lunes, febrero 04, 2008

TOTALITARIOS Y CÓMPLICES

Las manifestaciones auspiciadas por el poder suelen tener un aspecto, no siempre bien es cierto, entre ridículo y patético y bastaría para certificarlo recordar aquellas realizadas por el dictador en la Plaza de Oriente. La acontecida el sábado 26 de enero en Bilbao no escapa a ninguna de las dos cualidades: ridícula y patética. Y con un lema que, cuando menos, es genial en su literalidad: en defensa de nuestras instituciones. Obsérvese algo: ya no se defiende la democracia, la libertad, o cualquier otra idea, sino nuestras -ya posesivo- instituciones: el puesto de trabajo del nacionalismo vasco y del tonto útil IU-EB.

Es bonito defender las instituciones cuando son las nuestras y no las de todos. Así, han salido a la calle en Bilbao, siempre tan callada la ciudadanía nacionalista y los tontos útiles ante otras cosas, para defender lo suyo: su gobierno y, los tontos útiles, su consejería -curioso: la de urbanismo-. Pero, este escrito sería en sí demagógico, nos estamos dando cuenta, si no comenzáramos a argumentar. Porque la indignación moral está bien para aquellos que se sienten por encima de lo real, pero no debe ser usada por quienes pensamos que somos gente que está por debajo, subyugada, por la realidad. Y así: ¿qué ha tenido de repugnante moralmente la manifestación de Bilbao?

Podríamos argumentar las razones que han llevado a tanto ciudadano nacionalista, y los tontos útiles, a manifestarse por sus instituciones. Pero siempre es mejor, al menos así creemos, cederles a ellos la palabra para analizar sus razones. En efecto, si vamos a criticar a quienes estuvieron es porque vamos a criticar sus razones. Comencemos.

Comienzan su artículo los autores con lo que podríamos pensar iba a ser una interesante polémica jurídica.
¿Cómo interpretar que los principios interpretativos de un tribunal puedan exonerar de responsabilidad penal a un banquero (…) y que ese mismo tribunal olvide sus propios criterios y condene a tres representantes públicos? ¿Cómo entender que tras, un sobreseimiento de la causa y dos sentencias absolutorias se retuerza la lectura jurídica de un caso hasta alcanzar la condena?

Excelente, pero lástima que la interpretación jurídica no se haga. O dicho de otro modo, lástima que no se nos explique por qué esto está mal. Ni lo negamos ni lo admitimos: solo queremos que se nos explique por qué los autores del artículo creen que se ha hecho eso. Pero, cabrían aquí dos posibilidades: o bien nosotros, es lo que tiene la gente que no se dedica a la política y al bien común, no lo entenderíamos, con lo cual sería absurdo explicarlo; o bien, no merece la pena su explicación por la evidencia. La primera es rara: uno siempre espera que nos den una oportunidad para demostrar que en el fondo somos gente espabilada que incluso podemos votar (y a veces incluso tan espabilados que nunca votaríamos nacionalistas ni tontos útiles); la segunda es terrible: evidente es aquello de lo que no se puede dudar. ¿Podemos dudar de que la sentencia sea injusta? Hombre, yo incluso puedo llegar a pensar de que es justa (y a lo mejor la injusta es la de Botín). Pero yo soy rarito…

Pero el artículo sigue, tal vez porque esté mal escribir un artículo tan corto.
¿Cómo comprender que, todo el mundo se equivoca (…) salvo la escabrosa y montaraz “verdad jurídica” de un sindicato ultraderechista, antisistema y de dudosa reputación democrática? ¿Cómo creer en la independencia de un tribunal que no ha detenido su actuación hasta alcanzar el objetivo condenatorio en un ejemplo palmario del dicho popular de quien “la sigue la consigue”?

Aquí la cosa se complica. Obsérvese algo. En primer lugar se niega la posibilidad de que alguien pueda tener la verdad por sus antecedentes. Esto no nos parece muy racional: la verdad está en argumentos no en la forma de ser de las personas. Por ejemplo, nosotros podríamos decidir que quien gobierna con la derecha racista vasca y con quien se muestra tan equidistante entre las víctimas del terrorismo y sus asesinos no puede decir nada interesante y acabar así el artículo, pero consideramos que la verdad está en la argumentación y no en las personas. Sin embargo, los abajo firmantes ya han puesto un argumento ad hominen: si el sindicato es de ultraderecha no puede tener razón. Pero bueno, yo no soy tan de izquierdas.

Pero lo mejor viene luego. Pues se afirma que el tribunal no ha detenido su actuación hasta alcanzar el objetivo condenatorio -creo que eso se llama acusar de prevaricación- sin prueba alguna. Nada se demuestra de esto en el artículo, pero da igual: resultará evidente especialmente si uno es vasco-vasco o, en su defecto, tonto útil. Sin embargo, no lo es para mí: pero, ya saben, no soy verde, lo cual como profesor y a mi edad es un alivio, ni rojo.
La Sentencia del Tribunal Supremo (…) es, sin duda alguna, una de las decisiones más graves y de mayor alcance que representantes de un poder del Estado han protagonizado contra la voluntad democrática de la sociedad vasca (…).

La cosas mejora. Obsérvese como si el tribunal condena la acción de unas personas determinadas que se niegan a cumplir una sentencia, los autores del artículo presentan dicha sentencia como una decisión contra la voluntad democrática de la sociedad vasca. Lo divertido es ver cómo la figura política se convierte en voluntad democrática: el cargo personal es así pastoreo evangelizador. Atutxa es un político profesional, cobra, que tiene un cargo profesional, cobra, y la sentencia le dice que no ha cumplido el cargo. Sin embargo, los autores hacen la trampa: si salgo elegido debo ser inviolable en mis acciones pues soy representante popular para todo. Mire usted, no. Una cosa es que el parlamento sea la representación popular y otra, bien distinta, es que cada acción suya y de los políticos profesionales que lo conforman sean la representación popular. Pero, incluso hay otra cosa: en democracia auténtica la ley está por encima de los políticos y sus acciones. Por eso, precisamente, es democracia. El hecho de que quienes están por encima en la división social del trabajo tengan que respetar a su vez leyes es una garantía de democracia.

Pero donde se ve que a estos señores les falta o sosiego o lecturas, es cuando se señala lo de
Decisión grave no por el impacto personal - que también- que la decisión del Tribunal Supremo español contiene, sino por la intromisión, desafuero y deslegitimación que supone contra las instituciones vascas, y especialmente contra el Parlamento Vasco, órgano legislativo de la Comunidad Autónoma Vasca , cuya independencia, autoorganización y legitimidad ha sido saboteada por la interferencia de un poder ajeno, contraviniendo no ya la separación de poderes sino su esencia diferenciada marcada en el ordenamiento jurídico vigente.


Resulta, cuando menos, asombroso. Obsérvese que primero se acusa de que la acción judicial proviene de un poder ajeno y luego se añade que eso es saltarse la división de poderes. Pues, habría que explicar que eso es precisamente dicha división: poderes ajemos entre sí se interfieren para que ninguno sobresalga. La división de poderes busca el equilibrio al, precisamente, dividir el poder entre entidades ajenas. O dicho de otro modo: sin poderes ajenos no hay división de poderes ni estado de derecho. Porque para que haya división, es decir: separación, lógicamente los poderes deberán ser distintos. Pero, esto igual es muy complicado de pensar para quienes cargan sobre sus hombros la tarea, bien remunerada, de representar a la ciudadanía vasca y a la ciudadanía vasco –creo que me he liado un poco-.

Y ellos siguen:
Decisión de gran alcance ya que, por el momento, la capacitación sancionadora que el Tribunal Supremo ha asumido, ha atropellado una de las instituciones comunes que los vascos refrendamos a la hora de establecer nuestro vínculo de convivencia en el Estado español, al amparo del título octavo de la Constitución y su desarrollo en el Estatuto de Autonomía de Gernika.


De nuevo el truco caciquil: las personas son las instituciones (cosa posible en Cuba, pero no en una democracia). Y otra cosa interesante. Porque se señala algo así como que los vascos -¿y las vascas?, uy, uy, uy…- han decidido unirse a España. Pues mire usted, no. Las provincias vascas son España por historia, podrían ser Francia o incluso un lugar donde el Bilbao ganara al fin la liga, pero no lo son por votación. O sea, los vascos no han votado su unión con el resto porque entonces, en regla de tres, el resto podríamos votar nuestra unión con los vascos – y aquí no ponemos las vascas por cortesía y para evitar freudianos lapsus lingüísticos-.

Decimos “por el momento”, ya que mucho nos tememos que esta última actuación judicial politizada, jaleada por quienes desean abortar el autogobierno vasco, sea la antesala de nuevas iniciativas arbitrarias, revestidas de un soporte jurídico indefendible, que tengan como horizonte próximo la condena del diálogo político y como consecuencia práctica la sanción e inhabilitación de la máxima institución del país, del Lehendakari de Euskadi

¿Quién ha condenado el diálogo político? En democracia, que uno sepa, el diálogo político se da en el parlamento y en la calle y se da en toda España (incluida la comunidad vasca, por tanto, aunque menos allí en la calle por miedo a ETA y sus cómplices). Pero tal vez, los autores defiendan que debe haber un diálogo político entre partidos fuera del parlamento y, por tanto, fuera de la soberanía popular porque quizás allí, con sus poquitos votos, IU-EB pueda tener mayor peso: aunque sea gobernando, ¿ya lo hacen no?, con la derecha.

Pero todo sigue. Con posterioridad, en el artículo es tonto pero largo, se acusa a todo el que no esté de acuerdo con los tres firmantes, independientemente de la causa del desacuerdo pues no tenemos derecho a réplica, de complacencia y afinidad con los objetivos definidos por esta estrategia de justicia politizada. Somos malos y, antes de hablar, ya se sabe la razón de nuestros argumentos. Pero, sin duda, lo mejor viene al final cuando los tres ciudadanos vascos –por cierto, ¿qué es eso de no cumplir el cupo femenino?- vuelven a repetir que la sentencia del supremo va contra la voluntad de la ciudadanía.
Nuestra voz se alza para denunciar una estrategia que nos conduce al derrumbe de la democracia. (…)Las instituciones que hoy se erosionan por la vía judicial son el fruto de la voluntad de la sociedad vasca. Voluntad que hoy y mañana se seguirá expresando para decidir su presente y su futuro. Con ese afán, en defensa de la legitimidad, de la dignidad de las instituciones vascas y de sus representantes, y como respuesta cívica de un Pueblo que exige respeto a su voluntad democráticamente expresada, convocamos a toda la ciudadanía vasca a manifestarse pacíficamente el próximo sábado, día 26 de mayo, a las 18.00 horas, por las calles de Bilbao.

Es decir, que el incumplimiento de la legalidad en el cargo, por el cual se cobra de acuerdo a dicha legalidad, resulta que es un ejercicio de voluntad ciudadana. Y el político profesional se transforma así en la representación del pueblo en todos sus actos –pura demagogia aún cuando sea de un pueblo que se remonta a, como mínimo, 7000 años- y por tanto intocable. Es pura demagogia. Es puro fascismo.

El viernes acabó el programa Aquí hay tomate. En un momento dado uno de los periodistas basura que lo presentan dijo algo así como que si nos metiéramos con el programa nos meteríamos con la gente que lo ve. Tenía razón: el programa es basura. Y la manifestación fue convocada con una consigna moralmente repugnante y unos argumentos ridículos salvo para una cosa: seguir viviendo bien (incluso los tontos útiles gobernando con la derecha) en el silencio cómplice. Y es cierto, si nos metemos con sus convocantes asumimos que criticamos a los presentes: totalitarios y cómplices.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bravo!

Don Ricardo dijo...

Dos cosas, don Enrique:

Cuando se insulta al prójimo, cuando se dan lecciones de moral, cuando se hacen aseveraciones, hay que asegurarse de que se está diciendo la verdad. Salvo que lo que se esté haciendo sea mentir con clarísimo ánimus iniuriandi.

Miente usted, y sabe que miente cuando dice que EBB ostenta la consejería de Urbanismo. Eso es falso, y puede usted comprobarlo en la web del gobierno vasco. EBB ostenta la consejería de Bienestar Social y Vivienda, que se dedica a la promoción de vivienda pública, con bastantes buenos resultados.

Las competencias urbanísticas están en la consejería de Medio Ambiente y Ordenación del territorio.

Es un error relativamente importante en sí mismo, pero cuestiona su credibilidad, ya que pone de manifiesto que habla usted sin comprobar antes si la información de que dispone es cierta o no.

Ello por no hablar de la inmoralidad de la insinuación que hace usted de corrupción urbanística dirigida contra EBB, una insinuación que está tipificada como delito en el Código penal, ya que si se acusa a alguien de un delito, sin pruebas se está cometiendo delito de calumnias.

¿Qué aporta esa insinuación de corrupción económica a la opinión política que sostiene en su escrito?

Espero dos cosas: respuesta y disculpas públicas por la acusación falsa.

Supongio que no habrá ninguna de las dos cosas, pero yo las espero.

Enrique P. Mesa García dijo...

Tranquilidad, D. Ricardo:
Es verdad que IU-EB no tiene la consejería de Urbanismo y ahí metí la pata. Ya está reconocido.
Ahora vamos a lo segundo. Es asombroso que usted decida siempre qué quiere decir el otro. Fíjese, pensaba que se iba usted a enfadar por lo de cómplice (creyendo que me refería a ETA y su entorno cuando en realidad me refería al totalitarismo del nacionalismo vasco) y ahí tenía yo ya hasta pensada la respuesta. Sin embargo, se ha enfadado usted por una frase breve puesta entre guiones y que hacía referencia a la curiosidad que me causa el que IU-EB haya cogido esa consejería y no otra. Y no decía nada más. Le explico mi intención: me resulta curioso que quien gobierna con la derecha extrema (¿le suena?) y se autoproclama de izquierdas en una situación como en la que está esa región no pidiera la consejería de interior, la de justicia o, eso aún más curioso, la de educación. Tengo una teoría sobre por qué dejó que le dieran otra cuando por su posición de fuerza podía haber logrado lo que quisiera, pero, fíjese, no va por donde usted dice sino por una cusa estrictamente política interna -de partido- y externa -de opinión pública-.
Ahora bien, reconozco que a quien se mueve en ambientes pòlíticos de forma asidua una frase no explicada como esa pudiera llevarle a pensar que me refería a un tema tan de boga como es el de la corrupción urbanística. Así que ahí sí que reconozco que debí explicarme mejor.
Y vamos a tres. Usted apoyó en su blog la manifestación totalitaria de Bilbao y vinculó el artículo de marras aquí analizado. Me resulta asombroso que gaste su tiempo en escribir en este blog y no hable para nada de los argumentos expuestos. ¿Por qué? Bueno, tal vez porque usted mismo, una vez pasada esa indignación moral que tanto daño está haciendo a su publicación, comprendió que no había mucho que decir ante tamaño disparate. Y conste que señalo "tal vez" porque yo, al contrario de su costumbre o la asombrosa capacidad que contaba usted recientemente de las camamareras que le sirven el desayuno, no soy capaz aún de leer en la mente.
Y ya para acabar una cosa (y ahora sí puede indignarse). Todo el artículo acababa diciendo que eso era pura degogia, puro fascismo y que había totalitarios y cómplices. Totalitarios son los que quieren acabar con el estado de derecho (el nacionalismo vasco) y confunde permanentemente gobierno con sociedad y siempre a favor del gobierno y cómplices son aquellos que les apoyan autoproclamándose luego de izquierdas. Se trata, en fin, de pura miseria política y, por tanto, de pura miseria moral.

Don Ricardo dijo...

Emitidas las disculpas en los dos puntos que señalé en mi demanda, y aceptadas. Sin embargo, estoy convencido de que el tema del urbanismo no ha sido tan inocente como usted quiere hacernos ver, porque, aunque es seguros que usted quiso decir lo que dijo, lo dejó dicho de forma ecueta de manera intencionada. Si alguien le pedía explicaciones, ya las daría. De lo contrario, ahí queda la acusación de corrupción, que contra el enemigo totalitario vale todo.

En cuanto al fondo de su artículoo, que no hace falta que me lo explique, porque lo entiendo, pues qué quiere que le diga: hemos discutido el tema muchas veces, y ni usted va a cambiar mi postura, ni yo la suya, así que ahí lo dejo. En mi bitácora tiene usted numerosos escritos en los que se explica mi postura.

E insisto, para hacer ese razonamiento político no hace falta echar sobre nosotros sospechas corrupción urbanística, que es, probablemente uno de los pocos males políticos de los que no se nos puede acusar con razón.