lunes, septiembre 18, 2017

PATRIARCADO Y FEMINISMO DE ÉLITE/y 3: FEMINISMO DE ÉLITE

Con el presente, llevamos tres artículos en esta serie, pero tranquilos que ya acabamos. En el primero, refutamos la Teoría del Patriarcado. En el segundo, y apoyando esa refutación, reflexionábamos sobre cómo el Capitalismo había logrado, en su propio interés, desarrollar la igualdad entre hombres y mujeres. Y en este tercero pretendemos desvelar por qué, si es falsa, se sigue defendiendo la Teoría del Patriarcado. Y la explicación es porque sirve para un feminismo de élite.

Efectivamente, todo este conglomerado de presunta defensa de la mujer desde perspectivas falsas, es utilizado por una oligarquía femenina para la defensa de sus propios intereses. No cabe duda de que la igualdad de la mujer es un derecho social por el cual hay que luchar pues todavía no se ha conseguido. Del mismo modo, hay que luchar por la igualdad de derechos del colectivo homosexual,  contra el racismo o por los derechos de otros grupos marginados. Pero estas luchas no significan necesariamente que sean luchas de contenido revolucionario, pues resulta evidente que una sociedad capitalista, y cada vez se está dando más, pueda ser absolutamente no racista, que defienda los derechos de los homosexuales o, también, que realice una absoluta igualdad entre hombres y mujeres. Y esto es así porque en el Capitalismo no existe un solo elemento que determine desde su producción económica estas diferencias, pues para él todos los seres humanos son mercancías que solo sirven para la producción de beneficio, dando igual sus gustos personales, su color de piel o su sexo biológico.

Pero, ¿a qué llamamos feminismo de élite? El feminismo de élites es aquel feminismo defendido por sectores sociales dominantes y que pretende, sin tocar para nada esta estructura social donde unos tienen más poder que otros, ingresar dentro de la estructura dominante alegando para ello un discurso feminista. Lo llamamos de élite porque su objetivo último es que ciertas mujeres, que ya están en la oligarquía social, aumenten su poder en las grandes empresas o en los movimientos sociales y políticos o en la universidad, defendiendo supuestos reclamos feministas, como las cuotas, que solo les importan y benefician a ellas. E igualmente, porque este movimiento feminista oligarca olvida los problemas reales que actualmente tienen las mujeres en su camino hacia la igualdad en la vida cotidiana como por ejemplo, y por poner el caso más evidente, la maternidad y el cuidado de los hijos en relación al desarrollo laboral, preocupándose más del lenguaje inclusivo y de descubrir a la ultimísima pensadora olvidada para aumentar sus publicaciones.

El feminismo de élite, que es el que está detrás de todas estas teorías del Patriarcado, busca así adquirir los mismos privilegios que ciertos sectores sociales masculinos, también élite, tienen sobre otros sectores sociales tanto masculinos como femeninos. Lo que quiere en realidad es que la oligarquía tenga un 50% de oligarcas y de oligarcos –obsérvese mi solidario uso del lenguaje inclusivo- y con ello entrar en el reparto de la dominación social.

Así, mientras cualquier mujer sabe que corre riesgo de perder su puesto de trabajo al quedarse embarazada o por el cuidado de sus hijos, sin embargo lo que ha triunfado socialmente es decir todos y todas y defender la teoría de que la historia de la humanidad ha sido la historia de la explotación de los hombres sobre las mujeres. Es un feminismo de élite porque lo que pretende no es defender los derechos sociales de la mujer, que todavía siguen siendo vulnerados, sino defender a un sector específico de mujeres que pertenecen a un grupo social determinado para mantener y aumentar su propio control social y su poder en su ascenso en la oligarquía social.

Pero además hay otro factor fundamental para la defensa de este feminismo de élite y es la creación de un nicho de mercado laboral exclusivo para este sector oligarca de mujeres. Así cualquiera universidad que hoy en día se precie tiene que tener unos estudios sobre género y cualquiera de estas mujeres de la oligarquía puede escribir sus dos libros sobre filósofas, científicas, matemáticas, o escritoras olvidadas en el tiempo y compararlas, con rubor o sin él, con razón o sin ella, con autores clásicos. Así, Hipatia compite con Platón o con Aristóteles, y una monja medieval, famosa por tener visiones místicas y seguramente un caso psiquiátrico, compite intelectualmente con Tomás de Aquino, que por cierto también tenía visiones pero no sólo. E igual ocurre en los partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales donde secretarías de igualdad y género desarrollan nichos de promoción social. Y lo importante de esto es que no se lucha objetivamente, aunque ellas puedan actuar de buena fe, por la igualdad de la mujer sino para reescribir la historia y que las mujeres de la élite social tengan una justificación ideológica de su propia existencia como jerarquía dominante lejos de la pura y dura explotación social. El objetivo es presentarse a sí mismas como esas excepciones brillantísimas que han logrado triunfar en un mundo de hombres. Y mientras que oligarcas y oligarcos se reparten el poder al 50%, el resto de la población dice todos y todas cuando en realidad son unos pocos –y sí, seamos inclusivos, pocas- los relevantes.

UNA CONCLUSIÓN
La Teoría del Patriarcado no explica en absoluto la historia. Esta no ha sido la dominación de los hombres sobre las mujeres sino que su explicación viene dada, al menos hasta el Nuevo Capitalismo, por la posesión de los medios de producción. Así, no existen hombres y mujeres como protagonistas de la historia, sino grupos sociales determinados por la posesión o no de los medios de producción.

Además, la Teoría del Patriarcado es un producto ideológico elitista que pretende legitimar las ambiciones oligarcas de un grupo social concreto, las mujeres de la propia oligarquía, para conseguir mayor poder y que se constituye en un feminismo de élite para ello. Este feminismo tiene como objetivo prioritario no la liberación de la mujer sino la adquisición de más poder social para la oligarquía femenina. Su objetivo último no es la lucha por los derechos de la mujer, todavía necesaria, sino por su propia promoción social.

Y UN EPÍLOGO
Estaba yo en un instituto, hará ya 15 años, cuando las profesoras más progresistas del centro montaron una exposición: Mujeres en la sombra, se llamaba. Consistía, y era justo, en destacar el trabajo de las mujeres en el campo de la ciencia y que no había sido reconocido,  pero sí el de sus maridos o familiares masculinos. Curiosamente, todas aquellas mujeres olvidadas eran de buena clase social. Así que yo propuse que tras acabar esa exposición, y era justo, hiciéramos otra: Servidumbre en la sombra, donde mostráramos a todos los criados, mujeres y hombres, que esas mujeres injustamente olvidadas a su vez habían tenido y que nunca habían podido destacar en ningún trabajo intelectual.
Y ellas me miraron y me dijeron: tú eres un machista.

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