jueves, julio 09, 2026

LO PERSONAL ES POLÍTICO Y LA CASITA DE BAD BUNNY/1

Lo personal es político es una frase que surgió en el feminismo estadounidense durante los años setenta del pasado siglo. Venía a decir que cualquier acto concreto, individual y particular, y que aparentemente correspondía a la esfera privada del yo, tenía, sin embargo, que ser analizado también desde la perspectiva del contexto sociohistórico concreto en el que se realizaba. 

Esta frase recogía, de una forma muy bien expresada por cierto, una tradición. A partir del siglo XVIII y XIX la idea de que las acciones individuales no podían explicarse exclusivamente recurriendo a la intención particular del individuo, sino que debían a su vez ser sometidas a su relación con el contexto social, había estado muy extendida. Así, por ejemplo, lo había defendido Marx con su concepto de ideología o Max Weber en su teoría sociológica. Pero quien sin duda había destacado en este aspecto de lo personal como político, había sido Émile Durkheim en su obra El suicidio, donde defendía que este hecho no podía ser explicado solamente de acuerdo a las circunstancias personales y como una causa personalísima, como había hecho el Romanticismo, sino que había que recurrir también a elementos de contexto social e histórico para analizarlo. De tal manera, se diferenciaba entre el hecho personal y el hecho social en su explicación.

Así, en esta primera interpretación de la frase lo personal es político lo que se destaca, y con razón, es la continuación de una tradición ilustrada y moderna que implicaba la necesidad de interpretar cualquier acto individual desde una perspectiva que lo relacionara con el contexto histórico concreto. Y aquí en concreto, al afirmarlo desde el feminismo, lo que aseguraba, de nuevo con sentido, era que la vida personal de las mujeres no era fruto de su personalidad especialísima, ni de su femineidad propia o de su esencial ser mujer, sino de una realidad social que las subyugaba y reprimía hasta convertir su vida personal en un troquelado de ese mismo sistema de dominación.

Pero...

Hay una segunda interpretación, no necesaria, de esta frase algo más preocupante: podríamos decir que es su pragmática inquisitorial. Correspondía a una deducción falaz que se desarrollaba en la inferencia sobre que si lo personal es político es cierto, y lo es, entonces también parecería, al menos, que sería cierto que toda la acción personal debía siempre ser juzgada como política y que, por tanto, cada acto individual concluiría en una responsabilidad política: lo político es personal. Y por ende, a veces me gusto, cualquier acto realizado en la esfera privada o en la íntima puede ser juzgado, y se añadía el debe serlo, desde esa responsabilidad política que implicaba la acción personal. 

Y así lo hizo, por ejemplo, un cierto feminismo, justo es decir que no todos, llevándolo hasta toques inquisitoriales cuando cada gesto, mirada, expresión, silencio, frase, pensamiento, de palabra, obra y omisión, recuerdos del inquisitorial catolicismo hoy tan blanqueado, se convirtió no sólo en objeto de reproche moral sino de persecución social y reconversión educativa. Y a partir de ahí surgía la reprimenda, el castigo y el necesario cuestionamiento propio de la masculinidad tóxica que, a través de talleres y terapias de conversión, buscaban convertir a los hombres sensibilizados en aliados de la nueva causa (y de paso, apuntarse a la moda para follar más). 

De esta manera, lo que era en principio una poderosa arma de análisis acabó en una lucha de departamentos universitarios y de grandes corporaciones y oficinas institucionales por ver quién era más ridículo en su censura social y, al tiempo, en la falsa justificación de su bien remunerado puesto sobre la base de la custodia moral:  los curas eran sustituidos por las monjas y ver porno seguía secando la médula.

Pero...

En esto llegó el reggaeton. Estilo musical, vamos a llamarle así, donde se alardea con constancia digna de mejor empresa, y con unos versos entre groseros y horteras, de presuntos miembros viriles de grosor desmesurado y de ciertas capacidades sexuales de repetición extraordinarias. Estilo musical, según parece, que además debía acompañarse por parte de las mujeres con una serie de movimientos convulsos denominados perreo que, sin duda, en su denominación llevaba la descripción perfecta de su cualidad estética y desarrollo cultural. 

Y encima…

Llegó Bad Bunny a España, o al estado español que perrearemos pero somos muy de izquierdas, y en su escenario había versos horteras, groserías sin fin, movimientos espasmódicos y…, la casita ¿Y qué es la casita? Un sitio para la oligarquía local, por supuesto y siempre, y para la presunta plenitud física femenina, ya saben, tetas y culos en el peor gusto rancio y si te encuentra el ojeador: una apoteosis del Capitalismo. Así, un grupo de especialistas ojeadores, como en la otrora feria de ganado de Medina de Campo pero sin su dignidad campestre, buscaban hembras atrayentes para lucirlas en el nuevo mercado.

Y...

Lo personal dejó de ser político y las que antes clamaban contra la cosificación del patriarcado, no todas hay que ser justos, dijeron cabalgar en sus contradicciones para acabar de aseverar que a veces, a todos y todas nos ha pasado, lo personal es ridículo.

Mas...

Este artículo sería falso si solo hiciera, o hiciese, que me estoy gustando, una muestra de las contradicciones de la propia inquisición. Porque lo interesante no es eso, eso es sólo una consecuencia, sino cómo una idea, lo personal es político, que podría haber sido un principio de libertad y progreso acabó en una custodia moral de buenas costumbres y un no llevas bien el velo (Irán siempre como ejemplo). 

Y es esto, sin duda, lo más interesante. Pero, otro día.


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