martes, septiembre 10, 2013

GIBRALTAR Y LA POLÍTICA

Desde siempre, la precisión en el lenguaje ha sido un ideal del pensamiento filosófico y también, como no podía ser menos, del mío. Educado en colegio privado, en la universidad pública, doctor en Filosofía y número uno de mi promoción en las oposiciones a profesor, siempre he procurado un uso preciso del lenguaje. Así, puedo declarar desde esta característica que el hecho de que Gibraltar sea británico o español me la pela.

Pero, hay algo falso en esto y no es la opinión subjetiva: realmente es que me la pela. Lo erróneo es creer que la política es el reino del deseo personal concluyendo que si soy indiferente ante algo ese algo ya no es importante. O dicho en lenguaje propio de esta investigación: si eso me la pela eso es una gilipollez.

En la política, y esta es la diferencia con el sueño del fácil radicalismo, lo que importa no es el deseo personal sino el statu quo vigente. Es decir, en la política no se juega solo con lo que debería ser sino, y fundamentalmente, con aquello que está siendo. Y en este caso concreto, el statu quo vigente de las relaciones internacionales. Pero, al tiempo, no solo de ellas. Es otro error,  y este intencionado como veremos, pretender que el problema actual de Gibraltar es un tema que solo afecta a la política internacional española y el actual conflicto no se puede examinar desde un tema más nacional –obsérvese la ironía del comentario.-.

En primer lugar, debemos dejar claro que Gibraltar, de acuerdo al modelo internacional vigente sobre soberanías nacionales, debería ser español. Obsérvese lo que hemos dicho. No hemos señalado un deber ser universal y de contenido moral y patrio sino uno de acuerdo a unas circunstancias concretas que son las relaciones internaciones entre países en la actualidad. Así, de acuerdo a las mismas, y teniendo en cuenta además que se trata de dos democracias que respetan básicamente los derechos humanos, el Reino Unido debería devolver Gibraltar a España.

Sin embargo, el tema Gibraltar nunca debe ser un tema prioritario para España. Resulta ridículo que en un país con seis millones de parados y un proceso de precarización que busca su conversión según el modelo chino, el tema patrio no sea la pérdida de la propia soberanía nacional y la traición constitucional del gobierno a favor de una Bruselas nada democrática sino la discusión sobre un peñasco. Efectivamente, la traición a la Constitución española y vender la soberanía al proyecto de precarización europeo es el auténtico tema para la defensa España y no una roca poblada de monos –y personas también, británicos pero personas-.

En segundo lugar, está el tema de las aguas territoriales y la ley. El tema, evidentemente, es de orden jurídico internacional y solo puede tener respuesta desde ese orden. Es decir, no parece que sea algo que se pueda discutir fuera de ese estrecho y profesional círculo. Y aquí, tampoco.

En tercer lugar, y como algo de lo que curiosamente se habla poco, el tema del lanzamiento al mar de los bloques de hormigón y las obras de ampliación deberían tratarse prioritariamente como un problema de medio ambiente y de  economía sostenible y no como un tema patrio. Igual, hasta hay razones para echar esos bloques al mar.
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En cuarto, que Gibraltar no puede ser un paraíso fiscal. Pero el problema aquí es el falso escándalo que ha generado la derecha. No se trata de escandalizarse porque Gibraltar sea un paraíso fiscal, sino de hacerlo porque haya, estén donde estén, paraísos fiscales. Así, se debe apoyar toda acción en contra del peñón como paraíso -incluyendo si es necesario cerrar la reja-, pero, a la vez, exigir en los foros internacionales la desaparición de todos los paraísos fiscales -incluyendo los que conoce la oligarquía o meterlos entre rejas-.

Sin embargo, y esto es lo que realmente importa en el momento actual, también hay que tratar este asunto desde una perspectiva política exclusivamente nacional pues hay tres temas muy interesantes.

El primero es, y no es un error, el caso Bárcenas. Efectivamente, la causa fundamental de la actualidad del asunto Gibraltar es el caso Bárcenas. Un partido acosado por problemas muy graves de corrupción necesitaba cambiar de foco de actualidad. Así, el nuevo foco sería la españolidad del Peñón. Pero, y estos es interesante, no tratándose de la tradicional cortina de humo patria. Hasta ahora las estrategias de distracción patrias tenían como objetivo la mayoría de la población inflamada de fervor nacional -por ejemplo, la diada que se avecina-. Sin embargo, esta nueva estrategia está dirigida fundamentalmente al propio electorado del PP: es un cierren filas. Esta cortina de humo ya no pretende unir a todos los españoles sino exclusivamente a los votantes que el propio partido en el gobierno está perdiendo. Y esta pérdida de voto se debe, fundamentalmente, a su política social. No hay nunca que olvidar que en España un amplio grupo de derechas tiene una política social intervencionista y ajena absolutamente al actual gobierno. Y a esto hay que añadirle, y como puntilla,  el caso Bárcenas.

Efectivamente, segundo punto, el PP tiene un grave problema pérdida de votantes por su política social que resquebraja la fidelidad del voto. Pero, lo que sí uniría a la mayoría de los votantes del PP es el tema patrio y el nombre de España. Y más después de la patética actuación del gobierno Zapatero, las acciones de los nacionalistas y la comprensión de la autoproclama izquierda hacia ellos: está prohibido decir España –la llaman estado español- pero se sientan al lado de un grupo que se llama –ojo al nombre- Iniciativa por Cataluña. Ante esto, el empleo del tema del Peñón es una estrategia para conseguir recuperar el voto: presentar al PP como el único partido nacional. Y esto busca conseguirse de una forma doble. Primero, mostrando la defensa de España con, presunta, dureza del gobierno haciendo declaraciones tipo se acabó el recreo y aspavientos con bandera de cara a la galería. Segundo, y esto es clave, conociendo de antemano el discurso de la presunta izquierda. Así, la clave en las dos actuaciones es la recuperación del voto perdido.

Así, tercer punto, se llega a una conclusión. Todo este monopolio patrio del PP no sería posible, y esto lo conoce el PP, sin la ridícula actuación permanente de la autoproclamada izquierda en el tema nacional y nacionalista. Efectivamente, la izquierda cree que se puede estar embarazado a medias y ser paleto y patriota en una región y ser escéptico y cosmopolita en Madrid. El problema, por tanto, no está en no ser nacionalista español, la izquierda no puede ser nacionalista, sino en serlo catalán, vasco, gallego o de cualquier otra provincia como lo es la autoproclamada izquierda y no serlo, ya puestos, español. Y lo que la gente, con razón, no entiende es precisamente esa incoherencia.

Y esto se ha visto perfectamente en el tema Gibraltar y se verá en la ridícula diada. Mientras en un tema la izquierda ha mantenido una mirada de superioridad moral no exenta de cierta ironía antipatriota -y ahí tiene razón- su baba caerá mientras canta ensimismada una tonadilla agrícola al lado de una bandera con rayitas -y ahí no tiene razón-. Así, lo que en un sitio es un trapo, en el otro es un símbolo sagrado: pero en una izquierda real los dos son un trapo.

Y aquí volvemos al grave problema del deseo subjetivo frente statu quo. A mí el ñoño discurso de la autoproclamada izquierda me la pela, nunca hay que perder la precision en el lenguaje, y a cada declaración de sus jóvenes dirigentes no puedo sino sorprenderme de cómo esa gente la llegado hasta ahí -para luego comprenderlo, eso sí, escuchando a sus mayores-. Pero son, aquí el statu quo, la única esperanza para obstaculizar el proceso de precarización.


La política es triste porque, curiosamente, no permite el ideal. Pero una cosa es pedir el ideal y otra es pedir, al menos, la coherencia.  Gibraltar no es más que una marca de pegamento electoral. Su finalidad es recuperar el voto perdido del PP hasta que llegue la falsa recuperación económica. Sin embargo, que funcione es un problema también que señala la incoherencia del discurso de la autoproclamado izquierda. Solo cuando esta se libre de su incoherencia paleta podrá enfrentarse a la derecha realmente aldeana. Mientras tanto, una roca con monos –y personas- o una cadena con eslabones nos son sino las distintas caras en la misma moneda del pensamiento reaccionario.

jueves, septiembre 05, 2013

VIDA INTERIOR/124: SIGUIENDO EN EL ESPINILLO

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

Queridos niños, queridas niñas y público en general. Nos hemos reunido hoy aquí para aprender algo nuevo y ya sabéis cuál es nuestro lema: algo nuevo aprenderéis a poco que escuchéis, aunque solo sea a perder el tiempo con la dignidad con la que yo lo pierdo.

El otro día, entre gritos de júbilo y satisfacción, estábamos dando algo.

El próximo año más.

O sea, que sigo en El Espinillo.

MIRADA OLÍMPICA (contra Madrid 2020)

Yo no apoyo Madrid 2020. Podía sin duda quedarme ahí o, como mucho, presentar un eslogan. Pero, soy un pesado y carezco de la riqueza de una vida tan plena que me impida argumentar. Así que, aquí va el rollo.

La vida en sociedad se basa en el interés. Desengañémonos, no es el afán de compartir ni el deseo de solidaridad sino el interés de sus miembros lo que mueve una sociedad. Y esto no es necesariamente malo: yo mismo también estoy interesado.  Porque el problema no es este, que la sociedad se conforme por el interés, sino cómo se concibe y desarrolla ese interés. Efectivamente, el interés social no es el mero interés egoísta infantil que lo quiere todo y ya mismo, sino que necesariamente se entra en un juego de relaciones interpersonales y ello obliga a la necesidad de aplicar un cálculo determinado. El modo en que se cumpla dicho cálculo es la clave.

La diferencia fundamental entre una sociedad política y socialmente democrática y cualquier otro tipo de sociedad surgido en la historia es precisamente la forma en que se desarrolla ese interés social. En la sociedad democrática, se trata de un interés compartido porque cada uno de los elementos que intervienen en el mismo gana algo en la acción social determinada. Por supuesto, esto no acaba con la explotación del capitalismo y ni tan siquiera necesariamente la reduce -pueden confirmarlo en los artículos de este blog donde se analiza el capitalismo- pero genera sin duda una estructura social que permite una constante mejora del nivel de vida. Y con ella, lo que no es baladí, una sociedad que, cuando menos, hará la vida personal más llevadera no solo para un individuo o grupo concreto sino para todos.

Este modelo de sociedad basado en el interés compartido era, hasta ahora, el modelo en que se miraba como aspiración, y todo sea dicho también cierto logro había, la sociedad europea continental. Existía claramente un cierto consenso sobre ciertos puntos que, sin necesidad de beneficiar individualmente a cada uno de forma inmediata sí lo hacía a la larga o de forma indirecta. Por supuesto, no hace falta casi añadir –obsérvese la contradicción con lo posterior- que este beneficio nunca era proporcionalmente igual para todos pues este sistema no garantizaba ninguna igualdad social necesariamente. La sociedad democrática no tenía que ser una sociedad de igualdad absoluta pero sí una sociedad donde el progreso necesariamente era general. Así, lo que resultaba, sin duda, es que lograba una mejora para los grupos sociales con menos poder económico y social y esto diferenciaba este modelo de todos los sistemas anteriores –y de todos los coetáneos, pensemos en las sociedades autoproclamadas comunistas o las autoproclamadas liberales, y los actuales como ahora veremos-. De esta forma, existía la certidumbre de que la prosperidad iba unida al transcurrir tiempo. Conforme pasaran los años la esperanza racional era que iba a mejorar la situación social concreta. Por todo ello, la expectativa realista era que el pacto social repercutiría en uno mismo tarde o temprano.

Así las cosas, de este interés social general podían surgir proyectos comunes porque de acuerdo a lo anterior los integrantes de la sociedad podían tener la expectativa perfectamente razonable de que algo sacarían ellos de este proyecto. Es decir, el proyecto no era por el engaño patriótico –se acerca la diada, hay que decirlo- sino que se asumía porque todos los integrantes sociales pensaban cabalmente lograr un trozo del pastel. Por supuesto, conviene repetirlo, todos sabían que el pastel no se iba a trocear a partes iguales, pero todos sabían también que llegarían a tomar la nata y eso era impensable hacía apenas veinte años. Puede sonar a poco, pero a quienes estudiamos con beca o a quienes tienen una enfermedad crónica les suena a mucho. Y esta realidad tan simple, la existencia de un interés común porque todos conseguiríamos algo, era la clave del estado del bienestar y del modelo social europeo. Y era también la clave del modelo que se articulaba en el artículo primero de la constitución española: estado social y democrático de derecho.

¿Pero a qué viene esto? Hay que rellenar, seguimos.

Todo este proceso social cambia a partir del proyecto de precarización porque este pretende ser en beneficio exclusivo de la oligarquía social. Es el proceso que se está dando en Europa, y puede que ya, en el mundo (1 y 2). En este proceso, que básicamente consiste en la depauperación social, política y económica de la mayoría de la población frente a la oligarquía socioeconómica, y que no es una necesidad del capitalismo, el interés social ya no es común y lo deja de ser porque los beneficios sociales ya no son repartidos. Efectivamente, el nuevo sistema social de la depauperación implica que las clases medias ya no pueden buscar su medro social en la estructura social y las clases bajas tampoco pueden garantizar allí su existencia material. Además, a la vez, implica que esa misma estructura social que niega a la clase media y baja sin embargo afirma la supremacía y el beneficio de la oligarquía: no nos engañemos, no es una sociedad liberal sino una planificación social. Así, se da un hecho curioso. El anterior sistema no aseguraba la igualdad pero el nuevo sí asegura la desigualdad absoluta.

Como consecuencia de esto, en este nuevo modelo social no cabe el proyecto común porque resulta evidente que la expectativa no es ya el reparto, más o menos justo, sino la idea, y con razón, de que unos van a cocinar y otros a comer –aunque en el peor de los casos incluso unos pueden ser los cocinados para otros-. Y quien va a sentarse en la mesa como comensal va  a ser, precisamente, esa oligarquía. Por tanto, ante esta expectativa perfectamente racional no hay ni puede haber proyecto común –excepto el estúpidamente patriótico, volvemos a la diada- sino que este desaparece para dar paso a negocios oligarcas.

Madrid 2020 empezó en Madrid 2012 y pasó por Madrid 2016. En las dos anteriores convocatorias, dentro del hartazgo que siempre es una olimpiada, se podía esperar que su celebración trajera beneficios a todos, por supuesto no por igual pero sí en cuanto a un reparto general. Sin embargo, una vez se ha roto este mínimo pacto social en España y la precarización es el proyecto de futuro solo cabe esperar que un grupo de voluntarios –y de empleados mal pagados- haga el pastel y la oligarquía se coma la tarta. Yo no apoyo eso.


Los dioses griegos vivían, ya es muy caro, en el Olimpo y Homero es un autor que se niega a envejecer. En su obra hay, sin duda, momentos de tedio clásico: en la época de la fabricación en serie el escudo de Aquiles ya no resulta tan atrayente. Pero hay otros que le impregnan de la tensión de la modernidad. Los dioses miran desde el Olimpo las batallas de Troya y así pasan el rato como los niños fastidiando en el hormiguero: no había Sálvame. De ahí surgió el término mirada olímpica; aquella mirada que lanza alguien que se cree superior hacia sus inferiores mezclando la conmiseración y el desprecio. Las olimpiadas de Madrid ya no son un proyecto común. Desde la cima social de su montaña la oligarquía mira hacia abajo donde ve a la gente esperando celebrar su proclamación: con su esfuerzo alimentarán el negocio. Los aros olímpicos son solo eslabones de cadena. Y los nuevos niños meten palos en el hormiguero para ver como las hormigas obreras sufren.

jueves, agosto 29, 2013

MARTINO y la injusticia del mundo

El nuevo entrenador del Barça D. Gerardo Martino cobra millones por ser entrenador de fútbol.
Yo, como cualquier profesor, no cobro millones por educar a las generaciones futuras.

Ahora, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, gana en un año más que yo en toda mi vida laboral (y de pensionista, si el gobierno me deja).

Y el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, ha señalado que el precio del futbolista D. Gareth Bale, es una falta de respeto al mundo.

Pero, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, no ha dicho nada del sueldo de Messi.
O Neymar.
O Iniesta.
Ni del suyo propio.

Tampoco, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, ha dicho nada de si cree que su trabajo es tan fundamental como para cobrar más que yo, o que un médico o un bombero o un policía.

En fin, el nuevo entrenador del Barça, D. Gerardo Martino, es un tío comprometido.

Y estamos esperando también, no podía faltar nuestro homenaje al nacionalismo progresista, que hable catalán como Messi.

lunes, agosto 26, 2013

DISCAPACIDAD Y ENFERMEDAD

Nota: por no tratarse de un texto científico no hacemos aquí la distinción técnica entre enfermedad, trastorno y síndrome.

Dña. Ángela Bachiller ha sido nombrada recientemente concejal del Ayuntamiento de Valladolid. Dña. Ángela Bachiller sufre -obsérvese que no hemos puesto tiene- síndrome de Down. El síndrome de Down es un trastorno genético que implica necesariamente una discapacidad cognitiva que puede ser mayor o menor pero que siempre está presente. Con un tratamiento adecuado, en la actualidad los sujetos pueden, proporcionalmente a ese grado menor o mayor de discapacidad cognitiva, llevar una vida casi independiente. Y este tratamiento adecuado implica, también necesariamente, un compromiso social de cuidado hacia estas personas. La sociedad las debe cuidar de un modo distinto, de un modo más atento, porque están enfermas y su enfermedad implica una discapacidad de las que no son responsables. Por eso, su autonomía personal no es la misma que la del resto y, también por eso, no pueden exigírseles los mismos deberes que al resto. Toda esta preocupación y cuidado, que debe incluir necesariamente investigar para producir una cura, forma parte del progreso humano.

Estar enfermo no es un hecho moral. Cuando alguien está enfermo, ya sea desde su nacimiento o en una etapa de su vida, no ha sido porque su padre o su madre o él mismo pecaran o fueran malas personas. Parece obvio, pero sin embargo hoy día este estigma sigue existiendo de una forma implícita y soterrada, especialmente en las personas con enfermedades mentales. Uno puede contar que tiene úlcera, que es miope o que sufre hipertensión, pero tener síndrome de Asperger, esquizofrenia, depresión crónica o cualquier otra enfermedad de contenido mental o que implique un trastorno de personalidad debe ocultarse. Parece que eso es culpa del individuo porque en débil de carácter y la vergüenza y el rechazo deben caer sobre él: si sufre usted de depresión crónica es porque mira la vida de forma equivocada.

Sin embargo, la causa no es tan simple. La enfermedad mental es el mal funcionamiento de un órgano o de una estructura fisiológica, como pueda serlo la hipertensión o el cáncer. Y usted o yo un día podemos, por ejemplo, sufrir un golpe o la complicación de una enfermedad y convertirnos en, radicalmente, otro. Phineas Gage, quien al sufrir un accidente y destrozarse parte del lóbulo frontal de su cerebro cambió radicalmente de personalidad, no es un mito, una leyenda ni una metáfora. El alma, sí.

Y aquí surge el problema. Está empezando a imponerse una corriente, que se ve en casi todo tipo de enfermedades pero especialmente en aquellas que implican discapacidad intelectual, en la que se nos dice que todos somos iguales y que dicha incapacidad puede arreglarse con el esfuerzo personal del enfermo y la solidaridad del resto de la sociedad: si todos nos amamos, parece, todos nos haremos más listos. Así, y según esta corriente, tener un trastorno de personalidad o tener síndrome de Down, acaba presentándose como una forma peculiar de ser, una manera distinta de vivir la vida y no como una enfermedad. La idea es que al final los individuos no están enfermos sino que solo son diferentes. Incluso -y esto que empezó con las enfermedades mentales ya ha llegado hasta las vacunas- se critica a la medicación y a la medicina científica –cualquier otra medicina es superstición- por considerar que no puede resultar efectiva pues estas enfermedades refieren a algo más profundo. ¡Ah, la profundidad de lo inefable!: durante siglos, hasta que apareció la medicina científica, la gente moría a edades tempranas, pero con gran profundidad.

No cabe duda de que quienes creen estas ideas antes descritas, entre ellas varias asociaciones cercanas a este tipo de pacientes, lo hacen de buena fe, pero tampoco cabe duda de que es un error que en el fondo implica una estructura intelectual errónea y social terrorífica. Tener síndrome de Down, por ejemplo, no es una oportunidad para vivir de otra manera, es una desgracia. Sin embargo, para quienes defienden estas cosas del esfuerzo y el espíritu humano una persona con síndrome de Down puede llegar a ser concejal porque solo es diferente a otra persona sin dicho síndrome. Y aunque se nos aparezca de inmediato la ironía sobre las cualidades que entonces requiere dicho puesto sería cruel hacia una persona enferma reducirnos a eso. Esto no es un chiste, es una argumentación.

En primer lugar está un problema sobre la realidad de qué es un ser humano. En la defensa de esa teoría de que la enfermedad no inhabilita proporcionalmente a su gravedad, está la terrible idea de una espiritualidad por encima de la realidad física. Así, esta espiritualidad puede superar cualquier adversidad y la persona con síndrome de Down, o con cualquier otra enfermedad  que implique discapacidad severa, puede llegar a ser lo que ella quiera pues el espíritu humano lo supera todo. La idea es, aparentemente, hermosa pero es, realmente, falsa. Los seres humanos son seres exclusivamente físicos, producto de una evolución ciega, y precisamente eso es lo que demuestra el síndrome de Down o cualquier otra enfermedad cuyas consecuencias guarden relación con la capacidad  intelectual o con el trastorno de la personalidad: lo más humano es fruto de la realidad física.  Así, ocultar que las enfermedades mentales son enfermedades y son físicas es defender una fabulación contra  la ciencia –nota: y recomendamos aquí la lectura de Oliver Sacks como un ejemplo de que la humanidad auténtica está de nuestra parte y no de lo espiritual-.

Efectivamente, el hecho de que un problema genético, como en el síndrome Down, o una malformación o daño cerebral puedan producir cambios en la personalidad demuestra bien a las claras la ausencia de ese contenido espiritual: no es el alma, es el cerebro. Sin embargo, lo que se hace al defender, tal vez sin pretenderlo, esa espiritualidad que nos iguala es negar la evidencia de ese origen físico de lo humano. Es defender la superstición frente al desarrollo del conocimiento. Es defender la mentira frente a la verdad.

Además, y esta es una conclusión política muy importante, si estas enfermedades no provocan discapacidad proporcional de acuerdo a su desarrollo, y en el caso del síndrome de Down sería una discapacidad intelectual, y son solo formas distintas de ser no se entiende bien por qué se deberían especificar leyes concretas que protegieran especialmente a estas personas. Efectivamente, si el síndrome, o cualquier otra enfermedad, no produce discapacidad no cabría el especial cuidado social. Y de esta forma se produciría un grave problema: deseando crear la máxima igualdad se produce la máxima desigualdad.

Porque entender la discapacidad es la clave de esto. Si la sociedad no asume la discapacidad como una carencia, y no como una forma de ser distinta, no cabe la creación de medidas contra esa carencia. Así, y no es paradójico, pregonar que existe la máxima igualdad fáctica, todos iguales de hecho, es negar la máxima igualdad en derechos, todos iguales socialmente, pues las personas con estas enfermedades nunca estarán en igualdad de condiciones previas con los demás.

Por ejemplo,  a veces se nos oculta a los profesores que alguno de nuestros alumnos pueda sufrir alguna de estas enfermedades mentales –como un trastorno de personalidad o cierta deficiencia intelectual-   y entonces le tratamos igual que al resto. Y el resultado es que al tratarlos igual que a otros que no tienen esa enfermedad cometemos sin querer una injusticia porque les pedimos cosas que no pueden hacer y no hacemos que aprovechen otras que podrían desarrollar mejor y venirles muy bien de cara a su formación futura. Es decir, la máxima igualdad de trato nos lleva a la injusticia de la máxima desigualdad: el trato igual no siempre es el trato más justo.

Todo esto expuesto anteriormente puede parecer inhumano frente a la idea de que las personas con discapacidad son iguales a las que no tienen estas discapacidades. Pero lo parece solo. El auténtico pensamiento humanista no es aquel que ve lo que le gustaría que existiera, sino aquel que ve lo que hay porque solo así puede cambiarse. Doña Ángela Bachiller ha sido nombrada concejala por un partido, el PP, que ha desmantelado la ley de dependencia, la atención a la diversidad en la educación –y la propia educación- y ahora se propone destrozar la sanidad pública. Su humanismo no se puede ver  en haber nombrado concejala a una persona con síndrome de Down sino que precisamente ahí debe verse su ideal de eugenesia social. Porque lo que viene a decir es que si ella lo logró, todos los enfermos podrían hacerlo sin necesidad de un estado, y una sociedad, que les cuide. Es decir, sin leyes favorables ni gasto social: los que no lleguen, que se jodan.

Nosotros, sin embargo, creemos algo distinto. Creemos que los individuos deben llevar su vida para sí y para la sociedad. No deben vivir solo para cumplir su sueño personal sino también para garantizar el ideal de un mundo justo. Pero, y por lo anterior, creemos que cuando una persona sufre una discapacidad que afecta a su autonomía personal, la sociedad debe priorizar en él su sueño personal proporcionalmente a su discapacidad. Mi trabajo debe ser eficaz para la construcción de ese mundo justo, el trabajo de una persona con síndrome de Down, por ejemplo, debe ayudarle a sentirse mejor y desarrollar su vida. Algún día la medicina científica –y no la superstición- curará estas enfermedades, pero para ello hay que presentarlas como tales porque solo conociendo la verdad se puede transformar lo real.


La antipsiquiatría estuvo de moda en los 60 y 70 del pasado siglo. Como todo, acabó en consignas sin poder desarrollarse en sus puntos interesantes. Una de esas consignas era preguntarse sobre los enfermos mentales: ¿quién está enfermo, ellos o la sociedad? Todo, aparentemente, muy radical. Curiosamente, la antipsiquiatría fue el único movimiento anti que el estado rápidamente asumió, cerrando los asilos para enfermos mentales con trastorno grave –nota: no los mejoró ni mejoró su práctica  domiciliaria, sino que los cerró y los echó literalmente-. Cada día que llevo al perro al parque me encuentro con un vagabundo sucio y que parece viejo que da vueltas sobre sí mismo mientras susurra una letanía incomprensible. Cuando vuelvo sigue ahí, dando vueltas y susurrando. Un imbécil, pero muy humanista y radical,  podría pensar que es libre y luego irse a casa satisfecho mientras escucha su ipod. Pero yo no tengo ipod.  

lunes, agosto 19, 2013

VIDA INTERIOR/123: 36 AÑOS SIN GROUCHO MARX

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

Treinta y seis años viviendo sin Groucho Marx.
Si es que a esto se le puede llamar vivir.



Una noche en Casablanca (1946)


sábado, agosto 17, 2013

BIENVENIDOS A LA NUEVA LA LECHUZA DE MINERVA

Ustedes se preguntaban la causa, o incluso la razón, de mi aparente silencio estival. Pensarían que estaba de vacaciones. Sin embargo, conocedor de que el sueño de la Razón produce monstruos -aclaro que yo soy la Razón- no podía descansar.
Lejos de eso, o sea: de descansar, estábamos trabajando en la actualización de La lechuza de Minerva. Y aquí la tiene ustedes, para su deleite y disfrute.

Y ahora, ya vuelvo.



martes, agosto 13, 2013

¡¡¡¡¡¡¡COÑO, HAY PARAÍSOS FISCALES!!!!!!!

¡¡¡¡¡La derecha descubre indignada que hay paraísos fiscales!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Y que Gibraltar es uno de ellos!!!!!!!!!!



Casablanca -otra vez- (1942). Dir: Michael Curtiz

lunes, agosto 05, 2013

sábado, agosto 03, 2013

HIPÓTESIS, CONTRASTACIÓN Y LEY

En el método científico se plantean primero hipótesis  como explicación de un hecho aún no demostrado. A continuación, se intenta contrastar esa hipótesis a través de si pueden explicar o no nuevos hechos relacionados con los anteriores y predecir resultados ya experimentales ya naturales.

En julio del 2011, hace dos años, empezamos a hablar de lo que hemos denominado Proyecto de Precarización.  Pueden ustedes ver en la columna de la derecha los distintos desarrollos del tema que hemos ido haciendo –es fácil: pone “precarización”-. Nuestra hipótesis era, y hablamos de hipótesis como pasado pues ya es teoría explicativa, que existía un proyecto para el sur y este de Europa consistente en precarizar las condiciones sociolaborales de estos países a imitación del modelo chino. Y este proyecto no debía ser considerado como una necesidad del modelo capitalista, explicábamos, sino algo impuesto por la oligarquía  para aumentar su beneficio.

El gobierno de España, desde ya Zapatero, ha ido dando pasos en esa dirección.
La Unión Europea, desde el Pacto del Euro y siguiendo con el llamado pack two y el pack six.
El FMI ya se había unido también, pero ahora vuelve a la carga: se debería, entre otras cosas, bajar un 10% los sueldos.

El Proyecto de Precarización ya no es hipótesis científica.

El Proyecto de Precarización es ley.

jueves, agosto 01, 2013

REPRODUCCIÓN, ESTADO Y LIBERTAD

1.-Es una polémica reciente –también es que yo soy un poco lento-: la Seguridad Social solo prestará la reproducción asistida a aquellas mujeres que sean estériles. Con esto se entiende que o son estériles ellas o su pareja. La polémica ha saltado porque esta nueva disposición excluye, a las parejas de lesbianas o a las mujeres solteras –y a las parejas heterosexuales, por cierto- que deseen engendrar un hijo sin ser estériles. Y, entonces, se acusa a la medida de ideológica y de conservadora, cuando no de reaccionaria -pero solo por el tema de lesbianas y solteras, por cierto-. Sin embargo, y por esta vez, lo reaccionario tal vez esté en otro sitio.

2.- Es absurdo usar como crítica política el argumento de que una decisión es ideológica. De hecho, todas las decisiones políticas, y seguramente todas en general, lo son pues tienen como elemento previo una determinada concepción sobre aquello de lo que se trata. En realidad tan ideológico es que la Seguridad Social cubra (en sentido figurado y asistido siempre) la reproducción de lesbianas y solteras como que no lo haga. Así, toda decisión es ideológica pues se toma de acuerdo a unas ideas previas. Resulta por tanto idiota calificar una decisión como ideológica para criticarla. Las decisiones políticas se juzgan de acuerdo a su contenido y no por su formalidad: una decisión política no puede dejar de ser política.

3.- La Seguridad Social como sistema sanitario público es fundamentalmente un sistema sanitario –nota: a veces conviene recordar lo, casi, evidente-. Es decir, los que defendemos la sanidad pública defendemos una cobertura sanitaria universal y gratuita para todos. Pero cuando decimos para todos nos saltamos, dándolo por supuesto, que nos referimos a todos los enfermos. Y visto lo visto puede que cometamos un error al no dejar claro este punto: la seguridad social debe curar a todos los enfermos. Pero la condición necesaria de su intervención no es ser todos sino estar enfermo.

4.- Quien sufre la esterilidad es sin duda un enfermo. Lógicamente si no quiere tener niños no llevará su enfermedad como una carga, al igual que mi dislalia me da lo mismo, pero si quiere tenerlos sí se sentirá mal. Quienes defendemos el sistema público sanitario apoyaremos entonces que se actúe contra su enfermedad. Pero no porque esa persona quiera tener hijos sino, y esto es importante, porque está enferma y eso le impide tenerlos. Por eso, si usted quiere operarse de su nariz porque le parece fea no cuente con mi apoyo para que se lo pague la seguridad social: usted no está enfermo. Es decir, lo prioritario para la actuación no es su deseo sino que usted esté enfermo.

5.-Yo soy heterosexual –a más de uno le he roto el corazón lo sé- y por ello no estoy enfermo. Tampoco, lógicamente, quien sea homosexual lo está. No creo que sean opciones personales, yo no decidí un día que me iban a gustar las mujeres, sino que sospecho algo genético. Pero eso ahora da igual. Lo importante es que ser heterosexual, homosexual, bisexual o asexual  no es una enfermedad. Y por eso, por ejemplo, si ahora la Seguridad Social financiera uno de esos ridículos e inhumanos tratamientos para dejar de ser homosexual pondría el grito en el cielo. Como, recuerde, si usted quisiera arreglarse su nariz gratuitamente porque le parece fea. La Seguridad Social debe servir para curar enfermos.

6.- Yo estoy casado –a más de una le he roto el corazón, lo sé- y no es una enfermedad. Tampoco, lógicamente de nuevo, lo es ser soltero. Y aquí ya no me enrollo: etc, etc…

7.- Un resumen hasta ahora. Apoyamos una sanidad pública y universal. La sanidad pública debe curar todas las enfermedades. Ser lesbiana o ser soltera no es una enfermedad. La causa de que no tengan un hijo no es una enfermedad ¿Por qué entonces debería intervenir la seguridad social para que tengan un hijo?

8.- Pero se ha dado, desde sectores presuntamente progresistas, una respuesta a esto: porque es su proyecto vital. Es decir, mostrando el argumento, la Seguridad Social debe desarrollar los proyectos personales de la gente. Y aquí está lo reaccionario.
Creer que el estado tiene por función desarrollar los proyectos personales es una idea peligrosa. Y lo es por un doble motivo: primero, porque implica una idea de estado que roza el límite, cuando menos, del estado totalitario; segundo, más grave, porque implica una idea de individuo dependiente.

9.- La idea de un estado que desarrolla los proyectos personales es terrorífica. Cuando se defiende, necesariamente el siguiente paso es un estado que elige los proyectos decentes o progresistas y los que no. De hecho, los contrarios al matrimonio homosexual es lo que defienden al señalar que el estado solo debe permitir casarse a un tipo de parejas concretas pues la función del estado es desarrollar proyectos personales determinados –los decentes- que en este caso es decidir qué es y qué no es una familia: unos sí y otros no.
Nosotros sin embargo creemos que el estado no debe desarrollar los proyectos vitales de los individuos porque eso implicaría la elección moral del estado sobre los propios proyectos. Por supuesto, el estado podrá prohibir ciertos proyectos –por ejemplo, la pederastia- pero nunca podrá ayudar a desarrollar otros sino poner las condiciones para que estos se puedan desarrollar personalmente, que no es lo mismo. El estado debe permitir que los homosexuales se casen o adopten, pero no cabe que les obligue a ello.  Ni que les dé algo que no le da a otras parejas.
Si el estado admite que personas no enfermas, lesbianas o solteras o con la nariz fea,  entren en un proceso del sistema sanitario sin estar enfermos, el problema surge en cuándo lo para. Es decir, la selección entre unos proyecto vitales -qué cursi es esa expresión, como si pudieran existir proyectos y encima vitales…- y otros genera un estado que desarrolla unos sí y otros no. Y eso es un estado que decide la vida individual de los ciudadanos ¿Por qué el estado le debe pagar la reproducción asistida  a una mujer sana y no me debe pagar a mí un implante capilar? –lo sé, les he roto el corazón a todos: cada vez más calvo-.

10.- Pero es más grave lo otro: el individuo dependiente. Hay una tendencia social, y que tiene que ver con la estructura ideológica del nuevo capitalismo, que es la idea de que  el individuo no tiene responsabilidad en sus propias decisiones. Así, el proyecto de vida solo debe reportar ventajas y nunca inconvenientes. La idea así de una suave felicidad, nunca enfrentada a lo real, es la clave de la nueva dominación ideológica.
Todo cumplimiento de un proyecto vital implica unas acciones previas. Si quiero aprobar tengo que estudiar, si quiero X tengo que hacer Y.  Cuando se decide engendrar un niño –nota: pone engendrar y no tener un hijo porque la adopción es posible- hay que actuar de acuerdo a un paso previo que  no explicaré debido a mi proverbial timidez. Da igual  ser heterosexual, homosexual, lesbiana o capricornio. Ese proyecto vital, como todos, implica por lo tanto unas condiciones. Un sistema sanitario debe ayudar cuando esas condiciones no se pueden cumplir -se está enfermo, seas heterosexual, lesbiana, soltera o piscis-. Pero todo proyecto vital implica una responsabilidad personal que el estado no sustituye. La cópula macho-hembra es aquí la condición del proyecto. Y esto no puede interpretarse como una pérdida de derechos sino precisamente como una igualdad en el trato: por ser lesbiana no puedes usar la sanidad pública para tu proyecto personal igual que tampoco puede hacerlo una pareja heterosexual que no sea estéril. Pretender otra cosa sería, curiosamente, defender el privilegio de unos (lesbianas y solteras) sobre otros (parejas heterosexuales). Sería la idea de que el estado debe desarrollar unos proyectos vitales, porque son superguays, frente a otros más, sin duda, vulgares. Y yo, como me siento de izquierdas, defiendo mucho la igualdad de derechos. Y como soy de izquierdas, defiendo que el estado no es mi padre: mi vida espero –cosa que sé es falsa en la actualidad- hacerla yo. Y por eso acepto no solo el final feliz de mis actos sino, también, sus consecuencias necesarias. O su final, seguramente, triste.

y 11.- Ser progresista no es defender a las minorías sino defender la igualdad como ciudadanos. Ser homosexual no es algo positivo por sí mismo como ser heterosexual no es algo positivo por sí mismo. Estar casado no es algo positivo por sí mismo como estar soltero tampoco. Debe ser, a nivel de derechos,  algo neutral. Por eso los homosexuales deben poder casarse y adoptar niños. Y por eso mismo el sistema público sanitario no debe pagarles la reproducción asistida por ser homosexuales o  a las solteras.

jueves, julio 25, 2013

JUICIO MORAL (lo fácil)

Mientras filma cada hecho el hombre grita desconsolado ¡qué horror! ¡qué horror! Pero ante tanto horror nunca deja de filmar aquello que luego entregará a un periódico. Y lo hará, tal vez para su presunta mayor gloria, con la grabación de su propia voz compungida.

Lo fácil ahora sería mostrar una especie de hipocresía  personal. Pero lo fácil no es lo verdadero.

Mientras escribe, el bloguero se muestra indignado moralmente con el que ha filmado. Va, piensa, a demostrar la hipocresía del hombre del vídeo capaz de, ante tanto horror, seguir filmando sin inmutarse. Y, además, a rellenar otra entrada de blog, que desde el lunes no ha hecho nada porque está liado con otras cosas.

Lo fácil ahora sería mostrar una especie de hipocresía  personal. Pero lo fácil no es lo verdadero.

Y eso tampoco hace a ninguno de los dos inocentes.

jueves, julio 18, 2013

¿SALIENDO DE LA CRISIS?

Resulta claro el mensaje que se está lanzando: estamos saliendo de la crisis. Este lema publicitario ya no solo es una locura del gobierno –aquellos brotes verdes, que hubiera podido cantar Nat King Cole- sino una obra coral que se entona por un importante sector del periodismo, el análisis financiero publicado, y publicitario, y el Partido Popular.  Lo interesante aquí es analizar no solo si es verdad o no la salida de la crisis, sino realmente qué se quiere decir con esa consigna. Es decir, no se trata de decir que esta gente está mintiendo y por tanto no estamos saliendo de la crisis sino de hacer un análisis sociológico, al menos para nosotros, más interesante: se trata de mantener que ellos creen estar diciendo la verdad y analizar, entonces, qué quieren decir cuando dicen que se está saliendo de la crisis. Se trata, por tanto, de ver qué es para ellos salir de la crisis y qué visión tienen de una España sin crisis.

Los datos objetivos no suelen tener problemas. La interpretación de los datos objetivos, sí. Lo más inteligente que ha hecho la derecha de este país, al servicio de la oligarquía y de un proceso de precarización social (aquí un resumen), ha sido sin duda presentar su interpretación de los hechos objetivos como la interpretación objetiva de los hechos. Es decir, ha logrado algo fundamental al conseguir identificar su interpretación de los datos con los datos mismos, presentándolo como la misma cosa. Y así, presentar la llamada crisis como un problema determinado que, una vez esos hechos específicos se corrigen, se acaba. Efectivamente, la derecha ha lanzado tres consignas que han sido seguidas con gran éxito por los medios fieles y que ha calado en la mayoría de la población.

Primero, ha logrado generar la idea de que la crisis ha sido motivada porque la gente ha vivido por encima de sus posibilidades. Así, ha echado la culpa a la gente de haber tenido trabajo -siempre precario pues en un país con una rigidez laboral extraordinaria, otro mito de la derecha, se ha echado a la calle a seis millones de personas- y con él comprarse un artículo de lujo como es una casa en vez de vivir en los pisos que los especuladores compran para alquilar. Así, la chusma, como pensaría la derecha, pretendía un hogar y al comprarla tuvo que aceptar las condiciones de la oligarquía política en gobiernos y ayuntamientos,  financiera, con los créditos abusivos de los bancos, e industrial, con una casta de constructores financiados por los dos anteriores elementos, impuso en un pasado cercano. Es decir, en realidad la gente fue estafada. Pero, en la visión de la crisis impuesta, el único culpable ha sido la gente que ha vivido por encima de sus posibilidades.

Segundo, y al hilo de lo anterior, la derecha ha generado una idea determinada de la visión económica. Efectivamente, hay, al menos, dos datos muy interesantes en la economía española actual: la prima de riesgo y el paro. La idea publicitaria de la derecha, genial por qué vamos a negarlo, ha hecho que la discusión económica se haya centrado en la prima de riesgo y no en el paro. Esto puede resultar baladí –qué bien hablo e incluso escribo- pero es fundamental en este tema. Efectivamente, lo es porque hay una diferencia, y no pequeña, entre una cosa y otra. El paro como cifra habla de la mayoría social y, por tanto, de un interés mayoritario. Ahora bien, la prima de riesgo es algo que se controla desde un sector social específico que, además, tiene intereses oligarcas. La prima de riesgo la decide eso que eufemísticamente se llama el mercado. De esta forma, la prima de riesgo se puede convertir en arma política. ¿Qué significa esto? Que el mercado, es decir: la oligarquía económica, puede priorizar, como de hecho hace, unas opciones sobre otras a la hora de fijar el interés de la deuda. Es decir, la desconfianza económica es ideológica y así, por ejemplo, países con menor deuda pública, como España, pueden sin embargo ser más castigados por los mercados que otros con mayor endeudamiento. De esta forma, la prima de riesgo se convierte en arma para eso que hemos llamado aquí como proceso de precarización pues lo que busca es decidir las estructuras macroeconómicas de cualquier país. La prima de riesgo es un instrumento político del mismo modo, por ejemplo, que el Banco Central Europeo no compre deuda. Así, cuando se sitúa como prioritario que la deuda baje lo que se hace es desarrollar las condiciones que la propia oligarquía ha puesto: el proceso de precarización.

En tercer lugar, está el otro, según la derecha, gran culpable de la crisis económica: el déficit público. Efectivamente, la derecha ha logrado colar por la rendija de la opinión pública la idea de que todo gasto del estado es malo, que la gestión privada es necesariamente mejor y que hay, como consecuencia, que reducir el gasto público –lo que para ella es reducir a asistencial los derechos sociales-. Así, todo aquello que huela a intervención estatal será censurado sin distinguir entre derechos sociales, reducidos a la mínima, inversión pública y gasto censurable –que, por cierto, se mantiene-. De esta forma el limitado estado del bienestar español se ha perdido y entramos en el periodo de la caridad pública o privada. Pero algo más. De esta  forma también se introduce la gestión privada de los servicios públicos con lo que lo que los grandes grupos empresariales de sanidad y educación pueden hacer negocio fácil. Unos pierden y otros ganan.

En definitiva, la crisis se presentaba bajo estas tres patas y con dos culpables: la gente y el estado habían derrochado extraordinariamente y esto había llevado a una desconfianza general de los mercados vista en la prima de riesgo. Por tanto, cortando la deuda, pública y privada –y la privada era el crédito para la clase media-, y logrando de nuevo la confianza de los mercados se conseguiría la ansiada salida de la crisis. Y esta era la trampa. Si se admitía como causa de la crisis lo anterior, el malgastar de gente y la mala administración pública, la forma de salir de la crisis era acabar con esto y eso significaba y no curiosamente, reconvertir el país en otra cosa a lo que era antes de ahora:  traicionar a España.

Así, ya estamos en disposición de poder explicar qué significa cuando dicen que estamos saliendo de la crisis. Lo que se quiere decir es que se está cumpliendo estrictamente el proyecto de precarización que comenzó fundamentalmente con el pacto del euro y cuya finalidad última es convertir al sur y al este de Europa en un émulo de China.

Efectivamente, tal y como ya llevamos anunciando aquí hace tiempo -nos gusta echarnos flores- salir de la crisis significa para la derecha conducir al país a la condición necesaria que haga posible ese objetivo de la precarización. Y para ello, no basta ya con una precarización socioeconómica exclusivamente sino que hace falta una devaluación democrática donde la soberanía nacional, o sea los votantes y ciudadanos, ceden su poder político ante Bruselas, lugar para la propia oligarquía. Así, salir de la crisis para la derecha es haber sentado las bases para precarizar España.


Se está a punto de salir de la crisis porque España está cerca, ayer con el PP defendiendo la LOMCE se dio otro paso, de dejar de ser un estado social y democrático de derecho. La derecha, sin duda, va ganando la batalla. La precarización es una realidad objetiva que comienza ya no solo a ser un proyecto sino algo más, un hecho político y social con entidad propia. Cuando el representante del gobierno señale que la crisis ha finalizado querrá decir que nosotros, usted y yo, habremos perdido.