Así como el hecho de que algunos esclavos anduviesen mejor vestidos y mejor
alimentados, de que disfrutasen de un trato mejor y un peculio más abundante,
no destruía el régimen de esclavitud ni hacía desaparecer la explotación del
esclavo, el que algunos obreros, individualmente, vivan mejor, no suprime
tampoco la explotación del obrero asalariado. El hecho de que el trabajo suba
de precio por efecto de la acumulación del capital sólo quiere decir que el
volumen y el peso de las cadenas de oro que el obrero asalariado se ha forjado
ya para sí mismo, pueden tenerle sujeto sin mantenerse tan tirantes.(...) Es
decir, que por muy favorables que sean para el obrero las condiciones en que
vende su fuerza de trabajo, estas condiciones llevan consigo la necesidad de
volver a venderla constantemente y la reproducción constante ampliada de la
riqueza como capital.
Karl Marx, El Capital, volumen I, cap. XXIII
¿Qué tiene de malvado el capitalismo? ¿Por qué hay que
estar en su contra? Dedicamos el artículo anterior de esta serie a resumir qué
entendemos por capitalismo. De hecho, hasta ahora nuestra principal labor ha
sido la descripción de ese mismo sistema. Ahora, sin embargo, se trata de algo
distinto: hacer un juicio de valor. Y algo así necesita un análisis diferente.
La crítica de Marx al Capitalismo se desarrolla en dos
frentes. Por un lado, hay una crítica filosófica y por otro una crítica económica.
La pregunta es si Marx fue capaz de unificarlas o sustituyó una por otra en su
trayectoria crítica. Si sustituyó una por otra, entonces Marx dejó un camino
para seguir solo otro, tal vez pensando que el camino abandonado ya no tenía sentido. Si no lo hizo, es decir:
buscó unificarlas, debemos señalar cómo y si realmente lo consiguió.
La crítica filosófica de Marx al Capitalismo se basa en la idea de sujeto que el propio Marx
tiene. Para Marx, el ser humano se
desarrolla como tal cuando realiza la praxis: a través de su acción transforma
la realidad y la hace humana. Así, la crítica al Capitalismo se produce porque
el sistema no permite este desarrollo en el trabajador sino que este solo trabaja
para producir más capitalismo. Y al producir más capitalismo, y de acuerdo a lo
anterior, el ser humano, ya convertido solo en trabajador, únicamente produce
Capital traicionando su praxis y su humanidad: no humaniza el mundo. El Capitalismo,
por ello, es culpable porque impide ser realmente sujeto.
La crítica económica se basa en el concepto de plusvalía.
El capitalista no paga con su salario al obrero su trabajo -que para Marx se
identifica con el valor del producto- sino la fuerza de trabajo -lo que necesita
el trabajador para seguir produciendo, su combustible-. De esta forma, el
trabajador se ve estafado pues entre lo que él realmente ha producido y lo que
recibe hay una diferencia que se queda ilícitamente el empresario, descontado
ya el gasto en la producción, que es la famosa plusvalía. Así, al cobrar menos
de lo debido, existe explotación. Y esta explotación es el beneficio
capitalista. El sistema capitalista, así, sobrevive necesariamente explotando
el trabajo del proletariado.
Esta última crítica, la económica, parece un esquema
perfecto y de hecho es la que tuvo éxito: incluso hoy en día se emplea. Marx debería haberla
defendido abandonando al tiempo la filosófica: demasiado metafísica. Sin
embargo, no lo hizo ¿Por qué?
Si la explotación era debida a la plusvalía parecería evidente, como
defendían muchos movimientos socialistas y anarquistas, que esta explotación
acabaría si el obrero conseguía la
devolución íntegra del producto del trabajo, es decir: que la injusticia de la
situación acababa pagando todo el dinero debido al trabajador. Así, una
restitución económica terminaba una
injusticia económica. Sin embargo, y no curiosamente, Marx estaba en contra de
esto. Es más, llegó incluso a señalar que daba igual la cantidad de sueldo cobrado
porque la explotación capitalista seguiría. Así, un obrero podría cobrar un
sueldo altísimo y sin embargo seguir siendo explotado: pero esto era una
incongruencia con su crítica económica. Y entonces la pregunta surge inmediatamente ¿Por qué Marx
defendía esto? ¿No estaba en la economía la explotación? ¿No hay entonces sueldo
justo? Marx parece que se lía
solo. No lo parece, se lía.
Ahora un aparte. Se
está generalizando una costumbre muy peligrosa en filosofía: hacer decir a los autores
lo que nos gustaría que hubieran dicho. Así, todo autor acaba siendo
absolutamente actual en el sentido de que acaba ofreciendo soluciones a los
problemas contemporáneos. Pero, esto es un gran error y una gran injusticia. Es
un error porque acaba convirtiendo la crítica filosófica en algo parecido a
esas iglesias protestantes donde todo se soluciona con un versículo bíblico -no en vano, la hermenéutica procede de la
teología-. Y es una injusticia porque niega la obra del autor y de la tradición:
parece que nadie ha sido capaz de descubrir lo que quiso decir el autor hasta
que llegó su gran intérprete actual -y lo vende en un
libro-. Nosotros, sin embargo,
queremos ser absolutamente justos con Marx. Marx no soluciona el problema porque era imposible que lo
hiciera. No era un profeta, solo era un filósofo: no deliraba, pensaba. En fin,
no mentía, filosofaba. Un filósofo no pretende hablar de las ideas en su mente, sino de la
realidad. Pero al tiempo, exige a esa realidad una racionalidad que puede
superarla. Eso le ocurrió a Marx. Eso le ocurrió a toda la filosofía moderna. Y
después de esta frase enigmática -pero chula- expliquemos. ¿Cuál es el problema
de la crítica de Marx?
En primer lugar, toda la crítica económica de Marx
-aunque no su análisis del capitalismo- está centrado en el factor trabajo. Al
igualar valor del producto y trabajo depositado en él, Marx está dejando de
lado otros factores económicos que estructuralmente en su momento podían no ser
fundamentales pero ahora sí lo son. Curiosamente, Marx emplea varios para su análisis
general, de hecho comienza El Capital por la mercancía, pero para fundamentar
la injusticia del capitalismo se centra solo en el trabajo. Así, la crítica
económica de Marx no puede mantenerse: es demasiado parcial. La crítica
económica de Marx, producto de su contexto histórico, es demasiado limitada. El
Capitalismo ya no es eso.
Sin embargo, ocurre al revés con su crítica filosófica que
es demasiado extensa: la exigencia de racionalidad de su teoría va más allá de
lo inmediato. Marx es un pensador moderno -el último de los grandes- y su idea de
sujeto es demasiado absoluta para el capitalismo decimonónico pero, al tiempo,
es la clave de su todavía actualidad.
La idea clave de la modernidad es la idea de sujeto. Una
interesante diferencia entre la tragedia griega y la obra de Shakespeare es que
mientras Edipo no ha hecho nada voluntario para escribir su destino, Hamlet o
Macbeth, o don Quijote, construyen su historia: son sujetos. Así, la idea de
sujeto es fundamental en la Modernidad. Pero esto también nos señala que sujeto y ser humano no se identifican
necesariamente. Efectivamente, el ser humano es la base para el sujeto pero no
todo ser humano es sujeto. De hecho, este solo existe como ideal desde la
filosofía moderna, en occidente y a partir del siglo XVII. Y este ideal, que
recorre toda la filosofía desde entonces, es el que defiende Marx. Y ahí está
la clave del límite de su crítica y, al tiempo, de su permanencia.
La clave del pensamiento de Marx estriba en que en
realidad la auténtica crítica marxista al capitalismo es la crítica filosófica
y de ahí la imposibilidad de un sueldo justo aunque este restituyera la
plusvalía. El problema, a su vez, viene porque dicho sujeto –que es la clave- solo
es un ideal filosófico y Marx pretende hacer una filosofía antimetafísica. Así,
Marx intenta fundamentar la crítica en el concepto de plusvalía por su interés
materialista pero a su vez comprende, muy a su pesar y yendo incluso contra su
sistema, que dicho concepto es insuficiente. Es imposible unir las dos
críticas. Marx defiende que el capitalismo no explota al ser humano, pues
entonces cabría el sueldo justo, sino al sujeto. Pero Marx, a su vez, no puede
fundamentar esta idea de sujeto.
Efectivamente, Marx es consciente de que el capitalismo decimonónico
no explota al sujeto como tal sino a una realidad parcial del mismo en un doble
sentido.
Primero, como unidad en su producción económica, su
trabajo que es solo una parte parcial de su vida.
Segundo, como parcialidad social: solo implica al
proletariado. Así, sujeto solo acabaría siendo el proletariado lo que iría en
contra del discurso ilustrado, universal, de la emancipación.
Por todo ello, para Marx el concepto de praxis va más
allá del de trabajo asalariado y es más amplio. Y es consciente de que todo ser
humano, es decir: todo ser racional, debería ser sujeto. Y por eso, en Marx el
trabajo asalariado no iguala a la praxis y ahí viene su problema. La explotación
parcial del primer capitalismo no puede considerarse como explotación de sujeto
como tal sino de solo una parte como ya hemos señalado: solo de una parte de su
vida que es el trabajo; solo de una parte de la sociedad que el proletariado.
Por ello, Marx señala la plusvalía como hecho económico
explotador en su afán de fundamentar materialmente la explotación pero –en su
afán de verdad- no como el hecho
económico que superado implique el fin de la explotación. La idea de sujeto es
la clave. Y sigue siéndolo.
La grandeza de Marx no es darnos soluciones, es delimitar
el problema. Ya no seguimos igual. Bueno, tal vez sí, pero vaya rollo he
metido.