miércoles, julio 12, 2006

UN JUEGO (PEQUEÑO) PARA PROGUES Y DE IZQUIERDAS/2

Decíamos en nuestro escrito anterior que algo fallaba en la entrevista, ya sólo fijándonos en las preguntas. Y que eso que fallaba, para nosotros muy importante, era un síntoma de aquello en que se está convirtiendo la izquierda, aunque no sea nuevo y tenga que ver con, curiosamente, la lectura socialdemócrata y leninista del pensamiento de Marx.
Si releemos las preguntas, un total de 32, notaremos algo asombroso. La primera y única llamada a la conciencia, es decir: al juicio moral, se da en la pregunta 30 en la que explícitamente los entrevistadores la señalan al hablar de la eutanasia. Y así, de todos los temas que trata la entrevista, muy bien explicitados por D. Pocholo en su comentario, el único que merece la apelación a la moral es aquel que no se refiere a política. ¿Qué significa eso?

Pues la cosa parece clara. Que la distinción entre política –referida a la vida pública de la gestión exclusivamente- y moral –referida a la vida personal y privada- se admite de suyo. Y por eso la conciencia sólo aparece al hablar de la vida privada, pero no al hablar de la cosa pública (la política). Y así se admite, a su vez, el viejo ideal liberal: la distinción entre vida privada y vida pública (en cuanto política) y, con ella, la distinción entre el mundo social y la vida personal (el mundo interior ese que tiene todo el mundo menos, ya es triste, uno mismo).

Así, la moral aparece como un asunto personal, alejado de la practicidad que debe imperar, ¿por qué?, en la política. Y todo ello desde la lógica de la gestión. Porque lo que aparece en la entrevista es la nueva, aunque como ya dijimos al principio no tan nueva, izquierda: prágmática en política, avanzada (presuntamente) en moral.

Pero, tampoco avanzada en moral. Porque al hacer de ésta un asunto privado destruye, precisamente, su fuerza. Aunque eso, ya, otro día.

1 comentario:

Pedro Pelija dijo...

Tela marinera de rizamiento del rizo. Esto es buscar los cuatrocientos ochenta y siete mil trescientos doce coma nueve, partido por raiz cuadrada de cinco, pies al gato.