lunes, febrero 18, 2013

DERECHOS Y SOPA BOBA: SOBRE LA RENTA BÁSICA.


Entendemos por renta básica ciudadana el hecho de que todo ciudadano cobre un sueldo por este motivo, ser ciudadano, como un -presunto- derecho social. Por ello, cuando aquí hablemos de esto nuestro último objetivo será analizar exclusivamente este significado y no otros tipos de subsidios o pagas que tienen necesariamente un análisis distinto. Así, nuestra crítica, en su doble sentido de análisis y desacuerdo, a esta idea de la renta básica tiene una triple dirección: pragmática social, política y de índole moral.

El primer motivo es el pragmático. Aquí hay tres elementos a analizar.

El primero de ellos, y el más anecdótico, sería el criterio a seguir para  conceder la renta. Efectivamente, se podría dar por motivos de ciudadanía restringida, ciudadanos con derecho a voto, o con ideal extenso, incluyendo además a aquellos que tienen la residencia, e incluso con ideal guay: también a los inmigrantes ilegales. En cualquiera de los tres casos sería problemático pues al aceptar el primero o incluso el segundo se realizaría una discriminación que no parecería muy social, si la sanidad o la educación deben ser universales como creemos, pero en el caso de aceptar el tercero la cosa tendría evidentes consecuencias que no vamos a relatar aquí.

Pero esto es anecdótico en comparación con el segundo problema: ¿de dónde saldría el dinero? Lo gratis no existe: generar una renta mínima implicaría una inversión millonaria y un gasto real. Pero, alguien podría decir que siguiendo la regla de tres -nota: ¿por qué los profesores de matemáticas odian la regla de tres?-: se debería entonces quitar la educación o la sanidad pública. Y aquí viene otro punto interesante. La educación o la sanidad gratis implican, económica y socialmente hablando, una inversión respecto al futuro y no un gasto: no se vive de ella sino que te prepara para vivir en unas condiciones en las que el sujeto va a devolver esta inversión a la sociedad. Sin embargo, la renta básica no funciona así sino al contrario.

Efectivamente, aquí viene el tercer punto básico del pragmatismo. Generar una renta básica ciudadana implica dar dinero mensual por el hecho de ser alguien, un ciudadano, aunque no se haga nada. Así, un sujeto puede vivir de ella exclusivamente sin hacer nada más. En el concepto roussionano, malentendido con respecto a la teoría del autor –nota: que tampoco es santo de nuestra devoción-, la bondad natural hará que todos busquen cooperar. En el hecho social real, no. Y además serán las clases bajas las que en mayor proporción actuarán así pretendiendo vivir de la sopa boba. Efectivamente, con menos expectativas sociales que otros grupos, y menos ambición, un amplio sector de las clases bajas convertirá la renta básica en una forma de vida: vivir de las rentas del estado. La ciudadanía no será su ejercicio sino su derecho a la pereza.

Y aquí, y por esto y más importante, entra el factor político: ¿qué función debe tener un derecho desde una perspectiva de izquierdas? Un derecho debe servir para desarrollar una vida pero nunca debe transformase en una forma de vida. La sociedad debe generar las condiciones previas para permitir a los individuos desarrollar la vida autónoma y por eso defendemos los derechos políticos y también los sociales. Sin embargo, el problema de la renta básica es que se trata de un derecho que puede convertirse en una forma de vida: la generación de un grupo social que viva de la caridad pública.

Y esto conlleva, a su vez, dos problemas políticos.

En primer lugar está el problema de la integración absoluta y perfecta. Efectivamente, la existencia de un colectivo social que vive de ser meramente social, de la sopa boba, implica la integración perfecta de dicho colectivo como fuerza conservadora de la sociedad que le mantiene. Es decir, el colectivo implicado estará contra cualquier cambio social excepto aumentar su limosna y defender a las almas caritativas que se las ofrecen: la señora marquesa, la señora duquesa,…

En segundo lugar, es el sueño perfecto de la dominación totalitaria. Un derecho social cuya existencia no implica la autonomía personal sino la dependencia absoluta es el sueño de toda sociedad autoritaria. Y la renta básica ciudadana, como ya sabía la Roma imperial, va por tal camino.

Y así, enlazando con lo anterior entramos de lleno en el problema moral que aquí es el más importante. La moral no debe confundirse  necesariamente con la política en todas y cada una de sus manifestaciones pero no nos cabe duda de que el ideal político debe tener contenido moral. El ideal político de la izquierda debe ser la autonomía de los individuos. Obsérvese que no hemos puesto ni la igualdad ni la libertad. No debe ser la igualdad porque esta se puede conseguir, como lo hicieron los regímenes comunistas, sin necesidad de la autonomía personal: la pura heteronomía del estado dictador. Tampoco debe ser la libertad porque esta solo implica una capacidad formal. La libertad no implica necesariamente una situación social que permita al sujeto llevar una vida autónoma: los pobres pueden ser perfectamente libre.

De esta manera, la autonomía implica algo más que la libertad al ser no solo formal sino también práctica: la idea de autonomía -como demuestra el hecho de su sentido moral- implica obrar. La autonomía es la libertad de obrar. Así, pedir autonomía es pedir la existencia de unas condiciones sociales para ese obrar. Y por eso la izquierda debe defender los derechos sociales que no son por ello un fin sino un medio. Pero, ¿no sería la renta básica la creación definitiva de esas  condiciones para obrar? Al revés, es su traición.

La renta básica es la pura heteronomía en un sentido doble. En primer lugar, porque la condición de posibilidad del desarrollo de la propia vida es ahí la dependencia social. En segundo lugar, porque el derecho ya no se concibe como una condición para la vida propia  sino como una forma de vida ya escrita. La renta básica permite vivir de la renta básica y nada más: la vida ya escrita en la sopa de letras pero boba.

La izquierda debe defender los derechos sociales no como un fin en sí mismos, tal y como se defiende la caridad, sino como un medio para lograr el auténtico fin: la autonomía de los sujetos. Los derechos sociales deben cumplir este objetivo y por eso se defiende, entre otros, la educación o la sanidad. Sin embargo, la renta básica no es sino la conversión de la sopa boba al ñoño laicismo. Un derecho sirve para desarrollar la vida, una cadena la ata.  

jueves, febrero 07, 2013

LA TRAGEDIA (menos) Y LA FARSA (más)

Cuentan las crónicas históricas que María Antonieta al ser advertida de que el pueblo de París pedía pan sentenció: ¿Que no tienen pan? ¡Pues que coman pasteles! 
Acabó en la guillotina.

Cuentan las crónicas rosa que Ana Mato ha señalado su momento preferido del día: Por la mañana, cuando veo cómo visten a mis hijos. 
Está de ministra de Sanidad.
Bueno, de ministra del PP, ossssea.

lunes, febrero 04, 2013

¿SEGUIRÁ SIENDO ESPAÑA UNA DEMOCRACIA?


1.- En el artículo anterior nos preguntábamos si España era o no una democracia. Hablábamos así de la actualidad, todavía ahora, y nuestra respuesta era afirmativa: España es una democracia.
Además, en nuestro escrito, para analizar la cuestión, dábamos tres definiciones de democracia: exclusivamente política; política y con derechos sociales; y por último, una como ideal. Y comparando con las dos primeras, España era una democracia homologable al resto de Europa.
Pero tal vez era solo aún una afirmación. Porque el hecho de que un país sea en la actualidad una democracia no implica que lo vaya a seguir siendo para siempre.

2.- Tesis: la democracia española está en peligro de desaparecer como tal democracia. Y su principal enemigo no son los que cantan lo llaman democracia y no lo es, sino dos factores interconectados entre sí: uno nacional y otro, que es el principal,  internacional. El verdadero enemigo de la democracia es, así, la condición real que permite a la oligarquía comprender que puede aumentar, con la nueva situación económica, su rapiña social y que, para ello, debe acabar con la democracia.

3.- ¿Cuál es esta nueva situación? Hay dos enemigos fundamentales de la democracia: el proceso de precarización y la repercusión concreta que este proceso tiene en nuestro país (que, por cierto, es España). Obsérvese, es importante, que no hablamos del capitalismo como sistema sino de dos hechos no necesarios en él. Porque, sin duda, el Capitalismo es explotación, y la mayor explotación, pero el proceso de precarización implica una explotación específica y concreta.

4.- Efectivamente el factor fundamental de riesgo para la democracia es el proceso de precarización: la conversión del sur de Europa, y tal vez del mundo, en una realidad socioeconómica cuyo ejemplo son los BRIC (Brasil, Rusia, India y, especialmente, China) . Se trataría así de crear un modelo social con una reducción sustantiva de derechos sociales y políticos, una disminución de la democracia como participación de los ciudadanos en el poder político y una importante reducción del nivel de vida. Y el responsable principal de este proceso es la oligarquía económica.
Resumen: este proceso es un enemigo de la democracia porque genera un nuevo modelo social y político que ya es incompatible con aquella.

5.- ¿Qué pretende el proyecto de precarización? Es un proyecto centrado en la reconquista absoluta del poder social, económico y político por parte de la oligarquía económica y social, a imitación de los BRIC y en concreto China, aprovechándose del ensanchamiento del mercado de consumo con la incorporación de esos países y la no necesidad actual, por ello, de un alto nivel de vida en occidente para crear mercado -aquí pueden ver un resumen-.

6.- ¿Qué modelo social propone el proyecto de precarización y por qué es contrario a la democracia? Propone un doble modelo. Hasta ahora las democracias europeas, especialmente aunque no de forma exclusiva, se han cimentado sobre un modelo social característico que se puede resumir en dos ideas interconectadas: estado del bienestar y emergencia de la clase media hasta hacerse hegemónica. Sin embargo, la clave social del proyecto de precarización es la depauperación de la clase media, expandida antes por la necesidad de mercado del nuevo capitalismo, y la desaparición del estado como contrapoder ante la oligarquía económica –en el sentido de impedirle campar a sus anchas-. Este nuevo modelo implica una sociedad basada en la depauperación social y económica de la mayoría de la población y una reducción del estado a mero gestor de los intereses de esa misma oligarquía desapareciendo como protagonista social y político.

7.- La clase media, mal que le pese a tanto revolucionario a la violeta, es la clave de esa democracia social todavía vigente porque su interés de medrar va unido a la existencia de derechos sociales. Efectivamente, para medrar, y de forma egoísta, necesita la existencia de servicios públicos -sanidad, educación, pensiones y otros- que la sitúen en unas condiciones de partida lo más parecidas posible a las que tiene la oligarquía. La existencia de un estado social es así la clave de la existencia de la clase media pues sin él pierde su capacidad de rivalizar frente a la oligarquía. Pero, también funciona en sentido contrario la conexión: la clase media es la garantía de la defensa de un estado social. Así, la clase media y la democracia social van unidas.
Alguien podría articular que la clase baja debería estar más interesada en este mismo estado del bienestar, y es cierto y un error. Es cierto de forma, aparentemente, evidente: a menor capacidad social mayor interés en aspectos compensadores. Pero es falso a nivel objetivamente social. Efectivamente, en sociología un factor objetivo son las expectativas del grupo. Si no se espera nada más que la mera repetición de la vida, entonces la condición que permita esa repetición es el interés de clase: la caridad, ya pública ya privada, cuidaría por ello de sus intereses pues como colectivo social, otra cosa evidentemente es cada individuo, no existe el interés de medro. Y esto es, aunque suene extraño, Marx puro. Podríamos ser más correctos, pero nos llevaría a ser más falsos.
Así, la precarización de la clase media implica la pérdida de una línea de defensa de la democracia social en cuanto a que su principal interesado desaparece.

8.-Además, y unido a lo anterior, el proyecto internacional de precarización lleva a la desaparición del estado como poder político, social y económico.
Como poder político porque la conversión de Europa en un supermercado único no va unida a una democracia única. Así, la UE dicta condiciones macroeconómicas que afectan a las poblaciones nacionales sin que exista un poder democrático legitimado para ello: la UE es incontrolable en términos democráticos. De esta forma, el estado nacional se convierte solo en correa de transmisión del poder de Bruselas no elegido.
Primero, porque se impone la idea del déficit público como la clave de la política económica. Curiosamente, rescatar a los bancos con dinero público es inversión pero recortar en educación o sanidad es reducir el escandaloso déficit: cuestión de oligarquía.
En segundo lugar, como poder social, por dos motivos.
Segundo, y unido a lo anterior, porque la ruptura del modelo social característico de las democracias implica la pérdida de los servicios públicos. Esta pérdida no se da no porque estos servicios dejen de ser regentados por funcionarios, eso es lo de menos, sino porque dejan de ser realmente públicos. Ocupada su explotación económica por la misma oligarquía que pretende acaparar el poder, su fin lógicamente no será el servicio social sino el beneficio económico. De esta forma, la cada vez mayor presencia de la oligarquía económica en un terreno de derechos sociales, pues eso son los servicios públicos, implica la conversión de esos mismos derechos en razón del beneficio económico de esa misma oligarquía. El pacto social no solo se rompe por la precarización del nivel de vida de la parte socialmente más débil –pregúntense por su sueldo mermado y sus impuestos aumentados para peores servicios- sino fundamentalmente por esta conversión del derecho social en beneficio económico.
Así, la ausencia del estado, su mutis por el forro de la oligarquía –buen juego de palabras, ¿eh?-, implica la pérdida de un contrapoder básico en democracia. Precisamente, el gran hallazgo de la socialdemocracia fue construir un estado que sin ser una dictadura fuera un poder social, económico y político. Y la oligarquía sabe que hay que destruirlo.

9.- Así, la situación internacional que es el proyecto de precarización busca imponer un vacío social y político. Y este vacío de poder  no va a ser llenado por la calle -oh, el pueblo- sino por la oligarquía.

10.- Pero, ¿y España? España, como Grecia, es el conejillo de indias del proyecto de precarización. Y lo es, como Grecia, por dos motivos: por su crisis económica y, principalmente, por su oligarquía política y su tejido social. La oligarquía política española es completamente ineficaz como respuesta al proyecto de precarización porque su poder social y político en realidad está íntimamente relacionado con ese mismo grupo social. Pero, eso no la diferencia del resto de la europea. Lo que sí la diferencia es que al acentuarse aquí la crisis esa dependencia resulta más gravosa pues la única posibilidad de mantener sus privilegios como casta es cumplir fielmente las indicaciones de esa misma oligarquía. Además, encima, la oligarquía política española tiene el problema del provincianismo nacionalista, especialmente gravoso para la presunta izquierda, que le lleva a juntar su interés de casta con el proyecto de mi pueblo es lo primero que pa’ eso semos diferentes, dándole aún más poder a la oligarquía económica nacional(ista).

y 11.-  ¿Se puede hacer algo? Por supuesto. Pero para eso primero hay que entender el problema -que es lo que hemos pretendido aquí- y luego fijar un objetivo. Y dicho objetivo debe formar un discurso social hegemónico: un ideal socialmente mayoritario. El objetivo debe ser así, al menos en la aceptación de un mínimo común, algo que una amplia base social acepte. Y eso sería una realidad de estado de bienestar como la que había antes de 2008 –obsérvese: tampoco pedimos tanto-. Pretender ahora en la acción política otra cosa, no así discutirlo, es suicida. La situación absoluta es de guerra y el botín que se quiere repartir la oligarquía no es solo nuestro bienestar sino aquello que lo ha permitido: la democracia.
Yo seguiré escribiendo artículos contra el capitalismo y pretendiendo hacer filosofía política –pero de la profunda, ¿eh?-. Seguiré analizando, como ya lo hago,que el alto nivel de vida de occidente no es sino explotación. Pero, al tiempo, y también porque hago filosofía, no dejaré de ver que prefiero esto a una sociedad explotada en todo. Es ingenuo pensar que cuanto peor mejor. Lo real es que lo peor limita condiciones para lo que algún día podría ser mejor. Y el ideal de democracia sigue vivo solo si nosotros seguimos vivos. 

jueves, enero 31, 2013

VIDA INTERIOR/110: ¡¡UNA OPORTUNIDAD!!

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.




¡¡¡Exijo una oportunidad!!!
Yo me vendo más barato.

miércoles, enero 30, 2013

VIDA INTERIOR/109: EL GATO NEGRO (o blanco, o pardo, o...)

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Por fin se puede demostrar lo que siempre sospechamos. Lo sabía Poe (¿se imaginan El gato negro protagonizado por un perro oscuro?). Lo sabía yo. Ahora, lo pueden saber ustedes.
Los gatos son malos.
Y yo,no tengo tiempo de decir otra tontería.


sábado, enero 26, 2013

Y (otra vez) EL CURSO: EXPERIENCIAS DOCENTES EN FILOSOFÍA


De nuevo, y a través de la Asociación de Profesores de Filosofía de Madrid,  un grupo de profesores de Filosofía de esta comunidad nos reuniremos desde el próximo 4 de febrero hasta el 15 para contar no teorías sobre cómo debería ser la educación, sino hechos concretos de cómo la hacemos nosotros. Si alguien está interesado, puede ver más información. Si alguien está más interesado aún, puede inscribirse aquí –es absolutamente gratis porque no cobra nadie-. Y si alguien tiene un interés supremo, puede inscribirse y el año que viene, que pretendemos volver a hacerlo, exponer su experiencia.

Puede que el gobierno nos quite la materia, pero nosotros seguimos trabajando.    


martes, enero 22, 2013

¿ES ESPAÑA UNA DEMOCRACIA?


1.- Lleva generalizándose una idea entre la izquierda presuntamente más rebelde: España no es una democracia. Así se canta en las manifestaciones y así se escribe en internet. Hay, por tanto, que contestar a una pregunta: ¿es España una democracia?

2.- La Filosofía Analítica usaba una brillante fórmula. Cuando alguien pretendía decir algo hacía una petición de principio: ¿qué quiere usted decir cuando dice x? Parece poco, pero es mucho. Por eso es pertinente, en primer lugar, esclarecer el significado de los términos empleados. ¿Qué entiende usted por España y por democracia? Por España, podríamos llegar a un consenso,  nos referimos al país del que tenemos el DNI, es lo máximo que estoy dispuesto a admitir, y ahí parece no haber problemas. El problema en este juicio surge al hablar del término democracia.

3.- Podemos hacer, para abarcar varias acepciones, una triple definición de democracia. En primer lugar, por democracia se entiende un régimen político cuyas características principales serían elecciones libres, derecho a la asociación política, derecho a la libertad de expresión e igualdad ante la ley: en resumen,  soberanía popular. En segundo lugar, por democracia se entiende lo anterior añadiendo algo nuevo y generando así un régimen social: derechos sociales (salud y educación, fundamentalmente).  En tercer lugar, por democracia se puede entender ya no solo un régimen político y con derechos sociales sino un sistema económico y social que garantice la consecución de la autonomía de los sujetos y el fin de la explotación por un beneficio social y humano. Así, tenemos tres definiciones amplias de democracia.

4.- Pero, tener tres definiciones de democracia nos lleva a otro problema. Cuando se pregunta por algo, volvemos a la filosofía Analítica, uno debe, por cortesía y racionalidad, explicitar a cuál de las posibles acepciones se refiere en concreto. Efectivamente, si yo pregunto por la democracia puedo referirme al ser o al deber ser. Es decir, puedo referirme a qué debería ser una democracia o a qué es eso que se entiende en la actualidad, y no en el ideal, por democracia.
¿Ideal o realidad? Nadie debe entender esto en ese sucio juego de puro pragmatismo o absoluto idealismo sino en el problema de la clarificación de los conceptos. Efectivamente, el juicio “en España no hay democracia” debe explicarnos, sino quiere quedarse en mera consigna, si habla de democracia como ideal o como hecho actual.
 Si se habla como hecho actual, podemos referir el término democracia a una comparación con aquellos países a los que sí se puede considerar democracia. Exceptuemos aquí a Cuba y Corea del Norte, aunque seguramente para algún rebelde serán democracias auténticas, y centrémonos en las democracias tradicionales. Podemos así hacer una relación: si aceptamos que Francia o Reino Unido o Suecia son democracias y consideramos que el régimen político español es homologable al de estos países, entonces España será una democracia. Si no, no.

5.- ¿Es el régimen político español homologable al francés o al británico? Volvamos al punto 3: comparemos lo allí dicho en las dos primeras significados, el tercero era un ideal, con nuestro país. España debería ser un país con derechos políticos (asociación, expresión, voto,...) y con derechos sociales (educación, sanidad,...) ¿Lo es? Bien, aquí surge el empirismo puro: no hay más que observar.

6.- Vayamos primero a los derechos políticos: ¿existen en España? Pues resulta claro que no hay nadie que no los pueda ejercer libremente. Las redes sociales son un hervidero de ideas y críticas y cualquiera puede decir lo que crea -incluso que, en paradoja, España no es una democracia-. El gobierno es elegido por votación -aunque luego no cumpla nada de su programa y eso es un claro déficit democrático, pero antes también- y parece no haber problemas en asociarse. Esto no quiere decir, por supuesto, que no haya, y especialmente empiece a haber, una legislación que pretenda dificultar, que no regular, estos derechos. Pero no parece que la situación sea la de una dictadura.
Pero, entrando en el segundo significado, ¿y los derechos sociales? ¿Acaso aquí está España en condiciones de homologación? Reconociendo que España nunca ha llegado al gasto social medio de la OCDE, también es cierto que en los años de democracia se ha registrado un impresionante salto en este aspecto. Así, la sanidad española, mal que le pese al PP, es un ejemplo mundial y la educación tiene unos niveles de acceso homolagables, y en muchos casos mejores, al resto de los países. Así, por supuesto, si bien España no es lógicamente un paraíso terrenal, sí podemos afirmar que los derechos sociales han estado razonablemente cubiertos hasta ahora –y no pierdan esta idea: hasta ahora-. Alguien podría hablar del paro o los desahucios, pero quien así lo hiciera estaría ya hablando de un tercer nivel que es lo que aquí hemos señalado como ideal y que no cumple ninguna democracia. Por supuesto, es ingenuo defender que España es una democracia ideal, pero es ridículo defender, salvo que alguien demuestre lo contrario,  que no es una democracia homolagable. Es decir, quien señale que España no es una democracia debe, en el mismo juicio, añadir una conjunción: y ningún otro país lo es.

7.-  ¿Ya hemos acabado entonces? No, porque ahora viene realmente lo importante. Si España es una democracia, en el sentido anteriormente expuesto, ¿por qué esa manía en negarlo? Pero viene además algo más. ¿Y que España sea una democracia implica que no hay peligro de retroceso? En realidad las dos cosas van juntas.

8.- ¿Por qué negar que España sea una democracia homologable? La autoproclamada izquierda de verdad sufre dos problemas. El primero es la desaparición de un discurso social hegemónico como el que tuvo; el segundo, consecuencia del anterior, es la llegada así, o tal vez la vuelta, de una idea de aristocracia moral.

9.- La izquierda carece hoy de discurso político socialmente representativo. Efectivamente, si se observa el discurso social dominante se verá que aquello que ha calado en la opinión pública es un discurso basado en la reducción del déficit y en la supremacía de lo privado sobre lo público. No se trata de que la gente tras el desastre Zapatero -por cierto, ¿dónde estabais?- vote al PP sino que las ideas sociales hegemónicas son de derechas –y esto es algo que se ve muy bien comparando el cine clásico, americano y europeo, y el actual-. Así, el  discurso social mayoritario se ha vuelto de derechas -por ejemplo, lo fundamental es el déficit público y no el paro- y no, como lo fue desde la posguerra europea, socialmente de izquierdas. De esta forma, la hegemonía intelectual de la derecha es absoluta en cuanto que ella marca el contenido del discurso mayoritario. La derecha ha ganado la batalla social.

10.- Y aquí viene la consecuencia. Eliminada del discurso socioeconómico, que la izquierda ya solo hace para una élite social encantada de haberse conocido,  la izquierda busca refugio en una ideología que ya no habla de la realidad sino del ideal convertido, en su sentido de falsedad, en ideología. Ante el discurso social hegemónico de la derecha, la izquierda plantea un discurso beatifico como falsificada reacción: que si la república, que si el género, que si el multiculturalismo, que si los bancos son malos,… Y en dicho discurso, eliminada ya la reflexión socioeconómica, solo queda espacio para la indignación moral maximalista: una nueva fe, un nuevo creyente. Y de esta nueva fe, la indignación moral maximalista, surge curiosamente, o tal vez resurge con nueva fuerza, una idea de aristocracia moral. Efectivamente, el indignado ya no pretende una fuerza política mayoritaria, pues la mayoría se le presentan solo como un grupo aburguesado y vendido frente a su autenticidad de revolucionario –especialmente de internet-, sino que se dirige a una nueva secta de elegidos con supremacía moral: o estás conmigo o estás contra mí. Ahora ya se abandona el discurso sobre entidades objetivas y todo se antropomorfiza, como en los mitos, para explicarlo: el capitalismo, realidad objetiva, se convierte en los banqueros. Y así, no hay democracia porque nosotros no gobernamos así que tomemos (o rodeemos en su versión flower power) el congreso o, ahora, la calle. Porque ganar unas elecciones sería contar, piensan, con la chusma.

11.- Decir que no hay democracia implica cederle terreno al enemigo porque le permite ocuparse de la política real, la que tiene y gestiona el poder, y dejarle a la izquierda florida y virginal las redes sociales y la democracia virtual: incluso la calle convenientemente cortada.

12.- Y esto nos lleva a otra conclusión. Quienes gritan no hay democracia, quieren decir en realidad que no quieren democracia -y en esto se parecen a los dirigentes del PP-. Efectivamente, su idea de democracia, en ambos lados, es discrecional y no universal. Y es discrecional porque no creen en la democracia como una forma social de convivencia sino como un mero medio para la consecución del poder: la hay cuando lo tienen. Curiosamente, así, en realidad ambos mundos se unen en la creencia de que la universalidad de los derechos, y no que sean discrecionales a su antojo,  debe ser superada porque la forma de convivencia social debe ser la dominación.

y 13.- Soy marxista. No quiero vivir en un país en el cual no pueda ver un canal como Intereconomía o votar al PP.  

jueves, enero 17, 2013

LA FRASE Y LA ASIGNATURA DE ÉTICA


Hay veces en que pequeñas cosas se convierten en importantes. Hay otras en que pequeñas cosas solo son pequeñas cosas. Pero algo pequeño es mucho más que nada.

Clase de ética. Hacia las nueve y cuarto de la mañana. Explicando qué es la ética. Diciendo que es la reflexión personal y filosófica sobre lo que está bien y está mal a través de argumentos y demostraciones. Señalando lo importante que es reflexionar sobre las cosas, no solo sobre lo aparentemente profundo -la existencia de Dios o del alma, que también- sino sobre aquello cotidiano, de cada día: es hermoso pensar.
Y de pronto, la frase: Debe ser muy triste salir cada día a la calle y no saber por qué el cielo es azul. Pero debe ser más triste aún salir cada día a la calle y nunca habérselo preguntado.

Acaba la clase, pasan unos minutos y una alumna me dice: ¡Profe, he tuiteado la frase!
Es una esperanza.

Wert, el ministro de educación, y el PP saben que esta materia no es importanteLa quitan. 
Dejan la religión.

lunes, enero 14, 2013

NO EDUCAMOS PARA ESTO


Iba hoy el pésimo ministro de educación  Wert a dar una conferencia en Sevilla cuando un grupo de matones totalitarios ha decidido que hay gente que puede hablar y hay gente que no puede. Una de ellos, por lo leído, encima llevaba la camiseta verde de la escuela pública y orgullosa ha señalado que han conseguido reventar el acto. Es el orgullo del fascista.
Desde aquí pedirle disculpas al pésimo ministro Wert. Nosotros no educamos para ese ni para aquellos. O resumiendo: no educamos para esto.  

jueves, enero 03, 2013

LA FOTO

Protestan contra la celebración de la toma de Granada en 1492. Una esvástica tachada aparece: todo el que no piensa como yo es un nazi . Pero lo mejor es la niña del pañuelo: símbolo de libertad.



miércoles, diciembre 26, 2012

DEFENSA DE LA FILOSOFÍA/1


Primero, una breve historia del caso. Cuando entró en vigor la LOGSE, con el PSOE gobernando, la Historia de la Filosofía, hasta entonces obligatoria en el antiguo COU -hoy 2° de Bachillerato-, pasó a ser solo para los de letras puras. Así siguió hasta que llegó el PP al poder y la puso obligatoria de nuevo haciendo, además, que la Ética de 4° de ESO pasará a ser exclusiva de los departamentos de Filosofía. El gabinete Aznar defendió la Filosofía.

Segundo, un poco de actualidad. El actual anteproyecto de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) del PP ha vuelto, sin embargo, a la LOGSE. Historia de la Filosofía desaparece como materia obligatoria así como la Ética, reconvertida ahora en alternativa a la religión.

Y ahora, la trama. Como parece claro que esto implica un cambio de opinión radical en el PP -de hecho, en el primer borrador LOMCE la Filosofía seguía siendo obligatoria- cabe plantearnos dos cosas: primero, por qué el PP, hasta ahora abanderado de las Humanidades, ha cambiado de opinión; segundo, por qué deben ser obligatorias la dos materias eliminadas, Ética en la ESO e Historia de la Filosofía en 2° de Bachillerato. Por ello, nosotros intentaremos -a veces me puede mi proverbial modestia- realizar esta doble tarea en dos artículos distintos, empezando ya mismo con la primera cuestión.
¿Por qué el PP ha quitado la Filosofía?

Ha corrido por ahí una teoría grandilocuente: la Filosofía en la educación resulta peligrosa para el poder porque hace pensar. La idea de esto sería, más o menos, que como la Filosofía genera un pensamiento crítico extraordinario entonces el gobierno de derechas la retira por miedo, buscando impedir a la ciudadanos pensar y, por consiguiente, la revuelta social próxima. Pero el argumento es, más o menos, exagerado.

En algún lugar hemos señalado que Filosofía es pensar triste. Con ello, queremos destacar que el espíritu de la filosofía nunca es, a pesar de Boecio, consolador. Lejos de eso, la filosofia conlleva la desdicha al comparar lo que es, la realidad, con lo que debería ser, la racionalidad. Su compromiso así es con la verdad y no con el deseo. Por ello, creer que una materia que ha estado presente sin problemas durante, por ejemplo, el franquismo es retirada ahora para impedir pensar no cumple con ese compromiso con la verdad. Que haya clases de filosofía no implica, a los hechos nos remitimos, una sociedad más crítica -nota: y esto plantea para qué entonces debe darse esta materia, pero a eso responderemos el próximo artículo-. Por tanto, resulta grandilocuente, y lo grandilocuente es a su vez ridículo, defender esta postura. El gobierno del PP, en definitiva, no quita filosofía por temor a que su presencia desemboque en una revuelta social. Entonces, ¿por qué la quita?

Recordemos algo: el PP, hasta ahora, siempre ha defendido la materia de filosofía. Por tanto, la pregunta está incompleta si no se le añade un término temporal: ¿por qué el PP quita ahora la filosofía? Y ese término ahora implica un cambio: ¿qué ha cambiado? Lo que ha cambiado es el modelo social que defiende ahora el PP. Y este modelo social tiene una repercusión en el modelo educativo.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el modelo social básico en los países desarrollados estaba consensuado para las principales opciones políticas: su meta era una población con recursos económicos suficientes y cuya imagen ideal, en su doble significado de utopía y meta, era la clase media. Así, en este modelo social la discusión era de matiz pero no de fundamento. Y una parte de ese matiz era la idea de cultura: para la derecha tenía que ver con la tradición y para la autoproclamada izquierda con la ruptura. La derecha, así, defendía una visión cultural erudita, en cuanto a adquisición de conocimientos, y tradicional, en cuanto a que esta adquisición garantizaba la continuidad entre generaciones y la convivencia social. Sin embargo, la izquierda defendía la ruptura con lo anterior y de ahí una visión educativa que desprestigiaba la memoria y la erudición, entendidas como lo que conservaba la tradición, fomentando lo instrumental.

Desde estas dos visiones contrapuestas se entiende la problemática de la Filosofía. Para la izquierda, la Filosofía representaba ese viejo mundo con el que quería romper. Además, creían que la Filosofía había sido ya superada por las ciencias naturales -que habían acabado con la metafísica- y las ciencias sociales -psicología, antropología, sociología, filosofía del derecho y política que habían acabado con la epistemología, antropología filosófica, ética y filosofía política-. Sin embargo, para la derecha, al contrario, la filosofía, que ella calculaba estaba en su apogeo con el jesuíta Suárez y la escolástica, era el arquetipo de la tradición y por ello de la cultura y la continuidad social. Por eso, el modelo educativo debía incorporarla como garantía de la no ruptura histórica.

Pero lo más interesante aquí es como la necesidad de la filosofía para la educación no era debida a la propia filosofía y lo que ella misma era sino al modelo cultural defendido que, a su vez, se relacionaba con el ideal social. Y ahí está la clave del problema, pues si el proyecto social de la derecha cambiara, y al no ser la defensa de la filosofía por ella misma, el papel de la filosofía en la educación podría variar e incluso llegar a hacerse prescindible.
¿Ha cambiado el proyecto social de la derecha? 

Resulta claro que sí. El nuevo modelo social de la derecha es el modelo BRIC, resultado final del proceso de precarización. Este modelo -analizado en este blog- se basa en una pérdida de derechos sociales, reducción del nivel económico de la mayoría de la población, depauperación de la clase media y una oligarquía con un absoluto control social. Es China su ejemplo y constituye una ruptura radical con el modelo occidental hasta ahora vigente que consistía precisamente en lo contrario: expansión de la clase media y de los derechos sociales.

Así, y como hemos advertido antes, la ruptura con el modelo social implicará a su vez la ruptura con el modelo educativo. Y esto implica a la Filosofía de manera general y particular.

De manera general porque, como señalábamos más arriba, la presencia de la Filosofía en el currículo escolar, y del resto de Humanidades en general, tenía su fundamento para el PP en la tradición y la continuidad. Así, si se rompe con esta, que es lo que se hace con el nuevo proyecto social, la presencia escolar de las Humanidades carece de sentido pues se constituye como mero fósil del pasado. Y por eso se puede quitar la Filosofía, la Ética o la Historia de 4° de ESO.

Pero además, en este aspecto general, hay otro problema. Efectivamente, el sueño de la clase media era también un sueño de extensión cultural. La cultura era vista como un ideal y, al tiempo, como una forma de medración social. Así, la cultura tenía un valor erudito y una utilidad para ascender social y económicamente. Si desaparece la posibilidad real de ascenso social -y una de las medidas del proyecto de precarización es impedir esta posibilidad de ascenso y esto es, a su vez, uno de los motivos para acabar con los servicios públicos- la cultura solo queda como erudición, algo que pertenece en sí a la oligarquía. Las clases depauperadas, sin opciones ya de mejora social, solo deben conocer lo indispensable.

Y, de nuevo junto a este último, hay además otro factor fundamental. El proceso de precarización implica una sociedad de una mayoría con baja cualificación académica y una minoría cualificada. Esto se busca por tres motivos. Primero, porque la cualificación laboral implica generación de expectativas y estas pueden conllevar frustración social y disconformidad al no cumplirse. Segundo, porque una población mayoritariamente cualificada sería una competencia para la propia oligarquía y sus retoños –ya sabes, técnicamente se llaman “hijos de papá”-. Y, tercero, porque la mayoría de los trabajos puede que necesiten una cualificación técnica pero, una vez producida la ruptura con la tradición ilustrada, aquella no precisará de una alta cultura. Una sociedad precarizada necesita ser idiota y olvidar la promesa de liberación que estaba implícita en la cultura del pasado. Las materias instrumentales, como el software de las herramientas, son lo fundamental.

Pero hay, además, dentro de este proyecto, un factor propio contra la Filosofía. Precisamente si hay un conocimiento, como bien sabía el PSOE y por eso la quitaba, que llevase en sí todo el contenido de la tradición occidental desde su origen en Grecia era la Filosofía. Pero además, este contenido no solo se llevaba como erudición -que también y es algo muy importante- sino como reelaboración constante. Así, la ruptura radical con el pasado, el nuevo modelo social del PP, tal vez se podría reforzar dando a Confucio pero no, desde luego, dando Filosofía occidental. No es, por tanto, que la filosofia sea peligrosa sino que es el testimonio de un proyecto ya traicionado. Y como tal, testimonial -fíjense en el juego de palabras- y ya prescindible. La filosofía se quita, y tal vez coherentemente, no por su valor para pensar sino por su inutilidad social en el nuevo proyecto. La lechuza de Minerva se ha quedado trasnochada.

Pero, explicar el motivo de una supresión no es, evidentemente, defender aquello que desaparece. Por eso, en el siguiente artículo de la serie intentaremos defender -ay, mi proverbial modestia- que la Filosofia debe darse de forma obligatoria en la Educación Secundaria. Pero eso, otro año.

domingo, diciembre 23, 2012

UN NUEVO FASCISMO

Romper la entrañable navidad resulta extraño. Pero la cosa es peligrosa. Monti, actual primer ministro italiano, no se presenta a las elecciones. Pero, señala que si un partido se lo pide será primer ministro de nuevo de acuerdo a su propio programa. Y entonces, ¿para qué elecciones? Y entonces, ¿para qué democracia?  

sábado, diciembre 22, 2012

VIDA INTERIOR/108: EL FIN DEL MUNDO/y 3

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

 Y al final, no ha pasado nada.

jueves, diciembre 20, 2012

VIDA INTERIOR/107: EL FIN DEL MUNDO/2

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Queda poco.Si no tuviera sueño, me quedaba.


miércoles, diciembre 19, 2012

VIDA INTERIOR/106: EL FIN DEL MUNDO/1


¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

A ver, ¿es el 21 o el 22
Lo digo por organizarme.

domingo, diciembre 16, 2012

PRIVATIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS Y PRECARIZACIÓN


1.- La idea de que lo malo de la privatización de los servicios públicos es la pérdida de empleo para los interinos y el personal contratado es un argumento corporativo. Usarlo en un país con un 26% de paro, unos seis millones, suena mínimamente a burla. Al fin y al cabo, si los empleados públicos, como tal colectivo, nunca se mostraron preocupados con la pérdida de empleo del resto de los trabajadores, resulta impertinente pedirles ahora a esos mismos trabajadores, o ya parados, que protesten por la pérdida de empleo de los interinos o laborales de la administración. Habrá, por tanto, que buscar el mal universal -es decir, que se extienda de forma general en la sociedad- en otro aspecto de la privatización.

2. Igualmente, resulta ñoño pretender realizar un argumento político como el que se está haciendo en relación a la escuela pública. Efectivamente, esa tontería sobre la escuela democrática e integradora, sin diferencias y solidaria –superguay en definitiva en el mundo de la abeja Maya- muestra el fracaso de un servicio público que no ha sabido ser realmente eficaz y no puede defenderse como tal. Resulta ingenuo, cuando no directamente totalitario, pretender que los padres manden a sus hijos a un centro educativo para que solamente se socialicen en el buen rollito pseudoprogresista. La escuela debe enseñar y no solo formar ciudadanos integrados, que al fin y al cabo es el sueño del fascismo. La escuela pública, frente a eso, debe ser eficaz como transmisora de cultura y pensamiento crítico. Y la sanidad pública como transmisora de salud. Eficacia es la palabra. Pero, y esta es la clave, eficacia universal: independiente del estrato social al que se pertenezca.

3.- Entonces, ¿qué tendría de malo la gestión privada de los servicios públicos? ¿Acaso no sería más eficaz siempre? Precisamente aquí es donde viene la falacia pues la -presunta- eficacia de la empresa privada no es la eficacia para el cumplimiento de un derecho ciudadano. Efectivamente, la gestión privada tiene como finalidad el beneficio económico; en el servicio público, diferente, es la prestación eficaz de ese derecho. Y eso no es lo mismo. Por esto, resulta falaz la idea que se quiere vender de que la gestión privada sea capaz de hacerlo mejor. Lo que sí será capaz es de gastar menos pero, precisamente, a costa del servicio concedido. La forma así del beneficio privado implicará el empeoramiento necesario del servicio.

4.- Sin embargo, y frente a lo anterior, lo que busca la empresa privada, y repiten sus medios propagandísticos, es presentar que el abaratamiento del servicio implica mayor eficacia en el mismo. Pero olvidará citar, o sea: lo ocultará, que ese abaratamiento se deberá al ahorro de costes en personal -rebajar el salario haciendo dumping social y por ello su cualificación- y en prestar peor servicio tanto en cantidad como en calidad de la oferta y, en consecuencia, en la atención universal al usuario.

5.- Se añade a lo anterior que esta privatización resulta un negocio redondo para la empresa. En primer lugar, porque cuenta con una clientela cautiva pues no existe la competencia. Pero además, la clientela descontenta si abandona el servicio público irá al privado que estará, cerrando el círculo de la cautividad, en manos de las mismas empresas por culpa de las cuales abandonó el servicio anterior. Es el monopolio perfecto que niega, curiosamente, las reglas del mercado. La banca, como en los casinos con leyes ya propias, siempre gana.

6.- Así, la privatización de los servicios públicos tiene un solo ganador, la empresa privada, y un gran perdedor, la ciudadanía y el cumplimiento de sus derechos. Y, por eso, la primera razón para esta privatización es precisamente el beneficio económico que para la oligarquía económica implica. Era un sueño hasta ahora irrealizable: ganar dinero privado directamente de los impuestos. O dicho de otra forma, los impuestos reconvertidos en diezmo al señor feudal.

7.- Pero que una razón sea la primera no significa que sea la única. Y el beneficio económico inmediato no es, tampoco, la razón exclusiva. Efectivamente, hay otra razón fundamental para la privatización del servicio público. Y tiene que ver con lo que aquí denominamos como proceso de precarización de la población de los países hasta ahora desarrollados. La precarización de la población en el proyecto BRIC, ya analizada profusamente en este blog (1, 2 y 3), implica la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de la población, la depauperación de la clase media, y el extremo beneficio económico de la oligarquía. Pero, ¿qué tiene que ver esto con la privatización?

8.- En primer lugar, la desaparición de la clase media conlleva a su vez la pérdida de un mercado tradicional en la empresa privada de servicios que, sin embargo, con esta medida de privatización no solo se recupera sino que mejora: más clientes sin competencia. Así, el proceso de precarización, prioritario para la oligarquía, necesita la privatización como medida económica de rescate, pero excelente. Ya se puede precarizar de forma general ganando aún más en el sector servicios.

9.- Pero más importante aún que este beneficio económico es el beneficio social que la privatización de los servicios públicos implica para la oligarquía. Todo grupo social dominante tiende a generar medidas que impidan al resto de los grupos el ascenso social eliminando así a la competencia futura. La eliminación de los servicios públicos cumple esta medida a la perfección: impedirá a la gente llegar a competir con la oligarquía por los puestos socialmente relevantes.

Efectivamente, la privatización va unida a un servicio público menor y menos eficaz. Así, por ejemplo, todo lo que esconde la nueva reforma educativa no es sino, por primera vez en
democracia, rebajar la cualificación de la población española pues una presencia importante de capital humano cualificado implicaría una posible competencia para los hijos de papá -nombre técnico para los retoños de la oligarquía-. Para evitar esa competencia lo mejor es acabar con la causa que no es otra cosa que un sistema público universal, accesible y eficaz. Una vez acabado con él, el nepotismo social de la oligarquía hará el resto.

10.- Además, en el futuro, va a haber dos revoluciones fundamentales: una en educación y la otra, en sanidad.

En educación porque va a haber una necesidad de formación permanente y esto implica, si se mantuvieran las condiciones de igualdad que harían posible unos servicios públicos eficaces, una mayor competencia social para la oligarquía ¿Por qué? En realidad es el mismo esquema de antes: la existencia de una educación pública produciría una gran masa social altamente cualificada que buscaría medrar socialmente. Así, como ya hemos visto, la forma de eliminar dicha aspiración, y posible realidad, es acabar con su causa: la educación pública. La posibilidad de ascenso social es así cortada de raíz al eliminar la existencia de unos servicios públicos eficaces pues el proyecto de precarización implica una oligarquía dominante y una mayoría obediente.

La segunda gran revolución futura es la sanitaria. Efectivamente, la nueva tecnología y las terapias génicas van a dar un vuelco absoluto a la práctica médica y farmacológica. Ello podría llevar a un aumento no solo de la esperanza de vida sino de la mejora de esa vida. Pero esta revolución puede tomar dos rumbos: o bien universalizarla con una sanidad pública, como se hizo con la anterior y que llevó a duplicar la esperanza de vida en un siglo; o para una minoría social. Si no hay sanidad pública la solucìón será clara. La oligarquía será más guapa y vivirá más.

y 11.- Los derechos sociales en democracia no son abstracciones legislativas sino que deben ser realidades. Para su cumplimiento hace falta la presencia de los servicios públicos que garantizan la igualdad en el ejercicio de la ciudadanía. Por eso, eliminarlos forma parte de un proceso que busca acabar con ese ejercicio. Su defensa no es, por consiguiente, una lucha entre opciones democráticas legítimas sino algo radicalmente distinto. Su defensa es la defensa de la democracia frente a la sociedad soñada por la oligarquía.

CARGADOS DE ILUSIÓN


Seis millones de parados.

viernes, diciembre 07, 2012

MATAR LA FILOSOFÍA


Le ha costado pero el PP al final lo ha comprendido.

Hasta ahora, el gobierno que cada vez que hacía una reforma educativa eliminaba la Filosofía de la Enseñanza secundaria era el del PSOE. La consideraban cosa antigua y superada, en su idea tecnócrata, por la ciencia (sustituta de la metafísica), el derecho (sustituta de la ética), la psicología (sustituta de la antropología) y la sociología (sustituta de la filosofía política). Sin embargo, también hasta ahora, el PP siempre había defendido la presencia de la Filosofía y, ya desde la oposición, criticaba su eliminación o, cada vez que asumía el gobierno, rectificaba la ley del PSOE y volvía a situarla en los planes de estudio.

Eso, hasta ahora.
Ya ha cambiado.

Ha sido el propio PP quien ha eliminado la Ética de la Educación Obligatoria y, con mayor sorpresa, la Historia de la Filosofía de Bachillerato: es su nueva ley. Y este cambio de una posición tradicional merece una explicación. Y una explicación doble: primero, explicar qué ha cambiado para que el PP defienda ahora, y antes no, la supresión de la Filosofía en los planes de estudio de la Educación Secundaria. Segundo, defender desde la argumentación racional por qué  la Filosofía resulta imprescindible en esa misma educación.

Ahora, yo también en la actualidad, corrijo exámenes de ética y de 2º. Estoy corrigiendo un total de once grupos, unos 320 alumnos. Luego, eso también es actualidad, me pongo.


martes, diciembre 04, 2012

REMATAR A SÓCRATES


El PP acaba con todo aquello que una vez significó democracia. También, ahora, contra la Filosofía en la educación: no hay sitio para ella. 

Mientras corrijo exámenes de 310 alumnos, el ministro Wert presenta su nuevo proyecto sin educación donde la Ética desaparece de la ESO como materia común y se convierte en alternativa a la religión, tal vez con buen criterio porque en los tiempos ya actuales o se es moral o se es fiel, y la Historia de la Filosofía deja de ser obligatoria.

Para precarizar socialmente hay que idiotizar.