jueves, enero 12, 2012

LA NUEVA ECONOMÍA/2: ¿EL FRACASO DEL KEYNESIANISMO?

Una vez analizado el fracaso liberal ante la nueva economía, pasamos a analizar el keynesianismo. Se observará, confío yo en mis lectores, que aquí no aparece en referencia a él una afirmación sobre su fracaso, sino un interrogante. Porque frente a lo que se pregona no vivimos el fracaso del keynesianismo sino su desarrollo que implica, y no paradójicamente, su fin: curiosamente como neoliberalismo.

El keynesianismo tiene tres pilares básicos. El primero es la intervención del estado tanto en la regulación legal de las actividades económicas como en la intervención directa productiva, a través de empresas públicas u obra pública, o indirecta, a través de financiación. El segundo, es una política económica que se basaría en poder mantener un déficit para activar la economía y en políticas de devaluación e inflacionistas. El tercero, se basa en la importancia de la demanda, el consumo para entendernos, como clave de la actividad económica. Así, la realización o no de estos puntos citados anteriormente como característicos de la teoría a analizar nos darían la clave del fracaso o el éxito del keynesianismo en la actualidad.

Comencemos por el principio. La primera característica del keynesianismo es la intervención del estado en la economía. Esta puede ser directa, cuando interviene a través de la industria o las finanzas, o indirecta, cuando interviene a través de la política regulando la acción económica mediante leyes e instituciones.

¿Interviene el estado en economía? Bueno, vayamos primero con la distinción indicada anteriormente. De forma indirecta el estado interviene claramente en la economía ya no solo a través de la regulación con leyes, sino directamente imponiendo medidas a través de organismos supragubernamentales a gobiernos soberanos. Efectivamente, podríamos decir que en este aspecto el keynesianismo está, también, globalizado. Así el núcleo de organismos internacionales con poder económico de imposición de medidas, y no solo de regulación, no solo no ha bajado sino que se ha visto reforzado con la crisis. Desde el FMI, pasando por el Banco Mundial y llegando a la propia UE, el keynesianismo ha triunfado.

Pero, ¿y en la intervención directa? Aquí cabría una importante distinción. Es cierto que el estado ha dejado de intervenir como entidad industrial y baja su ritmo como prestador de servicios -en otro artículo posterior veremos como esto se relaciona con el neoliberalismo- sin embargo, su intervención directa en la economía sigue desarrollándose. Efectivamente, la espléndida concesión económica a las entidades financieras, en España y en el extranjero, señala, por ejemplo, que el estado no ha, ni mucho menos, abandonado la producción económica. Así, el estado se convierte en un agente económico fundamental: keynesianismo duro.

Pero enlazando con esto va otro punto fundamental como es la política monetaria. Es cierto que la devaluación de la moneda ha desaparecido -excepto en China a través de la conversión del yuan- del horizonte económico de las potencias, pero también lo es que los bancos centrales y sus actuaciones -en términos de tipos de interés y compra de deuda- ocupan un lugar primordial en la economía. Los organismos gubernamentales, globalizados o no, realizan así una política financiera y monetaria de primer orden siguiendo el modelo de Keynes.

Sin embargo, donde sí el keynesianismo ha sido eliminado es en la idea del déficit del estado. Efectivamente, uno de los puntos básicos de la teoría de Keynes era la posibilidad de mantener un déficit público, sobre todo en tiempos de crisis, resultado de esa intervención estatal para reactivar la economía. Pero, por partes. Efectivamente, es importante ver que las ayudas financieras estatales aparentemente no se cuentan en dicho déficit, sino solo los servicios sociales que serán, ya lo han sido, recortados. Y esto es importante porque así la pelea contra el déficit no es en realidad contra un estado económicamente interventor, sino contra un estado como servicio público. Y ya veremos que esto deriva en un punto básico del neoliberalismo. Es decir, no se trata de estar contra el déficit público, sino en contra de que el estado ocupe una parcela de negocio.

Por último, queda por analizar el punto principal de la demanda, el consumo, como base de la economía.

Primero, conviene aquí aclarar un error. El keynesianismo no es lo mismo que la socialdemocracia. Para esta, la idea clave es el aumento del nivel de vida y como consecuencia un aumento de la demanda que activa la economía. Sin embargo, el keynesianismo es distinto: la idea clave es el aumento de la demanda que conlleverá, o no, una mejora en la calidad de vida. Así, el keynesianismo no tiene como condición necesaria el estado del bienestar ni tan siquiera un alto nivel de vida de la población. Efectivamente, puede haber economía keynesiana sin estado de bienestar, EEUU sería un ejemplo, y el nivel de vida no es un imperativo moral sino una táctica para la demanda interna.

Lo que sí es cierto ahora es que en los tiempos de crisis que vivimos, que implican una bajada del consumo, la idea de que la economía dependa de la demanda es un absurdo. Es más, la tendencia a la bajada del nivel de vida en ciertos países de Europa, y con ello de su consumo, y la permanente petición de la oligarquía a la mayoría para que nos apretemos el cinturón parecería indicar que se acaba esa importancia de la demanda. Sin embargo, esto es un error.

Ya hemos tratado aquí este tema de forma más extensa, por tanto presentaremos un resumen. La idea clave de todo esto radica en el volumen de la demanda y su sustitución. Los países emergentes, con China a la cabeza, suman una población tal que con que una décima parte de la misma adquiera capacidad de consumo, es decir: condiciones para una vida digna de subsistencia económica, pueden sustituir con creces a la parte occidental depauperada. Pero además, esta nueva sociedad consumidora sería una clase oligárquica en sus países, frente a la clase popular occidental, y consciente de sus privilegios que apoyaría, sin dudarlo, a la propia oligarquía occidental. Es decir, la demanda no bajaría, incluso aumentaría, y además la homogeneidad de los intereses sociales de los demandantes aumentaría. Y es ahí donde aparece el neoliberalismo.

El keynesianismo no ha muerto, solo se ha transformado. Y lo curioso es que le ha salido un hijo del que maldice pero es un triunfador. Efectivamente, la nueva economía tras la crisis presenta un claro vencedor: el neoliberalismo. Pero lo presenta de forma curiosa. Primero, porque el neoliberalismo no es solo un desarrollo del liberalismo, que lo es al tiempo que su traición, sino que a su vez es una adaptación del keynesianismo al interés de la oligarquía social -nota: por si acaso, ya en este blog hemos negado que se pueda hacer un análisis del capitalismo desde una perspectiva de clases sociales y de lucha de clases-. Y segundo, porque cabe preguntarse si el neoliberalismo es una necesidad del desarrollo del nuevo capitalismo o no. Así, hablar hoy del keynesianismo implica, por la idea de estado como agente económico, analizar el neoliberalismo. Pero eso, otro día.

7 comentarios:

ElSrM dijo...

Me interesa este tema del Keynesianismo y del Neoliberalismo.

Y me asombra la potencia del análisis filosófico: a través del mismo se es capaz de ir comprendiendo (y, por tanto, también criticando y proponiendo cambios) cosas tan específicas y dispares que suelen estudiarse en profundidad como ciencias o disciplinas separadas, verbigracia, la Economía, el Derecho, el Periodismo, la Política...

Pero no puedo, por estar en medio de exámenes, dejar otro comentario/s más extenso ahora :-(

Sólo un apunte de memoria. J.M. Keynes defendía, entre otras cosas:

a) ciertas condiciones o limitaciones al Comercio Internacional, con el objetivo de que no perjudicase a la economía nacional (en cuanto a cantidades y precios, que también son salarios para el factor productivo L o trabajo). Esto chocaría, en tanto que Keynesianismo, con la adoración que parecen tener algunos estrategas occidentales al vigente sistema chino. Chocaría con la mundialización oligárquica en lugar de una mundialización humanizada. Y es algo, precisamente, criticado por economistas keynesianos actuales (tales como Rifkin, Stiglitz, Krugman...).

b) que los aumentos del PIB (o de cualquier otra variable análoga que mida la producción económica) conseguidos a través de la mejora técnica (en sentido amplio) se repercutieran en los trabajadores a través de mejoras en su capacidad adquisitiva (lo cual puede lograrse vía incrementos salariales {precio del trabajo} y/o descensos de la carga laboral {cantidad de trabajo}). Si no se hacía así, el nivel de desempleo crecería y la Demanda se contraería, entrando la Economía en Recesión y, después, Depresión. Que es adonde vamos ahora. El propio Keynes calculaba que hacia el futuro, su futuro, que precisamente es hoy, deberíamos estar trabajando todos aprox. entre 15 y 25 horas semanales ordinarias si queríamos tener pleno empleo. Imaginemos las mejoras personales, sociales y económicas para todo individuo que eso implicaría. De lo contrario, el desempleo crecería enormemente y, de ahí, se entraría en las fases económicas contractivas que decíamos. Estas medidas de reparto equilibrado (del aumento de la ganancia en la producción económica gracias a la mejora técnica) entre el factor L (trabajo) y el K (capital) son defendidas con insistencia p.ej. por el economista keynesiano Jeremy Rifkin, en su ensayo "El fin del trabajo".

Sobre las cosas que nos expone, haría algún apunte más.

Vicenç Navarro, economista keynesiano y socialdemócrata (socialista en democracia) español, catalán, nos relata que las discusiones económicas en los EE.UU. se dan principalmente entre keynesianos (mucho más presentes que en Europa; aunque según los medios de información y persuasión de masas sea aquella tierra pródiga en liberales) que entienden que el impulso al PIB ha de ser prioritariamente por la Inversión estatal en el complejo militar-industrial (por usar la célebre denominación pronunciada por el Gral. y Pte. Eisenhower), esto es, keynesianos militares y entre keynesianos sociales, quienes entienden que el impulso a la producción económica ha de hacerse prioritariamente mediante la Inversión estatal en Servicios Públicos de Estado del Bienestar.

(...)

ElSrM dijo...

(...)

Visto a) el efecto multiplicador (el llamado multiplicador keynesiano) del uso de la Inversión Pública, de la Política Fiscal y del Consumo; b) vista su reflexión llamando a no confundir el Keynesianismo (las tesis económicas de Keynes) con la Socialdemocracia (el Socialismo en Democracia) y, c) finalmente, visto mi párrafo precedente: me pregunto si podríamos concluir que puede darse Keynesianismo sin Socialdemocracia pero no Socialdemocracia sin Keynesianismo. Que puede darse Keynesianismo sin Socialismo creo que queda claro cuando hablamos ya de esos keynesianos militares yankees (en mi frase eran de allí, pero, por supuesto, los habrá en todos lares). Lo que no me queda tan claro es si el Socialismo (Estado del Bienestar y, yendo algo más allá, incluso aquella formulación tricéfala del programa del Pte. Olof Palme: Democracia Política, Democracia Social, Democracia Industrial {a esta última yo preferiría llamarla hoy Democracia Económica}) puede realizarse sin recurrir, aunque no con exclusividad, claro está, a ciertas técnicas económicas desarrolladas por la escuela keynesiana.

Me doy cuenta de que tengo que repasar su escrito sobre Capitalismo y clases sociales. Creo (de memoria; sin revisar) que eran aquéllos textos en los cuales razonaba que, a partir del Fordismo, si no antes, ya no deberíamos hablar de explotación de clase social, aunque subsistiría (es, además, patente) la dominación de clase social.

Hace poco vi una conferencia de Vicenç Navarro López en la cual defendía que sigue existiendo explotación de clase. Al dar la definición, empero, daba la que aquí hemos usado como definición de "dominación de clase" y no la que aquí usábamos como de "explotación de clase". Es decir, que estaríamos de acuerdo en el contenido, aunque no lo estuviéramos en los términos.

Podría mirarse, por otra parte, si mediante la dominación de clase no se está consiguiendo, además, otra especialidad de explotación de clase, algo parecido. A ver si consigo explicar lo que se me ha ocurrido.

No tendríamos ya, decíamos, un sistema político-económico en el cual unas clases sociales viven en buenas condiciones materiales a costa de la extracción exclusiva del beneficio económico producido por otras. En la actualidad, todo individuo de toda clase produce beneficio económico, bien mediante el trabajo, bien mediante el consumo y/o bien mediante la inversión...

Pero quizá también podría considerarse como una suerte de explotación de clase el hecho de que algunos pocos individuos, situados social y económicamente en ventaja respecto al resto, haciendo uso de las posibilidades derivadas de su posición ventajosa, viesen aumentadas sus condiciones materiales de vida en una magnitud superior a la del beneficio económico que producen directamente por sí mismas, al mismo tiempo y como condición suficiente y necesaria de que el resto de personas vean disminuidas sus condiciones materiales de vida respecto a las que experimentarían si percibiesen todo el beneficio económico que ellas producen. Es decir: de la dominación (política) de clase social, quizá, si no voy errado, podríamos considerar que se derivaría una suerte de explotación (económica) de clase social.

A diferencia de la definición anterior, no obstante, aquí no habría extracción exclusiva del beneficio económico de otros. Pero, sin ser exclusiva, seguiría habiendo una extracción del beneficio generado por esos otros individuos, mediante la cual, unas pocas personas, integrantes de las clases sociales dominantes, de las élites socioeconómicas, estuviesen percibiendo y disfrutando una parte de la producción económica nacional mucho superior a la que estarían produciendo por sí mismas directamente. Es decir, no se explicaría esa diferencia al alza en el reparto de la riqueza nacional por sus propios méritos y actos, pero sí que se explicaría por las posibilidades que lleva aparejada su ventajosa posición socioeconómica de partida.

(...)

ElSrM dijo...

(...)

Podríamos hablar, quizá, de una explotación "mixta", si antes he usado la palabra "exclusiva". En sistemas económicos anteriores, un estamento social obtenía su parte de la riqueza nacional exclusivamente mediante una extracción a otros, que eran quienes producían económicamente. Ahora, todos las clases producen (también mediante el consumo y la inversión). Pero las clases dominantes además, por serlo, siguen extrayendo de lo producido por otras personas una parte de su fracción de la riqueza nacional.

Tengo la sensación de que he acabado hablando más de esto último que de lo anterior ^^'

Reciba un cordial saludo,

Enrique P. Mesa García dijo...

D. SrM: es usted admirable. Qué capacidad de trabajo. A ver si le puedo contestar.
1.- Lo del Keynesianismo y la socialdemocracia: yo estoy de acuerdo con usted en todo. Creo que no es lo mismo, pero pienso que el keynesianismo es un instrumento de la socialdemocracia. O sea, en su discurso sería que puede haber keynesianismo solo, pero no puede haber socialdemocracia sin keynesianismo.
2.- Lo de las clases sociales. A ver si me explico. Por spuesto hay una explotación de unas clases sobre otras, pero eso ya no es la esencia del capitalismo. Para explicarme sería que en todo sistema anterior era necesatia esta explotación mientras que en el captalismo es accesoria. De hecho, por si le interesa, de eso va el artículo próximo de esta serie sobreel neoliberalismo. Yo creo que la pregunta a responder es si el neoliberalismo es una necesidad del capitalismo o es una oportunidad de la oligarquía para lograr una aún mayor mejora social. Puede parecer una tontería, igual lo es, pero me parece un tema fundamental para reestablecer una izquierda reformista, es decir, ahora mismo políticamente posible.
Y una última cuestión. El análisis filosófico a veces está lleno de inexactitudes, y en este blog más que a veces, así le agradezco enormemente sus comentarios que me sirven para refinar mis argumentos.

Anónimo dijo...

Buenas tardes y saludos.

Muy interesante la disertación. Si no he entendido mal, sobre todo lo que analizan son las doxas y ortodoxias, las doctrinas económicas socialdemocrática, keynesiana y neoliberal.

Aquí hay más sobre las actitudes y las prácticas, que es al fin lo que transforma las realidades económicas:

"http://www.youtube.com/watch?v=gP591bZNc0I

Miliki de Varsovia dijo...

Decís que no puede darse socialdemocracia sin keynesianismo pero curiosamente es lo que venía intentando hacer la socialdemocracia (o así autoproclamada) en el gobierno hasta hace poco en España. Pero esta misma contradicción le ha llevado a perder las elecciones.
Por otra parte, no estoy de acuerdo con Mesa en identificar de manera tan amplia (o así me ha parecido entender) keynesianismo con intervención estatal en la economía. A mi modo de entender, se habla de políticas keynesianas en momentos de recesión, cuando la actividad económica decae y, como los keynesianos consideran que la demanda determina la producción, pues defienden que es en esos momentos cuando el estado debe llevar las riendas en el estímulo de la demanda aumentando el gasto publico (creando por ej. empleo público), subiendo los salarios, etc. En fin, son las soluciones que en el caso de España proponen keynesianos ante la crisis como Juan Torres, Vicenc Navarro y otros. Así que las intervenciones de organismos supragubernamentales como el FMI, que ha puesto Mesa como ejemplo de intervención estatal y por tanto de "keynesianismo", resulta que no son tal sino más bien "antikeynesianas" pues están centradas en la devaluación de la demanda interna, la atacan directamente, de ahí que se pueda hablar de la existencia de un antikeynesianismo. No hay más que ver que el caso de Grecia y las exigencias del FMI en aquel país a cambio del "rescate", antikeynesianismo puro.

Anónimo dijo...

Ke interesante tema pero me gustaria ampliar sobre un tema ke es interesantisimo para mi carrera EL LLAMADO NEOLIBERALISMO APOYADO POR LØS CLASICOS DE LÅ ESCUELA DE CHICAGO COMO RESPUESTAS A LÅ CRISIS O FRACASOS DEL KEYNESIANISMO