sábado, septiembre 16, 2006

INMIGRANTES/3: DERECHOS Y DEBERES

¿Cómo integrar a los inmigrantes? Antes de nada debemos contestar a una pregunta previa: ¿por qué hay que integrar a los inmigrantes? Porque la respuesta a esa pregunta es la clave de la integración. Es decir, primero habría que contestar si hay que integrarles o no, si tienen dicha obligación ellos además, y luego dar la razón de esto.
En primer lugar pues habría que ver si debemos integrar a los inmigrantes, es decir, socializarles en nuestro modelo. Si se defiende un multiculturalismo no se entiende muy bien por qué habría que integrar a alguien pues todas las culturas tendrían el mismo valor. Así pues, desde la perspectiva de una ideología multicultural no cabría la imposición de la integración pues tan válida es una como otra cultura y cualquier intento de integración no sería sino una especie de imperialismo encubierto. O diciéndolo de forma directa, la cultura del islamista es tan valida como la del occidental y no se entendería muy bien, por tanto, la necesidad de su integración (que siempre implicaría, necesariamente, la pérdida de esos valores culturales propios). Por tanto, el multiculturalismo, cuyo referente filosófico sería hoy el relativismo cultural tan en boga entre la autodenominada izquierda, no podría ni querría exigir al inmigrante que se integrara.
Una segunda opción, y ya partidaria de la integración, es la de que los inmigrantes deben integrarse por respeto a las costumbres propias del país de acogida. La idea clave sería la de la idiosincrasia nacional, cuya parte fundamental sería precisamente la costumbre, que se supone esencia de la forma ser (catalán, vasco, español,…).
Sin embargo, estas dos posturas aparentemente enfrentadas tienen un mismo fundamento pues en ambas no se sitúa el valor en la racionalidad o no de las culturas y costumbres sino en la idiosincrasia del pueblo y demás zarandajas pseudorománticas. Así, se cumple, en ambas, la falacia naturalista: lo que es es lo que debe ser. Si la costumbre es esa, por ejemplo hacer castillitos humanos absurdos con niños en lo alto o bailar levantando la pierna izquierda en lugar de la derecha, es porque la costumbre debe ser esa en ese territorio y por lo tanto los seres humanos que allí viven deben cumplirlas. Y por ello, ambas teorías, tanto la multicultural como la nacionalista, tienen un marcado carácter totalitario pues es el hecho social, independientemente de cualquier otra condición, la que se impone sobre los individuos.

No obstante, nosotros también defendemos no solo el derecho sino la obligación, así de fuerte, que tienen los inmigrantes de integrarse. Pero, no sería por supuesto desde la visión, tal y como pretenden los nacionalistas, de la costumbre y la idiosincrasia de un pueblo (patochada que no esconde nada más que la barbarie paleta). ¿Entonces por qué deberían según nuestra opinión integrarse?
Nosotros vivimos en, con todos sus defectos, una sociedad democrática. En ella, la palabra clave no es súbdito, ni patriota, ni compadre ni tribu sino ciudadano. Y creemos que eso es no solo un término legal sino, y esencialmente, un término moral. Ser ciudadano es moralmente superior a ser súbdito o miembro de una tribu y la democracia es superior moralmente a cualquier otra forma de gobierno actualmente existente. ¿Quiere esto decir que la democracia occidental es perfecta? No, por supuesto pero sí que es moral, intelectual y en cuanto a forma de progreso humano superior a las otras formas de gobierno existentes en la tierra –y por ello, paradójicamente, más responsable y culpable del estado del mundo-. La sociedad capitalista occidental, así de claro, es moralmente superior al resto porque es la única que encierra en sí una promesa que ni ella misma cumple: la libertad humana. MIentras que en el resto de sociedades la promesa de la libertad ni existe, subyugada por el colectivo cuando no por memeces religiosas, el capitalismo desarrollado la lleva traicionada. Y además, ofrece las condiciones de desarrollo para cumplirla. Precisamente los inmigrantes tienen la obligación de integrarse por eso, es decir: porque tienen la obligación moral, como cualquier otro ser humano, de buscar conseguir su autonomía y uno de los motivos que frena dicha búsqueda es su cultura, por llamarla así, anterior. Las culturas, sociedades, de procedencia de los inmigrantes son inferiores a la nuestra por la sencilla razón de que no son potencialmente democráticas y es este el auténtico discurso de izquierdas.
Así, no se debe hablar por tanto de la posibilidad de la integración sino de la obligación moral de los inmigrantes de integrase en democracia porque lo que se quiere para los hijos blancos se debe desear, a no ser que uno sea racista, para cualquier otro ser humano. Así el inmigrante tiene la obligación de integrarse en una sociedad democrática y esta tiene el derecho y el deber de exigirle esa integración pues se trata de un problema moral, no de costumbres, donde podemos decir que se debe obligar a ser libres. Y este ser libres implica romper con ciertas costumbres barbáricas, que pasan desde la ablación hasta el velo musulmán, y pasa por la obligación del estado de no respetar bajo ningún concepto aquellos comportamientos que van contra la libertad y contra la democracia. Por ello, cabe exigir la superación de las mal llamadas cultura gitana, si no inmigrante sí barbárica donde la tribu sobre el individuo, islamista o sudamericana. Si se cree realmente que los inmigrantes son iguales que nosotros, e imagino que se cree, no se puede permitir que sus hijas sean humilladas con el velo, que conduzcan sin seguro o que hagan de un parque una aldea barbárica de mercadillos varios. Porque lo que está en juego no es algo así como nuestras costumbres, sino la pervivencia de la esperanza que la Ilustración trajo para un mundo libre. También para ellos.

3 comentarios:

Miguel dijo...

Bravo.

Marchante dijo...

Completamente de acuerdo.

Hilda dijo...

Sí señor,ha dado en el clavo.
Ahora solamente queda conseguirlo