jueves, abril 16, 2020

UNAS NOTAS RÁPIDAS SOBRE LA EDUCACIÓN Y LA EPIDEMIA. ANTE EL ACUERDO MINISTERIO Y AUTONOMÍAS

Resulta que ayer se reunió la Conferencia Sectorial de Educación (formada por el Ministerio y las Autonomías). Y resulta que en su afán por hacer el paripé -nota: obsérvese mi lenguaje anticuado- sacó un texto que ustedes pueden ver AQUÍ.
Bueno, pues con la urgencia que merece el tema, pongo aquí unas notas sobre el texto. Tiene tres partes.
La primera, analiza la parte general del texto.
La segunda, analiza la parte dedicada a Secundaria en ese mismo texto.
La tercera, hace un análisis general de lo aprobado ayer por el Ministerio y las Autonomías.

 1.- ANÁLISIS DEL TEXTO 

(Se analiza la parte general del texto)

PUNTO 1

En primer lugar, se echa de menos un apartado concreto donde se explicite que la Administración educativa se va a preocupar de cuidar a los docentes, sobre todo teniendo en cuenta que en el segundo guion se señala de forma ridícula que los docentes acabarán cuidando a los docentes (la parte contratante de la primera parte y la parte contratante de la segunda parte).

PUNTO 3

En el segundo punto se señala que los centros educativos identificarán al alumnado desconectado o no localizable y prepararán planes específicos de recuperación ¿Y cómo pueden hacerlo los centros educativos, es decir los profesores? ¿Van casita a casita, cual ratoncito Pérez, para preguntar? Debería decirse que serán las administraciones las responsables de identificar esta situación y, para ello, se ayudarán de los servicios sociales. Sin embargo, y esto es interesante, se carga todo el problema a los centros educativos.
De esta forma, hay una constante en el texto de unir administraciones y centros educativos en el mismo nivel de responsabilidad. Así, por ejemplo, se hace en el tema de la puesta a disposición de los estudiantes de los recursos tecnológicos, lo cual es absurdo para los centros educativos que lógicamente no pueden hacer ni eso ni varias de las cosas que allí se presentan. Da la sensación de que la Administración se está librando de su responsabilidad echándosela a los centros y, con ello, a los profesores. Efectivamente, frente a esta actitud cobarde, la Administración debería comprometerse a medidas concretas en relación tanto al alumnado como a los centros y no esconderse detrás de los centros.

PUNTO 4

Este punto constituye un ejemplo claro de cómo a menudo se analiza la situación y se proponen medidas desde un lugar ajeno, o muy lejano, de la realidad educativa. O dicho de otro modo, desde gente que hace muchos, muchos, muchos años no ha pisado un aula o un centro educativo. Esto se percibe especialmente cuando se señala, por ejemplo, que los centros educativos y el profesorado diseñarán actividades globalizadoras interdisciplinares, de modo absolutamente general. Aparte de que no sé muy bien qué serán las actividades globalizadoras interdisciplinares, imagino que algo superguai eso sí,  resulta e la actualidad imposible de cumplir.

PUNTO 5

El punto 5 roza el ridículo legal cuando señala que los centros educativos y el profesorado utilizarán diversas modalidades de evaluación, incluidas la autoevaluación y la coevaluación y combinarán la información cualitativa y cuantitativa dentro del marco general que establezcan las Administraciones educativas. Además, contradice de plano lo que se ha asegurado en rueda de prensa acerca de no aumentar la burocracia.
En este mismo punto, por último, en el renglón sexto, se dice que la promoción de cursos será la norma general en todas las etapas, considerándose la repetición de curso una medida muy especial. Esta recomendación debe leerse como o un desconocimiento de la realidad o un claro desprecio al profesorado, puesto que da por hecho que la repetición de curso es hasta ahora la medida habitual. Se añade, para colmo, que la repetición deberá estar sólidamente argumentada, dando por hecho que los alumnos han repetido curso antes de esta medida sin estar argumentado: tirábamos los exámenes al aire y si caía boca abajo pues ese suspendía. En fin, y esta gente se encarga de la educación.
Otro tema muy grave aquí sería el de la titulación. Se dice que debe ser la práctica general. Es como si -volviendo a lo de antes- la práctica habitual hasta ahora fuera la repetición. No hay ningún tipo de estadística que permita defender que la práctica general hasta ahora no haya sido la titulación. Y no por un aprobado general encubierto, sino por el trabajo de los alumnos y los profesores.

2.- ANÁLISIS DE LOS ACUERDOS ESPECÍFICOS EN EL TEXTO  

(Solamente se valora lo que concierne a Secundaria)

PUNTO 2

Se dice en el punto 2: no obstante se priorizará la evaluación atendiendo a su carácter continuo formativo e integrador a partir de las evaluaciones anteriores y las actividades desarrolladas durante este periodo siempre que ello favorezca al alumno o alumna. La afirmación no es fácilmente comprensible y solo se entiende si presuponemos que su mensaje principal es el de la búsqueda de un aprobado general; porque en el caso de que la evaluación no favorezca al alumno, ¿cómo se le evalúa? Pues aplicando el principio general ya marcado en el punto 5, de modo que aprueba. Aquí aprueba todo el mundo y ya está.
En Bachillerato, en el punto correspondiente al mismo, se añade otra vez que se tendrán en cuenta las evaluaciones anteriores siempre que favorezcan al alumno o alumna. Si no le favorecen, pues no sabemos muy bien que nota hay que poner. Bueno, sí, aprueba también. Que no decaiga.

3.- RESUMEN Y ANÁLISIS GENERAL DE LO APROBADO

Además de todo lo analizado específicamente, se puede hacer una valoración general del espíritu del documento y sus líneas generales de argumentación.
No es fácil desechar la idea de que todo el texto no es más que una excusa para legitimar y facilitar un “aprobado general administrativo”.  

PRIMERO

 La Administración está realizando en la práctica una dejación de funciones permanente, en tanto en cuanto se señala -especialmente en el punto 1 del documento- la misma responsabilidad para los centros educativos y el profesorado que para la Administración general.

SEGUNDO

El documento parte de una realidad educativa absolutamente inexistente e ideal: la adaptación personal de la evaluación, que es realmente imposible de cumplir por los recortes que todas las administraciones, y pone todas aposta, han realizado en los últimos años y por la sobrecarga de trabajo burocrático, el excesivo número de horas lectivas y las ratios abusivas en las aulas que sufre el sistema educativo. Resulta, por todo ello, imposible esa fijación permanente en la adaptación individualizada a cada uno de los alumnos, tanto este curso como el que viene, con la situación actual que existe en los centros públicos. Culpa de ello es el escaso presupuesto educativo que sistemáticamente España ha dedicado a la escuela pública.
Culpables de ello son las mismas administraciones reunidas aquí que ahora se lo exigen al profesorado. 

TERCERO

Cuando se habla del curso siguiente, en ningún momento se señala ninguna acción concreta real y material para la “maravillosa” atención a la diversidad que presuntamente va a poder aplicarse: en ningún caso se habla, por ejemplo, de reducción de la ratio, de contratación de más profesores o de reducir el horario lectivo del profesorado para que pueda atender individualmente y de forma clara cada uno de los alumnos. Todo se hará porque lo dicen los consejeros y la ministra. Y además, porque lo pondrá en la ley. La diferencia, también permanente, entre la educación del burócrata y la real.

CUARTO

Las medidas concretas, y todo el texto en general, lo que esconden en realidad es la idea de un aprobado general, señalando claramente que únicamente en el caso de suspenso y repetición habrá que argumentar claramente dicha nota. Es decir, si el profesor aprueba nadie te pedirá explicaciones, pero si suspendes, uy, uy, uy... Este aprobado general, además, parece más una medida para quitarse el problema de encima que una cuestión pedagógica. Mejorará. eso sí sin duda, las estadísticas de la enseñanza burocratizada.

QUINTO

Por último, y como conclusión, las medidas de futuro resultan ridículas en cuanto que se habla exclusivamente de la adaptación de los currículos y no de ninguna medida económica y educativa concreta en cuanto a la reducción de la carga burocrática del profesorado, su carga lectiva extrema o de la reducción de las ratios y de las condiciones de dar la clase. Es un canto al sol, en el cual a través de la ley y los reglamentos se pretende arreglar una situación real y material. Se trata, en definitiva, de una nueva traición al sistema educativo público de calidad.

miércoles, abril 08, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/16: MÁS EPIDEMIA Y MÁS PENSAMIENTO CRÍTICO FRENTE A LOS BULOS

De nuevo en #RadioSofía, en Radio Municipal de Casares, explicando cómo el pensamiento crítico no es solo argumentar, sino también saber purgar y juzgar la verdad o no de una noticia. Frente a los bulos, ya saben, "sapere aude".
Lo sé, salgo guapo.
#EPMesaLaVozIlustrada



lunes, abril 06, 2020

EPIDEMIA Y CAPITALISMO/2: LAS CONSECUENCIAS DE LA EPIDEMIA

Como todos los grandes filósofos de nuestra época están opinando del coronavirus y diciendo bobadas, no podía yo faltar a esta cita para hacer lo mismo que las mayores cabezas pensantes. Así pues, heme aquí por segunda vez.

En el artículo anterior veíamos como la epidemia actual no iba a generar ninguna crisis del Capitalismo, sino que podría ser asumida perfectamente por el sistema. En este artículo, vamos a analizar los posibles cambios que generará esta crisis en el modelo social. Y para comenzar este problema –nota: obsérvese mi afán pedagógico- resulta necesario entender primero la relación que existe dentro del Nuevo Capitalismo entre el sistema económico y productivo y el modelo social.


Los sistemas productivos anteriores al Nuevo Capitalismo necesitaban un modelo social determinado. Era así porque se basaban fundamentalmente en la fuerza de trabajo humana. Por ello, necesitaban obligar a trabajar en determinadas condiciones de explotación y para esto la dominación social de unos individuos sobre otros. El resultado era una sociedad con una subyugación política y social y una desigualdad absoluta.

Sin embargo, en el Capitalismo actual, como ya analizamos en el artículo anterior, todo cambia. La figura clave es la producción incesante de mercancías, que surge tanto en el proceso productivo como en el proceso de consumo: la vida en su totalidad es producción de mercancías. Así, en cada momento de nuestra vida generamos mercancías y, con ello, beneficio capitalista. De esta forma, el Capitalismo se libera de la necesidad de un modelo social represivo pues la gente en su vida no reprimida también produce beneficio. Y una mercancía, ya sea en una sociedad represiva o en una sociedad no represiva  o ya la haga él, ella o elle, tendrá el mismo valor como tal mercancía. Como consecuencia, el Nuevo Capitalismo admite desde sociedades dictatoriales y represivas puras, como China, hasta sociedades democráticas y con mucha diversidad. El modelo social se desmarca del sistema productivo, siendo posible distintos modelos sociales, pues lo que importa es la producción incesante de mercancías en toda la vida humana, y no la dominación de la fuerza de trabajo como productor único. El totalitarismo capitalista, paradoja, puede convivir con la política democrática o la sociedad de la diversidad.

Pero por supuesto, esto tampoco nos debe llevar al engaño de que el Capitalismo necesite de una sociedad democrática. De hecho, en Europa desde comienzos del siglo XXI se ha reforzado, con eso que se llamó crisis económica y que acabó en un reajuste de la oligarquía en la distribución de la riqueza, un proceso de precarización.  Y es importante volver a él para analizar las posibles consecuencias de la epidemia.
Como ya hemos hablado aquí repetidas veces, el proceso de precarización consiste en la pérdida acaecida de derechos políticos, sociales y económicos de la clase trabajadora en beneficio del mayor dominio político y social de la oligarquía: es eso que se llama neoliberalismo. Este proceso es posible por el propio desarrollo del Capitalismo pero, y esto es muy importante, no es una necesidad del mismo. Es decir, en el Capitalismo actual podría haber una sociedad con mayores derechos sociales, políticos y económicos sin que esto perturbara al sistema. Diciéndolo claro: el Nuevo Capitalismo como sistema totalitario no necesita ni del control social represivo ni de la desigualdad.

¿Por qué se ha desarrollado entonces el proceso de precarización?
Como ya sabemos, el Capitalismo actual es producción de mercancías, ya no solo en el trabajo sino también, y fundamentalmente, en el consumo. Hasta finales del siglo XX, el problema residía en que si bien la producción laboral capitalista se podría distribuir por distintas partes del globo, sin embargo, debido al escaso desarrollo económico y la situación de sobreexplotación de la clase trabajadora de los países no occidentales, el consumo, la gran generación de mercancías y con ellas de beneficio económico,  solo se podía producir en el mundo occidental por el nivel económico de sus habitantes. Así, el Capitalismo necesitaba ese nivel de vida de la inmensa mayoría de la población occidental, y con ella de su clase trabajadora, para su desarrollo.

Sin embargo, esto se rompe a partir de la globalización, con los países emergentes y los BRIC (Brasil, Rusia, India y, especialmente, China), donde empieza a surgir una clase social trabajadora con posibilidad creciente de consumo. Esto expande el desarrollo capitalista, pues con la globalización se consiguen dos objetivos: primero, expandirse geográficamente a nivel universal como producción y mercado (un clásico, por cierto, del Capitalismo); y segundo, ampliar la producción de mercancías en el consumo, convertir toda la vida humana en producción capitalista, con la incorporación de nueva población.  De esta forma, aparecen millones de nuevos consumidores, millones de nuevas vidas explotadas en su totalidad, que, por baja que sea su capacidad de consumir, pueden suplir el resultado global de consumo de la clase trabajadora occidental.

Y aquí aparece el proceso de precarización. La oligarquía económica y sociopolítica comprende que ya no necesita mantener la capacidad de consumo de la clase trabajadora, pues es sustituible por los consumidores de los países emergentes, y se la puede precarizar. Y para ello, a su vez, es necesario una precarización social y política, quitándole armas de defensa. Pero se trata, y esto es muy importante señalar, no de un proceso necesario del Capitalismo sino de una acción deliberada y ocasional elaborada por la propia oligarquía, que se ha aprovechado de la globalización capitalista para sus intereses. Es un impulso de rapiña, y no una realidad estructural del Capitalismo, lo que lleva a cabo este proceso.

Y aquí es donde por fin entra la epidemia. La epidemia y el gasto que ella conlleve, en cuanto a recursos públicos, va a ser sin duda utilizada como motivo por esta oligarquía para aumentar este proceso de precarización y consolidarlo definitivamente. La excusa del gasto público, durante y después de la epidemia, se va a presentar como la causa perfecta para volver a reducir los derechos económicos, y para hacerlo mejor también los políticos y sociales, de la clase trabajadora en beneficio de la oligarquía. Se hará bajo el discurso de la necesidad social, económica e incluso patriótica.

¿Y cómo se hará? Aumentando el poder, como ya se hizo también durante la crisis, de aquellas instituciones internacionales que, sin ser elegidas por nadie y por tanto no representativas, sin embargo dirigen ya de facto la política económica mundial. Y ese será el triunfo definitivo de este proceso de precarización y la consecuencia final de la epidemia. El problema más grave no es solo lo concreto, perder tal o cual derecho, sino la traslación del poder de decisión político hacia estructuras cada vez más alejadas de todo ámbito representativo. Será el final, en definitiva, de la democracia, ya solo limitada a un festival electoral, y el surgimiento no de una tecnocracia de los expertos, como se pretende presentar, sino de una servidumbre de la oligarquía. Y esto ocurrirá también, como ya ocurrió en la crisis, en Europa.

Lo principal, por tanto, no es ni el confinamiento ni el presunto estado policial y de control social, que no hará falta en ningún momento como no lo ha hecho falta durante la crisis, sino el definitivo empoderamiento –nota: obsérvese la fina ironía- de las instituciones políticas sin representatividad democrática.

Así pues, toda la importancia radical de la epidemia no va a estar durante la epidemia, sino en el periodo posterior de la epidemia. De aquí no va a salir una sociedad más solidaria y más justa, cómo piensa la filosofía cursi, y tampoco va a salir un estado policial de control sociopolítico y represivo de los cuerpos, cómo piensa la trasnochada descendencia de Foucault. Lo que va a salir es lo de siempre: un aprovechamiento por parte de la oligarquía de todo este proceso para aumentar su poder de rapiña.

¿Y es posible combatir esto? Sí, sin duda ¿Y cómo combatirlo? Eso ya otro día.

martes, marzo 31, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/15: EPIDEMIA Y PENSAMIENTO CRÍTICO

¿Si critico al gobierno soy de derechas y si lo defiendo soy del PSOE o de Podemos?
¿Si soy de izquierdas tengo que defenderlo haga lo que haga y si soy de derechas criticarlo siempre?
Aquí estamos, defendiendo la necesidad del #PensamientoCrítico frente a todo #CierrenFilas.
En #RadioSofía, nuestro programa en #RadioCasares.
#EPMesaLaVozIlustrada



domingo, marzo 29, 2020

EPIDEMIA Y CAPITALISMO/1: ¿CRISIS DEL CAPITALISMO?


Como todos los grandes filósofos de nuestra época están opinando del coronavirus y diciendo bobadas, no podía yo faltar a esta cita para hacer lo mismo que las mayores cabezas pensantes. Así pues, heme aquí.

La pregunta a contestar, así en plan profundo, es sobre las consecuencias que pueda tener el coronavirus en el Capitalismo. Ante esto, por ejemplo, alguno ya, incluso con libro como Žižek, profetizan el fin del Capitalismo. Otros, en plan seguidores de Foucault, el resurgimiento de una nueva sociedad represiva y totalitaria, como decía hace poco Agamben.

Nosotros en este texto, vamos a contestar a la primera cuestión: la epidemia no solamente no va a generar una crisis en el Capitalismo, sino que una vez más va a salir reforzado. Y qué todo el problema que se está planteando sobre si esto podría generar una crisis, en el fondo viene por un profundo desconocimiento de cómo funciona el Capitalismo realmente.

El Capitalismo es una realidad objetiva ajena a los individuos que la conforman y sus intereses individuales. No es el resultado de una mera suma de personas y sus intereses o, creencia infantil, un sistema dirigido por una oligarquía. El Capitalismo tiene reglas propias y ajenas a la voluntad de sus integrantes. El Capitalismo es el sujeto de la actual historia. Así, confundir el Capitalismo con el interés, por ejemplo, de las grandes corporaciones es infantil. Son las grandes corporaciones, la oligarquía y usted y yo los que debemos adaptarnos al desarrollo objetivo del Capitalismo y no al revés.

El Capitalismo como tal sujeto solo tiene un interés: la ingente producción de mercancía y, con ella, de beneficio económico. Al Capitalismo le da igual que este proceso de beneficio económico venga de una forma o de otra, con armas o con libros de filosofía de Žižek muy críticos, pues lo que importa no es lo concreto de dicho beneficio, cómo se produce o con qué producto se produce, sino su carácter mercancía (cuya máxima expresión está, precisamente, en el dinero).

Así las cosas, y por supuesto, sería absolutamente faltar a la realidad señalar que la actual epidemia en sí misma es un beneficio para el Capitalismo, pero es también falso decir que es una crisis en sí misma: hay que analizarlo con tranquilidad.

La única crisis sistémica posible para el Capitalismo sería de la que de ninguna manera podría conseguir una conversión en mercancía, o, diciéndolo de un modo más coloquial, un beneficio económico. Y el problema, por tanto, será si el coronavirus permitirá ser convertido en mercancía y, por tanto, en beneficio capitalista. Por tanto, la gravedad de esta epidemia desde el punto de vista capitalista no es el número de muertos, eso da igual en la lógica capitalista, sino algo distinto. 
Primero, si es imposible crear mercancía de esta epidemia. 
Segundo, si como consecuencia de la misma la producción de mercancías, es decir y grosso modo: de desarrollo capitalista, se va a ver tan afectada como para generar una crisis sistemática que impida continuar al Capitalismo. 
Y solo juntando que fuera imposible crear mercancía de esto y que impidiera además el desarrollo normal del Capitalismo sería esta epidemia una crisis sistémica. Por tanto, sólo –nota: sí, sí, con acento en señal de rebeldía- cuando un suceso se convierte en irreductible a la mercancía y, además, afecte gravemente al desarrollo de las otras mercancías podremos hablar de crisis. Veamos.

¿Afecta de forma radical, crisis sistemática, esto al Capitalismo? El Capitalismo genera su tráfico de mercancías en la producción de las mismas y su consumo: en la vida humana como tal. Si bien la producción y el consumo pueden bajar con la epidemia, de hecho lo harán, no parece que lo hagan de forma tal que pongan en peligro no la estabilidad de determinadas élites, que podría ocurrir como ocurrió en el ajuste, que no crisis, del 2008, sino como crisis del propio sistema.

Así pues, no parece que en una visión global vaya a haber crisis del sistema. Pero, ¿no estaremos hablando desde lo general y abstracto, típica crítica a los filósofos, y no desde lo concreto? Pues, vayamos a eso que, falsamente, se presenta como lo concreto.

En primer lugar, el coronavirus está generando su propio mercado que va desde los productos de farmacia y de evitación del contagio, hasta la carrera por conseguir un tratamiento o una vacuna de la industria farmacéutica con sus pingues beneficios adjuntos.
En segundo lugar, y no menos importante, esta epidemia afecta fundamentalmente un tramo de la población que, en la lógica capitalista, no tiene una importancia estratégica: los ancianos. Si la producción de mercancías se realiza en el trabajo y en el consumo, los ancianos tienen un casi nulo nivel de trabajo (como productores de mercancías) y un bajo nivel de consumo. Es decir, su caída del inmenso almacén de mercancías que constituye el Capitalismo, no resulta significativa. Por cierto, ¿suena duro? Se llama Capitalismo y no humanidad.
Y en tercer lugar, muy importante, la forma en que los gobiernos, dentro de la lógica capitalista, están actuando. Por ejemplo, el gobierno de España, de perfil autoproclamadaizquierda, ha decidido “ayudar” a los autónomos y a la Pymes ¿Cómo? ¿Acaso posponiendo el pago de sus impuestos? No, siendo avalista del sistema financiero privado para que este les preste dinero. Y aquí no interesa si la medida en concreto está bien, regular o mal sino algo más profundo: la medida genera de una epidemia un nicho de mercado capitalista.

La creencia de que el Capitalismo entrará en crisis por la actual epidemia es irracional. Es, de hecho, la anunciada enésima crisis profunda del Capitalismo de la que nunca se recuperará. Pero, se ha recuperado de todas. Porque el Capitalismo no es un sistema clásico sino absolutamente novedoso. El Capitalismo es su vida diaria, la mía y la de todos.

Concluimos –lo sé: por fin-. ¿Lleva la actual epidemia a una crisis capitalista? Por supuesto que no. Y defenderlo es no comprender ni la acción ni el desarrollo del Capitalismo ¿Conducirá a una sociedad más represiva? Eso ya lo vemos en breve.  


sábado, marzo 28, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/14: ¿TIENE EL ESTADO DERECHO A CONFINARME EN CASA?

Aquí me tienen, explicando la legitimidad, o no, del estado para confinarnos en casa y la necesidad, o no, de estar todos unidos en momentos de epidemia. Como siempre en #RadioSofía de #RadioCasares.



lunes, marzo 23, 2020

EXPLICANDO LA FILOSOFÍA: MARX/5. LA REVOLUCIÓN

No podían más con la emoción, ¿eh? Qué va a pasar, qué va a pasar. Pues esto Entonen conmigo: "La tierraaaaa será un paríiiiiiiiíso, patria de la humanidad"

.

domingo, marzo 22, 2020

EXPLICANDO LA FILOSOFÍA: MARX/4. EL CAPITALISMO

Y aquí de nuevo. Cada vez se complica más la trama. Pero por fin sabrán qué es la alienación en el trabajo, algo que esperaban desde niños.


A disfrutar.

miércoles, marzo 18, 2020

EXPLICANDO LA FILOSOFÍA: MARX/2. EL MATERIALISMO HISTÓRICO

Que se están aburriendo y aquí llego yo. Sigan aprendiendo de Marx.

Ahora...
EL MATERIALISMO HISTÓRICO


No se quejen. Mejor que el Netflix y gratis.

domingo, marzo 15, 2020

EXPLICANDO LA FILOSOFÍA: MARX/1. LA PRAXIS

Pues que me voy a hacer, ya seguro, youtuber. Y ya sé que mi belleza ayuda a verlo, pero lo fundamental, no me sean materialistas, es la explicación.



domingo, marzo 08, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/13: FAKE NEWS

Ustedes disculpen, pero entre el lío y la siesta no puedo más. Pues eso, que aquí hablando de las noticias falsas (o fake news para el sector bilingüe).




miércoles, febrero 12, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/11: LA MUERTE

No se lo diga a nadie, pero nos vamos a morir (aunque hay una medusa que...).
Aquí se lo cuento y reflexionamos sobre ello en #RadioCasares
#LaMuerte, pero sin cursiladas.
#RadioSofia
#EPMesaLaVozIlustrada



domingo, febrero 02, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/10: EL PIN PARENTAL

Pues de nuevo. Y ahora, tienen abajo un artículo sobre el mismo tema, hablando de la censura y el intento de acabar con el derecho a la educación.
Como siempre en nuestra sección RadioSofía, de RadioCasares.
#EPMesaLaVozIlustrada



lunes, enero 27, 2020

EL (autoproclamado) PIN PARENTAL: PAPI Y MAMI NO QUIEREN QUE PIENSE

Imaginen la escena. Un profesor de universidad va a dar una charla sobre su último libro y un grupo de autoproclamadas feministas histéricas le impiden hablar al público que ha ido allí a escucharle.
Imaginen la escena. En un aula se va a hablar sobre la diversidad sexual, la homosexualidad o la heterosexualidad y un grupo de progenitores, lo de autoproclamados vamos a dejarlo para su vida privada, histéricos impiden a sus hijos estar presentes.
Probablemente, si usted va de progre le parezca bien lo primero y mal lo segundo. Probablemente, si usted va de persona familiar con sentido común, de derechas de toda la vida vaya, le parezca mal lo primero pero un derecho lo segundo.
Pero si usted es una persona que cree que debemos pensar críticamente le parecerán mal las dos.

El pin parental, en realidad censura parental de Vox-PP-Ciudadanos, no es un arma para enfrentarse al adoctrinamiento sino que es el puro adoctrinamiento pues busca impedir conocer algo. Y con ello impide pensar sobre eso mismo y tomar una opinión fundamentada. Es decir, no se trata de una medida educativa sino que pretende evitar la educación. Por eso, el autodenominado pin parental va en contra del derecho del niño, pues le impide formarse una opinión propia y, con ello, a ser educado.

Expliquemos. La educación no es neutral sino que se basa en un modelo determinado de ser humano. En el caso de la educación en democracia este modelo es, o debe serlo, la Ilustración, donde el conocimiento es indispensable para el pensamiento autónomo y crítico. La educación, y así lo afirma por ejemplo la constitución en su artículo 27, por tanto no es neutral y aséptica sino que parte de una concepción previa combativa: La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana. De este modo, la educación fija un ideal que se basa en el pleno desarrollo, y no en un desarrollo parcial o limitado por censuras. Y la censura es aquí un aspecto fundamental. El veto o la censura parental a determinadas actividades es la negación en sí misma de ese pleno desarrollo, pues su objetivo es que el sujeto vea restringido su conocimiento.

Pero, alguien podría argüir la legitimidad de dicha restricción pues se trata de sujetos menores de edad y bajo tutela, que por ejemplo tienen restringido igualmente otras actividades.

Resulta claro que los menores no son sujetos de pleno derecho y, por tanto, deben ser tutelados. Esto implica, frente a los adultos, que se les puede, y debe, restringir el acceso a ciertos contenidos inadecuados para su edad. No se trata sólo –nota: rebeldía frente a la RAE- del alcohol, el porno o el juego, que no se pueden concebir como contenidos educativos, sino también, como hacen los programas escolares, incluso de contenidos excelsos culturales: la infancia debe leer cuentos y no Dante. Así pues, parece claro que se pueden restringir contenidos a los menores también por motivos formativos. Sin embargo, estas restricciones no se hacen por censura ni eliminación de contenidos, es decir: por pensar que dichos contenidos deban ser ocultados por su maldad intrínseca otorgándose así el estado una capacidad censora, sino por motivos cronológicos: los niños no pueden todavía entender a Dante o al porno. Por tanto, la restricción se hace porque el sujeto al que se le aplica no puede todavía comprender el objeto restringido y, de hecho, todo el proceso educativo debe ser para que llegue a comprenderlo y se forme su opinión propia sobre el tema.

Por ello, por este ser para la plenitud, la tutela no es propiedad de los padres sobre los hijos. La propiedad se define como la posesión de un objeto. Sin embargo, los seres humanos no deben ser propiedad de nadie. Los niños, aunque no lo parezca a primera vista ni a segunda, son seres humanos y por consiguiente no pueden ser propiedad de sus padres y, también importante, tampoco del estado. Los padres tienen la tutela en el sentido de que son responsables de poner las condiciones para que los niños puedan desarrollarse plenamente. Y desarrollarse plenamente no puede implicar la censura con la finalidad de que no puedan escuchar otras opiniones distintas a las de su familia, pues eso negaría la plenitud del desarrollo, convirtiéndolo en parcialidad. La tutela así es mucho más que la propiedad: la propiedad no implica deberes de humanización, la tutela sí. Y por eso ser padres es más, mucho más, que ser propietarios.

Y ahora está el estado. Del mismo modo que la familia no puede impedir que el niño escuche otras opiniones ajenas a las suyas, el estado no puede imponer opiniones ni censurarlas. Por ello, en primer lugar, no debe haber materias que carezcan de un contenido académico  y se centren en contenidos ideológicos como fue, en parte, Educación para la ciudadanía, y por lo que ya estuvimos en contra. El estado tiene la obligación de formar a los ciudadanos, no de adoctrinarles,  para alcanzar la plenitud anteriormente descrita. Por ello, las materias que carecen de contenido académico no deben existir ni plantearse.

Pero, ¿entonces la educación reglada se debe limitar a aspectos académicos? Por supuesto, sería ingenuo pretenderlo así, pues esa plenitud de la que se habla si bien debe basarse en el conocimiento no puede limitarse a él. Por eso, la enseñanza pública sí puede educar en valores y no es neutral en los mismos. Y como consecuencia, las charlas que se realizan en el centro, fuera del contenido académico, deben tener esta consideración ¿Y cuál es el límite ideológico de estas charlas? Pues depende. Cuando su contenido es formativo, es decir buscan desarrollar ciertos valores, estos deberán ceñirse al consenso constitucional: por eso las charlas sobre igualdad y diversidad sexual cumplen ese cometido y ante ellas no cabe la censura previa. Cuando las charlas tienen un contenido informativo, por ejemplo yo podría invitar a alguien de Vox o Podemos para que explicara su idea de España o hacer un debate o invitar a determinado pensador, entonces su función es presentar distintas opciones de pensamiento y se presentarán en el sentido de dicha realidad: no como un discurso verdadero, como hacemos cuando explicamos matemáticas o física o una materia académica, sino como una opinión para reflexionar y que con diferentes opiniones el alumno vaya formando su pensamiento propio. Y los padres no podrán prohibirlo pues hacerlo sería cercenar, por evitarles conocer otras teorías, la plenitud del proceso educativo.

Pero, este artículo no podía acabar sin decir algo más –nota: lo sé, soy muy pesado-  Sin duda alguna, hay infinidad de problemas educativos más importantes que este ¿Cuál es entonces la finalidad política de toda esta polémica? Resumo: pura basura propagandística.
A Vox le interesa estar permanentemente en el candelero con cuestiones de política ideológica y no hablar de economía para ocultar sus ideas neoliberales extremas. Y, del mismo modo, esto le viene muy bien a PSOE y Podemos y su autoproclamado gobierno de progreso. En vez de tener que dar la cara sobre sus políticas contrarias al profesorado, aquí seguimos con 20 horas y con 35 alumnos en clase, el autoproclamado gobierno de progreso está encantado de meterse en batallitas ideológicas donde sabe, y este artículo es un ejemplo, que contará con diversos apoyos. Todo, pura ideología para ocultar lo fundamental.

Y ya terminamos –nota: ¡¡¡Gracias a Dios!!!-. Usted puede formar de un piquete autoproclamado progresista para impedir hablar a alguien. Usted puede firmar un papel para impedir que sus hijos escuchen a alguien. Usted, pretende limitar el conocimiento en ambos casos y, por ello, usted en ambos casos es un reaccionario. Agradezca que exista la educación pública y su profesorado para que su pobre descendencia no sea como usted.

domingo, enero 26, 2020

miércoles, enero 15, 2020

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/9: FALACIAS Y ARGUMENTOS EN EL DEBATE DE INVESTIDURA

Y otra vez filosofando, es un decir, sobre la plena actualidad. Analizando el nivel de argumentación y la existencia de falacias en el reciente debate de investidura.




martes, diciembre 31, 2019

viernes, diciembre 27, 2019

CLASE TRABAJADORA, CLASE MEDIA Y DISCURSO DE IZQUIERDAS/y 4: CONCLUSIONES


Llevamos tres artículos
indudablemente fascinantes y por los que me paran por la calle para pedirme más, pero ha llegado el momento de concluir. Y ahora sí viene, por fin, saber si apoyar a la clase trabajadora o a la media concluye en una política más o menos progresista. Y para esto, tal vez lo mejor sea analizarlo de acuerdo a esos principios mismos que hemos señalado como los elementos fundamentales del ideal de progreso: igualdad socioeconómica; igualdad cultural; y, por último, igualdad política.

Comencemos por la igualdad socioeconómica. Esta, se puede dividir en tres objetivos: el primero, una igualdad lo mayor posible con el grupo social antagónico que controla el sistema de contratación; la segunda, es una garantía de que si se sale de dicho sistema de contratación, te quedas en paro y por tanto fuera del mercado laboral, se podrá seguir existiendo en unas condiciones dignas gracias a un sistema de protección; y, la tercera, y derivada de la anterior, un sistema impositivo que permita la existencia de ese sistema de protección.

Efectivamente, como ya hemos señalado, la clase trabajadora necesita, además de mejorar permanentemente a su favor las condiciones del mercado laboral, generar un modelo social de prestaciones sociales, pues su destino siempre puede ser la precarización. Por ello, como decíamos, el interés de la clase trabajadora es buscar paliar esa desigualdad socioeconómica de todas las maneras posibles pues comprende que con el trabajo no podrá llegar muy allá. Y así, socioeconómicamente, la clase trabajadora tendrá un interés en generar unas relaciones laborales beneficiosas y generar, a su vez, una red de servicios públicos que busque reducir la desigualdad. Y para esto necesitará una política fiscal progresiva que garantizará dos cosas: la primera, que quién más tiene más pague, lo que servirá para disminuir la brecha de desigualdad; la segunda, que dichos impuestos financien unos servicios públicos sociales que permitan acceder a las prestaciones independientemente del nivel de renta.

Así pues, el interés de la clase trabajadora es aumentar la igualdad socioeconómica mientras que el de la clase media, como tal, sería el contrario: mantenerla para no verse alcanzado por la clase baja y mantener así su supuesto privilegio. Es decir, el interés es antagónico pues la clase media se define por estar por encima de la clase baja y no puede tener como interés una igualación social, mientras que la clase trabajadora, que también puede ser por su renta media, se define por necesitar un sistema de garantías en su relación social que impliquen siempre y necesariamente disminuir la desigualdad.

Pero, ¿qué pasa con la igualdad cultural y política?

La igualdad cultural implica la capacidad de llegar a la más alta titulación académica que sería la universidad. Frente a este ideal, surge la real desigualdad cultural, que no es resultado del azar sino algo que tiene un origen socioeconómico. Así, la formación de los progenitores y su situación socioeconómica marcan la situación cultural y académica de los hijos. Esta, a su vez, marca, y es marcada, por la propia situación del nivel de estudios, pues un amplio marco cultural facilita obtener mejores resultados académicos y al tiempo estos garantizan una mejora del marco cultural. Y, como consecuencia de lo anterior, esta mejora del nivel de instrucción educativa permite a su vez una mejora en la posición social y un acceso a mejores puestos de trabajo. Y aquí entra la cuestión.

La clase trabajadora tiene, en sí misma, un extraordinario interés en poder mejorar su condición socioeconómica, pero sólo lo podrá hacer, al menos en el terreno individual y a corto plazo, si mejora su relación laboral y para ello lo más fácil es subir de puesto de trabajo. Y ahí es donde entra la importancia de la igualdad cultural.

La clase media entiende la cultura como ocio y diferenciación social. Como ocio, pues su renta puede provenir de cualquier otra condición que no precisa de determinado nivel de estudios y por tanto no ve en ella necesariamente y como tal grupo social una posibilidad de ascenso. Pero además, la clase media concebirá la cultura como no solo un elemento de ocio sino también, de nuevo, discriminador. Como hemos visto, la clase media, objetivamente y para mantener su posición diferenciadora frente a la clase baja, que es una de sus necesidades sociopolíticas, buscará siempre diferenciarse y entenderá por tanto la cultura y la educación, tal y como también hace la clase alta, como otro elemento que sirva a su propósito. Y de ahí, en el ámbito educativo, el éxito de la concertada y el bilingüismo, que triunfan por su carácter discriminatorio hacia la clase baja, y en lo cultural el éxito de una determinada culturilla presuntamente profunda (por ejemplo, el dominio de idiomas como panacea cultural, el cine de autor o las películas con mensaje filosófico). La idea siempre será, tanto en el campo educativo como cultural, la de generar y mantener un principio diferenciador de clase: la clase media no se mezcla.

Frente a eso, la clase trabajadora será partidaria de la mayor igualdad cultural y educativa posible. Educativa para que sus hijos puedan competir por los puestos ejecutivos más altos al tener, a su vez, un alto nivel de estudios. Y cultural, porque eso le permitirá acceder a aquellos elementos, eso es la cultura, que le permitan descifrar mejor su mundo. Es decir, de nuevo sus intereses son opuestos.

Y por fin, ya acabamos, la igualdad política. La idea de igualdad política implica que todos los ciudadanos tengan los mismos derechos y deberes y que a su vez la libertad política sea la máxima tanto en el pensamiento como en la obra. Para ello, es necesario que las decisiones de gobierno se tomen desde órganos democráticos, elegidos por todos y no por órganos que o bien presionen como lobby a los distintos gobiernos, por ejemplo la banca o los empresarios, o bien resultan ser gobiernos de los propios gobiernos desde instituciones internacionales no elegidas, como la ya conocida Troika compuesta por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Así, estas instituciones de presión, ejercen el control del poder desde posiciones no democráticas, pervirtiendo el sistema representativo. Y aquí la clase media y la clase trabajadora sí coinciden en sus intereses porque por su capacidad numérica estarían ambas interesadas en un gobierno representativo.

Sin embargo, la clase media no lo estaría tanto en el ámbito de las defensas de las libertades, pues su interés primordial no es sociopolítico tanto como meramente económico. Por eso, las dictaduras en Occidente, otra cosa son las comunistas que se amparan en una clase conformada por los cuadros del partido, han tenido generalmente a la clase media como aliada. Pues esta teme una situación tal que dañe su status, miserable por cierto, económico y las haga depauperar hasta la clase baja. Sin embargo, la clase trabajadora necesita esa libertad política como condición de posibilidad de su lucha por las mejoras socioecómicas anteriormente descritas, y por ello su interés político objetivo es la máxima libertad política posible.

Resumamos. Los intereses divergentes, cuando no antagónicos, de la clase media y la clase trabajadora, en cuanto tales estructuras de grupos sociales, son imposibles de conciliar en una política común. Por ello, toda opción debe tomar partido sobre qué grupo social será aquél al que defienda. Por su condición que exige más igualdad socioeconómica y más libertad política, la izquierda debe tener como sujeto prioritario a la clase trabajadora. Y esto implica, por supuesto, excluir de este protagonismo esencial a la clase media. Una organización de izquierdas, por tanto, deberá centrar su política en la defensa de esa clase trabajadora, y no en cualquier otro aspecto de la clase media o la llamada diversidad. Por supuesto, en este punto, la organización podrá  defender causas variadas, pero nunca deberá olvidar, como ya ocurre, que la clave fundamental de una política de izquierdas es la clase trabajadora. Y que esto no se debe a una política voluntarista sino a las propias condiciones del Capitalismo.

jueves, diciembre 26, 2019

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/7: FILOSOFÍA Y NAVIDAD

¿Les gustan a los filósofos las fiestas? ¿Son gente de familia? Pues de eso y más hablamos en #RadioSofía. ya saben ustedes, en #RadioCasares.



Ah, y otra vez, Feliz Navidad.

martes, diciembre 24, 2019

FELIZ NAVIDAD...

Y sí, feliz navidad y no como esos horteras que desean felices fiestas para no decir la palabreja.
En fin, feliz navidad señor Potter.


sábado, diciembre 21, 2019

lunes, noviembre 25, 2019

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/4: ¿EXISTE DIOS?

Aquí de nuevo planteando esta pregunta: ¿Existe Dios? Que yo lo tengo claro, pero igual hay que plantear primero los problemas.



Ya saben, mi aterciopelada a la par que ilustrada voz les acompaña.

lunes, noviembre 18, 2019

Y AHORA EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/3: NACIONALISMO vs CIUDADANOS DEL MUNDO

Y otra vez, hablando, e incluso analizando, los nacionalismos. En #RadioCasares, en nuestro espacio #RadioSofía



Mi aterciopelada voz puede acompañarles.


jueves, noviembre 07, 2019

SEGUIMOS EN RADIOCASARES CON RADIOSOFÍA/2: ¿VOLVER A VOTAR?

Y de nuevo, ya saben que con todos mis atributos, hablando ahora sobre las elecciones del próximo domingo.

Y ya saben que también pueden oírlo en https://casaresradio.com/radiosofia-votar-otra-vez/
La Ilustración no descansa, ni la egolatría.

domingo, septiembre 29, 2019

CLASE TRABAJADORA, CLASE MEDIA Y DISCURSO DE IZQUIERDAS/3: IZQUIERDA E IGUALDAD SOCIAL

Ya acabamos (o no). En el primer artículo definíamos los términos de clase trabajadora y clase media. En el segundo, analizábamos y comparábamos las características de ambas, destacando especialmente sus diferencias. En este tercer artículo, lo que vamos a hacer es, basándonos en esas características presentadas anteriormente, y especialmente en las diferencias, explicar por qué la izquierda política debe tener como sujeto político, en cuanto a protagonista de su actuación, y objeto prioritario de su política a la clase trabajadora.

La pregunta ahora es quién debería ser el protagonista de la izquierda y por qué.

Pero antes de esto, es menester explicitar –nota: qué clasicismo en mi lenguaje- bajo qué criterio habría que elegir entre clase media y clase trabajadora. Es decir, qué valores deben ser los predominantes en la izquierda para escoger entre una u otra.

La izquierda surge con la teoría de Rousseau. Éste, cuando busca el origen de la desigualdad social, no la achaca a las condiciones personales de nacimiento, talento o trabajo ni tampoco a algo esencial y necesario sino al diferente reparto de la propiedad. Esta tesis sitúa entonces la clave social no en las ideas o teorías de la gente, no en el sexo de las personas o en otras ñoñerías –nota: obsérvese la crítica encubierta a la par que ingeniosa- sino en la condición socioeconómica y material, que se relaciona necesariamente  con la disposición de mayor o menor de propiedad.

De esta manera, la posesión de mayor o menor propiedad y el desigual reparto de esta son la clave del origen del pensamiento de izquierdas.

Pero que algo sea así en su origen no implica necesariamente que tenga que seguir siéndolo. La pregunta sería ahora, si queremos resolver la cuestión sobre si apoyar a la clase media o a la clase trabajadora, si el esquema rousseauniano de la izquierda tradicional puede seguir siendo defendido. O diciéndolo con otras palabras: si debemos defender que apoyar a la clase trabajadora es más progresista que apoyar a la clase media. Y, de nuevo, surge aquí el problema porque la pregunta ahora sería qué significa ser más progresista. Y yo comprendo que esto es un aburrimiento y usted, si es que hay alguien ahí, deje de leerlo, pero por eso esto es un artículo también de Filosofía: nos preguntamos por las cosas negándonos a darlas por satisfechas.

Por pensamiento progresista entendemos aquel que defiende la distribución equitativa de la propiedad. Así, una sociedad será más progresista en cuanto la propiedad, en todas las acepciones de la palabra, sea más compartida y en un mayor grado cuantitativo. Es decir, haya más riqueza, material y cultural, y se distribuya de forma más igual. Por ejemplo, una sociedad es más progresista que otra si sus habitantes, todos, tienen un alto grado de bienestar económico (igualdad económica), un alto grado cultural (igualdad educativa) y un alto grado de libertad (igualdad política). Y eso es lo que debería, grosso modo, defender la izquierda.

Así las cosas, se trataría ahora de ver qué grupo social, si la clase media o la clase trabajadora, defiende en sí misma esta mayor igualdad. Y tenemos que hacer aquí otro inciso muy importante. No se trata de qué puedan apoyar voluntariamente y de forma individual sus integrantes, sino de una objetividad social. Se trata de analizar, de acuerdo a la propia constitución y características del grupo, qué es lo que dicho grupo defiende independientemente de qué cree que defiende o cómo se presenta ideológicamente. Es decir, no lo que la clase media o la clase trabajadora cree sobre sí misma sino lo que realmente son y al ser así generan unos intereses sociales determinados.

Y en estos intereses sociales determinados está el problema de si les interesa o no la igualdad social. Y es esta la clave de todo. Si la izquierda quiere ser progresista debe defender la mayor igualdad social posible. Y para ello, necesitará apoyarse en el grupo social que objetivamente más interés tenga en la misma igualdad social como hecho general.

Como hecho fundamental hay uno: la clase media debe, como grupo social y objetivamente, defender la desigualdad. Efectivamente, la clase media tiene como elemento unificador de sus integrantes la renta, pero al tiempo si bien ésta puede mejorar, de forma rara ascendiendo a clase alta, también puede precarizarse y caer en clase baja. Por esto, la clase media también se define necesaria y objetivamente por la desigualdad con la clase baja. Pero, además, tiene  su interés en mantener dicha desigualdad. Es decir, la clave social de la existencia de la clase media es el mantenimiento de la desigualdad pues debe defender dicha desigualdad como elemento diferenciador frente a la clase baja. Efectivamente, la clase media, para no ser absorbida por la baja, debe defender ese muro de desigualdad que la rodea.

De esta forma, la clave de la clase media, la razón de su existencia como tal, es la propia desigualdad no en un sentido negativo para sí misma, como lo será para la clase trabajadora por el desigual reparto de la propiedad, sino como hecho positivo que la conforma frente a la clase inferior.

Sin embargo, en la clase trabajadora es al contrario. Su clave social no es mantener la desigualdad, que la hace seguir necesitando vender su trabajo diariamente, sino superar dicha desigualdad: que no sean unos pocos los dueños de los medios de producción y una mayoría explotada la que tenga que vender su trabajo para sobrevivir. Así, la clave política socioeconómica de la clase trabajadora, pero no de la clase media, es la eliminación, o al menos la mitigación, de la desigualdad. Pero, además, su necesidad de unirse viene dada por mejorar, al menos, las condiciones de su explotación laboral. Es decir, la clase trabajadora sí necesita intervenir socialmente, al menos en el mercado laboral pero también en más cosas como veremos, frente a la parálisis de la clase media.

Así, la necesidad de desarrollar la igualdad social es una necesidad de la clase trabajadora pero no de la clase media. Y por ello, ya estamos en una conclusión, la izquierda debe centrarse en la clase trabajadora.

Pero aún nos falta, ya es lo último lo juro, desarrollar brevemente las características de esta igualdad social y su interés por la clase trabajadora. Otro día, ya.

lunes, septiembre 23, 2019

ÑOÑERÍA Y CLIMA: ASÍ NOS VA...

Que la #AutoproclamadaIzquierda esté emocionada con el discurso de una adolescente de 16 años como #GretaThurnberg, dice mucho del nivel intelectual de la #AutoproclamadaIzquierda.
Y responde a la pregunta de por qué nos va como nos va.
#QuienEntreAquíQueAbandoneTodaEsperanza

lunes, septiembre 09, 2019

CLASE TRABAJADORA, CLASE MEDIA Y DISCURSO DE IZQUIERDAS/2: CARACTERÍSTICAS SOCIOECONÓMICAS


En la primera parte de esta serie, definíamos los términos de clase trabajadora y clase media. La clase trabajadora era aquella que necesitaba vender su trabajo para poder subsistir y que, por tanto, dependía de las condiciones del mercado laboral. Era así una definición donde el elemento económico era importante, su desposesión de toda riqueza y su necesidad de vender la única suya, y también, y en la misma medida, el elemento social, pues su condición de existencia depende no solo de su renta sino de la condición del mercado laboral que nunca controla.

Sin embargo, la clase media se definía exclusivamente por una situación económica de renta: estar entre el 60% y el 150% de la renta media –más o menos en España entre los 10.000 y los 40.000 euros per cápita-. Se trataba así, por tanto, de una característica puramente económica y evaluable a nivel de renta. Por tanto, en sí misma la clase media no refiere a otro elemento social que su propia riqueza, pero sin embargo esta neutralidad económica tiene consecuencias sociales.

Efectivamente, en esta parte vamos a tratar algo fundamental para ver si la izquierda política debe decantarse por tener como sujeto político a la clase media o tener a la clase trabajadora. Y para ello, lo mejor será comparar a una y otra y ver las consecuencias que salen de esta comparación. Y por supuesto, como ya señalamos en el artículo anterior, sabemos que alguien, yo mismo, puede ser de clase trabajadora, necesito trabajar para vivir, y clase media, pues gano una cantidad anual determinada. Pero aquí no nos importa la anécdota personal sino la objetividad social: los intereses que como grupo constituido objetivamente se tienen.

En primer lugar, a la clase trabajadora como tal le interesa una disminución del nivel de explotación del mercado laboral. Esta mejora para la clase trabajadora se mide, fundamentalmente, en prolongar al máximo posible el tiempo de contratación, hacerse fijo, la reducción de la jornada laboral y la subida del salario. Y esto vale tanto para el trabajador que está en la clase media como el que no. Por ello, necesita un estado determinado de las condiciones económicas y en concreto de la legislación, y situación real, sociolaboral. Efectivamente, la clase trabajadora es la más débil de la cadena productiva, pues existe individualmente en número suficiente para poder ser reemplazada de forma singular. Esto le lleva a tener que defender la existencia de una legislación laboral que defienda sus intereses como contrapartida frente al poder empresarial y su capacidad de dictaminar las normas. Es decir, la clase trabajadora necesita una política económicamente intervencionista.

Sin embargo, a la clase media, puesto que puede ser o no clase trabajadora, el mercado laboral le puede resultar indiferente o, cuando menos, no ser una de sus máximas preocupaciones pues su renta no tiene por qué tener allí su origen. Es más, incluso puede resultarle, a determinados sectores de la misma, interesante una depauperación de los derechos laborales por ser pequeños empresarios de negocios sin necesidad de mano de obra cualificada. Así, lo que nos importa de aquí es como por sus características y como grupo en sí, no como algo circunstancial, mientras que a la clase trabajadora le interesará siempre y necesariamente una política sociolaboral intervencionista, a la clase media necesariamente, como tal clase media, no, pues su constitución no depende necesariamente de la venta de trabajo sino que es más heterogénea.

En segundo lugar, a la clase trabajadora le interesa un estado social fuerte y un sistema público activo en los pilares fundamentales de la protección social como son educación, sanidad, pensiones y coberturas sociales. Esto es así porque su propia situación, que depende de las fluctuaciones azarosas o premeditadas del mercado laboral, es frágil. Y este estado social le protegería frente a esa real fragilidad. Los sistemas públicos son así, objetivamente, una necesidad para la clase trabajadora y también una garantía de que su posible depauperación no significará, sin embargo, la ausencia de un cuidado mínimo para el propio individuo o su familia.

Sin embargo, la clase media, en su carácter aspiracional y buscando distanciarse de la clase baja y presentarse a sí misma como clase alta en su autorrepresentación soñadora, tiende a desarrollar como buena la privatización del servicio público como elemento diferenciador de representación social. Efectivamente, lo que busca la clase media como tal es la diferenciación en la presentación del servicio que consiste, en realidad, en la desaparición de la clase baja de su espacio. Se trata de pasar de usuario, donde todos son iguales, a clientes, donde los hay mejores y peores de acuerdo a su nivel de renta. Así, la clase media en sí misma, por su propia realidad social, será partidaria de la privatización parcial de los servicios públicos que consistirá en que estos si bien sigan existiendo, sean prestados por entidades privadas, lo que posibilitará que a cambio de pagos adicionales discriminen en el propio servicio. Este ejemplo se ve perfectamente representado en la escuela concertada, que resulta gratuita en lo básico pero al añadir cuotas y seleccionar alumnos se representa a sí misma como escuela privada de pago que discrimina a la clase baja.

Y aquí es donde aparece, en tercer lugar, el tema de los impuestos.
La clase trabajadora, como ya hemos explicado, necesita de un estado social fuerte que le dote de los servicios básicos. Por ello, le interesa una política fiscal a su vez poderosa y progresiva, pagar impuestos vaya, que lo mantenga. Así, el interés objetivo de la clase trabajadora va unido necesariamente a los impuestos. Pero además, le interesa que dichos impuestos no solo graven el trabajo, su única mercancía, sino otros aspectos de riqueza: por eso, nunca puede tener como objetivo la eliminación de aquellos tipos impositivos que más se refieran a la cuestión de la riqueza en su relación con la propiedad o el capital. Efectivamente, como la única propiedad que posee la clase trabajadora como tal es su trabajo, no podrá concebir como positivo que se eliminen impuestos que guardan relación con otras propiedades como el impuesto de sucesiones o los impuestos  capitales. Así, la clase trabajadora tendrá objetivamente una necesidad de una política fiscal fuerte y progresiva porque es su seguro social.
Sin embargo, la clase media objetivamente tiene una visión opuesta de la política fiscal. Como su renta puede no tener que ver con el trabajo, podría ser un asqueroso especulador de vivienda por ejemplo –nota:sí, asqueroso especulador-, se presentará como contraria a cualquier subida impositiva progresiva e, incluso, a la existencia de cualquier imposición ajena a la nómina (la venta de trabajo), como pueda ser el impuesto de sucesiones. Y considerará, con ello, beneficiosa las sucesivas bajadas de impuestos directos que los políticos prometen con cada nuevo periodo electoral y su falta de progresividad.

De esta manera, la clase trabajadora y la clase media son dos categorías sociales diferentes en su propia realidad y como tales categorías con intereses distintos.

Y es aquí donde está la clave del problema político pues los intereses de la clase trabajadora son de tradición progresista e izquierdista, en cuanto implican una intervención estatal y una regularización de la economía, la producción y el mercado laboral.
Sin embargo, los intereses de la clase media se acercan al desmantelamiento del estado social y de la política fiscal pues su carácter económico de renta, y no de trabajo necesariamente, implica el cuidado egoísta singular de esa misma renta. Y por eso, la actual política tiende a hablar de clase media y no de clase trabajadora en su afán de desarrollar social e ideológicamente el Nuevo Capitalismo. Y, curiosamente, la izquierda con ellos.

Pero, esto lo desarrollamos ya en otro artículo para darle emoción.