sábado, junio 14, 2008

¿QUÉ SE SIENTE CUANDO NO SE SABE NADA?

Y que venía yo de formar parte de un tribunal de selectividad. Y que venía quemado porque todo es ridículo. Porque me dan ciento cuarenta y cuatro exámenes el martes a las ocho de la tarde y me piden que los devuelva el viernes a las nueve de la mañana. Y lógicamente yo sigo yendo al tribunal, a vigilar exámenes, el miércoles y jueves. Y el viernes al instituto. Y que en definitiva los voy a entregar el lunes por dos motivos: primero, porque los trabajadores no tenemos que trabajar veinticuatro horas al día (aunque la UE opine lo contrario con la abstención del gobierno español); segundo, porque los usuarios tienen derecho a un tiempo mínimo y necesario de corrección. En fin, que venía quemado y únicamente me consolaba una cosa: que pagan y pagan bien.

Y que ya es jueves y me pongo a comer en casa. Y veo mientras las noticias porque hoy llego pronto. Y como es el último día de selectividad pues sale eso. Y se ve a unos analfabetos con el título de bachiller y futuros universitarios quemando algo. Y entre risas idiotas, seguro no solo la risa, y un mini en sus manos comentan que queman apuntes de aquello que nunca volverán a estudiar y ya no les importa. ¿Y de qué son los apuntes? De filosofía. ¿Y de quién? De Kant. Ya son idiotas y ya son felices.

Y que es famoso. Los nazis quemaron libros y midieron la temperatura: 451 grados fahrenheit (233 grados Celsius). Y que es curioso, hoy en uno y otro sitio dos heroicos, y mediocres, futbolistas de la selección española reconocen algo doble: no leen y tienen un BMW. Idiotas y felices.

Y que recuerdo que un día, este mismo año, estaba yo en clase. Pasó, creo, en 1º de bachillerato y otra vez en 4º de ESO. Explicaba algo y se me ocurrió hacer una pregunta sencilla. Nadie la sabía. Y entonces pregunté: ¿qué se siente cuando no se sabe nada? Y en ese momento los alumnos no se sintieron orgullosos. Ni aún idotas ni aún felices.

Y que sé que ese mismo Kant señaló una vez la idea más hermosa de la historia de la filosofía. Y que por ello es la idea más hermosa de la historia de la humanidad: lo importante no es ser feliz sino ser digno de serlo.

6 comentarios:

Eloy Garavís dijo...

A este paso se va a forrar usted de tanto trabajar. Yo me propuse una vez quemar los apuntes de la carrera en una hoguera de san Juan, mi hermano homónimo del santo me lo impidió, pero la verdad es que los apuntes sirven para bastante poco, todo lo puedes encontrar en los libros mucho mejor explicado. Que no les importa la filosofía lo dicen ahora, recién terminado el curso. Además, no sé de qué se extraña, ya sabemos que las humanidades interesan cada vez menos a jóvenes, políticos, futbolistas, profesores, albañiles, etc. No es lo mismo quemar apuntes (en hoguera catártica de estudiantes recién aprobados) que libros. La pregunta que me asalta ante la idea de Kant es la siguiente: ¿ser digno de ser feliz sólo es posible por medio de la razón? Porque la poesía, esa que usted considera muerta, también provoca a veces un sentimiento cercano a la felicidad. No sé, quizás yo no sea digno de ella.
Salud y buenas correcciones.

odradek dijo...

qué suerte tienen algunos! sus alumnos queman los apuntes! los míos son tan refractarios que ni siquiera se animan a tomarlos, ay.

de todos modos trazar una analogía entre los excesos primaverales de los adolescentes y la destrucción programática de toda diferencia cultural efectuado por los fascismos (éstos iban cargados de apuntes, tratados, refutaciones...) parece una pirueta más teológica y literaturesca que racionalista, más como para escribir una novela tipo El señor de las moscas que para hacernos razonar.

entre quien hace una fiesta primaveral de tábula rasa -san juan está a la vuelta de la esquina - y quema unos papelujos y quien te obliga a leer los que quiere mientras te prohibe el resto, tú a quién prefieres?

Mesura, mesa, mesura, que es como cuando algún tolili nos dibuja la genealogía ideológica de una prenda tan útil y cómoda como el pañuelo palestino o las botas militares de los punkies antimilitares.

Un Oyente de Federico dijo...

No había estudiado nunca, ni siquiera iba a clase. Mis padres se resignaron a la evidencia y me busqué un trabajo en un taller.
Economía sumergida, sin seguridad social y escasa paga semanal. Era lo que había. Pero feliz porque ya no tenía que ir al colegio.

Hasta que un día me dijo, que si no iba a volver a tocar los libros que los vendiera o los tirara, que estorbaban.
Entonces fue cuando se me agitaron las neuronas. Pensé que ya no iba a aprender nada más, que lo escaso que había aprendido en el colegio era todo el conocimiento del que iba a disponer durante toda mi vida.

No me resigné, empecé a comprar libros y a leerlos.
Cuando nació mi hija, intenté hacer el acceso a la Universidad para mayores de 25 años, para poder ayudar a mi hija cuando empezara el colegio (mi señora tampoco tuvo estudios). Asistí a todas las tutorias presenciales que daba la UNED, pero aun así, ni siquiera llegue a examinarme. Realmente no servía para estudiar.

Pero pude ayudar a mi hija. Y también trasmitirla el respeto a los libros. Jamás estropeo ninguno, (más allá de lo necesarío) y le aseguro que sería absolutamente incapáz de romperlo o quemarlo, ya sea “Mi lucha” de Hitler o “Las cuatro tesis” de Mao.

Creo que, el que los chavales , lo hagan es una confirmación más, del fracaso profesional de Uds. los maestros.
Que no han sabido o no han podido, inculcarles lo que significa el conocimiento trasmitido. Y el aprender para ser alguien, porque no se es nadie, hasta que no tengas algo que enseñar a los demás.

En un clima social normal, el propio ambiente impediría que alguíen se atreviera en público a llevar a cabo acciones como la que Ud comenta.
Estoy seguro que esos chavales ni siquiera sabía que los nacional-socialistas alemanes, lo hicieron antes que ellos.
O quizas si, porque sale en una de Indiana Jones. Pero no lo relacionan con la realidad.

Y claro que la ignorancia es felicidad.
Se encuentra en la Biblia, en el Génesis. Nuestros ancestros fueron felices hasta que nuestro eslabón perdido “comió del arbol de la ciencia, del bien y del mal”. Ahi, en ese instante, se acabaron nuestras posibilidades de ser felices y la consecuencia del “conocimiento” empezamos a parir con el sudor de la frente y a ganarnos el pan con dolor.

No debe, extrañarnos entonces, que nuestros ancestros (Homo Logsensis) que hoy reaparecen en los institutos, quemen a Kant y se nieguen a evolucionar, les va la felicidad en ello.

Don Güapo dijo...

Creo que su post no es acertado. Además, es contradictorio.

Dar fuego es un acto simbólico que representa, la mayoría de veces como los forenses y los psicólogos saben bien, una necesidad de purificar aquello que nos desasosiega y que nos impide vivir como quisiéramos.

Cuando un púber de esos que cita quema apuntes, no está destruyendo la cultura sino tratando de eliminar definitivamente algo que lo tortura. Y no lo tortura la filosofía, sino el esfuerzo para aprehenderla.

El problema no es quemar apuntes. El problema es que ese acto es un síntoma nefando de una sociedad que lleva enraizado en su tuétano, el desprecio del trabajo y del esfuerzo, vistos como una pesada obligación y no como un deber.

Y eso tiene mucho que ver con lo que dice de las horas de trabajo.

Por eso su post, sin quererlo, es contradictorio.

Anónimo dijo...

Pues yo quemé El alquimista con un amigo para conmemorar un día del libro en un picnic beodo entre carrascas y nos quedamos muy panchos luego. Claro, que al señor ese alemán que cita nunca le hubiéramos quemado, para no ofender a quien nos enseñó a escribir de una vez para siempre Nietzsche. Ya ve. Todo se hubiera solucionado si las clases de filosofía se las hubiera dado usted.
Que siga usted bien



La funcionaria

Anónimo dijo...

Algún tiempo sin pasarme por aquí, ignorante de que me estaba esperando uno de los mejores artículos de opinión que recuerdo haber leido.

Enhorabuena, Don Epé.

No sé si seguirá sintiéndose usted infeliz, pero si la felicidad depende de la rara posibilidad de ser culto y libre, debería usted de empezar a sentirse algo mejor.

Con su permiso corto, pego y reparto su magnífico artículo para deleite de mis amistades.

Un saludo

Sabiopelotas numbertwo