lunes, noviembre 30, 2009

CATALUÑA COMO FINCA

Lo más interesante del reciente y ridículo editorial que todas las empresas capitalistas –sé que suena mal pero es un recordatorio a esa izquierda nacionalista tan, tan, tan radical- de comunicación escrita catalanas has suscrito unánimemente no es, como cabría suponer a primera vista, su aire de advertencia chulesca sobre que podría pasar si un tribunal se atreve a cumplir la ley.
conviene que se sepa (…) No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad (…) Si es necesario, la solidaridad catalana (sic) volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.

Si bien eso ya sería motivo para que cualquiera con un mínimo de idea de qué es la democracia rechazara el texto, no es, sin embargo, lo más interesante del mismo ni mucho menos. Al fin y al cabo, la oligarquía financiera, recordemos que un editorial es la opinión de una empresa, siempre ha considerado que la ley está a su servicio. Por tanto no sorprende ese aire de ojito dónde os podéis meter.

Qué va. Lo más interesante es sin duda otra cosa de la que poco hemos leído o escuchado en los sin duda sesudos análisis que sobre el texto se han hecho. En primer lugar resulta llamativo el título: La dignidad de Catalunya (sic). En segundo lugar, que va unido a lo anterior pero como causa, resulta aún más llamativo la ola de solidaridad que dicho escrito ha despertado en eso que se llama rimbombantemente sociedad civil: desde el club de fútbol Barcelona hasta un club de excursionistas pirenáicos –tal vez también más que un club-. Todo hasta aquí estaría muy bien. Incluso, si nos dejaramos calar la paleta barretina hasta los ojos, o la boina, podríamos sentir el orgullo de la cohesión social. Pero la cohesión social, al menos eso nos enseñó aquello que en un tiempo se llamaba pensamiento de izquierdas, resulta peligrosa y suele ser una impostura que esconde en realidad los intereses oligarcas.

Retrocedamos un poco en el tiempo. Si ustedes recuerdan los resultados del estatuto en Cataluña (soy simple: a Londres no le llamo London) tal vez venga a su memoria algo interesante: participó menos del 50% de las personas con derecho a voto (es más y me atrevería a decirlo: participaron menos del 50% de los catalanes con derecho a voto). Parecería pues que el tema del estatuto no es una prioridad de la gente que vive en Cataluña. O al menos, no de cierta gente que curiosamente son la mayoría de la población. Pero sin embargo, las dificultades legales del estatuto ha sido el único tema –pues ni tan siquiera el hecho de que más de diez mil niños se mueran de hambre al día o el triplete del Barcelona (tema más catalán sin duda) lo han conseguido- que ha permitido unirse a tanta organización social bajo una misma bandera. Es decir, a la mayoría de la población no parece interesarle mucho el estatuto, pero a eso que se llama sociedad civil catalana, sí. ¿Sociedad civil catalana?

Y es aquí donde comienza el análisis de aquello que antes se llamaba izquierda. Recuperemos la cuestión. Resulta que hay una, aparente, unanimidad entre la llamada sociedad civil catalana en su apoyo al estatuto pero no es así entre la mayoría de la población que ni llegó a votarlo, a favor o en contra, en un 50 %. La cohesión social, ahora que nos enternecía tanta en Catalunya, no parece cierta. ¿Por qué entonces el estatuto sí es (casi) unanimemente apoyado por las instituciones sociales?

La oligarquía como élite con poder tiende a mantenerse a toda costa en cualquier sociedad. Para ello necesita convertir su interés particular -que se limita a su conservación y si es posible su expansión a costa del resto de la población del territorio- ideológicamente en interés general. Hace poco me sorprendí de mañana cuando el locutor de una radio mostraba su enfado porque los intereses españoles en cierto país estuvieran en grave peligro. Casi corro a alistarme, pero hablaba, al final lo dijo, de Repsol y yo, que no soy accionista, respire más tranquilo: debo ser, bueno lo soy, poco español. Del mismo modo, la oligarquía catalana ha convertido Cataluña en su interés, como ya hemos comentado aquí en alguna ocasión. Y así, cuando dicen Cataluña, como cada vez en realidad que se habla de un país, se refieren a su finca.
Pero, ¿por qué a la oligarquía social catalana –esto es: oligarquía financiera, oligarquía social y oligarquía política (incluyendo tal vez a la oligarquía excursionista pirenaica)- le interesa defender el estatuto? Porque se trata, y esa es su gran finalidad, de un marco privilegiado para seguir manteniendo su posición social. Efectivamente, la oligarquía catalana -que no lo olvidemos es junto a la vasca la más perenne de España en su condición burguesa- necesita, ante los tiempos que corren, un espacio protegido, como ya lo tiene la vasca, para poder mantenerse sin problemas. Así, el cierre de fronteras, a través por un lado del monopolio de una lengua minoritaria y local pero que se busca convertir en imprescindible dentro del territorio y, por otro, de una relación financiera privilegiada con el estado, es la mejor garantía de su control social y su consecuente permanencia en el poder. Lo que la oligarquía busca, pues, no es la mejora de las condiciones de vida de la gente que está fuera de su círculo social elitista sino precisamente de reforzar ese círculo para que sea inaccesible a otras élites foráneas. Es la idea que está detrás del parque nacional como conservación de la naturaleza y es eso precisamente el estatuto catalán: una ley de protección de élites ante el miedo causado por el fenómenos de la globalización. Efectivamente, la élite provinciana sospecha, con razón, que la globalización puede acabar con ella –y no seamos ingenuos: no para traer una emancipación sino para ser sustituida por una élite más adecuada al momento- y entonces genera un sentimiento de identidad, es decir, de inmovilidad temporal en lo esencial de la nación catalana y su dignidad, que hace que su propio dominio sea la quintaesencia de la catalinidad. Al fin y al cabo, Catalunya son ellos y su cuenta en euros.

Y por eso, el editorial, recuperando la primera cuestión planteada, se llama algo tan cursi como La dignidad de Catalunya. La élite siente, y lo siente seguramente de buena fe y no por maquivelismo que ellos son Cataluña y por lo tanto cualquier proceso que pueda cercenar, aunque sea mínimamente, su grado de control social implica un ataque a la propia realidad nacional. Así, se mistifican sus intereses particulares en intereses nacionales, ¿se acuerdan de lo de Repsol?, y a partir de ahí ya da igual lo que la gente haya votado o no: su única función, como catalanes, es el asentimiento. De pronto, todo aquello que va contra el interés particular de la élite es anticatalán y todo aquello que defiende su interés es Cataluña, aún más: Catalunya. Es lo mismo, en realidad, que cuando Franco acababa su discurso gritando viva España para no decir, tal vez por modestia, viva yo.

Hay oligarquías que tienen todo el mundo como lugar de esparcimiento. Otras, un parque nacional donde como especies protegidas moran y se reproducen. A veces, solo se habita una diminuta finca, pero el temor a arrancar la valla es consecuente: afuera hay especies que nos pueden defenestrar de nuestra posición relevante en la cadena alimenticia. Por ello, exigen que todo lo que abarque su vista sea suyo y solo suyo, aunque sea poco porque son bajitos. En una escena terrible de El rey León, como terrible es toda la película, un estúpido mono con ínfulas místicas levanta al cachorro de depredador ante los herbívoros y estos, sus futuras víctimas, agachan la cabeza en señal de pleitesía. Solo les falta gritar: visca Catalunya.

lunes, noviembre 23, 2009

COMUNISMO Y PENSAMIENTO TOTALITARIO

A pesar de lo que le pueda parecer a algún dirigente del partido comunista español, el muro de Berlín fue hecho para que los habitantes del este no huyeran hacia el oeste. Así, esto nos permite describir la Europa comunista anterior a la caída del muro como una inmensa cárcel cuajada de dictaduras donde la vida y los derechos humanos no servían para nada. Bueno, excepto quizás para que los miembros de la nomenclatura comunista vivieran mejor. Pero sería ingenuo analizar las dictaduras comunistas como un hecho explicable únicamente por la corrupcion de los miembros de sus partidos comunistas, que la hubo, sino que pretendemos ser radicales. Y por ello pretendemos defender que la explicación última de las dictaduras comunistas está precisamente en el marxismo-leninismo y en la lectura que Lenin y su grupo, no caigamos tampoco en el personalismo, hizo de la obra de Marx.

El sistema comunista, a partir de aquí el término comunista/comunismo significa marxista-leninista y sus derivaciones, es un sistema totalitario. Por ello, entendemos que los individuos viven costreñidos por un poder superior que implica todos los aspectos de su existencia y les impide realizar su vida individual de forma libre. Pero, también entedemos algo más: entendemos por totalitario un sistema en el cual lo prioritario no es lo particular, en este caso social el individuo, sino una estructura superior como el pueblo, la nación, el partido o el estado -y así, en otros artículos hemos defendido como esta es la clave para poder catalogar el capitalismo como sistema totalitario ya que él el individuo solo existe como reproductor de las condiciones del propio sistema económico-.

Empecemos con una cuestión: ¿hay una coherencia en el planteamiento leninista con respecto a Marx? No se trata aquí, por supuesto, de hacer una especie de prueba de pureza sino de algo distinto: ver si lo que Lenin desarrolló tenia o no que ver con Marx. Para ello, lógicamente debemos analizar si hubo algún cambio fundamental, y con ello entedemos que implique que la teoría ya no es la misma y ni tan siquiera derivada, entre las ideas de Marx y las de Lenin. Y ahí encontramos que el cambio fundamental de Marx a Lenin es el cambio en la idea de sujeto.

Para Marx el sujeto revolucionario es el proletariado y lo es no por sus cualidades -ser bueno, ser más inteligente, ser más solidario, ser más guay, ... en definitiva ser más humano que la burguesía- sino porque es precisamente la negación de lo humano. En Marx no hay cántico alguno a la clase proletaria sino que su papel revolucionario es debido a su lugar determinante en la productividad. Así, que el proletariado sea clase revolucionaria no se debe a sus cualidades propias sino a la propia estructura capitalista. Es más, el proletariado no lucha por liberarse a sí mismo sino que, según Marx, su liberación implica la liberación universal que a su vez determinará, por primera vez, la liberación individual. Es, por consiguiente, la emancipación de cada sujeto el auténtico motivo revolucionario. El sujeto revolucionario es, efectivamente en Marx, el proletariado como clase social por la propia imposición capitalista pero es un sujeto negativo porque el auténtico sujeto debería ser el individuo particular negado por la propia estructura capitalista y al que hay que rescatar. Y la organización del proletariado como partido es una forma de acción como podía ser otra: es un oportunismo político: El proletariado se debe constituir como partido político a efectos de lucha y nada más. El partido es un medio, no un fin.

Sin embargo en Lenin es el partido el sujeto revolucionario. Y el propio partido pasa a ser la vanguardia del proletariado. El pártido se constituye así en élite y de forma de organización política, de medio, pasa a sujeto de la historia: se convierte de ser un partido a ser El Partido. Pero además, se pierde la negatividad y la objetividad externa al propio sujeto. Efectivamente, la élite que conforma el partido –si no hay élite no hay vanguardia- no es la negación de lo humano -donde radicaba la revolución del proletariado para Marx- sino precisamente lo mejor, los seleccionados, de la vanguardia histórica: son lo humano en grado sumo. Por tanto, ya no se era sujeto revolucionario por la negatividad –y se dejaba el verdadero sujeto en la individualidad traicionada- sino por la excelencia de ser vanguardia del proletariado: algo que representaba ya la humanidad máxima. De esta forma, el partido como institución adquiría una nueva característica: ser el sujeto histórico del cambio revolucionario.

Así, la lectura leninista se diferenciaba de Marx en dos aspectos cruciales en cuanto a la idea de sujeto: por un lado, se pasaba de la idea de un sujeto negativo, el proletariado marxista que debía cumplir la revolución para llegar a ser sujetos individuales, a un sujeto cargado de plenitud, el partido en Lenin; por otro, se trasladaba el sujeto revolucionario del proletariado al partido como movimiento de élite. Había por supuesto más cambios, alguno fundamental como era la idea de dialéctica, pero políticamente lo básico estaba aquí.

Y aquí estaban las consecuencias. Si el partido era el sujeto revolucionario positivo es decir: la plenitud de lo humano, todo aquello que no estuviera en él era despreciable y un deshecho histórico. Quien no es sujeto es objeto –que era, curiosamente, la crítica que Marx hacía al propio Capitalismo-. Del mismo modo que el cristianismo no había dudado en su beatífica historia en exterminar a aquellos no cristianos, el comunismo pasaba ahora a señalar quienes estaban en lo humano y quienes no lo eran: en primer lugar, los no presentes al partido, por supuesto; pero, en segundo lugar, los propios integrantes desleales del partido. Efectivamente, en aras de mantener la fidelidad al clero, o sea: la disciplina en lenguaje comunista, Lenin creó el llamado centralismo democrático. Este consistía en una aplicación aparentemente libre de la discusión pública. Pero era falso. De hecho, uno de los principios básicos del centralismo democrátio era la libre discusión dentro del partido, imaginemos que se diera, pero no fuera. Este principio aparentemente de libertad era, así, una limitación del principo ilustrado, presentado por Kant, del sapere aude: atrévete a valerte de tu propio entendimiento. Efectivamente, el centralismo democrático permitía la crítica hasta un punto: luego todos a obedecer y, por consiguiente, la autonomía ilustrada y su sapere aude pasaban a ser disidencia. El Partido Comunista decidía, con una coherencia interna, limitar el universo de discurso a sí mismo: era el único sujeto. Y cualquier crítica fuera de él era un crimen y la interna era pura utopía ante el desfile de la propaganda. Y además, si el partido era el único sujeto era posible que para los no fieles, internos o externos, existiera el gulag, la muerte o cualquier elemento de reeducación porque no llegaban, ni tan siquiera, a la categoría de sujetos: eran objetos para el desarrollo histórico prescrito por la élite. De esta forma, Stalin cumplió, ni más ni menos, con la teoría. Y si Lenin no asesinó a más fue porque el sujeto andaba en otros lares y aún no tenía el control absoluto.

¿Luchadores por la libertad? Jamás el comunismo planteó como prioritario la idea de libertad. De hecho, esta fue, como en tiempos de cualquier dictadura, considerada una veleidad innecesaria. El totalitarismo comunista había negado el ser sujeto a todo aquello que no fuera el partido y sobraba, por tanto, en la historia: su vida o su muerte era objeto de la estrategia. Las matanzas de Stalin o Mao, la dictadura cubana o norcoreana no son elementos aislados de una teoría sino que son, eso es lo cruel, la teoría. Son, en definitiva, el comunismo.

martes, noviembre 17, 2009

DESEO DE SER PIRATA

Cuando yo era niño muchos soñaban aún con ser piratas. Parche en el ojo, pata de palo, sable al cinto y botella de ron. Algunos, más finos, queríamos ser corsarios -¿recuerdan el Corsario de Hierro?- buscando sin duda trabajar ya para el estado: luego, acabamos de funcionarios. Pero lo que nos movía, en realidad, era el afán infantil de aventuras. Y, tal vez, que hubiera quince hombres sobre el cofre del muerto.

Me imagino que a partir de hoy, tal vez de antes ya, la vocación por la piratería haya aumentado. Y los niños vuelvan a querer ser piratas. Pero ya no por afán de infantiles aventuras, sino por dos millones trescientos mil euros. Y porque hace tan solo año y medio era un negocio tres veces menos rentable.

Recoger el rescate es, sin duda, un buen negocio en tiempos de crisis.
Pagar un rescate es, sin duda, educación para la ciudadanía.
Y además, con esos precios, yo también quiero ser pirata.

lunes, noviembre 16, 2009

LA PREGUNTA DE LA CIENCIA/24

En esto voy y me entero que mi sobrina de cuatro años, que por cierto cada vez que me ve corre a esconderse en brazos de su madre y hace bien, tiene piojos. Y recuerdo que cuando era niño yo, como todo el mundo, también los tuve. Y sisn embargo, ahora no. Si bien en mi caso es fácil explicarlo por mi varonil alopecia galopante: ¿por qué los piojos van a los niños y no a los adultos cuando se puede presuponer que existen las mismas condiciones higiénicas?

Como siempre, gracias.

jueves, noviembre 12, 2009

LOS OBISPOS Y HARRY POTTER

La Iglesia Católica Romana y española (obsérvese la diferencia entre el nombre propio y el común) ha advertido que los políticos, en particular, y las personas en general que voten a favor del aborto, que apoyen la ley del aborto o que intervengan en un aborto

están en pecado mortal público
no pueden ser admitidos en la santa eucaristía
están en la herejía
están excomulgados
les echarán un conjuro
y sufrirán mal de ojo

Ah no, lo del conjuro y el mal de ojo no. Eso, es verdad, no lo han dicho. Sólo lo del pecado mortal, la santa eucaristía, lo de excolmugados y la herejía: tiempos de ilustración sin duda.
Da tanto miedo…

miércoles, noviembre 11, 2009

UNA RECOMENDACIÓN

Lean esto en el blog de D. Pocholo. De verdad que merece la pena. Y gracias por informarnos ( y también, es de justicia, a los autores del artículo).

lunes, noviembre 09, 2009

ALAKRANA

¿Y qué estará pensando la familia de Miguel Ángel Blanco o la de Ortega Lara al saber que el gobierno, y ningún partido diciendo algo en contra, sí negocia con estos piratas?

viernes, noviembre 06, 2009

BOLSAS DE PLASTICO

Hay indudablemente algo de cierto en el ecologismo. Y hay, también, algo de falso. Lo cierto es que hay que conservar la naturaleza. Lo falso es la causa defendida por los ecologistas por la cual hay que conservarla. Ya hemos hablado aquí de esto y no se trata de repetirse, sino de analizar ahora en concreto un ejemplo de ecologismo falaz en el cual están involucrados no sólo los grupos ecologistas extremos, entendiendo como tales aquellos que sitúan su conservacionismo como una causa última, sino también los gobiernos y las grandes corporaciones económicas. Y cuando se da este coctel, que incluye a gobiernos y corporaciones económicas con grupos ecologistas, cabe preguntarse por qué quienes más contaminan de pronto tienen interés en preservar limpia la tierra.

Hace poco ha comenzado la histeria sobre las bolsas de plástico. Y es una histeria, y una historia, mundial. Evidentemente, las bolsas de plástico son un contaminante y eso resulta indiscutible -Irak era una dictadura y eso era indiscutible-. Pero indudablemnete también hay un montón de cosas que contaminan -Arabia saudí es una dictadura y eso es indiscutible- y ante las cuales no se toma una determinación tan extrema como ante las bolsas de plásticos -Se invade Irak pero no Arabia-. Y la pregunta que surge es por qué para unas cosas tanto ecologismo y para otras, sin embargo, no.

Siempre una respuesta concreta debe ir más allá de su propia particularidad pues sino sería admitir que cada elemento real es independiente, y por tanto libre, de la estructura social de dominación: sería, pues, admitir algo falso. Sin embargo, hay veces que analizar un hecho concreto como tal da pistas sobre esa misma estructura de dominación. Es el camino elegido aquí.

En primer lugar, y para ser justos, la lucha de los gobiernos y asociaciones ecologistas debe separarse en su coherencia: los grupos ecologistas sí son coherentes. No es que tengan razón, no la tienen, sino que al menos muestran una estructura interna no contradictoria en sus planteamientos: prohiben las bolsas de plásticos como prohibirían, si pudieran, los otros elementos contaminantes. Por ello, esta reflexión no va con ellos, ya hicimos la arriba citada, aunque acaso se les pueda aplicar cierta parte.

Luego, resulta curioso que una medida en aras del medio ambiente no solo no reciba críticas de los grandes grupos industriales, los principales contaminadores al tiempo, sino su beneplácito e incluso su aplauso. ¿Por qué? Cabe analizar esta aparenta paradoja. ¿Qué tiene la prohibición de las bolsas de plástico que pueda, por ejemplo, agradar al Carrefour quien se ha convertido en un paladín de la causa? Una sola cosa para él: ahorro e imagen. Efectivamente, calculen ustedes cuánto dinero se acabará ahorrando cada comercio, y se llaman comercio por algo, al no dar bolsas. Así, la medida ecológica acaba siendo de economía empresarial porque resulta un ahorro para la empresa y es bienvenida. Pero además queda ecológico, la palabra de moda ahora que hasta la agricultura, ¡la agricultura!, puede serlo. Y al ser ecológico resulta publicitariamente rentable. La corporación comercial se presenta como preocupada por el medio ambiente, más que por las condiciones de trabajo de sus empleados sin duda, y así gana en un activo empresarial como es la buena imagen. Y todo ahorrando dinero y cargando la buena acción a otros: los consumidores que serán quienes sufran ese hecho.

Pero, hay algo más. ¿Por qué la apoya con beneplácito el gobierno, sea este o cualquiera? España, ni ningún país que yo sepa, ha cumplido con una reducción de los gases de invernadero a la atmósfera. España, y seguramente más países, subvencionan el altamente contaminante carbón (nacional, eso sí, como si ahí no hubiera memoria histórica). El gobierno español subvenciona la compra de vehículos de motor de explosión, o sea: coches, que son productos contaminantes. La agricultura española es un desastre de gestión de agua. Y arde Daimiel, sigue ardiendo. Pero el gobierno español, y de más países, sonríe satisfecho: no habrá bolsas de plásticos. Por defensa del medioambiente que no falte. El chocolate del loro.

Pero ustedes se preguntarán y con razón. ¿No es cierto que las bolsas son contaminantes? Por supuesto, pero lo interesante, como en la guerra de Irak, es por qué ante unas cosas se actúa con tanta contundencia y ante otras se pasa de largo. ¿Respuesta? Intereses económicos. Y hay más, mientras que las bolsas de plásticos se pueden reciclar –desde situarlas en el contenedor amarillo hasta usarlas como bolsas de basura, como hace la inmensa mayoría de los españoles e incluso, guiño a los nacionalistas, los habitantes del estado español- el CO2 del carbón, los coches o la industria, no. Pero primero se acaba con las bolsas que son más malas. Curioso, ¿no?

¿Curioso? No. Sigamos en lo concreto. Ya lo hemos citado: la mayoría reciclamos las bolsas del supermecado como bolsa de basura. Si estas desaparecen, ¿cómo echamos la basura? Respuesta: comprando bolsas de plástico. Cerrando el círculo. Todos contentos en lo concreto porque acaba en que los mas déiles, los consumidores, pagan más y lavan la cara demagógica de los más fuertes. Ni una mención a obligar a dar bolsas mas respetuosas con el medio ambiente a los comercios –me niego a usar el término falso de ecológicas-; ni una mención, curiosa en este país donde cada ratito aparece alguien exigiendo una asignatura escolar, a educar a la gente para que eche sus bolsas en el contenedor amarillo. Nada. ¿Motivo? La oligarquía financiera y política está de acuerdo. –algo parecido, por cierto, a como pasó con la energía nuclear-. Y la causa de que estén de acuerdo es que es una medida que solo perjudica a un sector: los consumidores. A ellos les sale gratis y les da publicidad.

De esta forma, lo concreto está servido. ¿Por qué desaparecen las bolsas de plástico? Porque bajo el imperio del beneficio no interesan.No se trata de nada ecológico, como la invasión de Irak no tiene que ver con la democracia, sino económico. Es pura política empresarial y política: pura fachada que, encima, beneficia. Es, como bien señaló la campaña electoral de Clinton, la economía, estúpido. Es, en el fondo, donde lo concreto se une a la totalidad.

lunes, noviembre 02, 2009

VIDA INTERIOR/37: LOS MUERTOS/ y 2

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.



Y día de las ánimas


"(...) y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza."

Karl Marx, El capital

domingo, noviembre 01, 2009

VIDA INTERIOR/36: LOS MUERTOS/1

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz



Día de todos los santos

"La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un "enorme cúmulo de mercancías"(...)"

Karl Marx, El capital

miércoles, octubre 28, 2009

CENTROS EDUCATIVOS BILINGÜES (No, I don´t)

Es una moda,pero la moda no está exenta en ningún caso de análisis. Parece, en primera opción, algo extraordinario: ¡colegios bilingües! ¿Qué mas se le podría pedir a la educación? Pero como en aquella vieja, y extraordinaria, obra de teatro que es La Fundación, de Buero Vallejo, detrás de las luces se esconde la realidad. ¿Colegios bilingües? Tal vez ahí esté la labor de lo que aún queda en filosofía, en retirar las exclamaciones y poner los interrogantes.

¿Colegios bilingües para mejorar la educación? Empecemos por la pedagogía real, o sea: la que se hace fuera de las universidades. ¿Es posible que los colegios bilingües sean una forma de mejorar la educación de los alumnos, que sería el objetivo último del sistema? Pues parece ser que no. Analicemos esto despacio. En primer lugar vayamos con el profesorado. ¿Quiénes van a dar clase en los colegios bilingües? Aquellos profesores que, lógicamente, se habiliten, es decir: tengan los conocimientos suficientes de inglés. Obsérvese que no hay ningún requisito pedagógico –por ejemplo, ser seleccionados por su valía- sino uno meramente instrumental como es saber otro idioma: pueden dar la clase tan bien, o tan mal, pero eso sí en otra lengua. Es el mismo sistema de las autonomías paletas –saberse el idioma regional como condición indispensable- pero aquí con ínfulas planetarias: saber inglés. Así, el centro bilingüe en ningún caso asegura que los mejores profesores vayan a ir a ellos –aunque acabaran yendo por lo que explicaremos en otro punto-. Pero, ¿y los alumnos? El embrollo promete ser interesante. En primer lugar, el centro bilingüe no refleja una realidad social, en su casa no será común hablar inglés, así que el niño tendrá unos conocimientos de la lengua remitidos a lo aprendido en la escuela. ¿Serán estos suficientes para entender una clase de historia, de ciencias o de tecnología dada en inglés? Parece claro que no. Si hay un 30% de fracaso escolar y un 40% de inadecuación entre la edad y el curso –o sea: de tasa de repetición-, ¿es la solución la enseñanza bilingüe donde el niño encima oirá aquello que ya de por sí en alto grado no entiende en un idioma que encima no controla?

Surge así la sorprendente paradoja de cómo una medida auspiciada especialmente por la derecha, Esperanza Aguirre como paladín, es el mayor triunfo de la basura LOGSE. La idea de una clase de cualquier materia de la ESO dada integramente en inglés implica necesariamente la bajada de los contenidos curriculares de la misma, o sea: la bajada de nivel cultural, hasta aspectos ya bastante ínfimos, que puedan ser explicados con vocabulario y estructura gramatical de nivel bajo en otra lengua. Así, los alumnos que vayan a estos centros recibirán necesariamente menos contenidos, pues el instrumento para los mismos será mas deficitario por su bajo conocimiento frente al español. Sin embargo, y esto es la clave, saldrán sin duda sabiendo más inglés, un saber instrumental, y menos conocimientos intelectuales. Pura LOGSE y como tal puro dislate educativo. Se aprenderá menos, se sabrá menos, pero sabrán decir lo poco que saben en inglés.
Está guay: it´s cool.

Entonces, ¿por qué se abren colegios públicos bilingües? ¿Por qué ningún sindicato ni partido de la autoproclamada izquierda está en contra? Porque hay un contexto social fuera de lo educativo donde sí interesa la educación –en realidad tras lo visto su ausencia- bilingüe.

Por un lado, el profesorado sabe que los alumnos que irán a los centros bilingües estarán más motivados familiarmente y por tanto su comportamiento será mejor que el de los alumnos que no vayan. Al fin y al cabo, el profesorado está harto -aunque eso no quiere decir que sea inocente de una situación a la que se ha llegado por su complicidad- de unos institutos donde reina la indisciplina generalizada y de una enseñanza que las sucesivas leyes educativas han convertido en basura. Y sueña ya con una salida individual a su situación como es la plantilla del bilingüe: un lugar donde poder jubilarse –aunque no pueda dar clase realmente- tranquilo.

A su vez, los padres más preocupados, paradójicamente, por la educación notan como las aulas públicas son cada vez peores y, en cuanto pueden, envían a sus hijos a la concertada. Pero, si hubiera una pública que siguiera la política concertada –o sea: seleccionar alumnos- no cabe duda de que volverían a ella. Así, la educación bilingüe en los públicos realizará esa selección. No es por tanto, como pudiera pensarse, que haya una maldad en padres o profesores al escoger la bilingüe, sino que la propia administración pública -empezando por la autoproclamada izquierda que ha hecho las leyes destructivas y continuando por la derecha de toda la vida que apoya la segregación por principio- les ha empujado a ello. Por supuesto, no son inocentes, ellos mismos han permitido esto con su silencio, pero tampoco son los más responsables.

Socialmente, así, la educación bilingüe funciona. Permite una segregación del alumnado y con ello una tranquilidad para la clase sociales más favorecidas y para el sector del funcionariado. Es, políticamente, perfecto. Además, no produce desafectación entre las clases bajas pues sus hijos seguirán asistiendo a la escuela como siempre para que los padres, que tampoco son inocentes y olviden ustedes el espíritu de caritas, puedan librase de ellos un rato y luego ir a protestar. De esta forma, la educación bilingüe tiene una finalidad última no educativa sino de respuesta a una petición social: la generacion de una doble vía educativa. Por un lado, la enseñanza privada –pura o concertada- y bilingüe pública para las clases sociales sociales más favorecidas que muestran una preocupación por la educación de sus hijos y que conseguirán no mezclarse; por otro, la enseñanza pública pura que será reservada para los alumnos menos motivados y los inmigrantes.

La diferencia fundamental entre la educación pública y la privada no es, como pudiera parecer a simple vista, que una sea gratuita y la otra no, sino algo más profundo. La diferencia fundamental entre una y otra es la función que cumplen y el objetivo que buscan. La enseñanza privada es una enseñanza reservada a ciertas élites, que cumple la función de formar a sus alumnos en cuanto pertenecientes a dicha casta y con el objetivo de perpetuar su poder. Por ello, la enseñanza privada es selectiva, ya sea con un matiz económico, ya sea con un matiz ideológico o bien con una razón del rancio abolengo –como por ejemplo en ciertos colegios privadísimos o en determinadas escuelas inglesas-. Además, la enseñanza privada es una constante en la historia pues la necesidad de educar a la élite va unida al sometimiento social: el conocimiento tiene la función social del control y la dominación de los unos, los letrados, frente a los otros, los iletrados. Por eso, por ejemplo, en toda la historia de la humanidad, hasta la Ilustración, la educación no aparece como obligatoria o con pretensión de universalidad sino como minoritaria: las iglesias en occidente eran mucho más numerosas que las escuelas porque en las primeras se adoctrinaba en la fe de la sumisión y en las segundas se educaba, pero solo a la élite. Sin embargo, la enseñanza pública tiene un doble matiz ilustrado: por un lado, su universalidad compatible con los derechos del ciudadano; por otro, la vieja idea de que la adquisición de la cultura es una necesidad de la emancipación.

La segunda idea, aquella de la cultura, fue destruida por la LOGSE y sus sucedáneos posteriores como la LOE. Pero, quedaba, maltrecha, la segunda. Y para eso, precisamente, está la creación de esa doble vía antes citada donde quienes puedan irán a las escuelas de élites -no por su contenido cultural ya desfasado sino, logsianamente, por el mero hecho de aprender el procedimental inglés y actitudinalmente para librarse de los problemas de indisciplina- y el resto seguirán en la –auténticamente- educación pública, o sea: una educación basura.

My tailor is rich, sin duda. Bueno, también porque yo pago mis trajes.

lunes, octubre 26, 2009

VIDA INTERIOR/35 : RODEADO

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz

He llevado al parque a Ethan Edwards, mi perro, y ahora, sentado en un banco, le cepillo. Luego tiraré sus pelos, no se preocupen, a la papelera que tengo detrás. De pronto se me acerca un trío, pero tampoco se emocionen. Y una señorita, o señora, con gafas de sol me espeta: ¿conoce usted la biblia? Es un libro algo aburrido, sin duda, pero antes de que pueda contestar me vuelve a decir: porque la biblia no se contradice. Y empieza a contarme un rollo sobre que independientemente de que seamos de distinta religion o incluso de que no tenga ninguna todos creemos en algo superior.


Y yo la observo y mientras paso por el lomo de Ethan el cepillo, que en ese momento me interesa más que mi salvación eterna perdida, le contesto: yo no. Y ella se quita la gafas de sol y me mira directamente. Es un truco de marketing, es viejo. Y añado: soy ateo convencido. Y me mira de nuevo y me suelta un panfleto en el cual se señala que la biblia nunca se contradice y que en ella estan todas las respuestas. Gracias, le digo mientras pienso que tiene muchas páginas -demasiadas, le sobran bastantes como buena novela- pero sin embargo no tantas como para responder a todo. Y mi perro y yo nos quedamos de nuevo solos. Solos con nuestra materia que un día nos abandonará. Y será para siempre.

Llego a casa. Y en Público, el diario progre-progre, me entero de que el Consejo Escolar de Cataluña, ¿cómo no puse Catalunya?, quiere cambiar el nombre a la navidad y a semana santa y llamarlas fiesta de invierno y de primavera. Abro El País, el diario ya solo progue, y resulta que un tal moseñor, debe ser más que señor o tal vez bastante menos, critica Hallowen por fiesta importada y pagana.

Esta noche saco al perro con miedo. Bueno él, no es muy valiente lo que me recuerda aún más a mí, siempre lo tiene. Y pienso en silencio: ¿qué será lo próximo? Vivo, sin duda, rodeado de creyentes. Quizás hasta al mirarme al espejo.

domingo, octubre 25, 2009

LA PREGUNTA DE LA CIENCIA/23

Que me pasa algunas veces. Estoy viendo un documental sobre la posible existencia de vida extraterrestre, más en concreto vida inteligente estraterrestre, y sale un físico para explicar que es imposible que vengan aquí naves espaciales extraterrestres aunque viajaran a velocidad luz, porque la distancia se mediría en años-luz y, por tanto según él, sería imposible un viaje de tanto tiempo. Y yo, que sé muy poquito de física, creo percibir un error en su argumento. Es decir, creo que no hay naves espaciales ni nada así en nuestro cielo, pero más por un problema de energía del viaje que por otra cosa, y no por ese argumento de la distancia temporal. Pues, y aquí va la pregunta, ¿no es cierto que si estas naves extraterrestres se movieran a velocidad cercana a la de la luz, el tiempo en ellas trascurriría más lentamente que fuera y, por ejemplo y no rigurosamente, cien años serían para sus tripulantes a lo mejor solo seis meses? O dicho de otro modo, ¿no es este argumento de la distancia temporal, no de la física que es otra cosa, falso?

Pues gracias si responden.

miércoles, octubre 21, 2009

(la nueva) INTERNACIONAL: DEFENDIENDO LA LIBERTAD.

Moratino viajó a Cuba. Después, Moratinos fue a Guinea. Luego, vinieron los dirigentes de Arabia Saudí. Más tarde, Moratinos volvió a Guinea. Ahora, está otra vez en Cuba. Alguno se nos olvida. Se trata, sin duda, de una política por la libertad. Y con grandes frutos.

lunes, octubre 19, 2009

HACIENDO (pequeña) HISTORIA: ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE FILOSOFÍA

Es Shakespeare, sin duda, un autor imprescindible. Alguien capaz de emocionar y de hacer reflexionar. Alguien, a su vez, capaz de escribir esas frases que cualquier otro hubiera deseado haberlas hecho suyas. Son tantas que abruma su número. Y cada una para cada momento de la vida, pero de la vida real y no del simulacro. Nuestro destino no está en la estrellas, sino en nosotros mismos que no somos más que esclavos, dice Casio a Bruto en Julio César.

El otro día, el sábado por la mañana, un grupo reducido de profesores de Filosofía, de la enseñanza pública y de la privada y entre los que me encuentro, decidió dar sentido a esa frase. Y hacer una Asociación de Profesores de Filosofía. Los motivos son varios, pero si me permiten citaré mejor su estatuto para explicarme. Y en él señalan que sus fines son:


a) La defensa de la existencia de materias relacionadas con la especialidad de Filosofía en cada uno de los cursos de Bachillerato y en, al menos, un curso de la ESO. Dichas materias deberán tener un carácter obligatorio y global para cualquier modalidad de dichos estudios.
b) Que dichas materias cuenten con un contenido curricular académico y científico reconocido, huyendo de cualuier particularidad o sesgo determinado ya sea político, social, religioso o de cualquier otra índole y que pudieran convertirlas en elementos de adoctrinamiento.
c) Que dichas materias se ejerzan con una carga lectiva horaria semanal relevante y suficiente para cumplir sus fines.
d) Que los profesionales de la especialidad de Filosofía, tanto en la enseñanza privada como especialmente en la pública, ejerzan la función para la que han sido preparados que es cubrir la docencia de su especialidad y no servir de remedio para cubrir otras docencias que requieren, a su vez, profesionales debidamente formados.
e) Que los alumnos reciban una docencia de alta calidad, con una preocupación por parte de los profesores por sus necesidades, que les ayude no solo a superar el curso de una forma administrativa sino sobre todo a aprender.


Reunirse un sábado es duro. Todo el mundo tiene algo que hacer. Precisamente, por eso nos reunimos ese sábado: porque hay algo que hacer. Y, sencillamente, por eso nos seguiremos reuniendo.

Si usted que lee esto es profesor de Filosofía, puede que le interese informarse. Con gusto le daré dicha información.
Si usted que lee esto no es profesor de Filosofía sepa perdonarnos. Pero, tal vez, tenga hijos o familiares en edad escolar y le gustará saber que aún hay gente rara que se reúne por la educación.

Sí, hay gente rara. Y gente tan rara que busca hacer eso que hay que hacer y no sitúa sólo la culpa de su situación en las estrellas.

jueves, octubre 15, 2009

IMPUESTOS/y 2

En el artículo anterior intentamos precisar nuestra idea de la relación entre el estado y la carga fiscal. Señalábamos allí que la función primordial de un estado era la defensa y desarrollo de los derechos de los ciudadanos e igualmente decíamos que estos derechos eran prioritarios sobre el propio estado y, por tanto, su fundamento moral y no al revés. Así, el estado debía cumplir esta función o dejaría de ser, a todas luces, un estado democrático. Derivando esto vemos como los impuestos son un ejercicio clave para esta situación, pues en ellos el estado se juega su supervivencia económica y poder cumplir su, ideal al menos, función. Y por tanto su acción fiscal nos hará saber si sus dirigentes tienen o no una conciencia democrática de servicio a los derechos o no. Empieza el rollo.

Recientemente, el gobierno Zapatero ha subido de una manera brutal los impuestos. Este artículo, prometido estaba, trata de ello. Pero, comencemos la exploración hacia atrás. Zapatero ha presentado la subida de impuestos como algo necesario para mantener y aumentar, debido a la crisis, la asistencia social en España. Lo interesante de esto es, precisamente, su desenmascaramiento. Y este desenmascaramiento es triple: primero hay que analizar la política fiscal hasta la fecha de la subida; luego, la eficacia de ese estado del que tanto se presume; y, por último la propia subida.

En primer lugar, hay que analizar cuál ha sido la política fiscal del gobierno hasta la fecha en sus dos legislaturas. Esta política ha estado marcada por un hecho común: contentar a dos oligarquías y a un grupo de presión. En España hay tres oligarquías principales: por un lado, la oligarquía financiera; por otro, la clase política profesional; en tercer lugar, que se haya entre medias de una y otra, los grandes grupos de comunicación. Zapatero desde siempre ha tenido buen cuidado con ellos. Los ha mimado pues sabe que ello implica un acomodo en su puesto de poder. Al tercer grupo, los medios de comunicación, lo dejaremos por ahora en cuanto al tema fiscal, por tanto centrémonos en los otros dos. La oligarquía financiera, por supuesto, tributa sin duda en concepto de IRPF y de capital, pero cuenta con un sistema de evasión legal de impuestos: las llamadas SICAV. Tributando al increíble 1%, seguro que dan más al cepillo de la iglesia, las SICAV son el modelo legal de evasión impositiva de la clase alta. Y, sin embargo, el gobierno Zapatero no las ha tocado en toda su legislatura, ni ha salido ni tan siquiera el tema hasta ahora, ni las va a tocar en su reforma. Es decir; la oligarquía financiera mantiene una tributación ridícula frente a la clase media, esa a la que como explicaremos luego Zapatero desprecia, que tributa doblemente por sueldo y ahorro de capital con un mínimo del 18%, pues no participa de las SICAV. Así, la primera oligarquía está salvada antes y ahora.

La oligarquía política es aún más interesante. Nadie, que uno sepa, ha señalado una curiosa coincidencia. Cuando ya hasta Zapatero hablaba de crisis económica sin embargo la oligarquía política periférica, o sea: los políticos autonómicos, aprovechaba para subirse graciosamente los presupuestos, a unos más que a otros eso sí, y lograr así aumentar su cuota de poder. De esta forma, el gobierno se garantizaba el beneplácito de la oligarquía política de los reinos de taifas en que se ha convertido la administración territorial del estado -hasta el ridículo de un PP que clamaba en contra pero no dudaba en coger el dinero y correr luego- con un método simple: comprar su cuota. Hecho este, por cierto, que se repite con el repugnante concierto vasco, igual de repugnante al navarro por cierto, en la actual negociación de los presupuestos donde nadie, excepto UpyD, ha dicho nada en contra. A los caciques de pueblo hay que mantenerles satisfechos, como bien enseñaba la Restauración.

Pero queda un tercer pilar básico que debía ser satisfecho en la política fiscal: eso que se llama la clase popular y que en realidad encubre a determinadas rentas bajas. ¿Cuál ha sido la compra de Zapatero? Es doble: por un lado, los famosos 400 euros y los 2500 de los churumbeles; por otro, toda una parafernalia de declaraciones sobre “ricos” y “poderosos”. Y es esta la parte más triste del artículo pero hay que anotarla. Las clases llamadas bajas no son un colectivo homogéneo. Si situamos el término baja en un mero análisis económico, es decir: sólo en nivel de renta, resultará que entrarían ahí tanto aquellos trabajadores con una larga trayectoria laboral pero con un sueldo miserable, como los parados, que crecen, e igualmente los que tienen un primer empleo escasamente remunerado pero que tal vez no lo necesiten estrictamente para satisfacer necesidades primarias. De todo este conjunto, a Zapatero le interesa sobremanera aquel sector que más precisa de la ayuda, es decir: los trabajadores con amplia tryectoria pero empleo poco cualificado o los parados de larga duración. ¿Por qué? Porque para ellos, las ayudas lineales, que significan más por su escasa renta, generan una idea más allá de la creación, por ejemplo, de servicios públicos. Mientras que una guardería permanece sobre el gobernante y se transforma en derecho, una ayuda económica, como el sobre fuera de nómina en concepto de gratificación con palmadita incluida, va unido irremediablemente al dirigente que la otorga. Es un principio de corte peronista ya usado con el PER y que funciona. Así, la clase subvencionada acaba identificando al sumo dirigente con el, exiguo, subsidio y acaba defendiendo el poder sobre todas las cosas del líder. Sin embargo, las clases con más renta no lo hacen así, pues la ayuda lineal, insuficiente, no es tomada en consideración. De esta forma, las oligarquías, financieras y políticas, y los los lobbys de presión, el granero de votos, no sufrieron los cambios fiscales y tampoco, como veremos, sufriran los cambios impositivos, aunque en el tema de las clases de renta baja eso será solo una apariencia.

Vayamos al segundo pilar, la Administración que se defiende con los impuestos. España es uno de los países de la UE con menos gasto social, algo que no ha cambiado Zapatero. Así, la administración española en cuanto a estado de bienestar es minúscula. Pero además nos podemos preguntar si la administración española es eficaz. Tenemos una educación pública, ya sea básica o superior, ridícula y pésima; un sistema sanitario espantoso; y un sistema judicial que es un desastre. De esta forma, los tres pilares básicos de un estado defensor de los derechos del ciudadano son un auténtico desastre. Así, los impuestos españoles están sobredimensionados de acuerdo a la calidad de servicio recibida, o diciéndolo más claro: la relación calidad/precio es abusiva a favor de la patronal (que es en este caso el estado). Pero, ¿por qué no se arrgla? Porque la autoproclamada izquierda sabe que tocar a los funcionarios implica jaleo sindical, al fin y al cabo los sindicatos son de funcionarios fundamentalmente y ya su única misión es esa, y la derecha ve bien el hundimiento de los servicios públicos y su sustitución por la empresa privada concertada que al fin y al cabo es un lobby que les apoyará. De esta forma, el derecho del ciudadano es lo último que importa y de nuevo la oligarquía, política o empresarial, gana: la administración, directamente pública o subvencionada privada, frente al ciudadano indefenso. Y se repite ideológicamente la vieja y falsa canción: los servicios públicos son gratuitos así que usted se aguanta. Lástima que paguemos desorbitados impuestos por su gratuidad y su pésima gestión.

Y vayamos al último pilar a analizar: la subida de impuestos en sí. Caben dos preguntas ante ello: sobre su necesidad y su justicia. En cuanto a su necesidad, se debe en primer lugar romper la mentira del gobierno: la subida de impuesto se debe a la total bancarrota del estado. Es falso que dicha subida se deba primordialmente a la crisis económica, sino que es producto del despilfarro ya narrado entre graciosas donaciones, impuestos no cobrados y oligarquías autonómicas. Así, la causa de la subida no es externa sino que afecta directamente a la política del gobierno que era imposible de mantener a largo plazo. Pero más interesante aún es preguntarse por qué se suben los impuestos que se suben, indirectos y capital, y no otros, SICAV. Es decir: por qué se perjudica a la clase media y qué tipo de cálculo hay ahí. Y lo que hay es, efectivamente, un cálculo económico acertado para el expolio, un correcto análisis sociológico para el dominio y un viejo prejuicio.

El análisis sociológico guarda relación con el hecho de que las clases medias son las más ideologizadas y, por tanto, aquellas cuya adscripción a derecha o izquierdas, simple pero efectiva para el poder, está más de raíz. Así, Zapatero confía en que pese a todo, y ante el temor de un gobierno del PP, la clase media autoproclamada progresista vuelva a votarle. Porque la baza que se jugará no serán sus resultados sino, otra vez, el temor a que venga la derecha y desmantele el, inexistente realmente, servicio público -del cual por cierto muchos son asalariados agradecidos-. Además, la clase media con más posibilidades de depauperación sentirá, tal y como planea el gobierno, que las medidas sociales no son un derecho sino una concesión de un gobierno concreto por su exquisita sensibilidad social. Así, bien está quitar la limosna de los 400 euros -que volverá merced a IU como caridad cristiana y no justicia social- si a cambio cuando vaya al paro, que irá pues seguirá subiendo- Zapatero me da otra ayuda de algo más de 400 y al mes. Y no importa la justicia o no de esto –es decir: si es un derecho- sino que Zapatero se presenta así como el líder bondadoso que da gracias y no derechos. Lo contrario a un estado democrático.

El cálculo económico es, igualmente, real y astuto. Los impuestos lo pagan los que no pueden evadirlos –y todo lo demás es tontería filantrópica en cuanto a su análisis social-. La propia Salgado reconoció esto cuando aseguró que a las SICAV no se les podían subir los impuestos. Así, las grandes fortunas estarán exentas por siempre, salvo que se ponga un gobierno sin miedo, de pagar impuestos reales pues los medios para la evasión, legales o no, son infinitos. Por eso, de forma realista, sólo cabía subir los impuestos fácilmente adquiribles: consumo y ahorro. Por consiguiente, el gobierno pide un esfuerzo de solidaridad cuando en realidad actúa como el chorizo que atraca al transeúnte a punta de navaja porque no se atreve a atracar el banco a punta de pistola.

Y el viejo prejuicio. Zapatero es uno de los impulsores de la mayor mentira histórica de los últimos tiempos: la memoria histórica. Esta, sin embargo, sería incomprensible sin un viejo prejuicio de la autoproclamada izquierda: la clase media, frente a los trabajadores, es mala. Ese canto a la República como ideal, falso históricamente, tiene una base en esto. Este prejuicio incluso está presente en la propia autodefinición sociológicas de los grupos y así, por ejemplo, los profesores, típicos representantes de clase media, nos referimos a nosotros mismos como profesionales liberales: no lo somos. Se trata, en definitiva, de que si bien económicamente -y de forma falsa en un país que tiene a un 63% de asalariados ganando menos de 1000 euros- todo el mundo se perfila a sí mismo como clase media, las bajas para presumir y las altas para disimular, sin embargo sociológicamente todos se autopresentan como ajenos a la mismas. Y así, en un acto político uno puede exigir un esfuerzo a la amplísima clase media –nota: recuerden lo de los 1000 euros- porque en la opinión pública autodenominada progresista no cala como propio sino como a esos miserables pequeñoburgueses no dispuestos a ser solidarios.

¿Es Zapatero ese tonto que nos quiere presentar la derecha? No. De hecho es seguramente, el mejor político posmoderno que hay actualmente en el planeta. Un miserable moral pero un ejemplo de político. Sin duda.

Y no se quejen, si es que han llegado hasta aquí, ya les avisé de que era un rollo.

lunes, octubre 12, 2009

LOS BLOGS DE MIS ALUMNOS (otra vez)

Tal vez no sirva de nada. Pero uno imagina que es bueno enseñar que la opinión propia es importante y debe ser razonada. Por ello, se pide a los alumnos que tengan un blog en el cual poder realizar esta tarea. No todo internet es messenger, tuenti, facebook y -en otro orden de cosas pues lo anterior es útil- las quedadas universales para el botellón. Hay también un espacio para expresar la opinión personal sobre la realidad. Porque la democracia tiene que ver con esto.

Y una vez más (y qué pesado) mis alumnos abren sus blogs. Antes fue en el Duque de Rivas, luego en el Federica Montseny. Todos ellos están recogidos en la parte de Actividades de La lechuza de Minerva. Ahora, le toca el turno a Las Musas.

Bueno, hasta que me echen.

jueves, octubre 08, 2009

LECCIÓN DE COHERENCIA (sin duda)

Ustedes se acordarán de Educación para la Ciudadanía. Ustedes, sin duda, traeran a su memoria aquellas lecciones de los profesores autodenominados progresistas que la defendieron. Era tan necesaria…

Pues ahora una propuesta: ¿alguien estudiará cuántos profesores de filosofía funcionarios de carrera de los que la defendieron la están dando en los institutos por un compromiso con dicha materia y cuántos con destino provisional o interinos porque no pudieron elegir otra cosa? Imagino, sin duda, que los alumnos de ESO reciben clase de los profesores que defendieron públicamente su presencia. Gente comprometida.

Porque no podría ser, oh no, que no fuera así.

martes, octubre 06, 2009

IMPUESTOS/1

El gobierno de presunta izquierda, ahora que por fin la mayoría se ha dado cuenta de que Zapatero es solo presunción progresista, ha decidido subir los impuestos. Como principio, para ser científicos, deberíamos admitir algo sin apriorismos: subir o bajar impuestos no es bueno o malo de por sí. Lo que se debe analizar es si la subida es justa y consecuente o bien injusta e incoherente. Es decir, lo que se debe plantear es para qué y por qué hay que subir o bajar impuestos. Incluso es más, lo que se debe plantear es si debe haber o no impuestos y qué consecuencias se derivan de ello.

Suena raro la pregunta. ¿Qué si debe haber impuestos? Sin embargo, creemos que la pregunta es pertinente: ¿tiene derecho el estado a quitarme obligatoriamente una parte de mi ganancia o de mi consumo? Porque precisamente los impuestos ni se solicitan, como demagógicamente ha dicho el actual gobierno, ni se piden sino que directamente se quitan. ¿Debe el estado, pues que puede ya está visto, hacer eso? Creemos que ahí está la clave de este embrollo y dependiendo de la contestación a la pregunta la consecuencia será una política fiscal, otra o, también posible, ninguna.

Empecemos a, si me permiten usar una palabra exagerada sin duda, reflexionar. Y reflexionar es, en cierta medida, poner en duda. Y al poner en duda, hay que buscar un fundamento para, aunque sea provisionalmente, construir el edificio de la argumentación. ¿Por qué hay que pagar impuestos? La pregunta también, por supuesto, se podría hacer al revés: ¿por qué no hay que pagar impuesto? La respuesta es larga, así que prepáranse a aburrirse. Porque hay veces que las respuestas mejores no son aquellas directas sino las que precisamente buscan un fundamento que se esconde, tal vez por interés.

En una democracia existen los ciudadanos, eso parece claro. Pero convendría no dar nada por sentado. ¿En qué se diferencian los ciudadanos de los subditos que eran los habitantes de los reinos anteriores a la revolución burguesas? La respuesta es histórica y es social: en la idea de derechos. Efectivamente, un factor fundamental de la revolución francesa, si bien no el único, es la idea de que el ciudadano tiene unos derechos por el hecho de serlo. El siervo, sin embargo, vive de la gracia de su señor que le concede o no prerrogativas. Ello conlleva una muy distinta consideración en la idea de estado. El estado no democrático, donde sus integrantes no son ciudadanos de pleno derecho, puede o no hacer valer ciertas acciones a favor de sus súbditos, pero es una gracia concedida y, por tanto, no pertenece a su propia esencia aunque las gracias concedidas sean muchas. Sin embargo, el estado democrático tiene como uno de sus fundamentos la defensa de esos derechos ciudadanos, no como asistencia caritativa sino como obligación política y moral. Así, el estado democrático solo es tal, es decir: democrático, si resulta efectivo en la defensa de los derechos del ciudadano y por eso la teoría democrática defiende un estado limitado en su poder, por ejemplo con la división de poderes o la libertad ideológica, pues el derecho del ciudadano es preferente sobre el derecho de estado. Y esta diferencia, aparentemente tan abstracta, es clave para los impuestos.

Pero, ¿qué tiene que ver la teoría sobre el estado democratifco –en concreto sobre su deber ser, pues otra cosa es que sea así realmente- y los impuestos y su subida? Pues, consideramos, es la clave de todo este embrollo. Y para solucionarlo cabe hacer una cosa. Primero, analizar brevemente, que se me duermen, la idea de derecha y autoproclamada izquierda sobre el tema. Segundo, ver, en nuestra opinión, por qué el estado puede y debe tener impuestos. Y tercero, analizar ya, desde esa perspectiva, si la subida de Zapatero es justa.

Para la derecha caben dos respuestas sobre el asunto de los impuestos. La liberal auténtica, muy escasa a pesar de todas esas tonterias del pensamiento único y demás, cree en la existencia de un estado mínimo cuya única función es la seguridad. Por supuesto, esto se expone de acuerdo a criterios de libertad individual y falta de coacción pero el hecho de que sea la seguridad pública, y no la educación o la sanidad, el resguardo del estado presenta la idea de una ideología de dominación: el orden público acaba siendo un asunto del mantenimiento del status quo de la oligarquía. Así, el pensamento liberal auténtico, aparentemenete tan amante de la libertad, lo que acaba defendiendo es una dictadura social de facto de la oligarquía económica que busca en el estado su fuente exclusivamente represiva para sus intereses. Pero, no nos engañemos, esta idea es mínima entre la derecha ya que implica, también, un esfuerzo teórico que no se está dispuesta a hacer. Pues la que prima, y Esperanza Aguirre sería un ejemplo, es la de un estado contratista de lobbys. Efectivamente, para la derecha actual los derechos ciudadanos son coartadas de un estado que a través de contratos millonarios –defensa en EEUU, sanidad y educación en España, siempre más provincianos- genera una red de clientelismo político y económico. Por eso, la derecha siempre puede bajar impuestos, especialmente los directos pues los indirectos o los sube o los mantiene, pues las empresas contratadas para cubrir la ausencia de un estado fuerte -en España la Iglesia Católica en educación, por ejemplo- pueden hacer un dumping social en relación a la administración pública haciendo que sus trabajadores cobren menos y trabajen más horas y resulten por ello más rentables. Pero precisamente en esa rentabilidad a costa de sus empleados se demuestra la idea que la derecha tiene de los derechos ciudadanos. Y además, al situar servicios privados subsidiarios, para los que no pueden pagarlos, y servicos privados principales, para aquellos que sí, niega de hecho que los ciudadanos tengan derechos, pues vincula el ejercicio fectivo e igual de los mismos a la producción de una renta determinada, es decir: a poder comprarlos.


¿Y la autoproclamada izquierda? Su idea de impuesos y estado es curiosa, cuando menos. Por una lado, está la idea de los impuestos como una redistribución de la riqueza y por otro, el estado asistencial. Ambas ideas parecerían progresistas, pero, sin embargo, son falsas fundamentalmente por sus consecuencias. La idea de la redistribución de la renta es una idea según la cual los impuestos lo que pretenden es crear una justicia distributiva de acuerdo a un principio de igualdad. Sin embargo, la idea parte de una peligrosa concepción del estado: el estado como Robin Hood justiciero a posteriori. Así, el estado se transforma ya no en un garantizador de derechos, sino en un guardián cargado de una ideología concreta que, sin embargo, no aplica: la redistribución nunca afecta a la política económica estructural previa al impuesto sino a posteriori, sobre la renta ciudadana. De esta forma el estado de izquierdas –uy, de izquierdas- parece no preocuparse de cómo se consigue esa diferencia que luego busca subsanar y es ahí donde se destapa ideológicamente. En realidad, compra el silencio pues el estado deja de intervenir en las relaciones sociales donde tal vez los derechos ciudadanos estén en juego a cambio de su afán recaudatorio. No se trata ya de garantizar, por tanto, los derechos básicos, donde el estado sería subsidiarios frente a ellos, sino de situar al estado como protagonista social pero a posteriori de la acción económica. Por ello, una cosa, la redistribución que nunca se da, lleva aparejada la idea del estado asistencial que consiste en un ente que ya no actúa de acuerdo a derechos de los ciudadanos, sino al libre arbritrio de su buena voluntad. Por eso, este estado, como es la idea de Zapatero y cada vez más creciente entre la izquierda, se acaba convirtiendo en un “papá estado” que cuida de los individuos pero al precio, carísimo, de su conversión en gran hermano. Y aquí se vislumbra el sentido autoritario que del estado tiene la izquierda, pues no es la garantía del respeto a los derechos ciudadanos lo que marca su acción sino la gracia que el propio estado se concede para actuar. Y ello queda claramente reflejado en como la izquierda nunca señala como prioritaria la eficacia de dichos servicios estatales –lo que implicaría a su vez tocar a la casta funcionarial- sino su gratuidad como si la misma no fuera en realidad el pago por adelantado que los propios ciudadanos han hecho para garantizar sus servicios. Así, tanto énfasis en la gratuidad y universalidad señala la idea de una autoproclamada izquierda que considera el servicio público como si fuera una gracia concedida y no un derecho: no os quejéis, es –falsamente- gratis. Y el estado así se aroga el derecho de su concesión sin necesidad de esgrimir a cambio eficacia alguna.

Pero entonces, ¿impuestos para qué? Precisamente lo que decíamos al principio viene ahora a juego. Si los ciudadanos tienen derechos por el hecho de serlos resulta una consecuencia lógica que el estado sea el encargado de llevarlos adelante. Es decir, la función del estado es subsidiaria a los derechos del cludadano y él mismo se haya no como un ente del cual deben emanar estos derechos, sino como un ente cuya función, no tal vez la única pero sí una de las primordiales, sea no sólo la defensa sino el desarrollo efectivo de los mismos. Así, la finalidad de los impuestos es precisamente esta: generar derechos. Efectivamente, un estado democrático debe tener impuesto precisamente en cuanto una de sus funciones esenciales es desarrollar realmente los derechos de los ciudadanos a través de la creación de una serie de recursos que sostengan dicho desarrollo de los derechos. ¿Y por qué la gente debe pagarlos? Porque el mismo hecho de tener derechos de ciudadano lleva aparejado reconocer los derechos del otro por ser a su vez ciudadano y, por tanto, no la tan cacareada y en fondo cristiana solidaridad sino la justicia social. Ser ciudadano no es solo un derecho, es un deber e implica la obligación de garantizar los derechos de los otros. Y una forma de ello, no la única claro está, es pagar impuestos.

Pero, ¿y la subida de Zapatero? Les avisé que se iban a aburrir. Pero no les dije que en dos partes. Perdonen.

viernes, octubre 02, 2009

LA ESPERADA DECISIÓN: TONTO DEL VERANO 2009

Por fin hemos salido de la incertidumbre. D. Imperialista ha dictado, y como es habitual en él cuando se trata de este concurso, sentencia justa. El Tonto del Verano 2009 es el obispo,igual es más, Martínez Sistach, quien tan vociferante estuvo ante los fichajes del Real Madrid y tan callado ante las también multillonarias compras del Barcelona. Por cierto, el individuo es, ya lo habían adivinado, arzobispo de Barcelona (¿será más que obispo?).

jueves, octubre 01, 2009

SOLICITAR A LA AMPLÍSIMA CLASE MEDIA

Que es este, sin duda, el peor gobierno de la democracia creo que no cabe la duda. Que además de inútil es un gobierno con un grado general de cinismo sin precedentes, pues los anteriores podían ser cínicos pero concretando temas, es también, me parece, claro. Que Elena Salgado es una inútil, evidente. Y que son unos miserables, claro.

Recientemente, y tras negarlo por todos lados, la vicepresidenta económica ha dicho que la subida de impuestos, el lunes espero hablar de ella, recairá en la amplísima clase media. Y el problema es ahora saber, una vez eliminados los poderosos y las SICAV, qué es la amplísima clase media que va a pagar el desastre de gestión –y no la crisis, como se nos quiere presentar-.
Porque si resulta que la renta media de un hogar español es de 24.500 euros (en 2007), hay más de cuatro millones de parados y un 63% de los asalariados cobran menos de 1000 euros: ¿dónde está esa amplísima clase media?

Pero además, lo interesante de todo es cómo se emplea el eufemismo. Hoy mismo, el diario El País, enfadado tras la TDT de pago que esta vez no les benefició, se burlaba del gobierno por ello. Pero le faltaba algo: el empleo general del gobierno de la palabra “solicitar”. Y así solo cabe la pregunta: ¿nos lo solicitan o nos obligan?
Espero ansioso a un fiel militante socialista, pues sé que los hay que aún piensan y están avergonzados, o a uno de esos que antaño tanto defendían a Zapatero para que haga pedagogía. Sería tan bonito.

lunes, septiembre 28, 2009

ELOGIO DE LA BUENA EDUCACIÓN

Voy en el metro sentado. Entra una señora a la que le asoma una tripa prominente. Surge el dilema: ¿está gorda o embarazada? La cuestión parece tonta -hay sin duda otros más importantes como: ¿por qué algo en lugar de nada? o ¿ser o no ser?- pero es duro. Si está embarazada y me levanto actúo de forma tal que ayudo al otro; si me levanto y, sin embargo, está gorda, al cederle mi asiento le hago saber que su tripa me ha hecho creer que está embarazada. Y seguramente eso la humille. Quizás todo este problema suene a ridículo. Quizás sea un estúpido síntoma de pensar en el otro. Es, en definitiva, la buena educación.

La buena educación es efectivamente pensar en el otro. La cortesía consiste precisamente en ser capaz de comprender que existe alguien más que uno mismo y que en ese existir no solo está implícita su individualidad sino también la nuestra. Nos preocupamos por él y hacemos algo por él: dejarle pasar, prestarle la chaqueta, levantarnos del asiento,… No es desprenderse de uno mismo, lo cual sería profundamente reaccionario pues el yo es una conquista para la emancipación, sino algo mucho más racional y progresista: es dotar al extraño de un yo de forma independiente a nuestros pensamientos sobre él e incluso a nuestro conocimiento sobre su persona. Quien está bien educado, quien tiene cortesía, se preocupa del bienestar del otro en la situación social concreta en que se hallan dando así pie a su reconocimiento como sujeto.

Pero, ¿no es la cortesía un principio de dominación social? ¿No es la norma de urbanidad una negación de la espontaneidad de las relaciones humanas -ah la espontaneidad tan querida por los animales- y un principio de desigualdad?

Comencemos por la desigualdad. Precisamente la buena educación, la cortesía, es un principio básico de igualdad pues concede al otro un estatus de importancia tal que implica cuidar nuestros propios actos por él y hacia él. La persona cortés considera tan importante al otro que incluso está dispuesto a realizar actos gravosos para él mismo, y a mi edad ya me cuesta levantarme en el metro, y a favor de aquel desconocido independientemente de su categoría social. Y en esa independencia de la categoría social se distingue la urbanidad del protocolo. Las sociedades donde las divisiones sociales establecen rígidos grupos de separación, como las castas indias o la sociedad estamental, presentan esa misma división en la cortesía: no se trata a todos los miembros de la sociedad como iguales sino a través de reglas, un protocolo, que lo que buscan precisamente es distinguir a sus miembros y dejar claras las diferencias. Hay así unas normas para los poderosos, que deben ser tratados mejor y con más respeto, y otra para los socialmente débiles, que pueden ser tratados como casi animales. Esto se vería reflejado, por ejemplo, en el amor cortesano donde las aristócratas son princesas y el resto de las mujeres son chusma o piernas abiertas, algo de esto sabe El Quijote. O en el magnífico discurso en que Patrice Lumumba, luego asesinado, señalaba la diferencia en el uso entre el tú (para los negros) y el usted (para los blancos) en el Congo. Y así, de hecho, la persona bien educada no se descubre en el trato al superior jerárquico social sino, precisamente, cuando se relaciona con individuos que desarrollan en su trabajo una posición de servicio hacia él: en el bar con el camarero, con la dependiente de la tienda o con la persona que, por ejemplo, le limpia la casa. No es el usted y el tú, sino la igualdad en el respeto. Así, lejos de ser como pretendió cierta izquierda un principio de estratificación social la buena educación es lo contrario: es un principio de igualdad. ¿Por qué? Porque la urbanidad auténtica es el trato igual más allá de las diferencias que la división social del trabajo ha generado entre los individuos. Y existe, al tratar así, la idea latente de que el sujeto es más que su condición social concreta.

Pero, ¿no es la cortesía una hipocresía social, una perdida de autenticidad en las relaciones? Sin duda, la autenticidad está excesivamente sobrevalorada. Y la gente tiene una, cuando menos, muy condescendiente imagen de su propia personalidad. Tan condescendiente es esta imagen que cree que su forma de ser sería más agradable para todos, y no solo para aquellos que eligieron ser sus amigos, presentada tal cual que mediada tras las normas de urbanidad puestas para el trato. Y en esta creencia late el egocentrismo adolescente. El sujeto que actúa así, siempre de forma auténtica y que se debe definir socialmente como el pesado o el imbécil, busca imponer su propio yo sin respetar el derecho de los otros a no vislumbrarlo. Porque hay que respetar que a los otros no les interesemos. Es decir, falta al respeto. Efectivamente, la invasión de la esfera privada del otro -que pasa desde el tuteo masivo en cualquier circunstancia social, y esto se ve en el spot televisivo como ejemplo máximo donde todos somos ya colegas, hasta contar a desconocidos todos los aspectos de la vida privada- no es sino faltar al respeto que merece todo el mundo en cuanto preservar una faceta de su intimidad como propia y solo darla a conocer a aquellos a los que se desea. Así, detrás de aquel que habita en la autenticidad está el egocéntrico: su yo se considera tan importante que a todo el mundo debe interesar. Sin contar, precisamente, con el deseo de todo ese mundo tan ajeno.

Hay una historia que suelo contar y que unos atribuyen a Alfonso XIII y otros a algún otro personaje histórico. Se cuenta que en una comida con alcaldes de pueblo, y lo que aquello significaba entonces, de primer plato se puso marisco y al acabar sirvieron a cada uno un cuenco con rodajas de limón para limpiarse los dedos. Y, al parecer, uno de aquellos individuos ni corto mi perezoso cogió el cuenco, lo acercó a los labios y se lo bebió creyendo que era otro plato. Las risas comenzaron a aflorar: tan ridículo. Y aquel anfitrión, para unos Alfonso XIII para otros cualquier otro porque no es de buena educación alardear de lo que se hace bien, cogió su cuenco y también lo bebió obligando así a los que se reían a hacer lo mismo por servilismo. Ese es la buena educación: pensar en el otro.

domingo, septiembre 27, 2009

V de VENDETTA

Un recuerdo. Era el nueve de marzo de 2009. Decía yo hablando sobre las empresas y el paro en España:
Pero el problema surge de que en el juego de alianzas inherente a esa situación unos siempre ganan, pues tienen más fuerza, y otros pierden. Y ya el BBVA ha conciliado la postura de los dos grupos más fuertes: bajar las cotizaciones sociales al empresario –¡yupi!- y subir el IVA, el impuesto indirecto por excelencia, para beneficiar a la clase política –¡que guay!-. El perjudicado queda claro.


Ahora dice el gobierno esto: el IVA subirá dos puntos, las cotizaciones de las PYMES bajarán en cinco puntos.

Y vuelvo a decir yo. ¿Todos esos que me decían indignados que yo era un fascista y que Zapatero era de izquierdas, reconocerán ahora su error?

Por cierto -y esto quizá es lo más importante de este escrito- gran película, mejor que el cómic sin duda, V de Vendetta.

lunes, septiembre 21, 2009

EL UNIFORME O LA DIVISIÓN SOCIAL DEL TRABAJO

La selección de baloncesto gana el Europeo. Y el rey les recibe. Y como mandan los cánones en los bailes de disfraces, cada uno acude vestido paradójicamente de los que es. Los superiores con traje y corbata. Los medios, en mangas de camisa. Y los jugadores, pues eso, de jugadores: con chándal. ¿No tienen traje?

Recientemente se presentó Cayo Lara ante el rey. Iba sin corbata porque para algo, imagino, él es de izquierdas: iba también de uniforme.

Voy al instituto siempre en traje y corbata. No sé, igual soy el único que no va de uniforme. O igual es solo un uniforme más elegante.

viernes, septiembre 18, 2009

AGAMENÓN O SU PORQUERO

Aquí no somos muy amigos de Esperanza Aguirre, personaje siniestro donde los haya, pero nunca hemos dicho que sea tonta. Como Zapatero, es sólo miserable. Su reciente propuesta de convertir a los profesores en autoridad pública está cargado de razón. Que la autoproclamada izquierda, la misma por cierto que ha destrozado lo que podía haber sido la educación en España, se meta con ella incluso debería ser un argumento a favor de la lideresa ( en autoproclamación).

Sin embargo, que un amplio grupo de periodistas tertulianos consideren que ese reconocimiento de autoridad -que aunque necesario sólo serviría para procesos judiciales en cuanto a mayor pena por agresiones o, algo aún más necesario y menos publicitado, que el testimonio valga más en juicio- es un remedio para la educación española, y en concreto para el problema real de la disciplina en los centros escolares, sólo demuestra su ignorancia del problema y, paradójicamente, el porqué les pagan para (uni)formar opinión pública. Los males de la educación tienen, en realidad, más que ver con una gestión administrativa de la enseñanza, de la que por cierto la lideresa debe estar muy orgullosa pues hace poco les subió el sueldo a sus directores de centro escolar mientras exigía la congelación del sueldo del (resto) funcionariado, que de leyes, necesarias repetimos, que sólo poseen ámbito judicial. Pero por supuesto ni la derecha real ni la autoproclamada izquierda tienen interés en esto.

Hay un dicho clásico: la verdad es la verdad la digan Agamenón o su porquero. Y aquí pretendemos un compromiso con la verdad. Por eso consideramos que la ley que promueve Esperanza Aguirre es buena y mostramos nuestro apoyo. Sin embargo, dudamos que Aguirre se reconozca en un porquero –ossssea, no-. Así que es bueno recordar que el mismo Agamenón sacrificó a su hija Ifigenia por la gloria.

miércoles, septiembre 16, 2009

LIBROS DE TEXTO: EL ROBO QUE NO CESA

Comienza el nuevo curso escolar, que me lo digan a mí, y los padres corren a gastarse, o a gastárselo el estado a través de subvenciones, una vergonzosa cantidad de dinero en unos libros de texto que nunca volverán a ser releídos. Ante este hecho de asalto a las economías, tal vez robo a mano armada, cabe al menos un análisis sosegado, o sea que se aburrirán. Pero es un tema, creánlo, más serio de lo que parece.

La primera cuestión sobre los libros de texto debe ser sobre su utilidad o inutilidad educativa y su eficacia. ¿Son útiles los libros de texto para la educación? ¿Son útiles a ese escandaloso precio? La utilidad es un concepto confuso en abstracto, siempre debe pues trasladarse a lo concreto. Y para ello lo mejor es referirse a los componentes de eso que de forma cursi se denomina comunidad educativa.

Empecemos por los profesores. ¿Por qué los profesores mandan libros de texto? Parece claro que debería formar parte de la labor docente el generar materiales propios y personales para dar las clases. Ello es así porque se supone que es el profesor quien mejor conoce qué deben saber sus alumnos, la selección y forma del currículo oficial, y como adaptar esta selección. Así, la creación de un material curricular propio debería, pues se puede presuponer que el profesor sabe qué necesitan sus alumnos mejor que una editorial ajena, ser un hecho incluido en la tarea docente. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, la inmensa mayoría del profesorado prefiere, y ha preferido, mandar un producto estándar de dudosa valía para el alumnado concreto.

En segundo lugar, estarían los alumnos: ¿necesitan un libro de texto? Normalmente se sule responder a esta cuestión con algo real: los alumnos necesitan un soporte ya establecido sobre el cual comenzar. Es, generalmente, cierto. Sin embargo, que los alumnos necesiten un soporte no implica que el origen de ese mismo soporte tenga que ser un libro de texto pues bien podría ser el propio material del profesor colgado, por ejemplo, en una página web. Así, el alumno tendría ese material, pero al tiempo lo tendría gratis y adaptado a sus condicones. ¿No sería más eficaz tanto en su cuestión pedagógica como económica?

En cuanto a los padres está claro. Si resulta mejor la adaptación del propio profesor en sus apunte propios y además es gratuita, ¿para qué libros de textos?

Pero, ¿por qué entonces los profesores mandan libros de texto?

La respuesta tiene varias variables. En primer lugar, por supuesto, está la vaguería pura y dura: es infinitamente más cómodo mandar un libro de texto que hacerlo. Pero esta vaguería bien podría ser a priori o sobrevenida. Por supuesto, hay un tanto por ciento de funcionarios que son unos golfos auténticos, como en cualquier otro trabajo. Pero para aquellos que han llegado a la comodidad sobrevenida se debe analizar sus causas. Y el problema es que las causas son estructurales.

Como primera condición estriba el hecho de que en la función pública en general, y la docente en particular, trabajar más o menos da lo mismo absolutamente. No existe ningún tipo de incentivo, ni económico ni profesional, que motive a un perfeccionamiento de la propia tarea. Hacer apuntes cuesta esfuerzo, incluso vacaciones de esos tres meses que disfrutan los profesores -o al menos el sector que no usa dos para trabajar-, y el hecho cierto es que es más cómodo no hacerlo. Si ese esfuerzo no recibe reconocimiento alguno lo que acabará resultando será que nadie lo haga. Además, si la editoriales comienzan a regalar ordenadores y otros aparatos informáticos como ya hacen a los profesores por mandar sus carísimos libros, un escándalo del que nadie habla, el que siga manteniendo sus apuntes es idiota integral.

Pero hay más. Como la movilidad es una característica típica de este trabajo, un año se está en un centro y otro en otro, y el nombramiento de dicho puesto se da a finales de julio, es imposible que el profesor sepa qué materias va a dar hasta, como mucho, una semana antes de empezar el curso en septiembre. Así, lógicamente, uno se puede haber preparado un curso en verano y encontrarse con otro en septiembre. ¿Solución? 30 euros para los padres.
¿Y en la privada? La presencia de libros de texto es un negocio a priori: o bien el colegio manda una única editorial, que a cambio les premia, o bien él mismo vende los libros sacando un porcentaje. El profesor, por tanto, es el último en la elección.

Es falso, por tanto y a pesar de las apariencias, pretender que la culpa máxima es de los profesores, aunque culpa tienen. La privada es empresa para todo, incluido para explotar a sus trabajadores, y es la propia administración la que ha generado, con su desastre de gestión, el problema en la pública. Al fin y al cabo, sin ningún incentivo para producir su propio material curricular, ni económico ni de promoción, con el hándicap añadido de no saber hasta una semana antes que cursos dará y con los apoyos materiales que las editoriales dan a los profesores, o sea los regalos, el profesor que tiene sus propios materiales o es un idiota o no tiene vida propia –mi caso es el segundo, aunque no descarto el primero-.

Pero, ahora viene la otra pregunta: ¿por qué la administración pública no va en contra de una medida que le cuesta millones de euros en becas o material gratuito al año y que se podía ahorrar con algo tan simple como apoyar el material propio de sus profesores? ¿Por qué las asociaciones de padres como CEAPA, la autoproclamada progre, y CONCAPA, la de la derecha de toda la vida, no claman al cielo ante este hecho y sólo piden más becas o material gratuito, es decir: gasto público a favor de empresas privadas prescindibles? Tal vez la causa esté en que la administración pública, tan fiel a sus lobbys según vista a la derecha o vista a la izquierda, no se atreva a actuar con un negocio tan floreciente que implica a una clientela cautiva aunque entre esa clientela esté ella misma. Efectivamente, si ustedes revisan los grandes grupos editoriales educativos -¿educativos?- en España notarán que no falta de nada: multinacionales –Anaya, por ejemplo-; autodenominados progresistas –Santillana del grupo PRISA, por ejemplo-; y, por supuesto, la mayor industria educativa -¿educativa?- de este país, la Iglesia Católica –con SM, por ejemplo-. Así, el espectro poítico con poder de decisión está dominado de forma clara: vista a la derecha o vista a la izquierda. Por supuesto el futuro, no crean, es que el estado pague también los libros de texto a través de algo así como una ley autodenominada progresista o de apoyo a la familia, depende si es del PSOE o del PP, que solo favorecerá a esos grupos de presión pero que sin duda será presentada como democrática, solidaria y toda esa ñoñería.

Acabo de llegar a un nuevo instituto porque me tuve que ir, ¿o me echaron?, de aquel en que estaba fijo. Los profesores anteriores, que no podían saber si iban o no a repetir en el centro, pusieron sin embargo libro de texto para el nuevo curso: eso que no falte. Yo, imagino que ya saben, tengo una página web gratuita
-pringado, que eres un pringado-
desde la cual mis alumnos se descargan los apuntes. Ya no podrá ser, porque ahora no puedo decirles a gente que se ha gastado 30 euros en un libro de texto
-pringados también-
que no vale para mis clases.

La educación siempre gana. Ya saben.

domingo, septiembre 13, 2009

UN HOMENAJE (pequeño, pronto vendrá otro grande) A LA CIENCIA

Corren malos tiempos para la investigación científica. Son tiempos de mito, de ñoño ecologismo -hay uno verdadero- y de pijos verdes. Al fin y al cabo, es fácil concebir la naturaleza como una madre cuando se vive de la tecnología y se graba el mundo salvaje con el iphone.
Norman Borlaug era un científico. Y muy serio. Logró que más gente comiera en el mundo mejor y más abundante comida de la que nunca hubo sobre la tierra.

Hoy en día, cuando se discute en sí mismo el transgénico -otra cosa es discutirlo en sus condiciones de uso de mercado capitalista concretas- o se cierran plantas nucleares mientras se siguen abriendo aquellas basadas en petróleo y gas, es bueno recordar que la técnica es, también como el arte y la filosofía, esencialmente humana. Y que la ciencia, como el mismo arte y la filosofía, es el máximo ejemplo no sólo de la racionalidad sino de aquello que debe considerarse como emancipatorio.

Norman Borlaug ha muerto. Y para siempre –desterremos otro mito-. Pero deberíamos hacer algo para que la idea de que lo racional debe guiar nuestro pensamiento no muera, y para siempre, con él. Porque lo racional y lo emancipatorio van juntos. Y así, esto es solo un pequeño homenaje.


Nota: el vínculo al nombre del Sr. Borlaug ha sido cambiado por uno nuevo que creemos explica mejor su labor.

viernes, septiembre 11, 2009

ALGO DE COHERENCIA

Hoy imagino que todo el gobierno catalanista y de izquierdas -eso que no falte- esperaba lo de siempre: a los paletos aplaudiendo. Sin embargo, se le han presentado trabajadores víctimas de las ERE. Lo curioso del caso es que IU y el PSOE los utilizaron aquí en Madrid, esa es la palabra, contra el repugnante gobierno, la palabra es repugnante y no gobierno, del PP. Entonces estaban CCOO y UGT. Hoy, curiosamente, no. Entonces estaba la autoproclamada izquierda orgullosa, hoy veremos: esperamos heroicas reacciones.

Ya saben, gobierno catalanista y de izquierdas.
Y sobre todo, coherencia.


miércoles, septiembre 09, 2009

VIDA INTERIOR/34: UNA DESPEDIDA

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz

John Wayne, en Centauros del desierto, de John Ford (1956)


Último día en el instituto Federica Montseny, de Fuenlabrada. Fui a firmar actas. He podido despedirme de gente que ha cumplido con su trabajo. No he podido despedirme, porque no la he visto, de gente que cumple con su trabajo.
De otros, no me he despedido.
Pero lamentablemente no me he podido despedir de los alumnos de una forma definitiva. Que esto sirva de despedida.
Y ahora a estudiar. Y a cumplir con el deber (al fin y al cabo, Kant siempre vive).


viernes, septiembre 04, 2009

MIL CIEN

El discurso político se divide tradicionalmente entre derechas e izquierdas –aunque casi todos en la cotienda electoral sean de centro-. Nosotros sin embargo, y no solos, hemos defendido que la politica profesional ha generado una oligarquía que ya lo único que busca es perpertuarse al margen de las ideologías: mantenerse en el poder por miserable que sea este. E incluso hemos defendido algo más: que este proceso es independiente a la voluntad de los individuos como elementos aislados que participan de la política profesional. Por supuesto esta hipótesis hay que demostrarla.

En ciencia existe el concepto del experimento crucial: consiste en generar o esperar que ocurra una situación que o bien demuestre que la teoría es falsa o bien, al predecir lo que iba a ocurrir y que esto acontezca, verdadera. Hay un ejemplo famoso con el descubrimiento de Neptuno. Hay otro con la relatividad. En nuestra pequeña hipótesis sociológica sería que un hecho social relevante por su importancia en cuanto a indicador de la situación del país no tuviera la repercusión que se merece.

El hecho de que a algo no se le preste atención puede deberse a dos motivos. Tal vez, no sea importante. Pero, también, tal vez no interese que sea importante. Es decir, no siempre es el objeto el que prescribe su propia importancia sino que hay veces, muchas, que es el propio sujeto que tiene el poder de difundir el tema el que decide qué sí es importante y qué no. La información diaria está llena de casos así, pero este verano ha ocurrido uno que consideramos paradigmático. Efectivamente, se ha publicado un informe, con muchos visos de seriedad, que señala que el 63% de los asalariados españoles ganan menos de 1100 euros al mes brutos -y brutos ni tan siquiera es neto-. Esto quiere decir que el 63 % de los trabajadores españoles ganan una miseria con la que les es imposible vivir en condiciones aceptables de comodidad. De hecho, yo gano el doble netas -y netas no son brutas- y no llego a fin de mes. Incluso a Esperanza Aguirre -que gana mucho más y es de derechas- le cuesta.

Pero esto que es sangrante no es aquí lo fundamental. Lo que más interesa a nivel informativo es que toda esta gente, el 63% de los asalariados, están desaparecidos informativamente. Pero no solo para la prensa, ocupada en Belén Esteban y en caso Gurtell que acaban siendo lo mismo, sino tambien para el discurso político. Y sin embargo tal magnitud de dato debería verse reflejado en la actividad política si fuera cierto que estos partidos tienen, al menos, una misión social. Pero si fuera, al contrario, cierta la hipótesis que presentábamos al principio de este aburrido texto, la noticia debería haber sido recogida efectivamente con absoluta indiferencia pues en ella nada fortalecería el poder que las propias organizaciones políticas persiguen. Es científico pues preguntarnos qué ha pasado.

Repasemos primero a eso que se llama agentes sociales. Lógicamente las organizaciones empresariales no se caracterizan por la defensa de sus trabajadores. de hecho ellas pagan esos miserables 1100 euros, así que el verano lo han dedicado a pedir el despido (aún más) barato y poco más. Pero esto no es grave pues aquí sí cumplen su función corporativa en la defensa de sus mezquinos intereses que consiste en la gente cobre, aun, menos de 1100 euros brutos mensuales. Es más grave, sin embargo, la actitud de los sindicatos ante este hecho y que ha consistido en el silencio. Mientras los sindicatos orquestan desde el privilegio de los trabajadores de la administración pública una campaña contra el gobierno del PP en Madrid, son sin embargo incapaces de realizar acción alguna ante los salarios que desde 1995 pierden poder adquisitivo. Al fin y al cabo, los sindicatos se han convertido, y tras el cambio en CCOO más, en un agente peronista del PSOE y del gobierno Zapatero. Al carecer de relevancia social auténtica, por su baja afiliciación que en gran medida se debe a su escaso trabajo, los sindicatos tienen solo relevancia por su etiquetado institucional como agente social, a priori de cualquier realidad empírica. Así su supervivencia pasa ya por asumir ese papel político a expensas incluso de su auténtico deber en el conflicto laboral. Los sindicatos no son ya organizaciones sociales y se convierten en políticas: su finalidad es mantener su parafernalia organizativa.

¿Y los partidos políticos? Distingamos entre la derecha real y la autoproclamada izquierda.

El PP cree haber vislumbrado un filón con un mito: la clase media como mayoritaria. En aras de este mito todo hecho social desaparece si puede hacerle sombra: es lo que tienen los mitos. En España la clase media o no existe mayoritariamente o hay que asumir que el sueldo de 1100 euros y empleo precario es clase media con todas sus consecuencias. Como el PP no está dispuesto a lo segundo, porque debería enfrentarle a una determinada concepción económica, imagina una idílica clase media en barrio residencial y chalet adosado que se presenta falsamente como la imagen pública y más numerosa de España. Así, para el PP el 63% de la población asalariada está desaparecida.

El PSOE, a su vez, es un títere del que seguramente sea el peor gobierno de toda la democracia española. En seis años han logrado aumentar el paro hasta el récord y el número de personas que cobra esta miseria. No está mal.

¿Pero y la autoproclamada izquierda? Tal vez un ejemplo paradigmático nos sirva. En Cataluña gobierna una alianza que se autotitula catalanista y de izquierdas. Su espíritu paleto no vamos a discutirlo aquí. Pero sí su presunto espíritu izquierdista. Paradójicamente en esa misma Cataluña los asalariados que ganan 1100 euros han subido un 5% en los últimos dos años, bueno quizás antes ganaban aún menos, y el paro sigue aumentado. Sin embargo, ¿cuál ha sido la máxima preocupación de dicho gobierno regional? El estatuto. Mejorando las condiciones sociales, sin duda. Y por si alguien cree que nos dejamos llevar por un espíritu antinacionalista, que como personas que leemos libros anida sin duda en nosotros, valga una anécdota sobre ese gran referente de la izquierda nacional que es IU. Recientemente su coordinador general Cayo Lara asistió, con su uniforme y todo, a un encuentro con el rey -no el mago sino el de España-. ¿Y de qué le habló? Pues según él mismo contó luego de sus planes para instaurar la III República: un estadista sin duda, un hombre de proyección histórica. Alguien que salva su puesto.

Así, a nadie le ha importado el dato porque a nadie le importa la realidad social sino la interpretación oligarca de dicha realidad que les mantiene en el poder: cada uno el suyo. Y así, esos partidos políticos que están hoy en espacio público no son sino máquinas de perpetuación institucional. El experimento crucial está cumplido.

Pero incluso aún queda un fleco ¿Y ese 63% de asalariados, dónde estan socialmente? ¿Dónde protestan? Si políticamente están en el limbo de los justos, donde ni pinchan ni cortan para los partidos, socialmente son inexistentes como lobby por ellos mismos. Ese 63% está callado. Una vez estaba con mi hermana en el fútbol y 70.000 personas se pusieron a gritar al árbitro. Ella comentó: si todos estos hicieran lo mismo ante su situación laboral, esto sería otra cosa. Revisen ustedes en los últimos 10 años cuáles han sido las grandes manifestaciones populares donde la gente ha acudido en masa. Y echénse a temblar cuando descubran qué es el limbo.