jueves, noviembre 06, 2008

¿CRISIS DEL CAPITALISMO?/2: LIBERALISMO E IZQUIERDA

Hay un dato llamativo en la obra de Marx: la diferencia del inicio entre el Manifiesto Comunista (1848) y El Capital (1871). En el primero, Marx y Engels comienzan hablando de la lucha de clases; en el segundo, Marx inicia el libro por el análisis de la mercancía. ¿Por qué? La idea que se barrunta en Marx es absurda por arriesgada: el capitalismo es un sujeto. Es decir, no existen realidades que al unirse formen el capitalismo siendo este su resultado socioeconómico –la sociedad de clases, la propiedad privada, la explotación,…-, sino que el capitalismo es el que conforma cada fragmento de realidad. O dicho de otro modo: el capitalismo es la totalidad a priori. Pero este a priori no debe entenderse en sentido temporal sino como fundamento. Así, los elementos sociales solo adquieren sentido en tanto en cuanto son estudiados en referencia a esta totalidad. Por supuesto, los intereses fragmentarios permanecen e incluso deben ser explicados ciertos hechos concretos, ya políticos o ya sociales, de acuerdo a ellos -como hemos hecho aquí en referencia a determinados temas al hablar de las élites en los partidos políticos, la política lingüística o el cupo femenino- pero no se puede aplicar al análisis de la totalidad como tal. De esta forma, desde el capitalismo entendido como sistema, se puede dar sentido a los fragmentos que, a su vez, pueden explicar fenómenos aislados pero no puede ocurrir lo contrario pues los fragmentos nunca explicarán la totalidad. Se funciona necesariamente, al analizar los fenómenos de las sociedades capitalistas, por abstracción de lo general a lo particular y no por inducción: no es lo empírico lo real sino la fundamentación abstracta que ha llegado a ser.

Lo que distingue a la filosofía moderna -a partir de Descartes- de la filosofía antigua -la anterior y dejando al humanismo renacentista como intermedio- es, sin duda, la idea de sujeto. En la segunda -el mundo clásico y la edad media- el sujeto es meramente entendido como una realidad académica en la explicación del conocimiento: sujeto es el que conoce y objeto es lo conocido formando todo parte de una realidad que los trasciende ya sea la Physis -naturaleza- y su logos ya sea la creación y Dios. Así, el sujeto podrá tener una importancia en la teoría del conocimiento pero ninguna en la metafísica, el estudio de la realidad y su fundamento. Sin embargo, en la filosofía moderna, y paradójicamente en la propia teoría del conocimiento, aparece una tesis trasgresora: el pensamiento piensa ideas. Detrás de esta aparente evidencia tonta se esconde, sin embargo, un principio radical de escisión: el sujeto posee algo irreductible a la realidad circundante, su mente o su yo, que le hace ser distinto a todo lo demás pues su capacidad más radicalmente humana ya no le conecta con lo real sino consigo mismo. O dicho de otro modo, el sujeto se separa de la realidad al ensimismarse y su racionalidad ya no está en el logos o en Dios sino en su propio ser autoconsciente. Y el objeto, la realidad exterior, se presenta a su vez como algo que debe adaptarse a ese mismo pensamiento pasando a ser objeto de dominio. De esta forma, la Modernidad tuvo que reinventar todo el proceso racional del conocimiento -ciencia, ingeniería, política, economía, arte,...- pues debía reconstruir el mundo a su imagen y semejanza. Y la pieza clave era el sujeto.

El liberalismo es encantadoramente ingenuo. Tiene un cierto aire de cuento infantil que enternece. Según su teoría, la totalidad no es sino la suma de sus partes. Así, la realidad social se conforma en la suma de individualidades y sus acciones y por eso el máximo político es el contrato. Pero se trata de ideología. Efectivamente, la ingenuidad del liberalismo es no distinguir claramente entre ideal y realidad. Lo que presentó realmente el liberalismo fue un deber ser -cómo debía ser la sociedad: un lugar para el libre desenvolvimiento de los individuos- y no una explicación de la realidad existente. Así el liberalismo funcionó como ideal revolucionario y progresista en principio, y precisamente por su carga de ideal, pero, en cuanto las condiciones sociopolíticas cambiaron con la revolución industrial, el liberalismo se convirtió en ideológico al pretender que el ser, la sociedad capitalista aún ya en sus comienzos, era el deber ser, el lugar para la vida libre.

Pero sería ingenuo pensar que esto pilló por sorpresa a la propia teoría liberal. Efectivamente, el liberalismo llevaba en sí el germen del dominio en su asociación con el empirismo. Ciertamente la renuncia de este a la idea de sujeto como esencia, frente al racionalismo continental, permitía a aquel, al liberalismo, mantener las relaciones comerciales ajenas a los factores éticos cuando ya Kant había marcado que los seres humanos no podían ser tratados como medios. Así, si los individuos eran solo individuos -y no sujetos lo que implicaría que no podían ser medios para otra cosa como ganar dinero, por ejemplo- podían libremente entrar en el contrato mercantil. De esta forma, cuando el liberalismo se libró del sujeto, merced al empirismo, se libró de un problema.

La izquierda política, al principio, realizó una inteligente acción: diferenciar el programa de mínimos del programa de máximos. El segundo era el ideal, el primero era el conjunto de una serie de reformas encaminadas a cumplir ese ideal y que se exigían en un breve lapsus temporal debido a las ínfimas condiciones de existencia. Una de las prioridades de este programa mínimo eran las relaciones entre clases sociales y mejorar las condiciones de existencia de la clase trabajadora. El mejor ejemplo fue la lucha por la jornada de ocho horas: ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y –lo más hermoso- ocho horas de educación. Para ello, hubo de presentar un discurso de corte empirista basado en la presencia de actores concretos y principales: capitalistas y trabajadores, pues la negociación exigía tal simplificación. Esta división, en un principio metodológica, tuvo éxito social, es decir, logró mejorar sustancialmente las condiciones de existencia, y ello le llevo a acabar tomando consideración filosófica absoluta: el capitalismo era el resultado de la acción de los capitalistas en su empeño en explotar a los trabajadores. Así, el análisis liberal, que se basaba en la suma de individualidades para dar sentido a la totalidad, pasó a la izquierda quien, supuestamente, estaba en contra del liberalismo. Todo el discurso izquierdista, desde la socialdemocracia hasta el marxismo-leninismo, acabó siendo empirismo liberal en el fondo: defensa de un análisis inductivo de la realidad y de que el capitalismo no era sino la unión de intereses de la clase empresarial frente a los intereses de los trabajadores. Todo, de esta forma, tenía una explicación elemental de la cual, paradójicamente, no se dudó, al tiempo que se iban profesionalizando partidos y sindicatos, a pesar de su simpleza: había unos malvados capitalistas -hoy son el FMI, el Banco mundial o las empresas multinacionales- que dominaban la realidad frente a las personas. Todo simple, todo evidente, todo ñoño. Pero superguay para la manifa que se podía reducir en un lema y que se hacía justo después de la jornada laboral, ahora sí de ocho horas, y ya nunca en día festivo pues se dedicaba ese día a descansar tras la obligada marcha de la noche nada educativa. La autoproclama izquierda -ahora sí autoproclamada y no cuando en el siglo XIX eran heróicos trabajadores, y esto hay que decirlo muy alto, que se jugaban la vida a pesar, o tal vez por ello en otra paradoja, su simpleza ideológica- había abandonado la filosofía para distinguir el mundo entre buenos y malos, entre, con un lenguaje entre ridículo y presuntamente directo, capital y trabajo. Daba igual que el capitalismo se hubiera convertido en algo diferente a su desarrollo decimonónico o que las condiciones reales exigieran una nueva reflexión. Igual que el liberalismo, el pensamiento de la autoproclamada izquierda mantenía un discurso que venía a simplificarse en que el capitalismo eran el conjunto de empresarios y sus instituciones que explotaban a los trabajadores. Y si el liberalismo resaultaba ideológico, la autoproclamada izquierda lo era, y lo es, también. Y con ello culpable.

Las simplezas funcionan bien y eso ya lo sabían los nazis. La gente está dispuesta a salir incluso a la calle en manifestación -siempre que no sea un día festivo, claro, y menos que haya puente- para luchar contra los malvados empresarios que identifican con su jefe. No se trata, por supuesto, de que su jefe o los empresarios sean inocentes, hay gentuza y hay buena gente aunque en la relación laboral abunden claramente los primeros, sino que la lucha contra el capitalismo no es eso. El barrunto de Marx, volvamos al principio, no era gratuito. La lucha de clases no era ya la clave del capitalismo -es decir: el capitalismo y su explotación habían superado su etapa infantil en la que era posible identificarlo con cierta clase social y con los empresarios o los ricos- sino la mercancía. El capitalismo, así, había superado la fase de ser un mero sistema económico.

Pero, entonces, ¿qué es el capitalismo?

4 comentarios:

luces dijo...

Estimado Profesor Mesa,

acabo de leer una frase de Rodríguez Ibarra en la entrevista que aparece en el suplemento 'Domingo' de El País, y aunque ésta no sea la vía más adecuada, me gustaría preguntarle por su opinión, si tiene a bien escribir sobre el asunto. A mi me parece una frase a la que usted sabría sacar todo el jugo:

"Yo creo que el proyecto socialdemócrata tiene un futuro esplendoroso. En 1989 se hunde el comunismo, y en 2008, el capitalismo; lo único que queda es la socialdemocracia." (Rodríguez Ibarra dixit)

Entrevista completa aquí

(También podría comentar acerca de la respuesta que menciona a Fraga...)

Un saludo de una lectora habitual que no se prodiga en comentarios.

Anónimo dijo...

Absolutamente de acuerdo con usted en el análisis del desarrollo histórico de la humanidad desde los albores de la revolución industrial.

Absolutamente de acuerdo en el análisis del Capitalismo como un Sistema-Todo, como un Fundamento-Todo, como la realidad devenida en Ser, como el Ser realidad.

Discrepo en dos aspectos. El primero y más importante es en que su pensamiento enuncia una serie de fases del pensar lineales, sucesivas, globales y únicas en cada fase. Y ese es el problema principal porque no nos permite pensar en plural. Por mucho que desde que el pensamiento devino Metafísica el Fundamento-Todo jerarquiza lo real, funda y constituye la realidad (es así como el Capitalismo se conforma en Ser, en Fundamento-Todo de la realidad)... ¿no lleva, aún a su pesar, -y por ello también la necesidad de la violencia congénita continua en su auto-imposición-, dentro, internamente, a los otros posibles que alguna vez han sido pensados? No me refiero a los otros Fundamentos-Todo anteriores ya fagocitados y ya superados -idénticos en ese caso a él-. Sino a otros pensar no devenidos en Metafísica, no pensados y, por tanto, no auto-pensados como Fundamento-Todo jerarquizador y constitutivo de lo real, fundador de una Realidad-Una -distintos en ese caso unos de otros y complementarios por necesidad e irreductibles dialecticamente (me refiero a la tesis-antítesis-síntesis Hegeliana). Son estos los que permiten romper la linealidad temporal, la violencia de la imposición de la ilusión de progreso hacia un fin que nunca llega y nunca llegará en verdad. Son estos los que rompen el Pensamiento-Uno del Fundamento-Yo, del Sujeto sumo hacedor de identidades todas iguales a sí mismas y sin valor por intercambiables.

Porque claro, es ese olvido sitemático -no casual, no inocente como se puede suponer obviamente- del pensar, del pensamiento devenido en Metafísica el que provoca que parezca que todo lo que no es lineal, progresivo, finalista (teleológico) no es más que utopía (etimológicamente: un no-sitio). Ya supone Usted que este es el segundo aspecto discrepante. Su identificar pensar sólo con Metafísica; su pensar sólo inserto dentro del Fundamento-Uno, pues todos sus escritos necesitan la linealidad, el progreso continuo, la finalidad teleológica, y por tanto lo único idéntico a sí mismo sin ningún otro diferente para poder ser comprendidos; su no dejar por tanto espacio para ser a los otros y pensar sólo en únicos (en cada época analizada todo se explica por la existencia de algo uno y no hay otros posibles existiendo a la vez), así pues sus escritos nunca se abren a la pluralidad, de ahí su necesidad de constreñir siempre cualquier cosa a una sola -¿le suena lo de su autoproclamada izquierda?-.

Pero hay vida más allá del tiempo lineal y el progreso infinito hacia un fin inalcanzable en su esencia, hacia la nada devenida en esencia. Los otros siempre estuvieron, están y estarán ahí. Lo múltiple irreductible aún sobrevive la violencia de lo uno metafísico. En los vertices de los tiempos flexionados sobre sí mismos, en unos iguales pero no idénticos a sí mismos. Siempre estarán en los decires de los poetas que en verdad son poetas, que son poetas - etimológicamente: creadores- de verdad.

El Sanfe.

P.D.: siento la inclinación en exceso a ciertas abstracciones. En aras del pensar, si hay que aclarar, se aclara lo pertinente. En aras a la poesía... ya saben aquello de que "sólo lo que perdura lo fundan los poetas".

P.D.: ¿ven sus señorías como cuando el Sr. Mesa quiere sabe predicar en positivo? Lo digo por la pregunta final, reflejo de apertura. El único espejismo de apertura y pluralidad en el texto.

Enrique P. Mesa García dijo...

A ver:
1.- Doña Luces (lo pongo en femenino por la palabra y disculpe si me equivoco), a ver si esto le sirve a usted: El fracaso de la socialdemocracia. De todas formas, es un tema muy interesante, así que aporte.

2.- D. El Sanfe: oiga, explíquese mejor. De todas formas, creo que no entiende usted, al menos omo yo la entiendo, la idea de sujeto. Pero, es que es muy largo. Por lo pronto, la idea de sujeto es contraria al teleologismo.

Anónimo dijo...

Posiblemente no, Sr. Mesa, sino que seguro no la entiendo igual. Para empezar porque asumo que mi información y preparación filosófica es incompleta y fragmentaria y al tener usted más conociemiento en ese campo, seguro tiene una idea más formada en ello, en el concepto "sujeto". No me vendría nada mal una clase para aprender un poco más sobre ese tema. Pero esto no es posible en el foro-blog suyo, claro está. Espero alguna vez pueda usted ampliar mi horizonte en ese tema o recomendarme alguna lectura sobre ello. Me encantaría conocer más, y si es desde su optica mucho mejor, completaria otras visiones que me ofrecieron en tiempos pasados.

En los dos primeros párrafos de su exposición habla de como el Sistema Capitalista se conforma en Fundamento y en el segundo sobre el concepto de sujeto. Si no entiendo mal, y no estoy equivocado, lo que se produce en realidad es que ese Sujeto es el Fundamento, se produce una identificación entre Sujeto y Fundamento. Esto es, decir Fundamento y decir Sujeto es igual e idéntico. Creo sinceramente que el texto dice eso, o al menos eso es lo que yo interpreto y estoy de acuerdo en ello. Cuando yo pienso Sujeto, lo pienso así, por tanto el Capitalismo es ese Fundamento y ese Sujeto tal y como usted los explica en los dos primeros párrafos.

Mi discrepancia venía a raíz de que dentro de ese Fundamento-Sujeto sí hay algo que puede romper su auto-realización constante necesaria en Ser Fundamento-Sujeto identico a sí mismo imponiendo un Ser a la realidad entera, a la "phisis" toda (simpre que pienso en la traducción del término griego "phisis" pienso en realidad y no el reduccionista, aunque etimológico, "naturaleza"). Eso son los otros distintos y plurales, otro pensar no lineal-temporal, no progresista finalista, no Fundamento-Sujeto.

Quizá habría que matizar por qué entiendo el Funamento-Sujeto como dentro del Mito del Progreso hacia un Fin, por tanto teleológico, por tanto Metafísica. Pero creo que dentro de la filosofía eso es lugar común, que precisamente cobra predominio con el ascenso del pensar ilustrado.

Puede que esté equivocado y que no asimilase correctamente ciertas lecturas y enseñanzas. No estaría mal usted ponderase lo apropiado o no de mi discurso. Como yo no lo entiendo, por ejemplo, es el sujeto como individuo. Otra cosa es que los individuos para pensarnos o predicarnos tengamos que pensarnos como sujetos, pero quizá eso sea otro ámbito totalmente distinto del concepto de sujeto.

No sé, quizá en algún momento debería conectar con rigor y seriedad todas estas cosas en un escrito. En mi cabeza, al menos, el cuadro está pintado. Erróneo. Puede ser. Pero no estoy seguro que tanto.

El Sanfe.