martes, abril 08, 2008

REFLEXIONES ELECTORALES/3: ZP COMO EL PRÍNCIPE

El triunfo en las elecciones debe ser concedido, sin duda, a Zapatero. Únicamente su capacidad de seducción ha logrado llevar, tras un gobierno desastroso, a una nueva victoria a su partido mucho más meritoria realmente que la inesperada de 2004. Lo interesante aquí es precisamente analizar en qué consiste esa capacidad de ZP a la hora del marketing, es decir: para lograr votos. Y ello resulta necesario cuando la derecha tradicional se ha empeñado en negar cualquier tipo de cualidad al presidente del gobierno presentándole como una especie de idiota y, por consiguiente, a la gente que le vota como tontos integrales. Y resulta así curioso como los acérrimos defensores del mercado –ya saben: según ellos la herramienta racional de la economía- restan méritos a quien ha demostrado en su negocio ser el mejor y conseguir su objetivo empresarial: ganar las elecciones. Pero, ¿por qué la gente ha votado a ZP? Ya hemos señalado que debemos descartar la teoría de la derecha: todos son idiotas menos los que votan al PP. Por tanto, busquemos otra razón.

Realmente, estas elecciones, y este es un primer punto crucial, las ha ganado ZP y no el PSOE. Efectivamente, ni González en sus mejores tiempos tuvo el culto a la personalidad que ha tenido Zapatero. Incluso los autodenominados artistas comprometidos -¿con qué?- al montar su vídeo no lo hicieron sobre la base de las ideas a defender, como en otras ocasiones, sino sobre el ya famoso símbolo de la ceja: confianza en el líder. Pero este diseño comercial no ha sido flor de un día sino una estudiada estrategia publicitaria. Efectivamente, durante cuatro años, aunque más contando su oposición, Zapatero ha vendido una imagen de marca: progresismo. Sin un contenido concreto, nadie sabe lo que piensa sobre cualquier tema, Zapatero lo único que ha presentado como propio es una actitud de que siempre iba a defender la opción más progresista sin explicitarla. Y precisamente en ese aspecto genial de su campaña publicitaria estaba la clave: nunca se presentaba contenido teórico sino eso que se llama forma de ser. Así, cuando el proyecto fracasaba ZP no perdía pues esa no había sido nunca su opinión o bien la culpa era de los otros. Se trataba, en definitiva, de una política que podríamos denominar de guiño cómplice con un importante porcentaje de la población, especialmente ese sector autodenominado de trabajo intelectual -profesores, médicos, profesionales liberales, miembros de la industria cultural- que se sienten de izquierdas pero que, al tiempo, serían incapaces de escribir 250 palabras sobre el tema: son de izquierdas en su forma interior de ser, pero no en la realidad social, y conocen y utilizan las palabras fetiche -solidaridad, no discriminación, derechos, ...- que se han convertido en sí mismas en vacías de contenido. Zapatero resultó, de esta manera, ser el representante perfecto de ese grupo generacional y social que carecía ya de ideología concreta, al igual que González lo fue del pragmatismo de la Transición.

A ello se añade, además, lo obvio. La repetición casi idéntica del porcentaje de votantes en 2004 y 2008 induce a pensar algo: la estrategia de la tensión, seguida por los dos partidos tal y como ya analizamos, ha acabado beneficiando al PSOE. Zapatero ha sabido renovar su marca no ya como la del talante, error que de no ser por la guerra de Irak y la respuesta del gobierno Aznar al 11-M le hubiera hecho perder las elecciones anteriores, sino como la de aquel capaz de parar al PP. Así, el recuerdo publicitario, y edulcorado, de la República y la guerra civil ha movilizado a su favor a una izquierda proclive al abstencionismo que sin embargo ante el temor de la llegada al gobierno del PP ha decidido ir a votar. Por supuesto, esta estrategia no es nueva en el PSOE, acordémonos del doberman, pero sí ha resultado novedoso relacionarla con la guerra civil generando ya no un discurso al menos formalmente intelectual sino básicamente afectivo: aquí todo el mundo se sentía heredero del quinto regimiento. Es cierto, ya lo hemos señalado, que para ello ha tenido la inestimable colaboración del sector del PP al que le interesaba perder, pero también lo es que el cambio en la imagen de la marca ZP ha sido una magnífica idea comercial. Y así, el odio, que ya no solo el temor como con el doberman, ha mantenido fiel a un importante sector del electorado movilizado en 2004. La idea era primaria y con ello eficaz como en la mejor publicidad: si no ganamos la guerra, ganaremos esta prórroga. Idea ridícula pero tan eficaz como ridícula y eficaz es la chispa de la vida.

Un tercer factor es la pérdida de voto de los nacionalismos que, sin derivar todos en el PSOE, bien es cierto, han permitido a éste ganar en las comunidades autónomas y beneficiarse de la ley electoral. ¿Por qué el PSOE gana en Cataluña o en el País Vasco? Porque al fin y al cabo 30 años de idiotización de la sociedad pueden aprovecharse. Efectivamente, lo interesante del discurso del PSC y del PSE ha sido la paulatina invasión del espacio nacionalista pero con mejores contactos para pactar. Así, el nacionalismo que ha convertido la política en mercado persa -cantinela de zoco: barato, barato,…- se han visto ahora desplazados por quien puede ofrecer el producto a igual precio pero con mejor distribución. Resulta curioso destacar así que PNV pierde casi los votos que sube el PSE y que parecidos términos pasa con CiU, aquí ayudados por ICV (IU). De esta forma, la burguesía nacionalista ha comprendido que Zapatero ofrece lo mismo, privilegios, pero más rápido. Cosa que igualmente se ve con la bajada de votos, tanto del PSOE como de la propia IU, en Madrid.

Y, por supuesto, están al final el grueso de votantes, que podemos cifrar en unos diez millones, que se mantienen fieles al PSOE por la razón primera aducida, sentirse de izquierdas, pero que al menos al nos pertenecer precisamente a esos autodenominados grupos profesionales de corte intelectual, pues la posición social implica siempre responsabilidades, cabe en ellos la excusa ante la imposibilidad de no ser capaces de escribir la redacción sobre su propias ideas.

¿Es Zapatero invencible? Como Sarkozy, otro ejemplo del político postmoderno absoluto aparentemente de escuela contraria, Zapatero carece de ideología con contenido y por tanto solo puede ser derrotado cuando las condiciones sociales impliquen una profunda crisis. Así, su cargo, a diferencia por ejemplo de Aznar, no tiene un problema en hechos concretos con carga ideológica, y eso por supuesto no quiere decir que Aznar fuera un idealista, pero sí en condiciones sociales determinadas de las cuales, paradójicamente, él no tiene que ser responsable. Si la crisis económica se acentúa, cosa de la que no es culpable principal curiosamente Zapatero, el mismo electorado que no quiere saber nada de política pero sí de forma de vida le destronará. Y lo hará, no lo duden, porque el chalet y el segundo coche están en juego: eso también es forma de vida o, como se llama ahora, tener vida interior.

2 comentarios:

Don Güapo dijo...

Certero análisis, pero a partir de la mitad del texto.

Cabría añadir un pero y un par de matices a su razonamiento.

El pero tiene que ver con lo de la estrategia publicitaria que menciona: no parece haber funcionado en la mitad de España, sobre todo, en zonas muy concretas.

Los matices son que el mercado político-electoral no sigue las reglas clásicas del mercado, y que el triunfo del PSC y PSE tiene que ver con el componente abstencionista del votante nacionalista, agudizado por diferentes motivos, en esta cita.

Anónimo dijo...

Me gustaria saber cuando ha dicho el PP que los que a ellos no les votan son idiotas, pero bueno, como usted mismo dice, Zapatero ha hecho bien el no dar sus ideas concretas, que hasta ahora no nos han beneficiado. Por otro lado, si la culpa de la crisis no es de Zapatero, ¿me podría decir de quién es?