lunes, marzo 23, 2009

MADRID, 25 DE MARZO.HUELGA EN EDUCACIÓN: JUSTICIA Y PRIVILEGIO

Hay veces en que las cosas no están tan claras como nos gustaría. Suele ser casi siempre. Y hay veces en que quizás pensar demasiado, como bien le advierten al engreído Gastón en esa joya del cine que es La Bella y la Bestia –la de Disney, no la de Cocteau-, puede resultar si no peligroso sí cuando menos impopular. El próximo día 25 de marzo, miércoles, hay convocada una huelga de trabajadores de la enseñanza pública en Madrid. Y el problema es que la huelga es justa, justísima, pero al tiempo no lo es. O al menos no es tan fácil todo como se pinta.

Efectivamente, podemos preguntarnos tres cosas sobre la huelga del próximo 25: si hay motivos para ella, algo a lo que ya respondimos en un artículo anterior y cuya reflexión sigue vigente; si es justa; y, tercero, si estratégicamente es inteligente.

¿Hay razones para una huelga? No cabe duda de que la idea de Esperanza Aguirre no es la eliminación de los servicos públicos sino su privatización como tales servicos públicos. Es decir, la idea de Esperanza Aguirre es generar servicios públicos ofrecidos, sin embargo, por entidades privadas creando así unos intereses empresariales que ella se preocuparía muy mucho de gestionar sabiamente a través de los lobbys -de empresas sanitarias y educativas fundamentalmente- formados por dichos intereses y que la apoyarían. Como de esto ya hemos hablado en otras ocasiones –una, al menos, en general y otra, más concreta, en educación con el artículo vinculado en primer lugar- no consideramos que debamos pararnos aquí. Pero sí queremos dejar claro, y no como peaje sino como necesidad argumentativa, nuestro frontal rechazo a la política del gobierno Aguirre –quien por cierto ya ha quedado retratada como demócrata en la vergonzosa comisión de investigación sobre la trama de espionaje y antes lo fue como persona en su calcetinada -.

Sin embargo, lo que nos interesa ahora no es aquello ya dicho sino lo que aún queda por decir. Y lo que queda por tratar es la justicia o no de esta huelga y su oportunidad estratégica. Y es que hay veces en que la justicia camina ajena a la oportunidad política o incluso a la oportunidad que hace relación a las propias acciones para conseguir esa misma justicia. Pero hay otras en que curiosamente ambas caminan juntas. No estamos seguros de cual sea este caso, pero el hecho mismo de tener nuestras dudas nos lleva a plantearnos algunas cosas.

Cuando uno se afilia a un sindicato puede elegir entre uno de los denominados de clase -UGT, CCOO o CGT, por ejemplo- o bien uno corporativo y limitado a su mera profesión –en educación serían ANPE, STES o CSIF, por ejemplo-. La elección no es en absoluto baladí tanto en referencia a lo que se busca individualmente al afiliarse como a la hora de juzgar la relación entre oportunidad y justicia de las acciones de ese sindicato. Efectivamente, un sindicato coorporativo pretende esencialmente defender el interés gremial de sus afiliados. Sin embargo, al menos se supone, un sindicato de clase busca una conciliación entre ese interés propio y el resto de la población, estando dispuesto a renunciar incluso a ciertas ventajas que se podrían obtener si estas pudieran ir en detrimento del resto de los trabajadores -como por ejemplo la jornada continua en Primaria, a la que por cierto ningún sindicato se niega-. Así, la lógica de actuación sindical no puede ser la misma en unos sindicatos y otros ni tampoco, pero como causa de lo anterior y no como consecuencia, en sus afiliados. Y no solo no puede ser la misma sino que no debería serlo porque por eso también uno se afilió en un sitio y no en otro.

No cabe duda de algo: ser funcionario es un privilegio laboral. Y lo es aún más en tiempos de crisis declarada, ahora que ya no mienten y no nos acusan de antipatriotas podremos llamarla así. Efectivamente, la seguridad laboral que da el funcionariado no parece, en realidad no lo es, igualada por ningún otro empleo. Y resulta curioso que si uno repasa las principales protestas sindicales del año 2009 comprobará como en su mayoría son fruto de funcionarios. Y mientras los empleados de SEAT –cuidado, otros privilegiados laborales- tienen que votar congelar su salario, a los funcionarios se les subirá el año que viene su sueldo. Y curiosamente, mientras los sindicatos piden una subida del 2% en los convenios colectivos, uniéndola a la productiva para aumentarla, en los funcionarios se subirá más del 3 % sin necesidad de productividad alguna. Así, hay una doble vara de medir en las propias organizaciones de trabajadores y que, no curiosamente sino como siempre, perjudica más a los más necesitados: no sólo tienen un contrato laboral que en cualquier momento les puede dejar en la calle sino que además van a ver incrementado su salario, el que aún lo tenga, menos que un funcionario. Y tal vez un sindicato gremial ni se lo plantee, esa es su función, pero uno de clase debería preocuparse al generar la impresión, y la realidad, de trabajadores de primera y de segunda.

Pero, ¿qué significa todo esto? ¿Acaso por ello la huelga del 25 se transforma en injusta y Esperanza Aguirre y su gobierno en bondadosos adalides de la justicia? Comencemos por la segunda pregunta: el interés de Esperanza Aguirre sigue siendo destruir la educación, y la sanidad y cualquier otro servicio público como derecho ciudadano, en Madrid. Es decir, sigue siendo una miserable. En ese aspecto una protesta frente a esto es justa. Vayamos a la primera cuestión.

Si analizamos la primera cuestión podemos ya de paso contestar a la que se planteaba al principio, hace tanto ya para tan poco, del artículo sobre la justicia y oportunidad de la huelga. Dividamos en primer lugar nuestras peticiones como futuros huelguistas en dos bloques. Utilicemos para ello como criterio lo que atañe directamente a la prestación del servicio público y, por otro lado, las reivindicaciones relativas a los beneficios para los funcionarios. Sin embargo, se podría argüir en esta división una falacia y argumentar que en realidad lo que beneficia a los trabajadores repercute en la mejora del servicio. No obstante, y como contrapartida a semejante razonamiento, ante la situación económica y el privilegio de ser funcionario, resultaría dicha pareja escasamente real. Es más, el propio hecho de la ineficiencia de la administracidn pública, lo que incluye una educación pública con un profesorado que como colectivo se ha convertido en un poder fáctico que ha tomado los centros para sus intereses, demuestra que las mejoras laborales no han ido nunca juntas a una mejora del servicio. Por tanto, no cabía esperar ahora lo contrario.

Las reivindicaciones del funcionariado están llevándose en un sentido equivocado pues lo único que hacen es aumentar la brecha, acrecentada por la crisis, entre una población que vive la precariedad laboral propia del mercado laboral español –admitida gustosamente por empresariado y clase política- y una casta social intocable del funcionario que, pase lo que pase, puede pedir siempre más. No se trata, no crean, de que las reivindicaciones del funcionariado no sean sensatas sino que en el proceso de atomización llevado a clase por los propios sindicatos -que no saben llevar una respuesta de asalariados conjunta y que tienen precisamente una fuerza fundamental en el funcionariado que les mantiene a ellos mismos como poder social- se convierten en reinvidincaciones elitistas que además se ven magnificadas en su privilegio ante la situación laboral de los propios funcionarios y que los propios padres trabajadores observan, por ejemplo, en el horario administrativo que alcanza cotas de ridículo social – un ejemplo: ¿quién puede ver al tutor de su hijo a las 12 de la mañana?-. ¿Tenemos derecho los funcionarios a pedir un aumento de beneficios -que por cierto se reducen a aumentar el sueldo o los días de vacaciones, aún más, y no a hacer que no tengamos que dar materias para las que no estamos preparados y que perjudica claramente al alumno o a cuestiones fundamentales de docencia cuando esos mismos sindicatos apoyaron la LOGSE y la LOE - con una crisis como la actual y viendo que los sindicatos asisten complacientes ante lo que está pasando con el resto de trabajadores?

Seguramente si los trabajadores funcionarios de la educación, y también de la sanidad, cumplieran con su trabajo de acuerdo a sus condiciones de privilegio laboral, en comparación al resto de trabajadores de este país, la mayoría de la gente seguiría llevando, a pesar de Esperanza Aguirre, a sus hijos a la escuela pública. Y seguramente el funcionariado dejaría de ser una fuerza regresiva socialmente que solo busca su privilegio y se transformaría en grupo social de progreso. Pero ahora mismo eso no es así y resulta difícil, de verdad que lo resulta, distinguir la propia política del privilegio de Aguirre para las clases altas de la política del privilegio del funcionariado para sí mismo. Y uno piensa que el ombligo , ese donde se miran, acaba siendo el mismo. Y todo es un dilema triste.

jueves, marzo 19, 2009

VIDA INTERIOR/21: DÍA DEL PADRE

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará.Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz



La familia, célula básica de la sociedad.

martes, marzo 17, 2009

PERSONAL, PÚBLICO Y PRIVADO

Cuando mi compañeros, pues lo son al cobrar en su nómina por el mismo concepto que yo, del IES Federica Monstseny decidieron quitarles a los alumnos la posibilidad de elegir Psicología y de paso, lo que es menos importante pues seguiré cobrando como mis compañeros y por el mismo concepto, quitarme a mí la posibilidad de darla me dijeron una frase: no te lo tomes por lo personal. Incluso alguien lo dijo públicamente en intervención claustral: no debes pensar que esto es personal. Al fin y al cabo la pequeñaburguesía si por algo se significó siempre es por no tomarse nada de forma personal. Y sobrevivir de forma cómoda ante todo el horror que se acumulaba en eso que se ha denominado historia moderna.

Es, sin duda, un progreso civilizatorio el hecho de la distinción entre lo público y lo privado. Y no se trata de algo simple. La idea va en contra del institnto gremial propiamente humano, en cuanto a primate sociable, y presenta una ruptura radical con la naturaleza: lo individual y propio, no la mera transmisión genética sino el aquí y ahora como irrepetible, es lo fundamental. Así, el individuo se transforma en importante frente al mero colectivo social y no todo es el grupo: el yo busca un espacio propio. Pero al tiempo, y al existir el grupo, se presenta una doble realidad: mi esfera intima, ese yo conquistado, y mi esfera social. La segunda, la social, será compuesta de aquello que deseo sea conocido o actuado por o para mis semejantes de manera general; la segunda, la privada, de aquella faceta que o bien solo deseo sea sabida por un grupo pequeño o bien por nadie.

El hinduismo y su sistema de castas sirve como un buen -en realidad mal- ejemplo de un pensamiento que aún no ha conquistado lo privado. En él, la esfera privada y social están tan identificadas que el premio o castigo tras la muerte es medrar socialmente. Igualmente podría decirse de la ley judía, donde la esfera privada se haya absolutamente coaccionada por la pública. Son ambos, sin embargo, buenos sistemas de dominio social a pesar de su primitivismo. Pero también lo es aquel sistema religioso, más avanzado intelectualmente, que sitúa las realidades social y personal tan alejadas entre sí, como en el cristianismo, que la vida terrena carece de sentido excepto como inversión para la eterna. Así, en el cristianismo y en las grandes religiones modernas, la esfera privada se separa trascendentemente de la sociedad y surge pura y asocial: mil años de dominación certifican su éxito ideológico. De esta forma, y con las grandes religiones, la conquista del yo había comenzado pero al tiempo hubiera concluido en ideología.

Shakespeare es, sin duda, una representación de la Modernidad. Y en sus personajes se presenta algo sorprendente. Hamlet, por ejemplo, unifica su esfera privada con la pública para conseguir su venganza, pero sin perder ambas: ama a Ofelia mientras la repudia, se hace el loco mientras planea. Así, no cabe hablar de un protagonista o privado o público, sino de uno personal: Hamlet es una unidad en una tarea. La Modernidad unificó así lo privado y lo público y esto se ve muy bien en que la petición siempre presente de las revoluciones burguesas fue la libertad de pensamiento y la posibilidad de hacerlo público, es decir: que la esfera privada tuviera repercusión pública. Surgio así la idea de lo personal como la unificación de ambas realiades: el sujeto moderno no quería sólo una vida íntima y única -incluso Robinson anhela a Viernes- ni tampoco la pérdida de su identidad en la forma de dominación social -D. Quijote persevera en su deseo-. Quería vivir su vida propia y para ello necesitaba transformar el mundo. Era una tarea unida en lo privado y lo público, pero al tiempo marcando las distancias, y su fracaso implicaba el fin de la persona. El equilibrio entre lo privado y lo público, cuya clave estaba quizás en la preponderancia de la dignidad frente al honor, era la clave de lo personal. Yo no era yo sin nosotros pero nosotros éramos un conjunto de cada uno de los yo.

La auténtica globalización del capitalismo avanzado no es hacia los mercados exteriores, algo ya presente desde el comienzo del propio capitalismo con el colonialismo y el imperialismo, sino la globalización hacia la vida privada. El hecho de que cualquier actividad aparentemente privada lleve el sello de una mercancía –piensen cuántas cosas de su vida interior no producen beneficio directamente económico- es el auténtico hecho revolucionario del nuevo capitalismo. Así, la fuerza de dominación capitalista no consiste en su salida a nuevos mercados extranjeros tanto como en su presencia en cualquier faceta de la vida humana: la vida conquistada como mercado. La propia vida privada, que había logrado crearse como fondo revolucionario en la Modernidad, fue fagocitada por el Capitalismo. Y como consecuencia el yo, como forma productiva que ya era, adquirió una relevancia social sin precedentes en la historia. Efectivamente, el yo como mercado a conquistar por el desarrollo capitalista tuvo su consecuencia lógica en la preponderancia social de ese mismo yo: ya en su vertiente elitista, con una cultura profunda de problemas existenciales, ya en su vertiente popular, con los libros de autoayuda. Y así, esa vida privada se convirtió en el refugio de autenticidad del individuo ya absolutamente alienado: producía beneficio económico en cualquier circunstancia de su vida al tiempo que la persona se sentía realizada en esa misma falsa privacidad. El viejo sueño de la vida como horario completo de producción de mercancías se había cumplido. La jornada laboral extendida veinticuatro horas al día aseguraba la producción incesante de las mercancías que se consumían incasablemente. El dominio total se extendía.

La esfera privada, objetivamente inexistente, era sin embargo el gran producto de mercado y como tal se presentaba acorde a la necesidad de consumo. Los individuos, así condicionados, generaban una vida interior profunda, ay, tan profunda. La promesa del paraíso pasaba de un inexistente cielo a una inexistente vida interior y lo privado y lo personal, separados definitivamente de lo social, volvían a identificarse otra vez como en las viejas religiones que tanta utilidad habían demostrado para la destrucción de cualquier atisbo de rebelión. Y otra vez para el dominio.

Es fácil ser feliz. Basta con no oir, no ver, no oler, no escuchar. Cualquier imbécil puede serlo. Pero incluso esto, sin embargo, tiene una dificultad: requiere una concentración extrema que solo la superchería oriental se ha atrevido a buscar con la ñoña meditación. Es más sencillo, y digamos más inteligente, duplicar lo individual y sentirse obligado en una faceta, la social donde no soy yo y por tanto no me siento responsable, y la personal, donde se da mi verdadero yo. Y aplicar a esta faceta privada la regla de la vida interior: uno es una persona sensible, pero que muy sensible, en un mundo injusto. Claro está, no hay que tomarse las cosas por lo personal.

Se cuenta una historia real de Krupp, el empresario alemán. Al acabar la Segunda Guerra Mundial fue llevado a los juicios de Nuremberg y ante la pregunta de por qué utilizó mano de obra de prisioneros judíos contestó ufano: cuando se compra un buen caballo, hay que aceptar unos pocos defectos. Y siguió durmiendo cada noche porque Krupp había comprendido que aquello no era personal. Es la misma forma que duermen mis compañeros, esos que cobran por el mismo concepto que yo en la nómina. O, para qué mentir, la misma forma en que dormiré ahora yo mismo tras tomarme mi pacharán.

LOS CAMINOS DEL SEÑOR

Que la Iglesia Católica –con mayúsculas por cuestión ortográfica- pretenda excomulgar -ya sea de forma publicada o sea de manera automática y discreta (vean el final del artículo)- a la madre de una niña de nueve años y a los médicos que la ayudaron a abortar tras haber sido violada y correr riesgo su vida por el embarazo.
Que, sin embargo, nunca hayan pretendido excomulgar a dictador alguno o incluso a terrorista concreto o, por ejemplo, al padrastro que violó a dicha niña –ni de forma pública ni automática-.
Todo ello evidencia una vez más algo: Los caminos del Señor son inescrutables.

Y por tanto, y para evitar sorpresas, lo mejor es no transitar por ellos e ir por lugares algo más seguros.

jueves, marzo 12, 2009

ABORTO Y BORREGUISMO

No vamos a hablar aquí sobre el aborto. Ya lo hicimos. Solo vamos a mostrar nuestra sorpresa ante algo que al parecer a nadie llama la atención. Se llevará próximamente al Congreso, seguramente cuando surja el peor dato económico, una futura ley del aborto y las cuentas son en relación a bloques parlamentarios. ¿Es que nadie del PSOE o de IU o de la autoproclamada izquierda está contra el aborto? ¿Es que nadie del PP, de CiU o de la real derecha está a favor? ¿Se va a votar por bloques? ¿Son tan borregos los diputados que ni en esto van a votar como individuos? ¿Es que viven tan bien? ¿Es que deben tanto?

Y si todo esto es así, ¿para qué pagar a 350?

lunes, marzo 09, 2009

OTRA VEZ DÍA DE LA TORTILLA

Fuenlabrada. Día laborable. Nueve de marzo.
El descampado lleno de botellón.
Las aulas vacías.

¿Se quejará en el ayuntamiento la autoproclamada izquierda?
¿Se quejará en el ayuntamiento la real derecha?
¿Se quejarán en los claustros los profesores?
¿Se quejarán en algún lado los padres?
¿Irán los alumnos a la huelga?

¿Alguién?

sábado, marzo 07, 2009

viernes, marzo 06, 2009

NO DAR LECCIONES (y menos a Cuba)

Tiene razón ese profundo pensador y eminente conocedor de Marx que es Cayo Lara cuando dice que antes de dar lecciones de democracia a Cuba y criticar su ausencia de derechos humanos -¡a Cuba!, pero quiénes se han creído que son- los españoles deberían mirar su democracia.

Total, que iba yo a escribir un artículo muy sesudo sobre el hambre en el mundo pero siguiendo el pensamiento Lara, que para algo conoce en profundidad a Marx, decidí que no era quién para hablar de ese tema pues yo mismo tenía hambre y debía resolverla primero antes de pontificar sobre otros. Y me fui a cenar.
Cerveza,
unas alitas de pollo fritas,
una ensaladita de escalora con una vinagreta de pimentón.
Y me daba cuenta, mientras mondaba un hueso de alón, que no puedo hablar de la inanición de otros sin resolver primero la mía pues no se puede pretender dar lecciones así como así.
¡Qué razón Cayo Lara!

Y luego, me tomé mi pacharán.
Y ya me entró sueño.

miércoles, marzo 04, 2009

DESPIDO (aún más) LIBRE

Las palabras mienten. También dicen la verdad. Acompañar a unas palabras de otras es por eso un ejercicio no solo literario sino también, y siempre, moral: se busca decir algo más con ellas que la mera descripción. Las palabras tienen así un aire de conjuro que buscan reducir la realidad a sus límites. Y a veces, falsificarla.

Los empresarios españoles se han lanzado, con la complicidad de los medios de la derecha, a una batalla antigua: la consecución del despido gratuito. Sin embargo, ellos le llaman despido libre lo cual es, sin duda, la primera falacia. Y lo es porque en España el despido es libre, es decir: se puede despedir a cualquier trabajador, salvo cuando se violan sus derechos fundamentales y se cae, tras sentencia judicial, en despido nulo. Y la prueba fehaciente de que esto es así, es decir de que hay despido libre, es la larga lista del paro que se incrementa mes a mes a pesar, en la versión empresarial, de la enormes dificultades que sufren para despedir a alguien muy, siempre muy, a su pesar.

Así, y oyendo el monotema empresarial, nos encontramos ante un dilema: ¿es la causa de la crisis económica española y el incremento del paro la actual legislación sobre el mercado laboral? ¿Es la solución a dicho paro el poder echar a alguien de su trabajo de forma gratuita –a partir de ahora llamaremos así a lo que en su lenguaje se llama flexibilización de las condiciones del mercado de trabajo-? Es decir, ¿tienen razón los empresarios cuando señalan que la causa de las destrucción de empleo en este país es el rígido mercado laboral y que con él resulta imposible volver a crear empleo?

Vayamos por partes analizando, sosegadamente como nunca se quiere que se haga, todos los elementos.

¿Es la causa de la crisis española el mercado laboral? Veamos. Si bien ya hemos analizado aquí la crisis, es bueno recordar algo. La causa principal de la crisis no es industrial sino financiera. Esto se deriva al crédito, de una forma lógica, y afecta especialmente a aquellos sectores que viven básicamente de él. La economía española tiene dos sectores fundamentales: construcción y turismo. A ello cabría añadir, si acaso, el sector del automovil. Es decir: tres sectores que en la producción y consumo o en el consumo viven del crédito de una forma fundamental. Y este tejido industrial español, tan dependiente de lo financiero y en particular del crédito, es así por dos motivos. El primero, que la dictadura franquista generó un tejido industrial ridículo y una economía tercermundista durante los años, precisamente básicos, que tuvo para asentar una base económica industrial con condiciones; la segunda es que, acontecido lo anterior y a partir especialmente de los años 90, la clase empresarial española y la clase política decidieron un acuerdo implícito en el cual la gran locomotora económica del país iba a ser la construcción porque conseguía una acelerada reducción del paro, grandes y rápidos beneficios para los empresarios y extraordinarias plusvalías que permitían llenar las arcas administrativas mientras, para el mercado electoral y es que todo es un mercado, se prometía una reducción de impuestos. Es decir, la estructura económica española es cierto que es fruto de una condición objetiva -el retraso por la dictadura franquista- pero a su vez se generó porque beneficiaba a dos colectivos sociales determinados: empresarios y clase política. De esta forma, los únicos que nada tenían que ver con ese tejido industrial que se fabricaba como castillo de naipes sin base sólida eran los trabajadores que se incorparaban a él o a otros mercados, como las hortalizas, laborales. Y de hecho tan poco tenían que ver los asalariados españoles con esta conformación económica nacional que -oh sorpresa- no sacaban beneficio alguno del mismo excepto un puesto de trabajo pues su poder adquisitivo caía cada año independientemente del partido que gobernara. Incluso es más, el ahora inflexible mercado laboral español, de nuevo con la complicidad de la clase política y la empresarial, permitió, y permite, la tasa de temporalidad más alta de la OCDE, tasa bajo la cual los empresarios españoles estuvieron contratando mucho tiempo sin que en ellos surgiera la inquietud por las condiciones de trabajo de precisamente esos empleados a los que podían despedir -se llama no renovar su empleo- y además presionar para que no reivindicaran sus derechos laborales precisamente por su precariedad laboral -sí ya sé que eso nunca ocurre en el mundo laboral español-. Es decir, el mercado laboral español -o sea: la venta diaria de cada persona bajo ciertas condiciones legislativas- resultó perfecto mientras produjo beneficio, que indudablemente iba destinado a un mundo mejor y más justo, pero de pronto y ante la situación de crisis sobrevenida por otro factor es el gran chivo expiatorio. Y en vez de reconocer que la causa del actual desbordamiento del paro en España es debida a lo anteriormente expuesto y que no fue creado sino por las élites sociales y benefició fundamentalmente a las mismas y a sus intereses siendo ellos responsables, se presenta a los más débiles, los asalariados, como los malos y protegidos excesivamente. Mientras el estado mima a la banca.

Pero ahora bien, resultaría que el actual enfrentamiento entre empresarios pidiendo el despido gratuito -recuerden: ellos lo llaman libre- y la clase política -que o bien, en el caso del PP y la dereha, ni lo apoya explícitamente ahora ni lo concedió cuando gobernó o bien, en la autoproclamada izquierda, ya se ha negado- iría contra nuestra tesis anterior de la alianza de estas élites. Sin embargo, no es así. Pues el problema aquí estaría en que ambas élites ahora se enfrentan en la asunción del gasto social, económico y político de la misma crisis. Es una pelea entre sectores privilegiados precisamente para mantener sus extraordinarios beneficios anteriores pues ninguno quiere cederlos a pesar del cambio de situación. Los empresarios saben que con el despido gratuito para ellos todo serían ganancias: económicas, en cuanto que les ahorraría dinero; sociales, pues en un país con una bajísima afiliación sindical, cosa que no extraña por cierto, el despido gratuito implicaría la automática sumisión del empleado; y político, pues quedaría constituido el sector empresarial como el principal actor social. Sin embargo, la élite política piensa que sólo encontraría pérdidas: económicas, pues implicaría tener que aumentar el gasto social que actualmente está muy por debajo de la media de la UE -27% frente al 20% español-; sociales, pues los sindicatos, incluso la UGT fíjense, tendrían que movilizarse contra la clase política y se generaría además una respuesta social espontánea aún más peligrosa por sus imprevisibles consecuencias; y política, pues habría que asumir electoralmente la subida significativa de impuestos directos para aumentar ese mayor gasto social o bien aguantar la movilización social. Así, las dos élites ahora sí están enfrentadas pero no en pro de la economía del país, que al fin y al cabo consideran su cortijo, sino por sus propios intereses como tales élites –que por supuesto son independientes socialmente a la propia creencia individual de cada sujeto perteneciente a ellas-. Y o bien encuentran una solución de compromiso que les permita a ambas mantener su privilegio o bien entrarían, obsérvese la astucia de empleo del tiempo verbal, en colisión.

Pagar el coche es duro. Pagar un coche de lujo, sin duda, requiere más esfuerzo. Si se puede conseguir que ese esfuerzo lo hagan otros la cosa saldrá satisfactoriamente. No se trata, sin embargo, de una maldad personal, algo así como que los empresarios o los políticos sean malas personas pues imaginamos que habrá de todo, sino que como forma social su interés es opuesto al interés de los asalariados. Tampoco se trata, no vayan a creer, de la lucha de clases pues no existe en la actual estructura capitalista intereses sociales que trasciendan las actuales condicones de vida. Se trata, de forma más simple, de grupos sociales con intereses distintos y que buscan su propio beneficio: empresariado, clase política y asalariados. Pero el problema surge de que en el juego de alianzas inherente a esa situación unos siempre ganan, pues tienen más fuerza, y otros pierden. Y ya el BBVA ha conciliado la postura de los dos grupos más fuertes: bajar las cotizaciones sociales al empresario –¡yupi!- y subir el IVA, el impuesto indirecto por excelencia, para beneficiar a la clase política –¡que guay!-. El perjudicado queda claro.

Ya se están poniendo de acuerdo. Es un alivio.

miércoles, febrero 25, 2009

UNA VÍCTIMA

Emilio Gutiérrez, quien rompió los cristales exteriores y asaltó el interior de una taberna del entorno de ETA en Lazkao, no es un héroe: es, con la información con la que hoy cuento para enjuiciarle, una víctima. Por supuesto su acción no debe ser tomada como la de un héroe o como ejemplar pues eso correspondería a aquellos, concejales del PP y del PSOE fundamentalmente y algunos otros individuos, que desde hace años se enfrentan al grupo terrorista, sus cómplices y una sociedad callada. Pero sí resultaría una acción lógica y humana, en el sentido noble de la palabra, en cuanto al ambiente en que se ha realizado: un ambiente de silencio ante el permanente control social que los terroristas y sus cómplices han creado -cómplices entre quienes se encuentran no solo quienes votan a cualquiera de las siglas que han dado amparo a esta gentuza sino también aquellos que con su silencio o su propia acción han compartido ayuntamientos con ellos hasta que mataron a un vecino, pues ya se sabe como que en el racismo hay humanos de primera, vascos-vascos, y de segunda, todos los demás-.

A escasos 500 kilómetros de donde yo vivo, no se vayan a Gaza o a Darfur, hay un lugar donde uno debe pensarse muy mucho qué puede decir, y que no, en un aula si es que quiere seguir llevando una vida tranquila, es decir: cómplice, callada y humillante. A escasos 500 kilómetros de donde yo vivo hay carteles en diversos pueblos que permanentemente cuelgan alabando a los asesinos totalitarios de ETA y que nadie se atreve a arrancar. A escasos 500 kilómetros de donde yo vivo hoy ya han aparecido carteles acusando a Emilio Gutierrez de fascista pero no hay ninguno contra ETA.

Y a escasos 500 kilómetros de donde yo vivo, en fin, a este pobre hombre le puede caer, imagino que le caerá, una multa importante o pagar una indemnización para que el entorno etarra lo gaste en munición, las pistolas ya la robaron cuando se convirtieron en la izquierda abertzale, que supongo no podrá pagar. Así que ya les digo que, y sé qué no seré el único, en cuanto me entere cómo y dónde le ayudaré a pagarla. Y digo que no seré el único porque hay que reconocer que esto no es un asunto de derechas o izquierdas sino sólo de decencia. Pero también es un asunto de derechas o izquierdas o, al menos, es un asunto que se dirime entre quienes creemos en la libertad y quienes no.

Y ahora viene algo que uno evita pero de vez en cuando debe decir: porque soy de izquierdas apoyaré a Emilio Gutierrez con los datos que ahora tengo. Y puede ser, porque soy de izquierda, que si los datos cambian mañana no le apoye. Pero como soy de izquierdas se lo explicaré. Y no con un chiste, con una frase o con unas palabras fetiches -¿se acuerdan de proceso de paz?,¿qué tal memoria histórica?, ¿y si cantamos todos juntos Ay, Carmela?- sino con un rollo de artículo porque el razonamiento será lo importante y no los lugares comunes ni las consignas. Porque soy de izquierdas nunca sentaré a nadie a mi espalda, como se hace ahora en los mítines, y cuando entre la televisión diré una frase convenida para que aplaudan y se levanten.

En definitiva, porque soy de izquierdas escribo este blog con artículos aburridos y largos, muy largos, porque tengo que justificar mis opiniones. Incluyendo, algo que ya he hecho y se puede comprobar mirando los artículos relacionados con ETA, mi apoyo hacia Emilio Gutierrez. Y yo le apoyo, no como héroe sino como víctima, porque soy de izquierdas.

martes, febrero 24, 2009

VIDA INTERIOR/20: MARTES DE CARNAVAL

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará.Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz

lunes, febrero 23, 2009

VIDA INTERIOR/19: LUNES DE CARNAVAL

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará.Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz


Es carnaval, dicen.
Ah, ¿es que dejó alguna vez de serlo?


viernes, febrero 20, 2009

EL PAÍS ME EXPLICA LA NOTICIA

Uno agradece siempre que le digan lo que debe pensar: así ahorra energías y las puede dedicar a planificar, por ejemplo, dónde pasará sus vacaciones y no a asuntos banales como pueda ser intentar comprender por sí mismo la realidad. Esto es especialmente relevante, además, si uno quiere tener un cartel de chico progresista y de izquierdas: hay que estar a la moda. Por eso, en estos tiempos de crisis y más cuando uno, a pesar de lo que escribe y lo que hace, gana fama de ser derechas frente a aquellos que defienden dictaduras o sus privilegios, viene bien que un periódico le diga cómo debe interpretar los hechos para recuperar un lugar en sol de la autoproclamada izquierda. Por eso ante este titular sólo puedo dar las gracias a D. Fernando Garea y al períodico El País por indicarme el camino correcto.

¡¡¡¡GRACIAS!!!!
¡¡¡GRACIAS!!!

Cada día, pero poco a poco, me iré autoproclamando tan de izquierdas como ustedes.

miércoles, febrero 18, 2009

CRISTIANISMO Y PIEDAD (pero no compasión)

El encarnecimiento realizado sobre la pobre doña Eluana Englano, la señora italiana que tras diecisiete años en coma ha logrado morir, por parte del gobierno Berlusconi y de la Iglesia Católica es un tema de interés. Y lo es no tanto por lo que se corresponde al primer ministro italiano, que al fin y al cabo cada día demuestra su miseria moral y aquí no habría hecho sino refrendarla, sino principalmente por la jerarquía católica, sus fieles y su actuación en este suceso. Y es interesante porque la propia religión cristiana se autodenomina religión del amor y, sin embargo, no ha dudado en mantener el sufrimiento sin sentido de una pobre persona hasta límites insufribles, para ella y su familia, cabiendo aquí una doble causa: o bien la jerarquía católica y un montón de sus fieles son un conjunto de desalmados que gustan del sufrimiento ajeno; o bien, y como preferimos nosotros, se está obrando con coherencia de acuerdo al propio credo y entonces lo que hay que analizar no es ya la buena o mala voluntad personal -y estamos convencidos de que la mayoría de los católicos son buenas personas- sino a esa misma religión y su concepto del amor. A eso vamos.

La civilización se define también por evitar el sufrimiento. Por eso, una manera correcta de medir el desarrollo civilizatorio es ver la lucha que desarrolla contra el dolor y como busca convertirlo en innecesario. Y por eso, por ejemplo, la aparición de algo aparentemente tan prosaico como la epidural aplicada al parto es un logro civilizado de primer orden al lograr evitar el dolor innecesario de la madre y superar la maldición del dios rencoroso que no quiso que fuéramos como él. Y en este hecho de empeñarnos en superar el sufrimiento tiene importancia un concepto nuevo de la civilización occidental y que, curiosamente, tiene un origen en el propio judeocristianismo: el tiempo concebido de forma lineal.

Efectivamente, prepárense que va rollo, el tiempo lineal tiene una cualidad intrínseca que es la existencia del futuro como algo absolutamente nuevo en lo fundamental y que además se puede crear por el individuo: la vida le pertenece al tiempo que admite el imprevisto como una negación de ese proyecto. En un tiempo circular, sin embargo y que es el característico de las sociedades antiguas y que guarda relación también con la producción agrícola y la ausencia de una tecnología transformadora, el futuro no se entiende como cambio y transformación sino como un mero acontecer. Así, el cristianismo con su escatología de salvación y segunda venida de Jesús a la tierra, sobre todo cuando los discipulos vieron que esta se retrasaba como Godot, comenzaron a pensar el tiempo de un modo original: como futuro. Simplificamos sin duda, pero vale a nuestro propósito disculpándonos por ello, al decir que el concepto de tiempo del cristianismo rompe de esta manera absolutamente con la tradición clásica en cuanto que presenta una humanidad que camina hacia un logro, el reino de los cielos, y que dicho camino se da en la propia historia, tal y como señaló S. Agustín. Y que dicho camino no es solo global sino también personal: la vida se nos abre a cada uno. Pero hay, también, imprevistos que traicionan ese futuro.

Sin embargo había una trampa en el juego hermoso de un cristianismo tan progresista. El tiempo lineal implicaba efectivamente una pregunta sobre el sentido de la historia y de la propia vida pues ambas se habían convertido, o al menos se podrían convertir, en creación siempre nueva y cuyo presente y pasado revertirían en el futuro. Así, cabía preguntarse por el sentido de esa propia historia y la propia existencia y por cada momento que en ella pasara: cabía preguntar por qué ocurría eso y para qué. El cristianismo se aplicó a la hstoria e inventó la teoría de la providencia: todo formaba parte de un plan divino imposible de comprender por nuestro limitado intelecto. Pero hubo que esperar a la Modernidad y a la idea de sujeto para que esa cuestión esencial se aplicará a la individualidad personal y su sufrimiento. ¿Por qué el cristianismo nunca hizo una reflexión profunda de él? Poque esta pregunta se evitó de principio, falsamente, recurriendo de nuevo al tiempo lineal, pero esta vez presentándolo en su prolongación indefinida. Efectivamente, el cristianismo se basó en la eternidad de Dios y la inmortalidad en el alma para ver el tiempo desde la infinitud y no desde la urgencia de una vida reducida a, en la estadística actual, solo unos ochenta años. Así, la importancia de la vida individual como tal se diluía en la visión divina que todo lo percibía desde su propia eternidad y grandeza intemporal: él, producto de la propia imaginación humana, no tenía que moriri para siempre. Y de esta manera la religión cristiana adoptó en su moral una visión de la eternidad que incluía, necesariamente y no como algo adyacente a la teoría, la denominada otra vida: una eternidad personal en la resurrección. De esta forma el tiempo de existencia en el único mundo que existe, este valle de lágrimas, se volvió insignificante y como consecuencia el sufrimiento presente, en un cálculo especulativo que pasó a denominarse economía de salvación, resultaba minimizado frente a la dicha de la inmortalidad con la contemplación beatífica del rostro de Dios. Doña Eluana podría estar entubada años entero sin esperanza ni conciencia pues la inversión para ese sufrimiento era la vida eterna de felicidad. Pero después, eso sí, de esta.

La religión del amor, y que como tal tuvo un importantísimo y progresista papel histórico, se había así deshumanizado frente a la aparición de la Modernidad y su idea de sujeto, pues su medida temporal para juzgar los hechos no respondía a lo humano sino a las fantasías místicas y trascendentes, que no son sino superstición, de la eternidad. Por eso el cristianismo reclamó la piedad -donde surge la lástima desde la intercesión de Dios y se refuerza así la fe- pero careció, y carece, de compasión -la capacidad de sentir con el otro- pues para eso la condición es la igualdad de ambos, quien compadece y quien es compadecido, en el tiempo de la mortalidad: que el sufrimiento no es inversión para nada sino solo dolor innecesario. Seguramente alguien estará pensando que es esto una llamada al hedonismo -como la tonta campaña esa de los pseudoateos avergozados que tras plantear la posibilidad de que Dios no exista, ¡pues vaya ateos!, invitan a la gente a disfrutar de la vida-. Lejos de eso, y como ya hemos señalado en otras ocasiones, es el propio cristianismo el que acabó convirtiendo la vida en pura búsqueda hedonista pues su finalidad es la felicidad perfecta en la eternidad. Y por eso puede dejar sufrir, con total coherencia, a cualquier persona durante un breve plazo de tiempo -algo así como todo el resto de su vida, algo así como diecisiete años de una media estadística de ochenta- pues esperan ilusionados, en todos los sentidos de la palabra, la posterior vida eterna. Y al negar dicho cálculo, lógicamente, los malos y criminales somos aquellos que no queremos el sufrimiento sin sentido. No tenemos eso que se llama espíritu de trascendencia. No somos, en definitiva, supersticiosos.

lunes, febrero 16, 2009

IZQUIERDA ALTERNATIVA/y 2

Almudena Grandes, en El PAÍS, 16-02-2209. Sobre lo valioso que es la coeducación (que las aulas sean mixtas) para aprender lo siguiente:

Respeto. Igualitarismo. Dignidad. Sentido de la equidad. Solidaridad. Compañerismo. Naturalidad. Habilidades sociales. Entropía.
¿Entropía?

Conciencia del cuerpo. Conciencia del cuerpo del otro. Educación cívica. Educación sexual.
Sí, vale, ya veríamos, pero ¿Entropía?

Educación física. Comprensión. Tolerancia. Capacidad para apreciar las diferencias y para valorar las similitudes. Un conocimiento más profundo de la estructura de la sociedad.
Que sí, que sí… Pero Entropía

Una profundización de los valores democráticos. Una democratización de la vida escolar. Libertad para elegir, para decidir, para aprender a cocinar o a jugar al fútbol. Libertad... Hasta aquí, sólo algunas de las ventajas de la coeducación.
Pues sí que hay cosas, sí.

Y además, … ENTROPÍA.

IZQUIERDA ALTERNATIVA/1

Entrevista a Cayo Lara, en EL PAÍS, 16-02-2009.
Sobre la cuestión de la dictadura en Cuba, contesta:

Ellos [los cubanos] tienen elecciones, sólo que con partido único.

Pues eso: elecciones con Partido Único.
¿Pero qué eligen?


viernes, febrero 13, 2009

COSAS QUE YA SABÍAMOS

Hay ciertas votaciones que uno se imagina que se hacen en una taberna, rodeados de cañas y amigotes. Una vez analizado el fútbol, y visto lo visto en pólítica, luego se pasa a decidir quien es la actriz más guapa. Y es algo, sin duda, agradable. Pues, si bien a partir del segundo puesto se ve la mano de jovencitos que no saben mucho, aquello que es el ideal queda claro.

Audrey Hepburn, en Desayuno con diamantes, cantando Moon river.


jueves, febrero 12, 2009

KANT

Muchos nos hemos educado en el cine del oeste. Y nos hemos educado creyendo que la justicia estaba por encima de nuestros deseos. Y que el bien era más importante que nosotros mismos. Luego, descubrimos que eso era, también, Kant.

Hoy, 12 de febero, se cumplen 205 años de la muerte, para siempre, de Kant. Es ingenuo pensar que esto pueda ser un homenaje a aquel que no nos enseñó filosofía sino a filosofar. Es, por ello, sólo un recuerdo. Y como tal recuerdo y como homenaje dejamos una idea suya que consideramos la más noble que jamás se tuvo y a su lado, como también nos enseña la propia filosofía, la referencia exacta donde pueden encontrar esta idea expresada por el propio autor -y tal y como se hace en filosofía remitiéndonos a la denominada edición príncipe de la Crítica de la Razón Pura (en A 234)-, para que ustedes puedan conocer si nuestra interpretación es correcta o no. Pues sin duda este breve artículo quedaría mejor sin la anterior acotación pero también más falso. Y en filosofía hay un compromiso, pase lo que pase, con la verdad. Y por ello es lo más hermoso que hay.

Decía Kant, en definitiva, que lo más importante no es ser feliz, sino ser digno de serlo.

martes, febrero 10, 2009

POE: 200 AÑOS

Tradicionalmente se suele relacionar la obra de Poe con el delirio y el consumo de alcohol o de opio: fuerzas ocultas y salvajes que emergerían desde el subconsciente –aparte lo que sea semejante cosa-. Generalmente, se le suele presentar como un autor de escritura arrebatada y romántica, que fue maestro en el género de terror por ese espíritu irracional y evocador de los sueños que tanto se gusta de presentar como subversivo. Es esa la imagen que la literatura maldita -¿maldita?- francesa decimonónica, a la que siendo justos hay que agradecer su descubrimiento, nos ha legado. Es sin embargo, una imagen falsa porque precisamente la fuerza que pervive en Poe radica en la racionalidad propia de su obra.

El cine gore es un cine de sangre y vísceras. Y es un género fundamentalmente aburrido. En él, las escenas de impacto no pueden sustituir su gran problema: la ausencia de un argurmento. Pero, el argumento implica la relación de hechos y ésta a su vez la racionalidad. Surge así la argumentación para los acontecimientos: un enlace de escenas que se unen no por tener el mismo protagonista o por ser una sucesión de crímenes sino por estar enlazados precisamente en su desarrollo de causas y efectos. Así, tanto en el gore como en el cine japonés de fantasmas, que muchos conoceran por su adaptación estadounidense como por ejemplo The ring, el miedo surge por la imposición de una presencia terrorífica: es el asesino en serie o el espíritu que no descansa en paz. Es decir, son pesadillas y no relatos y como tales realizaciones oníricas al prolongarse en el tiempo aburren al final. Su ausencia de racionalidad, de desarrollo argumentativo, les condena.

Se considera a Poe, y con justicia, el creador del relato de terror como género. Y esto es una gran responsabilidad. Pero para comprender en toda su grandeza la labor de Poe convendría quizás, y antes de nada, hacer una distinción no tanto académica como necesaria en el mismo género. El motivo del terror puede ser natural, algo de la vida cotidiana, o sobrenatural, lo relativo a espíritus y monstruos. Poe se decantó, de manera abrumadora, por el primer motivo: todo lo que ocurre en sus cuentos es un desarrollo donde la vida diaria cumple un papel protagonista. Incluso, cuando aparece un elemento extraño, como en el genial William Wilson, tiene ese aire de realidad que huye de lo mágico como forma: lo que importa aquí no es el doble sino el desarrollo de la relación entre el protagonista y su copia. Efectivamente, en la obra de Poe brilla por su ausencia el aspecto sobrenatural: no hay lugar para el monstruo o el espíritu y cuando aparece, como en el caso de La máscara de la muerte roja o en el ya citado William Wilson, su presencia es más alegórica que terrorífica pues aquello que aterroriza es la acción de los humanos: nuestra acción.

En Poe además lo natural es identificable, hasta el descubrimiento del horror, con lo cotidiano. Bien es cierto que en su obra juega un papel fundamental la locura, como elemento que escapa a esa racionalidad, pero aquella nunca es la responsable última del crimen. El protagonista de Poe tiene una complejidad intelectual que se van desvelando en su argumento y precisamente lo fascinante del relato no es tanto la acción irracional del crimen cometido en un breve periodo de tiempo sino el antes y el después del mismo. Es algo doble relacionado con la propia racionalidad: por un lado, la estructura del propio relato que va añadiendo elementos para la resolución final, por otro, la propia acción del protagonista acompañada de su racionalidad. Efectivamente, el horror que se genera en el cuento viene generado en un desarrollo: los personajes no responden a su propia realidad mental alienada, no actúan así porque esten locos, sino por la realidad exterior. Así, la locura del personaje no es la clave de la historia sino un elemento que es aprovechado por el autor para, como un engranaje más, percutir la trama. La consecuencia es que no es el loco el causante del horror sino la víctima. En el cuento de Poe,de esta manera, el terror es una consecuencia del desarrollo y no algo primigenio que se sobreponga sobre lo cotidiano porque el terror ya está en lo cotidiano. Por eso para el autor también los objetos son clave del relato. El cuervo que sólo repite una palabra (nunca más); un ojo ciego en El corazón delator; El gato negro... Elementos todos de la vida cotidiana que sin embargo cobran horror por la complejidad argumentativa en la que se representan. Y por ello tiene explicación que sea el mismo autor el creador del género policiaco con detective racionalista, Auguste Dupin, que luego tendría epígonos como Holmes o Poirot. Al fin y al cabo lo que cuenta en ambos géneros, el terror y el policíaco, es el desarrollo argumentativo.

Es así, por esa racionalidad que es el argumento, por lo que el horror de Poe se genera. Lejos de existencias sobrenaturales y paralelas, como luego sí haría Lovecraft en su cosmogonía de monstruos y mitos, el mundo de Poe se elabora en nuestro mundo tanto que su protagonista es la primera persona. Efectivamente, los cuentos de Poe se escriben en forma de confesión de un yo atormentado como queriéndonos decir que el propio horror no es ajeno a nosotros sus, hagamos la gracia, hipócritas lectores. Se trata, en el propio cuento, evidentemente de un recurso estilístico pero que sin embargo unido a esa necesidad de argumentación cobra nueva fuerza. La escritura en monólogo presenta a un protagonista no ajeno sino propio. El terror de Poe es de todos y cada uno. Es nuestro, y tan nuestro, terror. Soportado y también producido.

A finales del siglo XVIII, curiosamente el siglo de la Ilustración, pintó Goya un capricho titulado El sueño de la Razón produce monstruos. En él, como es bien sabido, un personaje dormita mientras a su alrededor se forma aprovechando su sueño una caterva de criaturas que surgen de la noche. El negro cuervo del poema de Poe acaba su revoloteo alzado sobre el busto de Atenea, la diosa de la sabiduría. Y desde allí, y con los ojos de un demonio que sueña, mantiene su lema de nunca más buscando imponerse a la razón y con ella a la esperanza. Y es esa pesadilla que nos presenta tan racional, tal vez, la grandeza y la tristeza, al unísono, de la inmortal obra de Poe.

miércoles, febrero 04, 2009

LA TRAGEDIA Y LA FARSA (o el juicio a Sócrates revivido)

Dice Marx en alguna parte que cuenta Hegel en alguna otra que los grandes hechos y personajes de la historia universal se repiten dos veces. Pero, según Marx y seguramente tenía razón en esto, Hegel olvidó añadir algo: una vez era como tragedia y la otra, siempre, como farsa.

En el año 399 antes de Cristo, Atenas votó ejecutar a Sócrates por preguntar demasiado y comenzar así la Ética. El día 3 de febrero de 2009, después de Cristo, el claustro de profesores del instituto Federica Montseny de Fuenlabrada (Madrid), lo que no quiere decir todos y cada uno de sus profesores, ha decidido que solo hay una optativa –materias que eligen libremente los alumnos- de las presentadas al mismo claustro para su aprobación, sobre un total de diez, que no se dará bajo ningún concepto el próximo curso 2009/2010: Psicología. Efectivamente, el claustro de profesores del instituto Federica Montseny de Fuenlabrada (Madrid) ha votado que se pueden dar todas las optativas que cualquier departamento ha presentado menos la presentada por el único representante del departamento de Filosofía: D. Enrique P. Mesa García. Y curiosamente, Psicología la han escogido este año el 62% de los alumnos de 2º de bachillerato del instituto Federica Montseny de Fuenlabrada (Madrid): de forma voluntaria pues es optativa de 2º de bachillerato. Ya digo: sólo un dato nada relevante.

Mi primer destino definitivo me fue concedido, en el curso 2006/2007, como único integrante del Departamento de Filosofía del Instituto Federica Montseny en Fuenlabrada (Madrid). Cuando llegué a él me encontré con que el anterior jefe de departamento daba dieciséis horas lectivas, las obligatorias para un jefe de departamento son quince, y dejaba libre una ética de un grupo de 4º de ESO. Mi primera petición, me presenté en el mes de mayo nada más conocer mi destino y luego volví en verano para confirmar mi petición, fue que yo quería dar todos los grupos de docencia correspondientes al departamento de Filosofía: así que di dieciocho horas.

En el curso 2007/2008 pedí que la Psicología se incorporara al departamento como optativa de 2º de bachillerato. El curso anterior, justo el año que yo me incorporé, esta materia, dada por una persona ajena al departamento de Filosofía, había sido elegida por un máximo del 20% del alumnado. Cuando anuncié que la iba a dar yo el curso siguiente el porcentaje subió a un 53%. Ese mismo año inauguré además mi página web gratuita y con apuntes propios para que los alumnos no tuvieran que comprar un libro de texto, ya el año pasado les daba los apuntes fotocopiados, y para poder adaptar mi enseñanza mejor a ellos. Di veinte horas lectivas.

Este curso, el 2008-2009, la Psicología ya estaba consolidada como optativa, pues la pidió el 62% del alumnado de 2º de bachillerato, pero la Comunidad de Madrid había decidido reducir la Ética de 4º a una sola hora lectiva: una vergüenza. Me hubiera quedado con dieciocho horas, pero entonces pedí ser tutor de forma voluntaria. Lo soy actualmente y no me arrepiento. Podía dar quince horas pero doy este año diecinueve.

El día 3 de febrero, ya lo he contado, el claustro de profesores del instituto Federica Montseny decidió que el año que viene ya no dé Psicología. Seguramente, imagino, lo hicieron por esa mayoría de alumnos que la elegían. Y por ese número que se incrementaba. Por el bien de la enseñanza y de la escuela pública había, sin duda, que pararlo, debieron decidir. Porque seguro que pensaban en los alumnos mientras votaban.

Platón y Jenofonte dedicaron dos textos inmortales al juicio a Sócrates. Son dos obras de imprescindible lectura pues en ellas se habla de algo que se ha mantenido a lo largo de la Filosofía: el anhelo de hacer que todos y cada uno de los seres humanos piense por sí mismo. Era también el anhelo de Kant y debería ser el anhelo de la educación. Es para lo que se educa. Los textos de Platón y de Jenofonte son, también es verdad, muchos más largos que este artículo. Sin duda, por la importancia de su protagonista. Pero también, sin duda, por la importancia individual de sus verdugos, que merecían esa explicación. Todo este hecho que me ha ocurrido a mí, sin embargo, cabe en pocas palabras. Mi protagonismo frente a Sócrates es escaso y la miseria moral se explica pronto. Y de lo trágico se pasa a lo farsa o, para ser más preciso, a lo esperpéntico como ya profetizara Marx.

lunes, febrero 02, 2009

VIDA INTERIOR/18: NUNCA GANANDO

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará.Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz
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Ni aquí siquiera ser el un millón.

martes, enero 27, 2009

DE REBAJAS Y DEL VALOR DE LA VIDA HUMANA


Hay una estupenda película de John Ford, que a John Ford no le gustaba, que se llama Dos cabalgan juntos. En ella aparece un cínico sheriff interpretado magistralmente por James Sterwart, lo cual no es novedad, al que le pregunta entre indignado y digno el coronel de la caballería, interpretado por otro gran actor como era John McIntire, que cuánto cree que vale una vida humana.

- Bueno, eso depende del mercado- responde.

Estaba yo el domingo en el estadio Santiago Bernabéu para ver otro tostón. Y al principio hubo un minuto de silencio por la muerte de los cuatro niños que fallecieron cuando el techo de un polideportivo no pudo soportar que hubiera viento. Los jugadores se abrazaron rodeando el centro del campo. Todo muy bonito. Y el árbitro inició el minuto de silencio con su silbato. Eso, creo, se llama emotividad. Pero yo miraba el reloj con interés científico: ¿cuánto durará un minuto de silencio?

Treinta y dos segundos después, ocho segundos por niño, el árbitro volvió a pitar.

Decía Einstein que el tiempo es relativo. Hay un libro estupendo de Landau, se llama ¿Qué es la teoría de la Relatividad?, que lo explica de forma muy clara. Pero ni el Bernabéu, ni ningún otro estadio de fútbol, es una singularidad tan extraordinaria que en ella cambie el normal transcurrir del tiempo sobre el planeta Tierra. Hoy miro los periódicos y veo que el accidente del polideportivo va desapareciendo. Y pienso, no soy buena persona, qué hubiera ocurrido si dentro de poco tiempo hubiera habido elecciones en Cataluña. Sí, soy sin duda un miserable.

Las mercancías tienen un valor. Y a ellas mismas también les afecta la temporada de mercado. De hecho, yo mismo me he comprado una americana preciosa en rebajas.

lunes, enero 26, 2009

TRANSPORTE PÚBLICO E IMPUESTOS

Recientemente en toda España ha subido el transporte público. Ha dado igual si la administración pública era de la derecha, de la autoproclamada izquierda o incluso que en su gobierno estuviera la izquierda transformadora. En todas ellas el transporte público se ha encarecido mas allá, mucho más allá, que la inflación: si ésta se ha situado al acabar el año en un 1,4% la media de la subida del transporte público, a nivel nacional, ha sido del 5%. Y eso en época de crisis cuando los políticos nos han pedido a todos aunar esfuerzos - lo que pensé al principio que significaba que nos fuéramos todos de vacaciones como están nuestros diputados. Así, al parecer, aquellos que utlizamos diariamente el transporte público podríamos pensar que no debemos sufrir las consecuencias de la crisis. Y lo suben.

Comencemos por ser racionales absolutos. Se mire como se mire el transporte público solo aporta ventajas sociales. Disminuye la contaminación, en proporción a la posible si todos utilizáramos el coche, ahorra energía y mejora la movilidad urbana. Es decir, el transporte público es una pieza clave del bienestar social y del nivel de vida. Hay un problema de movilidad en las grandes zonas urbanas españolas, y de cualquier otro lugar del mundo incluyendo las nacionalidades historicas, al tiempo que hay un problema de contaminación. Ambos problemas, sin duda, podrían ser resueltos, o al menos paliados en importante medida, con una potenciación del transporte público pues con menor superficie ocupada y menor contaminación por persona consigue los mismos resultados: el traslado de viajeros. Pero ademas, económicamente, y en relación a su efecto, tiene, y si se potenciara tendría aún más, una alta rentabilidad económica al disminuir el diario atasco y con eso su coste económico. El transporte público es, de sta manera, un bien estratégico de primer orden y como tal debería ser mimado. Pero aún más, debería ser potenciado sin duda en época de crisis económica de manera especial, pues implicaría un ahorro para los ciudadanos y, por consiguiente, una ayuda para aquellos sectores menos favorecidos. Así el transporte público debería ser una apuesta presente para cualquier administracion ante la situación actual. Sin embargo, han ocurrido dos cosas curiosas: por un lado una subida brutal de sus precios, hasta el cuadruple de la inflación; y, por otro, curioso a su vez, una ausencia de respuesta sindical o política contundente ante esta subida. Y la pregunta es por qué se han dado estos dos factores.

Todas las administraciones públicas hace tiempo han elaborado una oferta de rebaja fiscal. Hay una batalla permanente en este campo: es una promesa, falsa como veremos, que cada vez pagaremos menos impuestos. Al tiempo, todas las administraciones han aumentado sin rubor alguno sus gastos, fundamentalmente los más prescindibles. Así, se produce una aparente paradoja: habría una, aparente como ahora veremos, rebaja fiscal al tiempo que un aumento de gasto. ¿Será posible esto?

Como sabe todo el mundo se pueden dividir los impuestos en directos, aquellos que se cobran como tales impuestos de manera separada y que son proporcionales, de manera más o menos justas, a los ingresos y rentas y los indirectos, aquellos que se cobran en el contrato de un servicio o por el consumo.O sea: si yo gano X en un impuesto directo pagaré menos que quien gana X+1 pero en uno indirecto por la misma cantidad gastada pagaremos lo mismo. Y en ambos el estado ganará dinero. La rebaja fiscal se presenta, a su vez, siempre en los llamados impuestos directos, es decir: en aquellos que se pagan como tales impuestos y no como acompañamiento a otro producto. O dicho de otro modo: uno nunca ha visto una promesa electoral de bajada de impuestos indirectos pero está cansado de ver que le rebajarán el IRPF, el impuesto de sucesiones o el de actividades económicas. Resulta curioso.

El billete de transporte público está subvencionado y por ello la administración paga una parte del coste. Al tiempo un alto porcentaje del precio de la gasolina son impuestos y, por tanto, contribuyen a la recaudación administrativa. Si la inflación sube un 1,4% y el billete de transporte una media del 5%, lo que se está haciendo es cargar más sobre los usuarios el precio del billete que antes y, a través de ello, bajar la aportación de la administración en relación a ese billete pues se incrementa el porcentaje que paga el usuario. Dicho de otro modo: el usuario paga más porque el estado paga menos, pues no olvidemos la inflación. O resumiendo: el estado gana dinero porque no lo invierte a costa del usuario del transporte público. Además, al subir el precio evita un desplazamiento porcentualmente alto de usuarios del transporte privado al público pues lo hace menos competitivo. A su vez, los automovilistas deberán seguir echando gasolina en su vehículo consiguiendo así una mayor recaudación por los impuestos indirectos del carburante. Resumiendo: subir el transporte público por encima de la inflación es en realidad una acción cuyo resultado final es idéntico a subir los impuestos ya que la administración pública consigue dinero. Pero, al utilizar para aumentar dicha recaudación el impuesto indirecto de la gasolina, que seguirán pagando aquellos que no se cambiarán al transporte público, o bien la disminución o congelación de la subvención al billete del transporte resultará que en dicho aumento de la presión fiscal no pagará más quien más tiene sino que contribuirán en mayor medida las clases menos favorecidas económicamente al no ser un impuesto progresivo sino indirecto. Y lo paradójico es que lo hace así la misma administración -municipal, autonómica o estatal- que luego se jacta, falsamente, de bajar impuestos: pero solo los directos, aquellos que son más justos por su proporcionalidad, mientras que los indirectos o la reducción de la subvención en ciertos aspectos fundamentales para la vida cotidiana de precisamente los grupos sociales menos pudientes, como la mayoría de los que utilizan el transporte público, aumentan. La idea clave es pues una mayor recaudación fiscal a costa precisamente de los grupos sociales menos favorecidos económicamente al tiempo que una rebaja fiscal, aquí sí real, para las clases altas.

El futuro de los impuestos para la clase política está en el incremento de los impuestos indirectos precisamente por su invisibilidad. Esta invisibilidad y al tiempo la necesidad de recaudar es lo que a su vez lleva a una escasa respuesta social de aquellas instituciones que viven del dinero de la administración: por un lado, los partidos políticos no podrían quejarse pues todos, en una región u otra, están implicados; por otro, los sindicatos si lo hicieran, deberían a su vez proponer la subida de los directos y su mejor gestión, o sea una auténtica política de izquierdas, pero esto sería tremendamente impopular. Así que protestan un poquito y se callan.

Ya se lanzan globos sonda sobre un aumento del IVA o sobre el copago de la presuntamente gratuita Seguridad Social -por cierto, siempre es bueno recordar que la seguridad social no es gratuita, consulten su nómina- como formas de financiar el gasto público mientras las autonomías negocian y piden más dinero, siempre más dinero. Los impuestos indirectos se constituyen así como la auténtica respuesta de una clase política especializada en vender humo: recorte fiscal y aumento del gasto público. Y también especializada en reservar ideológicamente las grandes movilizaciones para aquellos asuntos en los que no pueden intervinen pero sí presentarse demagógicamente como progresistas.

miércoles, enero 21, 2009

VIDA INTERIOR/17: MELANCOLÍA

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará.Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Todo terminó.
Un llanto en silencio.

compañero del alma, tan temprano.

martes, enero 20, 2009

CUENTA HEGEL

Cuenta Hegel, filósofo alemán de comienzos del siglo XIX, en alguna parte que la historia es el desarrollo del concepto. Creía el pobre que la Razón, así con mayúsculas, se desarrollaba a lo largo del tiempo hasta llegar a un saber absoluto. Pero se olvidó de agregar que la imbecilidad no le iba a la zaga.

Por la mañana. Que llevamos a los alumnos a la universidad Rey Juan Carlos en Fuenlabrada. Que habla una profesora de universidad: un desastre. Pero no es sorpresa. Tampoco sabe explicar nada. Eso, tampoco. Y nos dan una fotocopia con los nuevos títulos de grado para el próximo curso. Y uno es Igualdad. Lo juro.
Y ya, tampoco es sorpresa.

Hegel, qué simple.

lunes, enero 19, 2009

MANIPULAR NIÑOS

El fin de la eduación no es, al menos no debería ser, el adoctrinamiento. Uno supone que cuando se entra en clase lo que se busca no es que los alumnos piensen como uno mismo, por más que crea que uno tiene siempre razón, sino que piensen por sí mismos: al fin y al cabo esa es su profesión y es, tal vez, la más hermosa e importante. Uno tiene puesto en el aula, justo encima de la pizarra y en medio de la serie de fotos de los filósofos que se tratan en los diversos temarios y no de aquellos que están más próximos a sus ideas, no un crucifijo, no al Che Guevara, no a un autor concreto, ni tan siquiere una estampa de niños pobres, sino una frase: Sapere aude (ten el valor de servirte de tu propio entendimiento). Es una vieja frase de Kant que no dice que haya que ser kantianos ni que haya que estar de acuerdo con él sino sólo exige -¿solo exige?- que hay que pensar: ese es el lema, decía aquel filósofo, de la Ilustración. Y uno cree, tal vez sólo porque aún le gusta creer cosas así, que da clase para eso. Que se da clase para eso.

Tratar con respeto a los niños es, precisamente, tratarles como a niños no para que sigan siéndolo eternamente sino para que un día lleguen a ser adultos. No se trata pues de tratarles solo infantilmente, pues entonces se les negaría su desarrollo posterior al no exigirles nada más que aquello que en la actualidad pueden dar y acomodarles exclusivamente al tiempo presente, ni tratarles ya como adultos, pues entonces se negaría el hecho actual de que son solo niños y no pueden asumir las responsabilidades de los adultos. Se trata, en definitiva, de tratarles como un proyecto. Y por eso, el respeto a los niños implica su no utilización en cosas de adultos -todavía no lo son- pero al tiempo en prepararles para poder intervenir en ellas. Es difícil sin duda esta tarea pero cada día miles de profesores y millones de padres, esos mismos individuos a los que por cierto tanto profesor mira por encima del hombro, la realizan con bastante eficacia: no resulta, pues, imposible. No debe, por tanto, socializar a los niños en el dogmatismo o en determinadas creencias -por más que se considere, con razón o sin ella, que dichas creencias son las verdaderas-. Ni tan siquiera, observen, se debe socializar a los niños en mis creencias o en las suyas, estimado lector. Habrá que, por supuesto, educar a los niños de acuerdo a ciertas pautas de comportamiento social, y que en la escuela se limitarían a los valores del respeto a las personas, la libre exposición de las ideas y la racionalización de las mismas y el gobierno democrático de la sociedad junto con tal vez alguna más de contenido igualmente general, pero no dar a estos valores un contenido concreto y exacto frente a otros: no se trata de que el alumno aprenda que estas ideas concretas sean mejor que estas otras, que esta filosofía determinada sea la verdadera, que esta política sea la acertada . Eso, qué idea concreta es mejor, deben elegirlo ellos cuando tengan, por su madurez, dicha posibilidad. Y mientras tanto la labor de los profesores, que asisten a clase como profesionales y no solo como individuos concretos con determinadas ideologías o incluso ideas, es la de enseñar a los alumnos a pensar por sí mismos. Y, por supuesto, para ello les enseñan, les intentamos enseñar, ciertas cosas y ciertas teorías, ciertas ideas y ciertas obras, ciertos pensamientos, pero no como creencias concretas que deben aceptar sino como instrumentos que deben utilizar para llegar a generar una conciencia crítica. Pues lo que sí debemos enseñar es que hay que argumentar las ideas y meditarlas y que, por ello, no todas las ideas son iguales. Y pensarlas será su tarea lejos de nuestro adoctrinamiento.

Hace poco escribí aquí un artículo en contra de la presencia de los crucifijos en las aulas. Señalaba igualmente el sapere aude kantiano como el referente educativo. Lo mismo dicho allí prácticamente, y lo que añado ahora, me lleva a estar a contra de organizar caceloradas en el recreo en contra de los asesinatos llevados a cabo por el ejército israelí en Gaza. No importa la ideología que se defienda detrás de la sucia acción de sacar a niños como comparsas tanto como que la educación no es adoctrinamiento. Los niños no son, al menos no deben ser, objeto de manipulación por más que se señale una presunta voluntariedad de los mismos que resulta a todas luces absurda a esas edades. Sencillamente lo que convocó -y algunos profesores -¿profesores?- han apoyado- el Consejo Municipal de Educación de Rivas Vaciamadrid (Madrid) es una muestra de ese fondo reaccionario que perdura en la autoproclamada izquierda y que sigue buscando, como en sus mejores momentos, la creencia, el dogmatismo y la barbaríe sobre la Ilustración. Sacar a niños al recreo –lo repito: a niños- para protestar por hechos políticos es algo tan moralmente repugnante que solo cabe ya en la cabeza de quien se siente en tal posesión de la verdad que incluso niega que los futuros ciudadanos puedan llegar a pensar distinto que él. Es, en el fondo y en la forma, lo mismo que mantener el crucifijo en clase pero cambiando la imagen del cristo por la de otra campaña publicitaria. Pues en realidad hablamos de campaña publicitaria, de lemas y consignas, cuando el público al que se dirige la acción está imposibilitado, por su edad, a entender y refelexionar sobre aquello con lo que se le bombardea. Es, en fin, pura y sucia manipulación.

Las ideologías totalitarias tienden a buscar la pura identificación y para ello niegan la conciencia individual porque consideran que nadie puede pensar distinto a ellas. En el caso de los niños, aún sin una capacidad racional plenamente formada, el trabajo es aún más sencillo: el adoctrinamiento busca eliminar ya de raíz incluso la posibilidad del surgir de la alternativa. Por eso, hay quienes defienden la religión en la escuela y por eso hay quienes defienden las caceroladas en los recreos. Se trata de uniformar, de adoctrinar, de aborregar. No se trata, en definitiva, de educar. Al fin y al cabo, como en el final de Rebelión en la Granja, los cerdos presuntamente revolucionariosy los presuntamente humanos opresores resultaron ser los mismos.

sábado, enero 17, 2009

DEFENDER LA ALEGRÍA, ¿no?


Dubidubi
dubidubi
dubidaaaa.

SUB SPECIE AETERNI (¿se dice así?)

1.- Recientemente, y tan reciente, publicamos aquí un artículo sobre el conflicto palestino-israelí. En él, veníamos a decir, había que desprenderse de la idea de un pueblo judío o de uno palestino para entender el porqué a las oligarquías respectivas, palestina e israelí, les interesaba la perpetuación del conflicto. E íbamos a lo concreto: el conflicto perduraba no por oscuras razones metafísicas sobre pueblos sino por intereses estrictamente socioeconómicos.

2.- En el evangelio de san Juan (9, 1-41) se cuenta que se acercó un ciego a Jesús. Y los apósteles le preguntaron que si habían pecado sus padres para que naciera ciego.

3.- Una vez un periodista, es una anécdota que refiero a menudo, pidió al escritor inglés George Bernard Shaw su opinión sobre los franceses. Y él contestó con modestia: no lo sé, no los conozco a todos.

4.- No creo que existan metafísicamente pueblos o naciones. Existen por avatares históricos y, por tanto, lo que hicieron los anteriores habitantes no responsabiliza a los de ahora. Ni, por supuesto, viceversa. Nunca me he sentido español más allá de mi DNI. Ni tan siquiera, cuánto antipatriotismo, en la Eurocopa.

5.- Joan Saura, que dirige el Departamento del Interior de la Generalidad en Cataluña, se autoproclama ecosocialista. No es que sea dos veces socialista, yo lo pensé al principio por aquello del eco, sino que se autoproclama así de izquierdas, pero que muy de izquierdas. Vamos, que casi da miedo pensar lo de izquierdas que puede ser.

6.- Joan Saura pertenece a ICV, la IU catalana para entendernos, que son tan de izquierdas que defienden el estatuto: los ricos deben defender sus privilegios.

7.- Joan Saura es muy de izquierdas -¡brrrrrrrr!, casi asusta- así que apoya a Palestina. O sea, está haciendo el juego a la oligarquía palestina frente a los de derecha que se lo hacen a la oligarquía israelí.

8.- Y claro, autoproclamarse de izquierdas cada día, cada hora, cada minuto, le debe de haber eliminado ciertas cualidades racionales. No se puede estar pensando cada mañana qué voy hoy a hacer para demostrarle al mundo cuán de izquierdas soy y encima estar pensando qué debo hacer porque soy de izquierdas. Es demasiado complejo. Y hasta contradictorio.

9.- Cada año, al parecer desde el 2005, la Generalidad catalana hacía un homenaje público a las víctimas del Holocausto.

10.- Pero este año Joan Saura, ecosocialista y autoproclamado izquierdista, ha decidido que no. Y al parecer tiene que ver con el tema de Gaza. Y esto demuestra, sin lugar a dudas, que Joan Saura es un tío culto y preparado que sabe bien a las claras que la culpa ya no solo pasa de padres a hijos -como señala la tradición, el folclore e incluso la ignorancia- sino también, porque para algo es ecosocialista y radical a tope, de los hijos a los padres. Y de los nietos a los abuelos. Y de los bisnietos a los bisabuelos. Algo, sin duda, habrá leído.

Y 11.- Porque no hay nada más chulo, guay y chachi que ser ecosocialista y autoproclamarse de izquierdas. Ossssea.

domingo, enero 11, 2009

DESCARTES, ISRAEL Y PALESTINA (pero siempre Descartes)

La grandeza de Descartes no está en su contenido, ya superado, sino en su actitud: negar la mayor. Cuando Descartes inició la Filosofía Moderna lo hizo porque no buscó rebatir cada punto de la filosofía escolástica y convertirse a su vez en escolástica, como le ocurrió al nominalismo, sino que fue a negar aquello que ambos movimientos anteriores habían, falsamente, situado como verdad evidente. Descartes inició la filosofía moderna sencillamente -¿sencillamente?- porque negó que la existencia de la realidad externa al individuo fuera indudable. Es decir, dudó de que la existencia del mundo fuera algo evidente. Y seguro que si ustedes se paran a pensarlo y se preguntan cómo demostrar que eso que les rodea es real llegarán a una conclusión: no es tan fácil. Descartes negó la mayor, el fundamento de la propia filosofía clásica y cristiana que era el aparente mundo real, e inauguró una nueva filosofía y, con ella, una nueva esperanza.

Olviden ustedes la idea ridícula de la causa palestina y los derechos de su pueblo. Olviden las estupideces sionistas sobre el estado de Israel y la tonta tierra prometida. La oligarquía israelí y la oligarquía palestina están en guerra. Por eso ahora muere mucha chusma, seres humanos que por azar nacieron allí, pero poca oligarquía. O diciéndolo en otras palabras: los conflictos surgen por intereses pero el propio conflicto los hace evolucionar y unas veces no se resuelven porque una parte no lo desea pero otras, y aquí está la clave de éste, no se resuelven porque las dos partes están interesadas en su mantenimiento. Y efectivamente, a ninguna de las partes de este conflicto -y por partes no entendemos aquí a eso que rimbombatemente se llama pueblo palestino o israelí sino a sus respectivos grupos de poder- le interesa realmente su solución pues esta implicaría una perdida total o parcial de su poder.

¿Por qué a Israel, es decir, a su oligarquía, le interesa la perpetuación del conflicto y hacerlo permanente? En primer lugar tenemos el lobby militar que es fundamental en una sociedad acostumbrada a la guerra. Para el ejército israelí la mejor forma de promoción e influencia social es la guerra porque es donde el cuento de hazañas bélicas, medallas y promoción funcionan de forma más evidente. Además, este estado de guerra permanente, y victorioso, ha generado la idea en la opinión pública de que el empleo del ejército es la solución a todos los males lo que consigue un doble efecto: por un lado, cada vez que haya problemas de cualquier índole el gobierno puede actuar militarmente pues eso une a la opinión pública en torno al emblemático poder militar y con ello prestigia al propio gobierno; por otro, porque la misma alta jerarquía militar puede dar el salto a la política y mostrar su cara menos amable cuando las encuestas van mal como hace ahora Olmert. Al fin y al cabo en Israel hay elecciones el 10 de febrero y una opinión pública mayoritariamente favorable a la línea dura puede ser manipulada con unas intervenciones militares donde los muertos propios son mínimos frente a los ajenos. Pero además hay una importantísima industria militar israelí que tiene una ventaja sobre cualquier otra del mundo: sus armas se prueban lo que las hace más interesantes. En tercer lugar, hay algo aún: la mano de obra barata. Para Israel, que tiende a que sus ciudadanos tengan una alta cualificación, es importante tener cerca una mano de obra barata para la industria básica que al tiempo no está cubierta por los servicios sociales. Es el mismo chollo, para entendernos, de la inmigración en España pero con una seguridad jurídica y social mucho más limitada, para los palestinos, y mantenida a sangre y fuego, y no en un sentido metafórico. Y por último un tema que puede parecer ridículo pero es muy importante: el agua. Efectivamente, la importancia del agua, que en nuestro país ya se empieza a dar en el tema autonómico, es una clave para entender la política israelí que quiere controlar todo recurso hídrico de la zona pues, ausente el petróleo, esa será una gran riqueza, resultando que la zona palestina tiene esos recursos en gran abundancia.
Así, lo último que interesa a la oligraquía israelí sería una paz perpetua que garantizara un desarrollo del sector palestino pues perdería demasiado.

Pero, ¿y la oligarquía palestina? Podemos preguntarnos algo: ¿qué haría Hamas en una situación de paz? ¿Convertir Palestina en un nuevo Irán pero encima sin petróleo? ¿Destruir el país como tanto contribuyeron a hacer con el Líbano? ¿Repetir el descontrol y pillaje que hicieron antes Arafat y sus socios? La supervivencia de Hamás como movimiento de poder depende de la situación de permanente conflicto. Es un caso similar a como ya utilizó esto Arafat cuando acorrolada por la corrupción encontró su salvación en la llamada segunda intifada cuya única causa real fue por parte del Likud israelí conseguir el poder y de Arafat desviar la atención ante el desastre que significaba su gobierno. Así, y copiando la táctica de Arafat, Hamás mantiene el lanzamiento de cohetes, inútiles militar y estratégicamente, para provocar la deseada intervención israelí. Cada asesinado, y más si son niños, perpetúa su posición de poder del mismo modo que da votos a los partidos israelíes con lo que el conflicto sigue y todos permanecen en sus puestos.

¿Pueblo palestino?¿Pueblo israelí?¿Causa palestina o israelí? ¿Ocupación o tierra prometida? Todo eso sería cierto si se admitiera la mayor: existe un pueblo palestino y existe un pueblo israelí. Sin embargo lo único que vemos, y no en modo romántico sino de forma racional, son seres humanos que quieren tener eso que se llama vida. Y eso es imposible porque las respectivas oligarquías están interesadas en la perpetuación de un conflicto cuya causa real es que los palestinos son considerados ciudadanos de segunda, bueno tercera, categoría por la economía israelí al tiempo que las organizaciones palestinas viven del estado permanente de terror.

Mientras acabo este artículo en el metro, lo escribo en una agenda electrónica, veo a gente que marcha a una manifestación contra los asesinatos que el ejército israelí -no encuentro otra palabra- está realizando. Pero, al leer su convocatoria, no leo una crítica a los terroristas palestinos ni sus asesinatos -porque tampoco encuentro otra palabra-. Luego, la embajada israelí ha hecho un comunicado criticando la doble moral de los manifestantes por no hablar de los terroristas palestinos: pero ellos no hablan de los israelíes.

Siempre, frente a la estupidez de unos y otros, nos quedará la negación de la idea mayor –la existencia del pueblo palestino y del pueblo judío- y con ella del fundamento ideológico bajo el que se esconde la realidad de un conflicto que se perpetúa por interés de unas oligarquías mientras los muertos caen de un lado y otro. Enfrentado al hortera pañuelo palestino y a la paleta kipá, nos queda Descartes. Siempre Descartes.

jueves, enero 08, 2009

SUPERSTICIÓN

Soy una persona fría. Sólo espero ansioso que D. Gabriele Amorth, decano de los exorcistas del Vaticano (sic) -que a pesar de lo que pueda creerse no es un grupo de heavy- desarrolle en un artículo su arriesgada tesis sobre que el demonio es el causante de la crisis económica.

Soy una persona fría, Sólo espero ansioso que D. José María Simón Castellví, que por lo visto tiene incluso una carrera de medicina, desarrolle su tesis según la cual la píldora anticonceptiva es causante de contaminación atmosférica y del, presunto, aumento de la infertilidad masculina. En cuanto lo publique en una revista científica, no vale L'Osservatore Romano ni la hoja parroquial, lo intentaré leer atentamente.

Mientras tanto, persona simple, buscaré respuestas sin duda alguna menos espirituales y profundas -uy, qué profundas-. Es más, mientras tanto seguiré pensando que hay que ser muy ignorante para creer en exorcismos o para estar en contra de un medicamento que no es que libere a la mujer sino que es una emancipación para toda la humanidad. E incluso pensaré que la incultura y la barbarie deben ser combatidas.

Poco multicultural que es uno. Aunque, eso sí, bastante frío.