domingo, julio 08, 2012

ME GUSTA EL FÚTBOL (pero tampoco tanto)

El fútbol no es cultura. Por supuesto, tampoco es arte. Y es erróneo considerarle un deporte. El fútbol como cualquier otro deporte profesional, no es más que espectáculo. Como el circo.

Resulta aburrida la pretenciosidad de quienes pretenden convertir a 22 tipos en calzoncillos corriendo delante de un balón en un cúmulo de hechos intelectuales sin igual: el fútbol como representación cultural y con extraordinario valor para el intelecto. Esto, que comenzó en España con Valdano y ha llegado a su paroxismo con el ñoño club de fans de Guardiola, indica ya el fin del ideal de cultura como emancipación ilustrada. Efectivamente, lo que pretenden defender sus partidarios no es  la idea antropológica de cultura -que cultura es toda manifestación social con lo que Sálvame también lo sería- sino que buscan elevar el espectáculo de patada pa’alante y patada pa’trás -bueno, si es el  Barcelona o la selección muy frecuentemente también interminablemente a los lados- a un rango de obra de arte. Y ahí está lo falso. Pero no solo eso sino también lo reaccionario.

¿Reaccionario? Efectivamente.

El arte presenta dos aspectos fundamentales. En primer lugar como ideal busca superar la realidad: el arte es algo que trasciende lo cotidiano en cuanto a que la obra posee algo que va más allá de su mera facticidad  y su utilidad -nota: esto no se debe entender en sentido espiritual-. Un cuadro va más  allá de ser pinceladas de pintura, su hecho. Y lo hace trascendiendo la utilidad: es un ideal de lo que las cosas deberían ser.

En segundo lugar, el arte no reconcilia con la realidad sino con él mismo. De ahí que su comparación con lo real lleve al anhelo de que el mundo ojalá fuera así. Por eso el arte es triste.

Cuando yo voy a ver al Madrid, no espero ninguna de las dos cosas -aunque a veces Mourinho saca la alineación que le gusta y resulta, también, triste-. Ni tan siquiera, fíjense, cuando veo al Barça o a ¡Españaaa! Lejos de eso, cuando uno va al fútbol lo que busca es una reconciliación absolutamente positiva: quiere que gane su equipo y quiere que pierda el contrario -incluso a veces basta que pierda el contrario-. Así, la simpleza emocional que esto encierra lleva lejos el placer futbolístico del placer estético con el arte. El fútbol es simple en sí mismo, por eso  su realidad como mero entretenimiento, y hacerlo complicado es falsificarle y pedantear.

Y aquí entra, además, el segundo aspecto fundamental del fútbol: su carácter emocional e identificador. El desinterés no existe en el fútbol ni en su manera más nimia: uno va con alguien y no con quien lo haga mejor -aunque, pasa a veces, pueda reconocerlo y aplaudirle-. Esta emotividad a priori, antes de la función, vuelve a separarle del arte y al tiempo convierte a este espectáculo en, aunque no necesariamente, peligroso.

Lo separa del arte porque ahí la emotividad es ante la contemplación de la obra, a posteriori. Y lo hace peligroso porque puede acabar con la pura identificación: uno siempre debe ser fiel a su equipo en la fe de los borregos y sus balidos.

Por eso, si Guardiola y su corte son bobos por su aparente llamado intelectual, Mourinho y la suya son idiotas. La sempiterna llamada del portugués a la adhesión inquebrantable es el perfecto ejemplo de la identificación pura. Así, ya la negativa a la crítica aparece como la base de algo en que se busca convertir el futbol actual. Algo que se adelanta a la política para, como ya ha ocurrido, guiarla.

Efectivamente, y resulta curioso, el periodismo deportivo es, desgraciadamente, la vanguardia del periodismo actual: su escuela. La cerrazón de un periodismo deportivo decididamente hincha, por cierto especialmente en provincias, ha sido siempre la vanguardia de un periodismo político que ha ido imitando sus usos hasta llegar al desastre actual. Así, el forofismo político actual, en el cual hay periodistas y medios del PSOE y del PP y que escriben desde esa posición sus informaciones, empezó con el periodismo deportivo. El fútbol ahí también es desgraciadamente el futuro: maestro de la vida. Pero una vida cuyo magisterio lo recibe del fútbol debe ser una vida triste y limitada. No la queremos.

Además, si el fútbol no es arte ni cultura tampoco es deporte. Efectivamente,  yo no voy al estadio Bernabéu a ver a unos deportistas. Para eso iría a cualquier campo de futbol en el barrio o me miraría a mí mismo, tal vez embelesado, mientras corro con mi apolíneo estilo.  Cuando voy al fútbol voy a ver ganar a mi equipo, miente quien les cuente que él va a ver solo el partido, y también, y eso me separa del ultrasur imbécil y el rebaño hincha, a ver un espectáculo que no es solo ganar: quiero divertirme.

Y por eso, tampoco exalto la cantera. Si voy a ver un espectáculo quiero que estén los mejores artistas. Me da igual que sean turcos, congoleños, alemanes o de Móstoles: no soy racista. Si un canterano es bueno que suba al primer equipo; si un extranjero es bueno, le quiero ver.

Y como me gusta el fútbol tampoco aguanto la histeria de las celebraciones ni el patriotismo trasladado a un campo de juego. No me gusta ir a Cibeles a celebrar y no me gusta la histeria en torno a la selección. La repercusión de algo debe ser proporcional a su importancia. Es indignante que un telediario comience con fútbol y no con el bosón de Higgs.

Llevo 36 años de socio en el Real Madrid. Una vez estaba en el Bernabéu y el público se encrespó con el árbitro por una falta en el centro del campo. La gente pitó y pitó, cual lobo feroz, y mi hermana hizo un comentario: imagina toda esa energía para mejorar sus condiciones de trabajo.

Me gusta el fútbol, pero tampoco tanto.

3 comentarios:

Tucanovskaia Aiaksvonacut dijo...

Querido Enrique, estoy con tu hermana. Todo esto es antropologicamente lamentable. Yo sí estoy con las comarcas mineras (por motivos sentimentales, pero sobre todo racionales), pese a que para sobrevivir dependan de unos empresarios mafiosos subvencionados por un estado incapaz. Lee este artículo a ver qué te parece, aunque los que llevan alienados tantos años con este asunto del fútbol (motivos sentimentales y, por ende, irracionales) difícilmente son capaces de comprender sus nefastas consecuencias sociales.

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3460

Anónimo dijo...

¿No puedo disfrutar del fútbol si no tengo unas condiciones óptimas de trabajo? "Quien no haya vivido el dolor no conoce la dicha".

¿Por qué la gente ve los partidos de liga o los de otras competiciones en los que no juegue su equipo? ¿Por qué esa gente se puede alegrar de un gol si es bello sin importar qué equipo lo marque?

Anónimo dijo...

Siempre es válida tu opinión a cerca del fútbol y demás cosas, pero también sería considerable un respeto a esa gente de detrás de la portería.
Soy Ultra Sur, pero no por ello facha, violento, idiota o demás calamidades que se no atribuye. Como tu bien has dicho, vas al fútbol a divertirte, solo que mientras tu piensas lo mucho que detestas a Guardiola, yo lo hago público por medio de gritos.
Yo también voy al fútbol a divertirme, de una manera mas activa y "bruta", pero con un fin común, ver ganar a nuestro equipo.
Con todo esto quiero decir que, aunque tu veas a un montón de "borregos" gritando e insultando detrás de una portería, desempeñamos la misma función que tu, aunque está claro, más efusiva y con intención de motivar a los participantes del circo.

Si, soy Ultra y grito tanto por mis derechos como por mi equipo, que una y otra cosa las siento fuertemente ligadas a mi ser.