lunes, septiembre 07, 2015

CAPITALISMO E IDEOLOGÍA: ARTE SUBVERSIVO/1

Utilizar la palabra subversivo es cuando menos emplear un término  críticamente poderoso: ¡uf, qué subversivo! Y luego poner cara de que, primero, lo hemos entendido y, segundo, estamos de acuerdo.  Efectivamente, decir que algo resulta subversivo quiere decir que ahonda y va en contra no sólo de una idea concreta del discurso dominante sino que, además y principalmente,  ataca sus pilares: o sea, sin enrollarse, que resulta extraordinariamente crítico y rebelde.

Últimamente, este término se ha utilizado para referirse a la nueva obra de Banksy, artista que siempre ha pretendido ejercer una acción presuntamente contraria al sistema y que esta vez ha sorprendido con un Disneylandia pero en plan crítica feroz. Lo que nosotros pretendemos -de pretensiones está el mundo lleno aunque no sabemos si acabará siendo subversivo o no e incluso no sabemos por cuánto nos lo comprarán en el mercado subversivo del arte subversivo- es analizar si realmente cabe la posibilidad en el Nuevo Capitalismo de realizar obras de arte subversivas o, cuando menos, productos estéticos qué tal índole. Así pues, todo este artículo pretende analizar no si el arte de Banksy en concreto es subversivo o no, sino algo más: si el arte, e incluso cualquier actividad intelectual como la Filosofía o el discurso político por ejemplo, pueden resultar subversivos en el Nuevo Capitalismo.

Lo primero de todo es volver a la definición para definir con exactitud. Por subversivo entendemos aquello que va contra, socava, los cimientos del orden establecido, no solo alguna idea en particular, y provoca, o al menos busca provocar, una reacción entre los espectadores de rechazo, primero, y luego de reacción crítica frente a ese mismo orden. Así, un arte es subversivo, y esto es importante, porque se enfrenta en lo fundamental al discurso dominante, ridiculizándola o mostrando su falsedad. Por tanto, para ser subversivo no basta con uno sino con dos. Para que haya subversión no basta con un artista o filósofo revolucionario sino que también es necesaria una serie de ideas sociales dominantes y concretas contra las que actuar.

Pongamos un ejemplo: en la España de Franco, un arte subversivo era una película que pusiera en solfa la ideología propia del Régimen como pudiera ser, por ejemplo, El pisito –obra maestra sublime-, Calle Mayor –obra maestra sublime-  o la serie de películas de Berlanga, por ejemplo. Y lo era no solamente por el contenido de las obras en sí mismo sino también porque el régimen franquista tenía sin duda una ideología claramente perfilada.

Así, hay tres condiciones para el arte subversivo: primero, que lo presentado sea lógicamente una obra de arte; segundo, que exista una ideología concreta en el  sistema de dominación; tercero, que dicha obra vaya contra esa misma ideología.

Hasta la irrupción del Nuevo Capitalismo todos los sistemas sociales de dominación tenían una faceta de explotación y otra de dominación subalterna a la primera. Los sistemas económicos anteriores al Nuevo Capitalismo tenían su base económica en la explotación del trabajo humano,  que realizaba la mayoría de la población, por parte de una minoría que mantenía una actividad básicamente ociosa y que vivía de dicho trabajo. Por ello, era necesario el control de la sociedad para evitar la rebelión. Así, como se trataba de sustraer el producto de trabajo por parte de una minoría a una mayoría inmensa solo había dos salidas: o la pura coacción violenta o el engaño del convencimiento. Atraco o timo, y las dos se utilizaban. La forma violenta no exigía más que el uso de la fuerza bruta pero el timo exigía algo más: que esa inmensa parte de la población a la que se le robaba el producto de su trabajo no reaccionara ante el hurto y estuviera convencida, al menos asumiera, que esto era la situación normal. Y ahí, grosso modo, es donde estaba la función de la ideología que servía para conseguir que esa misma gente robada no presentara una reacción hacia la dominación.

Por todo ello, y de acuerdo a la simplificación del esquema que estamos haciendo pero que contiene en esencia la verdad, el sistema de dominación tenía unos  contenidos culturales determinados que tenían como finalidad la aceptación por parte de esa mayoría expoliada pero ahora convencida de su condición sumisa. Ideas como la religión o la patria –eso que hoy es tan de izquierdas en Cataluña- no eran, y no son, sino elementos utilizados para esa dominación. Y por ello, atacar esas creencias convertía al discurso en subversivo pues buscaba socavar los cimientos de la dominación ideológica. La subversión era posible, por tanto, no solo porque hubiera artistas rebeldes, o en cualquier otro integrante del segmento cultural en la división social del trabajo, sino porque había un discurso explícito y concreto por parte del sistema de dominación en el que mostraba sus ideas: defiendo esto y aquello. Burlarse de la patria era subversivo, burlarse de la religión era subversivo –por poner los dos ejemplos anteriores- porque el propio sistema defendía la patria y la religión para mantener la explotación de la mayoría social.              
          
Pero, ¿quiere esto decir que todo sistema de explotación debe tener a su vez y necesariamente dominación? Contestemos a esto, pues ya lo hemos tratado; aquí y acá de manera desarrollada, brevemente: no. La dominación no es un fin en sí mismo sino solo un medio para conseguir otra cosa. En este caso concreto un medio para  lograr la explotación que realmente es el auténtico fin. Del mismo modo que la violencia o el engaño no es el fin del ladrón sino el botín, si se puede explotar sin necesidad de dominar resulta un ahorro de energía.

Y ahora, vengamos a la actualidad para intentar contestar a nuestra pregunta ¿Puede ser el  arte de Banksy, o cualquier otra obra, arte subversivo? La forma más sencilla de contestar a esta cuestión es no yendo a la obra en sí misma, pues las obras con pretensiones de subversión son como los libros de pensamiento positivo: muchos, sino a su enemigo: ¿existe ideología concreta en el Nuevo Capitalismo?

Algo que llama mucho la atención es cómo en el Nuevo Capitalismo existe libertad y derechos civiles. Los sujetos pueden expresar libremente sus ideas y formar partidos políticos o asociaciones para defenderlas, hacer arte subversivo y venderlo o incluso tener este rebelde blog... Parece así que la dominación no resultaría muy efectiva ateniéndonos a este campo. Efectivamente, y siendo sincero, ¿tenemos usted o yo problemas para expresar nuestra opinión porque el sistema capitalista la coarte? Parece que no, encima, nos lo facilita.

Pero, además, no se puede identificar un pensamiento determinado y concreto como la ideología del sistema del Nuevo Capitalismo. O diciéndolo de otra manera: el sistema ya no tiene ideología en cuanto a pensamiento concreto que defienda sus intereses. Alguien podría aseverar que el pensamiento neoliberal podría ser el discurso ideológico dominante pero eso demostraría que no ha entendido el concepto de ideología y que lo confunde con los intereses intelectuales de la oligarquía. Pues podrá ser que ahora por su interés de clase sea ese el discurso - tal y como se  ve en el proceso de precarización- pero no hay   que confundir el interés de la oligarquía con el interés del sistema.

Los sistemas anteriores necesitaban engañar a la gente para que esta accediera   a dar el fruto de su trabajo a una minoría social. Sin embargo, el Nuevo Capitalismo no funciona así porque, como ya hemos analizado otras veces, en el Nuevo Capitalismo la producción económica no se reduce sólo a la producción propiamente dicha de elementos materiales en el trabajo sino que en ella entra también el consumo: consumir es producir beneficio económico capitalista. Al ocurrir esto, cualquier actividad que guarde relación con dicho consumo es una actividad que produce beneficio y por lo tanto es una actividad productiva en la explotación del sistema. Ahora, como ya hemos dicho en otras ocasiones, imagine su vida diaria y piensen si existe algún momento en el cual está usted, o yo, realizando alguna actividad sin consumir absolutamente nada ya sea activamente o de forma pasiva ¿A que no?

Pongamos otro ejemplo. Imaginen que yo estoy escribiendo este subversivo artículo para publicarlo desde mi extraordinaria y autosatisfecha conciencia marxista. El mero hecho de escribir este texto implica que estoy consumiendo desde los aparatos necesarios para hacerlo, como mi ordenador, hasta la luz y cualquier otro elemento que ya sea de forma directa o indirecta está rodeándome en estos momentos. Así, al consumir estoy produciendo beneficio capitalista y estoy generándome como mercancía y como explotación económica independientemente del contenido concreto –y mire usted que lo que yo escribo es muy rebelde- de dicha mercancía. Efectivamente, como tal mercancía  sería lo mismo si lo que estuviera escribiendo fuera un artículo defendiendo la privatización de los servicios públicos que clamando contra el (inexistente) patriarcado capitalista. Mi vida es, independiente de su contenido, es auténtica, auténtica mercancía.

Así, por primera vez en la historia de la humanidad un sistema económico de explotación ya no necesita una faceta propia de dominación pues resulta imposible escapar a la explotación totalitaria que realiza dicho sistema. La explotación capitalista es la propia vida humana. Y de esta manera, el sistema puede escapar a tener una ideología determinada y los sujetos pueden expresar libremente cualquier opinión, incluso las más subversivas y antisistema, porque de lo que no pueden escapar es de su propia vida como consumo que es la clave de toda la explotación: sus propios obras críticas, y las demás, son mercancías.

Es maravilloso observar como jamás probablemente en toda la historia de la  humanidad ha habido tanto artista autodenominado subversivo, tanto discurso anticapitalista frente al sistema, o incluso tuits cargados de espíritu revolucionario en tan solo 140 caracteres. Pero todos ello lo es por el mero hecho de que su realización ha generado un beneficio económico y ya se ha convertido en mercancía de forma independiente a su contenido, que puede ser absolutamente cierto o absolutamente falso. La mercancía es la forma social y vital de relación.

Y volvamos otra vez a Banksy ¿Puede el arte de Banksy ser subversivo? Creemos que la respuesta ya está clara. Ya hemos señalado que el arte sólo puede ser subversivo contra un discurso dominante. Sin embargo, hoy en día el nuevo sistema capitalista carece de dicho discurso dominante y carece de una ideología concreta. Por todo ello, las presuntas composiciones subversivas de cualquier autor  no están respondiendo en realidad al propio sistema sino sólo a ciertas teorías que, por cierto, carecen absolutamente de hegemonía social. El discurso subversivo ya no existe porque no existe el discurso oficial por innecesario.

¿Pero Banksy entonces no es crítico? Que un sistema de explotación no tenga ideología concreta, un discurso ideológico determinado, no quiere decir que no tenga un proceso ideología. Por supuesto, se puede aún ser crítico pero el problema es que la inmensa mayoría de eso que se presenta como subversivo en realidad es complaciente. Pero eso ya otro día.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Disculpe Enrique, pero ha escrito usted Bansky, permítame que le corrija: Banksy

Javi Castañeda dijo...

Muy bueno el artículo, se ve que va concretando ideas que en otras entradas quedaban algo abstractas. Lo de que el sistema económico recicla ya todo, incluso aquellos movimientos pretendidamente subversivos (¿quien no ha visto una camiseta con el símbolo de la anarquia en alguna gran tienda de ropa?) es algo muy hegeliano y con lo que estoy totalmente de acuerdo. La única "solución" sería el del asceta que renuncia a todo consumo, algo muy cristiano por otra parte: la renuncia y el sacrificio, y algo realmente subversivo.

Por otro lado queda una definición de arte que propone Felix Duque en Terror tras la posmodernidad donde no habla de arte subversivo, pero si capaz de conmocionar individualmente (ahí la diferencia) a través del terror que suscita la obra, una versión más radical si cabe del concepto de lo siniestro de Freud. En este sentido yo sí que creo que hay un arte subversivo no contra el sistema económico, puesto que sus obras seguirán teniendo valor económico, pero sí contra un sistema político y de pensamiento que tenemos los bienpensantes y demócratas occidentales y su buena conciencia. Creo que contra este, obras como el Crash de Ballard, Los Soprano o el Videodrome de Cronenberg, por poner algunos ejemplos, son obras que dinamitan directamente este sueño ilustrado y su producto derivado, la buena conciencia. En este sentido Goya o Delacroix serían los precursores de esta subversión. Y en nuestro país Buñuel un maestro con su Viridiana o El ángel exterminador.

Enrique P. Mesa García dijo...

D. Anónimo: no sólo se lo permito, sino que se lo agradezco. Muchas gracias.

Enrique P. Mesa García dijo...

D. Javier, pues fíjese que para mí es al revés. para mí lo subversivo es lo contrario a lo que usted señale. pero, como diría un posmoderno, no le quiero hacer un spoiler del siguiente artículo.

Javi Castañeda dijo...

Eso lo dice porque en el fondo es un burgués ;) Espero impaciente el siguiente para ver cómo lo interpreta.

Anónimo dijo...

No me queda claro el que, si la ideología es el la herramienta que somete al trabajador para ser explotado, y si el nuevo capitalismo no tiene ideología ¿cómo consigue este someter al trabajador?
¿Es el ocio el sustituto de la ideología en esta función de explotación?

No hace mucho que mi hija me mostró obras de Banksy, no lo conocía hasta ese momento. Me gustó mucho la técnica, el soporte y utilizar la paradoja como argumento de su obra (muy común en el arte contemporáneo) ¿Ud cree que realmente es subversivo? ¿A donde nos llevaría la mecánica de esa subversión.

Me parece una joya su párrafo del comentario que empieza con “Es maravilloso observar...“

Un Oyente de Federico