jueves, julio 18, 2013

¿SALIENDO DE LA CRISIS?

Resulta claro el mensaje que se está lanzando: estamos saliendo de la crisis. Este lema publicitario ya no solo es una locura del gobierno –aquellos brotes verdes, que hubiera podido cantar Nat King Cole- sino una obra coral que se entona por un importante sector del periodismo, el análisis financiero publicado, y publicitario, y el Partido Popular.  Lo interesante aquí es analizar no solo si es verdad o no la salida de la crisis, sino realmente qué se quiere decir con esa consigna. Es decir, no se trata de decir que esta gente está mintiendo y por tanto no estamos saliendo de la crisis sino de hacer un análisis sociológico, al menos para nosotros, más interesante: se trata de mantener que ellos creen estar diciendo la verdad y analizar, entonces, qué quieren decir cuando dicen que se está saliendo de la crisis. Se trata, por tanto, de ver qué es para ellos salir de la crisis y qué visión tienen de una España sin crisis.

Los datos objetivos no suelen tener problemas. La interpretación de los datos objetivos, sí. Lo más inteligente que ha hecho la derecha de este país, al servicio de la oligarquía y de un proceso de precarización social (aquí un resumen), ha sido sin duda presentar su interpretación de los hechos objetivos como la interpretación objetiva de los hechos. Es decir, ha logrado algo fundamental al conseguir identificar su interpretación de los datos con los datos mismos, presentándolo como la misma cosa. Y así, presentar la llamada crisis como un problema determinado que, una vez esos hechos específicos se corrigen, se acaba. Efectivamente, la derecha ha lanzado tres consignas que han sido seguidas con gran éxito por los medios fieles y que ha calado en la mayoría de la población.

Primero, ha logrado generar la idea de que la crisis ha sido motivada porque la gente ha vivido por encima de sus posibilidades. Así, ha echado la culpa a la gente de haber tenido trabajo -siempre precario pues en un país con una rigidez laboral extraordinaria, otro mito de la derecha, se ha echado a la calle a seis millones de personas- y con él comprarse un artículo de lujo como es una casa en vez de vivir en los pisos que los especuladores compran para alquilar. Así, la chusma, como pensaría la derecha, pretendía un hogar y al comprarla tuvo que aceptar las condiciones de la oligarquía política en gobiernos y ayuntamientos,  financiera, con los créditos abusivos de los bancos, e industrial, con una casta de constructores financiados por los dos anteriores elementos, impuso en un pasado cercano. Es decir, en realidad la gente fue estafada. Pero, en la visión de la crisis impuesta, el único culpable ha sido la gente que ha vivido por encima de sus posibilidades.

Segundo, y al hilo de lo anterior, la derecha ha generado una idea determinada de la visión económica. Efectivamente, hay, al menos, dos datos muy interesantes en la economía española actual: la prima de riesgo y el paro. La idea publicitaria de la derecha, genial por qué vamos a negarlo, ha hecho que la discusión económica se haya centrado en la prima de riesgo y no en el paro. Esto puede resultar baladí –qué bien hablo e incluso escribo- pero es fundamental en este tema. Efectivamente, lo es porque hay una diferencia, y no pequeña, entre una cosa y otra. El paro como cifra habla de la mayoría social y, por tanto, de un interés mayoritario. Ahora bien, la prima de riesgo es algo que se controla desde un sector social específico que, además, tiene intereses oligarcas. La prima de riesgo la decide eso que eufemísticamente se llama el mercado. De esta forma, la prima de riesgo se puede convertir en arma política. ¿Qué significa esto? Que el mercado, es decir: la oligarquía económica, puede priorizar, como de hecho hace, unas opciones sobre otras a la hora de fijar el interés de la deuda. Es decir, la desconfianza económica es ideológica y así, por ejemplo, países con menor deuda pública, como España, pueden sin embargo ser más castigados por los mercados que otros con mayor endeudamiento. De esta forma, la prima de riesgo se convierte en arma para eso que hemos llamado aquí como proceso de precarización pues lo que busca es decidir las estructuras macroeconómicas de cualquier país. La prima de riesgo es un instrumento político del mismo modo, por ejemplo, que el Banco Central Europeo no compre deuda. Así, cuando se sitúa como prioritario que la deuda baje lo que se hace es desarrollar las condiciones que la propia oligarquía ha puesto: el proceso de precarización.

En tercer lugar, está el otro, según la derecha, gran culpable de la crisis económica: el déficit público. Efectivamente, la derecha ha logrado colar por la rendija de la opinión pública la idea de que todo gasto del estado es malo, que la gestión privada es necesariamente mejor y que hay, como consecuencia, que reducir el gasto público –lo que para ella es reducir a asistencial los derechos sociales-. Así, todo aquello que huela a intervención estatal será censurado sin distinguir entre derechos sociales, reducidos a la mínima, inversión pública y gasto censurable –que, por cierto, se mantiene-. De esta forma el limitado estado del bienestar español se ha perdido y entramos en el periodo de la caridad pública o privada. Pero algo más. De esta  forma también se introduce la gestión privada de los servicios públicos con lo que lo que los grandes grupos empresariales de sanidad y educación pueden hacer negocio fácil. Unos pierden y otros ganan.

En definitiva, la crisis se presentaba bajo estas tres patas y con dos culpables: la gente y el estado habían derrochado extraordinariamente y esto había llevado a una desconfianza general de los mercados vista en la prima de riesgo. Por tanto, cortando la deuda, pública y privada –y la privada era el crédito para la clase media-, y logrando de nuevo la confianza de los mercados se conseguiría la ansiada salida de la crisis. Y esta era la trampa. Si se admitía como causa de la crisis lo anterior, el malgastar de gente y la mala administración pública, la forma de salir de la crisis era acabar con esto y eso significaba y no curiosamente, reconvertir el país en otra cosa a lo que era antes de ahora:  traicionar a España.

Así, ya estamos en disposición de poder explicar qué significa cuando dicen que estamos saliendo de la crisis. Lo que se quiere decir es que se está cumpliendo estrictamente el proyecto de precarización que comenzó fundamentalmente con el pacto del euro y cuya finalidad última es convertir al sur y al este de Europa en un émulo de China.

Efectivamente, tal y como ya llevamos anunciando aquí hace tiempo -nos gusta echarnos flores- salir de la crisis significa para la derecha conducir al país a la condición necesaria que haga posible ese objetivo de la precarización. Y para ello, no basta ya con una precarización socioeconómica exclusivamente sino que hace falta una devaluación democrática donde la soberanía nacional, o sea los votantes y ciudadanos, ceden su poder político ante Bruselas, lugar para la propia oligarquía. Así, salir de la crisis para la derecha es haber sentado las bases para precarizar España.


Se está a punto de salir de la crisis porque España está cerca, ayer con el PP defendiendo la LOMCE se dio otro paso, de dejar de ser un estado social y democrático de derecho. La derecha, sin duda, va ganando la batalla. La precarización es una realidad objetiva que comienza ya no solo a ser un proyecto sino algo más, un hecho político y social con entidad propia. Cuando el representante del gobierno señale que la crisis ha finalizado querrá decir que nosotros, usted y yo, habremos perdido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

De momento, tú no has perdido. Cuando te echen a la calle. Entonces, habrás perdido. Espero que llegue ese día, sentado en mi puerta.
;)