perspectiva histórica para confirmar
que no es lo mismo el gobierno de uno y otro. Cuando ha gobernado el PSOE la
cuestión ha sido si se habían logrado todos los derechos que se habrían podido
conseguir. Sin embargo, cuando gobierna el Partido Popular, el resultado
implica cuántos derechos se nos han recortado. No se trata por tanto de que el
PSOE sea el infatigable paladín del progreso, pero a veces en política se trata
del mínimo colectivo positivo o la resta negativa. Y la anterior legislatura ha
sido de resta negativa.
Efectivamente,
en política hay cuatro maneras fundamentales de ejercer.
La
primera es de forma conservadora y consiste en gobernar para mantener lo que
hay.
La
segunda es de manera revolucionaria cuya finalidad seria realizar un cambio
sustancial no sólo de ciertos hechos sino de todo el sistema económico y el
modelo social.
La
tercera es la progresista que sería incrementar derechos pero sin cambiar
sustancialmente el statu quo.
Y,
por último, estaría la reaccionaria que pretendería volver a una situación
anterior que implicaría, y eso es fundamental, la pérdida de derechos ganados
anteriormente.
El
gobierno del PP ha sido, aplicando las categorías anteriores, un gobierno
reaccionario pues enmarcado en un Proceso
de Precarización todo su empeño ha estado en reducir derechos económicos,
sociales y políticos. Por ello, es tan importante que el PP no vuelva a
gobernar ya que lejos de abandonar esta agenda la mantendrá: todavía podemos
perder más derechos.
Pero,
ahora es también fundamental que no haya un gobierno conservador pues este sólo
mantendría la actual situación de precarización. Así, la presencia de
Ciudadanos en el gobierno como pieza fundamental no sería una buena noticia
para el desarrollo de los derechos sino para la consolidación de los recortes.
Como ya hemos defendido aquí,
Ciudadanos surgió como una forma de rentabilizar para la derecha los votos
perdidos por el PP y, de hecho, la agenda social del partido de Rivera es la
del PP.
¿Debería
ser entonces un gobierno revolucionario? Si bien a pequeña escala, siempre
siguiendo su modelo Apple y el lanzamiento cada año de un nuevo y un poquito más revolucionario iphone,
Podemos pretende hacer una legislatura constituyente –aunque poco-. Eso pasa
por cambiar aspectos básicos de la constitución, especialmente los referentes al
factor territorial. Dejando a un lado que no se entiende que gente autodenominada
de izquierdas crea que existan identidades colectivas y nacionales, esa cosa
tan paleta como es el pueblo catalán, lo interesante verdaderamente aquí es si
esto sería hoy posible en España y si sería bueno desde un punto de vista de
ganar derechos. Cualquier reforma
constitucional, salvo tal vez si se sigue un método bolivariano, implica la
mayoría del Senado y del Congreso.
Claramente no lo hay. Entonces se descarta.
Desde
una perspectiva progresista solo queda, entonces, la idea de un gobierno que genere
nuevos derechos. Y ahora, ¿cuáles? España está en una situación de emergencia
como estado. No tanto por el paleto desafío catalán como por su desintegración
como estado social y democrático de derecho, tal y como la define la
constitución. Todo el proceso de precarizacion necesita la destrucción de esta
definición. Una verdadera legislatura constituyente, por tanto, no debe buscar
ahora cambiar sustancialmente la constitución para hacerla progresista sino
restituirla en tanto en cuanto ya es progresista. Si el PP ha sido un gobierno
de reacción corresponde en aras de lo social un gobierno no conservador sino
progresista y es urgente.
¿Pero
sobre qué base lograr el pacto?
Un
pacto se realiza en un acuerdo beneficio colectivo. Algo en que todo individuo
que se considere progresista estará de acuerdo es que ha habido durante la
última legislatura recortes en derechos sociales, políticos y económicos. Por
tanto, resulta claro que todos estaríamos de acuerdo en que, por ejemplo, los
españoles estábamos mejor a nivel de derechos, y eso es a nivel de democracia
real, por ejemplo en 2007 o 2008.
Si
esto es así, la base del pacto más sencilla y segura, para su realización y
verificar su grado de cumplimiento, sería situar su objetivo en volver a los
derechos de 2008 o 2007. Y eso implicaría
derogar todas aquellas leyes que el PP hizo para reducirlos. Es sencillo y es
posible.
¿Y
quienes deberían formar el pacto? Si se trata de un pacto progresista hay tres
formaciones minimo que deberían estar presentes: PSOE, IU y Podemos.
¿Y
políticamente hay interés por el pacto? En realidad el gran problema del pacto
es la política interna de los partidos.
Pedro
Sánchez sabe que su única posibilidad de seguir al frente del PSOE es llegar a
la presidencia del gobierno: está deseando pactar. El problema es que también
lo saben los barones y quieren, especialmente Susana Díaz, conseguir ellos el
poder del partido lo que implica boicotear el acceso de Sánchez al gobierno.
Así que, por ahora pero hay prisa, el PSOE desea pactar.
Pero
aquí la clave es Podemos. Podemos tiene un doble problema, como el PSOE, pero
piensa que no le interesa pactar, al contrario que a Pedro Sánchez. Su primer
problema es sus grupos paletos -perdón: plurinacionales del “país de países”-
que le llevan a situar en primer plano las aldeas. Su segundo problema, y más grave, es su idea de convertirse,
cumpliendo el sueño del PP –otro día lo explicamos-, en el partido de la
oposición desbancando al PSOE: y para eso necesita nuevas elecciones.
Así,
la diferencia con el PSOE no es de partido, ambos como instituciones y por
motivos de poder anhelan que no haya pacto, sino de personas. Mientras que
Sánchez necesita el pacto, Iglesias, en sus ensoñaciones mesiánicas, piensa que
sin él ascenderá.
Creer
que las instituciones políticas actúan por el exclusivo interés de los ciudadanos
es ingenuo. Pero también es cierto que probablemente yo no daría clase si no me
pagaran. Trabajar con el interés personal para el beneficio colectivo forma
parte esencial de la política.
Hoy
está claro el beneficio colectivo.
Es
un beneficio colectivo que no gobierne el PP.
Es
un beneficio colectivo que se pare el proceso de precarización.
Es
un beneficio colectivo derogar la Reforma Laboral, la LOMCE, la Ley Mordaza y
todas las leyes que han recortado derechos.
Es
un beneficio colectivo que España vuelva a ser un estado social y democrático
de derecho.
Todo
lo demás, vamos a ser serios, son chorradas.
sábado, diciembre 05, 2015
SALVEMOSLAFILOSOFÍA (y otras causas justas)
Lo sé, falto aquí.
Pero oigan, no doy abasto (creo que se escribe así).
Soy como Kant pero en mediático.
Pero oigan, no doy abasto (creo que se escribe así).
Soy como Kant pero en mediático.
De las noticias de La Sexta (1-12.2015)
Y no olviden que las otras peticiones son igual, o seguramente más justas.
viernes, junio 01, 2012
ECONOMÍA DE SALVACIÓN (o la Iglesia no paga el IBI, pero nos redime de nuestros pecados)
1.- Comunicado de la Conferencia Episcopal explicándonos que
no solo no pagan el IBI sino que encima ni nos atrevamos a
plantearlo. Y que si algún día la ley les obliga a ser como los demás, nos
vamos a enterar de lo que vale un peine -o un cepillo-.
2.- Reproducción exacta del punto 9 de dicha declaración:
La Ley le da la razón a la Iglesia, pero en este momento tan duro de crisis, ¿no podría hacer un gesto ante la sociedad y renunciar voluntariamente a la exención del IBI?
La Iglesia hace gestos reales y diarios en favor de los que más lo necesitan. Muchos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos han hecho signos visibles, reduciéndose el suelo, y otros muchos lo han hecho y no lo han dicho.
3.- Reproducción exacta del evangelio de San Mateo 6, 2-4:
Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
martes, mayo 22, 2012
VIDA INTERIOR/97: DE HUELGA (sin holganza)
¿Quién de nosotros no
tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y
otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado
una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también
quiero ser feliz.
Misma foto, mismo motivo.
miércoles, enero 13, 2010
POLÍTICA Y DESARROLLO DE CAPITALISMO
La FUNCAS ( la Fundación de las Cajas de Ahorros) ha sacado un estudio sobre la situación económica de España. Y en él señala que únicamente se volverá al 8% de paro anterior a la crisis dentro de diez años. Pero lo interesante es que no pone condición alguna sobre partido gobernante para ello, sino que lo da como un hecho de predicción cierta: como que la tierra, independiente a la voluntad de sus habitantes, se mueve. Pues eso, en 2020, más o menos, un 8% de paro.
Y ahora la pregunta: ¿y qué se vota entonces? Y que conste que esto no pretende ser el típico argumento de que no importa nada sino todo lo contrario. Es todo tan importante que esto asombra e interesa.
¿Me explico?
lunes, noviembre 30, 2009
CATALUÑA COMO FINCA
Lo más interesante del reciente y ridículo editorial que todas las empresas capitalistas –sé que suena mal pero es un recordatorio a esa izquierda nacionalista tan, tan, tan radical- de comunicación escrita catalanas has suscrito unánimemente no es, como cabría suponer a primera vista, su aire de advertencia chulesca sobre que podría pasar si un tribunal se atreve a cumplir la ley.
conviene que se sepa (…) No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad (…) Si es necesario, la solidaridad catalana (sic) volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.
Si bien eso ya sería motivo para que cualquiera con un mínimo de idea de qué es la democracia rechazara el texto, no es, sin embargo, lo más interesante del mismo ni mucho menos. Al fin y al cabo, la oligarquía financiera, recordemos que un editorial es la opinión de una empresa, siempre ha considerado que la ley está a su servicio. Por tanto no sorprende ese aire de ojito dónde os podéis meter.
Qué va. Lo más interesante es sin duda otra cosa de la que poco hemos leído o escuchado en los sin duda sesudos análisis que sobre el texto se han hecho. En primer lugar resulta llamativo el título: La dignidad de Catalunya (sic). En segundo lugar, que va unido a lo anterior pero como causa, resulta aún más llamativo la ola de solidaridad que dicho escrito ha despertado en eso que se llama rimbombantemente sociedad civil: desde el club de fútbol Barcelona hasta un club de excursionistas pirenáicos –tal vez también más que un club-. Todo hasta aquí estaría muy bien. Incluso, si nos dejaramos calar la paleta barretina hasta los ojos, o la boina, podríamos sentir el orgullo de la cohesión social. Pero la cohesión social, al menos eso nos enseñó aquello que en un tiempo se llamaba pensamiento de izquierdas, resulta peligrosa y suele ser una impostura que esconde en realidad los intereses oligarcas.
Retrocedamos un poco en el tiempo. Si ustedes recuerdan los resultados del estatuto en Cataluña (soy simple: a Londres no le llamo London) tal vez venga a su memoria algo interesante: participó menos del 50% de las personas con derecho a voto (es más y me atrevería a decirlo: participaron menos del 50% de los catalanes con derecho a voto). Parecería pues que el tema del estatuto no es una prioridad de la gente que vive en Cataluña. O al menos, no de cierta gente que curiosamente son la mayoría de la población. Pero sin embargo, las dificultades legales del estatuto ha sido el único tema –pues ni tan siquiera el hecho de que más de diez mil niños se mueran de hambre al día o el triplete del Barcelona (tema más catalán sin duda) lo han conseguido- que ha permitido unirse a tanta organización social bajo una misma bandera. Es decir, a la mayoría de la población no parece interesarle mucho el estatuto, pero a eso que se llama sociedad civil catalana, sí. ¿Sociedad civil catalana?
Y es aquí donde comienza el análisis de aquello que antes se llamaba izquierda. Recuperemos la cuestión. Resulta que hay una, aparente, unanimidad entre la llamada sociedad civil catalana en su apoyo al estatuto pero no es así entre la mayoría de la población que ni llegó a votarlo, a favor o en contra, en un 50 %. La cohesión social, ahora que nos enternecía tanta en Catalunya, no parece cierta. ¿Por qué entonces el estatuto sí es (casi) unanimemente apoyado por las instituciones sociales?
La oligarquía como élite con poder tiende a mantenerse a toda costa en cualquier sociedad. Para ello necesita convertir su interés particular -que se limita a su conservación y si es posible su expansión a costa del resto de la población del territorio- ideológicamente en interés general. Hace poco me sorprendí de mañana cuando el locutor de una radio mostraba su enfado porque los intereses españoles en cierto país estuvieran en grave peligro. Casi corro a alistarme, pero hablaba, al final lo dijo, de Repsol y yo, que no soy accionista, respire más tranquilo: debo ser, bueno lo soy, poco español. Del mismo modo, la oligarquía catalana ha convertido Cataluña en su interés, como ya hemos comentado aquí en alguna ocasión. Y así, cuando dicen Cataluña, como cada vez en realidad que se habla de un país, se refieren a su finca.
Si bien eso ya sería motivo para que cualquiera con un mínimo de idea de qué es la democracia rechazara el texto, no es, sin embargo, lo más interesante del mismo ni mucho menos. Al fin y al cabo, la oligarquía financiera, recordemos que un editorial es la opinión de una empresa, siempre ha considerado que la ley está a su servicio. Por tanto no sorprende ese aire de ojito dónde os podéis meter.
Qué va. Lo más interesante es sin duda otra cosa de la que poco hemos leído o escuchado en los sin duda sesudos análisis que sobre el texto se han hecho. En primer lugar resulta llamativo el título: La dignidad de Catalunya (sic). En segundo lugar, que va unido a lo anterior pero como causa, resulta aún más llamativo la ola de solidaridad que dicho escrito ha despertado en eso que se llama rimbombantemente sociedad civil: desde el club de fútbol Barcelona hasta un club de excursionistas pirenáicos –tal vez también más que un club-. Todo hasta aquí estaría muy bien. Incluso, si nos dejaramos calar la paleta barretina hasta los ojos, o la boina, podríamos sentir el orgullo de la cohesión social. Pero la cohesión social, al menos eso nos enseñó aquello que en un tiempo se llamaba pensamiento de izquierdas, resulta peligrosa y suele ser una impostura que esconde en realidad los intereses oligarcas.
Retrocedamos un poco en el tiempo. Si ustedes recuerdan los resultados del estatuto en Cataluña (soy simple: a Londres no le llamo London) tal vez venga a su memoria algo interesante: participó menos del 50% de las personas con derecho a voto (es más y me atrevería a decirlo: participaron menos del 50% de los catalanes con derecho a voto). Parecería pues que el tema del estatuto no es una prioridad de la gente que vive en Cataluña. O al menos, no de cierta gente que curiosamente son la mayoría de la población. Pero sin embargo, las dificultades legales del estatuto ha sido el único tema –pues ni tan siquiera el hecho de que más de diez mil niños se mueran de hambre al día o el triplete del Barcelona (tema más catalán sin duda) lo han conseguido- que ha permitido unirse a tanta organización social bajo una misma bandera. Es decir, a la mayoría de la población no parece interesarle mucho el estatuto, pero a eso que se llama sociedad civil catalana, sí. ¿Sociedad civil catalana?
Y es aquí donde comienza el análisis de aquello que antes se llamaba izquierda. Recuperemos la cuestión. Resulta que hay una, aparente, unanimidad entre la llamada sociedad civil catalana en su apoyo al estatuto pero no es así entre la mayoría de la población que ni llegó a votarlo, a favor o en contra, en un 50 %. La cohesión social, ahora que nos enternecía tanta en Catalunya, no parece cierta. ¿Por qué entonces el estatuto sí es (casi) unanimemente apoyado por las instituciones sociales?
La oligarquía como élite con poder tiende a mantenerse a toda costa en cualquier sociedad. Para ello necesita convertir su interés particular -que se limita a su conservación y si es posible su expansión a costa del resto de la población del territorio- ideológicamente en interés general. Hace poco me sorprendí de mañana cuando el locutor de una radio mostraba su enfado porque los intereses españoles en cierto país estuvieran en grave peligro. Casi corro a alistarme, pero hablaba, al final lo dijo, de Repsol y yo, que no soy accionista, respire más tranquilo: debo ser, bueno lo soy, poco español. Del mismo modo, la oligarquía catalana ha convertido Cataluña en su interés, como ya hemos comentado aquí en alguna ocasión. Y así, cuando dicen Cataluña, como cada vez en realidad que se habla de un país, se refieren a su finca.
Pero, ¿por qué a la oligarquía social catalana –esto es: oligarquía financiera, oligarquía social y oligarquía política (incluyendo tal vez a la oligarquía excursionista pirenaica)- le interesa defender el estatuto? Porque se trata, y esa es su gran finalidad, de un marco privilegiado para seguir manteniendo su posición social. Efectivamente, la oligarquía catalana -que no lo olvidemos es junto a la vasca la más perenne de España en su condición burguesa- necesita, ante los tiempos que corren, un espacio protegido, como ya lo tiene la vasca, para poder mantenerse sin problemas. Así, el cierre de fronteras, a través por un lado del monopolio de una lengua minoritaria y local pero que se busca convertir en imprescindible dentro del territorio y, por otro, de una relación financiera privilegiada con el estado, es la mejor garantía de su control social y su consecuente permanencia en el poder. Lo que la oligarquía busca, pues, no es la mejora de las condiciones de vida de la gente que está fuera de su círculo social elitista sino precisamente de reforzar ese círculo para que sea inaccesible a otras élites foráneas. Es la idea que está detrás del parque nacional como conservación de la naturaleza y es eso precisamente el estatuto catalán: una ley de protección de élites ante el miedo causado por el fenómenos de la globalización. Efectivamente, la élite provinciana sospecha, con razón, que la globalización puede acabar con ella –y no seamos ingenuos: no para traer una emancipación sino para ser sustituida por una élite más adecuada al momento- y entonces genera un sentimiento de identidad, es decir, de inmovilidad temporal en lo esencial de la nación catalana y su dignidad, que hace que su propio dominio sea la quintaesencia de la catalinidad. Al fin y al cabo, Catalunya son ellos y su cuenta en euros.
Y por eso, el editorial, recuperando la primera cuestión planteada, se llama algo tan cursi como La dignidad de Catalunya. La élite siente, y lo siente seguramente de buena fe y no por maquivelismo que ellos son Cataluña y por lo tanto cualquier proceso que pueda cercenar, aunque sea mínimamente, su grado de control social implica un ataque a la propia realidad nacional. Así, se mistifican sus intereses particulares en intereses nacionales, ¿se acuerdan de lo de Repsol?, y a partir de ahí ya da igual lo que la gente haya votado o no: su única función, como catalanes, es el asentimiento. De pronto, todo aquello que va contra el interés particular de la élite es anticatalán y todo aquello que defiende su interés es Cataluña, aún más: Catalunya. Es lo mismo, en realidad, que cuando Franco acababa su discurso gritando viva España para no decir, tal vez por modestia, viva yo.
Hay oligarquías que tienen todo el mundo como lugar de esparcimiento. Otras, un parque nacional donde como especies protegidas moran y se reproducen. A veces, solo se habita una diminuta finca, pero el temor a arrancar la valla es consecuente: afuera hay especies que nos pueden defenestrar de nuestra posición relevante en la cadena alimenticia. Por ello, exigen que todo lo que abarque su vista sea suyo y solo suyo, aunque sea poco porque son bajitos. En una escena terrible de El rey León, como terrible es toda la película, un estúpido mono con ínfulas místicas levanta al cachorro de depredador ante los herbívoros y estos, sus futuras víctimas, agachan la cabeza en señal de pleitesía. Solo les falta gritar: visca Catalunya.
martes, octubre 06, 2009
IMPUESTOS/1
El gobierno de presunta izquierda, ahora que por fin la mayoría se ha dado cuenta de que Zapatero es solo presunción progresista, ha decidido subir los impuestos. Como principio, para ser científicos, deberíamos admitir algo sin apriorismos: subir o bajar impuestos no es bueno o malo de por sí. Lo que se debe analizar es si la subida es justa y consecuente o bien injusta e incoherente. Es decir, lo que se debe plantear es para qué y por qué hay que subir o bajar impuestos. Incluso es más, lo que se debe plantear es si debe haber o no impuestos y qué consecuencias se derivan de ello.
Suena raro la pregunta. ¿Qué si debe haber impuestos? Sin embargo, creemos que la pregunta es pertinente: ¿tiene derecho el estado a quitarme obligatoriamente una parte de mi ganancia o de mi consumo? Porque precisamente los impuestos ni se solicitan, como demagógicamente ha dicho el actual gobierno, ni se piden sino que directamente se quitan. ¿Debe el estado, pues que puede ya está visto, hacer eso? Creemos que ahí está la clave de este embrollo y dependiendo de la contestación a la pregunta la consecuencia será una política fiscal, otra o, también posible, ninguna.
Empecemos a, si me permiten usar una palabra exagerada sin duda, reflexionar. Y reflexionar es, en cierta medida, poner en duda. Y al poner en duda, hay que buscar un fundamento para, aunque sea provisionalmente, construir el edificio de la argumentación. ¿Por qué hay que pagar impuestos? La pregunta también, por supuesto, se podría hacer al revés: ¿por qué no hay que pagar impuesto? La respuesta es larga, así que prepáranse a aburrirse. Porque hay veces que las respuestas mejores no son aquellas directas sino las que precisamente buscan un fundamento que se esconde, tal vez por interés.
En una democracia existen los ciudadanos, eso parece claro. Pero convendría no dar nada por sentado. ¿En qué se diferencian los ciudadanos de los subditos que eran los habitantes de los reinos anteriores a la revolución burguesas? La respuesta es histórica y es social: en la idea de derechos. Efectivamente, un factor fundamental de la revolución francesa, si bien no el único, es la idea de que el ciudadano tiene unos derechos por el hecho de serlo. El siervo, sin embargo, vive de la gracia de su señor que le concede o no prerrogativas. Ello conlleva una muy distinta consideración en la idea de estado. El estado no democrático, donde sus integrantes no son ciudadanos de pleno derecho, puede o no hacer valer ciertas acciones a favor de sus súbditos, pero es una gracia concedida y, por tanto, no pertenece a su propia esencia aunque las gracias concedidas sean muchas. Sin embargo, el estado democrático tiene como uno de sus fundamentos la defensa de esos derechos ciudadanos, no como asistencia caritativa sino como obligación política y moral. Así, el estado democrático solo es tal, es decir: democrático, si resulta efectivo en la defensa de los derechos del ciudadano y por eso la teoría democrática defiende un estado limitado en su poder, por ejemplo con la división de poderes o la libertad ideológica, pues el derecho del ciudadano es preferente sobre el derecho de estado. Y esta diferencia, aparentemente tan abstracta, es clave para los impuestos.
Pero, ¿qué tiene que ver la teoría sobre el estado democratifco –en concreto sobre su deber ser, pues otra cosa es que sea así realmente- y los impuestos y su subida? Pues, consideramos, es la clave de todo este embrollo. Y para solucionarlo cabe hacer una cosa. Primero, analizar brevemente, que se me duermen, la idea de derecha y autoproclamada izquierda sobre el tema. Segundo, ver, en nuestra opinión, por qué el estado puede y debe tener impuestos. Y tercero, analizar ya, desde esa perspectiva, si la subida de Zapatero es justa.
Para la derecha caben dos respuestas sobre el asunto de los impuestos. La liberal auténtica, muy escasa a pesar de todas esas tonterias del pensamiento único y demás, cree en la existencia de un estado mínimo cuya única función es la seguridad. Por supuesto, esto se expone de acuerdo a criterios de libertad individual y falta de coacción pero el hecho de que sea la seguridad pública, y no la educación o la sanidad, el resguardo del estado presenta la idea de una ideología de dominación: el orden público acaba siendo un asunto del mantenimiento del status quo de la oligarquía. Así, el pensamento liberal auténtico, aparentemenete tan amante de la libertad, lo que acaba defendiendo es una dictadura social de facto de la oligarquía económica que busca en el estado su fuente exclusivamente represiva para sus intereses. Pero, no nos engañemos, esta idea es mínima entre la derecha ya que implica, también, un esfuerzo teórico que no se está dispuesta a hacer. Pues la que prima, y Esperanza Aguirre sería un ejemplo, es la de un estado contratista de lobbys. Efectivamente, para la derecha actual los derechos ciudadanos son coartadas de un estado que a través de contratos millonarios –defensa en EEUU, sanidad y educación en España, siempre más provincianos- genera una red de clientelismo político y económico. Por eso, la derecha siempre puede bajar impuestos, especialmente los directos pues los indirectos o los sube o los mantiene, pues las empresas contratadas para cubrir la ausencia de un estado fuerte -en España la Iglesia Católica en educación, por ejemplo- pueden hacer un dumping social en relación a la administración pública haciendo que sus trabajadores cobren menos y trabajen más horas y resulten por ello más rentables. Pero precisamente en esa rentabilidad a costa de sus empleados se demuestra la idea que la derecha tiene de los derechos ciudadanos. Y además, al situar servicios privados subsidiarios, para los que no pueden pagarlos, y servicos privados principales, para aquellos que sí, niega de hecho que los ciudadanos tengan derechos, pues vincula el ejercicio fectivo e igual de los mismos a la producción de una renta determinada, es decir: a poder comprarlos.
¿Y la autoproclamada izquierda? Su idea de impuesos y estado es curiosa, cuando menos. Por una lado, está la idea de los impuestos como una redistribución de la riqueza y por otro, el estado asistencial. Ambas ideas parecerían progresistas, pero, sin embargo, son falsas fundamentalmente por sus consecuencias. La idea de la redistribución de la renta es una idea según la cual los impuestos lo que pretenden es crear una justicia distributiva de acuerdo a un principio de igualdad. Sin embargo, la idea parte de una peligrosa concepción del estado: el estado como Robin Hood justiciero a posteriori. Así, el estado se transforma ya no en un garantizador de derechos, sino en un guardián cargado de una ideología concreta que, sin embargo, no aplica: la redistribución nunca afecta a la política económica estructural previa al impuesto sino a posteriori, sobre la renta ciudadana. De esta forma el estado de izquierdas –uy, de izquierdas- parece no preocuparse de cómo se consigue esa diferencia que luego busca subsanar y es ahí donde se destapa ideológicamente. En realidad, compra el silencio pues el estado deja de intervenir en las relaciones sociales donde tal vez los derechos ciudadanos estén en juego a cambio de su afán recaudatorio. No se trata ya de garantizar, por tanto, los derechos básicos, donde el estado sería subsidiarios frente a ellos, sino de situar al estado como protagonista social pero a posteriori de la acción económica. Por ello, una cosa, la redistribución que nunca se da, lleva aparejada la idea del estado asistencial que consiste en un ente que ya no actúa de acuerdo a derechos de los ciudadanos, sino al libre arbritrio de su buena voluntad. Por eso, este estado, como es la idea de Zapatero y cada vez más creciente entre la izquierda, se acaba convirtiendo en un “papá estado” que cuida de los individuos pero al precio, carísimo, de su conversión en gran hermano. Y aquí se vislumbra el sentido autoritario que del estado tiene la izquierda, pues no es la garantía del respeto a los derechos ciudadanos lo que marca su acción sino la gracia que el propio estado se concede para actuar. Y ello queda claramente reflejado en como la izquierda nunca señala como prioritaria la eficacia de dichos servicios estatales –lo que implicaría a su vez tocar a la casta funcionarial- sino su gratuidad como si la misma no fuera en realidad el pago por adelantado que los propios ciudadanos han hecho para garantizar sus servicios. Así, tanto énfasis en la gratuidad y universalidad señala la idea de una autoproclamada izquierda que considera el servicio público como si fuera una gracia concedida y no un derecho: no os quejéis, es –falsamente- gratis. Y el estado así se aroga el derecho de su concesión sin necesidad de esgrimir a cambio eficacia alguna.
Pero entonces, ¿impuestos para qué? Precisamente lo que decíamos al principio viene ahora a juego. Si los ciudadanos tienen derechos por el hecho de serlos resulta una consecuencia lógica que el estado sea el encargado de llevarlos adelante. Es decir, la función del estado es subsidiaria a los derechos del cludadano y él mismo se haya no como un ente del cual deben emanar estos derechos, sino como un ente cuya función, no tal vez la única pero sí una de las primordiales, sea no sólo la defensa sino el desarrollo efectivo de los mismos. Así, la finalidad de los impuestos es precisamente esta: generar derechos. Efectivamente, un estado democrático debe tener impuesto precisamente en cuanto una de sus funciones esenciales es desarrollar realmente los derechos de los ciudadanos a través de la creación de una serie de recursos que sostengan dicho desarrollo de los derechos. ¿Y por qué la gente debe pagarlos? Porque el mismo hecho de tener derechos de ciudadano lleva aparejado reconocer los derechos del otro por ser a su vez ciudadano y, por tanto, no la tan cacareada y en fondo cristiana solidaridad sino la justicia social. Ser ciudadano no es solo un derecho, es un deber e implica la obligación de garantizar los derechos de los otros. Y una forma de ello, no la única claro está, es pagar impuestos.
Suena raro la pregunta. ¿Qué si debe haber impuestos? Sin embargo, creemos que la pregunta es pertinente: ¿tiene derecho el estado a quitarme obligatoriamente una parte de mi ganancia o de mi consumo? Porque precisamente los impuestos ni se solicitan, como demagógicamente ha dicho el actual gobierno, ni se piden sino que directamente se quitan. ¿Debe el estado, pues que puede ya está visto, hacer eso? Creemos que ahí está la clave de este embrollo y dependiendo de la contestación a la pregunta la consecuencia será una política fiscal, otra o, también posible, ninguna.
Empecemos a, si me permiten usar una palabra exagerada sin duda, reflexionar. Y reflexionar es, en cierta medida, poner en duda. Y al poner en duda, hay que buscar un fundamento para, aunque sea provisionalmente, construir el edificio de la argumentación. ¿Por qué hay que pagar impuestos? La pregunta también, por supuesto, se podría hacer al revés: ¿por qué no hay que pagar impuesto? La respuesta es larga, así que prepáranse a aburrirse. Porque hay veces que las respuestas mejores no son aquellas directas sino las que precisamente buscan un fundamento que se esconde, tal vez por interés.
En una democracia existen los ciudadanos, eso parece claro. Pero convendría no dar nada por sentado. ¿En qué se diferencian los ciudadanos de los subditos que eran los habitantes de los reinos anteriores a la revolución burguesas? La respuesta es histórica y es social: en la idea de derechos. Efectivamente, un factor fundamental de la revolución francesa, si bien no el único, es la idea de que el ciudadano tiene unos derechos por el hecho de serlo. El siervo, sin embargo, vive de la gracia de su señor que le concede o no prerrogativas. Ello conlleva una muy distinta consideración en la idea de estado. El estado no democrático, donde sus integrantes no son ciudadanos de pleno derecho, puede o no hacer valer ciertas acciones a favor de sus súbditos, pero es una gracia concedida y, por tanto, no pertenece a su propia esencia aunque las gracias concedidas sean muchas. Sin embargo, el estado democrático tiene como uno de sus fundamentos la defensa de esos derechos ciudadanos, no como asistencia caritativa sino como obligación política y moral. Así, el estado democrático solo es tal, es decir: democrático, si resulta efectivo en la defensa de los derechos del ciudadano y por eso la teoría democrática defiende un estado limitado en su poder, por ejemplo con la división de poderes o la libertad ideológica, pues el derecho del ciudadano es preferente sobre el derecho de estado. Y esta diferencia, aparentemente tan abstracta, es clave para los impuestos.
Pero, ¿qué tiene que ver la teoría sobre el estado democratifco –en concreto sobre su deber ser, pues otra cosa es que sea así realmente- y los impuestos y su subida? Pues, consideramos, es la clave de todo este embrollo. Y para solucionarlo cabe hacer una cosa. Primero, analizar brevemente, que se me duermen, la idea de derecha y autoproclamada izquierda sobre el tema. Segundo, ver, en nuestra opinión, por qué el estado puede y debe tener impuestos. Y tercero, analizar ya, desde esa perspectiva, si la subida de Zapatero es justa.
Para la derecha caben dos respuestas sobre el asunto de los impuestos. La liberal auténtica, muy escasa a pesar de todas esas tonterias del pensamiento único y demás, cree en la existencia de un estado mínimo cuya única función es la seguridad. Por supuesto, esto se expone de acuerdo a criterios de libertad individual y falta de coacción pero el hecho de que sea la seguridad pública, y no la educación o la sanidad, el resguardo del estado presenta la idea de una ideología de dominación: el orden público acaba siendo un asunto del mantenimiento del status quo de la oligarquía. Así, el pensamento liberal auténtico, aparentemenete tan amante de la libertad, lo que acaba defendiendo es una dictadura social de facto de la oligarquía económica que busca en el estado su fuente exclusivamente represiva para sus intereses. Pero, no nos engañemos, esta idea es mínima entre la derecha ya que implica, también, un esfuerzo teórico que no se está dispuesta a hacer. Pues la que prima, y Esperanza Aguirre sería un ejemplo, es la de un estado contratista de lobbys. Efectivamente, para la derecha actual los derechos ciudadanos son coartadas de un estado que a través de contratos millonarios –defensa en EEUU, sanidad y educación en España, siempre más provincianos- genera una red de clientelismo político y económico. Por eso, la derecha siempre puede bajar impuestos, especialmente los directos pues los indirectos o los sube o los mantiene, pues las empresas contratadas para cubrir la ausencia de un estado fuerte -en España la Iglesia Católica en educación, por ejemplo- pueden hacer un dumping social en relación a la administración pública haciendo que sus trabajadores cobren menos y trabajen más horas y resulten por ello más rentables. Pero precisamente en esa rentabilidad a costa de sus empleados se demuestra la idea que la derecha tiene de los derechos ciudadanos. Y además, al situar servicios privados subsidiarios, para los que no pueden pagarlos, y servicos privados principales, para aquellos que sí, niega de hecho que los ciudadanos tengan derechos, pues vincula el ejercicio fectivo e igual de los mismos a la producción de una renta determinada, es decir: a poder comprarlos.
¿Y la autoproclamada izquierda? Su idea de impuesos y estado es curiosa, cuando menos. Por una lado, está la idea de los impuestos como una redistribución de la riqueza y por otro, el estado asistencial. Ambas ideas parecerían progresistas, pero, sin embargo, son falsas fundamentalmente por sus consecuencias. La idea de la redistribución de la renta es una idea según la cual los impuestos lo que pretenden es crear una justicia distributiva de acuerdo a un principio de igualdad. Sin embargo, la idea parte de una peligrosa concepción del estado: el estado como Robin Hood justiciero a posteriori. Así, el estado se transforma ya no en un garantizador de derechos, sino en un guardián cargado de una ideología concreta que, sin embargo, no aplica: la redistribución nunca afecta a la política económica estructural previa al impuesto sino a posteriori, sobre la renta ciudadana. De esta forma el estado de izquierdas –uy, de izquierdas- parece no preocuparse de cómo se consigue esa diferencia que luego busca subsanar y es ahí donde se destapa ideológicamente. En realidad, compra el silencio pues el estado deja de intervenir en las relaciones sociales donde tal vez los derechos ciudadanos estén en juego a cambio de su afán recaudatorio. No se trata ya de garantizar, por tanto, los derechos básicos, donde el estado sería subsidiarios frente a ellos, sino de situar al estado como protagonista social pero a posteriori de la acción económica. Por ello, una cosa, la redistribución que nunca se da, lleva aparejada la idea del estado asistencial que consiste en un ente que ya no actúa de acuerdo a derechos de los ciudadanos, sino al libre arbritrio de su buena voluntad. Por eso, este estado, como es la idea de Zapatero y cada vez más creciente entre la izquierda, se acaba convirtiendo en un “papá estado” que cuida de los individuos pero al precio, carísimo, de su conversión en gran hermano. Y aquí se vislumbra el sentido autoritario que del estado tiene la izquierda, pues no es la garantía del respeto a los derechos ciudadanos lo que marca su acción sino la gracia que el propio estado se concede para actuar. Y ello queda claramente reflejado en como la izquierda nunca señala como prioritaria la eficacia de dichos servicios estatales –lo que implicaría a su vez tocar a la casta funcionarial- sino su gratuidad como si la misma no fuera en realidad el pago por adelantado que los propios ciudadanos han hecho para garantizar sus servicios. Así, tanto énfasis en la gratuidad y universalidad señala la idea de una autoproclamada izquierda que considera el servicio público como si fuera una gracia concedida y no un derecho: no os quejéis, es –falsamente- gratis. Y el estado así se aroga el derecho de su concesión sin necesidad de esgrimir a cambio eficacia alguna.
Pero entonces, ¿impuestos para qué? Precisamente lo que decíamos al principio viene ahora a juego. Si los ciudadanos tienen derechos por el hecho de serlos resulta una consecuencia lógica que el estado sea el encargado de llevarlos adelante. Es decir, la función del estado es subsidiaria a los derechos del cludadano y él mismo se haya no como un ente del cual deben emanar estos derechos, sino como un ente cuya función, no tal vez la única pero sí una de las primordiales, sea no sólo la defensa sino el desarrollo efectivo de los mismos. Así, la finalidad de los impuestos es precisamente esta: generar derechos. Efectivamente, un estado democrático debe tener impuesto precisamente en cuanto una de sus funciones esenciales es desarrollar realmente los derechos de los ciudadanos a través de la creación de una serie de recursos que sostengan dicho desarrollo de los derechos. ¿Y por qué la gente debe pagarlos? Porque el mismo hecho de tener derechos de ciudadano lleva aparejado reconocer los derechos del otro por ser a su vez ciudadano y, por tanto, no la tan cacareada y en fondo cristiana solidaridad sino la justicia social. Ser ciudadano no es solo un derecho, es un deber e implica la obligación de garantizar los derechos de los otros. Y una forma de ello, no la única claro está, es pagar impuestos.
Pero, ¿y la subida de Zapatero? Les avisé que se iban a aburrir. Pero no les dije que en dos partes. Perdonen.
jueves, octubre 01, 2009
SOLICITAR A LA AMPLÍSIMA CLASE MEDIA
Que es este, sin duda, el peor gobierno de la democracia creo que no cabe la duda. Que además de inútil es un gobierno con un grado general de cinismo sin precedentes, pues los anteriores podían ser cínicos pero concretando temas, es también, me parece, claro. Que Elena Salgado es una inútil, evidente. Y que son unos miserables, claro.
Recientemente, y tras negarlo por todos lados, la vicepresidenta económica ha dicho que la subida de impuestos, el lunes espero hablar de ella, recairá en la amplísima clase media. Y el problema es ahora saber, una vez eliminados los poderosos y las SICAV, qué es la amplísima clase media que va a pagar el desastre de gestión –y no la crisis, como se nos quiere presentar-.
Recientemente, y tras negarlo por todos lados, la vicepresidenta económica ha dicho que la subida de impuestos, el lunes espero hablar de ella, recairá en la amplísima clase media. Y el problema es ahora saber, una vez eliminados los poderosos y las SICAV, qué es la amplísima clase media que va a pagar el desastre de gestión –y no la crisis, como se nos quiere presentar-.
Porque si resulta que la renta media de un hogar español es de 24.500 euros (en 2007), hay más de cuatro millones de parados y un 63% de los asalariados cobran menos de 1000 euros: ¿dónde está esa amplísima clase media?
Pero además, lo interesante de todo es cómo se emplea el eufemismo. Hoy mismo, el diario El País, enfadado tras la TDT de pago que esta vez no les benefició, se burlaba del gobierno por ello. Pero le faltaba algo: el empleo general del gobierno de la palabra “solicitar”. Y así solo cabe la pregunta: ¿nos lo solicitan o nos obligan?
Espero ansioso a un fiel militante socialista, pues sé que los hay que aún piensan y están avergonzados, o a uno de esos que antaño tanto defendían a Zapatero para que haga pedagogía. Sería tan bonito.
viernes, septiembre 04, 2009
MIL CIEN
El discurso político se divide tradicionalmente entre derechas e izquierdas –aunque casi todos en la cotienda electoral sean de centro-. Nosotros sin embargo, y no solos, hemos defendido que la politica profesional ha generado una oligarquía que ya lo único que busca es perpertuarse al margen de las ideologías: mantenerse en el poder por miserable que sea este. E incluso hemos defendido algo más: que este proceso es independiente a la voluntad de los individuos como elementos aislados que participan de la política profesional. Por supuesto esta hipótesis hay que demostrarla.
En ciencia existe el concepto del experimento crucial: consiste en generar o esperar que ocurra una situación que o bien demuestre que la teoría es falsa o bien, al predecir lo que iba a ocurrir y que esto acontezca, verdadera. Hay un ejemplo famoso con el descubrimiento de Neptuno. Hay otro con la relatividad. En nuestra pequeña hipótesis sociológica sería que un hecho social relevante por su importancia en cuanto a indicador de la situación del país no tuviera la repercusión que se merece.
El hecho de que a algo no se le preste atención puede deberse a dos motivos. Tal vez, no sea importante. Pero, también, tal vez no interese que sea importante. Es decir, no siempre es el objeto el que prescribe su propia importancia sino que hay veces, muchas, que es el propio sujeto que tiene el poder de difundir el tema el que decide qué sí es importante y qué no. La información diaria está llena de casos así, pero este verano ha ocurrido uno que consideramos paradigmático. Efectivamente, se ha publicado un informe, con muchos visos de seriedad, que señala que el 63% de los asalariados españoles ganan menos de 1100 euros al mes brutos -y brutos ni tan siquiera es neto-. Esto quiere decir que el 63 % de los trabajadores españoles ganan una miseria con la que les es imposible vivir en condiciones aceptables de comodidad. De hecho, yo gano el doble netas -y netas no son brutas- y no llego a fin de mes. Incluso a Esperanza Aguirre -que gana mucho más y es de derechas- le cuesta.
Pero esto que es sangrante no es aquí lo fundamental. Lo que más interesa a nivel informativo es que toda esta gente, el 63% de los asalariados, están desaparecidos informativamente. Pero no solo para la prensa, ocupada en Belén Esteban y en caso Gurtell que acaban siendo lo mismo, sino tambien para el discurso político. Y sin embargo tal magnitud de dato debería verse reflejado en la actividad política si fuera cierto que estos partidos tienen, al menos, una misión social. Pero si fuera, al contrario, cierta la hipótesis que presentábamos al principio de este aburrido texto, la noticia debería haber sido recogida efectivamente con absoluta indiferencia pues en ella nada fortalecería el poder que las propias organizaciones políticas persiguen. Es científico pues preguntarnos qué ha pasado.
En ciencia existe el concepto del experimento crucial: consiste en generar o esperar que ocurra una situación que o bien demuestre que la teoría es falsa o bien, al predecir lo que iba a ocurrir y que esto acontezca, verdadera. Hay un ejemplo famoso con el descubrimiento de Neptuno. Hay otro con la relatividad. En nuestra pequeña hipótesis sociológica sería que un hecho social relevante por su importancia en cuanto a indicador de la situación del país no tuviera la repercusión que se merece.
El hecho de que a algo no se le preste atención puede deberse a dos motivos. Tal vez, no sea importante. Pero, también, tal vez no interese que sea importante. Es decir, no siempre es el objeto el que prescribe su propia importancia sino que hay veces, muchas, que es el propio sujeto que tiene el poder de difundir el tema el que decide qué sí es importante y qué no. La información diaria está llena de casos así, pero este verano ha ocurrido uno que consideramos paradigmático. Efectivamente, se ha publicado un informe, con muchos visos de seriedad, que señala que el 63% de los asalariados españoles ganan menos de 1100 euros al mes brutos -y brutos ni tan siquiera es neto-. Esto quiere decir que el 63 % de los trabajadores españoles ganan una miseria con la que les es imposible vivir en condiciones aceptables de comodidad. De hecho, yo gano el doble netas -y netas no son brutas- y no llego a fin de mes. Incluso a Esperanza Aguirre -que gana mucho más y es de derechas- le cuesta.
Pero esto que es sangrante no es aquí lo fundamental. Lo que más interesa a nivel informativo es que toda esta gente, el 63% de los asalariados, están desaparecidos informativamente. Pero no solo para la prensa, ocupada en Belén Esteban y en caso Gurtell que acaban siendo lo mismo, sino tambien para el discurso político. Y sin embargo tal magnitud de dato debería verse reflejado en la actividad política si fuera cierto que estos partidos tienen, al menos, una misión social. Pero si fuera, al contrario, cierta la hipótesis que presentábamos al principio de este aburrido texto, la noticia debería haber sido recogida efectivamente con absoluta indiferencia pues en ella nada fortalecería el poder que las propias organizaciones políticas persiguen. Es científico pues preguntarnos qué ha pasado.
Repasemos primero a eso que se llama agentes sociales. Lógicamente las organizaciones empresariales no se caracterizan por la defensa de sus trabajadores. de hecho ellas pagan esos miserables 1100 euros, así que el verano lo han dedicado a pedir el despido (aún más) barato y poco más. Pero esto no es grave pues aquí sí cumplen su función corporativa en la defensa de sus mezquinos intereses que consiste en la gente cobre, aun, menos de 1100 euros brutos mensuales. Es más grave, sin embargo, la actitud de los sindicatos ante este hecho y que ha consistido en el silencio. Mientras los sindicatos orquestan desde el privilegio de los trabajadores de la administración pública una campaña contra el gobierno del PP en Madrid, son sin embargo incapaces de realizar acción alguna ante los salarios que desde 1995 pierden poder adquisitivo. Al fin y al cabo, los sindicatos se han convertido, y tras el cambio en CCOO más, en un agente peronista del PSOE y del gobierno Zapatero. Al carecer de relevancia social auténtica, por su baja afiliciación que en gran medida se debe a su escaso trabajo, los sindicatos tienen solo relevancia por su etiquetado institucional como agente social, a priori de cualquier realidad empírica. Así su supervivencia pasa ya por asumir ese papel político a expensas incluso de su auténtico deber en el conflicto laboral. Los sindicatos no son ya organizaciones sociales y se convierten en políticas: su finalidad es mantener su parafernalia organizativa.
¿Y los partidos políticos? Distingamos entre la derecha real y la autoproclamada izquierda.
El PP cree haber vislumbrado un filón con un mito: la clase media como mayoritaria. En aras de este mito todo hecho social desaparece si puede hacerle sombra: es lo que tienen los mitos. En España la clase media o no existe mayoritariamente o hay que asumir que el sueldo de 1100 euros y empleo precario es clase media con todas sus consecuencias. Como el PP no está dispuesto a lo segundo, porque debería enfrentarle a una determinada concepción económica, imagina una idílica clase media en barrio residencial y chalet adosado que se presenta falsamente como la imagen pública y más numerosa de España. Así, para el PP el 63% de la población asalariada está desaparecida.
El PSOE, a su vez, es un títere del que seguramente sea el peor gobierno de toda la democracia española. En seis años han logrado aumentar el paro hasta el récord y el número de personas que cobra esta miseria. No está mal.
¿Pero y la autoproclamada izquierda? Tal vez un ejemplo paradigmático nos sirva. En Cataluña gobierna una alianza que se autotitula catalanista y de izquierdas. Su espíritu paleto no vamos a discutirlo aquí. Pero sí su presunto espíritu izquierdista. Paradójicamente en esa misma Cataluña los asalariados que ganan 1100 euros han subido un 5% en los últimos dos años, bueno quizás antes ganaban aún menos, y el paro sigue aumentado. Sin embargo, ¿cuál ha sido la máxima preocupación de dicho gobierno regional? El estatuto. Mejorando las condiciones sociales, sin duda. Y por si alguien cree que nos dejamos llevar por un espíritu antinacionalista, que como personas que leemos libros anida sin duda en nosotros, valga una anécdota sobre ese gran referente de la izquierda nacional que es IU. Recientemente su coordinador general Cayo Lara asistió, con su uniforme y todo, a un encuentro con el rey -no el mago sino el de España-. ¿Y de qué le habló? Pues según él mismo contó luego de sus planes para instaurar la III República: un estadista sin duda, un hombre de proyección histórica. Alguien que salva su puesto.
Así, a nadie le ha importado el dato porque a nadie le importa la realidad social sino la interpretación oligarca de dicha realidad que les mantiene en el poder: cada uno el suyo. Y así, esos partidos políticos que están hoy en espacio público no son sino máquinas de perpetuación institucional. El experimento crucial está cumplido.
Pero incluso aún queda un fleco ¿Y ese 63% de asalariados, dónde estan socialmente? ¿Dónde protestan? Si políticamente están en el limbo de los justos, donde ni pinchan ni cortan para los partidos, socialmente son inexistentes como lobby por ellos mismos. Ese 63% está callado. Una vez estaba con mi hermana en el fútbol y 70.000 personas se pusieron a gritar al árbitro. Ella comentó: si todos estos hicieran lo mismo ante su situación laboral, esto sería otra cosa. Revisen ustedes en los últimos 10 años cuáles han sido las grandes manifestaciones populares donde la gente ha acudido en masa. Y echénse a temblar cuando descubran qué es el limbo.
martes, agosto 25, 2009
ALGO DE IDEOLOGÍA
Me levanto y bajo a Ethan Edwards, mi perro. Si puedo, vamos al parque. Si no, una vuelta rápida. Pero siempre acabo comprando el periódico. Y me sorprendo abriendo como primera página los deportes. Luego llego a casa y entro en internet. Y mi primera visita es a la página web de un diario deportivo. Es curioso, pienso cuando me doy cuenta.
Los profesores universitarios, bueno en realidad los coordinadores de universidad para la prueba de selectividad donde siempre están aquellos que tienen que hacer méritos para entrar en la enseñanza superior -llevarle el maletín hoy a alguien, hacer una ridícula reunión mañana- han decidido en Madrid que el año que viene el examen de filosofía será sobre 12 autores. No da tiempo a explicarlos, pero a la universidad le da igual: son una élite de provincias. Y tal vez los coordinadores por obedecer puedan pronto tener un puesto. Quizás. Pero en esto que estoy en verano haciendo los temas para mi página web La lechuza de Minerva y me toca ahora Marx, ya queda menos. Y explico, o lo intento, lo que es la ideología según este autor. Es curioso: un producto social que se impone sobre los individuos empujándoles a formarse falsas ideas sobre sí mismos y sobre el mundo. Tengo poco espacio en los temas. Apenas cara y media.
Soy una persona con suerte y con mucho tiempo fuera de mi trabajo asalariado, aunque no tiempo libre. Por fin miro los periódicos de información, algunos blogs y me informo de cosas. Y lo más curioso que siento es que, se lo confieso, nunca se me quita la idea de estar leyendo información deportiva sobre mi equipo o el contrario. Tal vez sea yo, tal vez sean ellos. O tal vez, es otra posibilidad, ya hayan definitivamente ganado.
O sea, ideología.
Los profesores universitarios, bueno en realidad los coordinadores de universidad para la prueba de selectividad donde siempre están aquellos que tienen que hacer méritos para entrar en la enseñanza superior -llevarle el maletín hoy a alguien, hacer una ridícula reunión mañana- han decidido en Madrid que el año que viene el examen de filosofía será sobre 12 autores. No da tiempo a explicarlos, pero a la universidad le da igual: son una élite de provincias. Y tal vez los coordinadores por obedecer puedan pronto tener un puesto. Quizás. Pero en esto que estoy en verano haciendo los temas para mi página web La lechuza de Minerva y me toca ahora Marx, ya queda menos. Y explico, o lo intento, lo que es la ideología según este autor. Es curioso: un producto social que se impone sobre los individuos empujándoles a formarse falsas ideas sobre sí mismos y sobre el mundo. Tengo poco espacio en los temas. Apenas cara y media.
Soy una persona con suerte y con mucho tiempo fuera de mi trabajo asalariado, aunque no tiempo libre. Por fin miro los periódicos de información, algunos blogs y me informo de cosas. Y lo más curioso que siento es que, se lo confieso, nunca se me quita la idea de estar leyendo información deportiva sobre mi equipo o el contrario. Tal vez sea yo, tal vez sean ellos. O tal vez, es otra posibilidad, ya hayan definitivamente ganado.
O sea, ideología.
miércoles, julio 29, 2009
JUNTOS COMO HERMANOS
Era una canción de misa en mis tiempos.
Y ustedes ahora recordarán como Zapatero apoyó la creación de una empresa periodística autoproclamada porgre como Público y La Sexta afín a sus intereses, y como le fue dando protagonismo en la guerra del fútbol. Pero lo interesante aquí es que al final la lógica capitalista, es decir: aquello que objetivamente está por encima de los intereses personales y que hace del capitalismo el gran sistema totalitario sin duda, se ha impuesto: La Sexta y PRISA harán su fusión. O diciéndolo de otro modo: el individuo no hace el sistema.
Y hoy, consagración, me sorprendo leyendo en las páginas de deportes de El País que el partido del Madrid lo transmitirá La Sexta. Impensable la pasada temporada, hoy información sin duda. Decía Marx que era el ser social el que determinaba la conciencia. Pero sin duda, era un maldito materialista. O tal vez, el mejor metafísico.
Y ustedes ahora recordarán como Zapatero apoyó la creación de una empresa periodística autoproclamada porgre como Público y La Sexta afín a sus intereses, y como le fue dando protagonismo en la guerra del fútbol. Pero lo interesante aquí es que al final la lógica capitalista, es decir: aquello que objetivamente está por encima de los intereses personales y que hace del capitalismo el gran sistema totalitario sin duda, se ha impuesto: La Sexta y PRISA harán su fusión. O diciéndolo de otro modo: el individuo no hace el sistema.
Y hoy, consagración, me sorprendo leyendo en las páginas de deportes de El País que el partido del Madrid lo transmitirá La Sexta. Impensable la pasada temporada, hoy información sin duda. Decía Marx que era el ser social el que determinaba la conciencia. Pero sin duda, era un maldito materialista. O tal vez, el mejor metafísico.
viernes, junio 19, 2009
¡TRABAJARÁN EN AGOSTO!
La presidente del Tribunal Constitucional ha dicho que no descarta habilitar agosto para lograr una sentencia sobre el estatuto de Cataluña: desde el año 2006. Eso está bien. Lo siguiente sería habilitar enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Y así, conseguir llegar a algo. Pero vamos poco a poco.
lunes, junio 15, 2009
32 AÑOS DE DEMOCRACIA
Hay cosas que de vez en cuando hay que recordar. Una de ellas es que alguien como yo puede escribir sin problemas en España solo desde hace 32 años. Porque hace 32 años se celebraron las primeras elecciones generales en España tras la muerte del dictador. Y porque, aún hay que recordarlo, no hay democracia sin elecciones ni partidos.
Es solo memoria histórica.
Es solo memoria histórica.
sábado, junio 13, 2009
(autoproclamada) IZQUIERDA (realmente idiota y paleta)
El reciente fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid se puede analizar de muchas maneras: lo haremos. Pero se nos ha adelantado un diputado de la autoproclamada izquierda para realizar una pregunta, nada más y nada menos, en el Congreso sobre este tema. No está mal. Es, sin duda y como corresponde a un diputado de la autoproclamada izquierda alternativa, un análisis de la realidad socioeconómica muy sesudo: cristianismo medieval mendicante que ni el propio San Francisco de Asís –con más dignidad sin duda pues él no cobraba esto- hubiera mejorado mientras hablaba con los pajaritos –o los pajarracos y aprovecho para pedirles que vean la lúcida historia en la película de Passolini-. Pero tiene sin duda algún problema.
Es que corrijo selectividad ahora y no tengo tiempo, pero todo esto no refleja sino la visión ñoña que tiene del capitalismo esa autoproclamada izquierda -que se siente moralmente superior mientras ella misma, en sus distintos cargos, cobra estupendos sueldos alejados a su vez de la realidad social-. Así que me comprometo, una vez más, a intentar explicarme pronto.
Pero no puedo, de verdad que no puedo, dejar de decir esto: que el preocupado diputado de la autoproclamda izquierda que va a hacer esto es de ICV, o sea, no sólo es de izquierdas sino además catalanista –ellos mismos se definen así, yo les llamó simplemente paletos-. Y que por tanto, hasta ahora, no le ha preocupado lo que gana un futbolista aunque ya debía saber que Messi, del Barcelona, percibe ya ocho millones y medio de euros, solo en sueldo, y por quinta vez le van a revisar el contrato para subírselo seguramente por encima del de Cristiano Ronaldo. Pero esa despreocupación, claro, ha sido hasta ahora. Porque resulta que llegó Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid, cuyo capitán no lleva la bandera regional en su brazalete, y ya sí le interesa. Conmovido, sin duda, por el hambre en África y la injusticia.
Es que corrijo selectividad ahora y no tengo tiempo, pero todo esto no refleja sino la visión ñoña que tiene del capitalismo esa autoproclamada izquierda -que se siente moralmente superior mientras ella misma, en sus distintos cargos, cobra estupendos sueldos alejados a su vez de la realidad social-. Así que me comprometo, una vez más, a intentar explicarme pronto.
Pero no puedo, de verdad que no puedo, dejar de decir esto: que el preocupado diputado de la autoproclamda izquierda que va a hacer esto es de ICV, o sea, no sólo es de izquierdas sino además catalanista –ellos mismos se definen así, yo les llamó simplemente paletos-. Y que por tanto, hasta ahora, no le ha preocupado lo que gana un futbolista aunque ya debía saber que Messi, del Barcelona, percibe ya ocho millones y medio de euros, solo en sueldo, y por quinta vez le van a revisar el contrato para subírselo seguramente por encima del de Cristiano Ronaldo. Pero esa despreocupación, claro, ha sido hasta ahora. Porque resulta que llegó Florentino Pérez a la presidencia del Real Madrid, cuyo capitán no lleva la bandera regional en su brazalete, y ya sí le interesa. Conmovido, sin duda, por el hambre en África y la injusticia.
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