viernes, abril 14, 2017

RELIGIÓN Y SUPERSTICIÓN/1

En este texto, y aprovechando que es eso que se llama Semana Santa y que el Pisuerga pasa por Valladolid, vamos a intentar explicar nuestra posición sobre el hecho religioso. Para ello vamos a dividir nuestro artículo en tres partes fundamentales. La primera será distinguir entre religión y superstición. La segunda será plantear si la religión en el mundo actual ha devenido o no en una mera superstición perdiendo aquello que la hizo diferente. Y, la tercera, y la que podríamos llamar de forma pedante más filosófica, será cuestionar el llamado hecho religioso como tal y si existe o no la necesidad en el ser humano de creer en un mundo trascendente y en entes espirituales.

La superstición y la religión tienen elementos comunes y a su vez elementos que las hacen diferir una de otra, en cuanto a su contenido histórico concreto. Ambas se remiten a una relación entre el mundo material y la existencia de otra realidad superior que ejerce cierta influencia o determinismo, mayor o menor, en nuestro propio mundo. La superstición lo hace a través de unas creencias muy elementales basadas en mecanismo de causa y efecto en las cuales la realización de ciertos actos o de ciertos eventos que sucedan implican un resultado determinado que procede directamente de una relación extraordinaria entre este mundo y otro mundo superior que es capaz de dirigirlo. Así, por ejemplo, que la sal se derramó sobre la mesa implicará mala suerte de acuerdo a un criterio causa y efecto, la causa es que la sal se derrama y el efecto sería la mala suerte. Y esta conexión se produce porque existe una conexión de este mundo con otro que es capaz de dirigirlo y por ello llevarlo hasta esos momentos de escasa fortuna.

La religión tiene en común con la superstición esta relación entre nuestro mundo y otro aparentemente superior, incluso en aquellas doctrinas que solo utilizan a Dios como causa eficiente del universo y luego no interviene. Pero, además incluye elementos nuevos que sin duda hacen que se diferencie de una mera superstición.

El primer elemento diferenciador es la creciente tendencia de la religión a desarrollar una complejidad intelectual cada vez más elevada históricamente. Así, si se comparan las religiones de sociedades más primitivas con la religión cristiana, musulmana, judía o budista se observa una complicación teológica creciente en la que los hechos del mundo yo no se explican por una relación directa entre la causa y el efecto sino a través de intermediaciones cada vez más complicadas. Así, la complejidad intelectual, lo que no quiere decir que tenga más verdad, es una de las primeras diferencias entre religión y superstición.

La segunda diferencia fundamental, que guardan relación con la anterior, es el hecho histórico mismo de cómo la religión se establece como una institución social superando el mero ámbito individual y concreto y yendo a situarse como un reglamento de normas sociales y una manera determinada de socialización. Y esto ocurre siempre y necesariamente en la religión pues no existe religión alguna que no pretenda ser un hecho social e histórico que determine a la propia sociedad. Cualquier religión pretende no solo dar una serie de normas al individuo concreto sino generar una comunidad de fieles mientras que la superstición pertenece al ámbito estrictamente individual. De hecho, para que superstición individual pase a ser un tabú social necesitará necesariamente el apoyo de una religión y así, por ejemplo, los ritos religiosos tiene una base en la propia superstición, como se puede ver por ejemplo en las famosas procesiones de Semana Santa, pero implican algo más: un hecho social determinado que señala quiénes forman parte del colectivo y quiénes no.

La tercera diferencia, y esto ya lo vio muy bien Fraser en La rama dorada, es que la relación que mantiene el individuo con la superstición o con la religión es diferente. Con la superstición, el individuo mantiene una relación en la que intenta aprovechar los poderes sobrenaturales que se representan, o que aparentan representarse, para su propio beneficio intentando con ello lograr una vida material mejor. Sin embargo, en el progresivo desarrollo de abstracción que ha sufrido las religiones, y en este aspecto resulta muy interesante comparar las religiones paganas que eran un mero proceso de chantaje y soborno entre hombres y dioses con la religión cristiana, el espíritu religioso ha ido más allá de la mera relación comercial con el mundo trascendente y se ha situado en una relación familiar con él.

Entendemos como relación familiar aquella en la cual dos sujetos, en este caso uno natural y otro sobrenatural, no solo se relacionan para buscar mutuamente beneficio sino en aras de una relación afectiva emocional en la cual existe una preocupación entre uno y otro. De esta forma, la religión presenta una forma de relación normalmente basada en la pleitesía que los seres humanos rinden a un dios poderoso, y en eso está con la superstición en cuanto a un mundo ingobernable desde lo humano,  pero añadiendo la imagen de que esa realidad sobrenatural tiene una preocupación amorosa hacia el propio mundo material. Esto, por ejemplo, se ve reflejado perfectamente en la devoción a la virgen María dentro de la religión católica, que es una devoción ajena a cualquier realidad intelectual o trascendente, y se convierte en una pura relación sentimental materno filial.

Así, no se puede identificar meramente la superstición con la religión pues si bien ambos tienen elemento en común como la creencia en un mundo inexistente no refieren dicha creencia ni a las mismas causas ni producen las mismas consecuencias. Pero esto no quiere decir que en el devenir histórico la propia religión por alguna causa no pueda haberse convertido nada más que una mera superstición en el sentido de transformarse en una creencia cuyo desarrollo, tanto histórico como intelectual, se encuentra ya agotado y conduce necesariamente a su autodestrucción.


De hecho, lo que nosotros vamos a pretender en el siguiente artículo de esta serie, va a ser intentar demostrar como el desarrollo histórico e intelectual de la propia religión ha devenido a ésta en mera superstición antiilustrada y que por lo tanto debe ser abandonada no solo por aquel individuo que no tenga fe sino por todo individuo que crea que la razón debe regir el pensamiento humano y que la emancipación  de los individuos es una necesidad histórica concreta. Pero que nadie se asuste porque esto lo haremos otro día, aunque en breve.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Está estupendo su comentario. Ha hecho facilmente comprensible la diferencia entre ambas. Faltarían los “porqués” ¿Que necesidad tenía el hombre (y las hombras) de inventar esas cosas?

La religión, si así se pudiera llamar a los ritos funerarios de los neandertales y sus señoras, está relacionada con el hecho de morir. En tanto la superstición, más práctica, es para disfrutar en vida.

Tal como lo plantea Ud. podría decirse que hasta Aristoteles, todo era superstición y lo que hoy llamamos superstición, es a la religión lo que las paraciencias es a la ciencia.

La Iglesia Católica tiene el “pecado de superstición” y llamaba supersticiosos a los krausistas de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando intelectuales o militares de alto rango se dedicaban a la masonenería y a prácticas esotéricas.
Los krausistas de ahora, PODEMOS, —aunque sean stalinistas disfrazados con pieles de krausistas— también organizan saraos espiritualistas y chamánicos?
https://www.youtube.com/watch?v=Dst24Ozy7cU
(Impagable el momento en que el hippy pensionista de la maraca destroza la preciosa canción vasca “Txori, txori” a ritmo de indio siux. Por si no la conoce se la enlazo en la versión de Mikel Laboa y el Orfeon Donostiarra:
https://www.youtube.com/watch?v=RtZXavurBcE.

Eso que hacen los podemitas en el video del “I Encuento de Espiritualidad de Podemos” no es religión desde el punto de vista actual pues no aporta ni normas morales, ni continuidad tras la muerte, ni “verdad”.
Pero lo que no les discuto es la imprescindibilidad de lo “espiritual”

La razón por si sola no produce ni sombra. La razón (no la de Marhuenda) dice que 2+2 son 4 y también que si yo tengo 4 manzanas para comer es mejor que si tuviera 2. Por tanto ¿porque no voy a quitarle sus 2 manzanas a otro mas débil que yo y así tener 4? ¿La razón me impide hacerlo?
Hasta los ilustrados franceses de finales del siglo XVIII, “consagraron” la Catedral de Estrasburgo a la Diosa de la Razón y el Culto al Ser Supremo, reconociendo la necesidad social de espiritualidad. De igual manera que Marx lo reconoce también cuando dice lo de “La religión es el opio del pueblo, es el espíritu del pueblo carente de espíritu”. Sería la espiritualidad y no la razón la que me impediría quitarle las 2 manzanas al mas débil y también que si hiciera falta compartir las 2 mías, lo que sería a todas luces irracional.

Por tanto, a mi entender, lo cuestionable de la religión no sería su hecho espiritual, sino su parte de razón (“verdad”) y su efectividad social.

La simpleza obsesiva de los progres con la Iglesia y su pretensión de sustituirla (matrimonios civiles, bautizos laicos, comuniones laicas, navidades laicas..., incluso un “Concilio Ateo” en Toledo) evidencia, a parte de la dramática memez infantil de la izquierda, la imprescindibilidad de la religión en el progreso social.

Un Oyente de Federico

loli loligo dijo...

Como es habitual me quedo a la espera del siguiente capítulo de la serie (me han venido a la cabeza los Simpson...no se por qué).

El caso es que como bien indica la religión agota sus trucos de magia (yo no llegaría a llamarlo complejidad intelectual, solo complicar el truco para que no se vean los hilos) pero eso no reduce las repercusiones negativas. La magia sigue, en su formato folclórico-turístico (lo de estos días lo deja claro) además de en una nueva deriva supersticiosa. Nuevas formas de "milagros" a través del Reiki y similares, que son más cómodas (pueden hacerse a distancia) y útiles (pensadas para el día a día, que lo de morirse queda lejos, y, en cualquier caso, como se está controlando el tema de las energías, todo está pensado).

Dejando de lado todas esas tonterías y enlazando con el comentario de D. Oyente. Yo creo que la religión surge del miedo, en un inicio del miedo a la Naturaleza, de ahí la importancia de rendir tributo a las fuerzas naturales para tenerlas "satisfechas y contentas". De este punto salta (por parte de algún avispado) a formar parte del control social (ligado al poder, mecanismo de control), pero como las causas naturales más o menos ya no parecían tan mágicas había que buscar otro punto de temor, y esa es la propia muerte. De ella ninguno vamos a escapar, así que qué mejor forma de controlar. Si te doy unas normas y a cambio te prometo vida eterna, parece buen acuerdo, ¿no?...
D. Oyente, observe que intercambia sus propios argumentos. Los rituales serían para la vida terrenal (para disfrutar en vida), mientras que la religión (la espiritualidad) quedaría para la muerte. Sin embargo cuando empieza con las manzanas -puede haber algo más terrenal que eso ¿?- considera que quitar o no quitar esas manzanas no se basa en la razón, lo hace en la espiritualidad...

La razón va mucho más allá de sencillamente querer tener más. Imagine que esas normas que Ud considera espirituales derivaran de la razón, ya no quedarían limitadas a determinado grupo, serían de aplicación generalizada, y debatibles (están sujetas a razón y dependiendo de las circunstancias pueden ser modificadas). Si por el contrario son espirituales no me queda otra que obedecer ciegamente, digan lo que digan, no están sujetas a razón, así que decir que la religión ha sido imprescindible para el progreso social...en fin...discrepo, la religión y su base dogmática es la antítesis del progreso social.

Sin embargo no soy tan optimista como D. Enrique, yo temo un futuro repunte. Los aporte de ciencia (a nivel de estudiantes, me refiero) están dejando muy de lado la base, cómo se plantea el progreso del conocimiento, y están pasando a ser ideas casi dogmáticas que dan pie casi perfecto al enfoque religioso.

Y me quedo a la espera del segundo capítulo.