domingo, abril 12, 2015

LA DIVISIÓN DE LA IZQUIERDA

Con un panorama electoral próximo y tras el desastre social y económico del PP parecería sencillo para la izquierda ganar las próximas elecciones. De hecho, y según todas  las encuestas publicadas, al menos el 50% del electorado se reparte entre PSOE, Podemos e IU.
Miel sobre hojuelas: la izquierda gana.

Sin embargo, empezamos a sospechar, al final gobernará el PP. Y precisamente, lo que pretendemos contestar aquí es qué nos lleva a pensar esto.

Empecemos por algo obvio. Resulta interesante observar cómo en la derecha el control del PP es absoluto, como lo demuestra el fracaso de VOX en las peores condiciones posibles para el partido en el poder. Efectivamente, el PP aglutina un amplísimo espectro político que va desde la derecha tardofranquista hasta la neoliberal pasando por la democracia cristiana. Y da igual lo que haga, y mira que ha hecho, que el apoyo persevera.

Sin embargo, no resulta así -y en cierta medida afortunadamente- en la izquierda sino todo lo contrario. Admitiendo que el PSOE, hay que hacerlo, es un partido de centro y situándonos sólo en la izquierda política vemos cómo están IU, que ya es de por sí una coalición de partidos, EQUO, PODEMOS y, ahora, el futuro nuevo partido de Tania Sánchez -por cierto, qué mal jugó sus cartas-. Y lo interesante de esto es ver que en sus ideas y programas básicos, al menos en lo que se vislumbra pues la estrategia de PODEMOS, y ya veremos en el grupo de Sánchez, es no tener programa, no hay apenas diferencia entre unos y otros. Y la pregunta así surge inevitable
¿Por qué si no hay apenas diferencia tiene que haber para las mismas ideas una oferta tan extensa?

Precisamente lo que vamos a intentar explicar es esto. Y como vamos a hablar no solo de instituciones sino también de personas queremos dejar algo claro. No es relevante para el análisis si lo aquí descrito ocurre de forma consciente o no, si lo aquí presentado resulta fruto del egoísmo, la incapacidad o el más alto idealismo,  sino que lo que importa es que si realmente ocurre debe haber una explicación más allá de lo coyuntural o lo personal. La cuestión a responder es, por tanto, qué condiciones objetivas, fuera de conspiraciones personales, hacen que esto suceda.

Igualmente, es importante señalar que cuando hablamos en Sociología de condiciones objetivas no nos referimos necesariamente a condiciones materiales o empíricas, sino también al conjunto de creencias que conforman a un grupo social y le llevan a actuar de determinada manera de forma coherente. Por ejemplo, la ideología racista de los nazis explica coherentemente y de forma objetiva  el genocidio judío y que este no pasase a segundo plano priorizando el objetivo de ganar la guerra, como hubiera parecido normal a un observado imparcial.

Y ahora analicemos ¿Por qué la división extrema de la izquierda? Varias son las razones que lo explican. Y todas ellas siguen un hilo coherente.
       
En primer lugar, destaca como idea principal la concepción de la política y su función social. Para la derecha, la política es una subdivisión del poder económico ya detentado y cuya finalidad última es la gestión favorable de esta hegemonía social dada.  La política, por tanto, es un ejercicio subsidiario y cumple un doble papel: por un lado, debe mantener las condiciones para que esta hegemonía social no se reduzca e incluso se expanda; por otro, no debe interferir en su desarrollo económico. Así, la función social de la política para la derecha es conservar el statu quo de la situación de dominio y, como máximo ideal muy quijotesco, desarrollarlo. Sin embargo el ideal político de izquierdas es la transformación social -ya revolucionaria, ya reformista- de la sociedad. Así, la política cobra un papel extraordinario y primordial sobre cualquier otro hecho social como, por ejemplo, la economía la cual debe ser dirigida por aquella en aras del cambio. La función social de la política no es de servidumbre sino de dominio.

Y esta idea principal va a explicar en su desarrollo la división de la izquierda.

De acuerdo a su idea general de política, para la derecha el gobierno no sobrepasa el concepto de negociado. Efectivamente, si la derecha tiene una concepción de la política no como un medio de transformación sino de conservación de patrimonio entonces el máximo órgano de esta actividad no será sino parecido al albacea testamentario que preserva las posesiones  entre las diferentes generaciones familiares -nota: y de ahí la diferencia fundamental entre el antiguo liberalismo, que necesitaba ser revolucionario,  y el actual neoliberalismo, que ya puede ser conservador-. Así, el pensamiento de derechas lleva a la idea de que la política cumple el papel de junta gestora de los accionistas: el primer ministro  es el fideicomiso de la herencia recibida y por traspasar y carece, es que debe carecer, de la energía del líder pues su papel no en el de transformar la realidad sino exclusivamente  gestionarla de acuerdo a la idea de la rentabilidad. Y en rentabilidad el 1% es mucho. De esta forma, aquellos que se sienten brillantes no buscan la carrera política, reserva de los mediocres y funcionarios, sino el mundo de los negocios y la empresa: el ideal del líder. Piensen fríamente cuántos líderes políticos carismáticos de derechas, exceptuando claro está Rajoy, pueden ustedes recordar en, por ejemplo, los últimos cien años. Y ahora asómbrense porque para la derecha, tan huérfana,  Aznar es uno de ellos.

A continuación, piensen en líderes de izquierda y vean cómo su mente se llena de rostros -e incluso alguno puede estarlo en su camiseta muy, pero que muy rebelde-. Para la derecha el político no pasa del funcionario administrativo; para la izquierda es el líder. Efectivamente, la idea de política en la izquierda es primordial pues ella es el ideal de transformación social. Con ello, el gobierno, al igual que el partido, es un elemento prioritario pues es la cabeza de dicha transformación. Y esto se ve muy bien, como ya hemos señalado, en que mientras la derecha tiene en su héroe en al empresario exitoso, el héroe de la izquierda es el líder político.

De esta forma surgen dos elementos nuevos: el primero es la idea de líder; el segundo, la idea de pureza.

La idea del líder surge como desarrollo coherente –que no quiere decir necesariamente único- de esa defensa de la política como elemento fundamental. Efectivamente, si la función política es la fundamental, quien la lleve a cabo será el mejor. Así, para la izquierda el héroe es ese líder como para la derecha lo es el empresario exitoso, pero esto no tiene solo un matiz religioso, una relación exclusiva con la idea de mesianismo como equivocadamente se ha señalado a veces, sino que es coherente –aunque tampoco hubiera sido la única salida coherente- con el relato presentado. Por ejemplo,  hace poco, en las elecciones europeas el partido PODEMOS, formado sobre círculos y asambleas y etc, ponía en sus papeletas la foto del líder. Pero esto no debe entenderse solo como borreguismo, que también, sino coherencia: el líder es la mejor persona.

Y también coherente resulta la idea de superioridad moral. Como la izquierda se presenta a sí misma como transformación social frente a la injusticia, surge una idea moral de la política. Para la derecha, por su propia idea de política como gestión de la realidad, no existe una correlacion necesaria entre dicha gestión y un criterio moral. Y esto se observa claramente al ver cómo tras la II Guerra Mundial, y ante la necesidad la derecha de un criterio moral, se tuvo que echar mano de la religión para cubrir ese hueco con la democracia cristiana. Sin embargo, la izquierda en sus orígenes ya tiene una estructura moral pues ella misma surge contra la injusticia. De esta forma, la izquierda es intrínsecamente un discurso moral y, como consecuencia, se presenta a sí misma como superior moralmente  frente a la derecha que solo tiene una respuesta técnica. Y esto, a su vez, refuerza la idea de liderazgo pues el líder, héroe de la izquierda, es aquel que se preocupa por los otros frente al egoísta empresario, héroe de la derecha. Efectivamente, la política es lo excelso y quien se dedica a ella es el mejor tambien porque no busca su interés personal sino que se sacrifica por el de todos. De esta forma, quien se sacrifica es el bueno. Y así, en un proceso de retroalimentación, surge una visión moral -y moralista que no es lo mismo- de la política frente a la técnica de la derecha.

Y ahora por fin la respuesta: ¿por qué hay tal división de la izquierda?

Primero, porque al priorizar la idea de política sobre cualquier otra el más mínimo cambio en su contenido se convierte en sacrilegio: la política pierde su contenido racional y se sacraliza. Así, lo curioso es que la política ya no acaba respondiendo a la realidad, sino solamente a las ideas que se convierten en lo fundamental.
Segundo,  como las ideas son lo fundamental, y no la realidad, los acuerdos solo se pueden establecer sobre ideas. Pero, a su vez como las ideas son lo fundamental y no hay criterio para medirlas, pues la realidad ha dejado de ser clave,  no pueden cambiarse con lo cual se entra en un círculo vicioso donde la negociación es imposible.
Tercero, a su vez, como el líder  es el mejor resulta imposible que no sea líder lo que limita el acuerdo. No es que el líder sea un engreído, que también, sino que sinceramente se siente representante de las ideas y por eso no puede perder fuerza: él es las ideas y las ideas son sagradas. Conclusión: él, o ella, es sagrado.
Cuarto, y en resumen, cada grupo de izquierdas piensa que lo suyo es la Verdad; cada grupo de derechas piensa en la rentabilidad. Y la rentabilidad se negocia, la Verdad no.

Frente a la junta de accionistas de la derecha, donde el interés pegado a la burda realidad marca el acuerdo, la izquierda presenta sus altos ideales, donde la realidad queda desdibujada frente al proceso conceptual al que ya no le hace falta lo empírico de lo sublime que es. Por supuesto, sería injusto e ingenuo presentar la idea de la derecha como ideal a seguir, pero es también injusto para la realidad seguir viviendo en un mundo de ideales donde cada detalle impide el acuerdo para precisamente actuar sobre esa realidad. Y así mientras la izquierda discute la derecha gobierna.

7 comentarios:

POCHOLO dijo...

No entiendes nada de nada. Eres un ignorante. Me das pena.

Enrique P. Mesa García dijo...

D. Pocholo, yo también me alegro de volver a verle.

POCHOLO dijo...

No estoy aquí para hacer amistades, no me interesa. Me interesa la verdad.
Supongamos que al hacer un comentario de texto confundo a San Agustín con Nietzsche. Horrible ¿Verdad?
Esto es lo mismo: escribe un texto que es una aberración. ¿Cómo voy a reaccionar? Llevándome las manos a la cabeza. Puedo entender que otra gente sea imbécil, pero que usted se muestre tan cortito me molesta. Me enfada. ¡Pero que tonterías escribe este hombre!.

POCHOLO dijo...

El problema es que usted usa conceptos obsoletos. Habla usted de izquierda y derecha. Y esos conceptos ya no existen. Pertenecen al pasado. No al día de hoy. Esos conceptos eran útiles cuando había representación de los votantes en el Parlamento. Hoy eso no pasa. Entonces el concepto es obsoleto. No es correcto hablar de derecha e izquierda.
Nos situamos en la crítica al PP. No es algo que yo haga mucho porqué el PP no me interesa. Como no resulta de mi interés, pues no lo sigo. Pero a grandes rasgos: tenemos un partido que ha traicionado todo su programa electoral, que ha sido incapaz de abolir la ley de violencia de género, que ha sido incapaz de abolir el aborto. Un partido infestado de corrupción, cuyo principal valor parece ser: "coge el dinero y corre.".
Pero es que la "autoproclamada izquierda", porqué algunos usan los conceptos sólo como un chicle: es decir los mascan mientras les interesa y cuando no: los escupen y los tiran al suelo y se olvidan de ellos. Decía que la autoproclamada izquierda a la que podemos añadir, por añadir (Por ponerlo en algún sitio) el PSOE. No es mucho mejor: el PSOE favoreció la burbuja inmobiliaria tanto o más que el PP. Liberalizó el mercado de viviendas de alquiler, no reformó la Ley Hipotecaria, pactó con su supuesto "enemigo" la reforma express de la constitución para asegurarse de que la banca alemana no sufriera grandes pérdidas por la explosión de la burbuja inmobiliaria en España. E IU, que decir de IU. En Extremadura deja gobernar al PP a cambio de carguitos y subvenciones, en Andalucia lo mismo multiplicado por cuatro con el PSOE de los eres. En Cataluña, se arrima al sol que más calienta CiU y ERC, a cambio de puertas giratorias.
¿Diferencias entre izquierda y derecha?¿De que estamos hablando?¿Es que ha sido menos corrupto el gobierno andaluz del PSOE e IU que el gobierno valenciano del PP? Que no, borricos que NO, NO, NO y mil veces NO. Es que no os dais cuenta imbéciles, que estáis viviendo un fraude. Donde no hay libertad política NO PUEDE HABER DIFERENCIA SUSTANCIAL ENTRE IZQUIERDA Y DERECHA. Estáis encadenados en la caverna y véis sombras en la pared que tomáis como verdaderas.

POCHOLO dijo...

En España y en la mayoría de los países vecinos, los partidos políticos no son un intermediario entre la sociedad y el Estado. Los partidos políticos en España son parte del Estado, igual que es parte del Estado una consejería de Educación. El grueso de la financiación de IU proviene del Estado. Y su burocracia es burocracia estatal. La diferencia entre un trabajador público como EPMesa y otro trabajador público como Cayo Lara, radica en que EPMesa tuvo que superar unas oposiciones, mientras que Cayo Laya tuvo que presentarse a una votación. Pero los dos son trabajadores a sueldo de Mariano Rajoy.
Si Mariano Rajoy quisiese podría obligar a EPMesa o a Cayo Lara a pasar hambre.
Cuando un partido político se convierte en un órgano estatal su objetivo pasa a ser la superviviencia del Estado y no la defensa del sector social al que antiguamente, tal vez en el pasado algún día llegó a representar. El PP, el PSOE, IU, PODEMOS y los demás partidos son facciones del Estado, controlado en estos momentos por un Jefe de Partido que se llama Mariano Rajoy, que es el que reparte el dinero.
Si no hay libertad política, no puede haber democracia y lógicamente no puede haber diferencia sustancial entre izquierda y derecha. Ambas son lo mismo: afán de poder, afán de posición social y afán de enriquecimiento a costa del resto de la población.
La izquierda pierde porqué la distancia entre lo que es y lo que pretende ser es mayor de lo que se da en la derecha. Es más repugnante alguien que diciendo que defiende a los trabajadores favorece a los ricos; que alguien que diciendo que va a defender el orden y los valores católicos destruye ese orden y traiciona esos valores por dinero. La traición de la supuesta izquierda es mayor y más repugnante que la de la supuesta derecha. Aunque ambas hacen vomitar a las personas honradas de derechas y de izquierdas.
¿Cual es el problema del texto de EPMesa? Que utiliza categorías y conceptos anticuados para analizar la situación actual. Usa conceptos de la época del Parlamentarismo (s.XIX y principios del s.XX) para analizar la situación política actual. En el Estado de Partidos no hay libertad política y por tanto no tiene sentido usar conceptos como derecha o izquierda. Estas categorías solo pueden recuperar su valor, si se conquista la libertad política.

Anónimo dijo...

Reducciones paraguayas guaraníes.

Donde el Jesuitismo creo La izquierda, la extrema izquierda y la extrema derecha.

Fascismo, comunismo, culto a la personalidad, obediencia ciega, etc.

Todo Jesuitismo.

En Madrid apoyaban a Franco mientras en el país vasco creaban ETA y PNV.

No ven la jugada?

Alma-amater dijo...

Hombres, yo, antes de que me lo diga el señor Pocholo, si vuelve a entrar por aquí, me declaro ignorante y, fruto de esa ignorancia pregunto ¿entonces la verdadera revolución de las izquierdas, no la de las ideas, está aún por hacerse? ¿No debería venir de abajo hacia arriba?...digo..., si tanto la salvación como la enfermedad tienen el mismo origen: el liderazgo... ¿Y, qué pasa con la revolución cultural? ¿Se ha hecho de verdad? ¿Si se hubiera hecho, estaríamos aún donde estamos?