jueves, febrero 25, 2010

CUBA COMO DICTADURA

Hay veces que la demostración de una dictadura no surge por el dificultoso desenmascaramiento sino por la absoluta evidencia.

Constitución cubana:

artículo 5º.- El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.

artículo 6º.- La Unión de Jóvenes Comunistas, organización de la juventud cubana de avanzada, cuenta con el reconocimiento y el estímulo del Estado en su función primordial de promover la participación activa de las masas juveniles en las tareas de la edificación socialista y de preparar adecuadamente a los jóvenes como ciudadanos conscientes y capaces de asumir responsabilidades cada día mayores en beneficio de nuestra sociedad.

Pues eso. Cuba es
- como la España de Franco,
el Chile de Pinochet,
Arabia Saudí
O China -
una dictadura.
Y, por supuesto, hay más. Pero eso no la hace mejor.


miércoles, febrero 24, 2010

MÁS SOBRE PENSIONES (dedicado a D. Guapo)

Este artículo surge de la necesidad de contestar el, como siempre, interesante comentario de D. Guapo sobre el anterior escrito publicado en este blog en relación a las pensiones. En ese artículo se señalaba que la llamada de alerta sobre la previsible quiebra del sistema de pensiones, y en el que basa la propuesta de trabajar hasta los sesenta y siete años, no respondía a una realidad técnica sino al intento de favorecer a las entidades financieras privadas. Efectivamente, se argumentaba en contra de tal medida, en España se podía aumentar el número de cotizantes a las pensiones disminuyendo el número de parados -de un 20% actual- el de trabajadores en la economía sumergida -que ocupa seguramente otro 20% del Producto Interior Bruto- y, por último, el de mujeres, cuya población activa está por debajo de la media europea y muy por debajo de, por ejemplo, los países del norte del continente por motivos relacionados, además, con el escaso gasto público español. Pero había algo más, pues actualmente el dinero de las pensiones se saca solo de las cotizaciones sociales cosa que era factible de cambiar haciendo que dicho presupuesto fuera también enriquecido vía impuestos.

En definitiva, en el artículo se pretendía demostrar que generar inquietud sobre la viabilidad de las pensiones públicas no era sino una estrategia que buscaba favorecer a las entidades financieras privadas con el fin de generar una doble vía, pública y privada, tal y como ya se ha hecho en educación y sanidad. No era tanto privatizar, nunca se pretendió eso, como repartir el negocio.

Tras este brillante, cuando menos, análisis vinieron los comentarios. Todos ellos resultaban muy interesantes, pero había uno radical, en cuanto a que venía a criticar la raíz del artículo y era el firmado por D. Guapo. Decía así:

Sólo acierta en la primera parte de la exposición.En lo demás, no. La razón del anuncio era propagandística, y los destinatarios, los mercados.No se pueden crear nuevos impuestos para cubrir el déficit del sistema de pensiones porque está prohibido. Y no se pueden incrementar los que existen porque drenarían la demanda y afectarían a la competitividad.Cambiar el destino de los existentes (acabar con las CCAA, como insinúa) es un brindis al sol, ya que éstas gastan casi todo en sanidad, educación y servicios sociales, y el aparato administrativo que gestiona se gasto, no es fácil de reducir.El sistema de reparto funciona bien, y el pacto de Toledo (tanto se ingresa, tanto se gasta) es su garantía.El impuesto que significan las cotizaciones (30% del salario para las empresas y 7% para los trabajadores) es finalista y bien gestionado por la TGSS. Lo único que se hace es adecuar el cálculo (que es lo que se hará) aumentando el prorrateo de años. Se hizo en 1985 y en 1995, pasando de 2 a 8 años, en el primer caso y hasta 15 en la actualidad.Perder parte de la pensión es un efecto intrínseco de cualquier sistema de reparto, ya que siempre estará sometido a los avatares demográficos y económicos.Lo del si trabajaran más mujeres... si no hubiera economía sumergida...etc es desconocer cómo se forma el minuendo que, como le dije, es el que es, y siempre lo ha sido así en cualquier época y en cualquier sociedad.Por cierto, la patronal que agrupa a los gestores de fondos de pensiones, ya se manifestó en contra de la reforma fiscal que limitó la deducción en IRPF por aportaciones a fondos y planes de pensiones. Fue una reforma absurda, pues esos instrumentos de ahorro capitalizado, ilíquidos y conservadores, son un fabuloso instrumento de inversión. En el futuro, sólo significará más carga para el sistema público.En los temas económicos de carácter estructural, como el de las pensiones, utilizar el futuro pluscuamperfecto del subjuntivo y llegar a conclusiones filo conspirativas, es una equivocación.
De verdad.


El comentario -por cierto y volvemos a repetir, muy brillante- presentaba desde nuestro punto de vista dos ideas fundamentales. La primera era una serie de hechos particulares en contra de nuestras ideas. La segunda, y de ahí su radicalidad antes enunciada, iba a más pues pretendía señalar que el problema concreto, como otros económicos, escapaba a la interpretación política y se trataba exclusivamente, y ahí esta palabra es clave, de una cuestión técnica. Y es esta parte la, sin duda, más interesante por ir más allá de un tema que, creo que ahí estamos ambos de acuerdo, no se va realmente plantear en, por lo menos, esta legislatura fuera de proclamas propagandísticas.

Empecemos por la parte más técnica. Siendo de letras, entre otras cosas porque una mayoría de pésimos profesores de matemáticas y física nunca me enseñaron a admirar la ciencia como ahora la admiro y lamento no saber más, la idea de minuendo, la primera cifra de una resta, al principio me desconcertó. Imagino que D. Guapo, y con él todo el elenco que defiende dicha medida, se refiere al número de cotizantes que pueden contribuir y al que se le restaría el sustraendo, esto es: los pensionistas. Bueno, según D. Guapo este número es fijo, pero, y para eso se puede volver al artículo, la idea es falsa pues precisamente en España, donde la población activa no es estructural en cuanto a que se mantenga constante, este número varía obviamente. Así, en el artículo se señalaba cómo precisamente se podía aumentar dicho minuendo a través no del coito reproductivo sino de la ampliación de la propia población activa, mujeres y parados, de carácter legal, economía sumergida. Es decir, el minuendo no era permanente.

Pero, cubriendo posibilidades, tal vez D. Guapo se refiera con el minuendo precisamente a lo contrario: el número de pensionistas, que al aumentar generan, restando como sustraendo, o sea la cifra de abajo, tal diferencia que resultaría inviable el sistema. Para ejemplificarlo: un número muy alto de pensionistas llevaría al traste el reparto pues no habría suficiente dinero para hacerlo. Pero también esto es una falacia. Y lo es porque olvida tres cosas: la producción de riqueza, Producto Interior Bruto, la posibilidad de generar más dinero al fondo con otros impuestos, y no solo cotizaciones, y el escaso gasto social de España en comparación con la UE. Efectivamente, si el problema ya no es el número de cotizantes sino de pensionistas, es decir: demográfico, lo importante no es el número de personas que cotizan sino el total de dicha cotización: cuanto dinero se consigue. Ahí es donde entran los tres factores citados anteriormente.

En primer lugar, al aumentar el número de cotizantes aumentaría el dinero de las cotizaciones, como ya se ha señalado.

En segundo lugar, si se recogiera este dinero, el de las pensiones, además de las cotizaciones de los impuestos se podría aumentar sin duda su contenido. Sin embargo, esto D. Guapo lo evita señalando dos cosas: es ilegal y, segunda, provocaría una caída de la actividad económica. Al argumentar lo primero D. Guapo, por primera vez, reconoce que el tema ya no es estrictamente técnico sino político: es ilegal. Aquí, y ahora viene un ejemplo con cierta trampa, D. Guapo se desenmascara: dice es ilegal, pero no dice es imposible. Nadie señalaría que es ilegal que los objetos no cumplan la ley de la gravedad pues enunciaríamos, sin duda, que es imposible. Pero al señalar su ilegalidad no se señala su imposibilidad sino que se reconoce que es motivo de elección. Y tal vez presuponiendo esto, como D. Guapo es sin duda un adversario muy inteligente, señala algo: eso implicaría subir los impuestos pues no hay de donde recortar. Dos cosas sin embargo: sí hay donde recortar -por ejemplo, y es la guinda y se reconoce, en altos cargos-; pero, segundo y más importante, cabe negar la mayor. Efectivamente, la carga impositiva en España es baja en comparación con la UE. Pero hay más. Resulta que, al contrario que lo que mantiene D. Guapo, las cargas impositivas altas van parejas a mayor nivel de vida y de libertad política.
Así, cuando no se quieren utilizar los impuestos para garantizar el gasto de pensiones no es por motivo estrictamente técnico sino político.
Pero queda el tercer punto: el gasto social. El gasto social español es más bajo que la media de la UE. Y al tiempo, frente a lo que pueda creerse, el salario real medio no ha aumentado en los últimos años. Además, la media salarial es ínfima. Así las cosas, un español necesita un alto salario neto, es decir, una baja carga impositiva porque no es un salario real alto, para vivir pero al tiempo, y esto es la clave, para que el estado ahorre dinero y lo pueda gastar en otras cosas, sin duda imprescindibles, como estatutos a provincias leales o altos cargos. Ello conlleva que ni el salario neto ni las pensiones puedan ver aumentadas, o creadas, una carga impositiva pues significaría la pérdida de la supervivencia. Es decir, si hubiera un mayor gasto social el sueldo neto se podría reducir aún con ganancias para el individuo, pero al no haberlo se necesita hasta el último céntimo. ¿Problema técnico?, no, problema político.

Así, vemos como el primer punto, el problema técnico, nos muestra el camino para el segundo: el problema radical de la realción entre política y accion técnica. Efectivamente, el problema de las pensiones no es algo puramente estructural y técnico sino político. Esto quiere decir que en él no rige la necesidad, como en la gravedad antes citada, sino la contingencia: se puede asumir desde una perspectiva u otra. Sin embargo, y ya tal vez extrapolando, creemos que la idea de D. Guapo iría más allá y sería, y repetimos que extrapolamos y quizás no recojamos su pensamiento, señalar que hay ciertas cuestiones que no deberían ser políticas, sujetas para enterdernos al pensamiento ideológico, sino solamente técnicas. Sin embargo, las consecuencias a extraer de esto son tantas que ya rendidos, y ustedes si han llegado hasta aquí sin duda aburridos nos lo agradecerán, las dejamos para otra ocasión.

jueves, febrero 18, 2010

AZNAR, DEMOCRACIA Y CONFERENCIA

Usted va a dar una conferencia -¿llamar a la gente de usted será fascismo?-. Y van unos individuos y le montan un boicot para que no pueda expresar sus ideas. Pues resulta al final que usted es un fascista -volvemos otra vez: aquí todo el mundo es un fascista incluyendo los marxistas-leninistas de ETA- y los que le han reventado el acto se autoproclaman como la izquierda real.
Y lo mejor: resulta que el malo, aquí y en concreto, es usted.
¡Cómo se atreve a expresar sus ideas!
¡Será fascista!

Pero tranquilo. Si eso pasara usted encontraría de inmediato la solidaridad, aquí se emplea bien la palabra, de todo el mundo. Porque usted no es Aznar. Y porque él, por lo visto, sí que no puede hablar. Porque al fin y al cabo debe ser que en la universidad solo pueden hablar quienes decidan los estudiantes que se autoconstituyen en sus dueños. Es la nueva democracia.

Y como tal vez alguno de esos estudiantes llegue a leer esto y seguramente no entienda la ironía lo diremos claro.
Aznar tiene derecho absoluto a expresar sus ideas.
Los estudiantes que hoy han boicoteado su acto son un ejemplo claro de conducta, pues de pensamiento sería tal vez mucho pedir, totalitaria.
Y desde aquí, que estamos realmente en sus antípodas ideológicas, queremos mostrar nuestra solidaridad ante este hecho con José María Aznar.
Y algo más. Yo soy marxista y es, precisamente, por ello por lo que pongo todo esto.


miércoles, febrero 17, 2010

VIDA INTERIOR/45: Y MIÉRCOLES DE CENIZA.

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Soy.

martes, febrero 16, 2010

VIDA INTERIOR/44: MARTES DE CARNAVAL

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Soy una persona.


lunes, febrero 15, 2010

VIDA INTERIOR/43: LUNES DE CARNAVAL

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Soy una persona feliz.

domingo, febrero 14, 2010

VIDA INTERIOR/42: DOMINGO DE CARNAVAL

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Soy una persona feliz y con mucha vida.

sábado, febrero 13, 2010

VIDA INTERIOR/41: SÁBADO DE CARNAVAL

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Soy una persona feliz y con mucha vida interior.

miércoles, febrero 10, 2010

(sentirse como teniendo media) PENSIÓN

La voz de alarma sobre la imposibilidad de mantener el actual sistema de pensiones ha partido esta vez, en un ejercicio de responsabilidad al que sin duda ya nos tiene acostumbrado, del propio gobierno. Tras ella han surgido, como feroces carroñeros, la mayoría de los contertulios, ya sea con conocimiento o sin él de lo que decían, y la opinión publicada. Pero, tal vez, lo más interesante, es que se ha pretendido que la defensa de la propuesta de modificación regresiva del sistema de pensiones, porque es a peor para el trabajador, no se hacía desde una determinada visión política sino desde la incontestable realidad: era necesaria. Así, se presentaba a la reforma a peor de las pensiones, la degradación efectiva del servicio, como un hecho inevitable y avalado por el conocimiento científico neutral: es economía. Y, por consiguiente, nadie, excepto los ignorantes, parecía poder oponerse. Y debíamos creer a los expertos.

Sin embargo, este artículo, dentro de nuestras posibilidades y nuestra ignorancia, pretende, en primer lugar, rebatir los argumentos empleados para señalar la necesidad e inevitabilidad de dicha reforma, tal y como se proclama, y defender la hipótesis de que nuestra sistema de pensiones es viable. Pero no queremos quedarnos ahí sino que pretendemos –como siempre pretenciosos- analizar porqué, si nuestra hipótesis es cierta, se quiere sin embargo, y lejos de la verdad científica, presentar el sistema público de pensiones español como condenado técnicamente al fracaso. Es decir, mostrar qué interés está detrás de ese análisis que se autoproclama neutral y técnico.

Vayamos, primero, con la parte estrictamente económica. Para empezar una aclaración no tramposa: efectivamente, el sistema de pensiones español es un sistema de reparto y no de capitalizacion. Esto quiere decir, grosso modo, que aquello que está usted pagando ahora no es una inversión para su futura pensión sino el dinero con que se pagan las actuales pensiones: se gasta, para entendernos, en los pensionistas actuales. Efectivamente, usted paga las pensiones actuales y las generaciones futuras, mis alumnos entre otros, pagarán, presumiblemente, la suya. Y la mía. Esto es así, una razón, porque al iniciarse el sistema, que antes no existía, era la única manera racional y justa de hacerlo: los que se iban a jubilar no habían cotizado su propia pensión y por tanto un sistema de capitalización hubiera sido imposible para ellos: no había inversión personal. Pero también es así porque se trata no de un sistema solidario, repugnante palabra, sino de justicia social: si uno ha trabajado toda su vida, y en cierta medida eso es también contribuir al bienestar social, merece unas condiciones dignas de retiro que no tengan que ver, necesariamente, con su base de cotización. Así, el sistema de reparto era una opción política frente a otras.

Ahora bien, se asegura, y este es el quid de la cuestión, que este sistema es inviable tal y como está. Y se señalan para realizar dicha afirmación una serie de hechos: primero, un asunto demográfico pues cada vez hay más viejos en detrimento de población trabajando; y, segundo, que la economía, como consecuencia lógica, no podría mantenerlo.

Empecemos por el primer argumento: la demografía demuestra, se nos dice, que habrá un mayor número de viejos que de jóvenes y, por tanto, de no cotizantes pensionistas frente a trabajadores cotizantes. Obsérvese un primer dato: en esta interpretación interesada, población y cotizantes son idénticos. Así, se puede hacer la falacia de extrapolar los datos actuales de cotizantes al futuro solo haciendo la regla de tres. Por ejemplo, si actualmente hay un 60%, número elegido al azar pues luego daremos cifras exactas, de población cotizante, al disminuir el número total de población en edad de trabajar y mantenerse el de cotizantes este disminuirá lógicamente pues ese 60% lo será sobre menos número (del mismo modo como un 10% de la población china es más que un 10% de la española). Así, el número de cotizantes es invariable respecto al de población. Y bajo esta falacia se presenta todo el desarrollo posterior. Pero, la falacia es solo falacia. Porque los cotizantes no son el núcleo de la población en edad de trabajar sino sólo los que efectivamente trabajan. Y en España son pocos en relación al porcentaje –y no, precisamente, porque aquí haya más vago-.

Efectivamente, en España los cotizantes son ciertamente bajos fundamentalmente por tres factores: el paro, la escasa presencia de la mujer en el mercado de trabajo y la economía sumergida. Cuando un trabajador cobra un salario de forma legal, cotiza a la Seguridad Social y por tanto alimenta el fondo de pensiones. Sin embargo, si alguien está en edad de trabajar y no lo hace no cotiza y, por consiguiente, no genera ingresos en el fondo para las pensiones futuras. En España hay más de cuatro millones de parados que no cotizan para las pensiones. Ello implica, aproximadamente, un 20% de la población activa que si cotizaran, al menos en su mayor parte, los fondos económicos para las pensiones públicas se multiplicarían extraordinariamente. Es decir, el futuro de las pensiones tiene que ver con reducir el paro, en primer lugar.

Pero, en segundo lugar, nuestra tasa de empleo femenino es bajísima en comparación a la UE. Efectivamente, estamos por debajo de la media, y vaya países que tiene la media, y estamos, por ejemplo, 20 puntos por debajo de Dinamarca (73% entre los nórdicos frente a un 53% para España) o 14 puntos por debajo de Holanda. Pero, ¿eso quiere decir que las mujeres españolas son vagas y no trabajan? ¿Por qué los distintos gobiernos no lo incentivan? Pues es sencillo, como España está por debajo de la Unión Europea en gasto social, son, precisamente, las mujeres quienes en gran parte realizan esa indispensable labor y por ello, aunque realmente trabajan, no cotizan. Y que conste que aquí no pedimos que a las mujeres se les pagara por esto, pues sería reaccionario al condenar a las mujeres de clase baja a su ambiente para siempre, sino que sencillamente los gobiernos no fomentan la incorporación de la mujer al trabajo en España porque en realidad es una forma de ahorra gasto social –a costa, explico, de negar derechos a esas mismas mujeres-.

Y, tercero, queda algo. En España la economía sumergida alcanza, como mínimo, un 20% del Producto Interior Bruto. Y con ella hay toda una mano de obra que trabaja pero no cotiza. Ya sé que usted, amable lector de derechas, conoce a un amigo que conoce a un vecino que a su vez leyó en internet que hay un fontanero que es un golfo. Pero desengáñese: la inmensa mayoría de los trabajadores en economía sumergida lo son porque no pueden ganar dinero de otra forma. Y, adivinen, tampoco cotizan.

Así, el argumento demográfico es falaz porque no tiene en cuenta que la economía española presenta elementos de cotización propios que si se solucionaran incluyendo a los sectores arriba indicados añadirían a un altísimo número de cotizantes con la misma población y por tanto sin necesidad de extender la cópula reproductiva. Pero hay más. Porque efectivamente las pensiones españolas solo se nutren de las cotizaciones específicas pero no del resto de impuestos. Y esto sí es una decisión política. Sería fácil, puesto que sería un derecho ciudadano, que el fondo de pensiones recibiera también dinero de los impuestos, tanto directos como indirectos, que, por ejemplo, con tanta gracia nos ha subido el gobierno presuntamente izquierdista de Zapatero –nota: ¿alguien de esa presunta izquierda que nos acusaba de derechistas por desenmascar hace ya tiempo al presidente del gobierno nos va a pedir perdón alguna vez?-. Si hay dinero para financiar los reinos de taifas en que se han convertido las autonomías con los impuestos, auténtico agujero negro de la economía nacional, ¿no lo hay para financiar las pensiones? Es, por eso, la financiación de las pensiones no solo un asunto técnico, ya desmontado, sino político: hay cosas que interesan y cosas que no. Y la financiación autonómica es mantener una élite política, por eso interesa y aunque se vote en contra se coge el dinero y se corre, y las pensiones no.

Pero, ¿por qué no? ¿Acaso subirá la edad de jubilación a los 67 años? Desengáñense y respiren tranquilos: no. O al menos no en mucho tiempo. En realidad la propuesta es un globo sonda que tiene otra finalidad –repetida varias veces-: generar una inquietud que active una respuesta en fondos privados. Efectivamente, en España los servicios públicos van poco a poco privatizándose en una vía subsidiaria: se mantiene la oferta pública pero se financia, con dinero público, la privada. Esto ya se ha hecho en educación, la concertada, se desarrolla en sanidad, siendo Madrid un buen ejemplo, y se pretende ahora generar en pensiones. El sector financiero español es, seguramente, la parte de la economía nacional más poderosa y, curiosamente, la única que, exceptuando ese engendro que es la caja de ahorros, no ha recibido aún la prebenda de la financiación de un servicio público. Generar incertidumbre en la clase media sobre sus pensiones, incertidumbre cierta sin duda visto nuestro parlamento, implica generar un estado de opinión favorable a los fondos privados de pensiones. Garantizar luego que estos fondos ya no sean individuales sino, favoreciéndoles por ley, de empresa o sector en detrimento del público es un siguiente paso –que por cierto ya se empieza a hacer en ciertos sectores-. El negocio financiero, inmenso, está servido: un alto número de españoles cada mes cotizarán pública y privadamente. Y el nivel de inversión en las finanzas privadas promete mucho. Un gran negocio es, ¿cómo se llama?, una decisión técnica económica y política. Y además, aquí sí, inevitable: porque beneficia a unos a favor de otros. Pero, no crean, eso no es explotación capitalista, que es más serio que todo esto, sino solo rapiña.

martes, febrero 09, 2010

¡BASTA DE DEMAGOGIA!

Tras cuarenta y ocho días de vacaciones, los diputados vuelven a trabajar.

¡Ya esta bien!
¡Basta de demagogia!

Es cierto.
Tras cuarenta y ocho días de vacaciones, los diputados vuelven.

viernes, febrero 05, 2010

UNA PREGUNTA (social) SOBRE LA REFORMA LABORAL

Estaba yo, que soy así, leyéndome el documento que el gobierno ha dado a sindicatos y empresarios (ahora creo que les llaman empleadores) sobre la reforma laboral que propone y de pronto -en II,1- me encuentro con esto:

Está comúnmente admitido que la contratación temporal ha sido, desde hace ya veinticinco años, la fórmula mayoritariamente utilizada por las empresas españolas para obtener flexibilidad. De hecho, el recurso excesivo a la temporalidad ha impregnado nuestro sistema de tal forma que ha reemplazado la utilización normalizada de múltiples instituciones laborales tales como los períodos de prueba al inicio de las contrataciones indefinidas, la contratación a tiempo parcial, los contratos formativos o las medidas de flexibilidad interna que, como es fácilmente constatable, son empleadas en nuestro país de forma significativamente más reducida que en los países de nuestro entorno europeo.

O sea, que las empresas han estado realizando un, por ser suaves, fraude de ley. ¿ Y qué ha hecho durante veinticinco años la inspección de trabajo? -esto es la pregunta-

Y otra cosa más -esto es una adenda-. Si resulta que es cierta la hipótesis que presenta el mismo gobierno y efectivamente la patronal ha abusado de la contratación temporal para negar derechos, ¿qué podemos esperar si Díaz Ferrán, un tipo cuando menos no recomendable, dice salir contento?

Pero hay una tranquilidad: tenemos sindicatos independientes.

jueves, febrero 04, 2010

¡DIOS MÍO! (bueno, más bien suyo)

Estaba yo preparando un sesudo artículo sobre el último desliz de Aguirre y estudiando sobre pensiones para otro, cuando veo que Intereconomía ha convocado a rezar un padrenuestro por España. Y no sé yo si convocar, bajo la misma perspectiva profundamente racional, a realizar un sacrificio de palomas -de papel, que las otras da no se qué matarlas por tan poco-, para que Zeus, u Osiris, ayuden a nuestro país. Quizás, directamente, poner perejil a S. Pancracio, que llevo un décimo de lotería. O incluso, ponerme hacia la Meca -no piensen eso, por Dios- y pedir a Alá que nos ayude. Aunque lo último queda descartado porque si lo hago sería un fanático.

Pero, el asunto es más serio de lo que parece. Porque detrás de esto hay una idea sobre la supuesta superioridad moral y profunda de los espiritual, y con ella de la religión, sobre lo material. Y dicha idea, que una vez tuvo sin duda un carácter emancipatorio, ha llegado ya a ser falsa. Y por eso, tal vez una chanza no haga toda la justicia. Aunque quizás también, bien mirado, la propia chanza suprema sobre el cristianismo -que también una vez, hasta la Modernidad, fue fuente de progreso- sea su triste agonía.


martes, febrero 02, 2010

UN POCO DE VISCERALIDAD

No es bueno. Pero de vez en cuando, y a la espera de una necesaria explicación, resulta importante decir simplemente que no. Incluso, aunque a mí no me guste, con una expresión malsonante. Porque las expresiones malsonantes, precisamente, están para estas oportunidades. En fin, que me acabo de hacer del grupo de Facebook Va a trabajar tu puta madre hasta los 67 años.
Aunque no sé, mirando ciertos comentarios parece intereconomía. Y uno, aún, elige hasta con quien dice tacos. Que vaya, no sé si invitarles. Seguiremos informando.

viernes, enero 29, 2010

APRENDIENDO UNA LECCIÓN

Hace poco hice yo un comentario sobre la última -¿última?- sandez de Chávez, presidente de Venezuela. Sin duda, la sandez es mayúscula. Pero lo que importa ahora es otra cosa. D. Pocholo, que es un contertulio muy valioso en este blog, se quejó del comentario y al responderle señalé que Chávez es un dictador.

Suelo hacer un ingenioso comentario en clase cuando al tomar una decisión, por ejemplo regañar a alguien porque pinta en la mesa y obligarle a borrarlo, me autocalifico de fascista. La idea de la afirmación es demostrar mi ingenio pero al tiempo, ya de paso, hacer ver a los alumnos que las palabras que se emplean sin sentido resultan al final sin significado. Fascista sea tal vez el ejemplo paradigmático de ello: hoy en día cualquiera es un fascista. Y así uno ha llegado a oír catalogar a cualquiera, desde el PP al pobre Santo Tomás de Aquino, de fascista.

Lo peligroso de perder el rigor en las palabras se encierra en algo importante: las palabras no son solo estados de ánimo sino que tienen una objetividad, en cuanto a su significado, que escapa a nuestra particular visión. Así, el mal empleo generalizado de una palabra implica un componente ideológico terrible: las palabras acaban significando aquello que los grupos de presión deciden. Y así, el lenguaje se convierte en prisionero ya no de una tradición que tarda años en imponerse -con lo cual hay más tiempo para luchar contra esos grupos de presión, nadie es ingenuo- sino de una inmediatez que se impone desde los medios de comunicación. Y curiosamente, aunque tal vez no, el lenguaje va perdiendo fuerza en su descripción hasta quedar convertido en algo ya sin sentido. El empleo cotidiano de la palabrota, por ejemplo y que es otra cruzada que tengo en la escuela para hablar bien y sin tacos, ya no permite saber quien se cabreó(sic) y quien simplemente se sintió molesto por algo: para cualquier estúpido comentarista deportivo –nota: hacer un análisis de cómo la prensa deportiva se ha convertido en el modelo periodístico a imitar- es lo mismo.

Pero, también a veces conviene no irse por las ramas porque la sutileza puede esconder la indefinición. Cuando utilicé la palabra dictador, D. Pocholo volvió a escribir -y les aseguro que por lo que sé de su vida, D. Pocholo no disfruta de mi placentera existencia laboral sino la normal en la explotación del trabajo cual aún me provoca mayor admiración en su seguimiento- para quejarse de que atribuyera tal calificativo a Chávez. Y tiene razón porque resulta curioso que yo había caído en aquello que suelo criticar: usar las palabras sin sentido. Chávez no es un dictador, al menos en el sentido exacto del término. Y por tanto, si quería catalogarle así debería haber dado una explicación posterior. Porque si no la doy, y no fue así, lo que estoy pidiendo a la gente que lee es la complicidad a priori con mis ideas antes de la argumentación sobre las mismas: pido fieles, tal vez militantes, y no lectores. Y eso, desde luego y perdonen la pedantería, no es ilustrado.

D. Pocholo nos ha dado una lección. Nunca es tarde para aprender, bueno y ya tampoco para seguir trabajando hasta los 67 aunque eso es otra triste historia. Por ello, gracias.

miércoles, enero 27, 2010

EDUCACIÓN Y SISTEMA PRODUCTIVO

La tasa de fracaso escolar es del 30%, en los cálculos más optimistas. Esto quiere decir que uno de cada tres alumnos de la Educación Secundaria Obligatoria la abandonan sin conseguir el título mínimo. El título de la ESO podría parecer así que resulta difícil, pero cualquiera podría darse cuenta de que es un título tan barato pedagógicamente hablando que un alumno en condiciones normales debería sacárselo sin problemas. Y ante esto cabe una pregunta: ¿cómo es posible que haya tanto alumnado que no lo consigue?

Pero también quiere decir algo más. Porque hay veces que las preguntas se contestan con la respuesta a otro pregunta. Es más, hay veces que una pregunta que se limita a un campo concreto debe ampliarse para, al menos, encontrar una respuesta satisfactoria. Y la pregunta sobre el fracaso escolar tiene otro lado y lo mismo su respuesta. Reformulemos la pregunta: ¿cómo es posible que una economía pueda permitirse un 30% de fracaso escolar?

Se entra aquí en un campo nuevo que, nos parece, no ha sido muy trillado. Efectivamente, cuando se habla de educación se suele explicar todo de acuerdo a causas endógenas, las estrictamente educativas al referirse a la propia labor docente o leyes educativas, y, como mucho, alguna exógena como la familia y, si acaso, el modelo social televisivo. Así, lo que por supuesto tiene su parte de razón indudable, la causa de los malos resultados educativos está en hechos limitados socialmente, en lo que acontece en la escuela y en casa, o directamente subjetivos, el mayor o menor esfuerzo del alumnado o la pericia docente de sus profesores. Y, repetimos, mucha verdad hay esto. Sin embargo, no toda la verdad. Porque efectivamente ha habido una serie de factores externos a la educacion que también han abocado a esas cifras de fracaso escolar. Y si esas cifras se llevan produciendo años, gobierne quien gobierne, y nadie ha puesto remedio cabe pensar que es porque quizás, aquí se plantea la hipótesis principal, un 30% de fracaso escolar hasta ahora no haya sido malo para el sistema productivo del país.

Nuestro sistema productivo, o sea el de España, es un sistema que en su anterior formación de empleo tenía como motores a la construcción y los servicios y ha estado basado en la baja cualificación profesional y en el contrato temporal. Ello ha permitido, por ejemplo, una afluencia extraordinaria de inmigrantes, o sea tráfico humano, asumidos en poco tiempo como mano de obra barata por esos mismos sectores económicos. Pero, era imposible cubrir esta demanda productiva con solo la inmigración, sino que se necesitaba, y aquí hay cierto patriotismo sin duda, también generar una cantera propia. Efectivamente, el diseño productivo español, con la preeminencia de la construcción y del turismo como los principales sectores emergentes hasta la crisis, no ha necesitado una cualificación para su mano de obra. Y con ello no ha tenido la necesidad de generar un sistema educativo que la ofreciera. Es más, hubiera sido contraproducente para ese mismo sistema productivo.

Tenemos aquí dos hipótesis. La primera es que el sistema educativo español no tenía, ni tiene, calidad alguna y esto era permitido porque al sistema productivo le era indiferente la cualificación de un amplio espectro de su juventud pues los puestos laborales a ocupar no la requerían. La segunda, es que además no solo le era indiferente sino que era beneficioso para ese mismo sistema productiva la baja calidad educativa.

Empecemos por la primera que, a grandes rasgos, ya ha sido explicada. Un sistema productivo que emplea a un contingente importante en construcción, o sea: poner ladrillos, y servicios, o sea: servir en un chiringuito o limpiar el polvo, no necesita una alta cualificación de sus empleados. Efectivamente, cualquiera puede hacerlo. No quiere esto decir que no haya en esos sectores trabajos específicos que sí requieran dicha cualificación alta, sino que el grueso del trabajo se puede realizar sin ninguna preparación profesional exhaustiva. Así, la escuela obligatoria podía generar un fracaso escolar regulado, en cuanto a estar siempre en torno al 30%, porque ese contingente de personas iban a ser asumidos, como así fue, por el propio mercado laboral. Y al hacerlo iban, además, a entrar en la otra faceta productiva del actual capitalismo como es el consumo. Al tener un sueldo, y no estar gastando dinero público en estudiar, dinamizaban a su vez la economía. Y esto, por supuesto, no tiene que ver como un maquiavelismo de la autoridad pública, sino con una inercia de un modelo productivo concreto, en cuanto a estar centrado en construcción y servicios, y del desarrollo del capitalismo, en sí, como modelo productivo que ha convertido el consumo en producción.

Así, al sistema educativo no le importaba el fracaso escolar y esto se ve en que las grandes polémicas sobre el mismo no ha sido tratado esto sino motivos menores: que si la superstición en forma religiosa en las aulas, o la ñoña educación para la ciuudadanía o, el último invento de la derecha, los colegios bilingües. Nada que tuviera que ver con que un 30% de la población no supiera ni leer ni escribir correctamente sino que se peleaba -¿se peleaba?- sobre el espíritu solidario o la salvación, eterna eso sí, de su alma en inglés.

Pero vayamos ahora a la segunda hipótesis. No sólo había indiferencia, sino que también era beneficioso para el sistema productivo este fracaso escolar. ¿Por qué? En primer lugar porque ahorraba al estado el pago de estudios a un número prescindible productivamente. Si hubieran seguido estudiando su gasto social hubiera sido más elevado pues en primer lugar hubieran generado un gasto educativo, con su expulsión se ahorra esto, y en segundo lugar su realidad económica como consumidores, al tener un suledo, se hubiera visto mermada. Así, el fracaso escolar era un ahorro al menos a corto plazo. Pero, en segundo lugar había otra característica propia del sistema español: el despido libre y gratuito encubierto bajo contratación temporal. Resulta curioso, y solo resaltamos lo de curioso porque si bien hay una correlación indudable no es sin embargo tan exacta, que coincidan las cifras entre el índice de fracaso escolar y de contratos temporales en torno al 30%. Efectivamente, una clase trabajadora privada de sus mínimos derechos, y en eso ha consistido la proliferación del contrato temporal, debía ser a su vez una clase obrera escasamente cualificada para su recambio automático. No es que todo contrato temporal implicara un empleado de baja cualificación sino que los sectores productivos fundamentales, construcción y servicios, utilizaban esa táctica de forma arrolladora. Y como sus empleos eran pocos cualificados, su recambio no exigía nada. Y hay aún un tercer punto. Una clase trabajadora poco cualificada o con bajo nivel cultural es menos conflictiva. Y lo es no tanto por una pretendida ausencia de conciencia social desinteresada sino porque entiende, con razón, que su sustitución es más fácil y por lo tanto traga más. Así, el fracaso escolar no importaba porque incluso resultaba beneficioso para la producción en España. Y España aquí, desengañense, no somos todos.

Pero la crisis vino. Y de pronto ese modelo productivo resultó, oh sorpresa, erróneo. Y de pronto nuestros políticos, e incluso esos contertulios capaces de hablar de todo sin rubor, decidieron que el fracaso escolar era insufrible. Pero lo es ahora porque el modelo productivo anterior ya, tal cual era, no es viable. Y se han puesto a hacer un pacto educativo. Y aquí me lanzo a la adivinación. Todo el pacto educativo tan cacareado se va a reducir a facilitar el acceso a la Formación Profesional, de un modo u otro, para formar obreros más cualificados. Pero no, eso no, ciudadanos más cultos. Porque el sistema producitivo manda. Y eso, por supuesto, no quiere decir que no haya una culpa individual en cada alumno que no aprovecha la oportunidad de la educación sino que objetivamente ese porcentaje de fracaso escolar fue asumible y recomendable productivamente. Y por eso nadie lo paró.

Los bonobos son unos primates parecidos a los chimpaces, pero con una característica específica: se pasan el santo día practicando sexo. Y en muchas variantes. El otro día explicaba esto en clase, por un tema relativo a la evolución, y más de un alumno soñaba con semejante vida: comer y copular. Añádanle producir beneficio y tendrán un buen ciudadano. La educación como adquisición cultural, sin duda, sobra. Excepto para producir beneficio como adiestramiento. Porque el resto es fácil: abrirse de piernas o empujar.

martes, enero 26, 2010

BORREGUISMO

El cristianismo, al menos y es justo reconocérselo, siempre lo tuvo claro: eran un rebaño con pastores. Algo más tardó la autoproclamada izquierda en descubrirlo: le llamaron centralismo democrático. Ya, apenas queda gente que añore a la extinta dictadura soviética. Hoy, más turísticos, gustan de zonas exóticas. Venezuela es una: apoyo al movimiento bolivariano. Y todo el desarrollo intelectual de esa izquierda queda demostrado ante cosas como esta: ¿quién fue el culpable del terremoto de Haiti? Pues quien habría de ser: el imperialismo americano y sus nuevas armas.

Y pum, pum,
Abreeeeeeeeeeeeeeeeeeee la muralla.
Y cierra, eso claro, el corral.

miércoles, enero 20, 2010

HIP, HIP, HURRA

Uno se imagina la escena. Reunión de los empresarios: la CEOE. Contándose el fin de semana.

Yo leí a Kant (y lo he entendido)
Yo oí a Schoenberg (cómo me gusta)
Yo vi Avaricia (aunque no conseguí ponerle el audio).
Jo, son tan distintos de la chusma…
Osssea

Y de pronto se pone a hablar Díaz Ferrán. Emoción contenida.

Gerardo, permítanme que le llame Gerardo, estuvo sin pagar a los trabajadores de su empresa.
Gerardo, permítanme que le llame Gerardo, les ha dejado sin trabajo.
Gerardo, permítanme que le llame Gerardo, ha estafado a un montón de viajeros.

Gerardo, osssea, habla. Allí, ante la cúpula de los empresarios españoles que no pueden dormir ante el paro, ante la crisis, ante la situación económica. En fin, ante el sufrimiento. Llorando por Haití. Buena gente.
Osssea, otra vez.

Y cuando Gerardo acaba no hay duda -¿o sí pero escondida no vaya a ser que pierda mi mercedes?-: ovación de gala.

En este país hay más de cuatro millones de parados, según las ultimas estadísticas.
Hay menos gentuza, sin duda también. Lo que pasa es que suelen reunirse en clubs privados y así destacan.

martes, enero 19, 2010

HAITÍ PASANDO POR TORREJÓN

Hay gente sensible y cargada de emociones. Yo, no. Y, a qué decirlo, estoy aburridísimo de Haití. Otro día explicaremos esto. Pero, espero, que nadie vea una especie de esnobismo sino, precisamente, lo contrario. No estoy harto de Haití porque me sienta por encima, sino porque me siento por debajo: es un hartazgo desde, me gusta pensar esto aunque quizás no sea cierto, una especie de indignación moral. Pero, la indignación moral siempre resulta peligrosa porque en el fondo excluye la argumentación al hacer que el indignado tenga razón, incluso antes de razonar, por el mero hecho de su emoción. Y las emociones puras son la antesala del totalitarismo.

Resulta que el otro día en Torrejón de Ardoz, provincia de Madrid, se han guardado tres minutos de silencio -¿tres minutos?, demasiado tiempo y seguro que fueron algo menos- por los muertos en el terremoto de Haití. Al fin y al cabo, como todo el mundo sabe, el ayuntamiento de dicha ciudad siempre ha tenido una gran preocupación por lo que pasa en Haití -esto es injusto: la misma que yo y que todos-. Pero leyendo más la noticia, se llega al punto: en especial por el matrimonio que era originario de esta urbe. Eso está mejor. La boina, nacionalista al fin, debe perpetuarse -y más ahora que es tan de izquierdas-. Y duele más emocionalmente que muera un vecino que alguien desconocido. Lo que no sé es si eso está bien.

Hace poco tiempo murió Vicente Ferrer, el misionero español que trabajaba en la India. Y los periodicos se llenaron de titulares sobre él. Todo emotivo. Hace poco tiempo alguien, muy inteligente y culto por cierto, me dijo que la ética de Kant, basada en el deber y rechazando las emociones inmediatas, era inhumana. Y yo pensé justo lo contrario: hay más humanidad en Kant que en todas las emociones inmediatas de Vicente Ferrer, que era sin duda una buena persona, o la colectiva de Torrejón, mucho más sospechosa.

Pero ahora no puedo explicarlo.

domingo, enero 17, 2010

¿SIN PUBLICIDAD?

Tampoco es justo mitificar los programas. Y además, la memoria engaña mucho. Sin embargo, hubo un tiempo en que Días de cine fue un buen, sin más exageraciones, programa. Era interesante y útil.

Este año, según parece, la televisión pública nacional no tiene publicidad. Fíjense en el logotipo ese del lado superior derecho.

También hubo un tiempo, creo recordar, en que publicidad e información eran dos cosas distintas. Es más, hubo un tiempo en que antes de empezar Días de cine hubiera habido anuncios.
Ya no hace falta.

Días de cine, emisión del 14-01-2010

jueves, enero 14, 2010

PAPÁ ESTADO (no me deja fumar)

Proximamente se va, al parecer, a aprobar una nueva ley antitabaco. El asunto, más allá del tema puntual de ser fumador o no -yo fumo poco y si acaso un puro después de comer en restaurante y en el fútbol-, implica el límite del estado en su relación con la vida personal pues en la futura ley el estado se arroga un derecho sobre el mantenimiento de la salud individual en un doble sentido: por un lado, impidiendo que alguien realice una acción consciente, y esto es importante, que perjudica, al hacerlo en ciertas dosis, su salud; segundo, porque implica además a quien tiene un local de ocio al prohibirle por ley que en dicho establecimiento se consuma una sustancia cuyo comercio es, paradójicamente, legal. Así, y en definitiva, la pregunta que surge es si el estado debe intervenir en la vida de la gente y cuál, si lo hubiera, sería el límite de esa intervención.

En primer lugar, ¿puede el estado intervenir en las relaciones entre individuos? La respuesta liberal auténtica sería que no. Bueno con una curiosa -¿curiosa?- excepción: sí puede hacerlo para defender la propiedad privada. El liberalismo clásico así solo quiere una función estatal: la policía, evitando cualquier otro elemento. Es un estado mínimo que sirve a sus intereses. Sin embargo, nosotros creemos que la función de un estado democrático es la defensa de los derechos de los ciudadanos. El estado, así, no ocupa una pequeña parcela de la existencia sino una central. Pero es al servicio de los ciudadanos y sus derechos y no imponiéndose sobre ellos: el estado garantiza el cumplimiento de esos derechos porque así se respeta la autonomía personal. De esta forma, el estado debe intervenir, ya sea en la vida pública o en la privada, cuando las relaciones interpersonales son relaciones de dominio en la cuales una de la partes pierde su capacidad de obrar libremente porque el factor determinante es el mayor poder de un elemento sobre el otro a priori. Así, el estado tiene el deber y el derecho a intervenir cuando una parte intenta imponer condiciones a la otra por su mayor poder –ya sea social, económico, físico o de cualquier otra índole- y con ello niega la igualdad de derechos como algo fundamental. Por ejemplo, el estado tiene derecho, y esta es una diferencia fundamental con el liberalismo, a prescribir las formas de contratación laboral pues en ellas ambos elementos –empresarios y trabajadores con su fea costumbre de comer todos los días- no parten de una igualdad. El estado, pues, como garante de los derechos interviene para evitar las situaciones de dominio o, cuando menos y si acaso son inevitables en cierta medida, regularlas. De esta forma, el estado sí puede intervenir en la vida de los ciudadanos, pero lo hace no desde el cariño o desde la visión del padre sino como un artilugio artificial y cultural –para otro día: ¿hay algo mejor que ser cultural y artificial en una naturaleza que se rige por la supervivencia del más apto?- que busca defender el derecho de cada ciudadano. El estado así debe garantizar mi libertad, no coartarla.

Pero, surge ahora una segunda cuestión: ¿hasta dónde llega este derecho del estado y puede llegar hasta la vida privada? Pues puede y debe siempre que en dicha actividad privada se conculque el derecho de un ciudadano. Por eso, el estado puede regir ciertas conductas como delictivas pues en ellas se conculca un derecho ciudadano. Poniendo un ejemplo brusco pero que creo esclarecedor: el estado debe perseguir a los violadores pero no a las personas que mantienen relaciones sadomasoquistas consensuadas. Y ello es así porque en el primer caso se conculca un derecho mientras que en el segundo se ejerce: uno puede disfrutar siendo atado, amordazado y dominado si, a priori o previamente, lo ha acordado así. Ello, por supuesto, no quiere decir que todo lo permitido en la ley sea bueno moralmente. Pero sí quiere decir que el estado no es quién para decidir qué es moral o no -lo que no quiere decir que la moral sea subjetiva o que sea cierto el relativismo-: el estado solo debe prohibir aquello que impida el libre ejercicio de un derecho y permitir aquello que garantice su disfrute. Así, el estado hace bien en permitir las bodas homosexuales pues es garantizar un derecho del ser humano, formar una familia social e institucionalmente reconocida, a un colectivo al que hasta ahora se le negaba. Y por ello cuando la derecha o las instituciones cristianas defendían que no se podían casar lo que defendían era precisamente un estado totalitario en el cual el estado regía la moral sobre los individuos. El estado era mi papá –tal vez aquí mejor sin acento-

Así, el estado no interviene en lo moral sino en una fase primaria pues solo puede ocuparse de defender los derechos de los ciudadanos. El estado es el garante no de la moralidad pública sino de que las relaciones de dominio no se den y si acaso tienen que darse por necesidad social -por ejemplo en la jerarquía de un trabajo o entre guardia civil de tráfico y conductores o profesores y alumnos- sean regladas de forma tal que se garantice el derecho de cada parte. Y por supuesto ello no significa que toda relación en la cual no haya dominio sea moralmente buena –para otro día: tal vez acostarse con alguien sin que haya una relación sentimental sea moralmente malo- sino que no es el estado quien tiene legitimidad para juzgarla.

Pero, ¿y lo de fumar? Parece claro que fumar, en determinadas dosis que por otra parte son las habituales, perjudica la salud. Eso es indiscutible. Y lo es también que el estado no tiene la obligación de cuidar a aquel que ha decidido conscientemente no cuidarse a través de un sistema solidario como es la seguridad social. Pero la solución a eso es sencilla: subir el precio de la cajetilla hasta que su venta cubra el gasto que el tabaco hace a la sanidad pública, obligando así al individuo a costearse su acción y sus futuras consecuencias. Esto por tanto, una vez que el tabaco es de venta legal, no puede aducirse como hecho para impedir fumar. ¿Pero y los fumadores pasivos? Efectivamente, aquí el estado hace bien en prohibir lugar en determinados lugares donde los sujetos no están por su voluntad expresa en el ocio, como por ejemplo el transporte o el centro de trabajo, pues sería dominación obligar a alguien a tragar el humo de otro cuando su presencia allí no es estrictamente voluntaria. Sin embargo, el problema surge cuando el estado decide, como lo ha hecho en la mayoría de los países, prohibir fumar en aquellos locales donde uno está estrictamente en tiempo de ocio, pues su presencia allí sí es voluntaria –ahora analizamos a los trabajadores del local-. Quien sí podrá impedirlo será el propio dueño del local pues forma parte de sus derechos, como abrir un restaurante exclusivamente vegetariano o un bar donde no se sirva alcohol, pero el estado no debería hacerlo pues es una acción entre adultos en la cual nadie impone nada a nadie. Uno puede ir a un local donde se fuma, donde no exista humo o donde el dueño, en aras de su negocio, haya hecho dos zonas. En realidad, el único colectivo dominado aquí serían los trabajadores del local. Y para ellos se aplicaría esa medida extraordinaria que es la reglamentación: el estado debería garantizar, ahí sí, que estos trabajadores tuvieran un régimen especial, como lo tienen aquellos que trabajan en lugares de riesgo, de acuerdo al perjuicio que sin duda tienen. Es decir, se trataría de que el único colectivo que sufre ahí la dominación, pues ni dueño ni clientes escapan a una acción libre, vea compensada su situación.

El estado no es un padre. Sin embargo, cada vez más, se le exige actuar como tal: desde que prohíba fumar hasta que prohíba programas de televisión o dar opiniones de cierto contenido en debates históricos. Quienes desean un estado así, sin embargo, olvidan que es la autonomía individual lo que debe regir una sociedad democrática y que el estado no debe cuidar a los adultos. Debería ser el ciudadano el elemento fundamental de la democracia y no el estado. El estado democrático debe estar al servicio del pleno desarrollo de la autonomía personal y no de colectividades –ya sea pueblo, patria u otras zarandajas- míticas. Porque puede llegar a ocurrir que de padre pase a patrón, peligroso parecido en las palabras, y de patrón a cacique.