miércoles, junio 19, 2019

OFERTA DE CATEDRÁTICOS PARA ACABAR CON LA ENSEÑANZA PÚBLICA

La mejor forma para acabar con algo es atacar desde fuera y disolverlo desde dentro. La política marcada por el desarrollo del Nuevo Capitalismo pretende, como ya hemos dicho en repetidas ocasiones, acabar con todos los servicios públicos para convertirlos en un negocio. Y entre estos servicios públicos a privatizar hay tres fundamentales: pensiones, sanidad y educación. Lo que vamos a desarrollar en este artículo es como la nueva convocatoria de cátedras en la Educación Secundaria, la recuperación de la figura de los catedráticos en los institutos,  está pensada fundamentalmente para destruir el sistema público educativo disolviéndolo desde dentro.

Como todo el mundo sabe, la educación pública como tal está en peligro con el desarrollo neoliberal que se está dando del Nuevo Capitalismo. En concreto, en España los ataques exteriores se producen en el proyecto de privatización dirigido fundamentalmente, aunque no solo, con la enseñanza concertada. Los ataques interiores, a su vez, se dan a través de los distintos proyectos denominados de excelencia educativa,  cuyo principal baluarte ha sido el bilingüismo, desastroso pedagógicamente y repugnante socialmente. Con estos programas autodenominados de excelencia se ha pretendido, efectivamente, disolver desde dentro la educación pública como sistema, generando una segregación no solo del alumnado sino también de los propios profesores y los centros rompiendo la unidad del sistema. Y la nueva convocatoria de catedráticos lo que pretende es emular este proceso de disolución interna y destruir la educación pública también desde dentro, con la inestimable complicidad esta vez, activa o pasiva, de los propios sindicatos y las asociaciones de profesores.

Pero, ¿por qué la nueva figura que se pretende instaurar del catedrático va en contra de la educación pública?

Lo que pretendemos defender aquí es que la figura de catedrático ha sido creada para ayudar a la disolución interna de la enseñanza pública. Y esto se demuestra porque esta nueva figura resulta innecesaria tanto administrativa como pedagógicamente, con lo cual su existencia no puede deberse a estos motivos sino a otros. Y el único posible, conociendo el modelo de privatización que todas las administraciones llevan adelante, es la disolución del colectivo del profesorado en una serie de castas o estamentos, que impida su unión contra ese mismo proceso de destrucción de  la enseñanza pública.

En primer lugar, la creación de una nueva figura administrativa, como es la de catedrático, sólo se puede explicar si es necesaria. Esta necesidad solo podría venir marcada por la aparición de una nueva necesidad que implicara la creación de dicha figura. Sin embargo, la nueva figura administrativa del catedrático no responde a ninguna necesidad que haya en los centros educativos. De hecho, los catedráticos van a estar haciendo exactamente lo mismo que los profesores. Así, la nueva figura administrativa, el nuevo cuerpo, no tiene ninguna función novedosa que implique su creación. Sólo va a servir, y esa como veremos luego es su real utilidad, para generar un grupo de élite que a partir de ahí, de su origen, va a defender sus privilegios frente al resto de profesores transformados ahora en sus enemigos: la disolución del sistema público desde dentro. Una casta, en definitiva,  con unos privilegios concretos que sin embargo no responde antes estos privilegios con un trabajo específico y de alta cualificación, pues sigue haciendo lo mismo que ya hacía.

En segundo lugar, tampoco la categoría de catedrático responde a una necesidad pedagógica. Efectivamente, y como ya hemos visto, el catedrático no tiene ninguna función especial y cualitativamente distinta en su docencia en comparación con el profesor de secundaria. No se sabe muy bien si es que los catedráticos van  a tener mejor letra en la pizarra, tal vez van a hablar en verso o van a tener un programa RaícesPlus,  pero desde luego en ningún caso parece que vayan a cumplir una función dentro de la enseñanza muy distinta a la que pueda cumplir cualquier profesor o incluso ellos mismos como profesores.
Pero si no tiene sentido administrativo ni tampoco sentido pedagógico, ¿Por qué se ha creado la nueva figura? La respuesta que nos parece evidente es que con ella se pretende generar esa disolución interna del profesorado como colectivo de posible lucha dentro de la enseñanza secundaria. Y eso es lo que vamos a explicar a continuación.

En primer lugar, si, como ya hemos demostrado, el cuerpo de catedráticos no va a generar ninguna función distintiva frente al de profesores, sin embargo sí va a tener privilegios frente a ellos, con lo cual la unidad de intereses dentro del claustro queda rota. Este modelo de disolución ya se realizó en el bilingüismo, a nivel colectivo y  general, y también se generó, esta vez dentro de cada centro, con la conversión de los directores en guardia de corps, o perros guardianes, de la nefasta administración del Partido Popular. Se trata ahora de dar un paso más allá y de generar incluso dentro de cada departamento, en la propia sala de profesores, en el claustro y en cada grupo de profesores de guardia, entre otras tareas, unas diferencias de casta o estamento, rompiendo los intereses comunes del colectivo que podría luchar todavía por la enseñanza pública.

En segundo lugar, esta destrucción de la necesaria unidad de los profesores va a permitir, como ya hemos visto, que estos ya no actúen como un solo cuerpo en la defensa de sus derechos, sino como grupos con distintos intereses en busca de distintos resultados. Esto generará, sin duda, una aún mayor ausencia de respuesta ante los continuos ataques que la administración realiza contra la enseñanza pública, pues cada uno de los grupos en los que ha sido dividido el claustro de profesores responderá de diferente forma y de acuerdo a sus diferentes intereses.

En tercer lugar, la idea, reconozcámoslo, es genial frente a la reivindicación y como ejemplo tomemos aquella que debe ser fundamental actualmente en todo el profesorado: las 18 horas lectivas. Efectivamente, estamos viendo cómo se están tomando una serie de medidas económicas ridículas -como la última paguita del 0’25% de la masa salarial que son, oh dioses, 80 euros anuales- en un colectivo laboral cuya prioridad no es precisamente la necesidad económica. Ahora se nos paga con un nuevo cuerpo administrativo a su vez inútil. Y esto se hace con un solo fin, que es callar la reivindicación actual básica del profesorado que es las 18 horas lectivas, que serviría para mejorar las condiciones docentes y así, a su vez, el servicio público. Generar una casta, pues eso es el cuerpo de catedráticos, que va a acaparar los puestos de jefatura de departamento, con su consiguiente reducción en horas lectivas, lo que va a hacer es separar a ese grupo de la reivindicación general de las 18 horas. Y de, como ya hemos señalado, cualquier otra reivindicación conjunta.

Además, cuarta consecuencia, este cuerpo copará la Comisión de Coordinación Pedagógica, órgano fundamental de gobierno pedagógico de los centros, uniéndose así a la guardia de corps de los directores en el seguimiento de las directrices de la Administración, que no olvidemos busca la destrucción del sistema público y la educación pública.

Pero entonces, ¿quien se presente a catedrático es un miserable que pretende el hundimiento de la educación pública? Este es otro de los errores que se suelen cometer y que se sustenta en una ñoña ideología liberal. Nos explicamos brevemente.

Se está imponiendo una idea en el análisis social: los sistemas sociales no son más que la mera suma de las voluntades individuales y,  por lo tanto, los primeros carecen de objetividad real. Esto es absolutamente falso pero, sin embargo y poco a poco y a través, también, de los tontos mensajes de las redes sociales donde se nos señala  que si todos sonriéramos el mundo sería un lugar mejor, o a través de las aparentes sesudas reflexiones de los gurús de la opinión pública, se va imponiendo como explicación social. Frente a esto, nosotros consideramos que los sistemas sociales no se explican en la suma de sus elementos, sino que ellos mismos se conforman como una unidad de orden superior con reglas propias. El hecho de que un profesor se presente a la convocatoria de cátedras o se habilite para el bilingüismo, no habla de su maldad o bondad personal, sino que habla de la destrucción de un sistema público que no es capaz de garantizar los derechos de sus trabajadores ni el servicio que debe generar a la sociedad. Si los profesores se presentan a estas nuevas situaciones administrativas es porque el sistema público se está hundiendo por razones objetivas, las fundamentales son el proceso de privatización y la inoperancia sindical y de la izquierda,  y se está empezando a presentar como la única manera de salvación esta forma individual de acción: medrar administrativamente.

Sin embargo,  sí se puede juzgar negativamente a las organizaciones sociales, sindicales y políticas ante esto. Efectivamente, cuando los organizaciones sociales admiten todos estos sistemas de segregación, o bien por activa apoyándolos o bien por pasiva sin ni tan siquiera opinar,  ahí sí que podemos exigir responsabilidades políticas, pues ya no se trata, o no debería tratarse,  del interés personal enfrentado a una maquinaria sistémica ante la cual no se puede actuar, sino de una organización  que se aprovecha de esa misma situación de descomposición de lo público para mantener su cuota de poder. Por todo ello, los culpables de la destrucción de la enseñanza pública no debemos buscarlos en los alumnos individuales, los profesores o los padres sino en esos sistemas, empezando por la administración y acabando por los partidos políticos, sindicatos y las asociaciones de padres, que debiendo haber garantizado el control democrático y social de los servicios públicos, simplemente  el cumplimiento del artículo primero de la Constitución que señala que a España como un Estado social y democrático de derecho, no han sido capaces de hacerlo. Y habría que empezar, por cierto, a plantearse por qué.

Hay una escena imborrable en esa película magistral que es Milagro en Milán. En ella, los pobres recién despiertos en sus chabolas se mueven en grupo por el descampado buscando los rayos de sol que se filtran a través de las nubes para calentarse. Persiguen los rayos de sol incapaces ya de hacer algo más que adaptarse a la vida. Empezamos este artículo señalando que la mejor forma de acabar con un sistema social es atacar desde fuera y desde dentro. La educación pública está siendo atacada permanentemente desde fuera y está siendo atacada desde dentro. Habría que responder con contundencia, e inteligencia por cierto y no con cursilería, antes de que sea tarde. O bien, buscar cada uno de nosotros un buen lugar cara al sol para el futuro que se nos avecina.

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