martes, febrero 28, 2012

SOBRE LOS OSCARS (de este año)

Ha ganado The artist. Ha perdido El árbol de la vida.
No se puede dudar de algo. Hay muchas películas mudas mejores que The artist.
No se puede dudar de algo. Hay pocas películas
sonoras,
mudas,
en color,
en blanco y negro,
americanas,
europeas,
mundiales,
y de cualquier otra condición,
tan aburridas y pretenciosas como El árbol de la vida. Según decían sus exégetas (¿se dice así?) no podían ser un film popular: demasiada profundidad. Se sobreentiende entonces que solo para los más cultos y sensibles. Yo, lo reconozco, no lo soy. Para mí, qué simple, no hay peor crítica a una película que el que sea aburrida. Y la película de Malick supera, ahí sí, esa dimensión situándose al mismo nivel de Torrente (otro rollo insufrible).

Y otra cosa más. Resulta asombroso que en una ceremonia de ese país tan paleto como es EEUU, a decir de sus críticos, pueda ganar el premio una película francesa. Es más, que el oscar no se dé al mejor filme estadounidense, sino al mejor en habla inglesa. Venga de donde venga. Son pueblerinos, sin duda y aún deben aprender de nosotros.

miércoles, febrero 22, 2012

LA DELEGADA DEL GOBIERNO Y SU INUTILIDAD

Independientemente de la opinión que se tenga sobre lo ocurrido en los incidentes de Valencia, y la opinión esperamos darla en breve porque es importante reflexionar sobre ella con calma, la intervención policial ha sido un auténtico desastre. Si la policía antidisturbios, como su nombre no técnico indica porque el técnico es una ñoñería, está para impedir disturbios no tiene explicación que intervenga y genere más disturbios de los que había antes. Es decir, si una intervención policial ocasiona más caos que el que pretendía controlar es, se mire como se mire, un fracaso. Como si los bomberos intervienen y acrecientan el incendio.

Entonces hay dos posibilidades. O bien, los policías allí presentes intervinieron mal por propia iniciativa, con lo cual la delegada del gobierno y el jefe de esa policía deben inmediatamente depurar responsabilidades; o bien, intervinieron cumpliendo órdenes superiores con lo cual los que las dictaron deben responder. Si es la primera opción, la delegada del gobierno es una inútil porque habiendo ocurrido eso aún no ha tomado ninguna medida. Si es la segunda, más probable, es una inútil porque es la responsable de una operación policial desastrosa.

Es decir: es una inútil absoluta.

Y así, independientemente de todas las demás cosas, y ñoñas exageraciones, la delegada del gobierno debe dimitir. Y si no lo hace, ser cesada. Porque, somos enemigos, de eso sí, de que los inútiles sigan combrando cuantiosos sueldos.


lunes, febrero 20, 2012

REFORMA LABORAL Y PRECARIZACIÓN EUROPEA

Nota: pedimos disculpas de antemano por autocitarnos, pero eso nos permite descargar el artículo de una parte argumental que consideramos importante. Aún así, creemos que el artículo puede entenderse sin necesidad de visitar los vínculos.

Una hipótesis básica de trabajo en este blog es la siguiente: el capitalismo ya no es explotación del trabajo sino explotación de la vida humana convertida en producción. Así, resumiendo mucho, pero pueden ustedes verlo si les interesa desarrollado en el blog, el nuevo capitalismo no explota solo el trabajo como producción, que también, sino la vida completa como producción económica a la que al trabajo se añade el ocio como consumo. Por tanto, y volviendo a resumir, el capitalismo ya no necesita solo proletarios sino también consumidores: ya no solo hay una parte productiva en la vida sino que la vida como tal es económicamente productiva. En esto, fundamentalmente, consiste la globalización.

Pero, la globalización lleva aparejada también una situación nueva en la economía general con la aparición de los llamados países emergentes. Centrémonos en tres solo: Brasil, India y China. Suman un total, aproximado, de 2800 millones de habitantes. Son muchos, pero, tranquilos, la mayoría son pobres -encima, graciosillo-. Ahora bien, imaginen una situación en la cual un 20% de esa población, una oligarquía y una clase media no excesiva en cuanto a población, adquiere un nivel socioeconómico determinado que les permita producir y consumir. La explotación total añadiría unos 600 millones de personas nuevas: buena globalización. Sepan que la Unión Europea tiene 500 millones: si se sustituye toda se ganan 100 millones, si solo en parte, muchos más.

¿Y esto qué tiene que ver con la reforma laboral del PP? Enseguida vamos, pero para entender algo tenemos que seguir.

Esta nueva aparición de una población para explotar absolutamente, en trabajo y consumo, implica que la economía nacional haya dejado de tener sentido y se sustituya no por una internacional sino por una global -no es lo mismo- como necesidad del nuevo capitalismo. Y de esto aún no se ha enterado la autoproclamada izquierda, pero la derecha y la oligarquía social lo han entendido completamente.

La oligarquía, así, ha diseñado su plan. Ya señalábamos en nuestra serie (1y 2) sobre el pacto del euro cuál era la nueva planificación europea: dividir entre una Europa próspera, con absoluta explotación de sus habitantes, y otra precarizada y solo explotada en su trabajo, sustituida con creces en el consumo por ese 20 % de los países emergentes. Y este plan no responde a una necesidad del capitalismo como sistema sino a un interés concreto de la propia oligarquía europea. Y ahí se enmarca, como parte de ese mismo plan, la reforma laboral española.

Y hacemos un alto: ¿vamos a hablar cuando citamos a la oligarquía de lucha de clases y explotación de clases? Ya hemos señalado en este blog (1 y 2) que el capitalismo, a diferencia del resto de los sistemas económicos, no funciona de acuerdo a explotadores y explotados, sino que todos son explotados. Pero, eso no quiere decir que no haya intereses ligados a la posición social que se ocupe y al grupo al que se pertenezca por esa misma posición. Es decir, como sistema el capitalismo ya no se estructura desde una explotación de clase pero eso no implica que desaparezcan los conflictos e intereses de los grupos sociales. Efectivamente, el capitalismo como sistema precisa que la población sea explotada absolutamente y ello, a su vez, implica necesariamente una mejora susceptible de la renta para esa misma explotación. Y es ahí donde el capitalismo choca con el interés de rapiña de la oligarquía: esta concibe a corto plazo que se puede sustituir ahora esa explotación absoluta por una meramente laboral en ciertas zonas europeas y conseguir así más ingresos para su grupo social específico pues hay un nuevo colectivo en los países emergentes, que además tendría una parecida visión social, que asumiría ese consumo. Y sus intereses de rapiña, como es este caso, tienen importantes repercusiones políticas.

Volvemos al tema y la tesis del artículo aparece: la reforma laboral responde a los intereses de rapiña de la oligarquía que implica la precarización y empobrecimiento de una parte de Europa y con ella de España. Pongamos las pruebas.

En primer lugar, la reforma laboral no está pensada ni tiene como prioridad crear empleo sino facilitar el despido. Resulta patético que en un país con más de cinco millones de parados aún se arguya la dificultad de despedir. De hecho, el propio Rajoy y sus ministros han defendido que la reforma no generará puestos de trabajo. Además, ninguna de las medidas buscan incentivar la contratación sino, al contrario, abaratar el despido ya sea individual ya colectivamente, el gran chollo, con los ERE.

En segundo lugar, la preocupación del gobierno no ha sido la explicación a España sino a Europa. El primer anuncio del presidente Rajoy fue en Europa e igual ocurrió con Guindos, ministro de economía. El objetivo era anunciar que la colonia cumplía las condiciones de su nuevo papel marcado en Europa a través del Pacto del Euro: precarizar. Rajoy acusó una vez a Zapatero, con razón, de haber hecho de España un protectorado al permitir que otros dictaran la política nacional. Ahora, Rajoy ni necesita que se la dicten: como buen funcionario de provincias ya cumple él solo.

En tercer lugar, interesa la creación de una mentalidad social determinada. Aquí, en doble vía. Por un lado, la desaparición de la escena social de los sindicatos. Efectivamente, no seré yo quien defienda a los sindicatos actuales pero el tema es distinto: la idea es la desaparición de toda y cualquier organización sindical, es decir, de la defensa organizada de los asalariados. Mientras la oligarquía se organiza nacional e internacionalmente, de forma privada y a través de organismos públicos, los asalariados se desorganizan al atomizarse: ahí es donde se incluye la práctica derogación de los convenios. Y con la atomización surge la segunda realidad: el mantenimiento del status quo a través de la extensión del miedo social. Por primera vez el discurso ya no es el progreso de las condiciones de vida sino su conservación. La gente entra en una fase en la que el miedo vuelve a formar parte de la socialización. El temor a quedar en paro implica aceptar las condiciones de quien puede contratar. La oligarquía manda.

Y en cuarto lugar, destaca algo importante: con la desaparición de la economía nacional aparece la desaparición de facto de la democracia. Y por dos motivos de nuevo. Primero, porque el gobierno prometió en campaña electoral no subir impuestos y no abaratar el despido. Lo primero que ha hecho ha sido subir impuestos y abaratar el despido. Así, las campañas electorales -recordemos a Zapatero explicando que no había crisis- se han convertido en una mentira institucionalizada. Y el segundo, porque la desaparición de la economía nacional implica la pérdida del gobierno y la política nacional -y, por cierto, incluyendo la paleta de la boina nacionalista-. Organismos que nadie ha elegido intervienen y eligen las políticas económicas nacionales independientemente del gobierno elegido y sus promesas electorales. Los ciudadanos no son ya la soberanía.

La reforma laboral española no es más que un nuevo triunfo de la oligarquía para conseguir aún más privilegios. Mientras tanto, la izquierda duerme entre el paleto espíritu nacionalista y el ñoño espíritu de la moneda social. Y el grabado de Goya, tan mal interpretado, sigue vigente: El sueño de la razón produce monstruos.

sábado, febrero 18, 2012

VIDA INTERIOR/92: CARNAVAL Y ARCO (uy, cuánta transgresión) 2012

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz



Transgrediendo la identidad (o renovando el dni)

lunes, febrero 13, 2012

UN PROGRAMA DE IZQUIERDAS/1

Yo sí, a diferencia de la mayoría de los profesores de filosofía que la apoyan, doy Educación para la Ciudadanía: y no sé qué hacer. Que todos somos iguales y todos diferentes se agota pronto. Así que en mi afán por sobrevivir he decidido mandar un trabajo. El trabajo tienen que hacerlo en grupo y a su vez de forma individual, y esto no es una cuestión menor, y trata sobre un tema fascinante: cómo debería ser el instituto. Para ello -y en una serie de temas: materias que cursar, horario, si debe haber exámenes o no ...- deben analizar tres cosas distintas: cómo es realmente el instituto, como les gustaría que fuera y, oh sorpresa, como debería ser de acuerdo a la realidad. Porque cómo debe ser algo de acuerdo a la realidad no es lo mismo que cómo me gustaría que fuera.

Algunos lectores -algunos de los pocos que tengo- se quejan de que en este blog se critica mucho y se propone poco. Puede ser cierto. Sin embargo, no conviene olvidar que la crítica implica un proyecto: al menos dejar claro qué no queremos y explicar el motivo. Y algo más: diferenciarnos en el motivo de nuestra negativa de otros que tal vez también estén en contra de eso. Pero, por otra causa.

Sin embargo, eso tampoco nos salva el tipo. Porque una vez señalado qué no queremos se nos podría exigir explicar qué queremos. Mas, otra vez, con cuidado. ¿Con cuidado de qué?

Comencemos con una diferencia importante. Para nosotros filosofía y política no son lo mismo. La política nos habla de trabajar desde la realidad, la filosofía de pensar sobre la realidad. Una política impracticable es un adorno, una filosofía con pretensiones prácticas inmediatas es una censura del pensamiento. Así, en esta serie de artículos titulados Un programa político de izquierdas, nosotros nos dedicaremos a la política práctica y en otros artículos a la filosofía -que es lo que además nos gusta y lo que consideramos, curiosamente, más importante-. Pero también es ingenuo creer en nítidas fronteras entre una cosa, la filosofía, y otra, la política. Y otra vez, cuidado. Cualquiera que lea este blog verá que su autor se autoproclama, eso es gratis, como marxista. Sería lo suyo, pues, que al presentar un programa político fuera anticapitalista y muy, pero que muy, revolucionario. Pero no, y de hecho por marxismo -bueno, por nuestro análisis de la realidad, nos da igual lo que dijera Marx aunque lo diré: qué listo era y qué gran filósofo-. Si se quiere hacer una política real no se puede presentar un programa, vamos a llamarlo, revolucionario. Y entre otras razones porque ahora no existen condiciones para intentar superar el sistema capitalista. Por eso, un programa político aplicable debe ser un programa con posibilidad actual: aquí nadie juega a pequeño Lenin -lo diré también: qué listo era y qué terriblemente totalitario-. Es muy fácil ir por la vida de anticapitalista soñador. Sin embargo, ese no puede ser el camino de una izquierda política. Porque para soñar hay que dormir y la derecha siempre está despierta.

¿Y cuál sería entonces el camino? Una izquierda política debe tener como característica fundamental no la ñoña utopía sino un programa posible de realizar en y con la situación actual. Pero tampoco solo eso sino que la realización de dicho programa implique, así de simple, mejoras sobre lo actual para la mayoría de la población. Y no solo del país concreto, sino también a nivel mundial. Es decir, un programa de izquierdas plantea su concepto más allá de su estado nacional e incluso, oh sorpresa, de su traje folklórico: porque eso es, también, la respuesta al problema de la globalización. Y la única posible en las circunstancias actuales. O sea, y para decirlo en plan claro: no se puede ser catalanista, o españolista, y de izquierdas.

Así, un programa político de izquierdas debe ser realizable, debe mejorar la vida de la población y no puede circunscribirse a lo estatal, menos aún a lo paleto, sino que debe contar con la humanidad como colectivo. Y por ello, no podrá ser moralmente relativista: un programa de izquierdas defenderá los derechos humanos como principios básicos de acción. Y como principio básico de su práctica.

¿Y los contenidos? Un programa político de izquierdas debe tener no ideas genéricas, sino directrices de actuación claras: no todo es izquierdas. Pero, al tiempo, debe ser general porque lo que aquí pretendemos no es un programa electoral sino un programa político: es decir una identidad mínima común de qué es, y qué debe ser, la izquierda política. Y así, en esta serie trataremos los temas fundamentales que creemos deben identificar un pensamiento político de izquierdas.

¿Pretencioso? Sin duda. Todo este blog, para qué engañarnos, lo es. Y todo el pensamiento lo es también porque exige más a la realidad. Esa es, precisamente, la diferencia entre derechas e izquierdas. La derecha alaba a la realidad, la izquierda la exige ser otra cosa. Nosotros vamos a exigirla.

jueves, febrero 09, 2012

A PRIORI

Yo tampoco sé si a priori va junto o separado. Pero sí sé que los indignados de Acampada en Sol, que son muy indignados y rebeldes, ya han convocado para mañana una concentración contra la reforma laboral. La reforma laboral se presenta mañana.

Sin duda la comisión de la espiritualidad que se formó durante el 15-M en la Puerta del Sol ha dejado sus frutos. No sé si por quiromancia, cartomancia, posos del té u otra forma análoga. Antes de leerla, ya se manifiestan.

A la próxima hay que hacer una comisión de racionalidad con su lema: nada se critica sin conocerlo.

miércoles, febrero 08, 2012

HAMLET, acto III, escena III.

Hamlet es una obra imprescindible: por eso, tal vez, un alumno puede acabar la educación obligatoria sin conocerla. Shakespeare es, sin duda, el mayor escritor de todos los tiempos. Pero no solo por escribir bien sino por algo más: porque nos comprende. O tal vez, seamos nosotros quienes imitemos a sus personajes. Hay una escena en Hamlet imprescindible en una obra imprescindible. Hamlet contempla al rey pidiendo perdón por sus pecados en una ocasión única para matarlo. Sin embargo, el protagonista frena su ira pues comprende que asesinar ahora al hombre que mató a su padre sería un error: iría al cielo. Shakespeare nos enseñó a odiar con sentido.

¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?, se preguntó doña Patricia Flores Cerdán, viceconsejera de asistencia sanitaria de la Comunidad de Madrid y del gobierno Aguirre, hace más de una semana. Yo también estuve a punto de insultarla inmediatamente, pero la pregunta no es tan tonta. ¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema? Pues es, en realidad, una buena pregunta.

La semana pasada explicaba en las clases de 4º de ESO la diferencia entra la moral como un hecho social y la ética como reflexión personal y filosófica. ¿La diferencia?, aunque todos la saben lo cuento, que me gusta. La diferencia estriba en que la moral, en el primer significado, es social y no precisa reflexión personal: la moral surge de inmediato y ese es su peligro. Sin embargo, la ética precisa de argumentación: hay que explicar y desarrollar el hecho de que creamos que algo está bien o mal.

¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema? Analicemos despacio la frase.

En primer lugar la frase es falsa: el sistema no sale gratis. Todos y cada uno de los españoles, por impuestos directos o indirectos, pagamos religiosamente nuestro seguro sanitario. Porque la seguridad social no es una obra de caridad del estado, ni tan siquiera del gobierno Aguirre, sino un derecho ganado por el pago previo. Y mucho pago previo con el que, por cierto, estamos de acuerdo. No lo olviden, de cada cosa que compran, así tan simple, una parte va para financiar su sanidad: no se la regalan. Por tanto, muy pocos viven gratis del sistema. Tal vez, las monjas de clausura.

Pero, es cierto, no vivir gratis del sistema no implica, necesariamente, que uno se pague todos sus tratamientos. Depende, en la mayoría de las ocasiones, de la suerte. Por ahora, yo mismo creo ser muy rentable al sistema; tal vez luego, a largo plazo con suerte o a corto sin ella, no. Y entonces empiece sin duda, a vivir sin pagar del sistema: tendré tratamientos que no he pagado directamente. Es lo que podríamos denominar como riesgos de un seguro. Gratis, sin embargo, no es.

Pero hay, también, algo más. Porque lo que en realidad está preguntándose doña Patricia Flores Cerdán es otra cosa.
¿Tiene valor económico una vida humana? ¿Cuánto vale una vida humana? Esa es la pregunta de doña Patricia. Y es una buena pregunta porque ya señala una idea detrás. Efectivamente, doña Patricia considera, de ahí que se cuestione esto, que una vida humana sí tiene precio y por eso un enfermo crónico debe tener un límite de gasto. ¿Cuál? Aquí doña Patricia nos falla: no responde.

Tengo entendido que las aseguradoras tienen un catálogo de precios por miembros: a tanto un brazo, a tanto una pierna. Parece algo práctico y no creo que se deba criticar de primeras. ¿Pero cuánto vale una vida completa? Tal vez podamos ayudar a doña Patricia.

¿Cuánto vale la vida de doña Patricia Flores? No he podido ver su currículo, pero no creo que sea extraordinario. Igual es como el mediocre de la consejera de educación: menos sin duda que el mío. Así que su vida vale menos que la mía. ¿Tiene sentido que doña Patricia Flores viva entonces gratis del sistema algún día? ¿Que viva más días que yo del sistema? ¿Para qué? Creo que en un ejemplo de honradez doña Patricia Flores debería hacer público cuánto ha pagado a la seguridad social para que cuando lo gaste no le demos más servicio. Que muera en paz con la economía.

Resumo, ¿tiene sentido que una viceconsejera -es que no es ni consejera en el gobierno Aguirre con lo bajo curricularmente que está el puesto, qué ridículo- viva gratis del sistema?

Los hermanos Marx siguen siendo imprescindibles. En una escena de Una noche en Casablanca, hablo de memoria, Chico y Harpo se ofrecen para proteger la vida de Groucho al módico precio de 50 centavos por día. Y Groucho, indignado, se gira y contesta: mi vida no vale tanto.


domingo, febrero 05, 2012

CULTURA (¿para qué?)

¿Sirve de algo ir leyendo un libro en el metro si luego se es incapaz de levantarse para ceder el asiento a alguien que lo necesita?

miércoles, febrero 01, 2012

(ñoños) LAICISTAS Y (supersticiosos) RELIGIOSOS

No seré yo quien lamente la desaparición de una materia tan ridícula como Educación para la ciudadanía del panorama escolar. Siempre estuve (1y 2) en contra. Ahora bien si es porque la materia adoctrina, ¿cuándo sale el ministro a contarnos que eliminan religión?

lunes, enero 30, 2012

LA NUEVA ECONOMÍA/3: EL TRIUNFO (¿para siempre?) DEL NEOLIBERALISMO

Parece una cosa clara: el neoliberalismo va ganando. De hecho, la autoproclamada izquierda no se cansa de advertir, y con razón, de la ofensiva neoliberal. Sin embargo, convendría primero señalar qué es el neoliberalismo para luego analizar, algo fundamental, si su triunfo es o no una necesidad del desarrollo del capitalismo -tal y como también otros defienden-.

¿Qué es, y qué no es, el neoliberalismo? Empecemos diferenciando. El neoliberalismo no es ni una filosofía, como sí lo es el liberalismo, ni tan siquiera una teoría económica general, como lo es el keynesianismo. El neoliberalismo es una práctica económica que responde al interés de un grupo social concreto y dominante económicamente. Por lo tanto, así, de primeras, el neoliberalismo intelectualmente carece de valor porque ni su base es un conjunto de ideas filosóficas sobre el hombre, el conocimiento y el mundo -al modo del liberalismo- ni es una teoría sobre ciclos, producción y crisis económicas -como el keynesianismo-. Efectivamente, el neoliberalismo es una corriente de pensamiento cuya última finalidad no es afianzar el capitalismo sino mantener y aumentar el beneficio de la oligarquía económica y con ella el del resto de las oligarquías sociales. Pero, va ganando.

Definamos neoliberalismo. Su primera característica es que el estado no debe intervenir como agente productivo. El estado, con esta idea, no debe ser un agente económico directo ni como industria ni como prestador de servicios. Pero, esto, a diferencia del liberalismo, no significa su asunción como estado mínimo sino su preminencia con carácter financiero. Efectivamente, el liberal no quiere estado por su idea de libertad, pero el neoliberal sí lo quiere para su idea de negocios. El estado neoliberal no podrá intervenir directamente en economía como agente productivo pero deberá hacerlo financiado a las empresas para que estas se beneficien.

Así, la segunda característica: el estado es un agente financiero en beneficio exclusivo de la empresa privada. Se suele presentar al neoliberalismo como contrario a las prestaciones públicas: nada más lejos de la realidad. El neoliberalismo encuentra su aliado natural en el estado. Efectivamente, la idea clave del neoliberalismo es que el estado financia un servicio, desde la industria de armamento en EEUU hasta los servicios públicos en Europa, que convierte en mercado y beneficio de la empresa privada. Lo último que busca la oligarquía es el desmantelamiento del estado asistencial: lo que quiere es su reparto y clientelismo. El neoliberal, como la nefasta Aguirre, no clama contra el estado sino que busca su complicidad y vasallaje. Con los impuestos de todos consigue, merced a la privatización de la prestación del servicio pero no a su desaparición -ejemplo español es la escuela concertada financiada por el estado y con beneficio privado-, el beneficio exclusivo de su grupo social. El liberal odia al estado por honestidad intelectual, el keynesiano lo ampara como agente económico por honestidad científica, el neoliberal lo quiere como gallina de los huevos de oro por avaricia.

Y aquí entra el tercer punto: el pacto de oligarquías. El liberalismo, verdadero o falso, esconde un sueño emancipatorio y por eso gestó revoluciones. El keynesianismo, un proceso conservador con consecuencias de equidad social. El neoliberalismo es reaccionario: su sueño es la desigualdad social anterior, cuando algunos vivían aún mejor. Si el neoliberalismo ha sido, y especialmente es, posible como práctica se ha hecho así por el interés de la oligarquía social. Efectivamente, la oligarquía económica ha ganado un nuevo campo de explotación económica con los servicios públicos. La oligarquía política ha ganado, a su vez, un aliado fiel que le apoya como aparato profesional a sueldo y prebendas con, entre otras cosas, aparato financiero y mediático. Y todo ello implica una pérdida de ganancia en el más amplio colectivo de ciudadanos.

¿Qué ganancias pierde la ciudadanía con el triunfo neoliberal? ¿Tenderá el capitalismo entonces a la pérdida de derechos sociales?

Primero, resulta indudable que esta mejora para la oligarquía se hace, en el neoliberalismo, con la depauperación del resto del grupo social. Efectivamente, la simpleza del neoliberalismo en teoría económica es así: yo también me como tu parte del pastel. Y lo hace en un frente doble.
En relación a la población, el neoliberalismo roba tarta rebajando condiciones de trabajo y aumentando así la productividad, o sea, su beneficio. Las recetas neoliberales económicas son rebaja de sueldos y de derechos sociales. Para unos.
En relación al estado, se da la lucha contra el déficit sin distinguir gasto de inversión. Una vez creada la alarma, las empresas privadas se adueñan de los servicios públicos como negocio. Así, se da una paradoja: al neoliberalismo le interesa, como mercado, la permanencia del nivel de cobertura de aquellos derechos sociales, nunca los laborales, que puedan convertirse en mercado de explotación. Además, ese mercado pagado por el estado es perfecto: clientela cautiva. De esta forma, el neoliberalismo no tendría en teoría que rebajar el nivel prestación: pero lo hará. ¿Por qué? Porque la búsqueda del beneficio económico implicará no la pérdida formal de derechos, sino la pérdida real de los mismos. Si el estado demuestra su pésimo servicio asistencial por su incompetencia, y lo ha hecho, la empresa privada ofrecerá un pésimo servicio social por su competencia: una clientela cautiva es un buen sujeto de ahorro. Así, el derecho formal seguirá existiendo, pero el real bajará. Y si no le gusta lo público -pero privado- váyase a lo privado: ¡anda!, será lo mismo y la banca siempre gana.

Pero ¿es esto una necesidad del capitalismo? No lo parece. El neoliberalismo no es sino un intento de la oligarquía de enriquecerse aún más a costa de la población. Sin embargo, que nadie vea aquí una estructura de explotación de clase: eso ya no existe en el capitalismo (aquí 1 y 2). Por eso precisamente es posible derrotarlo.

El neoliberalismo no es un producto necesario del desarrollo del nuevo capitalismo. Lejos de eso, es un proceso que necesita un agente exterior para afianzarse como consecuencia, precisamente, del desarrollo del nuevo capitalismo. La depauperación de un sector de la población occidental implica, necesariamente, su sustitución como demanda. Por eso el triunfo neoliberal se basa en China y los países emergentes. La idea, ya la hemos contado otras veces, es que la demanda la asuman ciertos países occidentales, ya no todos, y la parte abandonada sea tomada por un sector social de esos países emergentes, no hace falta irse más allá del 20%, que sustituirá con creces el consumo perdido. Y además allí será, por su propia situación sociopolítica frente al resto de la población, una oligarquía en sí misma. La alianza está servida. A cambio, una parte de la población europea, sur y antiguo este básicamente, será depauperada en sus condiciones sociolaborales aumentando con ello su productividad, y con esto el beneficio oligárquico, sin inversión, gasto, alguno. La oligarquía gana aún a costa de hundir la economía nacional pues esta implicaría también a la chusma. Y ellos son un grupo selecto: la oligarquía, una vez lo fue el género humano, es la internacional.

¿Cómo combatir el neoliberalismo? Eso, ya, otro día.

domingo, enero 29, 2012

POR LA LIBERTAD EN INTERNET

Un día con más calma deberemos escribir un elogio de internet. Porque es comparable a la imprenta y es más importante que la imprenta. Por eso, piensa la oligarquía que hay que callarla: como difusora de la cultura y como difusora de las ideas.

Por supuesto, internet está lleno de basura. También las bibliotecas clásicas.

Pero hoy hay una urgencia. Twitter ha dado un paso a favor de la censura y en contra de los derechos: desde ahora censurará los mensajes que violen las leyes de un país. Es decir, apoyará las dictaduras.

Usted y yo podemos no estar de acuerdo -o sea: usted está equivocado-. Pero, el problema es que no nos dejen estar en desacuerdo. Por eso, les propongo firmar esta petición en Actuable por la libertad de expresión. La democracia debe ir hacia delante, no hacia atrás.

jueves, enero 26, 2012

CONTRATO ÚNICO (¿?)

Es que no lo sé y por eso lo pregunto. Es decir, este texto es más un intento de encontrar información que otra cosa. Se ha propuesto, varias veces ya, un contrato único, excepto lógicamente para casos muy puntuales, con una progresiva indemnización por despido de acuerdo a los años trabajados. Teniendo en cuenta que la tasa de temporalidad española es una vergüenza, y de ahí te despiden sin nada, y que el paro es espantoso: ¿qué tendría de malo este tipo único de contrato bien negociado, y señalo bien negociado?
Gracias.

martes, enero 24, 2012

(algo sobre) FRAGA

La filosofía trata sobre el deber hacer, la política sobre el poder hacer. Las dos, no se dude, hablan sobre la realidad, pero lo hacen de distinta manera. La primera la analiza de forma radical, es decir: desde su raíz, y su único tribunal es la verdad. La segunda, sin embargo, tiene como tribunal la posibilidad real de su acción y el resultado final. La política, en términos futbolísticos, es resultadista: solo se juzga por lo que se consigue.

El reciente fallecimiento de Fraga y la histérica reacción de la mayoría de la opinión publicada y política, desde la hagiografía vergonzosa a la condena ñoña, nos permite plantearnos esta cuestión: ¿qué debemos decir ante su muerte? Pues curiosamente lo mismo que diremos ante la, esperemos que alejada, muerte futura de Santiago Carrillo.

¿Fraga y Carrillo comparados? Efectivamente. Los dos fueron políticos oportunistas, los dos defendieron dictaduras sin pestañear, los dos estuvieron implicados en crímenes por los que nunca respondieron ni presentaron muestras públicas de arrepentimiento. Los dos, en fin, son demócratas sobrevenidos y circunstanciales adaptados a la fuerza. Y los dos son protagonistas, junto con otros, del paso de una España dictatorial a una España democrática. Y a los dos algo de eso les debemos.

¿Era Fraga, es Carrillo, un demócrata? Por supuesto que no. ¿Ayudó Fraga a la democracia? Por supuesto que sí. ¿Debemos homenajear su figura? No, claro que no. ¿Debemos darle las gracias? Tampoco, porque todo lo que hizo no lo hizo por la libertad ni por nosotros sino por él. ¿Hizo algo por nosotros? Sí. Expliquémonos.

Fraga no era un demócrata. Nadie que entrara en el gobierno de Franco como y cuando él entró, no olvidemos que no fue al final sino en su apogeo (1962), podía serlo. Tampoco era un fascista, en un sentido amplio del término pues Franco tampoco lo era, sino algo que la tradición política española conoce muy bien: un liberal autoritario como Cánovas -algo que Franco no era tampoco-. La ideología de Fraga, como la de los nuevos cachorros del franquismo encabezados intelectualmente por Fernández de la Mora, era la defensa de una sociedad liberalizada en sus costumbres, con una libertad de pensamiento en las élites sociales, la aristocracia del espíritu, pero sin democracia política -todo, muy orteguiano-: era la defensa de una sociedad gobernada por ellos. Así, para este colectivo Franco sería una especie de general Serrano que permitiría, una vez muerto, una restauración donde curiosamente ellos mandarían en beneficio del populacho y, por supuesto, de la oligarquía de la que formaban parte. Y tan poca era la capacidad de análisis político profundo de Fraga que no comprendía que la coyuntura política y social hacía ya imposible ese sueño para él y pesadilla para nosotros.

Así las cosas, Fraga se encuentra con una transición a la democracia que no desea, liderada además no por él, que como Areilza se sentía ya llamado a dirigir España, sino por lo que él considera un advenedizo sin capacidad: Suárez -algún día este país agradecerá a Suárez todo lo que le debe-. Y ahí Fraga pudo hacer dos cosas: o bien mantenerse en su integridad personal y cerrar su carrera o bien traicionarse y entrar en el juego. Entró, por supuesto, en el juego porque a veces el ansía de servir desinteresadamente al país coincide con la ambición personal.

¿Por qué lo llamamos entrar en el juego y no luchar por la libertad? En 1976 las cortes franquistas se habían hecho el harakiri al votar la Ley de Reforma Política que comenzaba la democracia española. ¿Afán democrático? No, afán de supervivencia. La oligarquía de origen franquista- política, económica y eso que se llama espiritual o iglesia católica- había comprendido que su supervivencia pasaba por la compatibilidad con la democracia. Quien no lo entendió así, desapareció. Y ahí está el origen democrático de Fraga: oportunismo. De pronto, el fiel ministro de Franco se despertó demócrata de toda la vida, como por otra parte media España incluida la izquierda hasta entonces totalitaria, y decidió prolongar su carrera.

Pero si Fraga era un oportunista, ¿por qué no se fue, como hizo un importante grueso del franquismo, a la UCD? Por tres motivos: primero, por el desprecio que todos los que se consideraban estadistas tenían al advenedizo Suárez; segundo, porque Fraga sabía que irse a UCD era para ser segundo y él se sentía llamado, como Churchill pero en provincias, a ser líder; y, tercero, porque midió mal su fuerza.

Si ha habido en este país una figura vilipendiada por derechas franquistas y autoproclamadas izquierdas ha sido Suárez. Y ese desprecio llegaba a lo personal: cuando todos se imaginaban como héroes un muchachito de Ávila lo era. Demasiado para el ego de quien creía haber nacido para ser Churchill. Era necesario fundar un partido que jugara con la ambigüedad del respeto al dictador y, al tiempo, la adaptación a la democracia: nació Alianza Popular.

Pero su nacimiento implicó un error de cálculo. Fraga creyó que España era franquista o mejor aún: que él era España -no hay que olvidar que presumió de que la calle era suya-. Sin embargo, AP, entre la nostalgia y la presunta aceptación democrática, solo tenía una fortaleza: no era su electorado, escaso, sino la aún poderosa oligarquía franquista. De hecho, tan poco calado social tenía que el gran estadista nunca tuvo el poder democráticamente y su partido tardó más de 20 años en conseguirlo.

Y así, como representante de esa oligarquía franquista que quería adaptarse, pero no demasiado, Fraga entró a formar parte del proyecto constitucional. Y ahí estuvo, por fin, su auténtico papel democrático. Fraga pudo tensar la cuerda, irse. Se quedó. Muchos miembros de su partido le dejaron solo. Él siguió defendiendo el proyecto. De pronto, pudo ser oportunismo pudo ser responsabilidad, España tuvo algo que agradecer a Fraga. Y cuando decimos España, aquí no somos paletos, no decimos sino usted y yo. Y mi posibilidad ahora de escribir esto.

La filosofía es hermosa porque carecemos de responsabilidad: nadie nos escucha. La política es triste porque todos la sufren. La filosofía es dura porque la verdad es su vida. La política es leve porque admite la circunstancia. Pero admitirla no es necesidad: unos políticos la aprovechan para algo de progreso y otros no. A veces si querer. Sin embargo, quienes lo hacen son mejores. Estoy seguro de que si Fraga hubiera sido presidente del gobierno en lugar de Suárez la transición no se hubiera realizado. Estoy convencido de que si Fraga fuera presidente del gobierno y tuviera poder para ello estaría prohibido este blog, y cualquier elemento de la libertad de expresión, como ya hizo antaño. Sin embargo, también sé que el papel de Fraga en la transición acabó siendo positivo por las circunstancias. Pero también por su respuesta a las mismas. Es la paradoja.

Hoy en día un montón de pijos autosatisfechos critican la transición. Sin duda ellos lo hubieran hecho mejor. Sin embargo, jamás en su historia España -o sea: usted y yo- hemos disfrutado de tanta prosperidad y paz. Si yo fuera un pijo autosatisfecho, pero indudablemente progresista, no dudaría en desear que Fraga se pudra en el infierno. Si perteneciera a la oligarquía, o fuera un perro fiel de ella, no dudaría en exaltarle. Soy, sin embargo, un mediocre. Por eso, solo puedo al conocer su muerte desear que descanse, para siempre, en paz.

lunes, enero 23, 2012

PRESUNCIÓN DE INOCENCIA Y DEMOCRACIA

Imaginemos por un momento. Yo poseo una empresa y a uno de mis trabajadores le imputan de un delito. Sin esperar a juicio, le despido: el nombre de mi marca comercial está por encima de la presunción de inocencia. Y ya oigo el grito: ¡¡¡¡¡¡fascista!!!!!!

Vayamos a una realidad. Hay un partido político y a uno de sus miembros le imputan. Sin esperar a juicio debe dimitir o le echan: el nombre de mi marca comercial está por encima de la presunción de inocencia. Y ya oigo el grito: dignidad democrática.

Raro.


jueves, enero 19, 2012

ENTRE LA CULTURA Y LAS MERCANCÍAS

Aviso: esta nota tiene su fundamento en dos artículos (1 y 2) ya publicados en este blog.

La llamada ley SOPA está a punto de ser aprobada en EEUU. La ley Sinde, en España. Y me imagino que otras leyes similares, en todo el mundo (bueno, menos donde no hacen falta como Corea del Norte, Irán, China o Cuba). Yo tengo un blog gratuito en internet -pues casi pongo el enlace- y una página web gratuita para mis alumnos -nota: este año me han vuelto a imponer un patético libro de texto-. Incluso, publico gratis -obsérvese la astucia para la autopromoción-. Seguramente, por lo primero o lo último nadie me pagaría, y hasta lo entiendo; pero, seguramente por lo segundo, sí. Es gratis y seguirá siendo gratis, al menos mientras la ley lo permita.

Estaría bien que los autodenominados creadores -¿si lo hago gratis, lo de publicar no se emocionen, no soy creador?- se decidieran: o crean cultura o crean mercancías. Si deciden lo primero, debería primar la difusión. Si deciden lo segundo, ya lo demuestran los muertos de hambre en el mundo, el precio. Ese es el auténtico problema.

martes, enero 17, 2012

DRIVE Y LA IDEOLOGÍA DEL YO

1.- Hace poco se ha estrenado en España la película Drive. Esta película ha cosechado muy buenas críticas, por nuestra parte no como ya veremos, y en varias de ellas se la ha relacionado con filmes anteriores como Raíces profundas, extraordinaria película, y con El silencio de un hombre, película a nuestro entender muy sobrevalorada y que aquí no vamos a tratar. Nosotros, además, la vamos a relacionar con otra película exquisita como es Hana-Bi.

2.- Recientemente escribíamos un artículo sobre capitalismo e ideología. En él, señalábamos que la ideología actual era la idea del yo. Se exaltaba ideológicamente ese yo mientras en la realidad no era más que mercancía. Y se producía así lo que llamábamos alienación negativa: los individuos se sentían absolutamente distanciados de la sociedad a la que veían como falsa frente a la, presunta, autenticidad de sus vidas.

3.- Pero una ideología omniabarcante como la que presentábamos tiene que tener presencia social explícita. No hay cosa más falsa que hacer análisis social y no presentar hechos empíricos de dicho análisis escondiéndose en una profundidad que esconde la vacuidad: una metafísica del capitalismo no se lo puede permitir.

4.- Por eso, analizaremos Drive como una muestra de la ideología del yo. Y para ello la analizaremos como, presunta, obra de arte. Y al hacerlo la compararemos con otras dos películas que ya hemos citado: Raíces Profundas, como ejemplo de película ilustrada como toda buena película del oeste, y Hana-Bi, que siendo también ideología del yo son embargo supera esa mera adscripción.

5.- Una película es un todo. Sin embargo, en ellas, se puede metodológicamente, hacer una división entre el guion y la forma de rodar dicho guion. Así, hay películas cuyo guion está por encima de la forma de ser rodado y hubiera sido necesario hacerlo de otra manera y, también al revés, hay películas cuya filmación supera el guion. Por ello, podemos metodológicamente analizar una película distinguiendo su guion y su puesta en imagen, pero teniendo en cuenta que ambos son su forma.

6.- ¿Por qué Drive es un ejemplo de la ideología del yo? Por los dos motivos citados: guión y filmación. Drive es un ejemplo, otro más, de la ideología del yo en cuanto a lo que se presenta y la relación que lo que se presenta pretende con el espectador: la pura identificación en lo autosatisfecho.

7.- Empecemos por el guion. Drive y Raíces Profundas tienen una historia común: un delincuente solitario encuentra una familia con niño a la que ayuda. Lo interesante es, sin embargo, su desarrollo que implica, a su vez, al protagonista principal.
En primer lugar, los dos visten de forma peculiar identificándose así. Pero ya aquí empiezan las diferencias porque mientras que Shane, protagonista de Raíces Profundas, cambia su forma de vestir como intento de integración en la comunidad a la que ayudará, Drive -a partir de ahora llamaremos así a su protagonistas, sin cursivas- lleva una horterísima cazadora como signo de su irreductible, y falsa, individualidad. Y el ejemplo aquí es categoría. Efectivamente, en Raíces Profundas la construcción de una sociedad justa es central, la lucha entre pequeños agricultores y ganaderos latifundistas, y por tanto el héroe es aquel que actúa para ello y por ello se sacrifica. Sin embargo, en Drive todo se reduce a una lucha individual. En el no hay nada similar a una realidad social, ni a construir ni a defender, que simplemente ya no existe ni aparece. ¿Exageramos?
Hay otra escena clave. Cuando Drive quiere impresionar al niño conduce ilegalmente y de forma poco precavida -de hecho la escena es un canto a qué no hacer en un coche- con el beneplácito, lógico, del pequeño y la admiración, idiota, de la madre: está haciéndose el machote. Pero, además, está filmada buscando que todos simpaticemos con ella, hortera videoclip, luego diremos más sobre esto, incluido. Cuando Shane intenta enseñar a disparar al niño, él es un pistolero, la madre se lo impide y Shane deja de hacerlo: hay demasiadas pistolas en el valle, dice. Pero hay más. En el bar del pueblo, Shane es humillado por un vaquero y él se deja humillar porque delante está el niño: no hay machote.
Así, en Drive el protagonista se presenta como autoreferencia: está encantado de haberse conocido y lo único que surge hacia él es la admiración. Sin embargo, Shane es complejo: se avergüenza de lo que es, por eso cambia su ropa, intenta ser otro y no puede. En Shane hay temporalidad, él intenta cambiar y no puede pero sí hace cambiar la realidad, en Drive solo hay circularidad autosatisfecha.

8.- ¿Pero y la forma de filmarse?, clama el crítico de la imagen. Bien, analicemos. Cuando uno ve Drive se encuentra con dos objetos básicos: la cámara lenta y el videoclip musical. Aparentando un realismo absoluto, sin embargo Drive no esconde sìno la apoteosis de la autosatisfacción posmoderna y usa para ello el preciosismo estético.
Efectivamente, la cámara lenta busca permitir y realizar la identificación plena entre el espectador y la obra: todo es más chulo así, especialmente la violencia al paroxismo. A su vez, la finalidad del videoclip es meramente esteticista y no narrativa. El videoclip en la película busca que el espectador se sienta fascinado con lo bonito y sentimental que queda y que de nuevo surja la identificación plena con el objeto. La identificación así, el momento de gozo estético para entendernos, no viene del desarrollo de la obra sino de su preciosidad aparente e inmediata. La forma clásica de rodar, que permitía la reflexión ante las imágenes por su propio ritmo narrativo, es sustituida por una forma que busca la identificación no en lo que nos falta como personas, de ahí la narratividad del cine clásico, sino en lo que ya tenemos, de ahí el preciosismo estético del actual. El preciosismo estético reconcilia con la vida mientras la narrativa clásica la interrogaba. Y así, cuando Shane acaba su duelo final con victoria, solo puede mirar hacia atrás, con la cámara, y ver los muertos para, luego, pedirle al niño algo tan ridículo en un mundo de autosatisfacción como que sea bueno y honrado. Que no sea, así, como él.

9.- Pero sería ingenuo pretender con ello que Drive no sea formalmente perfecta. Al contrario, en Drive hay una vinculación extraordinaria entre forma y fondo, al igual que en Raíces profundas. El problema no está ahí. Y eso nos lleva a otra reflexión: tal vez no baste con una forma perfecta, en la relación forma-fondo, para que una obra sea arte. Tal vez una obra de arte sea más que forma perfecta. Pero, ahora no.

10.- ¿Y Hana-Bi? En Hana-Bi hay cámara lenta, hay, cierto, videoclip y no hay vinculación social alguna: los personajes solo pretenden salvar su yo. ¿No es como Drive? No, porque en la película de Kitano -sí, el de humor amarillo- hay una conciencia trágica que impide la satisfecha identificación. La forma de rodar y el guion generan la imposibilidad de lo autosatisfecho. Hay una escena en que el protagonista recoge agua para poner unas flores a su mujer, enferma condenada de cáncer, y un individuo se burla de él señalándole que las flores ya están muertas: como ella. Y hay otra en que él hace trampas con un retrovisor descubriendo las cartas que ella esconde, haciéndola reír. La simple humanidad de esas escenas, veánlas porque contadas parecen ridículas, escapa a la identificación autosatisfecha. Hana-Bi, cercana a Raíces profundas pero de otra forma, nos habla de lo que ya no seremos y no se congratula en lo que somos. Al fin y al cabo, volvemos a la realidad, solo somos mercancías y no es para echar cohetes.

y 11.- Autosatisfacción, esa es la clave. El personaje de Raíces Profundas quiere ser otro cambiando. El personaje de Drive siempre es el mismo porque ya se acabó cualquier proyecto: es un ser humano y un verdadero héroe. Su yo es sagrado: es un delincuente con palillo en la boca y cazadora macarra. Igual si yo fuera así, tampoco querría cambiar.

domingo, enero 15, 2012

ALGUNA PETICIÓN POR LA CULTURA.

No es que sea yo muy de pedir apoyos y de firmar cosas. Pero a veces hay que hacerlo, al menos para los que creemos que la ciencia es uno de los logros mayúsculos del pensamiento humano.

Ha salido recientemente una petición de recogida de apoyos en actuable, basada en un artículo del blog Resistencia numantina -que tal y como está la cosa no me extraña que se llame así-, cuyo autor es un científico español. La petición consiste en exigir una casilla en la Declaración de la Renta para poder dar el 0'7 % de nuestros impuestos, recientemente aumentados por el gobierno que no los iba a subir, a la investigación científica, cuyo presupuesto ha vuelto a ser recortado.

Pueden firmarla, si lo desean, aquí.

jueves, enero 12, 2012

LA NUEVA ECONOMÍA/2: ¿EL FRACASO DEL KEYNESIANISMO?

Una vez analizado el fracaso liberal ante la nueva economía, pasamos a analizar el keynesianismo. Se observará, confío yo en mis lectores, que aquí no aparece en referencia a él una afirmación sobre su fracaso, sino un interrogante. Porque frente a lo que se pregona no vivimos el fracaso del keynesianismo sino su desarrollo que implica, y no paradójicamente, su fin: curiosamente como neoliberalismo.

El keynesianismo tiene tres pilares básicos. El primero es la intervención del estado tanto en la regulación legal de las actividades económicas como en la intervención directa productiva, a través de empresas públicas u obra pública, o indirecta, a través de financiación. El segundo, es una política económica que se basaría en poder mantener un déficit para activar la economía y en políticas de devaluación e inflacionistas. El tercero, se basa en la importancia de la demanda, el consumo para entendernos, como clave de la actividad económica. Así, la realización o no de estos puntos citados anteriormente como característicos de la teoría a analizar nos darían la clave del fracaso o el éxito del keynesianismo en la actualidad.

Comencemos por el principio. La primera característica del keynesianismo es la intervención del estado en la economía. Esta puede ser directa, cuando interviene a través de la industria o las finanzas, o indirecta, cuando interviene a través de la política regulando la acción económica mediante leyes e instituciones.

¿Interviene el estado en economía? Bueno, vayamos primero con la distinción indicada anteriormente. De forma indirecta el estado interviene claramente en la economía ya no solo a través de la regulación con leyes, sino directamente imponiendo medidas a través de organismos supragubernamentales a gobiernos soberanos. Efectivamente, podríamos decir que en este aspecto el keynesianismo está, también, globalizado. Así el núcleo de organismos internacionales con poder económico de imposición de medidas, y no solo de regulación, no solo no ha bajado sino que se ha visto reforzado con la crisis. Desde el FMI, pasando por el Banco Mundial y llegando a la propia UE, el keynesianismo ha triunfado.

Pero, ¿y en la intervención directa? Aquí cabría una importante distinción. Es cierto que el estado ha dejado de intervenir como entidad industrial y baja su ritmo como prestador de servicios -en otro artículo posterior veremos como esto se relaciona con el neoliberalismo- sin embargo, su intervención directa en la economía sigue desarrollándose. Efectivamente, la espléndida concesión económica a las entidades financieras, en España y en el extranjero, señala, por ejemplo, que el estado no ha, ni mucho menos, abandonado la producción económica. Así, el estado se convierte en un agente económico fundamental: keynesianismo duro.

Pero enlazando con esto va otro punto fundamental como es la política monetaria. Es cierto que la devaluación de la moneda ha desaparecido -excepto en China a través de la conversión del yuan- del horizonte económico de las potencias, pero también lo es que los bancos centrales y sus actuaciones -en términos de tipos de interés y compra de deuda- ocupan un lugar primordial en la economía. Los organismos gubernamentales, globalizados o no, realizan así una política financiera y monetaria de primer orden siguiendo el modelo de Keynes.

Sin embargo, donde sí el keynesianismo ha sido eliminado es en la idea del déficit del estado. Efectivamente, uno de los puntos básicos de la teoría de Keynes era la posibilidad de mantener un déficit público, sobre todo en tiempos de crisis, resultado de esa intervención estatal para reactivar la economía. Pero, por partes. Efectivamente, es importante ver que las ayudas financieras estatales aparentemente no se cuentan en dicho déficit, sino solo los servicios sociales que serán, ya lo han sido, recortados. Y esto es importante porque así la pelea contra el déficit no es en realidad contra un estado económicamente interventor, sino contra un estado como servicio público. Y ya veremos que esto deriva en un punto básico del neoliberalismo. Es decir, no se trata de estar contra el déficit público, sino en contra de que el estado ocupe una parcela de negocio.

Por último, queda por analizar el punto principal de la demanda, el consumo, como base de la economía.

Primero, conviene aquí aclarar un error. El keynesianismo no es lo mismo que la socialdemocracia. Para esta, la idea clave es el aumento del nivel de vida y como consecuencia un aumento de la demanda que activa la economía. Sin embargo, el keynesianismo es distinto: la idea clave es el aumento de la demanda que conlleverá, o no, una mejora en la calidad de vida. Así, el keynesianismo no tiene como condición necesaria el estado del bienestar ni tan siquiera un alto nivel de vida de la población. Efectivamente, puede haber economía keynesiana sin estado de bienestar, EEUU sería un ejemplo, y el nivel de vida no es un imperativo moral sino una táctica para la demanda interna.

Lo que sí es cierto ahora es que en los tiempos de crisis que vivimos, que implican una bajada del consumo, la idea de que la economía dependa de la demanda es un absurdo. Es más, la tendencia a la bajada del nivel de vida en ciertos países de Europa, y con ello de su consumo, y la permanente petición de la oligarquía a la mayoría para que nos apretemos el cinturón parecería indicar que se acaba esa importancia de la demanda. Sin embargo, esto es un error.

Ya hemos tratado aquí este tema de forma más extensa, por tanto presentaremos un resumen. La idea clave de todo esto radica en el volumen de la demanda y su sustitución. Los países emergentes, con China a la cabeza, suman una población tal que con que una décima parte de la misma adquiera capacidad de consumo, es decir: condiciones para una vida digna de subsistencia económica, pueden sustituir con creces a la parte occidental depauperada. Pero además, esta nueva sociedad consumidora sería una clase oligárquica en sus países, frente a la clase popular occidental, y consciente de sus privilegios que apoyaría, sin dudarlo, a la propia oligarquía occidental. Es decir, la demanda no bajaría, incluso aumentaría, y además la homogeneidad de los intereses sociales de los demandantes aumentaría. Y es ahí donde aparece el neoliberalismo.

El keynesianismo no ha muerto, solo se ha transformado. Y lo curioso es que le ha salido un hijo del que maldice pero es un triunfador. Efectivamente, la nueva economía tras la crisis presenta un claro vencedor: el neoliberalismo. Pero lo presenta de forma curiosa. Primero, porque el neoliberalismo no es solo un desarrollo del liberalismo, que lo es al tiempo que su traición, sino que a su vez es una adaptación del keynesianismo al interés de la oligarquía social -nota: por si acaso, ya en este blog hemos negado que se pueda hacer un análisis del capitalismo desde una perspectiva de clases sociales y de lucha de clases-. Y segundo, porque cabe preguntarse si el neoliberalismo es una necesidad del desarrollo del nuevo capitalismo o no. Así, hablar hoy del keynesianismo implica, por la idea de estado como agente económico, analizar el neoliberalismo. Pero eso, otro día.