sábado, septiembre 30, 2017

URNAS O FIAMBRERAS: CATALUÑA Y LA OLIGARQUÍA

El problema de Cataluña no es en lo fundamental un problema histórico concreto, sino un ejemplo de cómo determinada oligarquía regional está respondiendo al fenómeno de la globalización. Lo que pretendemos en este escrito es precisamente analizar todo el fenómeno independentista actual catalán como la respuesta oligarca de ciertos sectores sociales de la región al problema de la globalización económica del moderno Capitalismo.

La oligarquía de cualquier lugar tiene dos pretensiones básicas. Primero, mantener su poder y su control social como oligarquía, evitando que las clases inferiores la desalojen y que oligarquías extrañas o de fuera de su territorio puedan invadir su espacio. En segundo lugar, y una vez asentado su poder, pretenden acrecentarlo para lo cual pueden explotar aún más a las clases inferiores, iniciar una acción exterior o bien disputar entre sí, unos oligarcas contra otros, para eliminarse en una a manera de guerra civil no necesariamente cruenta. Y lo que se está viviendo en Cataluña en realidad es esta lucha de una oligarquía regional que busca aumentar su poder enfrentándose a la oligarquía nacional y para ello utiliza a las que considera clases inferiores en su batalla.

La oligarquía catalana tiene un gravísimo problema en relación a la globalización pues sabe que esta es la eliminación de la oligarquía como fenómeno local. Efectivamente, la globalización implica que las oligarquías nacionales y regionales pierdan poder, tanto de decisión política como de capacidad económica, a favor de las nuevas oligarquías internacionales –nota: explicar algún día cómo el Nuevo Capitalismo puede generar una estructura oligarca sin necesidad de individuos-. Así, las regiones ricas de Europa han activado a sus oligarquías como modelos de referencia nacionalista e independentista para intentar controlar esta situación de pérdida de poder y presentándose como los adalides de las clases inferiores en nombre de místicas patrias.

En Cataluña hay tres tipos de oligarquía fundamental.

La primera es la oligarquía puramente económica pero de carácter regional. La oligarquía catalana de carácter nacional con poder suficiente en toda España no pertenece esta oligarquía regional sino que forma parte de la oligarquía nacional española. Esta oligarquía regional, en Cataluña estaría formada por la mediana y pequeña empresa, y siente un temor absoluto hacia todo el proceso de globalización pues considera, y con razón, qué es el fin de su modelo de existencia que no en vano data desde como mínimo el siglo XVIII y que, siempre financiado, defendido e impulsado por el propio estado español, ha sido la clave de su prosperidad. Así, esta oligarquía regional ve que la globalización implica el fin del fascinante proteccionismo que defendía y mantenía su mundo provinciano, su calle mayor, y su respuesta es la resistencia ante esto y consecuentemente ante el estado nacional que ya ha dejado de ejercer sus labores proteccionistas y se han enmarcado en una pérdida de soberanía económica fruto de la globalización. Así, surge como necesidad ideológica la creación de un nuevo estado proteccionista y propio que permitirá, además, que la oligarquía regional pase a ser ahora nacional y con ello verá incrementado su poder llegando a negociar de tú a tú con la oligarquía internacional. En el fondo, por supuesto, no es más que una ensoñación económica pero para la oligarquía regional, que al fin al cabo ha forjado su ideario mirando por el escaparate de su pequeña factoría o de su tienda hacia como mucho el horizonte de la calle de enfrente o de la plaza de su pueblo, es la única respuesta política que se le ocurre ante la globalización sin, y esto es fundamental, perder sus privilegios.

La segunda oligarquía es la política. La oligarquía política catalana siempre ha tenido el problema de su traslación como oligarquía nacional en el resto de España y este problema se ha visto acrecentado últimamente con el proceso generalizado en el cual se ha descubierto que la ejemplar Cataluña, como oligarquía política, no era más que una ciénaga inmensa de corrupción conocida por todos y denunciada por ninguno. De esta forma se ha unido a la ambición de la oligarquía política regional por llegar a ser nacional, en un modelo similar al que comentábamos antes, la huida hacia delante con el tema de la corrupción, que temen acabe con todo el chiringuito montado. Así, la oligarquía política catalana lo que pretende es superar su mero factor regional y su carácter, en todo caso y a lo máximo de bisagra en la política nacional, llegando a convertir su propia región en un país y por lo tanto pasar automáticamente de presidente de comunidad autónoma a presidente de estado.

Por último, estaría la oligarquía sociocultural. En el fondo, el mecanismo es similar a los dos anteriores pues se trataría del salto de una oligarquía sociocultural de carácter estrictamente regional a una que si bien seguiría teniendo el mismo público, pues no nos imaginamos a las masas europeas lanzándose a aprender el catalán, contaría aún más con subvenciones y apoyos a nivel estatal. La oligarquía sociocultural catalana sueña con su carácter de embajadora de un nuevo estado con todos los beneficios que ello se impondría. Con esto, un mercado cultural abierto como el actual, que implica una competencia feroz por las mercancías propias de la cultura, sería reducido a un mercado nacional donde se subvencionará exclusivamente el producto de la tierra, es decir: paleto, frente a la intromisión extranjera que se consideraría cualquier otra forma cultural no expresada en la lengua de la tradición. Claro está que seguirá habiendo oferta cultural foránea, y será la principal, pero la castiza, qué paradoja, será la subvencionada.

Tenemos así un proceso oligarca donde lo que interesa es el tránsito de lo regional a lo nacional y al tiempo expulsar a la oligarquía nacional que teniendo que escoger entre un lugar y otro escogería sin duda el frente españolista, no por un patriotismo y un amor a la bandera rojigualda sino por mero interés crematístico.

Pero lo más triste de todo este proceso es sin duda que nadie en la oligarquía catalana cree en él y saben que nunca va a llegar a buen puerto tal y como se está planteando. En el fondo, toda la deriva nacionalista lo que buscaba era conseguir el insolidario cupo vasco o navarro aplicado a Cataluña. Pero, el problema ha venido cuando el método empleado, exaltación nacional y populista, ha generado algo que a los propios dirigentes de oligarquía les resulta imposible ya de parar. Y aquí entra la CUP como actor.

 Efectivamente, la CUP, y junto a ella la movilización populista, es la cuarta pata de la mesa catalana y una de las más importantes a la hora de analizar cómo el proceso nacionalista dirigido por la oligarquía se ha desbocado hacia una independencia imposible. La CUP, de acuerdo al manual leninista de toma de poder, está actuando como si fuera también una oligarquía, pues defiende sus intereses, pero esta vez no una oligarquía ya instalada sino que lo que busca es instalarse en el poder y perpetuarse en él. Pero la CUP , y a pesar de sus tácticas leninistas, pertenece a esa nueva izquierda populista carente de ideología y por ello es capaz de aliarse con cualquiera y traicionarlo en cualquier momento.  La CUP está con el proces mientras dure para luego lograr el reproces que solo concluirá con su  llegada al poder. Y el problema es que esta nueva oligarquía es incompatible, de primeras al menos con la política, esto siempre, y la económica, ya veremos. De esta forma, resulta que las fuerzas políticas catalanas que marchan unidas en pos de la ansiada libertad nacional y la república de Ikea, o de Catalunya que uno al final no sabe ya cómo se va a llamar, estarán dispuestos a pegarse navajazos el día 2 o 3 de octubre sin ningún rubor, pues sus intereses son contrarios unos con otros pues son todos intereses oligarcas pero excluyentes en cuanto al modelo de oligarquía.

Y precisamente, la cuenta de esto es lo que ha hecho que los últimos días los representantes de la oligarquía clásica catalana, antigua CiU y hoy PeDeCat, ya estén diciendo que no van a admitir una declaración unilateral de independencia negando su propia ley hecha hace apenas tres semanas. Pues la oligarquía catalana política ha descubierto que la independencia puede hacerle no ganar nada nacional, pues saben la imposibilidad real de conseguirla, pero además hacerles perder la porción regional de poder. De esta forma, la crisis catalana probablemente se resuelva porque la propia oligarquía tradicional catalana comprenda que ha llegado a un punto crucial: lo que ya está en juego no es más poder nacional sino precisamente mantener su poder en las provincias frente al populismo de la CUP y sus secuaces.

Cataluña ya tiene urnas, decía el otro día orgullosamente un alto personaje de la oligarquía política. Y las presentaba. Ha sido sin duda la mejor escena de una pésima astracanada: una fiambrera de China resumiendo todo el espíritu de la patria.

2 comentarios:

Lucas dijo...

Me quedé con ganas de saber su opinión sobre la actuación de las fuerzas de seguridad del estado en el día de hoy.

Anónimo dijo...

“Sólo a un imbecil se le puede convencer de que es un ser superior”. La frase no es de Chomsky ni de Bertolt Brecht, es mía y si le gusta se la dejo.

Salvo en los futuribles, que Ud suele pecar de bondadoso e ingenuo, acuérdese de la “primavera árabe”, todo su comentario me parece un diagnóstico muy acertado, además de muy claramente expuesto como acostumbra.

La hemeroteca le aporta todas las pruebas que Ud pudiera necesitar para demostrar su razonamiento. En 1893 Cambó decía que eran tan pocos los catalanistas que todos se conocían entre ellos. En 1898, una semana después de la batalla de Cavite, declaraba “Estamos clavados a una barca que hace aguas” y se multiplicó la afiliación nacionalista.

La perdida de las provincias de ultramar (que no colonias) desligo los intereses de la oligarquía industrial catalana, hiperprotegida por España, dueña de la producción textil algodonera y de las plantaciones cubanas de tabaco y caña de azucar. Marcas como el tabaco Partagas o el ron Bacardí era propiedad de catalanes. Se bloqueaba la entrada del algodón USA, mucho más barato, con elevadísimos aranceles aduaneros.

España tiene el triste título de ser el último país europeo en abolir la esclavitud, 1880 en la provincia de Cuba, 10 años más tarde que en la península, 1870, y fue para contentar a los Catalanes dueños de las plantaciones tabaqueras. Una de las fábricas ardió y no se pudo salvar a los manipuladores pues eran esclavos encadenados a las mesas.

El fundamento del nacionalismo catalán es racialista, ellos son ¡arios! (faltaría más) y nosotros mezcla de semitas. Pompeu Gener, unos de los padres de la patria catalana decía argumentando su supremacismo: “Creemos que nuestro pueblo es de una raza superior a la de la mayoría que forman España. Sabemos por la ciencia que somos arios.”.

A la oligarquía le da igual que el explotado sea ario o semita (como Ud. nos ha explicado), pero el argumento le viene bien para convencer a una multitud de imbéciles de que son seres superiores que no deben juntarse con la basura genética castellana. Mas tarde como lo de la raza no tenía buen cartel, argumentaron la historia, como eran falsos los datos, cambiaron a la lengua..., a la cultura... y por último a algo tan dificilmente rebatible como “un sentimiento” que es volver al origen, pues el sentimiento surge del pretendido supremacismo racial.

Como Ud. explica estupendamente, a la oligarquía catalana le da igual la raza, la historia, la lengua, la estelada... pero necesita esos argumentos para tener a sus “seres superiores” como escudos humanos (si son escolares mejor) en su guerra contra España. Que es como se ganan las guerras últimamente.

Un Oyente de Federico