En el artículo
anterior de esta serie analizábamos las diferencias históricas entre la
religión y la superstición. Señalábamos
allí que había habido tres aspectos diferenciadores básicos entre ambas:
primero, la complejidad intelectual en la explicación, siendo esta mucho mayor
en la religión; segundo, el carácter socializador de la propia religión que
pretendía regir la vida moral e instaurar un modelo de reglas sociales;
tercero, el carácter emotivo y
afectivo, consolador, del sentimiento religioso.
Toca ahora realizar ya no un estudio histórico sino
plantearnos si es posible que por las circunstancias actuales esa misma
religión sofisticada haya devenido en nuestros días ya , y a su vez , en
superstición. Y para ello lo mejor será analizar si las diferencias
anteriormente presentadas siguen permitiéndonos señalar la religión como un
modelo intelectual cualitativamente superior a la superstición y capaz de dotar
de sentido al mundo. Porque efectivamente, el triunfo de la religión se debió a su
capacidad de donar de un sentido, aunque
falso, a la realidad. La pregunta por
tanto a resolver es si la religión puede ser hoy en dia una respuesta para el
sentido del mundo, en su sentido de
mundo natural, individual y social, o bien es ya y solamente pura superstición.
Y si esto fuera una religión aquí esperaríamos
una revelación divina y la apertura al misterio, como Íker Jinenez pero en plan
místico. Pero como no lo somos nos vamos a enrollar argumentando.
Las donación de sentido tiene una doble faceta.
Por un lado, pretende explicar la existencia del mundo físico y sus hechos; por
otro, busca dar un sentido a la
existencia personal. Del segundo hecho hablaremos en el siguiente artículo, así
que corresponde ahora hablar del primero.
¿Sigue siendo necesaria la religión para
explicar el mundo natural? Parece evidente que no. El pensamiento racional,
representado aquí en la ciencia, es capaz hoy en día de explicar el mundo
físico de manera suficiente, incluso sobresaliente, sin recurrir a la
trascendencia. Hace unos doscientos años Napoleón inquirió al astrónomo Laplace
sobre cuál era el papel de Dios en su
explicación del universo y el científico respondió que no había necesitado semejante
hipótesis. Hoy en día ya ni se plantea la pregunta: Dios resulta superfluo. De
esta forma, la religión ya ha perdido su papel como explicación predominante de
la Realidad.
El segundo papel que señalábamos era la
religión como elemento rector de la sociedad. Efectivamente, decíamos que las
religiones habían sido un elemento socializador de primer orden y la clave de
las normas sociales. Sin embargo, y afortunadamente, eso ya no es así. Las
sociedades actuales desarrolladas no precisan ya de nada parecido a una
normativa supranatural. La existencia legislativa de los derechos humanos, cuya
creación por cierto es un momento fundamental en la historia de la humanidad,
hace superflua la garantía trascendente de las normas sociales. Y eso se ve muy bien en que en esos mismos países
desarrollados donde ya la legislación es laica, incluso los creyentes dejan de
cumplir la normativa eclesial -como
queda reflejado en la moral sexual que es el lugar favorito de la religión para inmiscuirse- para reconvertir
la experiencia religiosa en algo subjetivo. Dios como garantía de la normativa
social solo brilla con su infinito amor en las decapitaciones del ISIS.
,
Así, toda la influencia religiosa, tanto en
cuanto a la explicación intelectual de la realidad como a la normatividad
social ha devenido en prácticamente nula y solo tiene vigencia en la barbarie islámica y tribus
primitivas. La religión carece de papel institucional en la elaboración del
ideal social. Y en esto también se ha igualado con la superstición.
Efectivamente, la religión ha perdido esos elementos
que la hacían diferenciarse de la superstición.
Primero, ya no puede desarrollar más su
complejidad intelectual pues sus propios principios axiomáticos, los principios de los que parte, serian lo
puesto en duda. De hecho, el intento de continuar analizando intelectualmente
los propios principios religiosos, como
bien se dio cuenta el reaccionario y genial Occam,
llevaron inexorablemente al ateísmo. De esta manera, toda la complejidad
intelectual que la religión desarrolló se ha convertido en una parte
fundamental del pensamiento humano pero ya agotada como fuente.
En segundo lugar, y como ya hemos explicado, la
religión como modelo explicativo de la realidad natural también ha dejado de
ser relevante e incluso se ha convertido en falsa. El desarrollo científico ha
hecho innecesaria la religión y la ha reinventado
como mito. No hay que recurrir a Dios para explicar la naturaleza.
Alguien, sin embargo, ante esta argumentación podría aducir que el
tema dios sigue siendo fundamental en la Filosofía y tendría razón. Pero el
hecho mismo de que sea así es otra prueba de la propia irrelevancia de la
religión pues implica ya tomarla como
objeto de estudio volviéndose por tanto inmanente. Y además se trata de un mero
objeto teórico y racional alejado del acercamiento característico a la propia
religión que es el de donador de sentido del mundo y de la propia existencia
individual. Por decirlo con palabras profundas y para que puedan hacer un meme:
Dios como ente deja de ser Dios. Mito y religion como explicación del mundo son ya lo mismo.
¿Y qué ocurre con el proceso normativo social?
Como ya hemos analizado más arriba ha quedado claro que allí donde la religión
vuelve a ser el eje normativo, como en la superstición islámica, la sociedad retrocede a la edad media. Y si
el cristianismo no lo hace no es porque no quiera sino porque ya no puede. La
religión tiene la misma importancia social que los consejos de la abuela. Y
como normativa social se le hace el mismo caso.
Así, perdidas ya las cualidades que históricamente la diferenciaban
de la superstición, la religión ha llegado a convertirse en aquella. Si
históricamente podemos diferenciarlas sincronicamente han llegado a ser iguales
.
Pero alguien podrá aducir lo siguiente. El
sentimiento religioso sigue vigente, incluso con más fuerza aparentemente que
nunca. Parece que es algo propio del ser humano y que garantizaría la
preeminencia de la religión para siempre. Pero solo lo parece. Y
eso el
próximo día...
Si Dos quiere.


















