domingo, junio 27, 2010

ALGO DE CORDURA: Duelo por la República Española

En estos tiempos en que tanto individuo parece dispuesto a pedir que la guerra civil se eche a los penaltis –obsérvese la metáfora futbolística- merece la atención fijarse en un muy buen artículo publicado por Santos Juliá el viernes 25 en el diario El País y titulado Duelo por la República Española. Cuando otro lo dice mejor, y con más conocimiento, de lo que uno sería capaz de hacerlo, es justo presentarlo sin enmienda. Y señalando que estamos de acuerdo.

DUELO POR LA REPÚBLICA ESPAÑOLA, de Santos Juliá.

En la noche del 22 al 23 de agosto de 1936, Manuel Azaña y su amigo y abogado Ángel Ossorio mantuvieron una larga y dramática conversación en el Palacio Nacional. Habían llegado a Palacio las noticias de las atrocidades cometidas por milicianos en el asalto a la cárcel Modelo de Madrid, donde fueron abatidos o fusilados varias decenas de presos, entre otros Melquíades Álvarez, antiguo jefe político de Azaña en el Partido Reformista. Azaña no puede soportar el duelo inmenso por la República, la insondable tristeza que le produce la matanza y siente veleidades de dimisión. Ossorio, que ha sido llamado por Cipriano de Rivas, cuñado del presidente, intenta tranquilizarlo recurriendo a un argumento que irrita a su amigo, pero que acaba por calmar su ansiedad: las muertes de aquellas personas, muchas de ellas encarceladas con el único propósito de garantizar su seguridad, entraban en la "lógica de la historia".

Esa conversación, que Azaña reproducirá en su diario y en La velada en Benicarló, condensa como ninguna otra el drama político y de conciencia vivido por un puñado de republicanos -y por algunos socialistas- ante la enormidad de los crímenes cometidos en los territorios que habían quedado bajo autoridad nominal del Gobierno legítimo. Lo vivían, ese drama, quienes, sabiendo de los crímenes y sintiendo repugnancia por tanta sangre derramada, decidieron mantenerse leales a la República. No se lo plantearon los que mataban, que consideraban la muerte de los representantes del viejo orden social como una exigencia de la revolución; tampoco quienes, sin matar, los justificaban por alguna necesidad histórica o porque antes de la revolución fue la rebelión, como el católico y jurista Ossorio; ni, en fin, quienes apoyándose en su comisión se apresuraron a poner tierra por medio para refugiarse en una tercera España que se pretendía neutral y se constituía, en París, como reserva de futuro.

De modo que el debate sobre la naturaleza y alcance de los crímenes cometidos en territorio de la República como consecuencia inmediata de la rebelión militar es tan viejo como aquellas semanas de julio y ha suscitado no solo apasionados enfrentamientos, sino grandes obras literarias, como el paseo por Madrid del profesor particular de filosofía Hamlet García, un álter ego de Paulino Masip; o la atormentada angustia de un joven juez durante los Días de llamas, de Juan Iturralde; o los cortos, magistrales, relatos de Manuel Chaves Nogales. Tal vez si nos situáramos en esa larga y honda corriente y abandonáramos la vana pretensión de decir algo grande y definitivo -esa "puñetera verdad" a la que se refiere Javier Cercas- que no se haya dicho ya mil veces sobre nuestro horrible pasado, evocaríamos los crímenes entonces cometidos en zona republicana como una tragedia por la que todos tendríamos que hacer duelo. Porque el duelo del que hablaba Azaña obedecía a la evidencia -insoportable para quienes esperaron algún día que la República significara el amanecer de un nuevo tiempo-, de que esas matanzas nada tenían que ver con su defensa ni con los valores por ella representados, sino con el comienzo de una revolución social que, entre otras catástrofes como acelerar la derrota, significaría, de triunfar, el fin de la misma República. Cuando se comparan los crímenes de los rebeldes con los de los leales, al modo en que Ossorio se lo decía a Azaña: ellos comenzaron; o se insiste en que fueron menos: ellos matan más; o se reducen a desmanes de incontrolados: ellos planifican; lo que se olvida es que esos crímenes obedecieron a una lógica propia, reiteradamente publicitada desde discursos de líderes anarquistas, comunistas y socialistas, repetidos cada vez que se cometía un crimen masivo: que era preciso destruir desde la raíz el viejo mundo, prender fuego a sus símbolos y proceder a la limpieza de sus representantes.

De esta suerte, muchos miles de asesinados en las semanas de revolución no lo fueron por franquistas ni por apoyar a los rebeldes: de lo primero no tuvieron tiempo ni de lo segundo, ocasión. Murieron porque quienes los mataron creían que una verdadera revolución -que es una conquista violenta de poder político y social- solo puede avanzar amontonando cadáveres y cenizas en su camino. Fue en ese marco y movidos por estas ideologías y estrategias por lo que se cometieron en territorio de la República, durante los primeros meses de la guerra, crímenes en cantidades no muy diferentes y con idéntico propósito que en el territorio controlado por los rebeldes: la conquista, por medio del exterminio del enemigo, de todo el poder en el campo, en el pueblo, en la ciudad. Luego, desde los hechos de mayo de 1937 en Barcelona, la guerra continuó, la República consiguió rehacer un ejército y un mínimo aparato de Estado y, aunque no se puso fin a las ejecuciones sumarias, al menos se controlaron las matanzas.

Solo ahí comienza la verdadera diferencia en la que tanto insisten quienes califican de desmanes los crímenes de unos y de genocidio o crimen contra la humanidad los de otros. La diferencia consiste en que, a pesar de su rearme, la República no logró conquistar nuevos territorios, y dentro del suyo la limpieza ya había cumplido la tarea que se le había asignado sin que la revolución social hubiera culminado como revolución política: en un territorio progresivamente reducido era inútil -y ya no había a quién- seguir matando a mansalva, como en las primeras semanas de la revolución. Los rebeldes, sin embargo, cada vez que ocupaban un pueblo, una ciudad, proseguían la implacable y metódica política de limpieza valiéndose de la maquinaria burocrático-militar de los consejos de guerra. Eso fue lo que cavó un abismo entre la rebelión triunfante y la República derrotada, un abismo en el que sucumbieron otros 50.000 españoles fusilados tras inicuos consejos de guerra una vez la guerra terminó.

Uno de los vencedores, Dionisio Ridruejo, definió hace ya varias décadas la política de limpieza realizada por su propio bando como una operación perfecta de extirpación de las fuerzas políticas que habían patrocinado y sostenido la República y representaban corrientes sociales avanzadas o movimientos de opinión democrática y liberal. Una represión, escribía Ridruejo, dirigida a establecer por tiempo indefinido la discriminación entre vencedores y vencidos. ¿Cómo se podía derribar esa barrera divisoria, cómo se podía iniciar un proceso que clausurara esa discriminación? La historia se ha contado ya mil veces: no existía posibilidad de reconstruir la mínima comunidad moral en que consiste cualquier Estado democrático si gentes procedentes de los dos lados de la barrera no establecían una corriente en ambas direcciones para sentarse en torno a una misma mesa, hablar, negociar y llegar a algún acuerdo sobre el futuro.

Y eso empezó a ocurrir, en España y en el exilio, desde los contactos de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas y del PSOE con la Confederación Monárquica al final de la II Guerra Mundial, y siguió con los encuentros de hijos de vencedores y vencidos en las universidades desde mediados los años cincuenta, con la política de reconciliación aprobada por el Partido Comunista en junio de 1956, con el coloquio de Múnich de 1962, con las reuniones de las comisiones obreras -entonces todavía con artículo y minúsculas- y de movimientos ciudadanos en locales facilitados por parroquias y conventos, con las iniciativas de diálogo y colaboración entre comunistas y católicos en los años sesenta y las Juntas Democráticas de los setenta. En todos estos encuentros se trataba de mirar al futuro sin dejarse atrapar por la sangre derramada en el pasado, de hablar por eso un lenguaje de democracia que daba por clausurada la Guerra Civil o, para decirlo como entonces se decía, que consideraba la Guerra Civil como pasado, como historia, no como algo presente que pudiera determinar el futuro.

Esta visión, y las consecuencias políticas de ella resultantes, es lo que está a punto de ser arrojada al basurero de la historia con la creciente argentinización de nuestra mirada al pasado y la demanda de justicia transicional 35 años después de la muerte de Franco. Denostada hoy como mito y mentira, la Transición fue el resultado de una larga historia española iniciada por un sector de quienes fueron jóvenes en la guerra y continuada por un puñado de quienes fueron niños en la posguerra. No es una historia de miedo ni de aversión al riesgo; consistió más bien en mirar adelante, recusando la herencia recibida, y no a los lados, desde donde no se esperaba ningún impulso democratizador. Esas gentes construyeron una democracia -imperfecta, deficitaria, como todas- sobre una experiencia política de diálogo y reconciliación en la que nadie pretendió defender las razones que pudieran haber asistido a sus padres cuando empuñaron las armas. Si cada cual, a la muerte de Franco, hubiera puesto encima de la mesa su puñetera verdad, es posible que todos nos hubiéramos ido a hacer puñetas dejando como única herencia el lamento por otra gran ocasión perdida.

miércoles, junio 23, 2010

CAPITALISMO Y CLASES SOCIALES/1

Nota: el presente artículo es una respuesta a los comentarios sobre mi serie Capitalismo y explotación (1, 2 y 3) en la cual se me criticaba por dejar a un lado el análisis de clase. Por supuesto, se puede leer independientemente.

Extraña un cambio en Marx. El comienzo de El manifiesto comunista versa sobre la lucha de clases y con ello sitúa este hecho como motivo principal de su teoría en la crítica del Capitalismo. Sin embargo, el comienzo de El Capital versa sobre la mercancía –y ni tan siquiera sobre las condiciones de trabajo que la hacen posible-. No se trata, sin embargo, de dar la errónea solución de Althusser, aquella sobre que en Marx hay dos etapas y en la segunda hay un sistema científico frente a la primera, sino de algo distinto. La diferencia radica en que Marx comprendió el desarrollo capitalista que dejó de ser un sistema de explotación igual a los anteriores, basado en la dominación social de una clase sobre otra, para comenzar a convertirse, hoy ya en su apogeo, en un sistema de realidad: un sistema ontológico. Y por eso tuvo que variar su teoría.

La izquierda, sin embargo, ha seguido manteniendo el falso esquema del Capitalismo compuesto de una oligarquía explotadora y una muchedumbre explotada: la lucha de clases. Situando además dicha oligarquía como el sector dirigente y responsable último de la acción capitalista: dicha oligarquía dirige el sistema. Así, la idea básica de la izquierda está más cerca del Manifiesto, aunque tampoco pues se ve superada por la complejidad de este, que de El Capital. Y precisamente lo que pretende este artículo, aún más aburrido que la media y que encima necesitará segunda parte, es demostrar una negación: en el Capitalismo actual la estructura de clases no es sustancial sino accesoria –aunque existente- y no es la causa de la explotación. Por ello, si bien existen clases sociales no se pueden analizar como la clave de la explotación capitalista. Pero, al tiempo, no se podrán obviar en el análisis político y social.

La división del trabajo, que distintos individuos realicen los diferentes trabajos necesarios para la supervivencia social, no implica necesariamente la división social del trabajo (DST). Esta, la DST, va más allá pues hace que el poder, la riqueza y el prestigio social guarden relación directa con la función social, el trabajo, que se tenga. Y es entonces cuando a partir de la división social del trabajo surge la estratificación social: distintos grupos sociales con distinto poder en la sociedad. Pero incluso para que se pueda hablar de explotación de unas clases sobre otras –nota: estamos siempre hablando de clase social en un sentido amplio- hace falta algo más: un sistema económico determinado en el que el trabajo de una clase, o clases, alimente efectivamente a otra, u otras. Que exista una clase social, o varias, que viva, en definitiva y para simplificar, del trabajo de otra. Así pues, para que en el capitalismo fuera cierto que existe explotación de una clase por otra como elemento sustancial del sistema –explotación del sistema hay como hemos demostrado en la serie de Capitalismo y explotación- debería poderse demostrar que efectivamente una clase vive del trabajo de otra y esto es intrínseco y sustancial al sistema económico concreto: no habría Capitalismo sin dicha explotación. Y es ahí donde falla, y Marx se dio cuenta, la ecuación.

Un sistema económico se basa en la explotación de una clase por otra cuando los elementos de la primera viven exclusivamente del trabajo de los de la segunda. Es decir, cuando la primera clase no resulta productiva económicamente y por tanto necesita para su sustento del trabajo de otra clase social. Escogemos aquí un carácter estricto, productivamente económica, porque si bien esa clase social puede ser cultural o políticamente productiva sin embargo si no lo es económicamente, en el estricto campo de la producción, entonces se puede aducir que es explotadora al vivir del trabajo de otros pues los necesita para la supervivencia: hasta los políticos, los poetas o los religiosos místicos comen todos los días. Así, por ejemplo, la nobleza de la Edad Media era una clase explotadora pues carecía de importancia productiva concreta: no generaba beneficio y vivía de la producción, fundamentalmente, de los siervos. Por tanto, situamos una primera definición: una clase social puede ser considerada como explotadora solo cuando viva del trabajo no propio sino de otra clase.

De esta forma, nos repetimos pero es importante, la estructura clase explotadora implica, a su vez, unas características concretas del sistema económico. La fundamental es que la clase explotadora no produzca económicamente nada pues de otra forma bien se podría aducir que resultaría rentable, es decir: pagaría su existencia. Los monjes de los monasterios ricos de la Edad Media eran explotadores, como señores feudales, porque fuera de su, más presunta que real salvo excepciones, defensa de la cultura eran incapaces de producir incluso su propia subsistencia. Vivían de la comida que otros le producían y buscaban mantener ese status quo. Sin embargo, pongamos por caso y para entendernos un ejemplo extremo, Belén Esteban no es productivamente inútil: sin duda podría aducirse que aparentemente no realiza trabajo alguno, pero de hecho produce riqueza económica, por la cuota de pantalla que implica publicidad e independientemente de cualquier juicio moral, que hace que su existencia no se produzca sobre otros sino sobre su propia producción: su vida como mercancía. Por tanto, y es importante, el juicio explotador no se debe realizar sobre la base de un juicio moral, como si hubiera un trabajo moral y uno que no lo es –cosa que puede ser cierta-, sino sobre estrictamente la idea de producción y rentabilidad. Y de esta forma, al fin y al cabo hacemos un análisis marxista, la clave se desplaza al análisis de la producción material. Olvídense de esos aires de superioridad moral que suele tener el analista de la autoproclamada izquierda. Aquí hablamos fríamente de producción: sumar y restar.

Hasta la irrupción del Capitalismo la producción económica era puramente material, en su sentido de productos físicos. Lo fundamental de la producción eran los productos materiales, bienes ya del sector primario, básicamente, o del secundario, escasamente. Y para la producción de dichos bienes era su clave la fuerza de trabajo humana en su vertiente física. Así, el trabajo ideológico, ya fuera artístico, político o de cualquier otra índole, era económicamente improductivo en cuanto a que no producía beneficio económico relevante. Sin embargo, era esencial para la dominación –y también para la emancipación pero por eso no se gestionaba- social. Es ahí donde está la clave de la explotación de clases: una clase vive de otra porque su trabajo es improductivo en cuanto a beneficio económico, pero al tiempo es la clave de esa misma dominación social. O diciéndolo de otro modo: una clase trabajadora, pues solo hay beneficio económico por su trabajo, mantiene a otra que a su vez defiende activamente las condiciones de dicha explotación y con ello su lugar de privilegio social. Efectivamente, y para ejemplificar, en una sociedad esclavista o feudal la fuente fundamental y prioritaria de producción económica es el trabajo físico humano al tiempo que hay unas oligarquías sociales que viviendo de dicho trabajo tienen como su función social mantener dicho status quo sin producir económicamente. Desde el pater familia romano hasta el señor feudal o el aristócrata del Antiguo Régimen se puede hablar de explotación de unas clases sobre otras porque la estructura económica tiene una doble característica: por un lado, la clave de la producción es el trabajo físico humano de una inmensa mayoría social; por otro, hay unas élites que no trabajan ni producen pero detentan el poder social y viven alimentadas por la clase productora. Ahí sí hay, como esencia del sistema productivo, explotación de una clase sobre otra. La nobleza vivía de lo siervos pues la nobleza, debido a una estructura económica que se basaba en el trabajo físico, no producía económicamente nada relevante.

Así, para que hubiera en el Capitalismo esa misma explotación de clase tendría que ocurrir algo similar: una élite social que viviera del trabajo ajeno, por ser ella misma improductiva, y que además hiciera lo posible por mantener dicho status quo. Pero en el Capitalismo surge una figura relevante nueva en la economía que es la mercancía. Y esto cambia todo. La oligarquía social seguirá siéndolo política y socialmente, y de hecho actuará como tal para mantenerse en su privilegio, pero sin embargo no será clase explotadora en la producción del sistema pues surge la mercancía. Pero esto, la nueva estructura social en el Capitalismo y el motivo por el cual este no es explotación de clase, en un próximo artículo.


lunes, junio 21, 2010

VIDA INTERIOR/53 : UNA CURIOSIDAD (sobre dar las gracias)

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Mientras escribo un artículo que sin duda revolucionará el mundo de la izquierda sobre el capitalismo y la estructura de clase, no puedo por menos que contar una pequeña anécdota.

Antes de nada: yo cobro por dar clase.
Antes de nada, cuando voy a un restaurante doy las gracias al camarero al servirme un plato. Y al taxista. Y al dependiente.

Hoy se me ha acercado un alumno y me ha dado las gracias por el curso. Otros lo han hecho antes, también.
Hace poco, un padre me dio las gracias. Otros lo habían hecho ya.
En distintos cursos. En diferentes años.

Es cierto sin duda, yo cobro por dar clase.

Nunca nadie de una junta directiva me ha dado las gracias.
Nunca nadie de la administración me ha dado las gracias.
Por supuesto, yo cobro por dar clases.

Gracias, también.

jueves, junio 17, 2010

¿Y SI VIENE LA DERECHA?



¿Y si viene la derecha y baja el sueldo a los funcionarios?
¿Y si viene la derecha y congela, o sea: baja, las pensiones?
¿Y si viene la derecha y abarata el despido?
¿Y si viene y el primero de julio va y sube el IVA que pagamos todos, independientemente de la renta, por igual?

Tengo mucho miedo: ¿y si viene la derecha?


martes, junio 15, 2010

EL RAPPEL DE LAS CIENCIAS SOCIALES

Cuentan que David Hume, el filósofo empirista británico del siglo XVIII, quería llegar a ser el Newton de las ciencias morales. Cada uno tiene los delirios que su fantasía, o tal vez su capacidad, le permiten tener.

Recientemente publicaba un artículo en el que analizaba los recortes sociales, los mayores en la historia de la democracia, del gobierno Zapatero y añadía en un párrafo:

Después del verano vendrá mucha memoria histórica, mucha guerra de los abuelitos y mucha tontería ideológica, ahora sí en su sentido marxista como falsa conciencia.

El sector de los autodenominados creadores ha sacado un dvd sobre asesinados, de un bando, de la guerra civil y la dictadura de Franco. Debe de ser precioso. Y humano, profundamente humano. Justo lo ha sacado ahora.
Que sí, que una cosa no tiene que ver con otra.
Que sí, que hay espacio para todo.
Que sí, que no olvidamos.
Que sí, hombre y mujer, que sí

Yo siempre quise ser el Rappel de las ciencias sociales por mi capacidad de predicción. Cada uno tiene los delirios que su fantasía, o tal vez su capacidad, le permiten tener.

Y mañana reforma laboral.
Y mañana España-Suiza.

jueves, junio 10, 2010

EL ETERNO BALIDO DE LOS BORREGOS

Ha dicho Felipe González hoy en una reunión con los diputados nacionales del PSOE lo siguiente:
Cuando las cosas van mal, militancia pura y dura.

Y todos han balado.

PSDT1: a Rajoy le nombró Aznar a dedo como sucesor. Balidos.
PSDT2: ¿se imaginan que el PP le baja el sueldo a los funcionarios? ¡Todos a la huelga !
PSDT3: escribir -¡otro!- un artículo: militancia y borreguismo.

miércoles, junio 09, 2010

VIDA INTERIOR/52 : AL ESPACIO (otra vez)

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Descubrí tarde a Ray Bradbury. Y descubrí igualmente tarde una obra suya, El hombre ilustrado. En ella hay un cuento ejemplar: Calidoscopio. Unos astronautas, flotando en el espacio tras el estallido de su nave, solo esperan morir. Y uno de ellos lograr por fin hacer algo hermoso.

No lo nieguen: flotar, apoyarse en la pared, darse impulso y salir disparado a la otra punta de la habitación. Debe ser interesante.

Cuando era niño empezó a funcionar el transbodador espacial. Ahora se acaba. Pero antes de acabarse, la NASA, en una de esas campañas absurdas, ha decidido que cualquiera puede mandar su foto e ir en su última misión al espacio.

Mi misión STS-134 sale en noviembre de 2010. Y nos lleva a Ethan Edwards y a mí.

lunes, junio 07, 2010

RAZONES DE (otra) HUELGA

Mañana día 8 de junio hay convocada una huelga de funcionarios por los recortes del gobierno. Yo voy a hacer huelga. Y como estoy liado ahora con Selectividad solo tengo tiempo para presentar someramente las razones de mi adhesión.

1.- El problema de la crisis en España no es solo un problema internacional, que lo es, sino un problema de gobierno. Y este es, sin duda, el peor gobierno de la democracia en España. Sin duda, Zapatero, como buen peronista, ha ido tirando del dinero público para garantizar su poder, pasando de los 400 euros hasta subvencionar también, seamos justos, a la oligarquía catalana con el estatuto, pero las arcas han llegado a su fin. Y como buen peronista ha decidido que esto lo paguen a quienes pueda quitarle el dinero rápido: funcionarios y pensionistas. Y la finalidad de esto, que nadie se engañe, no es salvar la crisis sino salvar el poder.

2.- Por supuesto alguien puede decir: ya era hora que se tocara a los funcionarios. Pero se equivoca. Porque esto es el chocolate del loro. Lo importante es la reforma laboral y abaratar, pues de eso se trata, el despido. Toda la paparrucha de la Ley de Economía Sostenible se resume en una aplicación básica: abaratar la mano de obra. España competirá en el mercado mundial por menor coste productivo en relación directa a peores condiciones de trabajo.

3.- ¿Y los sindicatos? Por supuesto, son basura. Vendidos al mejor postor, UGT desde la pérdida de Nicolás Redondo y CCOO con la salida de Fidalgo, los sindicatos no han sido sino la voz de su amo. Pero no se debería olvidar, para aquellos que dicen que no harán huelga mañana porque van contra los sindicatos, que la primera interesada en acabar con ellos es la CEOE y los sectores que pretenden abaratar la mano de obra. Hay una paradoja: mañana no se apoya a los sindicatos basura sino, precisamente, se da un aviso al gobierno de que no puede hacer lo que quiere. Y otro a esos mismos sindicatos de que su política de complaciencia, es decir: de estar comprados, ha llegado a su fin.

4.- ¿Y no es apoyar al PP? Seamos sinceros: ¿se hubiera atrevido el PP a hacer esto? Todos sabemos que no. Pero, ¿y si lo hubiera hecho? Ardería Madrid. Es más, si es el peor gobierno de la democracia, ¿debo temer tanto que gobierne el PP? ¿Qué más va a hacer? Bueno, tal vez me llame antipatriota.

5.- ¿Y qué va a pasar? Nada, como siempre. Mañana auguro un fracaso total. Los funcionarios no irán a la huelga e incluso muchos trabajarán -reconózcanlo, es bueno el comentario-. Y nos miraran a los huelguista con ese aire de superioridad moral que la autoproclamada izquierda tan bien presenta: no comprendéis, nos dirán, las circurnstancias históricas.

y 6.- Yo soy una persona más bien simple. Si mi jefe me baja el sueldo, protesto.

domingo, junio 06, 2010

MIS ALUMNOS ME CRITICAN

Como cada año, aquí están las críticas de mis alumnos a mis clases. Entran ustedes el La lechuza de Minerva y van allí a Actividades -donde pone Blogs- y pueden verlas. Un servicio público tiene, a su vez, la obligación de evaluarse -y no solo de esta manera-.


jueves, junio 03, 2010

CAPITALISMO Y EXPLOTACIÓN/ y 3

¿Qué explota realmente el Capitalismo? Hoy en día es cuando el mayor número de personas del mundo disfruta del bienestar. Y todo ello gracias a la imposición y al desarrollo del Capitalismo. Además, dicha realidad se extiende a través de los llamados países emergentes como India, China o Brasil lo que acrecentará su nivel de vida. ¿Cómo podemos entonces ni atrevernos a señalar explotación en el capitalismo? ¿Explotación de qué? ¿Acaso antes se estaba mejor? ¿O se está mejor en los países, como Cuba o Corea del Norte por ejemplo, no capitalistas?

Metafísica, ya lo hemos repetido, significa lo que está detrás, lo que fundamenta lo real sin necesariamente poder ser percibido. Hacer una metafísica del Capitalismo significa, por ello, buscar el fundamento del sistema y de su explotación. Y por ello es reconocer lo que realmente se explota en el Capitalismo.

La historia del Capitalismo va pareja y forma parte también del desarrollo de la idea de sujeto moderno. Y este es, a su vez, la historia del proyecto de la Modernidad. De esta manera, se abre una pista sobre algo que es fundamental. La idea radical de la Modernidad fue la desidentificación entre el pensamiento y la realidad. Antes de ella se consideraba que la racionalidad humana, grosso modo, debía adecuarse, copiar fielmente como una cámara de fotos, las leyes preexistentes -dadas por la realidad física, en los griegos, o por Dios en el pensamiento medieval-: el mundo, o Dios, era el fundamento de lo real y de la humanidad y esta para estar en la verdad tenía que descubrir leyes ajenas y copiarlas para obedecerlas. Las cosas tenían que ser así, por ejemplo la sociedad, porque la naturaleza o la creación divina así la habían hecho. El esclavo lo era, como señalaba Aristóteles, por naturaleza.

La Modernidad vino a romper con esto a partir de una idea aparentemente sencilla: el pensamiento piensa ideas. Con ello, la razón humana se ensimismaba, encerrándose en sí misma, como la única razón existente frente a un mundo irracional que se le enfrentaba. La idea consecuente de lo anterior era que entonces habia que racionalizar ese mundo externo que ya no tenía racionalidad por sí mismo, es decir: convertirlo en racional y con ello en humano. Así surgieron la ciencia y la tecnología aplicada como formas de conquista. Así apareció el nuevo desarrollo económico. Así se inventó el Capitalismo como el medio de desarrollo de esa libertad individual, de esa humanización del mundo. Efectivamente, el ideal del primer capitalismo pretendía liberar a los seres humanos de la esclavitud social, usando para ello el contrato libre entre iguales frente a la servidumbre, y de la tiranía natural, empleando la tecnología en la producción, buscando la libertad de cada uno de los individuos. De esta forma, el Capitalismo era un medio para conseguir un fin como era la libertad individual: Adam Smith no era un malvado fascista sino un pensador emancipatorio –y no es una ironía- porque el liberalismo no era una mera escuela, una táctica, económica sino una filosofía de emancipación. Pero la historia se desarrolla no de acuerdo a los deseos y proyectos sino a las realidades. ¿Emancipó el Capitalismo?

Si la respuesta es sí sin duda el proyecto moderno, ilustrado, ha triunfado y aquí deberíamos callarnos : que cada uno construya libremente su vida. Pero si, efectivamente, la respuesta es no, es decir: el capitalismo no ha ayudado a la liberación de los sujetos, entonces la esperanza del proyecto moderno no se ha cumplido. Es decir, la clave para juzgar al capitalismo es analizar el grado de cumplimiento del sujeto moderno. No se trata de ver cuánto se cobra o de si hay pobres o no -eso es importante, pero en cuanto a derechos civiles no a anticapitalismo estrictamente- sino de ver si hay posibilidad de sujeto moderno o no. Es analizar, en definitiva, si el proyecto moderno, se ha cumplido. Todo lo demás es ñoño en cuanto a filosofía, y por ello en cuanto a realidad, pues sin duda el capitalismo como sistema económica ha traído mayor riqueza a mayor número de personas que ningún otro sistema económico precedente o posterior: así visto la única consecuencia posible es su superioridad. Pero mirándolo en cuanto a la esperanza real que él mismo encarnó como integrante de un proyecto, la realización del sujeto moderno, es la traición absoluta. Y la explotación capitalista es, precisamente, la negación de esa esperanza del sujeto moderno. No se trata de que el capitalismo no permita el desarollo económico o la salida de la pobreza, cosa que ya ha demostrado con creces que es capaz de hacer, sino que su explotación lo es solo del sujeto en cuanto tal y no del ser humano en sí. Por supuesto, dentro del Capitalismo hay explotación económica directa del ser humano, pero como hecho de rapiña y no como algo sustancial de ese mismo capitalismo: es accesorio y se podría eliminar sin acabar con el sistema. Y de hecho, esta rapiña baja en tiempo histórico progresivamente -al menos en un mundo desarrollado cada vez más extendido-. Así, la crítica al capitalismo como explotador, que es por otra parte la presente en Marx, no lo es por un sueldo bajo o por condiciones laborales, sin parangón en lo positivo con toda la historia de la humanidad, sino por la imposibilidad de llegar a ser sujeto moderno.

Y esto ocurre porque el Capitalismo se ha transformado en el sujeto. Por supuesto, que nadie pretenda ver en esto una suerte de misticismo o una metáfora. Lejos de eso se trata de un hecho histórico concreto y real. Efectivamente, el desarrollo del Capitalismo le ha llevado a ser una realidad que es independiente de la voluntad de los seres humanos que lo conforman. Es un error grave pensar que los capitalistas, es decir la oligarquía económica, gobiernan el sistema y que este sigue sus dictados: demasiado infantil. No se trata de que haya una especie de junta de malvados capitalistas dirigiendo los hilos, lo que sería una teoría de la conspiración, sino de que hay una realidad sustantiva, en cuanto que tiene sus propias reglas y tiende a su mantenimiento y desarrollo, que es el propio sistema económico. De hecho, la diferencia fundamental entre la explotación capitalista y la de los sistemas anteriores, y que es una diferencia histórica, es que en los anteriores el ser humano solo era fuerza de trabajo y por ello sí se podía decir que la clase que no ejercía la producción material pero vivía de ella era explotadora. Sin embargo, el cambio capitalista es que todo es mercancía. Y la mercancía no hace distingos entre un producto material o no: solo interesa su valor. La producción incesante de mercancias, necesidad nueva del Capitalismo, implica que todo sea mercancía, incluida la propia vida, y que lo único importante sea su valor de mercado. Ya no hay clases privilegiadas porque todas están en la producción.

El desarrollo del Capitalismo exige la destrucción del sujeto moderno. ¿Por qué? Porque el sujeto exige autonomía pero simultaneamente el capitalismo exige, en su propia autonomía, que todos los otros elementos sean heterónomos: mercancías intercambiables necesarias para su propio desarrollo. Surge así una extraña paradoja. En cuanto a producción de mercancías el capitalismo producirá un alto nivel de vida, necesario en el consumo; en cuanto a realidad, el capitalismo impide el desarrollo del sujeto como tal. Porque una característica del sujeto capitalismo es que de existir debe ser único y condenar a todo a la heteronomía pues su condición de existencia es la conversión de lo real en medio de supervivencia. Y esta conversión es la objetivización del mundo en mercancía.

Todo, excepto el propio Capitalismo, es así convertido a la función de objeto para la supervivencia del sujeto capitalista. El Capitalismo como sistema ha acabado siendo el sujeto moderno y su condición necesaria de existencia es precisamente la negación al desarrollo de los individuos como tales sujetos. Así, solo la existencia histórica de un proyecto de sujeto moderno convierte al Capitalismo esencialmente, y no como algo accidental y reformable, en explotación. Y que nadie vea esto como espiritualidad pues es precisamente lo contrario. Lo que niega el Capitalismo no es la cacareada vida interior y espiritual, residuo de superstición aún presente y que el Capitalismo desarrolla, sino la materialidad de la propia vida: su capacidad de crear un mundo real, material, como condición y realización de un sujeto humano. Lo que explota el capitalismo, en definitiva, no es su vida actual o la mía actual -ah, ¿que tenemos vida?-, sino la posibilidad de tener una vida –real- que creara realidad. Lo que explota es nuestra vida no como actualidad sino como potencialidad, como cumplimiento de la promesa moderna de un sujeto que con su trabajo humanizara el mundo.

martes, junio 01, 2010

VIDA INTERIOR/51: ARIZONA

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz

Para aquellos que como yo admiran el cine del oeste, el desierto de Arizona es un lugar mítico. De hecho, uno siempre ha querido ir allí, al Monumental Valley -John Ford es el mayor artista del siglo XX- y al Gran Cañón del Colorado. Cosas de aquellas películas de Primera Sesión –chiste privado para los viejos-.
Un sueño.

Las autoridades de Arizona han dictado una ley por la que la policía puede parar a una persona de acuerdo a sus características físicas para pedirla la documentación –o sea: pararán a los que sospechen sean inmigrantes ilegales- y considerando la inmigración ilegal un delito. Yo me alegro de no vivir en EEUU, un estado sin duda fascista. Qué asco.

El otro día iba por los pasillos del metro de Madrid, en concreto la estación de Diego de León. Y al girar una esquina me topé con dos policías nacionales. Yo pasé. Al señor que venía detrás le pidieron la documentación.

Me sentí en Arizona. Y mi sueño, cumplido.

viernes, mayo 28, 2010

ESPÍRITU EMPRENDEDOR

AGENCIA ATLAS 28-05-2010

La Princesa a los jóvenes: "Con esfuerzo conseguiréis todo lo que os propongáis"
Doña Letizia preside en Asturias las Jornadas del Día del Emprendedor

La Princesa de Asturias, doña Letizia, ha presidido las jornadas del Día del Emprendedor en la localidad asturiana de El Entrego. La Princesa ha animado a los jóvenes a ser "valientes" y confiar en que "con esfuerzo conseguiréis todo lo que os propongáis". Después ha recorrido los puestos del Mercado y ha hecho unas compras de productos típicos de la tierra, para degustar finalmente un culín de sidra antes de volver a Madrid. En el proyecto participan 1.300 estudiantes de 41 colegios asturianos.

Mi sobrina, de cuatro años, de mayor quiere ser princesa.

miércoles, mayo 26, 2010

TOMAR MEDIDAS/ Y 2: PRESENTE Y (¿)PORVENIR(?)

Zapatero habia recibido órdenes de reducir el defícit y el problema era cómo. Podía haber varias formas generales hipotéticas pero todas se dividían en dos: o reducir gastos o aumentar ingresos. Pero también podía haber fórmulas mixtas en las cuales se unieran ambas realidades: reducir gastos a la par que conseguir ingresos. En realidad, Zapatero escogió una formula mixta y, para calificarla en un lenguaje facilmente comprensible, reaccionaria socialmente pues se trataba de recortar derechos. La primera medida tomada hace tiempo fue una espectacular subida de impuestos. Pero no todos los impuestos son iguales y Zapatero ni volvió a poner el de patrimonio ni tocó a las SICAV, sino que subió la carga impositiva en el IRPF, con la desaparición de los caciquiles 400 euros que implicó a su vez para muchos una bajada efectiva de sueldo, y los impuestos indirectos que todos pagan por igual, IVA y de carburantes, tabaco y alcohol. La primera medida de aumentar ingresos ya era así reaccionaria en cuanto implicaba un retroceso social no por el mero hecho de subir impuestos sino por subir, en concreto, determinados impuestos en detrimento de otros.

Pero más interesante era la segunda medida a tomar. Si había que reducir gasto, ¿de dónde reducir? No se trataba sólo, como se quiere presentar, de un problema de eficacia sino también de decisión política: lugares para recortar hay muchos. Pero al tiempo, y lo contrario sería caer en la demagogia, se trataba de conseguir el máximo dinero en el mínimo tiempo posible: los mercados mandan. Así, la decisión política era complicada, seamos sinceros. Y hubiera hecho falta un político en el gobierno. No lo tenemos, pero sí tenemos un político, y tal vez de los mejores, en las elecciones. Es ingenuo, mucho, pensar que Zapatero es tonto. Antes bien, Zapatero, como hábil político, ha logrado algo impensable: el mayor recorte social de la democracia con el menor costo político y social. Por menos le hicieron huelga general al PSOE de González y al PP de Aznar. Pero, ¿cómo lo ha hecho?

Primero, las medidas consiguen dinero inmediato. Una medida centrada en impuesto directos no lo haría sino hasta recaudarlos, al menos un año, mientras que las tomadas empiezan a notarse a partir de junio, en un plazo de días. Además, esto mejora inmediatamente la estadística en cuanto a dinero ahorrado y se presentaran como tales en las elecciones autonómicas y ante la UE.

En segundo lugar, y más sutil, la medida dirigida contra el funcionariado tiene un perfil interesante. Primero, porque se dirige a un sector vilipendiando socialmente, de forma justa o injusta y eso es otro tema, y que no va a recibir apoyos extraños a ellos mismos. Efectivamente, la clase asalariada percibe al funcionariado como privilegiado en relación al mercado laboral, cosa que sin duda es cierta, y no está dispuesta a movilizarse para apoyarle. Además, el gobierno conoce que los hasta ahora callados sindicatos, con más de cuatro millones y medio de parados, no se van a atrever a presentar una huelga general porque se les reprocharía, con razón, que por qué no antes. De esta forma, Zapatero sabe que una huelga general es inviable y entiende que una huelga limitada de un sector percibido como privilegiado no le dañará. Pero además hay algo más, y mejor.

Es lo tercero. El gobierno se ha asegurado que pase lo que pase con la futura reforma laboral no triunfará ninguna huelga general. ¿Por qué? Por algo sencillo. En el caso de que las condiciones de despido se modifiquen, y se van a modificar a peor, y los afectados, es decir: los trabajadores de la empresa privada, pretendieran realizar una huelga general se encontrarían ahora de frente con el funcionariado, que les recordaría su escasa solidaridad anterior. Y una huelga general para tener éxito implica, necesariamente en España, el apoyo del funcionariado. Así, la atomización de la respuesta sindical, algo que no pudo conseguir ni González ni Aznar, la ha conseguido Zapatero de la mejor forma posible para sus intereses: al ir primero contra los funcionarios, y encontrar un silencio cómplice social, ha ido contra todos porque ha eliminado cualquier respuesta general. La propia atomización del mercado laboral, entre temporales, fijos y funcionarios –permitida por los sindicatos- ha llegado a un extremo en el cual los distintos intereses son tan dispares que no hay posibilidad de conciliación ni de respuesta conjunta. Cuando Zapatero toma en primer lugar la medida contra los funcionarios, que son trabajadores a cuenta ajena, y el resto de trabajadores se muestra contento no hace sino romper la unidad que hasta ahora había habido en las huelgas generales anteriores. Se cubre la espalda. El sindicalismo de clase tan pretendido por UGT y CCOO queda ridiculizado al haber vendido su alma al diablo.

¿Pero y los pensionistas? Pues otro grupo fácil de presionar pues nadie, realmente, les respalda. Podrá haber fiesta del abuelito, pero a la vista está que la protesta social cuando se violan sus derechos será nula.

Así las cosas caben dos interpretaciones. Una, la de medio plazo. Se la cuento. Después del verano vendrá mucha memoria histórica, mucha guerra de los abuelitos y mucha tontería ideológica, ahora sí en su sentido marxista como falsa conciencia. Además, habrá un impuesto para los “ricos” y algunas palabras malsonantes para los “especuladores” por parte del gobierno. Luego toda una campaña de tonterías varias esperando que la situación internacional empiece a generar empleo, en algún momento tiene que ser. Y si las encuestas remontan, adelanto electoral.

A largo plazo, sin embargo, la cosa es más grave. Porque lo que todo esto significa políticamente es un cambio fundamental político y social. Político, en cuanto que el epicentro de poder ya no es el parlamento elegido democráticamente –da igual nacional o europeo- sino la Unión Europea como gobierno no elegido. Social, porque la finalidad última es finiquitar el estado del bienestar europeo no tanto en sí mismo como en cuanto una realidad pública y estatal. Así, lo que se juega en la crisis no es, como pensaba al principio la eufórica y desinformada izquierda, el capitalismo sino aquellos elementos que aún pervivían, como era la función pública, ajenas a la entrada de la capitalización –sin por ello, por supuesto, querer decir que el estado del bienestar tradicional fuera algo así como la emancipación ilustrada-. Pero todo esto, otra vez, otro día.


martes, mayo 25, 2010

UN DETALLE (co-PAGO)

Cuando el gobierno habla, esperando imaginamos que la UE u Obama le diga qué tiene que hacer, de copago en la Seguridad Social, ¿ a qué se refiere? Porque que uno sepa la Seguridad Social ya la pagamos.

¿No sería más exacto llamarle REpago?

viernes, mayo 21, 2010

SER NOTICIA

Hoy hay una noticia fundamental en la prensa: se ha creado artificialmente una célula. Para entendernos ha sido así: se ha copiado el código genético de una bacteria en un tubo de ensayo, y se ha creado un ser vivo. Como si fuera una receta de cocina. No se trata de crear una vida, pues se ha copiado, sino de generar un ser vivo a partir de, simplificando, productos químicos en un laboratorio.
¿Crear a un ser humano?
¿Sería un ser humano?
Otro día esperamos volver con más calma a ello.

Pero ahora solo hay una pregunta: ¿cuánto se habrá comentado? Y una pista: búsquenla en los titulares de los periódicos. Revisen sus conversaciones.

miércoles, mayo 19, 2010

ENTRADA NÚMERO 666


El ángel caído, de Bellver, en el Parque del Retiro de Madrid

Lucifer, tras ser expulsado del Cielo, arenga en su nuevo hogar, el Infierno, a sus derrotados demonios.

¿Es esta la región, el suelo, el clima,
dijo el caído arcangel, el lugar
que permutar debemos por el Cielo;
esta oscuridad triste por aquella
celeste luz? Sea así, puesto que
si aquel que es soberano puede ahora
disponer y ordenar lo que sea justo,
mejor para nosotros estar lejos
de aquél a quien por razón igualamos,
mas la fuerza en Supremo ha convertido
sobre todos los que son sus iguales.

¡Adiós, felices campos, donde mora
para siempre la dicha! ¡Salve, horrores,
salve mundo infernal, y tú, profundo
Averno, recibe a tu nuevo señor,
aquél cuyo designio nunca puede
alterarse en el lugar y el tiempo.
La mente es su propio lugar y puede
hacer en ella un Cielo del Infierno
y del Infierno un Cielo. ¿Qué importa,
si sigo siendo el mismo, lo que sea
y donde esté, solamente inferior
a aquél a quien el rayo hizo más grande?
Aquí al menos tendremos libertad;
pues el Altísimo, que por envidia
no ha creado aquí, no nos arrojará;
podemos pues reinar seguros.

Y en mi opinión reinar vale la pena,
aunque sea en el Infierno: mejor es
reinar aquí que servir en el Cielo."

John Milton (1608-1674), El Paraíso perdido, libro I

lunes, mayo 17, 2010

TOMAR MEDIDAS/1: EL PASADO

Las recientes medidas tomadas por la UE Y EEUU para España y anunciadas el pasado miércoles por Zapatero son, sin duda, el mayor recorte de derechos sociales de la historia de la democracia. Sin embargo, no por ello debería llevar necesariamente a protestar, pues si, por ejemplo, fuera necesaria no cabría sino el lamento pero no la queja. Por ello, fuera de maniqueísmos fáciles, es importante analizar no solo las medidas en sí sino también las causas de ellas y sus consecuencias para analizar su necesidad. Y para ello, lo mejor es ir desde el pasado al presente y, de este, al porvenir –si es que lo hay en lo que significa tal palabra de positivo-. Y lo es porque analizar algo implica también no dejar de lado su rastro.

En el año 2008, y justo antes de las elecciones, el presidente Zapatero negaba persistentemente la crisis. Fue sólo hace dos años. Al tiempo, prometía y concedía 400 euros lineales en el IRPF o cheques bebés de 2.500 euros mientras, eso sí, mantenía el gasto social del estado por debajo de la media de la UE. Eran tiempos donde la demagogía debía permitir ganar elecciones. Una vez ganadas con el aplauso de la autodenominada izquierda, incluyendo hechos esperpénticos como ver a Llamazares proponerse de ministro o cancioncitas relativas a la alegría, la cosa siguió por derroteros parecidos con promesas de que nunca, pero nunca, se tocarían los derechos sociales representados por pensionistas y trabajadores. Mientras tanto, el paro ascendía hasta el actual 20% y se vivía, curiosamente, un idilio entre gobierno y sindicatos, que no protestaban por nada. Así, España se presentaba como un lugar donde los derechos sociales se presentaban como la esencia de lo social cuando en realidad no era más que peronismo encubierto: lejos de hacer reformas realmente progresistas, consolidar una estructura social más allá de la familia y la caridad pública, el presidente Zapatero, con la complicidad de la autoproclamada izquierda que le reía incansables las gracias pero también de una derecha autonómica que no dejaba deuda sin superar, mantenía una política que solo vaciaba las arcas públicas.

El sueño se rompió cuando la UE, y la economía mundial, comprendió algo: se podía rescatar a Grecia pero no a España porque su volumen económico era demasiado grande. Y la quiebra de España implicaba la quiebra del euro y la quiebra del euro era la de la economía mundial. Es decir, el castillo de naipes amenazaba con caer. Y España se intervino. El segundo fin de semana de mayo la UE decidió explicarle a nuestro presidente qué debía hacer y luego Obama llamó para recordárselo –es un eufemismo-.

Sin embargo, el problema de crediblidad de España no era tanto su economía como su dirigente. Al fin y al cabo, la economía española parecía remontar el vuelo, poco a poco, y su principal problema era algo que nunca ha preocupado ni a Europa ni a los mercados financieros: el paro. Es decir, el sector financiero español es sólido, de lo mejor en el aspecto internacional, y no parece que fuera a caer. Además, España tiene actualmente una deuda que no es de las peores de Europa, y en eso tiene razón Zapatero. Pero, ahí está la clave del ajuste: ¿por qué entonces, si los datos actuales no lo avalan, la UE actúa con tanta contundencia en la economía española? Porque no se teme el presente sino el porvenir. Es decir, nadie se fía de quien puede dirigir, por llamarlo de alguna manera, esto. Es la desconfianza hacia Zapatero, mejor sería decir el terror a lo que pudiera hacer por sí mismo, lo que ha movido el ajuste. La UE y EEUU no han actuado ante la economía española tanto como ante la posibilidad de que se continuara con el criterio típico de ZP. Y seamos sinceros, este terror es coherente.

Así, la causa fundamental del ajuste económico draconiano en España es precisamente no solo la inutilidad manifiesta de nuestro presidente sino su irresponsabilidad. Empeñado, como siempre, en que esto se arreglaría solo –solo y entre todos en lenguaje político es lo mismo- se dedicó a realizar una serie de medidas que iban envueltas en hacer del gasto público un reguero de votos. La UE, pues, no actuaba por la crisis especialmente grave de España, ya hemos señalado que a la UE y a la propia economía nunca le ha interesado el paro, sino porque la confianza, hecho fundamental en el mercado, era nula. No se actuaba en España, se actuaba, así de claro, contra Zapatero: las medidas prpouestas el miércoles pasados son para parar al presidente. Y él las dijo.

Pero ser un incompetente y un miserable puede ir unido a ser un gran poítico y, no creo que quepa duda, Zapatero lo es. Porque lejos de generar una inconsecuencia alejada del realismo, cada uno de sus pasos fue dirigido hacia la idea de que todos fueran coresponsables extendiendo la crisis en red. Efectivamente, Zapatero consiguió una realidad en la cual cada sector político o social –incluyendo el PP, la banca, los empresarios o los sindicatos- se manchaban con el despilfarro y la deuda: le debían algo. Así, permitió la sobrecarga de defícit autonómico incluso jaleando los cambios de estatutos que, a imitación del de la oligarquía catalana, pretendían recibir más dando menos. Evitó subir impuestos a la oligarquía financiera e incluso tranquilizó al mercado cuando con una voz unívoca, algo sin precedentes en este gobierno, se negó a volver a instaurar el impuesto sobre el patrimonio o tocar a las SICAV. Y agració a los sindicatos UGT y CCOO con un dinero extra que nunca viene mal en estos tiempos. Y a todo ello hay que sumar las múltiples subvenciones dadas que, hasta la fecha, no han sido recortadas a todo tipo de organizaciones y asociaciones –que van desde autodenominados artistas hasta la mantenida Iglesia Católica-.

El patrón confeccionado por el inútil sastre cuadraba sorprendentemente bien en los cuerpos deformados de una oligarquía política y financiera que vivía la crisis entre reproches mutuos pero al tiempo como si realmente no existiera para ellos. Tal era así, que los sindicatos con un 20% de parados callaban complacidos y que el auténtico problema de la autodenominada izquierda era algo de plena actualidad como la memoria histórica y la república de 1931. Tal era así, que todos estaban en contra del presidente, un incompetente sin duda, pero al tiempo todos cogían contentos lo que este les daba. Tal era así, en definitiva, que la crisis era, como para el emprendedor de la vieja utopía liberal, oportunidad.

Y llegó el miércoles. Y vino, por fin, el presente para desterrar al pasado. ¿Por qué esas medidas y no otras? Algo tendrá que ver con lo que acabamos de describir.

miércoles, mayo 12, 2010

CONTAR HASTA DIEZ

Te lo dicen: si estás muy indignado cuenta antes hasta diez.
Ha hablado el presidente del gobierno.
uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete,
ocho,
nueve

martes, mayo 11, 2010

¡MARDITOS ESPECULADORES!

Cuando yo era niño el gato Jinks perseguía a Pixie y Dixie con un acento inconfudible: ¡Marditos roedores! Por supuesto, al final nunca los cazaba pues su mera existencia era consecuencia de la supervivencia de los ratones. Con ellos muertos, él no podría existir.


Cuando ya soy mayor la autoproclamada izquierda y su heraldo el diario Público saca esta portada
-Subrayo lo de contra España: UNA, GRANDE Y LIBRE-

Y luego esta

Y, en fin, eso.

Bueno y algo más: ¡¡¡¡qué de izquierdas!!!!

domingo, mayo 09, 2010

jueves, mayo 06, 2010

VIDA INTERIOR/50: SER O NO SER

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz

We are such stuff as dream are made on, and our little life is rounded with a sleep
(Somos del material con que se hacen los sueños y nuestra breve vida culmina al dormir)
La tempestad, Acto IV, escena I


La vida a veces pone a prueba a la Ilustración.
La vida, a veces, pone a prueba a los hombres.
La vida, a veces, exige que saquemos lo mejor de nosotros mismos.
Tengo entradas el sábado a las 21 horas para ver La tempestad de Shakespeare por la increíble, se lo puedo asegurar, compañía The Bridge Project de Sam Mendes. Tengo mi abono del Madrid para ver un partido fundamental de liga.
¿Caeré yo en el alienante espéctaculo deportivo frente a la obra del inmortal autor?
¿Iré como la chusma al Santiago Bernabéu pudiendo dirigirme con mis afines, altos de espíritu, a las puertas de teatro Español de Madrid?
¿Admitiré, en fin, el alienante espéctaculo futbolero, puro incluido, frente al reflexivo silencio del patio de butacas?
Barbarie frente a Ilustración.

¡CRISTIAAAANOOOOOO! ¡CRISTIAAAAAANOOOOOOO!

lunes, mayo 03, 2010

LA DISTOPÍA

Almudena Grandes suele presentarse publicamente como persona de izquierdas. Hace bien y está en su derecho. A nadie se le puede discutir si se siente o no de izquierdas o de derechas pero sí, sin duda, si las ideas que presenta son de aquello que dice ser. Hoy, Almudena Grandes ha escrito en el diario El País una presentación de lo que para ella es un modelo de ciudad. Y lo interesante es como La utopía, así se llama el artículo, destapa al columnista.
Dice así:

La ciudad se fundó de nueva planta, sobre un terreno llano, saneado, y su propio trazado refleja la idea de progreso, de racionalismo humanista al servicio de la comunidad, que inspiró su creación. Las calles trazan una cuadrícula perfecta, a excepción de dos diagonales que se cruzan en el centro, para asegurar la ventilación y prevenir epidemias. Todas son rectas y de idénticas dimensiones, excepto en el eje principal, donde grandes avenidas acogen los edificios públicos, auténticas catedrales laicas que compiten en solemnidad monumental con el principal, y no menos grandioso, templo de la ciudad. Las dotaciones y servicios de cada barrio siguen el mismo riguroso esquema.
Las plazas, amplias, ajardinadas, pensadas también para los niños, están distribuidas equitativamente por todo el trazado. En el centro, un gran parque acoge instalaciones más ambiciosas: estadios deportivos, un lago, un zoológico, un observatorio astronómico y varios museos, gestionados por la institución más importante y prestigiosa de la ciudad, que es, por supuesto, la universidad. Pero hasta esta universidad es especial, porque todos los centros educativos de la ciudad dependen de ella. El impulso racionalista llegó hasta el punto de que la educación, como empeño más importante del bien común, se confió a la autoridad universitaria, que es la responsable del buen funcionamiento y elevado nivel académico de guarderías, colegios e institutos de secundaria.
Aunque parezca mentira, esta ciudad existe. Se llama La Plata, y fue fundada hace 120 años, a 60 kilómetros de Buenos Aires, como modelo de una nueva concepción de vida urbana, una ciudad para el progreso. Que aquella idea admirable fracasara sin remedio, como han fracasado tantas otras, no afecta a la emoción cálida, casi balsámica, que se respira hoy al pasear por sus calles.

Dejando a un lado el tono cursi -¿emoción cálida, casi balsámica?-, y el ñoño aire de perdedor de quien tiene a su disposición un espacio en el diario más importante de España, lo interesante es la idea de educación, el empeño más importante del bien común, de la utopía. Porque dice: la educación, como empeño más importante del bien común, se confió a la autoridad universitaria. Es decir, eso se llama despotismo ilustrado, contra el que estaban los ilustrados, o si bien se prefiere se llama la idea de la élites dirigiendo a la chusma. Porque que uno sepa, la universidad no es, ni debe serlo, un órgano representativo y por tanto no debe tener opción de gobierno y mucho menos dirigir la educación. No solo porque la universidad fácticamente es un desastre sino porque de admitir lo contrario se podría ser orteguiano, es decir: admitir que el hombre masa debe ser regido por la élite y por tanto la democracia no sirve, pero no desde luego demócrata. Cada uno es muy libre, por supuesto, de elegir sus utopías, pero por ellas les conoceréis –parafraseando esa otra utopía terrorífica que es la evangélica-.


miércoles, abril 28, 2010

EL ESTATUTO DE CATALUÑA: UNA GUÍA RÁPIDA

1.- Para comprender el problema del estatuto catalán hay que ir primero a lo fundamental y que es el auténtico motivo de su proclamación: un problema específico de la oligarquía financiera y política de Cataluña. Y es un problema distinto para una y otra.
2.- La oligarquía política, es decir: los políticos de alto nivel y con pretensiones de serlo, tienen un problema en Cataluña pues esta región –uy, lo que he dicho- es su techo de poder. Efectivamente, los políticos catalanes sitúan su cuota profesional máxima en la zona provincial. Y esta ausencia de proyección geográfica debe ser sustituida por una mayor profundidad de su poder territorial. Es decir, como un político catalán sabe que le resultará imposible acceder al gobierno de España entonces pretende que al menos tenga algo equivalente en su territorio. Y ese algo equivalente explica el deseo, que está detrás de todo el estatuto, de bilateralidad. El máximo poder posible dentro de su zona de influencia.
3.- Igualmente, la oligarquía financiera catalana tiene otro problema: la competencia nacional e internacional. Acostumbrada a ser un poder nacional protegido, históricamente el nacionalismo catalán no era más que la exigencia de la burguesía catalana, ha ido viendo, sin embargo, como esta influencia mayúscula iba cediendo primero con la emergencia económica de otros puntos de España, Madrid fundamentalmentalmente, en el plano nacional y luego con la apertura de los mercados internacionales. De pronto, la burguesía catalana dejo de sentirse única y, por ello, imprescindible. Y entonces exigió lo que ya tenía, injustamente también, la oligarquía vasca y navarra: un trato fiscal diferencial. Incapaces de responder a la competencia decidieron, ellos tan liberales, recurrir a la política fiscal del privilegio. Era el viejo ideal del proteccionismo, típico del catalanismo tradicional, pero ahora con tintes progresistas.
4.- Así, los intereses de la oligarquía política y la oligarquía financiera se unieron y lógicamente, como muy bien señala el marxismo, surgió el interés de Cataluña –nota: a este respecto ver como los intereses de estas élites se identifican en el muy progresista Público con los intereses de Catalunya- -Y otra nota: observar como en el muy progresista Público Estados Unidos no es United States-.
5.- Pero había algo más en la política nacional. Surgió la figura de Zapatero. Y Zapatero apoyó el estatuto desde sus orígenes. ¿Por qué? Es ingenuo pensar que los partidos políticos deben juzgarse por su ideología: cada temporada es una. Mejor es juzgarles, como modelo de estudio, por las dependencias e intereses de sus élites. La llegada de Zapatero a la secretaría general del PSOE hubiera sido imposible sin la acción de los socialistas catalanes. Son estos lo que apoyan definitivamente la candidatura que hasta entonces no tenía posibilidades y mantienen de forma absoluta al futuro presidente de gobierno. Y cuando este llega al poder cambia al aparato clásico del PSOE, al que luego volverá a recurrir cuando todo se tuerza –nota: ahí está Rubalcaba-, y se lanza a hacer justicia. O sea: devolver favores. El estatuto no es más que esa devolución. Las élites pactan, con fuerzas igualadas, su no agresión.
6.- Pero el PP no lo apoyó. ¿Por fin alguien idealista? Desengáñense. Antes hemos citado el caso vasco. Resulta que esa comunidad autónoma, y Navarra por cierto que siempre se va de rositas, tienen una fiscalidad especial. Esta fiscalidad especial, que implica una injusticia frente al resto de los españoles, no ha sido nunca sin embargo criticada políticamente por el PP. ¿Por qué? Porque el PP sí gobierna, o gobernó, con otras siglas en Navarra y tiene ambiciones en la región vasca. Sin embargo, en Cataluña el PP sabe que no va a gobernar nunca, o al menos en mucho tiempo, porque su espectro político y social está tomado por CiU, o sea: su cuota de mercado. Así las cosas, y en vistas al mercado exterior, el PP bramó indignado contra la injusticia –injusticia real pero no mayor que la vasca o navarra- que implicaba el nuevo estatuto catalán. Y en hábil jugada comprendió lo que hasta el más tonto –lo digo yo- sabía: ¡es inconstitucional!
7.- ¿Inconstitucional? Aquí entra lo más divertido de la historia. Al principio se defendía la plena constitucionalidad del estatuto catalán frente a aquellos que creíamos no solo que representaba exclusivamente los intereses de la oligarquía catalana, es decir: iba en contra de los que no eran tal en Cataluña y en el resto de España, sino también que era claramente inconstitucional. Efectivamente, se nos decía que el estatuto era perfectamente constitucional y más tras los recortes del parlamento nacional. Sin embargo, el útlimo intento de sentencia del Constitucional –intento que era lo que prefería el gobierno- ya señalaba algo claro: el estatuto es inconstitucional y lo que ahora se discute es en cuantos artículos. Así, la sola idea de que la oligarquía política, primero de Cataluña y luego de España, haya aprobado una ley en que al menos catorce artículos eran, en la mejor sentencia posible de los suyos, inconstitucionales demuestra el nivel de conocimientos y la competencia de nuestros diputados. Y diputadas. Aunque de idiomas andan sobrados.
8.- Y hay algo más sobre ese amago de sentencia del autodenominado bloque progresista. Lo más interesante de ella es que la parte fundamentalmente inconstitucional era la referida a lo judicial. Lo traduzco: los jueces autodenominados progresistas estaban dispuestos a admitir todo exceso de la oligarquía provincial con respecto a los temas de financiación y de justicia distributiva, de idioma y de nacionalidad, tema educativo o social pero no, por supuesto, a que el poder nacional de la élite judicial, que son también ellos, les fuera recortado por los jueces de la periferia. La oligarquía judicial nacional, nunca mejor dicho, podía admitir la injusta distribución de la renta pero no que ellos cedieran poder en sus competencias. La élite siempre defiende sus interés y no siempre a través de un pacto si tiene más poder que la otra parte.
9.- ¿Es entonces por fin el sector conservador del tribunal constitucional el héroe de esta historia? Pues tampoco. El tribunal constitucional, que incluso ha llegado a trabajar algún viernes tras cuatro años sin sentencia, no es sino un espectáulo lamentable de inútiles. Desde una presidenta que se mantiene por gracia del gobierno con prorróga en la ley y bronca pública de la señora vicepresidenta del gobierno, pasando por jueces recusados o que ya deberían haber concluido su mandato el tribunal no es sino un espejo de la clase política y judicial. O mejor aún, un fiel exponente del nivel del debate. En realidad, lo triste es que el tribunal está a la altura de todos los demás estamentos inmersos en este gran problema nacional: baja, muy baja.
10.- ¿Y ahora qué? ¿Y si la sentencia declara inconstitucional, como debería ser, aspectos fundamentales del estatuto? Vaticinio: nada. Las elecciones catalanas están cercanas así que los partidos catalanes tienen que dar una imagen de ferozmente críticos con el sistema –¡uy, qué miedo!-. Se trata de ser más catalán, es decir: de defender más a la oligarquía, y ponerse una barretina más alta –si fuéramos freudianos haríamos un chiste: se libraron-. Sin embargo, nadie se quiere suicidar. La oligarquía catalana, y especialmente la financiera, necesita pertenecer a España. Y luego de la votación y la distribución de cargos harán un esfuerzo institucional –nota: ¿saben aquel que diu: yo hablo catalán en la intimidad?- por el bien de la nación catalana. Los coches caros, las masías, el ir al Liceo e incluso ver los partidos del Barça en palco –nota: ¿habla Messi catalán?- son cosas demasiado importantes como para perderlas. Son, en definitiva, Cataluña.

viernes, abril 23, 2010

ALGO EN COMÚN

A veces, la proximidad entre dos acontecimientos puede darnos a entender que existe una conexión entre ambos sin ser realmente así. Surge entonces la superstición. Otras, sin embargo, resulta que esta relación es real: que dos acontecimientos se den con proximidad señalan una conexión entre ambos.

Recientemente, el secretario de estado de esa teocracia dictatorial que es el Vaticano, las cosas por su nombre, señaló que muchos expertos, aunque no citó ni uno, relacionaban homosexualidad con pederastia.
Más recientemente aún, el presidente de Bolivia, Evo Morales, señalaba que la homosexualidad -para él “desviaciones en su ser hombres”- y la calvicie también, eran causadas por comer pollo engordado con hormonas y alimentos transgénicos.

Lo interesante aquí no es la imbecilidad representada por (supuestas) culturas (sin suponer) inferiores, sino la confluencia en algunas cosas:

1.- La repulsa hacia la homosexualidad, concebida como antinatural.
2.- La idea de que lo natural es lo bueno.
3.- La cita misteriosa a un hecho nunca demostrado por un estudio. Nadie cita nada que se pueda analizar.

Pero, también lo interesante es como, salvo excepciones,
unos se ríen del analfabeto cadernal,
otros del analfabeto presidente,
pero casi nadie de los dos.

miércoles, abril 21, 2010

SIN AIRE (multicultural)


Se les sugiere que no truquen los contadores de la luz porque además de ilegal "es muy peligroso", que no tiren los muros de carga, que no bailen y den palmas de madrugada, que no dejen las basuras por ahí y que no monopolicen el rellano con sus trastos.
(…)
Tampoco pueden poner el aire acondicionado sin permiso. "¿O sea, que tenemos que pasar calor en verano?", pregunta uno de ellos moviendo la cabeza. "En la chabola teníamos aire", insiste.

Yo no.
También quiero integrarme.

lunes, abril 19, 2010

VIDA INTERIOR/49: FRANCAMENTE IRRESISTIBLE

Como ustedes saben, y si no lo saben pues yo les cuento, estoy en Facebook. Y claro, mi fama traspasa las artificiosas fronteras instauradas por la mezquina humanidad yendo más allá de profundos valles, desiertos, cordilleras, ríos caudalosos y océanos que la madre naturaleza puso sin duda para unirnos en fraternal abrazo. En fin que mi entrada en Facebook ha sido, como ya contaba en otra ocasión, celebrada con multitud de amigos.


Y también multitud de peticiones. Y como uno es célebre no solo por su capacidad intelectual -tan importante como para que la prestigiosa universidad española le haya colmado de laureles- sino también por su magnetismo sexual, las peticiones son también femeninas. Y entre ellas, me azoro mientras escribo, algunas que me señalan entre sus aficiones los contactos profesionales.


¡¡Incluso me pagarían!!

viernes, abril 16, 2010

GARZÓN (como excusa para, pretendidamente, más)

En este país hay más de cuatro millones de parados, según las últimas estadísticas. Un 30% de la población activa tiene un contrato precario que cuando acabe no recibirá indemnización alguna por él. Un 60% de los asalariados gana menos de mil euros mensuales. El estado tiene una de las tasas más bajas de gasto social de la Unión Europea. La educación tiene un 30% de fracaso escolar y es un auténtico desastre. La sanidad pública languidece dejada de la mano de unos gobiernos autónomos más interesados en coros y danzas que en cualquier otra cosa. La división entre la España rica y la pobre se apoya en estatutos, como el catalán bendecido por la autoproclamada izquierda, que pretenden que haya menos reparto de la riqueza y por ello menos justicia interterritorial. La izquierda mientras tanto calla. Los sindicatos callan. Pero al fin han abierto los ojos para dar un grito de guerra: ¡Franco es culpable!
Eso se llama política de lo real.

¿Hay que juzgar los crímenes franquistas? Por supuesto que hay que hacer un juicio sobre el franquismo y sus crímenes. Lo hacemos: fue una dictadura que a través del crimen defendió los intereses de la oligarquía española. Esto es el juicio moral e histórico objetivo sobre dicho régimen. Sin embargo, quienes hablan de juicio no hablan de esto sino de una cuestión legal. Y es ahí donde se produce la confusión: se está identificando moral y derecho. La moral compete a todo asunto que esté bien o mal; sin embargo, la ley solo debe competer a aquellos asuntos que estando bien o mal ponen en riesgo a la sociedad. Es decir, ley y moral no se pueden identificar pues la moral es pura en su juicio, no importan las consecuencias al cumplirla, el tiempo, la peligrosidad u otros factores a la hora de realizar su juicio, mientras que en la ley un factor fundamental es la defensa social: la ley está para defender la sociedad y los derechos de los ciudadanos a través del monopolio de la fuerza ¿Es hoy en día un peligro social el franquismo? La respuesta solo puede ser no cuando han pasado treinta y cinco años. Por ello la ley ya no debe actuar. Pues si no las víctimas de la Inquisición, del Califato o de la conquista romana -tal vez parientes de Viriato u oriundos de Numancia- podrían bajo la misma fórmula pedir juicio. La justicia moral no caduca, la legal sí.

¿Acaso nos estamos burlando? No nosotros sino quienes, de forma inconsciente esperamos, presentan la idea de juzgar legalmente el franquismo como una necesidad moral. La moral es universal en el sentido de que su juicio sobre la injusticia lo es. Así, una victima de injusticia lo es en tanto cual y no por ser ella quien fuera concretamente. Es decir, tanta víctima inocente es quien fue represaliado en el bando republicano como nacional. Y el problema, aquí está, es que esto no es así para ese sector que lanza la moral como bandera. En 1998 Garzón, con buen criterio, desestimó una querella para juzgar legalmente los crímenes de guerra de Paracuellos. Sin embargo, ahora se exige juzgar, en aras de la moralidad, los crímenes del franquismo: hay víctimas de primera, los buenos que son los nuestros, y víctimas de segunda, los otros. Y además se añade una segunda falacia que solo ensucia el nombre de estas víctimas acaecidas en zona republicana: la dictadura de Franco ya los resarció. Y es una falacia porque una dictadura criminal como fue aquella no puede en modo alguno dar justicia moral a víctima inocente alguna: la víctima inocente está por encima, en tal condición de víctima, de su presunto benefactor. De esta forma, el anhelo de justicia absoluta auténtico -al identificar moral y derecho- implicaría juzgarlo todo. De lo que se concluye que no pedir este juicio total, a uno y otro bando, de la guerra civil y la posguerra no es justicia sino, por fin estarán pensando algunos, revancha. Para eso que lo echen a penaltis.

¿Entonces no tienen razón los partidarios de Garzón? Es que aquí hay que distinguir algo. A Garzón se le acusa judicialmente de prevaricar lo que es una causa exagerada e imposible de demostrar, creemos, en este caso pues se retiró al avisarle una instancia superior de que no tenía jurisdicción. O sea, que quienes consideran que el Supremo está cometiendo un error judicial seguramente estén en lo cierto. Pero lo importante es que la autoproclamada izquierda no está cuestionando aquí un debate legal sino uno moral. Y desde ahí es, como vemos, falso. Y se ve perfectamente, además, cuando la queja es porque el acusador ha sido Falange con lo que se viene a decir que no todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos: si había víctimas guays, para emplear un discurso que puedan entender las nuevas generaciones de la juventud comprometida y solidaria que da educación para la ciudadanía, hay también ciudadanos guays y otros que no deben tener derechos. En fin, puro pensamiento franquista. Pero de izquierdas.

¿O sea, las familias no tienen derecho a recuperar a sus muertos? Por supuesto que sí lo tienen. Si bien es discutible ese afán, todo es discutible, no cabe duda de que es un derecho, aunque no estemos de acuerdo con él. Es más, creemos que el estado debería tener la obligación de ocuparse de dichas exhumaciones y aprovechar esto para, en colaboración con los historiadores, elaborar un estudio de la represión en la guerra civil y posguerra. Pero un estudio histórico que implicara devolver los restos de los asesinados a sus familias y conocer la verdad histórica de lo ocurrido. Nada más. Y nada menos.

Pero, ¿si todo es tan claro por qué la –autoproclamada- izquierda monta esto? Los mitos implican la identificación del pensamiento. Las emociones son fáciles de manipular. En los mitos y las emociones cualquier pensamiento intermedio sobra: no pienses, siente. Y si piensas eres el malo, el enemigo. La ausencia de discurso racional de la izquierda no es nuevo, ¿dónde están, memoria histórica, aquellos que se paseaban con fotos de Stalin o Mao?, pero toma caracteres de discurso oficial en la actualidad. Mientras que antes incluso a Stalin se le defendía con (falsas) teorías como las chorradas del Materialismo Dialéctico, hoy todo se defiende con sentimientos, viejecitos entrañables –nota: no todo viejecito es entrañable. Serrano Suñer no lo es, la Pasionaria no lo era-, falsificaciones históricas –“luchadores por la libertad”- y chorradas semejantes. Sin razonamientos surge, como en los movimientos totalitarios, la identificación pura y dura.

El sábado estaba en el Bernabéu –siempre perdiendo- y un aficionado nos increpó por analizar críticamente el patético planteamiento del entrenador -¿entrenador?- del Madrid. Y nos dijo: aquí se viene a animar al equipo no a criticar. El pensamiento, sin embargo, es crítico. Y el fútbol es –nota: desarrollar esto porque es así de triste- la vanguardia de la acción política.
Visca el Barça.
Hala Madrid.
Viva la República.

miércoles, abril 14, 2010

UNA DIFERENCIA

Me entero que en esa basura de programa que es Sálvame, cuyo presentador ha ganado un premio de reconocido prestigio de esos, han dicho que Cristiano Ronaldo pasó la noche del viernes y del sábado de fiesta. Fueron los días del partido Madrid-Barcelona. Y me entero que Cristiano Ronaldo ha pedido a sus abogados que presenten una denuncia.

Me entero que Cospedal ha dicho, así con toda la cara, que la policía ha falsificado pruebas en el caso Gürtel. Y que el Ministerio del Interior, que está obligado a defender el buen nombre de sus trabajadores, no ha hecho nada.

El juego de la diferencias es fácil. Solo hay una. Y no es que la basura tenga razón en sus acusaciones sino que hay gente dispuesta a defender su dignidad y ministros que no. Tal vez, porque no en todos los casos puedan hacerlo.

domingo, abril 11, 2010

¡MARCHANDO!

Lo sé, falta la tercera parte de la serie de Capitalismo y Explotación -fascinante, ¿eh?- y desde hace un años o así falta la última del análisis sobre el plan de Bolonia -que se lo debo además a un querido lector- pero es que esto se complica.

Y también el análisis de las cosas.

miércoles, abril 07, 2010

ANTES SON SEÑORAS

Caminaba por un pasillo del instituto. Un alumno tiró un papel al suelo. Le pedí que lo recogiera y él contestó que daba igual porque lo iban a barrer las señoras de la limpieza. Entonces yo le dije que no daba igual, porque las señoras de la limpieza antes que de la limpieza eran señoras y no estaban para recoger los papeles que alguien pudiera tirar al suelo. Y le dije, qué poco pedagógico en lugar de mandarle un trabajo sobre los derechos humanos, que lo recogiera. Lo hizo.

Las azafatas de Air Comet, a las que el jefe de los empresarios Díaz Ferrán no pagó su sueldo y echó de su trabajo, han hecho un calendario –nota: impresionantes por cierto las comillas de LD sobre la necesidad del acto- para recordar que semejante individuo es un miserable. Tal vez usted, seguro que yo, primero pensemos al verlo que estas señoras están bien buenas. Pero, tal vez también, pase alguien por el pasillo y nos recuerde que antes de estar buenas son señoras.

Y ya, con ello, nos recuerde algo más. Que esa es la diferencia con los miserables individuos que jalearon a Díaz Ferrán: esos no son señores.

domingo, abril 04, 2010

VIDA INTERIOR/48: DOMINGO DE RESURRECCIÓN.

¿Quién de nosotros no tiene una vida interior muy grande? ¿Y qué poeta no nos la cuenta una y otra vez? En esta sección mi alma se desnudará. Incluso he comprado una nueva para tenerla más grande. Porque, en el fondo, yo también quiero ser feliz.

Todavía esperando.

viernes, abril 02, 2010

YO Y DIOS (sin error gramatical)

Sin duda, la existencia de Dios es uno de los temas centrales de la filosofía. De hecho no solo su existencia, o no, sino también las consecuencias esta. Efectivamente, todo cambiaría ante una respuesta positiva o negativa a esa pregunta. Pero el presente artículo no pretende discutir ahora si Dios existe, o no, sino algo distinto. Vamos a partir de un hipótesis que quizás, para quienes nos conozcan, sorprenda: partiremos del supuesto de que Dios efectivamente existe. Con ello, lógicamente, no queremos decir que creemos que esto es así, somos ateos radicales, sino que pretendemos llegar a otro punto: Dios es nuestro enemigo.

Pero hacemos trampa porque primero debemos explicar qué entendemos por Dios. Este es, básicamente, el de las principales religiones monoteístas: un ser superior y perfecto, que se relaciona con la humanidad en la historia y presenta un plan moral para cumplir. Así el dios del que hablamos no es un dios inefable, que ni nos interesa, sino que estaría perfectamente representado en el dios cristiano, sin duda su forma intelectual más desarrollada.

Pero, ¿por qué Dios es enemigo de la humanidad? También aquí en aras de la espectacularidad al principio, y algún lector seguirá leyendo demostrando que ha funcionado, hemos hecho sin duda trampas. En realidad Dios no es enemigo de la humanidad ni del ser humano en cualquier forma sino cuando al hombre se le concibe como sujeto moderno. Efectivamente, Dios y el individuo son perfectamente compatibles pero Dios y el sujeto moderno, no. Y ahí está el tema.

Dos son los motivos fundamentales por los que resulta imposible la compatibilidad entre Dios y el sujeto: la idea de tiempo y la idea de autonomía.

El tiempo de Dios es la eternidad y por ello no es un proceso pues la eternidad es el tiempo de lo siempre igual al carecer de principio y fin. Sin embargo, el tiempo de la religión, entendiendo como tal la monoteísta citada antes, se presenta como un tiempo lineal –lo que sin duda es un avance frente a religiones intelectualmente inferiores- pero falso. La escatología, es decir: el proceso temporal que debía darse al final con la realización del plan divino, presentaba un hecho fundamental que era el cumplimiento de ese plan ideado previamente por Dios. Efectivamente, el tiempo de la salvación, y eso es la historia en la religión como ya vio con acierto San Agustín, era un tiempo ajeno al del ser humano en el cual este solo se integraba como actor en escenario y obra ajena. El hombre vive para la religión, eso sí, en un tiempo vital, en un tiempo existencial pero no en un tiempo histórico –nota: por eso Heidegger, que es un místico del ser, defiende esto mismo con coherencia absoluta aunque alejado de espíritu religioso-. La vida humana es existencialmente importante, eso es un triunfo progresista del cristianismo, pero insustancial en cuanto a construcción de realidad pues el mundo y su desarrollo le pertenecen a otro. Nuestro tiempo, el humano, no es el de la construcción del mismo sino el del desarrollo del guión ajeno en lo general y la búsqueda de la salvación –es decir: la observancia a Dios- en lo particular.

El problema, por ello, no es la libertad de los individuos, salvada merced a ese tiempo vital, sino la relevancia de dicho tiempo vital y la construcción de la realidad. El sujeto moderno se había constituido como creador de la realidad y esta creación–nota: esto lo vio muy bien Spinoza cuando realizó su racionalismo reacionario frente al cartesiano en el que había descubierto perspicazmente el inicio de la preeminencia del sujeto sobre Dios- es la que niega la existencia de Dios y su tiempo eterno. Así, para que Dios cumpla su plan el sujeto no puede construir historia, entendida como realidad y no como gesta individual tal y como la interpretaron los antiguos, sino solo existencia. La historia de la humanidad acaba en la historia de Dios, en su plan y no en el nuestro. Dios nos impide construir realidad porque él tiene otro plan. Dios y el sujeto son irreconciliables.

Y aquí surge la segunda incompatibilidad entre Dios y el sujeto: la autonomía. El sujeto moderno se constituye necesariamente como autónomo: las normas que le rigen, ya morales ya intelectuales para buscar el conocimiento, solo pueden surgir de él como sujeto –nota: otro problema es que dichas normas puedan ser universales, para todos los sujetos, o no como defienden unos y atacan otros-. Sin embargo el espíritu que alienta toda religión es la heteronomía, precisamente lo contrario, donde algo exterior al sujeto se confiere como legislador. Ello conlleva dos problemas: uno sobre el conocimiento y otro sobre la moral. Y una conclusión metafísica fundamental.

El problema epistemológico, del conocimiento vaya, al defender a Dios es que la razón queda limitada necesariamente como conocimiento -esto se podría admitir por parte del sujeto moderno- pero, a su vez y esto no sería defendible, se hace necesario admitir otra forma de conocer que permite ir más allá de lo racional, de lo argumentado. Efectivamente por más que se disfrace de mística o de algo inefable -nota: curiosamente cuánto se dice y se escribe sobre lo inefable- la experiencia religiosa nos habla de algo que se conoce “de otra forma”. Es decir, el sujeto limitado por sus armas, la racionalidad, siente/percibe/nota una realidad nueva que además está más allá, no menos, de lo racional. Así, el sujeto moderno que tiene su clave en la racionalidad, desde Descartes, pierde su fundamento al advertir que el conocimiento que le da el último sentido no puede ser este. La creencia/la fe/el misterio/lo otro/lo inefable o como quiera Dios que se llame -que se corresponde posmodernamente con los añejos nombres de Cristo- son la verdad imposible de desvelar. Pero son la verdad profunda ante la filosofía racional -¿acaso hay otra?- o la ciencia que se presentan como superficiales. Así, el fundamento de este conocimiento es lo otro -como en las series de ciencia ficción de la televisión- ante el que el ser humano asiste al misterio. Bueno, algunos que son especialmente sensibles.
Y por ello y como consecuencia de lo anterior, surge la heteronomía moral. El ser trascendente señala una serie de normas morales -desde catálogos hasta consejos de abuela- que deben ser cumplidos por los humanos. Así, amparados en un sistema de valores creados por el ser superior, la razón del sujeto pierde su valor también para la ética. Bien es cierto que el cristianismo primitivo nunca generó una ética propia -excepto el consejo bondadoso de amar al prójimo- pero viendo que Jesús no volvía, y hasta hoy, comenzó a generar una cadena de valores morales entre racionales y trascendentes. Y, lo fundamental, amparados en la ley divina -nota: por si alguien lo esá pensando, recordar que la ley natural proviene de Dios-. Otra vez el sujeto se convertía en objeto. Pero además, como certeramente observó Kant, esto generó una moral en el fondo hedonista, en su peor acepción, pues si la finalidad última del individuo era ir con Dios y esto se conseguía cumpliendo su ley, el prójimo se utilizaba como medio para alcanzar dicho fin. Y así el bonito amaos los unos a los otros acababa en usaos los unos a los otros para ir al cielo por la propia estructura religiosa. El sujeto acababa en objeto.

De esta forma, que Dios exista implica que sea fundamento al menos de la moral y del conocimiento: es tanto la primacia del conocer como quien dicta las normas morales. Es decir: Dios es el sujeto y solo puede ser único pues no comparte lo humano al estar más allá. Dios en su existencia, de esta forma, negaría que cualquier otro pudiera generar moral, pudiera generar conocimiento verdadero. Pudiera crear realidad nueva alejada del plan previo de la divinidad. En definitiva, Dios nos niega crear el mundo y ser sujetos, por tanto, en él.

Shakespeare es viejo, entre el siglo XVI y el XVII. Shakespeare es moderno. Al final del primer acto, Hamlet exclama una queja: ha nacido para poner orden en tiempos desquiciados. La queja se transformó en proyecto y dio de sí aquello que debería liberar, en palabras de Kant, a la humanidad. La liberación aún no se ha cumplido y hay cosas que se le oponen. Dios es sin duda una de ellas.