miércoles, junio 28, 2006

ESPAÑA ELIMINADA

Fue bonito mientras duró. Pero es siempre tan corto....

Por cierto, ¿alguien sabe por qué los comentaristas deportivos son tan tontos?

5 comentarios:

Yorchus dijo...

Hombre, tontos, lo que se dice tontos... No son. Los periodistas deportivos simplemente son dos cosas:

Periodistas: intentan hacerte pensar lo que quiere que piense el que les paga.

Deportivos: es decir, sin estudios.

Zinedine dijo...

Me imagino que se refiere a los periodistas deportivos "españoles", no?

Nacho dijo...

Un periodista deportivo tiene estudios, otra cosa es que los ponga a disposición de su trabajo. Pues pasa lo que pasa porque dicen las cosas que quieren que le gente oiga, la misma gente que no tiene ni puta idea de futbol y solo piensa lo que le dice el as o el marca. Ni España era tan mala antes del mundial, ni tan buena despues de la primera fase, ni tan mala ahora... por lo menos han jugado al futbol.

RicardoRVM dijo...

Don EP: Por cierto, ¿alguien sabe por qué los comentaristas deportivos son tan tontos?

Pues muy sencillo, don EP, porque son comentaristas deportivos. Si fueran más tontos serían comentaristas políticos, y si fueran menos tontos, serían comentaristas del tomate, digo del corazón.

Si es que no sé para qué tiene usted estudios...

Anónimo dijo...

Dado el carácter a menudo cuasi-apocalíptico, casi invariablemente politiquero y pocas veces simplemente político, de la mayoría de las entradas, al leer el título de esta última, o penúltima, “ESPAÑA ELIMINADA”, me quedé un momento convencido de que la catástrofe que “esto-es-un-sinvivir”, cual nueva, enésima Cassandra, nos viene anunciando como prácticamente inevitable desde hace unos meses se había producido, por fin, para bien y para mal. Tras el título, la entrada propiamente dicha reducía extrañamente el previsible duelo y responso a una rutinaria frase propia de un bolero... Pero es que no me había dado cuenta de que la "eliminación" de la que se trataba lo era de la “selección (todavía llamada) española” de la “FIFA’s World Cup”, y de que no eran cinco o seis siglos (según se cuente) de excepcional (y a la vez banal) continuidad histórico-política, diplomática y hasta territorial lo que a don Enrique Pablo le parecía “tan corto”, sino las dos o tres semanas durante las cuales el mencionado “combinado español”, como diría uno de esos “periodistas tontos”, había sido considerado por muchos de esos mismos como el equipo revelación del campeonato. No sé. Tal vez la única España que pueda ser “eliminada” es la metonímica que viste normalmente calzón azul y camiseta roja; o quizá la banal (y la vez excepcional) continuidad histórico-política, diplomática y hasta territorial –es decir, España en el sentido menos figurado que quepa, ya que sentido estrictamente propio no hay ninguno– no tiene prevista su “eliminación” tan a corto plazo como se nos profetiza casi en cada entrada de “esto-es-un-sinvivir”. (No sé qué le parecerá a don Enrique Pablo que, precisamente por el tono y por las imágenes suscitadas, el lector haya podido confundir la metonimia y el término figurado por la metonimia).

No sé. En todo caso, la catástrofe que a algunos –me temo que no a muchos (por ejemplo, parece que no a don Enrique Pablo)– nos parece más verosímil, y en todo caso al menos tan preocupante, es la que se refiere a “lo ecológico” en el sentido menos impropio posible, noción en la cual quizá deberíamos agrupar las catástrofes inmobiliarias, el mal gusto que desde las costas sobre todo mediterráneas penetra hasta la médula (por no decir hasta La Médulas), la fealdad, en fin, que se extiende del ático hasta el subsuelo y de la cuna a la sepultura. A este respecto, Forges (del que don Enrique sólo se acuerda en las raras ocasiones en que pega un patinazo, y nunca en las mucho más frecuentes en que acierta de lleno, actitud, por cierto que afea demasiadamente el tono de “esto-es-un-sinvivir”), titulando irónicamente un dibujo suyo “España se resquebraja”, recordaba hace unas semanas [siento no poder citar la fecha exacta] que a lo que deberíamos prestar atención es a los sucísimos y estruendosos negocios inmobiliarios, a las feísimas y ruidosísimas (mal llamadas) urbanizaciones, que son un mal ya en sí mismos pero que además propagan su fealdad, su vulgaridad y su zafiedad como la pólvora, o como los incendios de agosto.