martes, septiembre 15, 2015

EL TORO DE LA VEGA Y LA BARBARIE

Hay, al menos, dos formas de enfrentarse a la barbarie. Una es insultarla sin más, otra es argumentar en su contra. Sin duda, hay un sentimiento noble cuando se la insulta pero, a su vez, entramos en su dinámica. Por eso, la verdadera respuesta ante la barbarie es la argumentación. Lo que ella nunca podría hacer.

Cada 15 de septiembre, un montón de bestias persiguen a un pobre toro para matarlo en una, por lo visto primitiva localidad, llamada Tordesillas. Yo también tengo una vida vacía pero me distingo de semejantes seres por dos motivos: por un lado, no disfruto con el sufrimiento ajeno; por otro, alguna vez leí y acabé un libro.

Pero mostrar la repulsa ante lo que ocurre entre seres elementales, a los que tal vez no quepa exigirles mayor responsabilidad moral que al mismo toro asesinado en aras de esa basura popular llamada tradición, no debe llevarnos como antes hemos señalado al insulto. Por eso, antes de topar con él, paramos aquí esta objetiva descripción antropológica de los hechos. 
Y por eso, pasamos a la argumentación.

Este artículo lo publicamos hace tiempo, sin embargo consideramos, tal vez por vagancia para no escribir otro, que conserva vigencia. El original está aquí, pero ahora, para mayor comodidad, se lo reproducimos.  

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Un proceso clave del desarrollo de la civilización y la cultura debería ser la eliminación de todo sufrimiento, pero especialmente del innecesario. Por tal, se entiende aquel que o bien puede ser eliminado de forma absoluta pues su cometido carece de sentido -por ejemplo los sacrificios rituales con la muerte de seres vivos- o bien aquellos cuyo fin puede ser útil pero pueden ser paliados, por ejemplo empleando la anestesia en las operaciones quirúrgicas o en el parto -nota: eliminar el dolor del parto es clave en la emancipación humana sin duda alguna-. Así, al juzgar algo donde existe el dolor y, con él, sufrimiento deberemos pensar, básicamente, el para qué se genera ese dolor y, luego, si es que resulta inevitable pues con él se consigue algo provechoso, si puede ser reducido o eliminado. Y por tanto, al pretender criticar algo e incluso exigir su prohibición, deberemos plantearnos si ese objeto que criticamos es o no un sufrimiento innecesario posible de eliminar. Y no solo posible, sino civilizatorio el hacerlo.

Las corridas de toros son sin duda un espectáculo cruel. En él se da el sufrimiento de un animal para el regocijo de otros. La cosa a primera vista parece clara: la exhibición pública de un ser vivo para causarle dolor cuya finalidad es la mera diversión no debería sino producir repugnancia y tristeza moral. Sin embargo, hay gente, lo cual nos despierta cierta sorpresa, que defienden dicho acto amparándose en cuatro argumentos fundamentales: primero, que se trata de un acto cultural -incluso que responde a problemas existenciales profundos, según la ministra-; segundo, que es una tradición a respetar; tercero, que aquellos que comemos carne, bien rica que está por cierto, no podríamos criticar esto pues se trataría de lo mismo; y cuarto, que su prohibición implicaría ir contra la libertad personal de las personas en poder elegir este espectáculo u otro.

¿Son los toros cultura? Para contestar a esa pregunta habría primero que responder a otra y es qué entendemos por cultura. Existen al menos dos definiciones generales de cultura que, creemos, pueden resumir cualquier otra. En la primera, de raíz antropológica, cultura es el conjunto de usos y costumbres de una sociedad determinada. En esta primera definición, sin duda alguna los toros forman parte de la cultura del mismo modo que el sacrificio humano para los aztecas o el campo de exterminio para los nazis, pues son usos y costumbres propios. Sin embargo, creemos que cuando los partidarios de matar toros hablan de esto se refieren al otro significado de cultura: algo que escapa al uso social y que se relaciona con un elemento superior de humanidad. Así, podríamos decir que en estos términos la cultura sería un elemento de distinción y enriquecimiento para los individuos, pues la idea sería que es mejor ser culto que no serlo ya que nos hace más humanos. Ahora bien, ¿enriquecen humanamente los toros? Si asistimos a su espectáculo veremos que la clave del toreo estriba en la violencia real, no ficticia, el sufrimiento también real y la humillación, otra vez real, de un animal. Así, la tortura sistemática producida hacia el toro, que comienza con la situación de estrés de verse encerrado para acabar en la muerte tras una tortura física de unos veinte minutos, solo añade más sufrimiento real al mundo y no parece enriquecerlo ni hacerlo mejor. Antes bien, la fiesta de los toros, o mejor: contra los toros que son los que fundamentalmente no disfrutan de la fiesta, no es sino la reproducción de aquello que ha sido la norma propia de la historia hasta ahora: la crueldad del fuerte sobre el débil. Es decir, si la cultura nos hiciera más humanos no parece que su camino fuera la repetición sistemática y programada de aquello que hasta ahora nos ha impedido serlo y contra lo que la misma cultura lucharía: la crueldad innecesaria. Y no vale aquí señalar que hay otros espectáculos crueles en el teatro o en las figuraciones –a través de asesinatos o violencia extrema- pues en ellos prima un hecho clave que está fuera de la llamada fiesta: la representación y fingimiento de dicha violencia. Efectivamente, en Hamlet mueren muchos personajes pero ninguna persona; en los toros mueren, y de verdad tras ser torturados, seres vivos. Por eso los toros no representan como las obras de arte sino que son el mundo: un lugar cruel y espantoso del que solo la cultura debería sacarnos. Y por eso, la cultura es ajena, por principio, al mundo de los toros –como lo es a este mundo-.

Pero, ¿no son los toros una tradición? Sí lo son. Y esto es sin duda, pero ahora la pregunta ¿y qué? Lo único que señala una tradición es que algo se ha mantenido en el tiempo con el permiso social de la clase dominante. Por ejemplo, ha sido tradición que los pobres pasaran hambre pero no se convirtió en ella seccionar limpiamente la cabeza de la aristocracia. Así, que algo sea una tradición no indica nada sobre su bondad o maldad. De hecho, el burka puede ser una tradición o la ablación y no parece, salvo distorsiones multiculturales, que representen elementos de cultura. Así, que algo cruel sea una tradición solo puede hablar mal del desarrollo histórico. Precisamente los toros son un ritual porque presentan la historia de la humanidad hasta ahora: crueldad. Además, seamos sinceros, que algo sea una tradición no quiere decir sino que ha sido una barbarie perpetuada.

¿Pero no comemos nosotros la carne? -ha quedado bíblico sin duda-. Pues evidentemente sí. Y la tomamos primero porque está muy rica. Y la tomamos también porque es sano e imprescindible. Efectivamente, no solo resultó clave en el proceso evolutivo del cerebro humano sino que además la ingesta de proteína animal resulta buena para el organismo. Es decir, la razón de que hagamos sacrificios animales para alimentarnos es que es necesario. No los matamos por placer. Y aquí surge, en relación con lo anterior, algo importante como es la distinción entre este dolor necesario y el ritual o el sacrificio de los toros o de cualquier otra fiesta de maltrato animal. En el sacrificio se consagra la forma de ser de las cosas y por eso tiene la idea de lo tradicional y acaba siendo un ritual y una tradición, sin embargo al asumir un mal necesario perpetuamente se busca la disminución del dolor y por eso hay progreso. Así, nosotros abogamos porque el animal sacrificado en el matadero lo sea de la forma menos cruel y dolorosa posible. Incluso opinamos que deberían prohibirse aquellas prácticas alimenticias, como el paté de ganso por ejemplo, que generan una relación entre el dolor del animal y la necesidad del producto desproporcionada. Sin embargo, el taurino festeja el dolor. Así no solo hay diferencia en la necesidad del hecho, entre los toros innecesarios y el matadero nutritivamente necesario, sino también en la forma. Al comer carne se lleva a cabo una necesidad donde la muerte del animal no se festeja; al hacer una corrida se celebra el dolor de la bestia –ahora nos referimos en la plaza solo al bovino-. Es la diferencia entre un anhelo de civilización y un deseo de permanencia en la barbarie.

Pero, muy bien, clama el partidario de la fiesta de -contra los- toros: ¿no tengo derecho a ejercer mi libertad? ¿No puedo ver lo que me plazca? Por supuesto, la libertad individual es fundamental en democracia y el estado no debe ser, como aquí ya hemos defendido, un padre moral. Y precisamente por ello no puede prohibir, aunque pueda determinarse como inmoral por cualquier persona, cualquier práctica admitida entre todos sus integrantes. Así, la condición para realizar libremente una acción es, precisamente, primero que sus integrantes, todos aquellos que de un modo u otro intervienen, tengan capacidad de dar su consentimiento; y, segundo, que efectivamente lo den. Por eso, por ejemplo, el estado puede y debe prohibir la tortura pero no las prácticas sadomasoquistas. Sin embargo en el mundo del toreo hay un ser al que nadie le pide opinión: al toro. Efectivamente la libertad de asistir a los toros implica, de hecho, matar a un ser que no ha hecho nada con el único motivo de divertirse. El toro es una víctima inocente que sirve para la humillación, de hecho se llama engaño, y la crueldad.

Cuando uno va, especialmente antes, a un pueblo le llama la atención el desprecio con que los lugareños tratan a los perros: el mío va a mi lado. Tal vez sea hora de volver a señalar que la verdadera humanidad no está en contacto con lo sencillo, con la naturaleza y demás porquerías sino en la sofisticación del pensamiento. Precisamente, lo humano está en ver ese documental donde por fin el león capturó a la cebra y sentir lástima de ella mientras el resto del rebaño vuelve a comer sin remordimiento alguno: solamente existe el del espectador. La cultura es sofisticación y aquella, a su vez, exige desear el fin del siempre presente sufrimiento. Es ingenuo pensar que prohibir los toros sea un gran paso pero debemos considerar también que al menos ya no habrá seis animales torturados, seis, cada domingo en cualquier lugar de España si esto se consigue. Ni más sangre ni más moscas.

domingo, septiembre 13, 2015

REFUGIADOS (desde una perspectiva de izquierdas)

La diferencia fundamental entre filosofía crítica y política es que la primera puede limitarse a exponer y argumentar mientras que la segunda, si bien igualmente puede también hacer eso, debe necesariamente aportar además soluciones. Por eso, a veces, es más fácil ser  crítico profundo que buen político.

La crisis de  los refugiados de Siria parte de un error de concepto. No se trata de una crisis sino de algo ya cotidiano. Efectivamente, la palabra crisis tiene un trasfondo de excepcionalidad que no recoge bien este fenómeno tan común. Cada año salen miles de personas de sus países de origen, especialmente en África, huyendo literalmente de ellos: todos en realidad son refugiados. Y todos lo son porque la causa de su emigración es política, pues las condiciones que les llevan a la huida no son sino la situación socioeconómica de sus países de origen cuya responsabilidad primera, no conviene olvidarlo, recae sobre sus pésimos gobiernos. Así, el primer punto para hacer un análisis de izquierda es negarse a distinguir entre refugiados y emigrantes: todos son emigrantes y todos son refugiados en estos casos concretos –y no necesariamente en todos, lo que sería otro error-. Los sirios que vienen a Europa son refugiados e inmigrantes; los subsaharianos que vienen a Europa, también.

Ahora viene el problema ¿Es una solución política prohibirles la entrada y dejarlos a su suerte? Parece claro que no ¿Es la solución política entonces que vengan todos a Europa? Tampoco parece buena solución, al menos desde una perspectiva progresista.

¿Ah, no? ¿No será que soy un malvado sin corazón? Eso es más que probable, pero ni en la filosofía ni en la política deben priorizar el corazón sino el cerebro. Y esto nos hace humanos.

Generar una Europa de asilo y refugio generalizado como solución al problema es un error desde una perspectiva de izquierdas. Efectivamente el asilo universal y permanente no puede ser una solución estructural a los problemas de África, o de otras partes del mundo –por supuesto, otra cosa es la solución momentánea y puntual-. Y no lo puede ser desde una perspectiva de izquierdas y progresista por, al menos, dos motivos.

En primer lugar, desde los derechos humanos. Aunque pueda sorprender los refugiados lo  son porque no quieren abandonar su país sino porque son obligados a ellos. Por tanto, el hecho de ser refugiado ya es una violación de sus derechos y eso es algo que la izquierda no debe olvidar. Así, desde los derechos humanos el trabajo estructural de la izquierda debe ser impedir que haya refugiados, es decir: que haya la primera violación de los derechos humanos, y una acción coyuntural, y lógicamente necesaria, será crear medidas para ayudarles cuando se vean forzados a serlo. Esto implica que  la izquierda no debe centrarse políticamente en la recogida y amparo de refugiados -nota: recordemos que desde un discurso de izquierdas los inmigrantes deben ser considerados políticamente como refugiados- sino en evitar que a las persona se las convierta en refugiados –o en inmigrantes-. Porque cuando ya son refugiados, o tienen que emigrar, sus derechos humanos ya han sido violados.

 En segundo lugar,  porque la izquierda debe ser crítica efectivamente con el  colonialismo económico. La izquierda critica, y con razón,  el colonialismo económico que ejercen las grandes corporaciones y países desarrollados sobre los países no desarrollados. Sin embargo, y no de forma paradójica, inmigración y refugiados refuerzan este nuevo colonialismo.

Primero, porque los emigrantes/refugiados no suelen ser las personas menos preparadas de su país sino, al contrario, suelen pertenecer a los sectores con más preparación e iniciativa Y, por tanto, su marcha implica una descapitalización intelectual y social del propio país de origen. Y esto a su vez provoca la imposible aparición de clases sociales emergentes que puedan competir por el poder con los actuales gobernantes corruptos. Así, el ciclo refugiados/emigrantes es un círculo vicioso para el país de origen, pero un auténtico chollo para la oligarquía dominante pues ve como su posible competencia desaparece.

En segundo lugar, por el tema de las remesas, el dinero que los refugiados-emigrantes envían a sus países de origen. Efectivamente, las remesas se han convertido en una fuente permanente de ingresos para los países de origen que sin necesidad de invertir ni administrar políticas económicas eficaces reciben dinero de aquellos ciudadanos a los que previamente han expulsado. La oligarquía así comprende que la emigración resulta una inversión económica que además no genera riqueza estructural al país con lo que tampoco genera una clase emergente peligrosa para sus intereses. Mandar emigrantes/refugiados es una iniciativa emprendedora de éxito económico y social.

De esta forma, los emigrantes/refugiados –lógicamente de forma involuntaria y siendo ellos mismo víctimas- mantienen la situación de sus países de origen al reforzar la oligarquía allí dominante y el sustento de esta por el colonialismo económico.  Por lo tanto, y desde una perspectiva progresista la inmigración sí es un problema, pero no tanto para los países receptores como fundamentalmente para los países de origen, pues les impide cualquier proceso de progreso social.

¿Y entonces qué debería hacer una política de izquierdas ante este problema? A la izquierda se le llena la boca con la no intervención y es un error de base. Y lo es, a su vez, por dos motivos.

En primer lugar, porque si el análisis anterior es cierto la descapitalización social de los países de origen de refugiados/emigrantes evita cualquier posible cambio de progreso en los mismos. Efectivamente, ya lo hemos explicado, la salida de los individuos más capaces hace que la lucha por el poder sociopolítico solo se establezca entre los propias facciones ya dominantes socialmente –de forma social, económica, política o religiosa- pero impide la aparición de nuevos protagonistas que pudieran traer cambios radicales. El conservadurismo está servido.

Esto, a su vez, provoca la segunda consecuencia que es que el cambio interno se genera como imposible en estos países o, al menos, como imposible para el progreso. Por supuesto podrá haber cambio, pero lo será desde las propias facciones ya reseñadas que controlan en la actualidad el poder y cuya búsqueda absoluta del mismo desde luego no tiene una finalidad progresista. Por tanto, los países así establecidos no pueden cambiar hacia un progreso de libertades por causas internas, pero no por una incapacidad biológica de sus habitantes, como pensaría un racista, sino por la destrucción del tejido social que haría falta para ello. Esos países están configurados, desde el propio colonialismo económico y las oligarquías locales, para evitar cualquier movimiento propio de cambio y para ello se evita la creación de cualquier clase social emergente que no esté ya disfrutando –o sea, robando- del poder.

Así, si la causa endógena queda descartada solo nos puede quedar una causa externa, es decir: el cambio debe ser impulsado fundamentalmente desde fuera. Y fuera somos nosotros.

¿Nosotros? Sí, la izquierda debe ser intervencionista. Pero, ¿qué significa esto?

Una diferencia fundamental entre el pensamiento de izquierdas y de derechas es la función del estado en la economía, en particular, y en la sociedad en general. Para la derecha, el estado es subsidiario y debe ser mínimo mientras que para la izquierda el estado tiene la obligación de jugar un papel fundamental. De hecho, con esa idea de estado intervencionista se construyó el actual sistema de bienestar europeo. Así pues, y esto es importante, la izquierda no puede defender el no intervencionismo ni en lo nacional ni en lo internacional.

Un factor fundamental de la globalización actual es la separación de la economía y la política. Esto ha sido sin duda el triunfo más importante de la derecha política. Así, la acción económica ha quedado fuera de la esfera política que hasta los años 80 del pasado siglo la controlaba. Alguien podría aseverar que no es así y que actualmente la economía sigue gobernada por instituciones políticas como la Troika. Y no le faltaría razón. Pero estas instituciones escapan radicalmente de cualquier control democrático directo. Es más, imponen sus decisiones sobre los gobiernos nacionales elegidos, más o menos, democráticamente. De esta forma el Nuevo Orden Internacional, no solo político sino también económico, se está construyendo no tanto desde los intereses del malvado Capitalismo como desde los intereses de la oligarquía dominante. 0 se interviene, otra vez la palabra, por tanto en este Nuevo Orden Internacional o nos quedamos para gritar  que no nos representan mientras realmente nos gobiernan.

¿Pero cómo hacerlo? Para intervenir en algo hay que ser sujeto de la acción.  El proceso de construcción del estado de bienestar europeo se explica por la intervención de los estados nacionales en la economía. El problema hoy en día es que dicha economía ya no es nacional sino globalizada y esto conlleva que meramente un estado nacional no pueda ya intervenir eficazmente pues carece de suficiente poder. Únicamente aquellos estados transnacionales, como Rusia, China o EEUU, cuyos intereses se implican estructuralmente más allá de sus fronteras y tiene el poder suficiente para actuar, dirimen la cuestión. Y esto explica el ridículo papel que Europa juega en el escenario internacional, no siendo ya más, como mucho, que la vieja potencia colonial: les robaban, pero ya ni pinchan ni cortan excepto para defender a la oligarquía local. Por ello, si se quiere influir en la creación del Nuevo Orden Internacional, y es necesario hacerlo porque si no se construirá sin una perspectiva progresista, se debe construir un sujeto fuerte que pueda ejercer presión diplomática, económica y, no lo olvidemos tampoco, a través de la amenaza de la fuerza militar en excepcionales casos.

Resumamos.

Primero, hemos visto que el problema de los refugiados/emigrantes debe ser tratado como un único problema  desde una perspectiva progresista, pues ambos colectivos sufren la imposición del destierro. Y que este problema no debe convertirse en un tema estructural en los países de acogida sino en su origen, pues este mismo hecho se trata ya de una violación fundamental de los derechos humanos.

Segundo, analizamos como la descapitalización social de estos países, a la que cómodamente se amoldan sus regímenes corruptos y el colonialismo económico, impiden una solución interna pues las clases emergentes, que podrían disputar el poder a las establecidas, son las que se abandonan el país.

Tercero, y como consecuencia de esto, defendemos que hace falta una actuación lo suficientemente fuerte para influir en el Nuevo Orden Internacional y que para ello, a su vez, se necesita un sujeto político capaz de ejercer dicha presión.

Ahora vuelve la pregunta fundamental: ¿quién y cómo?

Un sujeto fuerte en la escena internacional implica una economía fuerte. Alguna vez ya hemos hablado aquí de que una necesidad política de izquierdas para detener el proceso de precarización es la formación de Europa como un país. Igualmente, si se quiere influir en el nuevo orden internacional desde una potencia democrática no parece probable dejarle ese nuevo papel a China (nooooo, tampoco a Venezuela). Sólo un nuevo estado construido desde, al menos, una mínima democracia puede ejercerlo. Europa como país debe ser una prioridad de la izquierda: no solo ya a nivel interno, para parar el proceso de precarización europeo, sino también a nivel exterior, para la construcción de un nuevo orden internacional democrático.

Y ahora viene lo triste: la diferencia entre el ser y el deber ser ¿Cuál es la prioridad de la izquierda? Si uno se fija en el discurso de la autoproclamada izquierda notará una ausencia absoluta de política internacional o de análisis económico riguroso. Todo es  un discurso lleno de solidaridad, lenguaje demagógico y ñoñerías semejantes. Incluso, la tendencia de la izquierda que pretende ser transformadora es la del aldeanismo, convirtiéndose en un movimiento con fundamentos nacionalistas y defensas de patrias y pueblos diversos: en fin, unos paletos. Por eso, podrán llegar hasta a colgar pancartas de bienvenida a los refugiados, además en inglés porque son superpreparados,  o autonombrarse incluso ciudadesguiónrefugio, pero no podrán salir de ese espíritu de huchita del Domund que tan bien representaron, y en algunas izquierdas muy rebeldes aún representan, las bondadosas monjitas. Mientras se construye un Nuevo Orden Internacional la izquierda mira a las tribus autosatisfecha.

Y así, seguirá gritando que ellos no nos representan.
Y así, nos gobernarán a nosotros. Porque, déjese de sentimientos tribales y supersticiosos, todos los demás somos nosotros.

sábado, septiembre 12, 2015

LA FRAGILIDAD DE LOS SÍMBOLOS/3

Ya lo hicimos una vez.
Ya lo hicimos otra.
Y aquí va la tercera...
DIADA DE CATALUNYA

La patria guía al glorioso pueblo catalán.





Pero, ¿hacia dónde?

viernes, septiembre 11, 2015

miércoles, septiembre 09, 2015

DARWIN, SIEMPRE DARWIN

Si tuviéramos que escoger un científico nos quedaríamos con Darwin. Su grandeza es haberse atrevido a descubrir algo que cualquiera debería haber descubierto antes. Sin necesidad de conocimientos matemáticos previos cualquiera hubiera podido descubrir la Evolución. Pero sólo él lo hizo.
Ahora, se subasta, como si se pudiera comprar con dinero, una carta suya.
Dice así:

Lamento tener que informarle de que no creo en la Biblia como revelación divina y por lo tanto tampoco en Jesucristo como el hijo de Dios. 
Atentamente. 
Ch. Darwin

Nosotros tampoco creemos en Darwin porque eso sería insultarle.
Nosotros buscamos pensar con Darwin, buscamos sus argumentos, nos convencen.
Es la diferencia entre la superstición y la Ilustración.
Darwin, siempre Darwin.

lunes, septiembre 07, 2015

CAPITALISMO E IDEOLOGÍA: ARTE SUBVERSIVO/1

Utilizar la palabra subversivo es cuando menos emplear un término  críticamente poderoso: ¡uf, qué subversivo! Y luego poner cara de que, primero, lo hemos entendido y, segundo, estamos de acuerdo.  Efectivamente, decir que algo resulta subversivo quiere decir que ahonda y va en contra no sólo de una idea concreta del discurso dominante sino que, además y principalmente,  ataca sus pilares: o sea, sin enrollarse, que resulta extraordinariamente crítico y rebelde.

Últimamente, este término se ha utilizado para referirse a la nueva obra de Banksy, artista que siempre ha pretendido ejercer una acción presuntamente contraria al sistema y que esta vez ha sorprendido con un Disneylandia pero en plan crítica feroz. Lo que nosotros pretendemos -de pretensiones está el mundo lleno aunque no sabemos si acabará siendo subversivo o no e incluso no sabemos por cuánto nos lo comprarán en el mercado subversivo del arte subversivo- es analizar si realmente cabe la posibilidad en el Nuevo Capitalismo de realizar obras de arte subversivas o, cuando menos, productos estéticos qué tal índole. Así pues, todo este artículo pretende analizar no si el arte de Banksy en concreto es subversivo o no, sino algo más: si el arte, e incluso cualquier actividad intelectual como la Filosofía o el discurso político por ejemplo, pueden resultar subversivos en el Nuevo Capitalismo.

Lo primero de todo es volver a la definición para definir con exactitud. Por subversivo entendemos aquello que va contra, socava, los cimientos del orden establecido, no solo alguna idea en particular, y provoca, o al menos busca provocar, una reacción entre los espectadores de rechazo, primero, y luego de reacción crítica frente a ese mismo orden. Así, un arte es subversivo, y esto es importante, porque se enfrenta en lo fundamental al discurso dominante, ridiculizándola o mostrando su falsedad. Por tanto, para ser subversivo no basta con uno sino con dos. Para que haya subversión no basta con un artista o filósofo revolucionario sino que también es necesaria una serie de ideas sociales dominantes y concretas contra las que actuar.

Pongamos un ejemplo: en la España de Franco, un arte subversivo era una película que pusiera en solfa la ideología propia del Régimen como pudiera ser, por ejemplo, El pisito –obra maestra sublime-, Calle Mayor –obra maestra sublime-  o la serie de películas de Berlanga, por ejemplo. Y lo era no solamente por el contenido de las obras en sí mismo sino también porque el régimen franquista tenía sin duda una ideología claramente perfilada.

Así, hay tres condiciones para el arte subversivo: primero, que lo presentado sea lógicamente una obra de arte; segundo, que exista una ideología concreta en el  sistema de dominación; tercero, que dicha obra vaya contra esa misma ideología.

Hasta la irrupción del Nuevo Capitalismo todos los sistemas sociales de dominación tenían una faceta de explotación y otra de dominación subalterna a la primera. Los sistemas económicos anteriores al Nuevo Capitalismo tenían su base económica en la explotación del trabajo humano,  que realizaba la mayoría de la población, por parte de una minoría que mantenía una actividad básicamente ociosa y que vivía de dicho trabajo. Por ello, era necesario el control de la sociedad para evitar la rebelión. Así, como se trataba de sustraer el producto de trabajo por parte de una minoría a una mayoría inmensa solo había dos salidas: o la pura coacción violenta o el engaño del convencimiento. Atraco o timo, y las dos se utilizaban. La forma violenta no exigía más que el uso de la fuerza bruta pero el timo exigía algo más: que esa inmensa parte de la población a la que se le robaba el producto de su trabajo no reaccionara ante el hurto y estuviera convencida, al menos asumiera, que esto era la situación normal. Y ahí, grosso modo, es donde estaba la función de la ideología que servía para conseguir que esa misma gente robada no presentara una reacción hacia la dominación.

Por todo ello, y de acuerdo a la simplificación del esquema que estamos haciendo pero que contiene en esencia la verdad, el sistema de dominación tenía unos  contenidos culturales determinados que tenían como finalidad la aceptación por parte de esa mayoría expoliada pero ahora convencida de su condición sumisa. Ideas como la religión o la patria –eso que hoy es tan de izquierdas en Cataluña- no eran, y no son, sino elementos utilizados para esa dominación. Y por ello, atacar esas creencias convertía al discurso en subversivo pues buscaba socavar los cimientos de la dominación ideológica. La subversión era posible, por tanto, no solo porque hubiera artistas rebeldes, o en cualquier otro integrante del segmento cultural en la división social del trabajo, sino porque había un discurso explícito y concreto por parte del sistema de dominación en el que mostraba sus ideas: defiendo esto y aquello. Burlarse de la patria era subversivo, burlarse de la religión era subversivo –por poner los dos ejemplos anteriores- porque el propio sistema defendía la patria y la religión para mantener la explotación de la mayoría social.              
          
Pero, ¿quiere esto decir que todo sistema de explotación debe tener a su vez y necesariamente dominación? Contestemos a esto, pues ya lo hemos tratado; aquí y acá de manera desarrollada, brevemente: no. La dominación no es un fin en sí mismo sino solo un medio para conseguir otra cosa. En este caso concreto un medio para  lograr la explotación que realmente es el auténtico fin. Del mismo modo que la violencia o el engaño no es el fin del ladrón sino el botín, si se puede explotar sin necesidad de dominar resulta un ahorro de energía.

Y ahora, vengamos a la actualidad para intentar contestar a nuestra pregunta ¿Puede ser el  arte de Banksy, o cualquier otra obra, arte subversivo? La forma más sencilla de contestar a esta cuestión es no yendo a la obra en sí misma, pues las obras con pretensiones de subversión son como los libros de pensamiento positivo: muchos, sino a su enemigo: ¿existe ideología concreta en el Nuevo Capitalismo?

Algo que llama mucho la atención es cómo en el Nuevo Capitalismo existe libertad y derechos civiles. Los sujetos pueden expresar libremente sus ideas y formar partidos políticos o asociaciones para defenderlas, hacer arte subversivo y venderlo o incluso tener este rebelde blog... Parece así que la dominación no resultaría muy efectiva ateniéndonos a este campo. Efectivamente, y siendo sincero, ¿tenemos usted o yo problemas para expresar nuestra opinión porque el sistema capitalista la coarte? Parece que no, encima, nos lo facilita.

Pero, además, no se puede identificar un pensamiento determinado y concreto como la ideología del sistema del Nuevo Capitalismo. O diciéndolo de otra manera: el sistema ya no tiene ideología en cuanto a pensamiento concreto que defienda sus intereses. Alguien podría aseverar que el pensamiento neoliberal podría ser el discurso ideológico dominante pero eso demostraría que no ha entendido el concepto de ideología y que lo confunde con los intereses intelectuales de la oligarquía. Pues podrá ser que ahora por su interés de clase sea ese el discurso - tal y como se  ve en el proceso de precarización- pero no hay   que confundir el interés de la oligarquía con el interés del sistema.

Los sistemas anteriores necesitaban engañar a la gente para que esta accediera   a dar el fruto de su trabajo a una minoría social. Sin embargo, el Nuevo Capitalismo no funciona así porque, como ya hemos analizado otras veces, en el Nuevo Capitalismo la producción económica no se reduce sólo a la producción propiamente dicha de elementos materiales en el trabajo sino que en ella entra también el consumo: consumir es producir beneficio económico capitalista. Al ocurrir esto, cualquier actividad que guarde relación con dicho consumo es una actividad que produce beneficio y por lo tanto es una actividad productiva en la explotación del sistema. Ahora, como ya hemos dicho en otras ocasiones, imagine su vida diaria y piensen si existe algún momento en el cual está usted, o yo, realizando alguna actividad sin consumir absolutamente nada ya sea activamente o de forma pasiva ¿A que no?

Pongamos otro ejemplo. Imaginen que yo estoy escribiendo este subversivo artículo para publicarlo desde mi extraordinaria y autosatisfecha conciencia marxista. El mero hecho de escribir este texto implica que estoy consumiendo desde los aparatos necesarios para hacerlo, como mi ordenador, hasta la luz y cualquier otro elemento que ya sea de forma directa o indirecta está rodeándome en estos momentos. Así, al consumir estoy produciendo beneficio capitalista y estoy generándome como mercancía y como explotación económica independientemente del contenido concreto –y mire usted que lo que yo escribo es muy rebelde- de dicha mercancía. Efectivamente, como tal mercancía  sería lo mismo si lo que estuviera escribiendo fuera un artículo defendiendo la privatización de los servicios públicos que clamando contra el (inexistente) patriarcado capitalista. Mi vida es, independiente de su contenido, es auténtica, auténtica mercancía.

Así, por primera vez en la historia de la humanidad un sistema económico de explotación ya no necesita una faceta propia de dominación pues resulta imposible escapar a la explotación totalitaria que realiza dicho sistema. La explotación capitalista es la propia vida humana. Y de esta manera, el sistema puede escapar a tener una ideología determinada y los sujetos pueden expresar libremente cualquier opinión, incluso las más subversivas y antisistema, porque de lo que no pueden escapar es de su propia vida como consumo que es la clave de toda la explotación: sus propios obras críticas, y las demás, son mercancías.

Es maravilloso observar como jamás probablemente en toda la historia de la  humanidad ha habido tanto artista autodenominado subversivo, tanto discurso anticapitalista frente al sistema, o incluso tuits cargados de espíritu revolucionario en tan solo 140 caracteres. Pero todos ello lo es por el mero hecho de que su realización ha generado un beneficio económico y ya se ha convertido en mercancía de forma independiente a su contenido, que puede ser absolutamente cierto o absolutamente falso. La mercancía es la forma social y vital de relación.

Y volvamos otra vez a Banksy ¿Puede el arte de Banksy ser subversivo? Creemos que la respuesta ya está clara. Ya hemos señalado que el arte sólo puede ser subversivo contra un discurso dominante. Sin embargo, hoy en día el nuevo sistema capitalista carece de dicho discurso dominante y carece de una ideología concreta. Por todo ello, las presuntas composiciones subversivas de cualquier autor  no están respondiendo en realidad al propio sistema sino sólo a ciertas teorías que, por cierto, carecen absolutamente de hegemonía social. El discurso subversivo ya no existe porque no existe el discurso oficial por innecesario.

¿Pero Banksy entonces no es crítico? Que un sistema de explotación no tenga ideología concreta, un discurso ideológico determinado, no quiere decir que no tenga un proceso ideología. Por supuesto, se puede aún ser crítico pero el problema es que la inmensa mayoría de eso que se presenta como subversivo en realidad es complaciente. Pero eso ya otro día.

domingo, agosto 30, 2015

OLIVER SACKS: EN MEMORIA

porque se trata de pacientes que no tienen conciencia de que les haya sucedido nada, pacientes que han perdido su propia realidad, y que no lo saben siquiera, pacientes que quizás no sufran, pero que son los más olvidados de Dios.


Una cuestión de identidad, en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.  

Ha muerto Oliver Sacks.
Dios había abandonado a aquellos pacientes, tal vez nos haya olvidado a todos.
Oliver Sacks nunca los abandonó.

jueves, agosto 20, 2015

VIDA INTERIOR/141: ¡¡¡¡¡¡¡ROBO!!!!!!!!!

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser  feliz.

Una vez más, me han robado el Nobel de Filosofía.
Y se lo dan a un tal Habermas y a otro que se llama Taylor.
Millón y medio de dólares.
Como dijo el filósofo: filosofar es prepararse para morir.
Pero, al menos morir rico...
¡¡¡¡¡¡¡¡Ladrones!!!!!!!!

miércoles, agosto 19, 2015

¿VIOLENCIA DE GÉNERO? ¿VIOLENCIA MACHISTA?

Nota: este artículo se publicó originalmente el 26-08-2008. Por las circunstancias actuales se vuelve a publicar cambiando los datos de actualidad.

Treinta y tres personas muertas son muchas en ocho meses. Máxime cuando estamos hablando de asesinatos que se repiten, en sus rasgos característicos, desde hace años. Y precisamente por estos rasgos característicos se ha decidido, de forma errónea y es lo que pretendemos analizar, que se trata de una violencia de género o de una violencia machista. Es decir, de hombres que de acuerdo al machismo o al género deciden matar a sus mujeres. Y es aquí donde está en realidad la clave del asunto: en ese adjetivo posesivo –ahora, creo, que se llaman determinantes-. Porque lo cierto es que esos hombres machistas y genéricos no matan a cualquier mujer sino a la que con ellos conviven: a su, de nuevo el adjetivo posesivo, mujer.

Para paliar este grave problema se realizó incluso una ley especial que se llamaba de manera explícita contra la violencia de género y que llegaba al esperpento, avalado por el Tribunal Constitucional, de diferir en la pena por el hecho de que quien hiciera el mismo acto fuera hombre o mujer. Así, en dicha ley se juzga y condena el acto no de acuerdo a las acciones del propio sujeto actuante sino de acuerdo a su pertenencia a un sexo determinado. De esta manera el mismo hecho, exactamente el mismo, recibe distinto tratamiento judicial según quien lo cometa sea hombre o mujer. Pero resulta que ser hombre no es una acción del sujeto, nadie es hombre o mujer porque lo haya decidido, sino un mero darse biológico. Y es ahí donde la ley supera el concepto de agravante. Porque el agravante, como su propio nombre indica, marca una característica de la acción que podía haber sido evitada (nocturnidad, alevosía, premeditación o, para dar una idea, ser cónyuge), pero nadie puede evitar ser hombre o mujer. Así, la ley supera el campo que debe tener una ley en democracia, juzgar las acciones delictivas, para pasar a ser ley de un estado dictatorial: juzgar condiciones de nacimiento como hicieron las leyes nazis sobre los judíos. Y cuando se juzgan estas condiciones se juzga fuera de la democracia.

Pero además, la denominación violencia de género transforma un acto individual en un acto de pertenencia a un sexo. Efectivamente, es, como se dice frecuentemente, la violencia de los hombres contra las mujeres y de hecho hasta parecido se llama el tribunal especial que juzga estos delitos. Y así hasta en la ley su propio nombre indica esto: es la “ley contra la violencia de género” (en una mala traducción del inglés). Sin embargo, aquí se comunica algo erróneo cuando no simplemente discriminatorio. Porque no existe violencia de género, violencia de “los hombres” sobre “las mujeres”. Efectivamente habrá violencia de este hombre o aquel, o incluso existirá una violencia de dominación y posesión, ahora hablaremos de esto que para nosotros es la clave, pero no habrá violencia de “el hombre” contra “la mujer” en cuanto a universal o esencia. Así, ni el género masculino (por seguir con la mala traducción) pega ni el género femenino es golpeado. Aunque aquí se podría argüir que sí es mayoría, en el maltrato doméstico, la violencia de hombres sobre mujeres (obsérvese que hemos eliminados “los hombres”) y sería cierto. Pero del mismo modo que es también cierto que la mayoría de los terroristas de ETA son vascos y a nadie se le ha ocurrido una ley sobre “Terrorismo vasco”, no comprendemos la causa de que sí se les haya ocurrido una sobre violencia de género (¿o sí?, ya veremos).

Pero, ¿es una violencia machista? El machismo se podría definir como la teoría que defiende la inferioridad intelectual de la mujer sobre el hombre. Sin duda, hay machismo en la violencia doméstica contra mujeres pero no es esta la clave del problema. Y se ve bien cuando se comprende que el machismo tradicional español, que no se debe confundir con la necesaria cortesia, ha sido siempre tratar mucho mejor a las mujeres que a los hombres por considerarlas incapaces y tener la idea clara de que nunca se podía pegar a una mujer. Así, el machismo español, violento frente al otro hombre que si no pegaba era un afeminado, era sin embargo cuidadoso con la dama. Aunque no por ello dejara de ser repugnante moralmente.

Pero es que encima, y en tercer lugar, la violencia no tiene su causa en el género ( o sea, el sexo socializado) ni en el machismo sino que en la idea de propiedad. Efectivamente, el hombre que pega a su mujer no lo hace porque sea mujer o porque la considere inferior, sino porque es su mujer, es decir: le pertenece para su conciencia primitiva. Si la violencia fuera de hombre sobre mujer sería sobre cualquier mujer pues la relevancia estaría, precisamente, en el sexo. Sin embargo, no se ejerce de forma indiscriminada sobre el sexo femenino sino sobre personas concretas que mantienen lazos familiares determinados (es decir, sobre el cónyuge o la pareja). Por ello, la idea clave del asunto no es el sexo (hombre/mujer) sino la idea de propiedad y dominación. El agresor piensa: si es mi mujer me pertenece y debe obedecerme. Es precisamente ese concepto de propiedad privada, y que está detrás a su vez en la defensa de la idea de que los padres son los únicos que tienen derecho a educar moralmente a sus hijos, el que está detrás de todo el asunto. El individuo mata a su mujer como quién se deshace de un mueble viejo o hace con su perro o sus hijos lo que quiere porque para eso son suyos.

Y aquí es donde usted, lector, espera la diatriba contra el malvado capitalismo que es, en el fondo, el culpable de esto. Pero, no. Sino al contrario en esta ocasión. Pues entonces, y si de acuerdo al capitalismo, la propiedad privada es la clave de la producción, ¿por qué el maltrato no está más extendido? Pues por dos motivos.

El primero es porque hay que negar la mayor: la propiedad privada no es la clave del capitalismo sino uno de sus componentes, y no el más importantes. El segundo, porque no hablamos aquí, en el tema de la violencia doméstica, del concepto de propiedad privada del capitalismo actual sino de la propiedad privada de las sociedades atrasadas cuyo ejemplo paradigmático sería la propiedad de la tierra. Efectivamente, la propiedad capitalista es una propiedad de especulación, de aumento de producción y acumulación de riqueza: de proyecto. En cambio, la propiedad de la tierra implica la posesión personal del terruño y su explotación para la supervivencia en la absoluta subsistencia: sin cambios. Así, las relaciones de posesión en la economía precapitalista son de dominio sobre el objeto tal y como ya es, generalmente sobre recursos naturales o sector primario, mientras que en el capitalismo son de desarrollo del mismo, cuyo ejemplo sería la fábrica o el deseo de que los hijos sean más que los padres –incomprensible para un individuo anterior y que sin embargo tiene mucho de hermoso-. Y esta forma primera de posesión ramplona y primitiva es la que ronda la cabeza del maltratador y su ideal de familia. Así, el problema real no es el machismo, pues el machismo autóctono de hecho sería el del caballero español siempre gentil con su dama por considerarla incapaz, ni el género, sino la dominación por la idea de propiedad. Y por ello, precisamente porque la propiedad de estructuras precapitalistas es la que funciona aquí, son las mujeres inmigrantes, las más amenazadas estadísticamente. El atraso social en el desarrollo capitalista trae sus consecuencias en la socialización.

No es pues el machismo el que mata ni el ridiculo tema del patriarcado, que más tiene que ver con la fuerza productiva en sociedades no tecnológicas que con oscuros elementos machistas atávicos, sino la idea de propiedad precapitalista. Así, mientras que las relaciones personales actuales son líquidas, como bien señala Bauman, de acuerdo al propio auge del mercado permanente y ya no requieren la consistencia y la perpetuación, las relaciones personales anteriores son de propiedad en su sentido más primitivo: No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo (Éxodo 20, 17). Es decir, la posesión, como cualquier otra cosa, en las relaciones personales. Porque aquí el capitalismo, como siempre cuando se compara con el pasado, no es opresor sino liberador y superior moralmente a las formas pretéritas. Y ello no quiere decir que las formas de relación personal actuales sean buenas, puro flujo de mercancías, pero sí que no se es anticapitalista por el pasado sino por el porvenir.

Pero, por último aunque no menos importante (en mala traducción del inglés para seguir la moda) queda un factor clave: ¿y por qué llamarla violencia de género o machista? Pues porque interesa la farsa a determinados lobbys, en este caso concreto ciertos grupos feministas, que al presentar todo como un entramado machista solo defienden sus intereses de élite. Y es este, efectivamente, un tema preocupante en la democracia. Porque estas agrupaciones de intereses formadas por grupos de presión, que pueden ser útiles en su lucha concreta, sin embargo comienzan a olvidar algo fundamental: que los intereses particulares no pueden situarse por encima de los derechos generales. Y así, los derechos de la mujer no se pueden defender sobre la base de una mengua de derechos no ya de los hombres (por testículos y ante la ley) sino de los derechos humanos (por racionalidad). Así, el lobby lo que puede acabar buscando no es la liberación sino que las condiciones de privilegio permanezcan pero cambiadas y beneficien su propio elitismo frente a la chusma (que la conforman el resto de hombres y, también, el resto de mujeres. O dicho de otro modo: entrar en el status quo sin que este cambie, aunque ahora tenga cierta mirada femenina (854.000 entradas en Google).

lunes, agosto 03, 2015

TENER PERRO

Es interesante que el primer animal domesticado por el ser humano haya sido el perro. Efectivamente, si hemos de hacer caso a las investigaciones y debemos hacerlo porque saben más que nosotros, el perro convive con los seres humanos desde hace más de 15.000 años. Y decimos que es interesante porque puede comprenderse desde el ámbito puramente utilitario que hubiera animales que fueran domesticados con la finalidad de la ganadería y para conseguir productos alimenticios. Pero no es la utilidad, o al menos no es la única razón, por la cual ser humano y perro conviven desde hace tanto tiempo y siguen haciéndolo.

¿Por qué tener perro? Es absurdo pensar que la gente que tuvo perro  durante siglos no tuvo también una razón utilitaria. Sin embargo, resulta a su vez interesante que una vez ha pasado esa necesidad, en la inmensa mayoría de los casos, la gente siga teniendo perro. Por tanto, la pregunta mantiene su sentido.
                                              
Evidentemente, y en primer lugar, el perro significa compañía. Día a día, en los parques o en las calles se puede ver a ancianos cuyo único compañero es su mascota y cuya única obligación para levantarse y salir a la calle sin quedarse para siempre en su piso es tener que bajar a un cuadrúpedo a hacer sus necesidades y pasear juntos. El perro así no es ya sólo un complemento de la vida, como podría ser el coche o un bolso, sino un compañero en la misma.  

Pero hasta aquí parecería que aún perdura el interés para tener perro: me acompaña. Y, sin embargo, hay algo más.  Efectivamente, deberíamos preguntarnos, y preguntarme, por qué nos da más lástima un perro abandonado que un vagabundo. Tal vez sea porque consideremos, equivocadamente o no, que un ser humano podría ampararse por sí mismo mientras que un perro es un animal que nos necesita. Y tal vez en la idea de que el perro nos necesita, en ese pensamiento de que hacemos falta al animal, radique la clave de toda la relación de convivencia entre los perros y los humanos. Mientras que el gato se nos presenta como un animal independiente, el perro se nos figura como un animal dependiente, como un niño que nunca va a crecer y que por eso mismo necesita nuestro cuidado. El perro nos pide ayudarle en su desamparo.

Sí nos pusiéramos filosóficos podríamos señalar que en el perro vemos la propia limitación de la realidad, vemos la naturaleza como algo inconcluso y que sólo puede ser terminado por nuestra propia racionalidad dotándole de un sentido. En la mirada del perro al inclinar la cabeza hacia un lado demostrando no haber entendido nada de lo que ha pasado no podemos sino ver la idea de que sólo la racionalidad puede darle sentido a la realidad y que por esa idea de desamparo en lo natural nos sentimos llamados a ir al auxilio del ser que está desamparado. Superar lo que para la naturaleza sólo es selección natural para ayudar al desamparado está también en tener perro. Tenemos perro para ir más allá de la naturaleza. Tenemos perro para, también, humanizar el mundo.

Pero, a veces, filosóficamente debemos no ser filosóficos. Tener perro es también sentarte, que alguien venga hasta ti y se tumbe a tu lado. Porque sí. Porque el mundo es así un lugar mejor: más humano. Y volvimos a filosofar.

Hay gente que dice que los perros son mejores que las personas. Se trata sin duda alguna de un error doble. Por un lado, es un error en la esencia de la propia relación pues los dos elementos de la misma son incomparables. Efectivamente, es equivocado intentar comparar la bondad de un ser humano, que viene dada por el empleo de su propia libertad al menos en una gran parte, con la fidelidad del perro, que viene dada por su propio instinto. El segundo error es pretender dotar al perro de sentimientos humanos situándolo así en el fenómeno que se llama antropomorfización. Ciertamente, los perros no son seres humanos sino sólo perros. Pero son, nada más y nada menos, que perros. Y les queremos porque no son humanos sino perros.

Nuestro perro se llamaba Ethan Edwards. No es difícil averiguar que era un homenaje a esa obra de arte que es Centauros del desierto, de John Ford. Sinceramente diré que no era el más listo y en varias ocasiones nos ocurrió que él pasaba por un lado de una farola, yo por el otro y la correa se quedaba enganchada en el medio impidiéndole continuar y quedándose sin saber qué hacer. Orgulloso, reconozco que yo tardaba menos en solucionar el problema.

Ethan tenía diecisiete años y dos meses y quince días. El pasado 30 de julio, a las 4’20 de la madrugada lo sacrificamos para evitar su sufrimiento por una enfermedad repentina. Incluso en eso cuidamos su desamparo y fuimos contra la naturaleza, maestra de la indiferencia. Incluso en eso el perro, nuestro perro, nos hizo humanos.

Hay gente que cree que la muerte es un tránsito: la superstición es libre. Ethan Edwards ha dejado de existir. Han pasado 13.700 millones  de años desde el inicio de nuestro universo. Diecisiete años no son, desde luego, muchos en comparación. Pero, qué duda cabe, al caminar por la calle y pasar junto a una farola se echa de menos ayudarle a resolver por qué lado salir de ella.

Adiós, Ethan Edwards.           




domingo, agosto 02, 2015

LO QUE DA LA LOMCE

Averigüe usted, querido lector, cuál de estas dos teorías es de obligada oferta en cada curso según la LOMCE.

a) Esta
b) O esta otra

Ya lo saben ustedes: esto se llama excelencia educativa.

miércoles, julio 22, 2015

domingo, julio 19, 2015

CARTA DE UN FUNCIONARIO AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Señor Presidente del Gobierno
Mi nombre es Enrique P. Mesa García y soy funcionario del cuerpo de Profesores de Secundaria.
Me he enterado por la prensa que está usted pensando en devolvernos a los funcionarios la paga extra que nos sustrajo y además en subirnos el sueldo. Curiosamente, bueno usted y yo tenemos estudios y sabemos que esto es una figura retórica, esta decisión ocurre justo antes de las elecciones. Pero como usted no es un populista sino un oligarca no mezclaré  temas.

Señor Presidente del Gobierno,
lo que deseo aclararle en primer lugar es que si bien estaría encantado en recuperar mi legítima posesión puede usted guardarse su botín. Lo llamo botín porque llamarlo ahorro hubiera implicado que su gobierno lo hubiera empleado en un uso social justo pero solo recuerdo que hay un 40% más de ricos y que la renta media, y observe que no pongo “sin embargo”, ha vuelto a los niveles de 1998. Efectivamente, ha sido un botín.

Señor Presidente del Gobierno,
puede que usted está acostumbrado a tratar con gente cuya máxima es el beneficio individual pero esta vez se ha equivocado. Ahora, sin duda, usted espera una charla desde mi dignidad personal y mi excelsa moralidad: pero ahí también se equivoca. Porque Señor Presidente del Gobierno, usted y yo tenemos la misma dignidad personal e incluso la misma dignidad moral -aunque créame que con ello no estoy afirmando nada necesariamente elogioso-. Así que le aseguro que el asunto no es personal.

Señor Presidente del Gobierno,
yo soy un profesional y soy funcionario. Ser funcionario puede parecer, y permítame el lenguaje, un chollo: muchísimas ventajas y casi ningún inconveniente. De hecho, no le mentiré, conozco funcionarios basura. Pero ser funcionario en democracia debe ser la más noble tarea social que se puede tener: damos fe de un estado que es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Todos los trabajos tienen una dignidad, sin duda, pero ser funcionario es algo más que un trabajo: es un ejercicio de y para la democracia.

Señor Presidente del Gobierno,
usted está intentando comprarme. Es ingenuo pensar que no me gustaría recibir en mi cuenta bancaria un aumento salarial o la paga extra que me sustrajo –verá que fino hablo- pero ya le he señalado que no escribo aquí desde lo personal, podemos discutir en otro momento mi precio, sino desde algo que está más allá de la mera subjetividad. Este algo que está más allá es mi condición de funcionario de un Estado democrático que me impide aceptar su limosna por creer que lo que los ciudadanos deben tener no es un estado caritativo y subsidiario con funcionarios satisfechos y comprados sino un estado social y democrático de derecho.

Señor Presidente del Gobierno,
tal vez usted se sonría al oír eso de estado social y democrático de derecho. Cuando yo llegué a mi cargo, que fíjese que tampoco es muy alto pues sólo soy profesor, prometí defender al estado y a la Constitución como ley fundamental. Y no sé si le suena que ésta, en su artículo primero, dice que España se constituye como un estado social y democrático de derecho.

Señor Presidente del Gobierno,
usted considera, al negociar para devolverme un dinero particular, que lo que usted me ha robado es un sueldo, una mera retribución económica. Sin entrar aquí en disquisiciones filosóficas sobre el trabajo asalariado, me gustaría señalar algo. La única forma que tiene usted de devolverme lo que me ha quitado es que su gobierno deje de dirigir este país y que cese el Proceso de Precarización que ustedes han llevado a cabo reduciendo drásticamente los derechos sociales y políticos de la población española. Usted me robó la paga extra, permítame la figura retórica, y su gobierno me ha robado los derechos sociales y políticos, a veces hablo sin retórica. Quédese con lo primero si le place, pero no pretenda que no le exija lo segundo.

Señor Presidente del Gobierno,
ustedes, y cuando digo ustedes me refiero al gobierno del Partido Popular, han incumplido sistemáticamente el mandato constitucional de defender a España como un estado social y democrático de derecho y mi obligación como funcionario es recordárselo. Por todo ello le exijo que si quiere devolver aquello que nos ha robado vuelva a situar los derechos políticos y sociales como una realidad en este país. Como para ello considero que va a resultar indispensable que ustedes pierdan de forma abrumadora las elecciones próximas solo puedo coherentemente desear no volver a verle nunca como Presidente del Gobierno.

Señor Presidente del Gobierno,
espero que a partir de noviembre nunca tenga más, ni a usted ni a ningún representante de este Partido Popular, que volver a llamarle Presidente del Gobierno. Pero si desgraciadamente ustedes vuelven a gobernar yo seguiré siendo profesor. Y no lo dude: cada día cumpliré con mi obligación de funcionario al explicar a mis alumnos que España debe ser un estado social y democrático de derecho y educarles para que trabajen por ello. Y con ello, al defender la Constitución y educarles lo haré necesariamente contra su proyecto de precarización.

Señor Presidente del Gobierno,
ya le digo que no es algo personal; sólo es mi trabajo.

lunes, julio 06, 2015

EMPIEZA (otra vez) SAN FERMÍN

Empieza San Fermín.
Vomitar borracho y torturar y matar animales.
Bienvenido a las tradiciones populares.
No hay nada como ser un paleto.
Y esta vez…, ¡¡con más banderas!!

GRECIA DICE NO/ y 2

Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra.

Abraham Lincoln, discurso de Gettysburg.

domingo, julio 05, 2015

GRECIA DICE NO/1

Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es Democracia.

Discurso de Pericles recogido por Tucídides en Historia de la Guerra del Peloponeso.

viernes, julio 03, 2015

GRECIA, REFERÉNDUM Y PROCESO DE PRECARIZACIÓN

Es ingenuo pensar que la épica debe ser utilizada en política. Es más, la mayoría de las veces resulta reaccionario. Sin embargo, a veces recurrir a ella puede ser un buen ejemplo. En el siglo V antes de Cristo los griegos formaron Occidente al oponerse al avance del Imperio Persa en las Guerras Médicas. Por supuesto, su idea no era crear occidente ni generar el pensamiento racional: no hubieran luchado por tal cosa. Pero, al luchar contra el avance persa lo hicieron.

Lo que actualmente está ocurriendo con Grecia y eso que se llama Unión Europea merece cuando menos un comentario. Y este comentario sólo puede hacerse precisamente desde aquello que los propios griegos clásicos nos enseñaron: el uso desapasionado de la argumentación racional. Por ello que nadie espere ver aquí una historia de buenos y malos,  exaltación ridícula al sistema o al antisistema.

El planteamiento del problema no es, sin embargo, muy claro pues no se trata de quién es el culpable de lo que ahora está ocurriendo en Grecia sino otra aparentemente más simple: ¿qué está ocurriendo realmente con Grecia? Pero a veces las preguntas muy simples necesitan respuestas muy complejas y, sin duda, esta es una de esas ocasiones. Porque al preguntarnos sobre lo que ahora está ocurriendo en Grecia no podemos referirnos sólo a la celebración del referéndum del próximo domingo sino también a las causas que han llevado a todo este proceso. O diciéndolo de otro modo, porque el domingo va haber un referéndum en Grecia sobre su acuerdo con eso que se llama Unión Europea necesitamos saber realmente qué se está votando.

Empecemos por el principio. No cabe duda de que los principales responsables de la situación que produjo el rescate de Grecia están en Grecia –bueno, o en Suiza-. Pero es importante distinguir entre quienes están en Grecia y todos los griegos, pues necesariamente no es lo mismo: no hay que tomar la parte por el todo. Efectivamente, los anteriores gobiernos griegos son responsables del cúmulo de despropósitos que llevaron a Grecia a una total y absoluta bancarrota. Hasta ahí creemos que está claro.

Pero, el problema no concluye ahí sino que continúa. Y lo hace con las medidas impuesta por la Troika para solventar presuntamente el problema de la deuda griega. Las medidas se pretenden reducir a una palabra: austeridad. Pero es una palabra equívoca porque la clave no es esa sino precarización.

Los problemas se pueden analizar de dos maneras: o a través de ceñirnos estrictamente al mismo o  buscando una explicación más amplia.

Si empleamos la primera acción y nos ceñimos estrictamente a lo concreto y limitamos nuestro análisis nos resulta que la Troika es una incompetente. En primer lugar, se ha equivocado permanentemente en sus predicciones. En segundo lugar, sus recetas, que Grecia y toda Europa han seguido hasta que recientemente el Banco Central Europeo rectificó, han resultado un fracaso absoluto. Tercero, todos sabemos que la deuda griega es inasumible. Visto así, en el campo estrictamente de la ortodoxia económica, la Troika tenía que ser despedida por inútil.

Pero, resulta extraño pensar que un organismo tan importante como el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea sean tan inútiles. No resulta por tanto pensar esto, todo se puede achacar a la incompetencia, una solución aceptable. Efectivamente, si todos sabemos que las medidas impuestas por la Troika han sido inútiles resultaría absurdo que si el objetivo último era que Grecia pagara su deuda y entrara en la prosperidad las medidas no hayan sido cambiadas hace tiempo. Es decir, ¿por qué entonces se mantiene  el discurso de la Troika?

El análisis demasiado concreto no nos parece haber ayudado demasiado. Pero la apariencia una vez más engaña porque siguiéndolo hemos concluido una interesante pregunta: ¿por qué mantener durante años una propuesta que todos sabíamos que era inútil? Es decir, hemos perfilado nuestra pregunta y la hemos concretado: ya no es ¿qué está ocurriendo en Grecia? sino ¿por qué se mantiene una propuesta fracasada y sin futuro por parte de la UE?

Lo inútil lo es en referencia a algo pues no existe como término absoluto: nada es inútil para todo. Pero además, si algo se mantiene por parte de gente preparada debe ser para algo. Y tal vez el error del análisis es que estamos juzgando erróneamente el objetivo de la Troika. Efectivamente, este objetivo no es salvar Grecia sino otro distinto. Y quizás, presentando otro objetivo todo acabe encajando.

¿Cuál podría ser ese nuevo objetivo? Hemos hablado repetidas veces en este lugar de lo que denominamos como proceso de precarización. Llamamos así a un hecho que está ocurriendo fundamentalmente en los países europeos, pero que se va a extender a otros países desarrollados, y que consiste en que por fin la oligarquía es capaz de bajar las condiciones de vida de forma general para la población porque el consumo puede sustituirse por los nuevos consumidores que traen los países emergentes. Hasta ahora el nuevo capitalismo necesitaba una Europa próspera para establecer ciertas condiciones de consumo a través de la renta media de sus habitantes, pero este hecho puede ser sustituido ahora por una minoría de las poblaciones emergentes que, aún siendo minoría, resulta más numerosas que todos los habitantes de la Unión Europea juntos. Y ahora este proceso permite inmediatamente rebajar las condiciones económicas y sociales de la población europea y aumentar el beneficio de la oligarquía.

Como ya hemos hablado varias veces aquí de este proceso no vamos a repetirlo sino que lo que vamos a ver es si realmente esta hipótesis podría explicar perfectamente el problema que ha surgido con Grecia. Y lo queremos ver en un doble sentido: por un lado, hablando en términos económicos; por otro, analizándolo en sentido político.

Hablando en términos económicos, ya hemos visto cómo las recetas de la Troika han resultado inútiles para generar una situación estable y por lo tanto una base para la prosperidad en Grecia –y tampoco en Europa-. Sin embargo, estas recetas, que se han extendido a lo largo de toda Europa, lo que sí han permitido es acentuar ese proceso de precarización con pérdida del poder económico por parte de la mayoría de la población unido a la pérdida de derechos sociales y políticos. Por lo tanto, económicamente las medidas adoptadas por la troika son inútiles si pretendemos salvar a Grecia o mejorar la condición de vida de los ciudadanos europeos pero son extraordinariamente útiles cuando lo que se pretende es extender un proceso ya iniciado de precarización que favorece a la oligarquía europea. Y se mantienen.

Hablando en términos políticos el problema es similar. La llegada de Syriza al poder ha resultado un auténtico fiasco para la tranquilidad política que esperaba a la Unión Europea en la ejecución de este proceso de precarización pues hasta entonces ningún gobierno se había ni tan siquiera atrevido a defenderse de él. El mejor ejemplo de la servidumbre de los gobiernos lo tenemos curiosamente muy cerca y no hay que irse a la península Helénica para verlo sino quedarnos en la Ibérica. Efectivamente, Zapatero cambia radicalmente su política social al recibir la famosa carta –en realidad manual de instrucciones- del Banco Central Europeo donde indican exactamente los pasos a seguir en la nueva política para cumplir el proceso de precarización. Y estos pasos, Rajoy acabara de culminarlos incumpliendo para ello claramente su programa electoral. Así las cosas, la calma política era total hasta que el pequeño gobierno griego cae en manos de lo que la prensa califica como radicales, traducimos a socialdemócratas de toda la vida, y que conlleva por primera vez una respuesta frente a la pretensión de la Unión Europea de gobernar los distintos países de acuerdo al proceso de precarización. Y como el emperador darío, cuenta la leyenda, llevaba a un esclavo que le recordaba permanentemente la existencia de Atenas como territorio hostil, la Troika decidió dar un escarmiento.

Efectivamente, toda negociación de Unión Europea con el gobierno de Atenas ha estado marcada por un inmovilismo absoluto en las condiciones europeas aun sabiendo que eran claramente imposibles de cumplir. En realidad esto ha sido así porque la troika no estaba negociando realmente con Grecia sino que estaba dando una lección de ejemplaridad al resto de la población europea señalándoles que cualquier salida de tono por mínima que fuera, es decir: aplicar políticas socialdemócratas, iba a ser imposibilitado desde los organismos superiores y que por tanto en aquellos países donde iba a haber elecciones próximamente, y entre ellos se cuenta España, iba a dar igual el resultado de las mismas pues la Unión Europea ya definido la política económica a seguir.

Así, lo que ha pretendido la Troika en toda negociación con Grecia es inutilizar las urnas y el voto de los ciudadanos como un elemento de desarrollo de políticas sociales o económicas. Es decir, lo que la Troika ha demostrado en la negociación es que no quiere la democracia como modelo político sino que pretende generar una oligarquía que defina la política económica y esta meramente sea cumplida por los ciudadanos eliminando los procesos democráticos y gobernando desde instituciones que carecen de cualquier proceso electivo. Es, en definitiva, la defensa y desarrollo del proceso de precarización – económico, social y político- sobre los intereses de los ciudadanos europeos.

Pero, Grecia y su nuevo gobierno empezaban a molestar. ¿Y cuál ha sido la gota que ha colmado el vaso para esa misma troika autosatisfecha en el desarrollo del proceso de precarización? Esta gota ha sido el anuncio por parte de Tsiripas de un referéndum para votar sobre la propuesta, no de acuerdo sino de rendición, presentada por la Troika para Grecia. Lo que ha indignado a la oligarquía Europea es que los griegos se atrevan a votar aquello que la propia oligarquía ha decidido hace tiempo que se debe hacer. Lo que ha indignado a la oligarquía es en el fondo que sigue existiendo la democracia.

Cuando uno está en guerra no debe mirar a sus aliados con lupa esperando que todo lo que produzcan sea sumo bien y decisiones absolutamente correctas.
Puede ser que nos parezcan erróneas las condiciones en que se ha presentado el referéndum en Grecia y que existan varias cosas que nos pueden no gustar del Gobierno de Syriza, pero no hay una sola cosa que nos guste del proceso de precarización.
Podemos dudar de la estrategia del gobierno griego, pero estamos convencidos de que la Troika no es un apoyo para la democracia.
Podemos creer que Grecia se ha equivocado en las negociaciones, pero sabemos con certeza que la Troika lo único que pretende es desarrollar un proceso que empobrece económica social y políticamente a todos los habitantes de Europa.

En el siglo V antes de Cristo, Grecia paró al Imperio Persa y con ello inició un proceso que culminó en la Ilustración y en las ideas de la democracia. Hoy Grecia sola no puede parar el proceso de precarización que se está imponiendo desde la oligarquía Europea a los habitantes de nuestro continente. Por ello, es necesaria la creación de una izquierda auténticamente europea que, lejos de lo paleto y nacionalista, comprenda que nuestro territorio político, social y económico es, y como mínimo, el continente europeo y que por tanto nuestra lucha social y política es toda Europa. Este proyecto europeo de izquierdas no es una utopía sino una necesidad si lo que queremos es mantener aquello que se inició en el siglo V antes de Cristo y que, con todos sus fallos, ha llevado al mayor progreso de la humanidad. 
No se trata de revivir las danzas tribales, se trata de desarrollar la libertad.