Menos emocionante, más ilustrada.
"Ilustración es la salida del hombre de su culpable minoría de edad."
jueves, junio 19, 2008
domingo, junio 15, 2008
HELIOS GUEVARA CASTRO: ¡BERLUSCONI FASCISTA!
¿Quién es Helios Guevara Castro? Pues un ejemplar único, inclasificable tal vez, de la nueva y autoproclamada izquierda. Superador de Marx y de todas las corrientes etnocentristas, incluyendo la Ilustración, Helios Guevara preconiza el nuevo talante: tonto, muy tonto. Pero de izquierdas. Porque si no es del PP, es antiglobalización y apoya a Cuba , ¿de dónde podría ser?¡Berlusconi fascista!.
Odio el fascismo. Incluso soy antifascista ante todo y sobre todo. Es que no soporto la injusticia. Soy un tío sensible. Soy un tío multicultural. Tomo cus-cus, compro batata, me encanta el ceviche. Cada vez que voy al Club del Gourmet de El Corte Inglés insisto en que me sirva la trabajadora inmigrante.
¡Berlusconi fascista!
Me encanta la música étnica. El eco de los acentos diferentes. Los bailes cargados de pasión propio de las razas sensuales que habitan el trópico y que llevan en su sangre el ritmo. Me gusta ver a los de color comportarse como de color, a los latinos comportarse como latinos, a los gitanos comportarse como gitanos. Cada uno en su sitio. Diversidad.
¡Berlusconi fascista!
No pienso tolerar el trato vejatorio ante los inmigrantes. Nos han traído tanto: casas más limpias, dvds más baratos, trabajadores ejemplares y sin quejas...
Por ello solo puedo gritar una cosa: ¡Berlusconi fascista!
sábado, junio 14, 2008
¿QUÉ SE SIENTE CUANDO NO SE SABE NADA?
Y que venía yo de formar parte de un tribunal de selectividad. Y que venía quemado porque todo es ridículo. Porque me dan ciento cuarenta y cuatro exámenes el martes a las ocho de la tarde y me piden que los devuelva el viernes a las nueve de la mañana. Y lógicamente yo sigo yendo al tribunal, a vigilar exámenes, el miércoles y jueves. Y el viernes al instituto. Y que en definitiva los voy a entregar el lunes por dos motivos: primero, porque los trabajadores no tenemos que trabajar veinticuatro horas al día (aunque la UE opine lo contrario con la abstención del gobierno español); segundo, porque los usuarios tienen derecho a un tiempo mínimo y necesario de corrección. En fin, que venía quemado y únicamente me consolaba una cosa: que pagan y pagan bien.
Y que ya es jueves y me pongo a comer en casa. Y veo mientras las noticias porque hoy llego pronto. Y como es el último día de selectividad pues sale eso. Y se ve a unos analfabetos con el título de bachiller y futuros universitarios quemando algo. Y entre risas idiotas, seguro no solo la risa, y un mini en sus manos comentan que queman apuntes de aquello que nunca volverán a estudiar y ya no les importa. ¿Y de qué son los apuntes? De filosofía. ¿Y de quién? De Kant. Ya son idiotas y ya son felices.
Y que es famoso. Los nazis quemaron libros y midieron la temperatura: 451 grados fahrenheit (233 grados Celsius). Y que es curioso, hoy en uno y otro sitio dos heroicos, y mediocres, futbolistas de la selección española reconocen algo doble: no leen y tienen un BMW. Idiotas y felices.
Y que recuerdo que un día, este mismo año, estaba yo en clase. Pasó, creo, en 1º de bachillerato y otra vez en 4º de ESO. Explicaba algo y se me ocurrió hacer una pregunta sencilla. Nadie la sabía. Y entonces pregunté: ¿qué se siente cuando no se sabe nada? Y en ese momento los alumnos no se sintieron orgullosos. Ni aún idotas ni aún felices.
Y que sé que ese mismo Kant señaló una vez la idea más hermosa de la historia de la filosofía. Y que por ello es la idea más hermosa de la historia de la humanidad: lo importante no es ser feliz sino ser digno de serlo.
Y que ya es jueves y me pongo a comer en casa. Y veo mientras las noticias porque hoy llego pronto. Y como es el último día de selectividad pues sale eso. Y se ve a unos analfabetos con el título de bachiller y futuros universitarios quemando algo. Y entre risas idiotas, seguro no solo la risa, y un mini en sus manos comentan que queman apuntes de aquello que nunca volverán a estudiar y ya no les importa. ¿Y de qué son los apuntes? De filosofía. ¿Y de quién? De Kant. Ya son idiotas y ya son felices.
Y que es famoso. Los nazis quemaron libros y midieron la temperatura: 451 grados fahrenheit (233 grados Celsius). Y que es curioso, hoy en uno y otro sitio dos heroicos, y mediocres, futbolistas de la selección española reconocen algo doble: no leen y tienen un BMW. Idiotas y felices.
Y que recuerdo que un día, este mismo año, estaba yo en clase. Pasó, creo, en 1º de bachillerato y otra vez en 4º de ESO. Explicaba algo y se me ocurrió hacer una pregunta sencilla. Nadie la sabía. Y entonces pregunté: ¿qué se siente cuando no se sabe nada? Y en ese momento los alumnos no se sintieron orgullosos. Ni aún idotas ni aún felices.
Y que sé que ese mismo Kant señaló una vez la idea más hermosa de la historia de la filosofía. Y que por ello es la idea más hermosa de la historia de la humanidad: lo importante no es ser feliz sino ser digno de serlo.
martes, junio 10, 2008
MATARIFE
Por lo visto, el otro día, un asesino de toros mató a los suyos con elegancia sin igual. Siempre debe resultar bonito para ciertos individuos provocar sufrimiento de forma estética. Pero eso no evita que sea sufrimiento.
No tengo tiempo hoy, ni en toda la semana porque corrijo selectividad, de entrar en el tema de esa barbarie que son las corridas de toros. Pero intentaré hacerlo pronto. Porque no es eso cultura.
viernes, junio 06, 2008
UNA (otra) DIFERENCIA
Ya hemos contado aquí esta historia. Una vez invitaron a Oppenheimer, gran físico y gran persona, a una entrevista en televisión y le preguntaron si creía posible que la humanidad se autodestruyera en una hecatombe nuclear. Se puso a pensar la respuesta y, pasado unos minutos, respondió.
A Zapatero le han entrevistado en Financial Times. Y ha dicho esto. Seguramente no ha esperado para responder.
A Zapatero le han entrevistado en Financial Times. Y ha dicho esto. Seguramente no ha esperado para responder.
jueves, junio 05, 2008
LIBERTY VALANCE: QUISIEERA SEEEEERRRR (coro: quisieera serrrrr…)
Liberty Valance, al igual que Helios Guevara Castro, se ha hecho colaborador de nuestras páginas. ¿Pero quién es Liberty Valance? Ante todo un español. Y ustedes estarán pensando que al definirse así será de derechas. Porque si se hubiera descrito como ante todo un catalán, ante todo un vasco, ante todo un gallego o de cualquier otro pueblo o tribu sería de izquierdas, pero siendo ante todo español… Pues sí, Liberty Valance es un liberal en lo económico y en lo político: o sea, de derechas. Y ahora que vuelve la memoria histórica Liberty Valance es un fiel defensor de la misma:¡¡Rojos a Moscú!!. Yo siempre he sido de derechas de toda la vida.
Porque creo que hay una aristocracia.
Porque creo que el mundo es de los mejores.
Porque creo que no debe haber igualdad.
Porque creo que todavía hay clases.
Porque creo que no todos somos iguales.
Porque creo que los ricos somos mejores.
Porque creo que mi dinero es mío.
Y el tuyo es mío.
Porque creo que si no puedes pagarlo, pues te aguantas
y que no seré yo quien con mis ahorros lo pague.
Y porque si vivo en un barrio mejor que el tuyo,
con más parques
con mejores cruces,
con más luz
y un hospital mayor
y una escuela más grande con una pizarra más grande
y las tías están más buenas,
pues no pienso pagar con mi dinero ni tu parque
ni tu cruce
ni tu luz
ni tu hospital
ni tu escuela
ni tu pizarra.
Y los pobres, lo digo, huelen mal.
lunes, junio 02, 2008
PROPIEDAD INTELECTUAL Y MEDIOS DE PRODUCCIÓN
Mucha culpa del empecinamiento en los debates lo tiene la confusión, premeditada o no, en el empleo y significado de las palabras. La filosofía analítica nos enseñó una pregunta fundamental en relación a esto: ¿qué quiere decir usted cuando dice tal palabra? Y era pregunta fundamental porque buscaba desde el principio conseguir que ya no se discutiera en el vacío sino desde la conciencia del significado de las palabras y con ello concretando el problema mismo.
El problema de las descargas en Internet es un problema muy interesante en este sentido. Efectivamente, en él, y fundamentalmente por parte de la SGAE, se está permanentemente utilizando un lenguaje falso que como Zanco Panco (Humpty Dumpty) busca organizarse de acuerdo al propio capricho. En primer lugar, por tanto, hay que puntualizar algunos temas.
Es falso, o sea: es mentira, que el problema de las descargas sea un problema de propiedad intelectual y de creación cultural. La propiedad intelectual de una obra guarda relación con la atribución de su autoría y respeto a la misma, cosa que nadie discute. Lo que plantea el auténtico problema aquí no es ese derecho sino la explotación comercial de la misma, es decir: lo que se discute no es sobre el carácter de autoría sino sobre la propiedad privaba de un medio de producción. O diciéndolo en otro lenguaje: no se habla del carácter cultural de la obra sino sobre su carácter como mercancía. Y este punto es básico para la discusión pues el fondo del problema no es estrictamente cultural, como quiere hacernos creer la SGAE, sino mercantil. Efectivamente, el problema de la descarga no es la cultura sino la industria de la cultura y las consecuencias en que a ella le afectan.
De hecho, el proceso cultural de la descarga es enriquecedor pues permite el más amplio acceso posible a una obra cultural –que realmente toda obra presentada en el mercado cultural sea cultural o no es otra cuestión- y un mayor conocimiento de las producciones del autor. Así, si un autor realiza su obra para ser conocida debería sentirse orgulloso de estar siendo bajado en P2P o en cualquier otro método de descarga pues ello implica una garantía de difusión. Sin embargo, si el autor califica prioritariamente su obra como trabajo, o sea: mercancía, cosa a la que en primera instancia podría tener derecho, la discusión ya no se realiza por su contenido, da igual vender salchichas que ideas, sino por su mercantilización.
Así, la prioridad del problema pasa del campo cultural, internet está llena de páginas gratuitas con contenido cultural -sea lo que sea eso-, al campo económico de la explotación de las mercancías. Pero además a un campo económico concreto: la propiedad de los medios de producción de una cierta industria. Efectivamente, las obras culturales con copyright son concebidas como medios de producción en la industria cultural. Así su verdadera función social no es la extensión cultural, pues en dicho caso, como ya hemos señalado, las descargas en la red serían obviamente la solución, sino el funcionar como mercancías independientemente de su valor cultural. Por ello, es falaz presentar el problema como una pérdida cultural pues el hecho cultural en cuanto tal no está ligado necesariamente a la industria de la cultura. De hecho, esta es algo reciente en la historia y, como otro elemento a analizar, va ligada, junto a otros factores sociológicos evidentes, al surgimiento del cine y la radio, a lo que luego se añadirá la televisión, como medios de masas en la sociedad estadounidense y luego mundial. Es precisamente esta realidad técnica, que implica la reproductibilidad innumerable de una obra, unida a la nueva capacidad económica de las clases emergentes, la que genera una realidad nueva de ocio que acaba siendo ocupada por una industria intermediaria, y al tiempo creadora de esas mismas necesidades, que lleva el producto a su consumo. Lo que ha ocurrido ahora es que la aparición de un nuevo desarrollo técnico, internet, ha vuelto inútil a esta industria intermediaria en la distribución de la mercancía. Y frente a ello, la industria, como lobby, lejos de adaptarse a la nueva realidad exige a papá estado que actúe, de forma similar a cualquier otra industria, con el proteccionismo. Ya lo tienen en el cine y ahora pretenden tenerlo en internet: un estado que proteja una industria obsoleta. Porque siempre se quiere economía de mercado para desproteger al otro pero proteccionismo para garantizar mis privilegios.
Pero alguien podría decir que precisamente la obra cultural no puede ser trataba como una mercancía más. Y es aquí donde empieza el discurso del privilegio. Si cada ser humano es tratado por el capitalismo desarrollado como mercancía no se entiende bien el discurso que pretende que la obra cultural, cuya presencia en el mercado como tal lo es por la existencia de una industria que busca el beneficio, sea algo más. Y si se empeñan en este algo más la solución es fácil: la descarga libre en internet que es la garantía de la difusión universal. No se trata pues, como pretende la SGAE, de una lucha por la cultura sino de una industria obsoleta que pretende mantener cautivo al consumidor cuando los medios técnicos deberían implicar su metamorfosis.
De esta forma, el auténtico problema social, y que es lo que auténticamente está en juego, no son las descargas sino la aparición de internet. El consumidor ya no está mediado por la dificultad o el precio y puede adquirir, de un modo u otro, la fuente originaria. En realidad, pues, la lucha es en relación a la forma de distribución de toda esa ingente información: o gratuita o de pago. Efectivamente, la realidad técnica de internet ha revolucionado económicamente la industria de la información y el problema radica en esa batalla. Si bien la televisión y la radio ya iniciaron un modelo de gratuidad en el acceso cultural, financiado por la publicidad, ninguna fue tan lejos como internet pues el control de la distribución y elaboración del producto seguía en manos de la propia industria a quien le daba igual el pago nominal, como la entraba de cine o el disco, o el pago financiado, con las anuncios. Sin embargo, la presencia de todo un canal gratuito de distribución y producción, como sería este mismo blog la página web de mis apuntes, es un solar convertido en parque público en mitad de una gran ciudad: algo que las empresas no pueden consentir. La lucha por el inmenso mercado que es internet es así la clave de todo el asunto. Se trata, por parte de la industria de la cultura y la industria de la información, de acabar con el internet gratuito, ya lo está haciendo con la televisión, y ganar terreno con el servicio de pago. Así, el internet casi todo gratis que hoy día conocemos se busca que acabe convertido en una reliquia del pasado y ello a través de dos grandes movimientos: por un lado la persecución penal de las descargas y el acceso gratuito a las obras; por otro, la generalización de la idea de que la calidad va unida al precio. El objetivo final no es pues acabar con las descargas, sino algo más: convertir la totalidad de internet en un mercado y los lugares gratuitos en minoría.
Nadie crea que esto es una lucha revolucionaria o cultural. Pero sí es, desde luego, una lucha importante. Contaba Burckhardt el lamento de los caballeros medievales ante la aparición de la pólvora pues esta permitía el acceso en el campo de batalla al populacho y la ruptura del privilegio guerrero (y por eso la cultura japonesa la prohibió). Del mismo modo una industria floreciente durante décadas y que surgió merced a una innovación técnica, conduciendo ella misma a la desaparición de una artesanía del ocio, quiere eliminar una técnica como su forma de supervivencia. Parece un asunto menor, pero que nadie olvide que sin pólvora nunca se hubiera tomado la Bastilla.
El problema de las descargas en Internet es un problema muy interesante en este sentido. Efectivamente, en él, y fundamentalmente por parte de la SGAE, se está permanentemente utilizando un lenguaje falso que como Zanco Panco (Humpty Dumpty) busca organizarse de acuerdo al propio capricho. En primer lugar, por tanto, hay que puntualizar algunos temas.
Es falso, o sea: es mentira, que el problema de las descargas sea un problema de propiedad intelectual y de creación cultural. La propiedad intelectual de una obra guarda relación con la atribución de su autoría y respeto a la misma, cosa que nadie discute. Lo que plantea el auténtico problema aquí no es ese derecho sino la explotación comercial de la misma, es decir: lo que se discute no es sobre el carácter de autoría sino sobre la propiedad privaba de un medio de producción. O diciéndolo en otro lenguaje: no se habla del carácter cultural de la obra sino sobre su carácter como mercancía. Y este punto es básico para la discusión pues el fondo del problema no es estrictamente cultural, como quiere hacernos creer la SGAE, sino mercantil. Efectivamente, el problema de la descarga no es la cultura sino la industria de la cultura y las consecuencias en que a ella le afectan.
De hecho, el proceso cultural de la descarga es enriquecedor pues permite el más amplio acceso posible a una obra cultural –que realmente toda obra presentada en el mercado cultural sea cultural o no es otra cuestión- y un mayor conocimiento de las producciones del autor. Así, si un autor realiza su obra para ser conocida debería sentirse orgulloso de estar siendo bajado en P2P o en cualquier otro método de descarga pues ello implica una garantía de difusión. Sin embargo, si el autor califica prioritariamente su obra como trabajo, o sea: mercancía, cosa a la que en primera instancia podría tener derecho, la discusión ya no se realiza por su contenido, da igual vender salchichas que ideas, sino por su mercantilización.
Así, la prioridad del problema pasa del campo cultural, internet está llena de páginas gratuitas con contenido cultural -sea lo que sea eso-, al campo económico de la explotación de las mercancías. Pero además a un campo económico concreto: la propiedad de los medios de producción de una cierta industria. Efectivamente, las obras culturales con copyright son concebidas como medios de producción en la industria cultural. Así su verdadera función social no es la extensión cultural, pues en dicho caso, como ya hemos señalado, las descargas en la red serían obviamente la solución, sino el funcionar como mercancías independientemente de su valor cultural. Por ello, es falaz presentar el problema como una pérdida cultural pues el hecho cultural en cuanto tal no está ligado necesariamente a la industria de la cultura. De hecho, esta es algo reciente en la historia y, como otro elemento a analizar, va ligada, junto a otros factores sociológicos evidentes, al surgimiento del cine y la radio, a lo que luego se añadirá la televisión, como medios de masas en la sociedad estadounidense y luego mundial. Es precisamente esta realidad técnica, que implica la reproductibilidad innumerable de una obra, unida a la nueva capacidad económica de las clases emergentes, la que genera una realidad nueva de ocio que acaba siendo ocupada por una industria intermediaria, y al tiempo creadora de esas mismas necesidades, que lleva el producto a su consumo. Lo que ha ocurrido ahora es que la aparición de un nuevo desarrollo técnico, internet, ha vuelto inútil a esta industria intermediaria en la distribución de la mercancía. Y frente a ello, la industria, como lobby, lejos de adaptarse a la nueva realidad exige a papá estado que actúe, de forma similar a cualquier otra industria, con el proteccionismo. Ya lo tienen en el cine y ahora pretenden tenerlo en internet: un estado que proteja una industria obsoleta. Porque siempre se quiere economía de mercado para desproteger al otro pero proteccionismo para garantizar mis privilegios.
Pero alguien podría decir que precisamente la obra cultural no puede ser trataba como una mercancía más. Y es aquí donde empieza el discurso del privilegio. Si cada ser humano es tratado por el capitalismo desarrollado como mercancía no se entiende bien el discurso que pretende que la obra cultural, cuya presencia en el mercado como tal lo es por la existencia de una industria que busca el beneficio, sea algo más. Y si se empeñan en este algo más la solución es fácil: la descarga libre en internet que es la garantía de la difusión universal. No se trata pues, como pretende la SGAE, de una lucha por la cultura sino de una industria obsoleta que pretende mantener cautivo al consumidor cuando los medios técnicos deberían implicar su metamorfosis.
De esta forma, el auténtico problema social, y que es lo que auténticamente está en juego, no son las descargas sino la aparición de internet. El consumidor ya no está mediado por la dificultad o el precio y puede adquirir, de un modo u otro, la fuente originaria. En realidad, pues, la lucha es en relación a la forma de distribución de toda esa ingente información: o gratuita o de pago. Efectivamente, la realidad técnica de internet ha revolucionado económicamente la industria de la información y el problema radica en esa batalla. Si bien la televisión y la radio ya iniciaron un modelo de gratuidad en el acceso cultural, financiado por la publicidad, ninguna fue tan lejos como internet pues el control de la distribución y elaboración del producto seguía en manos de la propia industria a quien le daba igual el pago nominal, como la entraba de cine o el disco, o el pago financiado, con las anuncios. Sin embargo, la presencia de todo un canal gratuito de distribución y producción, como sería este mismo blog la página web de mis apuntes, es un solar convertido en parque público en mitad de una gran ciudad: algo que las empresas no pueden consentir. La lucha por el inmenso mercado que es internet es así la clave de todo el asunto. Se trata, por parte de la industria de la cultura y la industria de la información, de acabar con el internet gratuito, ya lo está haciendo con la televisión, y ganar terreno con el servicio de pago. Así, el internet casi todo gratis que hoy día conocemos se busca que acabe convertido en una reliquia del pasado y ello a través de dos grandes movimientos: por un lado la persecución penal de las descargas y el acceso gratuito a las obras; por otro, la generalización de la idea de que la calidad va unida al precio. El objetivo final no es pues acabar con las descargas, sino algo más: convertir la totalidad de internet en un mercado y los lugares gratuitos en minoría.
Nadie crea que esto es una lucha revolucionaria o cultural. Pero sí es, desde luego, una lucha importante. Contaba Burckhardt el lamento de los caballeros medievales ante la aparición de la pólvora pues esta permitía el acceso en el campo de batalla al populacho y la ruptura del privilegio guerrero (y por eso la cultura japonesa la prohibió). Del mismo modo una industria floreciente durante décadas y que surgió merced a una innovación técnica, conduciendo ella misma a la desaparición de una artesanía del ocio, quiere eliminar una técnica como su forma de supervivencia. Parece un asunto menor, pero que nadie olvide que sin pólvora nunca se hubiera tomado la Bastilla.
miércoles, mayo 28, 2008
MIS ALUMNOS ME CRITICAN (y van 3)
Como todos los años hacia el final de curso vuelve el hecho. Como ustedes saben, cada año mis alumnos tienen la posibilidad de abrirse un blog y escribir allí sus comentarios -unos temas obligados por mí, otros libres si así lo desean- y de esa manera incrementar su nota. Y como ustedes saben, cada año, al final de curso, mis alumnos tiene que escribir una crítica sobre mis clases -¡ha dicho mis clases!, clama el psicopedagogo: sí, he dicho mis clases, contesta el profesor que está en el instituto con los alumnos-. En ella deben señalar qué les parece correcto y qué no. La idea es simple: si son usuarios pueden criticar. Y la idea es simple: no por criticar tienen que tener razón. Pero tienen derecho.
Pero este año la crítica tiene algo de especial. Todos los partidos políticos han decidido, entre unas cosas y otras, destruir la Ética de 4º de la ESO. Ahí están unidos, ahora sí, la presunta izquierda -con la ñoña Educación para la Ciudadanía y la nueva formación del espíritu nacional(ista) y progre- y la derecha de toda la vida –que aprovecha para reducir lo que nunca entenderá: la ética como algo más que las buenas costumbres y orden público-. A ellos y a esos trescientos cincuenta individuos en el congreso nacional y todos los de provincias que cobran estupendos sueldos por repetir las consignas como loros de sus jefes -¿qué se siente cuando uno no puede ni votar según su opinión?- va dedicada esta vez la cosa. Porque cada partido -y cada uno de esos trescientas cincuenta diputados nacionales y los de provincias que tienen nombre y apellidos pero no opinión propia- han logrado destruir la materia de Ética de 4º de ESO.
Aunque, por supuesto, no solos.
martes, mayo 27, 2008
domingo, mayo 25, 2008
DE LA PROGRESISTA LOGSE A LA PROGRESISTA LOE (una cultura de emancipación)

Rodolfo Chikilicuatre, producto mercantil de la empresa El Terrat, da una conferencia en el Instituto Cervantes de Belgrado.
Nota: Rodolfo Chikilicuatre es el que está menos a la derecha. La otra es la ministra de Educación, Política Social y Deporte.
miércoles, mayo 21, 2008
(otra) MEMORIA HISTÓRICA: UNA BUENA NOTICIA Y UNA DUDA
Buena noticia: han detenido al presunto principal responsable de ETA.
La duda: ¿y si se pone en huelga de hambre le sueltan?
La duda: ¿y si se pone en huelga de hambre le sueltan?
lunes, mayo 19, 2008
MADRID: HUELGA EN EDUCACIÓN
Nota: el pasado día 7 de mayo y el próximo 21 hay convocada una huelga de profesores de la enseñanza pública en la Comunidad de Madrid. Este artículo busca presentar las razones por las cuales apoyo dicha movilización y yo mismo, por tanto, haré huelga.Ya hemos hablado aquí sobre la idea de estado de Esperanza Aguirre:no queremos repetirnos. Sin embargo sí queremos hablar sobre este mismo hecho concretado en el tema de educación.
Es falso que Esperanza Aguirre desee eliminar los servicios públicos. Efectivamente, no es, en absoluto, esa su idea. Lejos de eso, y como ya dijimos, la idea básica de Aguirre es el estado contratista, un gigantesco ente que se dedica a subcontratar sus servicios a la empresa privada. Con ello se consiguen dos objetivos: por un lado la creación de una oligarquía empresarial que entra en una alianza, en cierta medida subsidaria pues debe su poder al supremo contrastista, y que apoya a éste; por otro, se mantiene la cobertura básica pero socialmente segregada satisfaciendo así la medración ideológica, que no efectiva, de las clases medias. Esta se libra de compartir su nicho con las clases bajas, fundamentalmente emigrantes en la actualidad, y al tiempo estos inmigrantes acceden a unos servicios que ni en el mejor de sus sueños pensaron. De esta forma, pues, todos contentos.
¿Dónde residiría entonces el problema si al final se mantiene el servicio gratuito y todo el mundo sonríe satisfecho? Precisamente en el modelo de estado. Porque al igual que también analizamos con Zapatero, el modelo Aguirre no es neutral ni su finalidad última es, por supuesto, satisfacer y generar ciudadanía democrática. Lejos de eso, lo que se pretende es la creación de un estado oligarca en que las grandes corporaciones por un lado -fundamentalmente las constructoras, las nuevas empresas de sanidad y la Iglesia Católica como empresaria de educación- y por otro la oligarquía política dominen y controlen la situación-con su modelo no en la Gran Bretaña de Thatcher sino en el actual estado de los Estados Unidos-. Así, la esperanza de Aguirre va más allá del ideal tatcheriano -al fin y al cabo liberal- y entra de lleno en el terreno neoliberal. Aguirre pretende un estado que tenga una alianza con la oligarquía financiera y empresarial y cuya realización concreta sea el conjunto de intereses de esa oligarquía unidos a los intereses de la élite política. Y la moneda de uso para sellar el pacto es el servicio público, imaginen la millonada, subcontratado por el estado.
Sería ingenuo pensar que los funcionarios no son un grupo privilegiado en relación a otros sectores sociales. Incluso sería ingenuo defender que debe realmente existir una tan importante cantidad de estos –ya que no necesariamente la defensa de lo público implica la existencia de una clase funcionarial-. Ciertamente nunca hemos llegado a comprender el motivo por el cual un profesor, un médico, un conserje o un oficinista, y hay más casos, deban ser funcionarios. Sin embargo, la cosa está así planificada. También hemos hablado aquí de la escuela pública y desde luego ya hemos señalado que está muy lejos de la verdad señalar que el único responsable del desastre de esta sea, por ejemplo en Madrid, el gobierno Aguirre. Sin embargo, y a su vez, ese mismo gobierno es también responsable. Y está claro que para conseguir su modelo de estado debe, como en cualquier estrategia de mercado, eliminar al rival y, aquí, el rival son los servicios públicos directamente gestionados por la administración. Por eso hay una auténtica campaña, tanto en sanidad -más agresiva aún por haberse iniciado hace poco y tener que ganar el tiempo perdido- como en educación de descrédito de los servicios públicos. Y este proceso de acoso y derribo tiene un doble objetivo: por un lado, generar una mala imagen pública -como ejemplo vaya la campaña montada por el gobierno Aguirre y medios afines contra el equipo de Leganés o la idea generalizada de los institutos como lugares sin ley-: por otro, un empeoramiento progresivo de las condiciones de trabajo, tanto salarial como laboral, del funcionariado.
Pero, ¿con qué fin esta proletarización del trabajo funcionarial? Alguien podría pensar que ahí se trataría de justicia igualitaria y que, por tanto, la acción de gobierno es correcta. Sin embargo se nos vamos a permitir aburrir aún más al lector para aclarar esto. Lejos de una idea de justicia lo que subyace a la creciente proletarización del funcionariado en la ideología Aguirre guarda relación con lo dicho al principio. Efectivamente, me explico, la idea de Aguirre debe engarzarse en la creación de un estado contratista. Pero hay un problema con la mano de obra pues las condiciones laborales tanto en la sanidad como en la enseñanza pública son infinitamente mejores que las de la privada. Ello provoca que la mayoría de los profesionales prefieran buscar en el sector público empleo a pesar de tener que pasar una oposición, en realidad varias, para ello. Incluso el personal de la privada a la mínima oportunidad abandona, y con toda razón, su puesto de trabajo ante la posibilidad de una interinidad, es decir: un puesto eventual pero, en realidad, tan eventual como cualquier puesto en la privada. La exigencia pues de priorizar la empresa privada como subcontrata estatal pasa, necesariamente, por liberalizar su mercado de trabajo. O diciéndolo en lenguaje real: destruir las ventajas de un modelo, funcionariado, para hacer cautivo a los trabajadores del otro. Y una vez que las ventajas son mínimas para el tránsito de un modelo a otro y con ello se desincentiva el paso, generar un ejército industrial de reserva, eso sí, con licenciatura, que beneficie a la empresa educativa, aquí ya tanto concertada como privada, y a las nuevas industrias médicas. Interés de la oligarquía.
¿Quiero ganar más dinero? Sí, claro. Y lo quiero ganar, precisamente, porque soy un profesional. Pero uno siempre ha mantenido que las huelgas en los servicios públicos son cosa muy seria. Y precisamente por eso viene este texto, aburrido y sin consignas, para explicar mi posición. Porque lo que está en juego no son meramente mis condiciones laborales, que repito las considero privilegiadas enfrentadas al repugnante mercado de trabajo español, sino la lucha contra una idea de estado que mantiene, además por quien se postula como futura candidata a la presidencia del gobierno, una tesis básica: el estado sirve a la oligarquía porque es oligarquía.
jueves, mayo 15, 2008
¿CONFLICTO VASCO?
Y la sociedad vasca-vasca, siempre con alguna excepción, mira hacia otro lado mientras comenta: como se vive aquí, en ningún otro sitio, oye tú…
martes, mayo 13, 2008
PIENSA EL CHIKI-CHIKI
La broma es ruptura del orden. En ella debe haber algo que fracture la expectativa cotidiana y la diaria realidad para que pueda considerarse como tal broma: que surja lo inesperado. Efectivamente, desde la broma más elemental, la flor en el ojal de la cual sale un chorro de agua cuando uno se acerca a percibir su aroma, hasta la más elaborada, y pedante, como La Gioconda con bigotes, la burla tiene ese sentido de subversión, ya inocente ya crítico. Por eso mismo el humor, ya lo hemos dicho aquí en otra ocasión, puede ser alegre, cuando resulta una apología de lo existente a través de la simpatía, o bien triste, cuando en su germen está la amargura ante el mundo. O diciéndolo de otro modo: los nazis bromeaban sin duda en los campos de exterminios ante la ducha de los judíos. Y seguramente con gracia.
Uno, el breikindance.
La presunta broma, e incluso crítica feroz a algo como se ha querido presentar, de la presencia del Sr. Chikilicuatre en Eurovisión es rápidamente desmontada por los hechos.
Primer hecho, Chikilicuatre es un producto de factoría, en concreto de una gran empresa de comunicación –cercana además a los actuales círculos de poder- que busca realizar con él una campaña de publicidad.
Segundo hecho, Chikilicuatre es un actor que por contrato, retengan esta palabra, solo puede hacer, retengan esta frase, de Chikilicuatre: friki profesional y a sueldo o el friki unidimensional.
Tercero, toda Europa manda ya a sus payasos a este festival: sus propios frikis profesionales.
Cuarto hecho, un programa de noche, el de Buenafuente, engrosa sus arcas publicitarias con la, ya lo saben y sin duda, feroz crítica: no sólo en el politono, feroz crítica de nuevo, sino en el anuncio de colonia o de coches para el intermedio.
Y quinto: ¿se quería ser crítico por parte de Buenafuente –ese feroz, y accionista, crítico del sistema-? Que hubieran enviado a la orquesta sinfónica nacional a interpretar el último movimiento de la novena de Beethoven y su oda a la alegría. Creo recordar es el himno de la Unión Europea y hubiera sido, ahora, más crítico y gracioso.
Dos, el crusaito
Friki procede de la palabra inglesa freak que se traduce por fenómeno. Pero este fenómeno no es algo positivo en su término sino que a su vez se refiere a lo monstruoso, a lo que escapa al orden racional: la mujer, y aquí no podemos poner y el hombre lo que demuestra nuestro machismo sin duda, barbuda, los siameses, el sorprendente tronco humano... Toda la Modernidad, y con más énfasis a partir del Romanticismo, tuvo fascinación por el monstruo y le presentó como lo humano que no podía desarrollarse. Los personajes literarios, y luego cinematográficos, surgidos incitaban a la compasión en su deseo de humanidad: el monstruo no quería serlo. Y en ese querer ser humano se descubría, al tiempo, la ausencia de una humanidad general en quienes reían, sin esa compasión, ante el fenómeno y le perseguían hasta la muerte. El monstruo éramos todos buscando nuestra humanidad aún no encontrada.
Primer hecho, Chikilicuatre es un producto de factoría, en concreto de una gran empresa de comunicación –cercana además a los actuales círculos de poder- que busca realizar con él una campaña de publicidad.
Segundo hecho, Chikilicuatre es un actor que por contrato, retengan esta palabra, solo puede hacer, retengan esta frase, de Chikilicuatre: friki profesional y a sueldo o el friki unidimensional.
Tercero, toda Europa manda ya a sus payasos a este festival: sus propios frikis profesionales.
Cuarto hecho, un programa de noche, el de Buenafuente, engrosa sus arcas publicitarias con la, ya lo saben y sin duda, feroz crítica: no sólo en el politono, feroz crítica de nuevo, sino en el anuncio de colonia o de coches para el intermedio.
Y quinto: ¿se quería ser crítico por parte de Buenafuente –ese feroz, y accionista, crítico del sistema-? Que hubieran enviado a la orquesta sinfónica nacional a interpretar el último movimiento de la novena de Beethoven y su oda a la alegría. Creo recordar es el himno de la Unión Europea y hubiera sido, ahora, más crítico y gracioso.
Dos, el crusaito
Friki procede de la palabra inglesa freak que se traduce por fenómeno. Pero este fenómeno no es algo positivo en su término sino que a su vez se refiere a lo monstruoso, a lo que escapa al orden racional: la mujer, y aquí no podemos poner y el hombre lo que demuestra nuestro machismo sin duda, barbuda, los siameses, el sorprendente tronco humano... Toda la Modernidad, y con más énfasis a partir del Romanticismo, tuvo fascinación por el monstruo y le presentó como lo humano que no podía desarrollarse. Los personajes literarios, y luego cinematográficos, surgidos incitaban a la compasión en su deseo de humanidad: el monstruo no quería serlo. Y en ese querer ser humano se descubría, al tiempo, la ausencia de una humanidad general en quienes reían, sin esa compasión, ante el fenómeno y le perseguían hasta la muerte. El monstruo éramos todos buscando nuestra humanidad aún no encontrada.
Tres, el maiquelyason
La conversión del monstruo en friki es la conversión de lo humano en una forma de ser. Efectivamente, la admisión simpática del friki y su éxito social guardan relación con la desaparición del discurso ilustrado sobre lo que es humano. No se trata ya de que el comportamiento del friki sea ridículo, que sin duda lo es, sino de la desaparición de ese discurso de ideal humano que mantuvo la Ilustración. Incluso la reflexión que ahora muchos lectores se están haciendo -¿y quién es este idiota para decir cómo debemos llevar nuestra vida?- es, paradójicamente, el triunfo definitivo de la apoteosis de la sociedad totalitaria pues parte del supuesto previo de que esto que tenemos es vida individual: un yo digno de vivirse. Efectivamente, la apoteosis de la forma de vida implica la creencia en una realidad donde el individuo se vive ya como tan pleno que encuentra su realización en la vida privada, en ese repugnante principio de la vida interior. Pero lo que no comprende es que esa misma vida prístina no es sino pura mercancía y que como tal lo único irremplazable en ella no es el contenido sino la propia estructura como mercancía no importando su nombre sino su producción y consumo. Así, el friki es un monstruo que se encuentra a gusto en su deformidad que le niega lo humano. Y así, a su vez, toda vida -la suya señor lector y la mía también- es friki.
Cuatro, el robocop
Kant apenas levantaba metro y medio del suelo. Cuentan que era cabezón, de pecho hundido. A su vez se dice que su mirada era fascinante. Nunca se casó y murió célibe. Era rutinario y metódico, especialmente en su vejez. En 1784, con sesenta años, publicó un artículo: Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?. En él señalaba el lema de ese movimiento que pasó a convertirse en la esperanza de lo humano:
Sapere Aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento!
Han pasado algo más de doscientos años. Cada vez que en la pizarra de clase inició una numeración
uno,
dos,
tres,
cuatro,
comienza la risa callada. Y aparece en la conciencia el nuevo lema:
perrea, perrea.
viernes, mayo 09, 2008
AHORA QUE YA NO LOS QUEREMOS: ALGO DE INMIGRACIÓN
Cuando el gobierno, después de las elecciones y con crisis económica, ha descubierto que los inmigrantes son, según él, demasiados –al insinuarlo Rajoy era un xenófobo, ahora lo dice uno de la autoproclamada izquierda y es realismo- sólo una consideración –pero plagada de enlaces-.
Igual vienen por esto.
Que me explico: ¿para cuándo -fíjense lo que digo: ¡uy!, qué poquito de izquierdas, ¡uy!, qué poquito de derechas- intervenimos militarmente en África? ¿O es que el petróleo ya es suyo -y no, precisamente ni de la gente de África ni de la gente del mundo occidental- y la vida humana ya tiene allí un precio definitivo y tan bajo que ya no interesa como mercancía?
jueves, mayo 08, 2008
lunes, mayo 05, 2008
MINISTERIO DE IGUALDAD Y ÉLITES
Hay una tendencia natural en las élites sociales a percibirse a sí mismas como genéricas de lo humano y a presentar sus problemas como los problemas universales de la humanidad. Ellas mismas se consideran a su vez como alejadas de cualquier privilegio y así se sitúan permanentemente en una conciencia de la queja pues la extensión de dicho privilegio se concibe como derecho inalienable en el desarrollo del progreso humano -que curiosamente coincide con su interés de grupo social-. Esto se ve con grupos privilegiados -en relación a las condiciones del resto de la sociedad- como los estudiantes, los becarios, los funcionarios y ahora, y es de lo que trata el presente artículo, las mujeres que perteneciendo al grupo social relevante, la llamada inadecuadamente ya clase dirigente, pretenden acceder a un puesto acorde a dicha relevancia social ya sea en el ámbito público o en el empresarial.
La reciente creación de un Ministerio de Igualdad, que en realidad solo trata de una desigualdad y dentro de ella incluso de un subconjunto, es un buen ejemplo de ello. Efectivamente, el primer elemento a analizar sería por qué la palabra igualdad ha quedado reducida a una parte de su contenido, la igualdad hombre y mujer, en el discurso social. O diciéndolo de otro modo, por qué desaparece del discurso la idea de igualdad social entre clases, por ejemplo, y ya únicamente se utiliza en su significado de referida a un grupo sexual (y además falseado como vamos a intentar demostrar).
La respuesta a esta cuestión viene dada precisamente por el interés del grupo privilegiado concreto. Ha surgido una nueva élite social, mujeres en torno a los cuarenta años hijas de la clase media y alta y con una alta cualificación académica, que necesita realizar un discurso legitimador de su propia posición y ambición social. Efectivamente, este nuevo grupo de poder está unido no por un deseo universal de emancipación, a pesar de lo que pueda pensar bondadosamente cada uno de sus integrantes de forma individual, sino por sus propios intereses como élite y de ahí que al hablar de igualdad el discurso se constriña a lo pretendido por ese mismo grupo: la participación en el poder social sin cambiar ese mismo poder. De esta manera, y por la cuestión que luego veremos, el objetivo no es priorizar la lucha en la defensa de derechos sociales sino en la propia conquista del poder por el grupo.
Así este interés limitado a su propia característica definida de élite social es lo que mueve sociológicamente al colectivo concreto -aunque sus integrantes puedan pensar otra cosa-. Y así la injusticia cierta, y esto es sin duda, pero limitada al ámbito de una cierta realidad social se presenta como universal y al tiempo la liberación prometida -aunque lógicamente sólo afectará a los intereses limitados del grupo en cuestión- se mantendrá públicamente como una solución para todos y, claro está y en ese ridículo lenguaje de la nueva progresía, para todas. Por este proceso de ideologización el enemigo se presenta como el machismo en abstracto y no como, lo que sería lo real, los intereses del grupo competidor, hombres altamente cualificados académicamente en puestos de relevancia social que aspiran, y en este caso ya poseen, ese poder y buscan eliminar a los competidores. No se trata aquí de que el machismo no se dé socialmente -sólo hay que ver los programas de la tan progresista La Sexta, plagados de presentadoras con estupendos envoltorios carnales (mamachichos progresistas) para confirmarlo- sino que aquí el tema real por el que se combate no es ese. Y tampoco, claro está, la lucha social por los derechos efectivos de la mujer en cuanto a trabajadora de media o baja cualificación.
Efectivamente, debe observarse como la solución pretendida y la presión efectuada no es de orden social sino legislativo. No se exigen más guarderías, cambios en los horarios de trabajo o mejoras en el paupérrimo permiso por maternidad sino que la presión y la medida estrella es la cuota. Y esto tiene, al ser analizado, una doble característica social que refuerza la veracidad de nuestro discurso. En primer lugar, la cuota resulta inútil para los puestos laborales de cualificación media y baja pues estos puestos hace tiempo se convirtieron en igualitarios, es decir: el sistema productivo y el desarrollo tecnológico a él unidos los asexuó cuando no los hizo prioritariamente femeninos. Y así la cuota no soluciona el problema de todo ese inmenso grupo social de mujeres con media o baja cualificación sino sólo el de aquellas con una cualificación alta y que buscan, legítimamente en primera instancia, conquistar un puesto de élite ya en los consejos de administración ya en el mundo de la alta política. La cuota así no mejora el empleo femenino sino el de un sector muy concreto de mujeres.
En segundo lugar, el hecho de que el énfasis se ponga en lo legislativo y no en lo social retrata al grupo y contrasta positivamente de nuevo nuestra teoría. En efecto, esto es debido a que esta élite se puede permitir el acudir a la asistencia privada para el cuidado de sus hijos y el permiso de maternidad es un hándicap en su promoción social con lo cual cualquier lucha en este aspecto no se considera como prioritaria y por tanto queda meramente testimonial. Frente a esto, las reformas de carácter legislativo y obligatorio sí se corresponden con su interés inmediato y por tanto la pelea se establecerá allí. Así el máximo interés de la mayoría de las mujeres en cuanto a lo que les atañe específicamente -aunque no sea necesariamente lo más importante- a su sexo, la adquisición de unos derechos sociales relacionados con la vida familiar, no se transforma en prioridad social frente al interés de la élite. Y todo el juego se desenmascara. La élite femenina se presenta como la mujer, género universal, cuando en realidad no es sino la competidora mercantil de cierto puesto laboral muy concreto ocupado no por el hombre, falsa generalización de nuevo, sino por, curiosamente, sus propios maridos, amigos o vecinos de chalet o urbanización.
En mi anterior instituto -plagado, claro está, de mujeres funcionarias y progresistas- una de ellas montó una especie de exposición titulada Mujeres en la sombra. En ella se pretendía rendir homenaje a un grupo de mujeres de los siglos XVIII y XIX, creo recordar, sin cuyo trabajo, según se exponía, hubiera sido imposible la labor de otros científicos, de sexo masculino, más importantes. Yo sólo comenté una cosa, y algo simple sin duda: que siendo estas damas a su vez de la burguesía bien pudiera ser que debiéramos hacer una exposición de la exposición titulada Sirvientes en la sombra y dedicada a aquella parte mayoritaria de la humanidad, hombres y mujeres indistintamente, que con su esfuerzo absolutamente explotado y correspondiente a su pertenencia dentro de la división social del trabajo habían permitido que estas personas relevantes, las señoras y los señores, se pudieran dedicar a pensar. Pero nadie me contestó y nunca hubo tal exposición.
La reciente creación de un Ministerio de Igualdad, que en realidad solo trata de una desigualdad y dentro de ella incluso de un subconjunto, es un buen ejemplo de ello. Efectivamente, el primer elemento a analizar sería por qué la palabra igualdad ha quedado reducida a una parte de su contenido, la igualdad hombre y mujer, en el discurso social. O diciéndolo de otro modo, por qué desaparece del discurso la idea de igualdad social entre clases, por ejemplo, y ya únicamente se utiliza en su significado de referida a un grupo sexual (y además falseado como vamos a intentar demostrar).
La respuesta a esta cuestión viene dada precisamente por el interés del grupo privilegiado concreto. Ha surgido una nueva élite social, mujeres en torno a los cuarenta años hijas de la clase media y alta y con una alta cualificación académica, que necesita realizar un discurso legitimador de su propia posición y ambición social. Efectivamente, este nuevo grupo de poder está unido no por un deseo universal de emancipación, a pesar de lo que pueda pensar bondadosamente cada uno de sus integrantes de forma individual, sino por sus propios intereses como élite y de ahí que al hablar de igualdad el discurso se constriña a lo pretendido por ese mismo grupo: la participación en el poder social sin cambiar ese mismo poder. De esta manera, y por la cuestión que luego veremos, el objetivo no es priorizar la lucha en la defensa de derechos sociales sino en la propia conquista del poder por el grupo.
Así este interés limitado a su propia característica definida de élite social es lo que mueve sociológicamente al colectivo concreto -aunque sus integrantes puedan pensar otra cosa-. Y así la injusticia cierta, y esto es sin duda, pero limitada al ámbito de una cierta realidad social se presenta como universal y al tiempo la liberación prometida -aunque lógicamente sólo afectará a los intereses limitados del grupo en cuestión- se mantendrá públicamente como una solución para todos y, claro está y en ese ridículo lenguaje de la nueva progresía, para todas. Por este proceso de ideologización el enemigo se presenta como el machismo en abstracto y no como, lo que sería lo real, los intereses del grupo competidor, hombres altamente cualificados académicamente en puestos de relevancia social que aspiran, y en este caso ya poseen, ese poder y buscan eliminar a los competidores. No se trata aquí de que el machismo no se dé socialmente -sólo hay que ver los programas de la tan progresista La Sexta, plagados de presentadoras con estupendos envoltorios carnales (mamachichos progresistas) para confirmarlo- sino que aquí el tema real por el que se combate no es ese. Y tampoco, claro está, la lucha social por los derechos efectivos de la mujer en cuanto a trabajadora de media o baja cualificación.
Efectivamente, debe observarse como la solución pretendida y la presión efectuada no es de orden social sino legislativo. No se exigen más guarderías, cambios en los horarios de trabajo o mejoras en el paupérrimo permiso por maternidad sino que la presión y la medida estrella es la cuota. Y esto tiene, al ser analizado, una doble característica social que refuerza la veracidad de nuestro discurso. En primer lugar, la cuota resulta inútil para los puestos laborales de cualificación media y baja pues estos puestos hace tiempo se convirtieron en igualitarios, es decir: el sistema productivo y el desarrollo tecnológico a él unidos los asexuó cuando no los hizo prioritariamente femeninos. Y así la cuota no soluciona el problema de todo ese inmenso grupo social de mujeres con media o baja cualificación sino sólo el de aquellas con una cualificación alta y que buscan, legítimamente en primera instancia, conquistar un puesto de élite ya en los consejos de administración ya en el mundo de la alta política. La cuota así no mejora el empleo femenino sino el de un sector muy concreto de mujeres.
En segundo lugar, el hecho de que el énfasis se ponga en lo legislativo y no en lo social retrata al grupo y contrasta positivamente de nuevo nuestra teoría. En efecto, esto es debido a que esta élite se puede permitir el acudir a la asistencia privada para el cuidado de sus hijos y el permiso de maternidad es un hándicap en su promoción social con lo cual cualquier lucha en este aspecto no se considera como prioritaria y por tanto queda meramente testimonial. Frente a esto, las reformas de carácter legislativo y obligatorio sí se corresponden con su interés inmediato y por tanto la pelea se establecerá allí. Así el máximo interés de la mayoría de las mujeres en cuanto a lo que les atañe específicamente -aunque no sea necesariamente lo más importante- a su sexo, la adquisición de unos derechos sociales relacionados con la vida familiar, no se transforma en prioridad social frente al interés de la élite. Y todo el juego se desenmascara. La élite femenina se presenta como la mujer, género universal, cuando en realidad no es sino la competidora mercantil de cierto puesto laboral muy concreto ocupado no por el hombre, falsa generalización de nuevo, sino por, curiosamente, sus propios maridos, amigos o vecinos de chalet o urbanización.
En mi anterior instituto -plagado, claro está, de mujeres funcionarias y progresistas- una de ellas montó una especie de exposición titulada Mujeres en la sombra. En ella se pretendía rendir homenaje a un grupo de mujeres de los siglos XVIII y XIX, creo recordar, sin cuyo trabajo, según se exponía, hubiera sido imposible la labor de otros científicos, de sexo masculino, más importantes. Yo sólo comenté una cosa, y algo simple sin duda: que siendo estas damas a su vez de la burguesía bien pudiera ser que debiéramos hacer una exposición de la exposición titulada Sirvientes en la sombra y dedicada a aquella parte mayoritaria de la humanidad, hombres y mujeres indistintamente, que con su esfuerzo absolutamente explotado y correspondiente a su pertenencia dentro de la división social del trabajo habían permitido que estas personas relevantes, las señoras y los señores, se pudieran dedicar a pensar. Pero nadie me contestó y nunca hubo tal exposición.
domingo, mayo 04, 2008
viernes, mayo 02, 2008
DOS DE MAYO
Años después era otro ejército francés, los Cien Mil Hijos de S. Luis, el que invadía España. Y ahí la historia no habla de invasión ni de independencia. Y unpueblounanación acudió ante el invasor, como ya había hecho ante el miserable Fernando VII, con un grito: ¡Vivan las cadenas!
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